
He decidido no crearme la obligación de hacer una crónica del partido del Zaragoza cada lunes -o domingo-, posiblemente empujado por la intuición de que estamos ante una temporada en la que no habrá excesivas alegrías. Por eso me limitaré a abrir alguna entrada ocasional que globalice mis impresiones sobre el devenir de mi equipo.
El pasado domingo, tras ver a mi equipo, acabé completamente decepcionado y con la idea de que este año podíamos estar en segunda ya en Navidades; habíamos perdido contra el Real Valladolid, uno de los conjuntos más flojos de la categoría y se había dado una imagen penosa: defensa de mantequilla, incapacidad de dar pases certeros y ataque capitidisminuido. Está claro que los futboleros nos dejamos llevar, para lo bueno y para lo malo, demasiado por los impulsos del corazón.
Me enfrenté al partido que jugamos el jueves en "El Molinón" como si el Sporting fuera el Liverpool, es decir, con los peores presagios. A la hora de la verdad el equipo jugó un aceptable partido y estuvo más cerca de la victoria que de la derrota, aunque el empate final me supo a gloria.
El Getafe se presentaba ayer en La Romareda como un rival temible, había barrido del campo el miércoles al poderoso Valencia y cuenta en sus filas con jugadores del nivel del Cata Díaz, Casquero, Pedro León, Albín, Soldado y Manu del Moral. Eso sí, había dos circunstancias que me llevaban a un cierto optimismo: que no veo a Michel como un entrenador sólido y el hecho de que los equipos no excesivamente punteros tienden a relajarse tras un buen resultado, es lo que paradójicamente le pasaba al Zaragoza hace unos años cuando visitaba el Coliseo Alfonso Muñoz y ayer le ocurrió al equipo getafense.
La crónica del partido, ganado brillantemente (3-0) por el Real Zaragoza se puede encontrar en muchos otros lugares de la red, aquí solamente quiero resaltar tres cuestiones, tres conclusiones a las que llegó tras ver como tras la tempestad viene la calma y los mismos que pensábamos hace ocho días que el equipo estaba de capa caída, respiramos tranquilos y hemos recuperado la esperanza.



En fin, que ya no hay nubes y el futuro se presenta mucho más animante, eso sí siempre que tengamos los pies en el suelo y se siga trabajando seriamente y con humildad, algo que con Marcelino García Toral está casi garantizado.
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