18 de agosto de 2017

Dolorosa barbarie


El atentado cometido ayer en Barcelona nos ha estremecido a todos. Afortunadamente aún somos capaces de unirnos en el dolor y en la solidaridad. Siempre habrá quien intente sacar rédito político al drama del terror, y hasta quien aparente disimular el alcance de lo ocurrido con términos que pueden sonar a equívocos. Pero por encima de todo ha prevalecido la reacción serena, algo asustada y, por encima de todo, humana ... porque a partir de hoy y por culpa de unos ciegos fanáticos habrá quien vea cambiada su vida y alterada, sino suprimida, su sonrisa.

Pero la vida sigue y a quienes quedamos vivos nos queda la obligación de continuar con lo nuestro, seguir creyendo en esos valores que cada cual considera importantes y hacer de tripas corazón. Porque olvidar, pienso que ni podemos, ni queremos ni debemos. Eso sí, al ver las tremendas imágenes de la desolación de tantas personas, eme planteo que  debería sernos mas sencillo, ... más necesario, comprender a todos, superar barreras y dar siempre la mano. 

4 de agosto de 2017

Uno de los ídolos de "entonces"


La muerte de Ángel Nieto no supone solamente el adiós de un gran deportista, un piloto de motociclismo con la maleta llena de títulos mundiales. Con Ángel Nieto desaparece un pionero del deporte español, uno de los pocos héroes deportivos de aquéllas viejas épocas de escasez de éxitos españoles. El piloto zamorano fue, junto a nombres como Santana y Orantes, Mariano Haro, Paquito Fernández Ochoa, ... uno de los pocos españoles que reinaron a nivel mundial en los años 60 y 70 en los deportes individuales.

Angel Nieto ganó su primer campeonato del mundo en 1969; a partir de ahí consiguió un total de trece títulos mundiales ... aunque a él le gustaba más bien hablar de "doce más uno". Seis de ellos los consiguió en la prueba de 50 cc, mientras los otros siete lo fueron con motos de 125 cc de cilindrada. Sus primeros éxitos los obtuvo con motos de fabricación nacional -Derbi y Bultaco-, aunque también subió al podium de los mejores militando en Kreidler, Morbidelli y Garelli. En aquéllos años -el último título lo obtuvo en 1984- hablar de motos era hablar de Angel Nieto. Su melenilla corta, su voz más bien aflautada, su hablar pausado y su seguridad y valentía a caballo de una moto eran paisaje habitual de todo tipo de programas televisivos. 

Eran años en que alcanzar un título mundial era una auténtica hazaña para un español. Y aunque en deportes de masas como el fútbol y el balon-cesto teníamos ídolos indudables -Amancio, Iríbar, Gárate, Marcial, Buscató, Luick, Brabender, ...-, quien más quien menos era consciente del mérito de este hombre que había salido de la nada, pues creció en una familia zamorana que emigró a MAdrid en busca de trabajo, instalándose en un chabola de Vallecas. A Nieto el ruido de los motores y la velocidad a dos ruedas le llamó desde pequeño, comenzando a materializar sus sueños trabajando de aprendiz en un taller madrileño.

Ángel Nieto no fue el único piloto de motos predestinado a llegar al máximo en este tipo de competiciones. El mismo año en que Nieto ganaba su primer mundial, fallecía en un terrible accidente en el trágicamente famoso circuito de la británica Isla de Man Santiago Herrero, un madrileño de 27 años que comandaba la clasificación del mundial de 250 cc. Herrero era la gran esperanza española del motociclismo,  y  el dolor de su desaparición fue compensado con la aparición de Nieto, que precisamente a partir del accidente de su compatriota. inició su escalada en la clasificación de su categoría hasta proclamarse campeón del mundo.

Durante más de una década el piloto fallecido fue el indiscutible rey de las categorías inferiores. Fue un auténtico pionero, y sin él hubiera sido muy difícil que en los años posteriores otros pilotos como Sito Pons, Alex Criville, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, ... alcanzaran los máximos galardones en cilindradas superiores. Ángel Nieto ha sido, desde su retirada todo un símbolo de un deporte que no abandonó nunca y al que ha seguido "aferrado" como director deportivo, padre y tío de pilotos y comentarista periodístico. En Ibiza, inesperadamente, disputó su última carrera. Descanse en paz.



1 de agosto de 2017

Libros de julio


A lo mejor ha sido el calor, pero lo cierto es que en el recién concluido mes de julio he leido con bastante improvisación. Según iban surgiendo las ideas -o los caprichos- he ido cogiendo títulos que han sumado siete libros bien distintos. Los firmados por Echenoz y Mahfuz me han parecido francamente buenos, "La Soria de los sueños rotos", tan duro como interesante y los otros cuatro con virtudes y algún "pero". 

Una tarde-noche del último invierno entré en la sucursal de la Casa del Libro de la madrileña calle de Fuencarral. Una librería suele suponer, para algunos, un muestrario de tentaciones bastante difícil de rechazar. una vez más caí ebn la "trampa" y me encapriché, entre otros, de "Nosotros en la noche", una brevísima novela que se exhibía con el atractivo de un argumento lleno de ternura -el amor crespuscular de un viudo y una viuda de clase media baja de una pequeña localidad cercana a Michigan- y el hecho de tratarse del último libro escrito por su autor, Kent Haruf, quien lo inició sabiendo  que le quedaba poco tiempo de vida: de hecho falleció en 2014, el mismo año en que consta la edición del libro. Se trata de un libro grato de leer, emotivo, con una historia llena de ternura, sin nada de morbo y ausente de sobresaltos, aunque en cierto modo esperaba más del mismo. A pesar de que la propia contraportada de la novela deja claro que no pasa gran cosa, que Haruf solamente pretende reflejar una historia de soledad compartida y sentimientos en plena vejez, al acabar la lectura -128 páginas a doble espacio- me quedé con la sensación de que podía haber dado un poco más de sí.

"La Soria de los sueños rotos" es uno de esos libros de edición corta y a los que se da poca publicidad. Me llamó la atención una breve recensión que hace ya unos meses leí en "El Cultural" de los sábados de ABC y pude conseguirlo, no sin esfuerzo,  gracias a la profesionalidad de la Librería "Cálamo" de Zaragoza y a la bondad de una amiga. Su autor es Manuel Villar Raso, un soriano ya fallecido que fue profesor universitario en Granada. Dicho escritor no es precisamente  un novato en el mundo de la literatura, pues llegó a publicar unas veinte novelas, ganando varios premios literarios y llegando a ser finalista de uno de los más prestigiosos, el Premio Nadal. En el libro, editado por la Diputación de Soria y el Ayuntamiento de Olvega, nos habla en "modo ficción" de lo sucedido durante los tiempos de la República, guerra civil y primeros años de posguerra en esta última localidad, pueblo natal del autor. Villar Raso tiene una manera original de escribir, respetando los modos de hablar de la gente y contando lo acontecido de manera breve y directa, haciéndolo compatible con un lirismo que se pone de manifiesto describiendo ambientes y paisajes. Lo que se nos cuenta es muy duro, reflejando odios, asesinatos y miseria, aunque a la vez sabe ofrecernos los aspectos bellos de la vida, como la hermosa historia de amor de los dos personajes protagonistas, representantes de cada uno de los dos grupos sociales enfrentados. Un testimonio de una época convulsa de nuestra reciente historia que me ha gustado más de lo que llegué a pensar cuando me preocupé de conseguirlo.

Naguib Mahfuz  fue un escritor egipcio galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1988. Una de sus grandes obras fue la "Trilogía del Cairo", cuyo primer libro, "Entre dos palacios" leí hace unos años. Me pareció literatura de calidad, y aunque no fuera de fácil lectura, terminó gustándome mucho, a pesar de lo cual aún no he leído las otras dos entregas. Sí he tenido la ocasión de desquitarme de esa provisional omisión con "El día que mataron al líder", una novela mucho más breve ambientada en los días en que asesinaron a Anwar El Sadat, presidente del país, a quien por cierto Mahfuz no trata excesivamente bien. En capítulos seguidos y alternos se describen los relatos de un abuelo, su nieto y la novia de éste. El libro se convierte en un buen testimonio del estilo de vida y costumbres de Egipto, de las peculiariedades de la sociedad de ese destacado país árabe, con un tono de notoria crítica social y política. A la vez narra las desventuras amorosas de la pareja protagonista, cuya relación aparece condicionada por ancestrales rigores religiosos y sociales. El desenlace se relata en paralelo a la forma en que viven los tres personajes principales el atentado que costó la vida al entonces presidente egipcio. Novela para leer con calma y fijándose en los detalles y matices.

Jean Echenoz se ha convertido en uno de esos autores de cuyos nuevos trabajos estoy siempre pendiente. Forma parte sin duda de esa formidable generación de escritores franceses actuales y posee, entre otros, el pretigioso premio "Goncourt". Habían pasado por mis manos "Correr", "14" y "Capricho de reina", tres magníficas novelas, breves y bien escritas. Por esta razón no tuve ninguna duda en andar pendiente de la web de las Bibliotecas de Aragón para esperar mi turno de cara a poder leer su última obra, "Enviada especial". La espera y la paciencia han vuelto a valer la pena, por mucho que se trata de un relato de naturaleza bien distinta a los leidos hasta ahora, pues en esta ocasión se trata de una genial parodia, escrita con un estilo ágil y divertido, en el que, por medio de una estructura narrativa que en sus dos primeros tercios es un auténtico "puzzle", nos cuenta una historia chusca e increíble sobre una misión organizada por un supuesto general francés que envía a Corea del Norte a una audaz y engañada espía con los procedimientos más sorprendentes e hilarantes que quepa imaginar. Una lectura divertida, que debe efectuarse con calma para empaparse de una historia francamente divertida, ocurrente y paradójica.

Amelie Nothomb es una escritora belga muy fecunda: desde 1992 no ha pasado año sin publicar una novela. Todas las opiniones que había escuchado sobre ella habían sido muy positivas, por lo que al ver presidir las novedades editoriales de mis librerías de cabecera su último trabajo,  "El crimen del conde Neville", pensé que era la ocasión de leer por primera vez a esta autora. Con esta novela me ha pasado algo muy curioso, y es que mi amigo Brunetti, uno de los lectores de "reconocido prestigio" que me  había hablado con entusiasmo de Nothomb, la compró a instancias mías y la leyó antes, informándome que en esta ocasión el libro le parecía más bien intranscendente. No deja de ser una situación compleja comenzar una lectura con la opinión negativa de alguien en quien confías, y lo cierto es que no me ha parecido una novela imprescindible. Eso sí, leer "El crimen del Conde Neville" me ha entretenido, contiene diálogos divertidos y no he ahorrado alguna sonrisa ante un argumento tan poco creíble como superficial. Quedo a la espera de leer otras obras de la escritora para disfrutar de esos libros que por lo visto superan con creces éste.

En julio he seguido consumiendo producto nacional en materia de novelas policíacas. En esta ocasión la elección ha recaído en "Puerto escondido", novela escrita por la gallega María Oruña y publicada hace dos años por Destino. Un relato que, como "El silencio de la ciudad blanca" -comentada en mi anterior entrega literaria- nace con vocación de trilogía. Podriamos decir que estamos ante una novela de intriga modelo "Baztán", pues teniendo personalidad y argumento propio, su estructura y enfoque recuerda a la exitosa trilogía de Dolores Redondo. La trama está ambientada en Cantabria -Santander, Suances, Comillas, Santillana de Mar, ... aparecen a lo largo de la narración- y  la autora nos la cuenta, a través de capítulos alternativos, por medio de dos historias distantes en el tiempo -una en torno a las épocas de guerra civil y posguerra y otra en nuestros días- que como es lógico acaban entrando en conexión. La novela es entretenida, bien ordenada, sin que la alternancia de relatos haga perder ni el hilo ni el interés. Oruña no evita el tono "tremendo" de su relato y tiene la habilidad de incoar en la penúltima página cierto misterio para alentar el interés de la segunda entrega, que por cierto ya lleva varios meses a la venta. No obstante, calidad literaria solamente discreta.

Entre uno de esos interesantes artículos "aglutinadores" de libros que nos ofrece con frecuencia "Babelia" me llamó la atención hace un tiempo uno que recopilaba títulos de novelas ambientadas en Madrid, y entre ellos, ¡vete a saber la razón!, me llamó la atención "Saliendo de la estación de Atocha", una novela no muy larga escrita por el estadounidense Ben Lerner, un escritor que se autocalifica de poeta, pero cuya narrativa tiene bastante éxito, y que fue publicada en 2013 por "Literatura Random House". El librio nos habla de Adam Gordon, un joven de Providence que está becado en Madrid para realizar un proyecto poético, aunque en realidad lo que hace es vivir bien, fumar porros, tomar tranquilizantes y deambular en un ambiente despreocupado y bohemio. El relato desemboca en los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2003 y todos los acontecimientos que se desarrollaron a partir de ellos, aunque pienso que no es el eje de la narración. Resulta interesante acompañar los recorridos del joven Gordon por Atocha, las calles de Santa Ana, Huertas, ... el Hotel Ritz, el barrio de Chueca o el restaurante "Zalacaín", entre otros lugares, incluyendo un caótico viaje a Barcelona. La novela me ha entretenido a ratos, aunque su lectura también ha tenido momentos de cierto bostezo.

17 de julio de 2017

En la muerte de un gran secundario


Ayer falleció Martin Landau. Había nacido en Brooklyn -toda una premonición- hace 89 años y desde hacía días se encontraba internado en el Ronald Reagan UVLA Medical Center de Los Ángeles, víctima de una enfermedad que se agravó inesperadamente en las últimas horas. Landau fue, indudablemente, un gran actor, con una mirada dura y cortante con la que cerró brillantes actuaciones en papeles de personaje complicado, aunque también se le recuerdan trabajos más entrañables.

La primera vez que tuve conocimiento de la existencia de este autor fue cuando interpretaba al agente Rollin Hand, un genio del disfraz, en la versión televisiva de "Misión Imposible" que protagonizaba Peter Graves y en la que también trabajaban Bárbara Bain, una rubia que leyendo los obituarios de la prensa de hoy me he enterado que era entonces su esposa, de la que se divorciaría en 1993, Greg Morris, como un experto en tecnología y Peter Lupus, como el necesario complemento de fuerza física. Siempre quedará en la retina de quienes aprendíamos de la vida a marchas forzadas durante esos magníficos años 60  aquéllo de que  "esta cinta se autodestruirá en breves segundos". Martin Landau era, sin duda, el actor de más calidad del amplio reparto de una serie que compitió con éxito con las grandes creaciones televisivas de su época: "El Santo"; "Los intocables", "El fugitivo", "Los vengadores", "Mannix", "Ironside", "Audacia es el juego", ...

Pero la referida serie no fue el primer gran trabajo del actor fallecido. Martin Landau formó parte en 1959 del magnífico reparto de "Con la muerte en los talones", para casi todos uno de los mejores trabajos de Alfred Hitchcock. En dicha película encarna al joven y siniestro Leonard, ayudante del pérfido Philipp Vandamm -James Mason-, el jefe del grupo de espías que confunde al pobre Cary Grant con un agente del gobierno -un inexistente Mr. Kaplan- cuando no es más que Roger O. Thornhill, un tan simple como apuesto publicista a quien obligan a ser héroe contra su voluntad, aunque ello le sirva para conocer a una bellísima Eva Marie Saint. Inolvidable la escena de Landau obligando a Grant a tragarse un vaso palmero de bourbon o la mítica persecución final en el Monte Rushmore.

Martin Landau, sin ninguna duda, era un actor merecedor del Oscar, aunque le costó tres nominaciones conseguirlo. La primera de ellas, siempre como actor secundario, fue por "Tucker, un hombre y su sueño" (1988), el film en el que Francis Ford Cóppola relata la vida de Preston Tucker, el ingeniero que revolucionó el mundo del automóvil y en el que desempeña el papel de Abe Karatz, el magnífico vendedor que colabora con el protagonista. Ese año el premio se lo llevó Kevin Kline por su trabajo en "Un pez llamado Wanda". En 1989 volvió a aspirar a la estatuilla por su trabajo en "Delitos y faltas", un trabajo dirigido por el mismísimo Woody Allen e interpretando a un oftalmólogo acosado por su amante. En esta ocasión quien se llevó el gato al agua fue Denzel Washington por "Tiempos de gloria". 

En 1994 llegó la hora de la verdad: a la tercera fue la vencida. El éxito se cimentó en "Ed Wood", película dirigida por Tim Burton y en la que relataba la fuerte relación entre el mítico director de cine de terror que da nombre al film, que interpretaba Johnny Depp y el actor Béla Lugosi, magníficamente representado por Landau. Esta vez el Oscar se lo llevó con todo merecimiento Martin Landau, y eso que sus cuatro rivales eran de nivel y habían sido elegidos por su trabajo en películas de gran éxito: Samuel L. Jackson ("Pulp fiction"), Chaz Palminteri ("Balas sobre Broadway"), Paul Scofield ("Quiz show") y Gary Sinise ("Forrest Gump"). De la filmografía del actor norteamericano todavía recuerdo un modesto papel en "Cleopatra" (1963) y su trabajo como protagonista en "The Majestic" (2001), una entrañable película de principios de este siglo. Sin olvidar una intervención de "asesino" invitado en uno de los episodios de "Colombo" en el que desempeñaba el papel de dos hermanos gemelos.

Descanse en paz.

15 de julio de 2017

Nostalgias cinematográficas


Hubo tiempos en los que ir al cine suponía un acontecimiento, una experiencia, unas sensaciones que no tienen nada que ver con las actuales. No se trata de dar a entender que cualquier tiempo pasado fue mejor, de arremeter contra las rutinas de ahora, de llorar momentos que no regresarán. Sin más, viene bien de vez en cuando evocar el pasado que vivimos, recuperar emociones, valorar lo que tuvimos y, tal vez por encima de todo, alentar que con los recuerdos retomen vida quienes ya se fueron y añoramos cada día.

Una veces  al cine se iba con los amigos, en ocasiones en manada, como cuando media clase acudimos al Cine Rex allá por marzo de 1973 para asistir al fenómeno cinematográfico del año, "La aventura del Poseidón", donde Gene Hackman lideraba la lucha por sobrevivir de Ernest Borgnine, Shelley Winters y unos cuantos más. Otras veces tocaba conformarse con los reestrenos, el cine de barrio, las matinales del "Palacio" y el "Victoria" o la semi-imposición de las películas siempre "toleradas" del "Cine Mola". También había salas inaccesibles, como el "Palafox" o el "Rex", que costaban sus duros, o el recién cerrado "Elíseos", que era de arte y ensayo, donde nos imaginábamos pasaban proyecciones tremendas. También había "expediciones" familiares, en cuyo caso las pelis revestían forma de comedia o se recurría a la factoría "Disney", sin olvidar cumpleaños y otras celebraciones en las que mandarnos al cine no dejaba de ser una forma de quitarnos de en medio.

En nuestra nómina cabían los western en los que John Wayne asumía el papel de héroe, los que concluían con la llegada del "Séptimo de caballería", alguna aventura creativa de Grégory Peck o algunas mas rudimentarias, tal vez rodadas en Almería. Y también las películas de romanos, cuando aún no conocíamos las ocurrencias de Sabina;  en el "Dorado", y el "París" no eran infrecuentes las coproducciones hispano-italianas en las que se les despistaba algún centurión con "Duward Aquastar" o postes telefónicos y marcas de "Jeep" en en desierto. A mi memoria vuelven los grandes estrenos de mi infancia -""Mary Popins", Oliver", ...-, la reposición de las superproducciones históricas -"Ben Hur", "Quo Vadis", "Los 10 mandamientos", ...-, como si continuaran sonando en mis oídos los temblores de las paredes rojas del "Fleta" mientras Nerón quemaba Roma, Moises-Charlton Heston abría las aguas del Mar Rojo o Ben-Hur disputaba con Mesala una carrera de cuádrigas que ponía los pelos de punta.

Siguen vivas en nuestras entretelas las entradas de colores, las taquillas que fomentaban la impaciencia, los acomodadores uniformados y talluditos, esos efluvios de ambientador más o menos baratos, el pequeño bar con chicles y caramelos masticables, los intermedios, los frescos del cine "Latino", el "gallinero" del "Goya" y el "Coliseo", alguna gamberrada que otra, ... todo sigue vivo. mientras cada cual seguimos siendo personajes de la película de nuestra vida.


12 de julio de 2017

Falleció Paquita Rico



El pasado domingo, día 9 de julio, falleció Paquita Rico, y lo hizo en el Barrio de Triana, donde había nacido 87 años antes. Su biografía resalta su origen humilde: su padre vendía pescado y camarones por la calle y su madre planchaba y cosía por las casas, mientras ella era expulsada de la peluquería en la que había comenzado a trabajar a los 10 años por beberse los biberones del hijo de la dueña, dormía en los bancos de los teatrillos donde actuaba para ahorrarse el coste de una pensión y no aprendió a escribir hasta los  19 años.

Sus inicios artísticos fueron en un programa de radio, y de allí fue fichada como "telonera" por el cantaor Pepe Pinto, pareja de La Niña de los Peines, quien la presentó al público como “la gitana de bronce”. No obstante, ante el enfado de su padre que le achacaba despreciar su apellido paterno, eligió seguir actuando como Paquita Rico. La trianera fue una artista completa, y triunfó tanto cantando mejor que nadie la canción española como en el cine, incluso con alguna incursión en el teatro, donde llegó a protagonizar "Bodas de sangre" bajo la dirección de José Tamayo. Fue, junto a Carmen Sevilla y Lola Flores la indudable representante de toda una época del folclore andaluz y español.

En la pantalla la película que le consagró fue "¿Dónde vas Alfonso XII?,  dirigida en 1958 por el italiano Luis César Amadori y con el galán Vicente Parra como compañero de protagonismo. En el film interpretaba a María de las Mercedes de Orleans, la primera mujer de un rey tan querido por el pueblo como Alfonso XII y que falleció a los siete meses de su matrimonio con el monarca tras una relación apasionada y romántica. La película supuso una revolución en su día y tuvo un enorme éxito de público. En aquellos años, cuando se acababa de salir de lo dolores y los rigores de posguerra y el país iniciaba el llamado desarrollo, con la llegada de la televisión y el "Seiscientos", mientras los pueblos costeros se convertían en lugar de veraneo popular, una película de este tipo tenía el éxito asegurado, y a ello contribuyó sin duda el excelente trabajo de Paquita Rico, que llegó a recibir en Cannes un premio a la simpatía.

En la vida real, la artista fallecida tuvo también su tragedia particular. En 1960 contrajo matrimonio con Juan Ordóñez, de estirpe torera, pues era hijo del mítico "Niño de la Palma" y hermano de Antonio Ordóñez, y que ejercía de banderillero. Tras cinco años de relación, Ordóñez, que sufría de frecuentes depresiones, decidió quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos. Aunque tres años después volvió a contraer matrimonio con el industrial canario Guillermo Arocha, el dramático final de su primer marido dejó una herida permanente en el corazón de la artista.

Mi recuerdo infantil de Paquita Rico, tiene mucho que ver con los ecos de la célebre canción de su película "estrella" -"¿Dónde vas Alfonso XII?, ¿Dónde vas trsite de tí? ... Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi ...". Me viene a la cabeza como mi mente de niño no entendía que una historia de amor tan dulce pudiera terminar mal, pues en mis cuentos las princesas no morían, y si lo hacían regresaban a la vida. También está presente el nombre de Paquita Rico cuando me vienen a la cabeza los programas musicales de los sábados por la noche, en los que aparecía con frecuencia la cantante fallecida, siempre como final de programa, en el tiempo reservado a la estrella especial de la semana, donde cantaban los grandes del momento -Raphael, Manolo Escobar, Juanita Reina, ...-.

Poco se hablado de Paquita Rico en las últimas décadas, posiblemente no sólo por los años que le iban cayendo encima y por cierta pérdida de actualidad de su estilo artístico, sino por no haber sido personaje propicio a los escándalos y demás "dimes y diretes". Queda la figura de una mujer bellísima, elegante y con una sonrisa permanente, aunque a veces ocultara dramas personales. Descanse en paz.

1 de julio de 2017

Lecturas con ola de calor


Repasando mis lecturas del mes de junio compruebo que entre ellas cabe destacar dos cuestiones: por un lado y sin pretenderlo, he rendido todo un tributo a los escritores  españoles, pues cinco de los siete libros terminados en el mes son de autores nacionales, lo que no deja de constituir todo un acierto. La otra cuestión destacada es haber leído una joya literaria como la "Sonata de primavera" de Valle-inclán, una lectura sencillamente deliciosa. Del resto de libros hago también un balance positivo.

En los últimos tiempos ando siguiendo bastante de cerca la obra de los escritores aragoneses. Uno de los más significativos y actuales es Agustín Sánchez Vidal, galardonado además con el Premio de las letras aragonesas 2016. El escritor había tenido varios éxitos seguidos con unas cuantas novelas históricas de interés, aunque el libro que he escogido para leer ha sido su última obra, "Viñetas", novela que viene con una ambientación y temática bien distintas. Sánchez Vidal nos traslada al ambiente rural para ofrecernos una historia de posguerra cuyos protagonistas son una familia de labriegos que surge de la más absoluta pobreza. Utiliza el sistema de partir del presente al pasado a través de los recuerdos, plasmados éstos en los dibujos y gráficos -de ahí el título- que deja como herencia el hermano de quien relata, que acaba de fallecer. Tiene el libro un toque costumbrista, que se refleja en situaciones como la magnífica recreación del cine del barrio, aunque impera el drama y la crítica social, sin excluir cierta intriga.. Son recuerdos de un tono trágico, con reflejo de las miserias materiales y personales de los años 50 y 60, y también con episodios más ligeros y un toque positivo que es de agradecer. Una novela entretenida.

Se cumplen cien años de la revolución soviética, un buen momento para leer una historia sobre el evento. De momento, y siguiendo un consejo de alguien que sabe, he empezado con un brevísimo ensayo, casi un artículo largo, titulado "La revolución rusa" y escrito nada menos que por Rosa Luxemburgo, la  mítica activista comunista alemana que tomó parte activa de los movimientos revolucionarios de la época en su tierra. El libro fue escrito durante su encierro en la cárcel de Breslau, y tiene el peculiar interés de tratarse de una visión de la revolución prácticamente simultánea a su desencadenamiento, pues Luxemburgo muere asesinada en enero de 1919: su opinión tiene por lo tanto las ventajas de la inmediatez y la ausencia de esos matices subjetivos que suelen aparecer con posterioridad a los grandes acontecimientos. El escrito destila una honestidad y un idealismo admirables. La autora defiende la revolución bolchevique con la misma fuerza con la que critica sus excesos. Rosa Luxemburgo razona, con fuerza y convicción, acerca de  la necesaria compatibilidad entre la revolución proletaria que supuso el núcleo central de los hechos acaecidos en Moscú en 1917 y la democracia, a la que entiende no se puede renunciar. Sin duda una cuestión nada fácil, pero con la que la insigne luchadora consigue que todo el librito se lea con interés.

Hace unos pocos meses leí la noticia de que el escritor aragonés Antonio Iturbe había ganado el Premio "Biblioteca Breve" de 2017 con una novela basada en la vida de Antonie de Saint Exupery, aviador francés e inolvidable autor de "El principito". El libro se titula "A cielo abierto" y constituye todo un homenaje a los pioneros de la aviación francesa, el propio Saint Exupery, Jean Mermoz y Heri Guillaumet. Ha sido la primera novela que he tomado prestada de la Biblioteca Municipal Santa Orosia, lo que menciono como dato anecdótico. Mi primera sorpresa fue comprobar que el adjetivo "breve" del título del galardón no hacía referencia precisamente a la extensión, pues el ejemplar tiene nada menos que 622 páginas, algo que pienso acaba siendo el principal inconveniente del libro. Iturbe nos presenta unos personajes muy atractivos, con unas  vidas excepcionales, las tres cortadas prematura y trágicamente. Pero la lectura termina haciéndose pesada, posiblemente por las razones que explica la dura crítica de "Babelia": adolece de tensión narrativa y acaba siendo un inventario de anécdotas ... añadiendo que "no es una arriesgada novela de aventuras sino una novela de aventuras arriesgadas". No obstante la lectura es amable y los personajes magníficos ... aunque exige paciencia.

Alfredo Panzini fue un escritor y crítico literario italiano que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Los datos que figuran en la solapa del libro y otros obtenidos en la red nos hablan de un hombre con una sólida formación clásica y gran observador del mundo y de las personas que lo habitan, con cierta prevención ante lo que, en su época evidentemente, suponía modernidad. Obra suya fue "En la tierra de los santos y los poetas", un breve y delicioso libro en el que describe un viaje en bicicleta por la zona central de Italia, concretamente por la Umbría y Marcas,  con parada larga en recanati, lugar de nacimiento de Giacomo Leopardi, el llamado poeta de la desesperación. Dicho trabajo cabe calificarlo al mismo tiempo como libro de viajes y ensayo costumbrista. En él Panzini nos relata sus experiencias y sus visiones pasando por tierras donde nacieron, vivieron y murieron personajes tan interesantes como los poetas Giacomo Leopardi y Dante Alighieri y el mismísimo San Francisco de Asis, de ahí el título de la obra. El libro se lee con agrado, está escrito con enorme sencillez y naturalidad, contiene reflexiones que abren perspectivas y un tono poético que le da la dosis adecuada de belleza  y musicalidad.

Mi curiosidad literaria me mueve últimamente a bucear en el panorama de los nuevos escritores españoles. Entre las novedades más recientes me llamó la atención "Europa", una breve y dramática novela escrita por la madrileña Cristina Cerrada, autora que ya había escrito otros libros e incluso ganado algún premio literario como el "Ciudad de Barbastro". "Europa" nos habla del drama de los refugiados, tiene como protagonista muy principal a una joven llamada Hena y se trata de un relato de cierta originalidad. No hay un argumento claro y desarrollado, sino que la autora va incoando hechos y nos cuenta la trama como a fogonazos, casi con datos incompletos, sin dar detalles ... tanto que no sabemos de donde procede Hena y su familia -por mucho que se intuya su origen es algún país del Este- ni adonde ha llegado con su familia, limitándose a dar a entender que está en Europa. También hay idas y venidas en el tiempo, situaciones que se dan por supuestas, ... a pesar de ello no deja de ser una lectura interesante. El libro tiene, por otra parte, un tono negativo: Cerrada describe magistralmente la tristeza, la soledad, la desesperanza, .... de la protagonista y su familia. No es libro para leer si uno anda con pocos ánimos, pero sí que se trata de un relato bien actual y ayuda, además, a tener una visión cada día más amplia del panorama actual de las letras españolas.

Entre los grandes escritores españoles del siglo pasado se encuentra sin ningún género de dudas Don Ramón María del Valle-Inclán, genuino representante de la generación del 98 y poseedor de una prosa brillante, ágil y ocurrente, además de haber sido un pesonaje genial y original. Entre sus obras destacadas están, por supuesto,  la "sonatas", las célebres memorias del Marqués de Bradomín, dotadas de una belleza sin igual. Durante el servicio militar -¡ya ha llovido mucho!- leí las dos primeras, y este mes de junio reanudé tan lejana iniciativa con la lectura de la "Sonata de primavera". Se trata de un  maravilloso relato que ubica al personaje protagonista llegando, de paso, a un lujoso palacio italiano en un viaje a Roma con la misión de llevar un mensaje privado al Papa. La obra es una auténtica obra de arte; Valle-Inclán describe al detalle el ambiente, decoración y paisaje interior del palacio donde sucede todo, y crea un aire entre gótico y mágico verdaderamente extraordinario. La escena final es, además, de un dramatismo estremecedor. Sin duda, una obra maestra. Habrá que leer la de estío y releer el resto.

En los últimos años ha proliferado la publicación de novelas de intriga de "fabricación nacional". Entre las que han tenido un éxito rotundo destaca "El silencio de la ciudad blanca", escrita por la vitoriana Eva María Sáenz de Urturi y ambientada precisamente en su ciudad natal. En cuanto la comienzas compruebas estar ante una novela ambiciosa, muy trabajada y con un argumento elaborado y complejo. En buena parte recuerda a la "Trilogía del Baztán" de Dolores Redondo, habiendo nacido aquélla también con vocación de trilogía -de hecho ya se publicó hace unos meses la segunda entrega, "Los ritos del agua"- y de ser llevada a la gran pantalla. Estamos ante una novela larga -480 páginas-, con una trama que atrapa, unos crímenes estremecedores, personajes con vida propia y buena dosis de climax hasta el final. Posiblemente se trate de uno de esos relatos casi obligatorios para los aficionados al género,  que a la vez consolida a quien lo ha escrito como autora de referencia del género en España. No obstante, y al igual que me pasó con los libros del Baztán, no puedo evitar ver algo de artificialidad en la novela, como si tuviera su parte de "trampa". Ahora que viene el verano, no me cabe duda de que "El silencio de la ciudad blanca", como imagino será también su continuación, es una excelente recomendación como novela de evasión, como lectura que entretiene, interesa y descansa.