21 de mayo de 2013

La solidaridad discreta

 
"Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; (Mt. 26.11; Mr. 14.7; Jn. 12.8) por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra." (Deuteronomio, 15.11).

Son tiempos difíciles y hay mucha gente que lo pasa mal; no obstante siempre hemos tenido cerca a gente necesitada lo dijo Jesucristo y consta en los cuatro Evangelios (Mt. 26.11; Mr. 14.7; Lc. 22.1; Jn. 12.8). Es posible que la prosperidad económica nos cegara e incluso que alguno pensara que el que no tiene dinero es porque no quiere, así de necios somos a veces los hombres. De cualquier manera, ante la necesidad ajena, y con la obligación de cada cual de buscar una sociedad más justa y una distribución más equitativa de los bienes, surge es fondo bueno que siempre hay en las gentes y brotan iniciativas solidarias, se consolidan las que siempre ha habido y quien más quien menos se planeta como puede echar una mano. También, todo hay que decirlo, es el tiempo de algún que otro "figurón" que busca la foto en el diario, de quien se pone sus medallas en las redes sociales oreando sus buenos sentimientos e incluso de algún predicador contemporáneo que echa broncas en las colas del super a quien no echa una mano al pedigüeño.

Siempre he conocido personas ejemplares en este tema; gente que ha dedicado buena parte su tiempo -de algunos podría decir que su vida entera- a echar una mano a quien lo necesita, a volcarse con los pobres, los inmigrantes, los presos, los enfermos solitarios, ... con todos los que forman esa parte maltratada de la sociedad, ese sector que no ha tenido suerte, que ha quedado arrinconado en el agujero de la miseria y la marginación. Se trata de personas a las que he admirado, y buena parte de esa admiración tiene su causa en dos razones: la convicción y el cariño con el que realizaban su labor y el hecho de hacerlo calladamente, sin relumbrón, sin pregonarlo con trompetas y tambores, sin lucir estandartes que anuncian su filantropía, sin echar en cara a nadie sobre lo que hacen o dejan de hacer.

Yo pienso que la clave son las convicciones, basta con tener bien claro que el otro es igual que tú, que cambian las circunstancias, pero la dignidad personal es la misma. Recuerdo a una persona que conocí en Tarragona -comienzo a repetirme mucho y ya la he citado en otras ocasiones-, ella veía a Jesucristo en los pobres, en los presos ... y le daba igual cualquier otra circunstancia, para mí es un buen ejemplo, cuando empiezas a hacer distinciones se acabó lo que se daba. Puede haber muchos otros motivos ideológicos que muevan a la solidaridad, algunos, sinceramente, me dan cierto miedo, porque me suenan a odio, a revancha, pero cada cual se mueve por convicciones respetables. Eso sí, insisto en que no es siempre más solidario quien más se exhibe.

18 de mayo de 2013

La década romántica de Meg Ryan


Como ya he confesado otras veces, no soy un cinéfilo de paladar fino; me gusta el cine como entretenimiento y aunque creo que se valorar cuando un actor es muy bueno, con frecuencia me encapricho con nombres que no pasan de un nivel medio y que imagino que para los grandes expertos en la materia, y por aquí circula alguno, son artistas absolutamente prescindibles. Es el caso de Meg Ryan, una actriz nacida hace 52 años en el estado de Connecticut, que en la década de los 90 me encandiló en una serie de películas y que no parece vaya a pasar a la historia del cine, pues ni ha intervenido en ningún film de esos que revienta taquillas y acapara trofeos ni ella en persona ha ganado nada relevante, salvo tres ocasionales candidaturas a los "Globos de oro". Hoy en día Meg Ryan parece condenada a la consideración de actriz cuyo tiempo ya pasó y cuyas posibilidades de progresión han quedado cortadas, aunque nunca se sabe y todavía es joven para encontrar director y película que le den otra oportunidad. Ahora da la impresión de que es más famosa por sus apoyos, poco exitosos por cierto, a algunos candidatos a la presidencia del Partido Demócrata -Wesley Clark y John Kerry-, por haber adoptado a una niña china, andar comprometida con el medio ambiente y haber estado poco acertada en sus cambios de look. Eso sí, Meg Ryan fue durante un tiempo la reina de las comedias "pastelonas", un personaje con un aire y unos modos que rebosaban simpatía y ternura.

La película en la que terminé rendido al encanto de Meg Ryan fue "Tienes un e-mail" (1998), un film dirigido por Nora Ephron en la que la actriz junto a Tom Hanks dan vida a una historia de amor dulce y entrañable, de esas que a uno no le importaría protagonizar; el amor a través de la red, las citas a ciegas, la clásica lucha entre la pequeña librería y la gran superficie, ... y dos actores que te producen envidia; es posible que el film me pillara en un momento "peculiar" de mi vida, pero recuerdo que me afectó. Tras papeles de menos trascendencia en películas taquilleras como "Top Gunn" (1986) y "El chip prodigioso" (1987) su primer gran papel romántico se produce con "Cuando Harry encontró a Sally" (1988), un film en el que despliega ya sus encantos junto a Billy Cristal con unos diálogos entrañables y una declaración final de amor deliciosa, mientras en "Joe contra el volcán" (1990) explota por vez primera su capacidad taquillera junto a Tom Hanks, una pareja que volverá a funcionar en otra comedia inolvidable, "Algo para recordar" (1993), una especie de antesala del "e-mail" que también dirigió Nora Ephron y donde Ryan vuelve a aparecer vitalista, romántica, ... tal vez intrascendente, pero inolvidablemente encantadora. Hay dos muestras, quizá más frívolas, de la facilidad de la Ryan para la comedia "dulzona", "French Kiss" (1995), una especie de comedia de enredo junto a Kevin Kline y Jean Reno ambientada en París en la que Meg es una joven e inocente americana con pánico a volar y en la que se recurre al tópico argumento del novio listo y soso frente al caradura, que por supuesto se lleva el gato al agua y "Adictos al amor" (1997), un trabajo junto a Matthew Broderick con tonos picarescos y divertidos.

Pero en esa misma década de los 90, Meg Ryan también triunfó en papeles más dramáticos, y fundamentalmente destacaría dos películas: "Cuando un hombre ama a una mujer" (1994), en el que encarna a una mujer a la que la soledad a la que le conduce el stressante trabajo como piloto de su marido -Andy García- la lleva al alcoholismo, un drama duro, pero a la vez enfocado positivamente y "Ciudad de ángeles" (1998), una especie de fábula romántica en la que tiene como acompañante a Nicholas Cage y que relata una historia tierna, emotiva y trágica y que me trae unos recuerdos muy especiales de uno de esos momentos mágicos de mi vida en el que uno anda sensible a la "alegoría". Esos años también intervino en películas de corte muy distinto, como "Restauración" (1995), un film de época y "En honor a la verdad" (1996), donde interpreta a una héroe de la guerra de Irak. También hubo otras de mucha menor relevancia como "El genio del amor" (1994) y "Hurlyburly" (1998). En la filmografía de Meg Ryan siguen apareciendo unas cuantas películas a lo largo del nuevo siglo, pero o no han tenido excesiva trascendencia o yo he andado en exceso despistado al respecto. En cualquier caso, y sin descartar que la actriz vuelva por sus fueros, siempre quedará el recuerdo de esa chica rubia, de nariz respingona, voz tierna y mirada directa que durante unos cuantos años nos hizo pasar grandes momentos a unos cuantos amantes de la cosa "pastelona".

17 de mayo de 2013

La decisión de Angelina

La actriz Angelina Jolie se sometió a doble mastectomía

"La actriz estadounidense Angelina Jolie ha anunciado que se ha sometido a una doble mastectomía con el fin de reducir las posibilidades de desarrollar un cáncer, debido a sus antecedentes familiares. La actriz ha dado a conocer su decisión en una carta publicada en el diario The New York Times, donde ha explicado que es portadora del gen BRCA1, que aumenta dramáticamente el riesgo de desarrollar cáncer de mamas y de ovarios en las mujeres que lo poseen.
 
Solo 24 horas después de haber hecho público que se había sometido a una doble mastectomía, Angelina Jolie está considerando extirparse los ovarios, según informa la revista People."

La decisión de la joven actriz, hija del oscarizado John Voight y esposa de Brad Pitt, ha dado lugar a muchas portadas de diarios impresos y digitales y ha suscitado cierta polémica, lógica si tenemos en cuenta la magnitud y las consecuencias de una operación de este tipo. La motivación de semejante opción ha quedado clara y el deseo de no sufrir la tremenda e irreversible enfermedad que acabó con la vida de su madre mueven tanto a la comprensión como al respeto.

Ahora bien, no puedo evitar intuir que tras la operación de la protagonista de "Tomb Raider" se oculta esa filosofía de la vida que se ha impuesto en todo occidente por la que la muerte ha dejado de ser el final lógico y seguro de la vida para convertirse en un capítulo horrendo de la misma y, sobre todo, en un episodio que no debe de nombrarse, sobre el que hay que pasar de puntillas. En el fondo, la operación de Angelina Jolie da la impresión de que tiene su causa en una especie de deseo de perpetuarse, en un rechazo a una realidad incontestable: en este mundo estamos de paso, la vida terrena es temporal y provisional -la única incógnita es su duración- y la muerte es algo inevitable, que no podemos parar.

Quede claro que no voy por la vida ni de estoico, ni de héroe ni de resignado, no tengo ganas de morirme, comprendo y comparto el esfuerzo por prolongar nuestra vida el mayor tiempo posible y agradezco a tantos grandes hombres que han puesto su granito de arena para que cada vez tengamos una vida más cualificada y más larga. Pero me parece que una de las muchas cosas que podemos aprender de los ciudadanos de zonas menos desarrolladas del mundo es a asumir la muerte con naturalidad y sin dramas. Hay ocasiones en que da la impresión de que nos rebelamos ante algo que es natural, que nos invade un temor insano que nos mueve a decisiones que pueden ser excesivas.

No me atrevo a demonizar la decisión de la actriz estadounidense, me parecería injusto. Estoy seguro que lo ha hecho tras meditarlo y valorar las consecuencias, argumentos como el de dar una madre a sus hijos durante más tiempo son bonitos y de calado. En cualquier caso, como en tantas otras noticias que lees y escuchas, echo de menos ciertos valores, a lo mejor habría que volver a tener en cuenta el valor del sacrificio, del dolor y la enfermedad y el sentido de la muerte como cambio y no final de la vida, vamos a vivir con esperanza.

16 de mayo de 2013

Política y señorío

 
 
Hablando hace unos días con una persona de conversación fácil y grata salió el tema de la altura de los políticos actuales; no me gusta caer en la generalización y, muy especialmente, en ese hábito tan actual de rechazar a todos y no dejar títere con cabeza, pero no parece que si repasamos el panorama político de nuestro país podamos hablar de tiempos de grandes líderes, ni de personas de una enorme talla humana, intelectual y moral; creo pienso que mi interlocutor tenía razón cuando afirmaba que, entre otros valores, se echaba en falta el señorío que existía en décadas anteriores, y como ejemplo citaba el de Landelino Lavilla, un jurista leridano que con 41 años se convirtió en Ministro de Justicia del primer Gobierno de Adolfo Suárez, ese gabinete que algunos bautizaron como de "penenes" y por el que casi nadie dio en su día un duro y que en el plazo de un año terminó siendo capaz de desmontar el franquismo y convocar por vez primera desde la 2ª República, elecciones democráticas. Eso sí, a pesar de su juventud Lavilla no era un pardillo, pues con 24 años ingresó en el Cuerpo de Letrados del Tribunal de Cuentas y con 25 en el de Letrados del Consejo de Estado. Cuando Landelino Lavilla se sentaba por vez primera en su banco azul de las Cortes, ya se ganaba la vida perfectamente y había acreditado una valía indudable. Lavilla ocupó la cartera de Justicia de 1976 a 1979, dejando el Ministerio para pasar a ser la tercera autoridad del estado, es decir, presidente de las Cortes, cargo que ocupó hasta la llegada de los socialistas al poder en 1982; todos recordamos a Lavilla con cara de "poker" cuando Tejero apareció sorpresivamente en el Congreso de los Diputados aquel ya lejano 23 de febrero de 1981.

Pero no pretendo valorar la labor política de Lavilla, protagonista sin duda de una época histórica, con claroscuros y sucesos polémicos, pero sin duda apasionante y para muchos, entre los que me encuentro, notoriamente añorada. Tras la dimisión de Suárez el nuevo Presidente, el ya fallecido Leopoldo Calvo Sotelo, tomó el mando de un Gobierno y un partido que ya estaban heridos de muerte a causa de la crisis económica, el terrorismo de ETA y las tremendas disputas cainitas de la Unión de Centro Democrático (UCD), situación que derivó en un adelanto de las elecciones al 28 de octubre de 1982, una fecha en que como estaba anunciado el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra consiguió una abrumadora e histórica mayoría absoluta. A Landelino Lavilla le correspondió la dura y dramática tarea de recoger las cenizas de la UCD y encabezar su campaña electoral en unos comicios en los que el partido estaba de antemano condenado al fracaso. Así, mientras los socialistas llegaban al poder en olor de multitud y la Alianza Popular de Fraga crecía para instalarse en una reducida oposición, el partido que lo ostentaba hasta entonces no pasaba de los 11 diputados. Recuerdo perfectamente la figura de Landelino Lavilla con traje oscuro recorriendo mítines por España con todo el aspecto de estar haciendo "de tripas corazón", siendo notorio que no era precisamente un hombre nacido para hacer campañas ni andaba dotado de salero electoral ni de ese peculiar "glamour" político en el que había destacado su predecesor Adolfo Suárez y que por aquellas fechas rebosaba por todos los poros Felipe González.

Pero Landelino Lavilla supo perder, el batacazo fue tremendo y la humillación notable, pero el político centrista supo hacer mutis por el foro y volvió a su trabajo habitual, sin dramas, sin estridencias, sin reclamar pago alguno de servicios ni abono de deudas pendientes, algo que, además de significar que no era precisamente un "pelanas", sino alguien con oficio y beneficio, mostraba ese señorío del que hablaba más arriba. Lavilla renunció a su acta de diputado y pasó a formar parte del Consejo de Estado, a donde llegó con fundamento en un currículum profesional mucho más que en una labor política. En 1996 Landelino aspiró a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial, aunque su nombramiento no se consumó. En 2006 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, siendo también miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la que fue reelegido Presidente en enero de 2008. En la actualidad es miembro permanente del Consejo de estado. y aunque en su día fue protagonista de un fracaso electoral estrepitoso, con el paso de los años y la perspectiva del tiempo, el recuerdo de este hombre nos ofrece más el de alguien con capacidad y señorío que tuvo al virtud de retirarse a tiempo.

15 de mayo de 2013

La timidez, ¿un estigma?



Ramón García es un escritor castellano que, entre otras cosas, tuvo la fortuna de cultivar la amistad con Miguel Delibes; fruto de su relación con el inolvidable escritor vallisoletano publicó, aún en vida de éste, "El quiosco de los helados", un libro biográfico sobre Delibes que ahora estoy leyendo y del que daré buena cuenta aquí tras terminarlo. Aún ando por los años infantiles del literato y acerca de ellos García nos cuenta que el ilustre académico fue un niño tímido, algo que no ha dejado de otorgar cierta serenidad a mi alma, pues la timidez también marcó mi infancia y sus manifestaciones tienden a ser algo que sigue influyendo el resto de tu vida; y digo lo de la serenidad espiritual, porque no pocas veces he sentido por parte de determinadas personas una especie de enmienda a la totalidad a ese caracter tímido, como si andar por la vida pisando fuerte y arrasando con la propia personalidad fuera el único modo válido y saludable de funcionar.

No atribuiré a la timidez la cualidad de virtud, y alguna justificación imagino que tendrán las opiniones de ciertos moralistas -profesionales y aficionados- que la consideran una forma de ser que esconde algunas dosis de orgullo y egoísmo; ahora bien, no todos somos iguales, y cada uno va formando poco a poco su carácter, algo en lo que, evidentemente, influyen circunstancias familiares y ambientales, experiencias personales, relaciones de amistad y tantas otras cosas: Sobre esa personalidad en formación habrá que edificar la educación de los jóvenes, respetando todo lo bueno que hay en las diferentes formas de enfrentarse a la vida, ayudando a pulir lo oportuno y evitando tanto esa forma de enseñar que provoca que uno se sienta un desastre permanente como la tentación de introducir al personal en un molde. Bendito pluralismo que sabe valorar lo bueno de cada uno y huye de la uniformidad por mucho que se haga bajo la peligrosa bandera de la excelencia.

Los tímidos terminan frecuentemente siendo unos supervivientes; es fácil que en su día fueran los típicos niños torpones que habitualmente andaban a la cola en las carreras de fondo, no saltan el caballo o suben la cuerda ni con una pistola detrás, con unas capacidades intelectuales probablemente disimuladas, y hasta desconocidas, por su escasa facilidad para venderse, con tendencia a que sus pequeños fracasos y frustraciones se conviertan en dramas personales ante el éxito público de quienes siempre fueron hábiles para la medalla y el autobombo. Pero al mismo tiempo, el tímido puede aprender más facilmente el valor de la discreción, la elegancia del saber estar en su sitio, la oportunidad de callar a tiempo y mostrar las cartas cuando debe hacerse ... que en esta vida también hay fanfarrones e incluso quienes dan por supuesto que todos compartimos lo que no son más que convicciones propias, o meras experiencias personales que no todos mantienen.

El otro día me hablaron de un proverbio chino que dice que si estás muy seguro de algo a lo mejor debes empezar a sospechar que te falta información. Vete a saber si a lo mejor no es buena tanta certeza, o dicho de otro modo, aspiremos a que las seguridades vengan de fuera -y de lejos- y no tanto de nuestra propia cosecha, y en eso puede que los tímidos llevemos ventaja ... no presumiré de una timidez que muchas veces puede ser un obstáculo, pero conforme pasan los años envidio menos a algunos de esos que parece que lo tienen todo tan claro.

14 de mayo de 2013

¿Sabemos lo que queremos?



A veces pienso que a los ciudadanos de este país se nos podría aplicar el soniquete de la vieja canción: "¡¡¡¡ay!!!¡cómo hemos cambiado!", aunque puesto a pensar más a fondo, podríamos darle la vuelta al calcetín y al argumento y plantearnos si el problema no radica más bien en que en realidad no hemos cambiado nada, y a la hora de la verdad seguimos siendo superficiales, inmaduros y primarios. Los políticos nos han decepcionado, y parece que razones hay de sobra para ello, pero cuando veo según qué demostraciones, cuando busco entre los nombres que aparecen como las alternativas de futuro y encuentro, entre otros, el de Jorge Vestrynge, cuando observo a personas con aires desencajados ponerse aleatoriamente camisetas de distintos colores o gritar lemas e insultos mientras ponen cara de haber perdido los papeles, cuando la cacerolada se vende como vía sensata de portesta o hay quien recurre a posturas que suenan cercanas a la revolución rusa del 17 o al chandall de Maduro, me comienzo a plantear si sabemos realmente lo que queremos.

El otro día alguien que sabe del tema, porque le llegan datos fiables, me contaba que el fracaso escolar en Aragón es dramático, que dos de cada tres alumnos repiten algún curso en la enseñanza obligatoria, y me llama la atención que ésto no aparezca en las camisetas verdes, que las célebres mareas no digan nada ... porque parece claro que este fracaso viene de lejos, que no podemos endosarle la culpa en exclusiva a los recortes. Estos días varias manifestaciones han recorrido las calles españolas: ha habido huelga de educación y se ha realizado una escenificación llamativa y reivindicativa notable; no dudo que hay razones para ello, la educación es tan importante que nunca debería nadie plantearse reducir, recortar, restringir, ... Pero también me pregunto si es necesario que la lucha esté tan significativamente teñida de ideología, si entre quienes gritan y exigen se han colado algunos a quienes interesa más el conflicto que la solución, a los que mueve el odio y no la concordia. Y sobre todo, me pregunto si realmente quieren una escuela de calidad o una escuela a su medida y, muy en concreto, si la que existe ahora la consideran auténticamente de calidad. En la manifestación que hubo en Huesca vi puños cerrados, banderas rojas con la hoz y el martillo de la vieja Unión Soviética, alguna mofa gratuita de la religión, ... si ahí está la alternativa me parece que estamos apañados.

Tengo la impresión de que la crisis económica nos ha desmontado el "chiringuito", que de golpe y porrazo, cuando pensábamos que todo el monte era orégano y la vida muy bella, nos han descubierto las "vergüenzas" y han llegado de golpe todos los males. Parece que el sistema está agotado, y uno comienza a tener la impresión de que en vez de pararnos a pensar y aunar fuerzas -y superar divisiones y discrepancias- cada cual tira por la calle de en medio, hemos desempolvado caminos que buscan soluciones que hace mucho tiempo se demostraron nefastas y hay quien aprovecha para ejercitar eso del río revuelto. En los pasillos de las oficinas públicas, en torno a los puestos de los mercadillos, en los bancos del paseo, las esperas de los colegios y las colas de las taquillas los ciudadanos mostramos nuestra indignación y nuestro hartazgo, sabemos a quien disparar, pero no se si sabemos lo que hemos de buscar.
 
 

12 de mayo de 2013

Murió una voz increíble


En la madrugada de hoy, domingo, Constantino Romero falleció en Barcelona, tenía 65 años y padecía una enfermedad neurológica. Romero, un hombre polifacético -fue periodista, locutor, presentador, doblador y actor- había anunciado su retirada hace cinco meses y aunque su cara era conocida por todos y su talante, respetado y apreciado, destacaba fundamentalmente por poseer un voz excepcional, una de esas voces casi perfectas, con una dicción magnífica, un tono claro y un volumen excelente, una voz que llenaba el auditorio, el plató, la sala de estar de tu casa. Constantino Romero prestó su voz, por ejemplo, a James Earl Jones en su papel de Darth Vader, de manera que su nombre quedó para siempre unido a una de las mejores trilogías cinematográficas de la historia junto a los de George Lukas, Harrison Ford, Ewan McGregor, Natalier Portman, Alec Guiness, ...

La primera vez que tuve conciencia de la existencia de este hombre de cabeza pelada y bigote característico fue con el "El tiempo es oro", un concurso de TVE dirigido por Sergi Schaaf en el que el concursante había de superar varias tandas de preguntas de cultura general, para ser luego cuestionado sobre un tema específico de su propia elección y finalmente, con la ayuda de dos amigos y documentación enciclopédica, contestar a una pregunta final. Pero la realidad es que el trabajo de Romero venía de mucho antes, fundamentalmente como actor de doblaje, pues además de su referido trabajo en la´s películas de Lukas, puede presumir de haber sido la voz en España de Clint Eastwood -"los violentos de Kelly", "Harry el sucio", "Licencia para matar", "Fuga der Alcatraz", "El sargento de hierro", "Cazador blanco, corazón negro", "Sin perdón", "Los puentes de Madison", "Deuda de sangre", "Million dollar baby", "Gran Torino", ...-, a Arnold Schwarzenegger en las tres entregas de "Terminator" y las dos de "Los mercenarios", a Roger Moore en sus trabajos como James Bond "Octopussy", "Moonraker", "Panorama para matar", ...-, a Sean Conney en "Atmósfera cero" y "Cinco días y un verano", a Donald Sutherland en: "M.A.S.H." y "Novecento", a Rutger Hauer en "Blade Runner", entre otros, además de ser la voz del rey Mufasa en "El rey león", del juez Claude Frollo "El jorobado de Notre Dame" y del Ancestro Mayor en "Mulan". Hay que saber valorar la importantísima función que desempeñan los actores de doblaje, y tras ser conscientes de ello darnos cuenta de la brillantez del trabajo realizado por Constantino Romero.

En Televisión Romero se hizo famoso durante años, trabajando en distintos medios: TVE -"Ya sé que tienes novio" (1985), "El tiempo es oro" (1987-1992), "3x4" (1989), "La vida es juego" (1992-1993) y "Valor y coraje" (1993-1995)-, en Antena-3 -"La Parodia Nacional" (1996-2001), "Tele risa" (1997), "Alta Tensión" (1998-1999), "Tierra trágame" (1999), "Telerisa" (1999), "Una vez en la vida" (2001), "Domino_Day" (2001-2002) y "Pasapalabra" (2002)-, en Telemadrid -"La silla" (2002) y "Reparto a domicilio" (2003)- y en CMT -"Un paseo por Castilla-La Mancha" (2005), "Siempre ellas (2006), "Cantando en familia (2008)" y "Tierra de Tesoros" (2009)-. Como actor de cine su currículum se reduce a tres películas: "La verdad oculta" (1988), de Carlos Benpar, compartiendo reparto, entre otros, con Conrado San Martín, Assumpta Serna, Héctor Alterio, Ovidi Montllor y José Luis López Vázquez, "Di que sí" (2004), de Juan Calvo, junto a Paz Vega, Chus Lampreave, Luis Cuenca, Santiago Segura y Ornella Mutti y "Héroes" (2010), dirigida por Pau Freixas.

En el magnífico obituario que, como siempre, ha publicado "El País" se destaca la calidad de Constantino Romero como actor teatral, siendo alguien a quien recurría Mario Gas, un director de especial olfatop, para trabajos como "L'Opera de Tres Rals" (1984), "Sweeney Todd", de Stephen Sondheim, (1995), "A Little Night Music", de Stephen Sondheim (2000) y "Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny", de Bertold Brecht y Kurt Weill (2007). También destacó en "La botiga dels horrors", dirigida por Joan Lluís Bozzo (1987), "La Orestiada" (2004) y "Beaumarchais", de Sacha Guitry, bajo la dirección de dirigida por Josep María Flotats (2010). En la misma necrológica se pone de reflejo que el gusto y el carisma por el teatro le venía de joven, pues ya "en los años sesenta, siendo casi adolescente, y también con Mario Gas, participó en montajes no profesionales de textos como Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, Llama un inspector, de J.B. Priestley y Deja que los perros ladren, de Sergio Vodanovic."

Sinceramente, sabía de las capacidades de Constantino Romero, pero con su fallecimiento he descubierto que se trataba de un hombre dotado para muchas cosas, un verdadero tipo con grandes prestaciones. Descanse en paz.