18 de septiembre de 2011

Tarragona diez años atrás



Hoy hace diez años que abandoné Tarragona; por supuesto he regresado más veces pero desde el 18 de septiembre de 2001 la Imperial Tarraco dejó de ser mi lugar de residencia, si no suceden sorpresas, definitivamente. Quedaron atrás 22 años que aportaron un balance positivo; llegué allí hecho un pipiolo un 12 de septiembre de 1979 y nada hacía predecir que mi estancia a orillas directas del Mediterráneo se iba a prolongar tanto tiempo. En Tarragona me hice un hombre, allí aprendí casi todo sobre la vida, y es que llegué a la "imperial" hecho un pardillo, pensando que la vida siempre es de color de rosa y sin más experiencias personales que un bachillerato en colegio de pago y cuatro cursos de carrera protagonizados por un exceso de cerrazón, protección y timidez.

No soy capaz de entrar en excesivos detalles ni de relatar sucesos y anécdotas, pretendo simplemente dar homenaje a una ciudad que me acogió, donde desarrollé mi vida, primero como un solitario opositor sin apenas vida social y posteriormente como un profesional que pretendió servir a los ciudadanos y recuperar el tiempo perdido. Me acostumbré a un clima privilegiado, a la salida al mar, al olor a pescado del Puerto y a la paz del Mediterráneo desde el balcón, con las puestas de sol que cumplían a la perfección su función de sedar tensiones y disgustos al final de la tarde. Tarragona sirvió adecuadamente para esos paseos recetados por el médico que me llevaban hasta el barrio del Serrallo, con sus barcos de pesca, sus olores peculiares, la iglesia parroquial, "La Puda" y ese ambiente de tabernas, humo y personajes solitarios tan propio de los puertos de mar o hasta el otro extremo de la ciudad, donde la Torre de Pilatos, el paseo de San Antonio, el de las Palmeras o la Vía Augusta.

Durante dos décadas yo vi crecer Tarragona, con la transformación de La Rambla Nova, convertida ahora en un acceso brillante y luminoso al Mar Mediterráneo, así como la restauración del Casco Viejo, la ampliación de la ciudad por el suroeste, con la Carretera de Valencia convertida en avenida y el nacimiento de la actual Avenida Françesc Macià, que acercó a la ciudad un Hospital Juan XXIII al que hasta hace unos años solamente se podía llegar tras una especie de travesía del desierto. Tarragona se fue convirtiendo en una ciudad moderna, a un ritmo que algunos, despistados y tal vez superficiales, no eramos a veces capaces de advertir. La Universidad Rovira i Virgili contribuyó lo suyo a la apertura al mundo de una ciudad hasta entonces provinciana, así como su nombramiento como Patrimonio de la Humanidad cuyo germen y desenlace viví en vivo y en directo. Aunque siempre quedarán los lugares de siempre: el anfiteatro, el circo y el foro romano, la Catedral gótica, el Pont del Diable, la Torre de los Escipiones, ... y los edificios modernos de siempre: el Gobierno Civil, el Hotel Imperial Tarraco, la central de la Caixa de Tarragona, ... ese toque del "Cant dels ocells" que añoro desde entonces cada mañana, como echo de menos el mar, la brisa, las navidades de clima suave, los domingos en la Rambla y, por encima de todo, el talante de quienes sabes que te quieren de verdad.

Con los ciudadanos de allí viví tantos acontecimientos históricos: estando allí accedieron Jordi Pujol al Gobierno de Cataluña y Felipe González al de España, ... ¡quién iba a decir que iban a durar tanto!, allí vi en directo la llegada por primera vez a España de un Papa y en esa ciudad tranquila viví el miedo y la inquietud del atentado contra el RACK de Empetrol que estremeció a toda España y pudo ocasionar una tragedia de dimensiones terribles. Las corridas de toros del verano, que ya son historia pasada, los ascensos y descensos del Nastic, la plumilla de Antoni Coll en el Diari de Tarragona, la columna periodística más entrañable y certera que recuerdo, la reapertura del Metropol, y tantos nombres y apellidos que se quedaron allí, algunos para toda la eternidad, otros dando aún guerra: Paco Riocabo, Carmen Díe, Gabi -que tardes de intimidades en el "Florida"-, Manolita, Rafa Lorenzo y familia, el "Sr. Estil.les", sinónimo de libertad de lectura y cultura, Fernando, Ricardo Vilar y su mujer, que me invitaban a comer por San Esteban para que no estuviera solo, Bernardino, Celes -¡esos partidos en la tele que a veces tenían algo de clandestinos!-, Carlos, Ignacio, Lourdes, ... testigos de mi paso por allí, compañeros del alma, que me aguantaron, me comprendieron, me enseñaron a ser mejor.

A lo largo de los últimos diez años salí cada viernes santo en la procesión del Santo Entierro, la más larga y lucida de Cataluña, con las vestes granates y blancas de la Germandat del Sant Ecce Homo, gracias a la colaboración de Antonio, un hombre cabal con quien estoy en deuda. De esas ocasiones guardo recuerdos imborrables, con el sentimiento propio del tiempo, las circunstancias y el momento. Y con la misma fuerza quedan presentes las celebraciones de la Casa de Aragón el día del Pilar, con la Misa baturra que te transportaba a tus orígenes y creaba ese punto emocional que es posible tenga algo de superficial y teatrero, pero que de cualquier manera se convertía en momento esperado cada año. Y entre procesiones y festejos, los años fueron pasando y las costumbres y usos se convirtieron en rutina habitual ... tal vez pensé que siempre sería así, por eso cuando apareció la oportunidad de regresar a mi tierra la posible marcha, que acabó siendo real, me sonaba a ficticia, a tentación imposible de caer en ella.

Y reflejar recuerdos se haría interminable: las charlas sobre drogas en los colegios con Carmen, las veces que me lío Manolita para ir de tertulia a la cárcel, alguna cena pirata, Salou, Cambrils, el Roc de San Gaietá -¡que momentos!-, las clases a la Policía Local, las comidas con Gabi en el "Pit i Cuixa", las del Bar "Quet", con ese tono tan "lilu", las despedidas de compañeros en "La Caleta", las más "pijas" de "Can Sala" o "Les Coques", los cafés del "Zeus", la época de la caña en "Sumpta", el mercadillo de la Catedral de los domingos, donde encontré por cuatro chavos la trilogía completa de "Los gozos y las sombras", la conferencias con cena posterior de los "Juristas democráticos" y de los "Tarraconins", las fiestas colegiales de los abogados, los partidos de fútbol sala, alguna copa en "Poetas", el "Antiquari" y algún pub más cutre que ahora no recuerdo, "La Goleta" en Salou, "La Cucaña" en Cubellas, "El Pí" en Vendrell y Casa Víctor en Comarruga, ... el bus de Barcelona, el tren que te llevaba al mismo sitio por la costa, con paradas en Vilanova y Sitges, el concurso de Castells del primer domingo de octubre en la Plaza de Toros, las playas Larga, de la Rabassada y del Miracle, las fiestas mayores de Santa Tecla y Sant Magí, ... y tantas cosas que no caben aquí, y algunas ni siquiera en mi cabeza.

He vuelto más veces, ¡faltaría más!, y cada vez se me come la nostalgia, y al dar la vuelta por la rotonda de las palmeras, pasada la vieja cárcel, se me pone el corazón en un puño y me duele más el "agujerito" que se quedó dentro, espero que para siempre. Interiormente vuelvo a vivir tantas cosas, los paseos hasta el tren que me llevaba a estudiar 5º de Derecho a Barcelona, pasando por Prat de la Riba, Gasómetro y Apodaca, tres calles tan representativas, por mucho que no sean especialmente bellas, los viajes en bus a mi primer destino profesional en Barcelona, donde era posible ver hasta cinco veces la misma película sin conseguir enterarte del final porque el vehículo llegaba antes. Seguiré acudiendo a por agua a la Fuente de la Oliva, como esos primeros tiempos en los que del grifo salía salada y a la Rambla Vieja, la de San Carlos, donde existía un local de apuestas en el que los domingos ponían los resultados de fútbol en una pizarra con anuncio de San Miguel, retornarán a mi pensamiento los concursos de fuegos artificiales del mes de julio, que lucían desde el Balcón del Mediterráneo y solían tener colofón con unos helados en los italianos de la Rambla y la iluminación navideña de la Rambla Nova, Unió, Conde de Rius, August, y volveré a visitar a la Virgen del Claustro, y al oasis de Loreto, ... Seguirá corriendo el tiempo y el corazón tendrá que compartir sus latidos, cada vez menos acompasados, con nuevas vivencias, pero la Imperial Tarraco fue el núcleo de mi vida, también de unas cuantas mezquindades -no todas propias-, momentos duros y algún que otro fracaso. Pero por encima de todo queda lo vivido, lo disfrutado y lo amado.




25 comentarios:

Sta.Tecla Bloguera dijo...

Amigo Modestino, nos ha gustado mucho su post a cuantos tarraconenses nos encontramos aquí. Con el bonito homenaje que ha hecho a la ciudad que me convirtió en una mujer de bien, como Patrona de la misma, y de muchos blogueros amigos le envío los mejores "antivirus" en forma de bendiciones, tanto a usted como a todos sus amigos que hoy se pasen por este delicioso post.

Estos días monto unas fiestas mayores en la localidad de Tarragona, ¡Están todos invitados a pasar por allí! En casa de Sunsi hay espacio suficiente, la primera ronda está pagada -las siguientes corren a cuenta de un tal Brunetti-

Driver dijo...

Tras vivir quince años en la mediterránea tierra murciana, y estando actualmente exiliado en la meseta esteparia madrileña, llevo tres veranos acudiendo puntualmente a Tarraco, donde el destino me ha deparado conocer a tres familias estupendas.
Recorrer la A-7 y mirar hacia el levante, tal vez sea la mejor posición mundial que el destino me haya deparado.
El primer verano que estuve en Tarraco, tuve la sensación de que no tenía que verlo todo, para así obligarme a volver. Como así sucedió.
Tras pisar la calzada romana, descubrir un acueducto tan imponente como el de Segovia pero menos conocido, visitar algunos de los mejores ejemplos de construcción civil romana, enredarme en la yuxtaposición de estilos y trazas de la catedral, mezclarme con la población en bares, plazas, abrevaderos y portales, he sentido el fiel reflejo de lo que son mis raíces más profundas, el Mediterráneo.

Un mar abierto, donde por encima de nacionalismos, fronteras políticas, religiones y culturas, te puedes mirar tranquilamente, pues el reflejo de sus aguas te hablan de Civilización, Cultura e Imaginación, así con mayúsculas.

Ya sea en la isla de Corfú, en el estrecho del Bósforo, en la costa dálmata, en las ensenadas de Ibiza , en la Costa Azul italiana,o tocando ferro en Tarraco, ese mar te proporciona el convencimiento que tú, has venido a este mundo para leer a Homero mientras tus amigos escancian vino con una vasija de barro, tras haber estrenado un ánfora dorada...

que llevaba ochocientos años durmiendo en el fondo de las rocas.

Con un salvaje olor a sal.

Modestino dijo...

Salvaje olor a sal ... elocuente, amigo Driver.

Y mi agradecimiento a la Santa por sus palabras ;)

ford azul dijo...

Lo sabes; si tienes morriña de Tarraco... subes al asiento del acompañante, lleno el depósito y en menos de tres horitas te encuentras con tus recuerdos.

Modestino dijo...

Comprometido¡¡¡¡

susana dijo...

Conocí Tarragona este verano. Es una ciudad muy agradable.

Maireen dijo...

Es una de las pocas capitales de España que no conozco aún. Me gusta mucho viajar, pero tengo un trabajo que no me permite elegir las vacaciones. Al contrario, me obliga a cogerlas en la época del año en la que viajar se me hace un disparate, porque no me gusta nada que me engulla la multitud. Así que Tarragona (y otras ciudades) tendrán que esperar a que me jubile.

sunsi dijo...

Modestino. Volveré a releer este post, pero tengo que entrar con la primera impresión. Directo al corazón de la que hoy te ha leído casi sin poder tragar. Conoces y amas Tarraco muchísimo más que bastantes que han nacido aquí. Se desprende de tu relato-descripción que te has pateado y has vivido con intensidad en esta bellísima ciudad. Porque es una ciudad bellísima, la verdad. Te agradezco que hayas recordado a mi padre. Tengo que decirte que el cariño es mutuo.

Yo recuerdo la época en la que te encerraste para preparar las oposiciones. Fíjate qué cosas... Pues me acuerdo. Y también sé que la gente de la profesión guarda muy buen recuerdo de tu paso por Tarragona. 22 años...

Es de los mejores homenajes a la Imperial Tarraco, salpicado de vivencias personales, que he leído hasta la fecha.

Me he emocionado. He nacido en Tarragona. Probablemente viviré en esta ciudad hasta la última mirada que le pueda echar al Mediterráneo (toco madera). He recorrido cada lugar mentalmente cada lugar que has mencionado, he recordado a muchas personas que has nombrado... Gracias, jurisconsulto. Me hace feliz que tus 22 años en esta tierra fueran felices para ti y que sus ciudadanos te acogieran y se hayan quedado en tu memoria.

Modestino dijo...

Sunsi, me he debido dejar bastantes cosas, pero aunque no te lo creas, los años también afectan a mi memoria. Yo sabía que , por muchas cosas, al dejar Tarragona dejaba los años dorados ... es ley de vida, y bien que me encuentro ahora en esta ciudad a la que curiosamente también te unen lazos bien fuertes.

veronicia dijo...

Con todo el cariño para Modestino, los Tarraconenses y todos los que tanto lo quieren allí y lo leen aquí.

Somewhere over the rainbow

(Traducción de la letra)
En algún lugar sobre el arcoiris
muy, muy alto...
hay una tierra de la escuché contar
en una canción de cuna.

En algún lugar sobre el arcoiris,
los cielos son azules
y los sueños que te atreves a soñar
se vuelven realidad.

Algún día pediré un deseo a una estrella
y despertaré muy lejos de las nubes
dejándolas atrás,
donde los problemas son como gotas de limón
lejos, muy por encima de las chimeneas,
ahí es donde me encontrarás.

En algún lugar sobre el arcoiris
vuelan pájaros celestes.
Los pájaros vuelan por encima del arcoiris,
entonces, ¿por yo no podría?

Si los pájaros vuelan alegremente
más allá del arcoiris...
¿Por qué yo no podría?

Modestino dijo...

Muy bonito, Veronicia.

tomae dijo...

Modestino, y amigos:

Tengo sobrados motivos para pasarme por aquí en un post tan especial como hoy. Yo hace seis años que me vine a Lérida desde mi Tarragona natal, que al igual que tú acudo siempre que me es posible (tenngo a mis padres allí) . Me ha encantado redescubrir todos los lugares y personas que citas hoy...mi aportación personal se queda con “La Caleta”, ese restaurante, en el paseo que va desde la Playa del Milagro hacia la Rabasada, resulta que anteriormente en la finca había el parvulario “Sta.Tecla”, donde un servidor completó sus cursos en ese Jardin de Infancia...

Preveeo un Domingo Largo en este estupendo Post, luego me paso …. y por supuesto a todo el mundo que se venga, que avise...que también pago una ronda!


Para ir calentando motores te dejo con esta
canción , es de tú estilo ;)!!!

Modestino dijo...

Gracias por la canción. Ahora me doy cuenta que no he dicho nada de las calçotadas en Salomó, Torre dels Cavallers, Cal Gantxo, ...

tomae dijo...

La aportación Culinaria, Restaurante Sol-Ric, dónde alguna una vez se ha visto al zaragonzano matrimonio Belloch-Soriano ;)

La aportación Futbolística, Gimnàstic de Tarragona que cuenta entre sus fundadores al abuelo de nuestra amiga Sunsi. Puedes ir a comer y luego al fútbol, ya que el estadio está junto al Restaurante.

...y por fiestas tienes "café copa y puro por un duro" (el duro ha de ser de los de antes, y de copa te sirven Chartreuse)

La aportación Cinéfila: "La Gran Familia" Donde Tarragona se convierte en escenario de esa película de los sesenta.

Diari de Tarragona (hoy)

La Aportación pedantina, es sobre el estilo arquitectonico de la Catedral de Tarragona, que más bien sería "Gótico Temprano" o "Románico Tardío" pero eso ya son "pijadas"...que para niñas pijas las que iban a la disco "Studio81" en Cala Romana.

Modestino dijo...

Anotado queda el estilo de la Catedral. Cala Romana era como el Beverly Hills de Tarraco.

Rosaura dijo...

Hola Modestino,después de mucho tiempo sin entrar, me había enterado que hoy había algo especial, y he decidido volver ¡ójala pudiera hacerlo más!, y tengo que decir que no he quedado decepcionada en absoluto, al revés. Yo pensaba que te ibas a centrar en lo que vino después de Tarragona, donde tuve la suerte de estar, pero no, he visto que se trataba de un homenaje a Tarragona, ¡Y que homenaje¡, qué bonito todo lo que dices y cómo lo dices, y tienes recuerdos para todos.
Siempre que estoy en Tarragona es de paso a Torredembarra, aunque, como tengo que recorrer toda la Rambla para llegar de la estación de Tren a la de Autobuses y viceversa, ya me la conozco bastante,y me gusta mucho.
Una ilusión que tengo es, en uno de dichos recorridos, hacer un alto para conocer la Catedral de Santa Tecla, en uno de mis libros de arte sale, ahora me apetece aún más.
No me quiero estender demasiado porque me imagino que vas a tener record de entradas, sobre todo entre tus compañeros y amigos de allí.
Muchos besos y gracias por estas pequeñas joyas.

Rosaura dijo...

Siento lo de estender, en lugar de extender, ha sido un problema al escribir.
Estoy avergonzada, ¡en un blog de tal altura¡

Modestino dijo...

La Catedral, Rosaura, no es de Santa Tecla, sí no me equivoco.
De lo qué vino después de Tarragona hablaré el martes.

Brunetti dijo...

Enorme post, Modestino. Créeme que, leyéndolo, he llegado a convencerme de que Tarragona es mucho más hermosa de lo que muchos nativos solemos pensar: pequeña, incomprensiblemente sucia y poco cuidada, sin apenas zonas verdes ni parques, enquistada entre el mar y el río Francolí, con escasa oferta cultural, perezosa, con los taxis más caros de España, con una estación del AVE situada en el limbo....

Imagino que es normal que la costumbre de vivir y trabajar en un sitio te hace perder la perspectiva y la objetividad, eliminando los aspectos positivos. Tú, con tu magnífico (y apasionado y emotivo) relato de hoy, me has ayudado a tomar conciencia de esas beldades que, enfrascados como estamos todos en la rutina diaria, se nos pasan inadvetidas.

¡Ah! Y mil gracias por la modesta parte que me toca: tu mención me enorgullece y honra.

P.D. Querido Tomae, ahora mismo me voy a la Plaça de la Font a hacer el aperitivo, si es que el bullicio santateclero me lo permite. Gustoso te convidaría a un par de rondas, si acertara a dar contigo, claro. En todo caso, ¡salud!.

Modestino dijo...

Yo creo qué Tarragona fue siendo mejorada con el tiempo, aún más tras mí marcha. No es Toledo, Salamanca ni Córdoba, pero está bastante bien y el clima y la salida al mar, un chollo.

Driver dijo...

¡Ese Museo Romano!
Donde puedes ver desde mosaicos restaurados,hasta anclas romanas de madera, ánforas de varios tamaños, capiteles jónicos y corintios, utensilios de cocina, vasijas de cristal, instrumentos de escritura, fragmentos de entablamentos, baldosas hidraúlicas, monedas, escudos, armas, protecciones para la milicia, mapas, instrumentos de agrimensor....
¡Que rato me pasé allí!

Modestino dijo...

Y conforme avanza el día me vienen a la cabeza la de cosas que me he dejado en el tintero: Bosques de Tarragona, la Punta de la Mora, Leman y Arimany, los bombones de Figura, Jofre y Queralt, el Totem y el Piscolabis, el Candil, la Baixada del Toro, Casa Malé, Foto Ballbé, los "pelotaris", "Alfor", "La Capona", .... Hasta el infinito.

Mia dijo...

Modestino, la entrada de hoy... magistral! Me has hecho vibrar de emoción. Yo tambíen soy una apasionada de Tarraco.

Por curiosidad, a qué Cuerpo opositaste? Yo también oposité a Judicaturas, más o menos por la época en que tú lo hacías.

Sigue así... y que hoy la roja de los hermanos Gasol, Navarro & Cia nos den un alegrón.

Mia

Anónimo dijo...

...ya que Driver menciona el museo romano, quiero incorporar a este post (deberías dejarlo un día más en el blog) un aspecto que quizás no conozcas del museo, puede que te haya pasado por alto (y me extraña conociendo tu afición a la novela negra)

En una sala que pocos visitan del museo romano de Tarragona, existen unos pergaminos que un día tuve la curiosidad de investigar, al estar escritos en Latín, me costó adivinar su contenido. Pero examinándolos con atención (creo que algún experto ya ha hablado de ello) pude descubrir lo que sería el primer ejemplar de la Novela Negra de la Historia!... en él se narra un macabro suceso en entre uno de los Escipiones y un tal Modestinium...Al parecer el segundo, era un justiciero enviado por la Cohorte Romana para averiguar porque aquel Escipio malversaba los fondos del la Hispania Citerior – también había crisis financiera en el Imperio- . El tal Modestinium era un auténtico agente de la ley con licencia para matar, vamos como el mismísimo Bond. Lo bueno del asunto es que los Escipiones (eran una banda de políticos locales) conocían de la debilidad del justiciero por la “butifarrae” , una especie de morcilla de la época …

No os quiero desvelar como acabó ese macabro suceso, algunos dicen que las tripas de uno u otro (?) están enterradas bajo la torre de los Escipiones que has mencionado. No se que pensaréis al respecto, pero me extraña que nadie haya comentado nada de este asunto.

Os escribo esto desde el Anonimato, poderosas fuerzas me impiden revelar mi nombre sobre este suceso por motivos que comprenderéis todos, soy padre de familia, y tengo varias bocas que alimentar, incluyendo la de mi suegra que viene de vez en cuando...

PD. Brunetti, gracias por el aperitivo … :)

Driver dijo...

Desconocía el personaje de Modestinium, pero ha susticitado mi más ardiente curiosidad.

Esta tarde la he aprovechado en la Biblioteca Nacional, en la sección de investigadores, donde tras sobornar a un par de vigilantes he tenido acceso al famoso "Tarraconensis totum rebolutum", una suerte de miscelánea histórica donde sí es cierto que se nombra al tal personaje Modestinium, más dada la previa traducción del latín, es nombrado como "Modestae Itirenatum Libris-Libri", nombre
con el que se conocía a este personaje, debido a su costumbre de glosar las tabernas locales (tabernae) así como la de comentar cuantos libros iban llegando de Roma.

La prudencia me obliga a no proporcionar más datos, la Justicia es lenta pero inexorable, y yo como el anónimo anterior tengo familia que alimentar y cuñados que mantener, y no quisiera caer con mis huesos en presidio o ser condenado a galeras.