6 de noviembre de 2018

Un bocadillo de chorizo


Han pasado muchos años desde que hice el servicio militar ... 37 en concreto. Muchas cosas han ocurrido desde entonces: en el mundo, en España y en mi vida. Con frecuencia pasan por mi cabeza compañeros de fatigas del Paque de Artillería de Valencia -hoy desaparecido-, y me pregunto qué habrá sido de aquel muchacho de Santurce con tan buen corazón,  de un avispado furriel de Logroño o de aquél asturiano que provocaba a los jefes poniendo en el tocadiscos de la cantina canciones de Víctor Manuel. Hay quien critica la costumbre de aventar los recuerdos, pero yo sigo pensando que siempre forman parte de esa maleta que todos vamos llenando conforme pasan los años, que en momentos concretos nos viene bien darle carrete a la nostalgia, ... que añorar viejas vivencias nos devuelve parte de esa vida que se nos escurre entre los dedos.

Los recuerdos son caprichosos, y vete a saber porqué ha venido a mi memoria una costumbre que adquirí cuando, a última hora de la tarde, regresaba al cuartel, generalmente por exigencias de alguno de esos servicios que ahora tienen aires de rancios, efluvios de naftalina: guardias, refuerzos, retenes, imaginarias, ... Llegaba sin cenar, y antes de entrar por esa puerta metálica pintada de verde que parecía dar acceso al tunel del tiempo, acudía a un "bareto" ubicado en la parte de atrás del cuartel. Se trataba de un barrio alejado del centro, de nivel social más bien bajo, y el establecimiento respondía a ese ambiente: pequeño, oscuro, modesto y de nulo "glamour". Lo atendía un matrimonio mayor y, creo que sin excepción, siempre pedía un bocadillo de chorizo y una cerveza ... no se trataba de chorizo "Revilla", ni del llamado "de pamplona", sino de dos rudos trozos de ese chorizo redondeado, grasiento, frito en un aceite, vete a saber cuantas veces reutilizado, y colocado entre dos panes generosamente cortados. No puedo evitar que el recuerdo de tan sencillo y pobre "manjar" enternezca mis entretelas,  ... hasta desearía poder repetir idéntica experiencia.

Si el bocata y la caña de entonces pasara ahora por mis ojos, es posible que me parecieran bocados ridículos y rechazables, pero recuerdo muy bien que en esos inicios de los 80 se trataba de un momento esperado, que en la soledad de un oscuro bar de barrio, consumir el bocadillo de chorizo era instante esperado y disfrutado.

1 de noviembre de 2018

Balance literario de octubre


El de noviembre ha sido un mes en el que he leído un poco "a empujones", sin demasiada constancia y continuidad. De entre los siete libros terminados, no tengo duda de que lo mejor está en el cnetro: el premio "RBA" de Mosley, el testimonio sangrante de Villalobos y el último "Goncourt".

Comencé el mes con una de las novelas presentadas por los especialistasa lo largo del año como novedad interesante. Se trata de "En el mar", un relato del neerlandés Toine Heijmans, que obtuvo el "Premio Médicis extranjero" 2013, un galardón literario francés que la "wiki" nos dice se concede a un autor cuya "fama aún no empareje a su talento". "Acantilado", con su elegancia y pulcritud habitual, ha editado en nuestro país el libro cinco años después. Hejmans nos cuenta la aventura de un holandés que, en plena crisis personal y profesional, decide navegar en solitario con su velero durante tres meses, llevando en la última etapa de su recorrido a su hija de siete años ... a partir de aquí no cabe contar más sin correr el peligro de aguar la lectura. Se dice que el autor pretende homenajear con esta novela a los autores de grandes relatos de naveganes como "Moby Dick" o el "Ulises", algo que no se si consigue. A mí me ha parecido una novela asequible -151 páginas-, que describe acertada y bellamente el ambiente marino, distinta en algunos momentos, aunque no me ha acabado de convencer ni el personaje principal ni el núcleo argumental.

Walter Mosley es un escritor nacido en Los Ángeles hace 66 años y con una dilatada trayectoria en el mundo de la novela negra. Su estilo es más próximo al "noir" de los Hammet o Chandler que a las tradicionales intrigas policiales de paisanos contemporáneos suyos como Coben o Cónnelly. Hace ya unos cuantos años leí una buena edición de "Roca editorial" de su obra "Muerte escarlata", pero no había vuelto a elegirlo como lectura. Tras ganar el premio "RBA" de este año con  "Traición" decidí que podía ser el momento adecuado para leer este autor por segunda vez. Mosley tenía un personaje protagonista habitual, el detective Easy Rawlins, pero en "Traición" opta por crear uno nuevo, Joe King Oliver, también detective, trabajo al que ha llegado tras ser expulsado de la policía por un turbio "affaire" que centra el argumento de este relato. El autor nos habla de miserias personales, corrupción policial, ambientes marginales, ... y destaca un estilo en el que los personajes aparecen como por generación espontánea y el lector necesita ubicarlos mientras lee sus intervenciones. En Mosley destaca la ambientación, propia de las viejas novelas de los grandes del "negro" y unos personajes llenos de fuerza y personalidad. La trama, ... entretenida, sin más, pero lo he pasado bien leyendo a Mosley.

El tema de los menores que huyen de paises centroamericanos rumbo a Estados Unidos me interesa bastante; es un drama real y actual del que es bueno estar al día. Por eso me llamó la atención el libro "Yo tuve un sueño" del joven escritor mejicano, residente en Barcelona, Juan Pablo Villalobos. Un título sugerente -recogido de un lider carismático y legendario como Martin Luther King-, el prestigio del autor -Premio "Herralde"  de novela en 2016 y finalista del "First book award" en 2010-, una buena crítica en los suplementos especializados y su condición de libro breve hicieron el resto para que optara por leerlo. Fue un acierto, pues está bien escrito y mueve a pensar y a la solidaridad. Nos cuenta once historias cortas de niños y niñas de Honduras, Guatemala, El Salvador, ... que cruzaron la frontera en busca del bienestar y la libertad de la que carecían, o dicho de otra manera, huyendo de la violencia sexual, familar o callejera. Son historias duras, pero contadas con suavidad y esperanza. Tal vez se eche de menos algo más de extensión en las mismas, pero pienso que el autor no trata de contar historias sino de relatar un drama generalizado y fomentar sensibilidades. Un acierto el contarnos vía anexo el final de las historias relatadas y el buen epílogo del periodista español Alberto Arce.

La literatura francesa siempre ha tenido autores de valía. Por esta razón suelo andar bastante pendiente del premio "Goncourt", entiendo que el galardón más importante de las letras galas. En 2017 el premio lo obtuvo  el escritor y cineasta lionés Eric Vuillard, quien ganó con "El orden del día", un libro ambientado en la Alemania nazi que viene a ser como una puesta en la picota de aquellos personajes y empresas que directa o indirectamente, con acción u omisión y sin pertenecer al partido de Hitler, pusieron su aportación al dominio del Tercer Reich. A lo largo del relato Vuillard nos habla de las reuniones en las que empresas alemanas del nivel de "Bayer", "Siemmens", "Telefunken", "BMW", ... colaboraron económicamente con Hitler a cambio de apoyos y beneficios, así como personajes como Nevil Chamberlain, el primer ministro austriaco Kurt Schuschnigg, diversos políticos franceses, amen de hombres propiamente nazis como Von Ribbentrop o Goering. No sabría si encuadrar el libro en el género de la novela histórica, o sencillamente en el del ensayo, pero se trata, sin duda, de un libro original e interesante. La verdad es que me ha gustado mucho, aunque tras haber leído dos terceras partes me parecía magistral y tras su parte final ya no lo he considerado tan brillante. En un blog que sigo con frecuencia, "Un mundo para Curra", la valoración es muy negativa y su autora, de la que me fío mucho, hablaba de que el autor parecía haberlo escrito en medio de un gran enfado ... dejo aquí esta opinión que difiere de la mía. No se si Vuillard acierta en la historicidad de lo que nos cuenta, pero a mí me ha encantado como la expone.

Elizabeth Asbrink es una escritora y periodista sueca que ha tenido la original idea de relatar los que ocurrió en el mundo en un año concreto. Su libro, más un ensayo que un tratado de historia, se titula "1947. El año en que todo empezó" y en él va contándonos acerca de hechos y personajes que adquieren actualidad y protagonismo a lo largo de ese año, importante sin duda en la historia del siglo XX, sobre todo si pensamos que prácticamente acaba de terminar la 2ª Guerra Mundial. Asbrink distribuye los capítulos en los doce meses del año, y allí va relatando, sin orden ni estructura concreta, diversos sucedidos que se leen con interés. Desde acontecimientos históricos como la reconstrucción de Alemania, la independencia de la India y Pakistán o la formación del estado de Israel hasta aquéllo a lo que entonces se dedicaban personajes tan variados y destacados como Simone de Beauvoir, George Orwell, Primo Levi o Christian Dior, entre otros. Contiene hechos dramáticos como las matanzas de la India o la tragedia de los refugiados judíos que son llevados en barco de aquí para allá e historias menos trascendentes. Un libro entretenido que se lee con agrado, aunque el lector pueda tener a veces la tentación de pensar que todo se cuenta de modo más bien deslavazado, saltando de un hecho a otro sin demasiada sistematización , aunque posiblemente forma parte de la intención de la autora.

Khaled Hosseini es el inspirado autor de novelas tan magníficas como "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos", entre otras. Por esta razón me pareció una apuesta segura "Súplica a la mar", un breve libro recientemente publicado por "Salamandra" que consiste en un relato ilustrado basado en Aylan Kudi, el niño sirio de tres años que en 2015 falleció ahogado cuando trataba de llegar a Europa y cuya estremecedora foto dio la vuelta al mundo. En tal relato se describe a un padre que acuna a su pequeño niño dormido a la espera de su partida como refugiado rumbo a Occidente. Se trata de genuina prosa poética, llena de ternura y dramatismo, donde se mezclan la angustia y la esperanza y se refleja el amor de un padre que habla en primera persona a su hijo. Eso sí, hay que advertir que hay mucha más ilustración que redacción, que el contenido escrito del volumen es reducidísimo, de manera que ya no cabe hablar de libro breve que se lee en una tarde, sino de una narración editada como esos cuentos que leíamos de pequeños con mucho dibujo y poca letra, tan poca que se lee en un cuarto de hora ... siempre que te lo tomes con calma y sepas degustar el tono poético de Hosseini. Nos podemos preguntar si vale la pena invertir en tan poco contenido, ... habría argumentos para cualquier respuesta, pero no tengo duda ni de la calidad literaria del autor, ni de testimonio que este texto supone ni de la necesidad de agitar de vez en cuando nuestra conciencia y nuestra solidaridad, algo que sin ningún género de duda se consigue leyendo y releyendo "Súplica a la mar".

Tras leer un ensayo de naturaleza histórica no está mal optar por uno filosófico. Me llamó en su día la atención "Historia reciente de la verdad", breve obra escrita por el escirtor y filosofo uruguayo Roberto Blatt. Se trata de un recorrido por lo que se ha entendido históricamente por verdad, de manera especial a partir de la Ilustración, cuando la ciencia y la razón unificaron el concepto. Aprovecha Blatt para hablar de las corrientes literarias, la aparción del periodosmo  moderno y la influencia de las redes sociales, deteniéndose -¡cómo no!- en ese concepto tan actual y sugestivo como el de la "posverdad". Se trata d eun libro interesante, a cuyas líneas su autor trata de dotar de profundidad y que nos lleva a un tema tan interesante y sobado como el de la existencia de la verdad, con lasubjetividad que la cuestión suele traer consigo y la objetividad que a la larga todos buscamos. No es un libro para leer deprisa, pues considero que para entender las ideas y cuestiones que plantea es preciso tener paciencia en la lectura y, frecuentemente releer varias veces lo que escribe.

30 de septiembre de 2018

Lecturas de septiembre


La satisfacción de mis lecturas del mes de septiembre ha ido de menos a más. Pensaba que el balance no iba a ser muy brillante, pero al final, sin despreciar nada de lo leído, he disfrutado de un clásico del siglo XX europeo formidable, una magnífica obra danesa bastante anterior, una novela policíaca de las mejores con las que me he topado y unas memorias bélicas muy ilustrativas.

En diversos medios leí referencias a Luisa  Carnés, escritora madrileña nacida en 1905 y fallecida prematuramente en el exilio mejicano en 1964. Se hablaba de ella como una autora olvidada, una mujer que había debido de luchar en su día contra la precariedad económica -era autodidacta- primero y contra la represión política después. Ahora se están reeditando sus obras, destacando "Tea rooms", relato que tiene por tema el de las mujeres obreras, cuestión de evidente interés, máxime si comprobamos que fue publicado en 1934. En la biblioteca pública de Zaragoza encontré una colección de cuentos, primer volumen de dos publicados, titulada  "Rojo y gris" y decidí que fuera mi primera lectura post-vacacional. Carnés ha sido definida como una representante de la literatura social, y sin duda sus breves relatos así lo acreditan. Divide el libro en dos partes, una con unos pocos cuentos infantiles y una segunda con relatos para adultos. La verdad es que no me ha entusiasmado esta escritora, me ha gustado algún relato, como el que da título a la recopilación, y sus argumentos son interesantes, pero pienso que no resiste la comparación con los grandes autores de la novela social española del siglo pasado -no exactamente contemporáneos a Carnés, es cierto- como Aldecoa, Delibes, ... Además, en mucho de lo que escribe me ha parecido excesivamente "militante", algo que no necesitaron los citados para destacar ... aunque estas cosas pueden ser fijaciones mías.

Hay libros que tienen una unánime valoración positiva por parte de la crítica; es el caso de "Aguas de Manhattan", novela de la que leí unas cuantas opiniones bastante positivas, viéndola incluso incluida en varios de esos resúmenes de lecturas recomendadas para vacaciones que funcionan por la red. No se trata de un relato actual, pues fue escrito en 1930 por Charles Reznikoff, un judío de origen ucraniano nacido en Nueva York. La novela se divide en dos partes, la primera en la que destaca el personaje de Sarah Yetta, joven de una familia que vive en Rusia en la última época de los zares y emigra a Norteamérica y la segunda, desarrollada en su totalidad en Nueva York, en la que aquélla cede el protagonismo a su hijo Ezekiel, quien trata de salir adelante en la vida montando una librería. El libro contrasta muy bien el mundo de miseria e injusticias de la Rusia de principios del siglo XX con los avatares de los inmigrantes que han llegado a USA, una existencia no exenta de dificultades pero siempre con un toque de esperanza. Reznikoff trata temas de importancia como la pobreza, las diferencias sociales, los primeros ecos de la revolución rusa, la inmigración, el afán por salir adelante, ... No nos encontramos un relato en el que pasen grandes cosas, está exento de dramas, ... pero se trata de una novela amena, positiva y con una serie de personajes francamente atractivos. El estilo literario del autor me ha parecido especial, con frases cortas y no excesiva tensión narrativa.

Franz Werfel, nacido en Praga, es uno de esos magníficos escritores centroeuropeos que florecieron en el panorama literario europeo a mediados del siglo XX, como Stefan Zweig y Joseph Roth, todos ellos marcados por la guerra  y protagonistas casi siempre de existencias atormentadas y breves. Pero, por encima de todo, destacaron por la enorme brillantez de su prosa, por una calidad literaria excepcional. De Werfel descubrí la reedición por "Mármara" de una novelita que prometía mucho y ha respondido a todas las expectativas, "La escalera del hotel" es la descripción certera y trágica de la subida por una escalera de mármol hasta la planta 5  de un lujoso hotel por parte de una joven austriaca sumida en dramas interiores y dilemas amorosos. Creo que el relato constituye una auténtica y hermosa obra de arte. Eso sí, dicho relato ocupa las últimas y escasas 30 páginas del libro, que viene encabezado por un ensayo acerca del final del Imperio Austro-húngaro sencillamente magistral que está compuesto por casi el doble de páginas. Dicho ensayo se centra fundamentalmente en la personalidad del emperador Francisco José, que rigió el Imperio cerca de 70 años, y cuya vida quedó marcada por el drama de las muertes violentas de su hermano Maximiliano en Méjico, su hijo Rodolfo y su esposa, la mítica emperatriz Sisí. El escrito de Werfel supone además una exhibición del más culto y ejemplar patriotismo. Una joya literaria, no tengo duda.

Virginia Cowles fue una intrépida periodista norteamericana  que ejerció de corresponsal en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial. Fruto de estas vivencias escribió en 1941 unas memorias de guerra con el significativo título de "Complicarse la vida", un libro publicado en 1981 y cuya edición española sacó a primeros de año la editorial Tusquets. El volumen ha sido difundido a bombo y platillo y, por una vez, pienso que comprarlo y leerlo ha valido la pena, que la fama estaba justificada. La primera parte -un cuarto del total- trata de las experiencias vividas en 1937 en España, donde Cowles pasó un tiempo en el Madrid republicano, así como en Valencia, Barcelona y también en determinadas zonas del norte de España que estaban bajo el mando de los "nacionales". El resto -unas 400 páginas- la periodista se centra en relatar su recorrido por distintos puntos de Europa entre 1938 y 1941, con una exposición, incompleta pero interesantísima, de lo sucedido entre los prolegómenos del conflicto y los primeros bombardeos sobre Londres. Gracias a la audacia, a la perspicacia y el buen nivel literario de la autora, salen a la luz episodios de las negociaciones previas a la guerra, un viaje a la Rusia soviética, conflictos claves como la crisis de los sudetes en Checoslovaquia y la invasión de Polonia, la invasión de Finlandia por el ejército ruso, la caida de Francia y los inicios de la guerra en Londres. Es posible que en algún momento la extensión de la obra pueda hacerla pesada, pero por encima de todo me ha parecido un testimonio interesante y ameno.

Una de las editoriales españolas que suelen ser un seguro de calidad es "Salamandra", y en esta valoración cabe incluir, sin duda, su colección "Salamandra Negra", que desde su inicio hace unos pocos años me ha permitido descubrir  nuevos  autores de calidad como la canadiense Louisse Penny o el italiano Antonio Manzini. Por eso tuve claro que no me iba a decepcionar "Años de sequía", una intriga escrita por la australiana Jane Harper, máxime si se añadía el aval de un par de lectores de experiencia. La trama está ubicada en la localidad de Kiewarra, al sureste del país, ubicada en una zona destrozada por la sequía, con una ambientación que a lo largo de toda la lectura me recordaba, tanto por el paisaje como por la idiosincrasia de los personajes, a esas novelas ásperas y duras centradas en el sur de los Estados Unidos. Me ha parecido una novela policíaca magnífica, con personajes de carne y hueso, con mención especial al protagonista, el inspector Aaron Falk, que regresa al pueblo de su infancia, de donde hubo de salir tras un episodio dramático. El relato gira en torno a ese pasado y a un tremendo y trágico suceso que provoca su regreso. La tensión se mantiene y la autora acierta al entrecalar en la narración principal diversos "flash back" en cursiva que consiguen centrar perfectamente el argumento. Buen planteamiento, excelente desarrollo y acertada conclusión cierran una novela de intriga redonda.

Recién regresado de mis vacaciones descubrí la publicación de un pequeño libro que enseguida intuí me iba a gustar. Se trataba de "El párroco de Vejlby", un auténtico clásico de la literatura danesa, escrito en 1829 por Steen Steensen Blicher, un pastor protestante padre de once hijos que  cuentan tuvo una vida atormentada por las deudas y las infidelidades de su mujer. El libro, que consta de escasas 70 páginas, es considerado el primer relato policiaco de la literatura universal, al haberse escrito con más de una década de antelación respecto al mítico "Los crímenes de la calle Morgue" de Edgar Alan Poe, con una  influencia que al parecer alcanzó al mismísimo  Mark Twain. El relato consta de dos partes escritas a modo de diario, la primera por el Juez que juzgó al párroco que da título a la novela y el segundo por quien le sucedió al frente de la parroquia. El escritor y poeta danés nos cuenta una historia dramática de violencia, odio y maldad, y lo hace, en mi opinión, de una forma magnífica. Se trata de una narración sencilla, en la que se nota el estilo y la filosofía propia del protestantismo imperante en esa zona de Europa, y que se lee con enorme gusto en una tarde. Otro acierto.

Reconozco que no se si llegaría a saber explicar la razón última por la que me dio por leer sobre la vida del emperador romano Teodosio; quizá fue el hecho de que se tratara de uno de los emperadores de origen hispánico, el que influyera el la imposición del cristianismo como religión oficial, o las vicisitudes propias de una época próxima al final del Imperio Romano, con los bárbaros acechando sus fronteras. La cosa es que encontré en la biblioteca de Doctor Cerrada un trabajo del historiador y profesor de la Complutense Gonzalo Bravo con el título de "Teodosio: último emperador de Roma, primer emperador católico". No dudo de que se trata de un buen trabajo, pero yo buscaba una biografía y me encontré un estudio sobre la época, incluidos los tiempos anteriores y posteriores a su gobierno, del emperador en cuestión. El libro viene con una serie de apéndices en forma de cuadros, listados de nombres, mapas, ... que he omitido, si bien me he hecho una idea general de lo que ocurrió en Roma cuando gobernó Teodosio, con las referidas amenazas de Alarico y compañía, la influencia en su mandato de la floreciente Iglesia católica, la fractura entre el oriente y el occidente del Imperio, la división del gobierno a su muerte, etc . de cualquier modo, debo reconocer que mi lectura conforme pasaba las páginas iba siendo más diagonal. Pienso que es un libro para expertos.

20 de septiembre de 2018

La vara tragada


Ayer entré en una de esas tahonas modernas, decoradas en tonos blancos, con panes y pastas de aspecto apetecible y pinta de estar recien hechas. Allí lucen panes de tantos tipos, palmeras de chocolate, coco, azúcar, ... bollos, caracolas con pasas y piñones, croissants de mantequilla y cereales, pastelitos de aspectos originales, bolsas con caramelos variados, ... todo tipo de tentaciones que mueven al deseo y el desorden gastronómico.

Tras el mostrador suele haber jóvenes dependientas con la nota común de la amabilidad y una sonrisa permanente y natural. Pasaban las 6 de la tarde y tuve un capricho ... había poca cola y atendía la tienda una jovencísima muchacha que parecía ser iberoamericana: amable, serena, conocedora de su oficio. Al otro lado iba a pagar lo comprado una señora de mediana edad, superados al menos los 50, seria, elegante, ... con cierto aire de sostener posiciones dignas y más bien elevadas. Ni un amago de  simpatía, sin cesiones a la cordialidad, a bajar la guardia.

Enseguida notas que en sus planes de compra no se incluyen concesiones a la galería. Saca su monedero de diseño y pregunta cuánto es ... paga y recoge las vueltas, sin mover ni un palmo ni una pestaña ... la cola que  su ceremonia ha ido provocando no se si la ignora o la disfruta. Cuando parece que ya se termina la gestión pide una servilleta, como quien lo hace a un sirviente del XIX, con exigencia, diría que con una implícita insinuación de que el servicio no ha sido completo. Y abandona el establecimiento con la cabeza alta, impávida, reverberando esos aires de grandeza carentes de acreditación real.

En la tienda nos quedamos los mortales, ... entró algo más de aire. Dudé entre agradecer mi conciencia de funcionar de igual a igual con quienes funcionan al otro lado de un mostrador, certeza para la que basta con analizar con objetividad las cosas, o examinarme profundamente de si alguna vez puedo caer en la misma fatuidad.

6 de septiembre de 2018

AIre fresco en León XIII


El regresar a Zaragoza cuarenta años después tiene su encanto y sus particularidades. Hasta mi marcha en el verano de 1977 mi vida tuvo mucho que ver con la Puerta del Carmen, pues vivía en el paseo María Agustín y ese era el punto de partida para muchas cosas. De vuelta a casa, he ubicado mi vida en lugar, si cabe, más céntrico y ahora mi entorno queda establecido en León XIII y alrededores.

Justo enfrente de mi domicilio se encuentra el "Catorce", cafetería de la que había escuchado hablar y no parar -siempre muy bien-  desde su aparición cerca de la esquina con Constitución, pero que no había "catado" hasta mi llegada a dicha zona. Y puedo decir que he visto y comprobado que el "Catorce" es como el rincón grato que todos tenemos por ese barrio. Un lugar donde estás a gusto, te sientes bien tratado y encuentras paz, alegría, ... aire fresco. Podría hablar de un café excelente, unas tapas inmejorables y un menú y una carta de primer nivel, pero me quedo con el trato, con las sonrisas, la atención y ese toque de simpatía que se han convertido en código de barras de la casa. Incluso me resulta delicioso que yendo con algún amigo me digan eso de "chicos" ... que no deja de ser estimulante cuando a uno le quedan dos meses para llegar a los 60 ...

He de admitir que me da cierto corte decir estas cosas, que pienso ¿qué dirá la gente del establecimiento si leen ésto?. Hay quien me ha dicho que en este blog a veces me paso de "coba" ... pues mis disculpas. Pero también mi agradecimiento a la gente del "Catorce",  a quien lo dirige y a quienes lo atienden: no es fácil estar tras un mostrador, asumir las ocurrencias del cliente, ... que a veces es, sin más, aguantar impertinencias. De verdad, dudo que se pueda hacer mejor. Un placer entrar allí.

1 de septiembre de 2018

Leídos en vacaciones


El mes de sgosto, cuando toca vacaciones, suele ser buen momento para leer más ... si cabe. De mis once lecturas de la canícula, destaco una cruda y a la vez lírica novela de la napolitana Wanda Marasco, otra de Alice McDermott  y una excelente colección de cuentos de Dickens. Del resto pienso, sinceramente, que hay poco desaprovechable, con dos buenas "negro-criminales" españolas, un delicioso ensayo francés y un libro de viajes con el aval de Julián Marías.

El expositor de novedades de la “Casa del Libro” de la calle San Miguel de Zaragoza es frecuentemente objeto de mi curiosidad. En sus estantes tuve por primera vez conocimiento de la publicación de “Niels”, la novela con la que el joven escritor francés Alexis Ragougneau alcanzó la final del prestigioso premio “Goncourt”. Se trata de un relato ambientado en la resistencia francesa tras el desmoronamiento de la Alemania nazi y el consiguiente final de la 2ª Guerra Mundial en Europa. Su protagonista -Niels Rasmussen- es un héroe de la resistencia de danesa que acude a Francia al enterarse de que un colega del mundo del teatro está acusado de colaboracionismo. No es una novela en la que prime la aventura, la acción, como sería el caso, por ejemplo, de “El ruiseñor”, con una trama ubicada en el mismo lugar y la misma época, sino una historia que contiene una tesis concreta. Ragougneau trata de evitar maniqueísmo, intenta  poner de manifiesto lo que  -según la propia solapa de la contraportada- comentaba Le Figaró:  “la frontera que separa a los buenos de los malos no es tan tajante como nos gustaría creer”. Me ha parecido, por otra parte, una excelente disección, no exenta de cierta desmitificación, de la controversia resistencia/colaboración durante el régimen de Vichy. El autor aporta la novedad de incluir dos capítulos en los que prescinde la estilo narrativo para dibujarnos dos escenas teatrales, que se convierten, por cierto, en un sátira excelente.

Todos los años aparece una novela policial con la etiqueta de “intriga del verano”. Este año, y con permiso del relanzamiento de Joel Dicker y la nueva aventura de Bevilacqua y Chamorro, no parece haber duda de que el título ha de adjudicarse a “La novia gitana”, novela difundida a bombo y platillo por “Alfaguara” y que tiene la peculiariedad añadida que quien figura como autora, Carmen Mola, no es más que el pseudónimo de alguien de quien se asegura es escritor/a famoso/a y vive en Madrid. Tras leer el libro tengo que empezar diciendo que se trata de un relato adictivo, de una historia policial de esas que uno no puede dejar, que terminas comiéndote los capítulos. Me da miedo dar excesivas explicaciones, pues es una de esas novelas que al comentarlas corres el peligro de terminar dando demasiadas pistas a posibles lectores futuros, pero sin ser una maravilla literaria, creo que está en un nivel alto entre las de su género, crea unos personajes interesantes, con sus particularidaes y dramas personales cada uno, la trama anda bien estructurada y quien la escribe sabe mantener el “climax” y equilibrar los momentos. También hay que decir que el autor/a tiene la habilidad de dejar abierta, con toda claridad, una segunda parte … lo que no soy capaz de intuir es si esperará al próximo verano y si antes nos desvelará la incógnita de su identidad. Cabe añadir, como advertencia a los sensibles, que los crímenes son escabrosillos.

No soy capaz de recordar donde encontré la referencia de “Ideas o creencias”, un pequeño ensayo escrito por Andoni Unzalu, pero he de admitir que la idea de comprarlo fue buena, porque he disfrutado con una lectura cuyo contenido comparto, además, casi al cien por cien. El subtítulo del libro explica bien su contenido: “Conversaciones con un nacionalista”, pues el autor, quien en su día fuera diputado al Parlamento vasco por el PSE y ocupara puestos de responsabilidad durante la legislatura gobernada por Patxi López, crea un ficticio diálogo con un supuesto nacionalista vasco en el que le va rebatiendo todos y cada uno de los tópicos tradicionales del “gremio”, desde el autogobierno al derecho a decidir, pasando por el euskera, la financiación, … Unzalu es socialista, lo que se manifiesta en que su crítica al nacionalismo es más racional que furibunda, aunque no por ello menos contundente. El autor va desmenuzando todos y cada uno de los temas, dejando en evidencia las debilidades de los argumentos nacionalistas, que valora como más pasionales que jurídicos, políticos e históricos. Con elegancia, fina ironía y total ausencia de visceralidad, Unzalu realiza una crítica demoledora del nacionalismo. Evidentemente, se trata de un tema opinable del que discreparan unos cuantos. Buen prólogo de José María Ruiz Soroa y un epílogo que me iba pareciendo acertado hasta que sus dos últimas hojas me llevaron a la discrepancia, es más, casi apostaría que resulta artificial, que alguien se lo ha impuesto directa o indirectamente.

Así como “Niels” me inspiró en la “Casa del Libro”, la sección de “Narrativa extranjera” del FNAC fue el sitio donde vi por vez primera un ejemplar de “Un coro de almas”, la novela con la que la escritora italiana Wanda Marasco fue finalista del prestigioso premio “Strega” en 2017: tras leerlo, opino que no hubiera pasado nada si lo hubiera ganado. La curiosidad que despertó dicho libro vino poco tiempo después reforzada y avalada por el consejo que desde su garito de la última “Feria del Libro” me dio Paco, el experto propietario de la librería “Cálamo”. Se trata de un relato ambientado en Nápoles, ciudad de origen de la autora, en los años posteriores a la 2ª guerra mundial, si bien se alarga varias décadas en el tiempo, pues Marasco nos ofrece una larga historia familiar. Dicha historia la sitúa en una de las zonas más pobres y devastadas de Naṕoles, y en ella se nos muestran unos personajes en los que se reflejan las miserias materiales y morales a los que les han llevado las circunstancias. Se trata de un libro francamente duro, muy bien escrito y que podríamos identificar con un realismo radical no exento de cierto tono poético y hasta mágico. El título me ha parecido plenamente adecuado, pues la escritora napolitana nos va presentando un buen número de “almas” con una fuerza notoria y con unas descripciones que es posible sean lo mejor de la novela. Por otra parte, supone una crítica contundente a la situación de Italia en dicha época y al papel de la mujer en la sociedad italiana. Queda dicho que la novela es dura, en momentos hasta cruel, pero pienso que vale la pena.

Desde que hace cerca de veinte años leí por vez primera a Lorenzo Silva, en concreto su magnífico “El alquimista impaciente”, con el que obtuvo el premio “Nadal”, cada aventura de la mítica pareja de guaridas civiles formada por Bevilacqua y Chamorro la he convertido en lectura casi obligada y, en la medida de lo posible, inmediata en cuanto la novela es puesta a la venta. Por eso he tardado bien poco en dar buena cuenta de “Lejos del corazón”, un caso que Silva ambienta en torno a la zona del Campo de Gibraltar, bien cerca del famoso y controvertido Peñón. Estamos ante la undécima entrega de la serie -hay que precisar que dos de los títulos están formados por relatos breves- y a estas alturas la pareja protagonista son ya unos viejos conocidos, como alguien de la familia a quien corres el peligro de exigir poco. No obstante, puedo asegurar que Lorenzo Silva mantiene su buen pulso literario, que el argumento, relacionado con el “cibercrimen”, es interesante y está bien desarrollado y resuelto. Una novela entretenida y que mantiene el interés y la tensión en quien la lee. No puedo evitar hacer referencia al origen del título, sacado de la letra de una deliciosa canción de Sergio Endrigo titulada “Lontano degli occhi”, que siempre ha sido uno de mis temas más entrañables. La canción la hace sonar en el coche Bevilacqua camino de Algeciras, enseñándosela a su compañera en la moderna versión de Gianna Nannini, aunque a la vuelta le coloca la  original del cantante italiano fallecido, a quien dedica específicamente su novela, considerando que Endrigo no tuvo la suerte que mereció.

Hace muchos años que Charles Dickens se convirtió en uno de mis escritores favoritos, aunque paradójicamente hayan pasado bastantes desde que lo leí por última vez. Ya he leído buena parte de sus novelas míticas -”David Copperfield”, “Oliver Twist”, “Grandes esperanzas”, “Casa desolada”, “Historia de dos ciudades”, …- pero aún me queda mucho de su extensísima obra literaria. Encontré en la sección “Libros” del FNAC del Coso zaragozano una reciente edición -2013- de la Editorial “Gadir” que recoge una serie de relatos breves bajo el título de “Relatos londinenses” que al instante supe que iba a valer la pena. Se trata de ocho narraciones que tienen, como indica el título, a la ciudad de Londres como protagonista. Más que de relatos, pienso que habría que hablar de descripciones, en las que aparece ese Londres victoriano, misterioso y lleno de contrastes que siempre nos ha mostrado Dickens. Edificios, establecimientos, cementerios, cárceles, jardines, … y por supuesto, personajes de lo más variopinto, aparecen en esta magnífica recopilación que, por supuesto, no decepciona. Me costaría destacar un relato, porque todos me han parecido excelentes.

Manuel Vilas se ha convertido, sin duda por méritos propios, en uno de los escritores de moda; lo es en Aragón y su fama se ha extendido por to el país. No hace mucho leí “América”, su penúltimo libro, del que hice, es imposible que con algún matiz, una valoración positiva. “Ordesa”, publicado por Alfaguara, ha tenido un éxito aún mayor y se ha vendido, al parecer, mucho. Unos cuantos lectores que me merecen toda la confianza me recomendaron con entusiasmo este libro que viene a ser una de esas reflexiones sobre uno mismo y su familia que tanto proliferan últimamente. También es cierto que Brunetti, del que también me fío al cien por cien, lo compró con entusiasmo en su última visita a Zaragoza y tras leerlo en dos días realizó una valoración bastante menos positiva. Sin duda, Vilas escribe bien, y en esta línea “Ordesa” es un libro literariamente bueno, incluso -siempre desde mi punto de vista- con alguna reflexión ocurrente y acertada, pero no puedo evitar tras terminarlo hacerme dos preguntas: ¿cuanto hay de cierto y cuánto de ficción o elucubración en lo qué cuenta?, y caso de ser todo verdad, ¿en qué medida puede alguien tener el pudor de exhibir las intimidades, no siempre precisamente positivas, que nos relata?. Ya lo decía al hablar de su libro anterior: a Vilas le gusta ser transgresor, algo respetable, pero no puedo más sentir cierto rechazo ante tanto desencanto, tanta amargura, … tanta visión negativa de la sociedad. Y, como también repetí la otra vez, todo el respeto para la libertad de expresión y las convicciones -o no convicciones- del escritor, pero me rechina ese exhibicionismo de irreverencias.

El consejo de leer “La novena hora”, novela escrita por la norteamericana Alice McDermott, me llegó por varias vías, además de venir avalada por una editorial cuyas publicaciones no suelen fallar, “Libros del Asteroide”. Había unanimidad en su positiva valoración literaria, aunque existieran distintos modos de enfocar su contenido, su mensaje: no fue el mismo el realizado por la novel y exitosa escritora española Marta Sanz en “Babelia” que la que verbalmente me ofrecieron un par de amigos lectores con un criterio que, tal vez, podríamos definir como más conservador. Discrepancias aparte, se trata de un libro grato de leer en el que, en mi opinión, lo más destacado es la fuerza del buen número de personajes que la autora nos ofrece en menos de 300 páginas. La historia que nos cuenta esta situada en Brooklyn, en los primeros años del siglo XX y nos ofrece una visión nada ideal de las formas y condiciones de vida de las clases más bajas de la sociedad norteamericana de entonces. La novela se ambienta en torno a la labor que realizan las Hermanas de la Caridad, de quienes nos ofrece una visión muy humana y positiva, sin clichés ni idílicos ni peyorativos. La historia es contada por alguien perteneciente a la tercera generación de los protagonistas, algo que no se si favorece precisamente el relato. Tiene escenas y conversaciones magníficas, para leer despacio, aunque no puedo evitar dar una mención especial al capítulo que narra el viaje en tren hasta Chicago de Sally, la principal protagonista de este estupendo relato.

Considero a Julián Marías uno de los grandes pensadores españoles del pasado siglo. Un filósofo profundo y claro, armado con unos valores que comparto y capaz de llevar sus análisis más allá de la mera elucubración abstracta. Por eso me llamó la atención la noticia de la reedición por “La línea del horizonte” de una pequeña recopilación de artículos suyos sobre un viaje a la India que realizó en 1959. Se trata de once “terceras páginas” de ABC redactadas con brillantez e interés entre octubre de 1959 y enero de 1960. El libro, compuesto por 104 páginas, lleva por título “Imagen de la India” y me parece altamente recomendable. No se trata propiamente de un libro de viajes, aunque tenga su causa en un viaje y existan excelentes descripciones de edificios, personas, calles, paisajes, acontecimientos, … sino que Marías pone en juego su condición de pensador y nos muestra una serie de consideraciones filosóficas y humanísticas llenas de sentido común y sabiduría. Todo el libro es un canto al espíritu de la India, al carácter y modo de ser de sus habitantes, a su particular filosofía de la vida. El autor considera que no se puede llegar a conocer a fondo el espíritu, las esencias de un país en tanto en cuanto no lo pises de hecho, debiendo hacerlo además más allá de planteamientos meramente turísticos, sino con afán de empaparte de lo que ese lugar te enseña.

Casi por casualidad descubrí al escritor francés Philippe Delerm, un profesor de literatura de un colegio privado, nacido en 1950 y que en 1983 se lanzó a pasar de la teoría a la práctica en eso de escribir libros. En concreto me resultó atractivo el título de su segunda obra: “El primer trago de cerveza”, una pequeña colección de relatos con la que obtuvo el premio “Grangousie”, un libro que según cuentan estaba destinado a un público reducido y acabó encabezando las listas de libros más leídos en Francia durante varias semanas. Aún más sugerente que el título citado lo fue la frase que acompaña al mismo: “y otros pequeños placeres de la vida”, y es que resume perfectamente lo que nos cuenta el autor francés de manera ágil y delicada. Todos y cada uno de los artículos recopilados tienen su encanto particular y describen perfectamente la tantas veces oculta belleza de olas cosas que pueden parecer poco importantes. Posiblemente cada cual que haya leído o lea en el futuro este pequeño y maravilloso libro, tendrá sus pasajes favoritos, a mi me han gustado especialmente el que da título a la obra -¿quién en un día caluroso de julio o agosto no siente un placer muy especial ante el primer contacto con una cerveza fría?- y uno de los últimos en el que elabora una deliciosa y sutil distinción entre “bici” y “bicicleta”.

Agatha Christie fue mi primer contacto con la novela policíaca; en los primeros 80 y coincidiendo con el servicio militar y los ratos de descanso de mi época de opositor, pasaron por mis manos casi todos los relatos a la llamada "Dama del crimen". Buscando alguna novela de la autora inglesa que reller, descubrí que quedaba alguna pendiente, así que opté por "Misterio en el Caribe", protagonizada por Miss. Marple, si bien en esta ocasión la trama no se desarrolla en St. Mary Mead, sino en un Hotel del Caribe. Se trata de un libro con un argumento bastante simple ... yo diría que poco elaborado, en el que la célebre protagonista, la anciana y avispada Señora Marple, aparece menos brillante y elucubradora de lo habitual, quizá por encontrarse fuera de su ambiente ordinario. Como todas las novelas de Agahta Christie, se trata de una narración entretendida, no muy larga y perfectamente apta para resolver alguna tarde con poco que hacer. Pero, sin duda, no es lo mejor de la mítica escritora brtánica. Seguiré indagando qué titulos siguen pendientes de leer ... o iniciaré segundas lecturas.

22 de agosto de 2018

Adiós a la "Bomba"


Juan Carlos, la "Bomba" Navarro, anunció hace pocos días su retirada del baloncesto activo. Ni pretendo hacer un informe de la vida profesional de este deportista excepcional ni entrar en consideraciones sobre la polémica que ha rodeado su decisión y la acusaciones que desde algunos sectores de la prensa se han hecho a su club de toda la vida, insinuando que tal decisión es forzada.

 La "Bomba" Navarro ha sido sin duda uno de los mejores jugadores  de su época, y entra por méritos propios en el Olimpo de los grandes deportistas españoles de la historia, como lo hicieron en su día Francisco Fernández Ochoa, Miguel Induraín o Fermín Cacho, entre otros. Con Navarro, junto a los hermanos Gasol y cía, el Basket español llegó a cotas que nadie podía soñar sólo hace un par de décadas. Navarro ha sido fundamental para obtener los títulos que han coleccionado en este siglo tanto la Selección como el Barça, con muy especial recuerdo del primer mundial obtenido por España en ese inolvidable mes de agosto de 2006.

Navarro ha sido un jugador completo, con técnica, fuerza y sentido del juego colectivo, pero además tenía ese don que pocos poseen: el de la imprevisibilidad, porque era un genio, un mago del balón de basket capaz de llevar a buen puerto las jugadas más difíciles e increíbles. Su capacidad le otorgaba un plus a su equipo, a la vez que le creaba un problema al rival y se convertía en garantía de éxitos continuados.

El Balon-cesto sigue, nuevas generaciones esperan su oportunidad, pero será difícil que aparezca alguien capaz de sustituir a la "Bomba" Navarro.