3 de enero de 2019

Creo en los Reyes Magos



Recuerdo hace muchos años, cuando recién terminada la mili comenzaba a buscar el modo de encauzar mi vida, alguien a quien tenía cerca, dueño de una notable inteligencia, con una seguridad en sí mismo muy capaz  de avasallar y cierta, aunque controlada, tendencia al despotismo, me ponía con frecuencia la etiqueta de inmaduro ... debía de tener su razón -y sus razones-, pero no se si esa madurez que me deseaba era la adecuada. De hecho, me vino muy bien que alguien, menosintenso pero más sabio y dulce, me invitara a olvidarme de esas urgencias y a quererme más a mí mismo.

Podría pensarse que madurar consiste en dejar de ver la vida de color de rosa, y tal vez no nos damos cuenta que parte del secreto de la felicidad estriba en saber encontrar esa parte rosa -o azul, o blanca, ..- de lo que sucede. Con el paso de los años podemos pasar de considerar los azares de la vida como una canción romántica a equipararlos a una de Sabina ... y no negaré que en parte pueda ser así , yque todos nos hayamos preguntado  eso de quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar  para plantearnos en tiempos más "nubosos" quién nos ha robado el mes de abril. A lo mejor lo importante no es tanto madurar como ser siempre uno mismo, porque teniendo claro que es bueno mejorar, no acabo de asumir que también lo sea cambiar.

Un antiguo compañero de colegio me dijo una vez que eso de los Reyes Magos deberia haber sido verdad, que era una pena que más pronto que tarde tuviéramos que descubrir que nuestros padres eran quienes terminaban supliendo esa bendita ilusión infantil. Cumplida ya la sexta decena, he decidido que voy a volver a creer en esos magos de oriente, que compensa soñar en las barbas blancas de Melchor, las rojizas de Gaspar y la tez morena de Baltasar.  ¿Por qué no  vamos a   engordar esperanzas de cara a esa noche mágica que vivimos e nuestros primeros años?. Y no se trata tanto de esperar regalos estupendos -ya existen para eso los comercios, las ofertas y las tarjetas de crédito-, sino de permitirnos el lujo de soñar, de desear cosas, experiencias y momentos y que luego nos quiten lo "bailao".

No estoy haciendo una llamada al complejo de Peter Pan, ni un canto a la nostalgia. Quizá haya algo de desquite, no disucto que debe de ser bueno madurar ... pero¡ cuidado! ... que en las frutas la madurez no es más que el paso previo a que se empiecen a pudrir.

Ya lo dijo Calderón -imagino que no pensaba al hacerlo en los Reyes Magos, pero sirve-: "La vida es sueño".

1 de enero de 2019

Lecturas que cierran un año


En diciembre he concluido cinco libros. La acumulación de "quehaceres" -profesionales y festivos- y alguna lectura que se me ha atragantado y aún queda pendiente, no me ha permitido llegar a cifras de otros meses. Es bueno no obsesionarse por batir records. Por encima de todo, creo que, cada uno en su estilo, he terminado cinco buenas lecturas, con especial mención de la última.

Entre las épocas históricas que más me atraen se encuentra la revolución francesa. "La callada memoria del olvido" es una novela histórica de la sudamericana Nita Aspiazu de Balda en la que se relata ese momento crucial de la historia de Francia y de Europa desde el punto de vista de quienes perdieron el envite. El relato se configura como una carta dirigida por María Teresa Carlota, hija de Luis XVI y María Antonieta en la que anima a su sobrino el conde de Chambord a reivindicar el trono francés. En su misiva María Teresa cuenta al detalle los dramáticos acontecimientos que llevaron a sus padres a la guillotina y cambiaron el destino de Francia. Es interesante la narración de la revolución francesa desde una visión diferente, poniendo el acento de la crueldad de los jacobinos, la deslealtad de algunos y las convicciones de quienes perdieron el poder. La descripción va más allá de los años de la revolución, y se extiende a la historia de Francia que la siguió, lo que incluye el imperio napoleónico, Waterloo, ... así como la vida de exilio y cambios continuos de residencia de la protagonista. Sirve también para conocer mejor a algunos personajes con menos protagonismo histórico como Luis XVIII, Luis Felipe de Orleans y otros. Una buena e interesante novela histórica, tal vez algo parcial y con un título que me parece mejorable.

Raúl Lahoz es un periodista que en la actualidad desempeña su trabajo en Heraldo de Aragón. Es especialista en temas deportivos, pero sus capacidades llegan más allá, siendo uno de sus trabajos más brillantes las entrevistas que publica periódicamente en la última página del periódico. Hace unos años publicó "Tinta en vena", un breve librito donde resume parte de sus trabajos, dividiéndolos en tres partes: "Artículos de opinión", "Reportajes y crónicas" y "Entrevistas". Raúl tuvo el detalle hace unos meses de regalarme y dedicarme el libro, con una dedicatoria llena de generosidad y tras un encuentro enriquecedor en el "Gran Café Zaragozano". Por simple gratitud no sería de recibo una crítica poco positiva del libro, pero puedo asegurar que si no me hubiera gustado mi actitud se limitaría a omitir su inclusión en este balance mensual de lecturas. Me han encantado sus artículos, llenos de sensibilidad y chispa, así como unas entrevistas que, para reafirmar la plural capacidad del autor, éste interroga con respeto y habilidad a personajes tan variopintos como Serrat, Perico Fernández o el Arzobispo Ureña, entre otros.  He disfrutado leyendo "Tinta en vena".

A estas alturas aún no había leído nada de José Saramago, algo que no parecía de recibo. Sin duda el Nobel portugués ha sido uno de los grandes escritores del siglo pasado -y parte de éste-, además de un hombre con una personalidad y capacidad de influencia notables. Tal vez sus radicales posturas políticas frenaban mi interés, pero al final he cedido al consejo de gente que sabe del tema. Opté por la novedad y saqué de la biblioteca "El cuaderno del año del Nobel", última entrega de sus diarios que ha publicado recientemente "Alfaguara". El contenido del libro apareció en el disco duro de un ordenador años después del fallecimiento del escritor, y supone un sexto volumen a añadir a sus míticos "Cuadernos de Lanzarote", ciudad donde Saramago acabó fijando su residencia. He comprobado que el portugués escribía de maravilla, con una fuerza, perfección y belleza indiscutibles. Hay párrafos verdaderamente magistrales, no sólo por la forma, sino también por su acierto y clarividencia, como uno que trata sobre la inmigración. También ha habido alguno que no he terminado de entender. Saramago fue un comunista radical, por lo tanto no he podido evitar leer su relato con cierta distancia crítica, pero por encima de todo he de reconocer que tras sus palabras he visto siempre un hombre honesto, convencido de lo que piensa y dice, algo que le da una indudable autoridad moral. No se si ha sido un acierto comenzar por u diario personal, tal vez hubiera acertado más eligiendo, por ejemplo sus ensayos sobre la ceguera o la lucidez.

Kate Norton es una novelista australiana que a sus 42 años ya lleva a cuestas una larga lista de novelas de éxito. En España ha publicado ya seis novelas y todas se han vendido muy bien. Hace varios años leí "La casa de Riverton", una narración original y entretenida, y a lo largo del mes de diciembre he iniciado y terminado "La hija del relojero", un relato que aunque los "fijos" de Norton dicen que no es precisamente la mejor de sus obras, me ha gustado bastante. Norton emprende la nada fácil tarea de engarzar en un mismo texto diversas épocas, de manera que la historia que nos cuenta va desde mitad del siglo XIX hasta nuestros días. No se trata de un libro incardinable en un género literario en exclusiva, pues en "La hija del relojero" encontramos drama, bastante misterio e intriga, un toque notable de romanticismo y hasta algún carácter de novela gótica en el que no falta cierta fantasía. Con estos ingredientes la escritora australiana consigue un resultado francamente bueno, ... cuando menos una lectura amena e interesante. Eso sí, los vaivenes del tiempo y la abundancia de personajes hace aconsejable ir fabricándose un elenco de protagonistas.

"La trenza" es una de esas novelas que entra por los ojos. Bastó leer el argumento escrito en la contraportada y comprobar el aval de estar editado por "Salamandra", para ponerlo en lugar prioritario de mis lecturas. Su autora es Laetitia Colombani, quien a pesar de su apellido es francesa -natural de Burdeos- y hasta escribir esta novela se dedicaba al cine, donde ejerció de directora, guionista y actriz. Colombani nos cuenta tres historias paralelas, todas protagonizadas por mujeres, ambientadas en sitios tan distintos como un poblado miserable de la India, Palermo y una ciudad canadiense. La novela me ha parecido formidable, nos relata con intensidad y fuerza tres situaciones dramáticas en las que destacan el valor, la generosidad y la fortaleza de las mujeres que las protagonizan. No voy a desarrollar más lo que la escritora nos relata, pues correría el peligro de estropear la lectura. Solamente añadir que en medio de la dureza de lo que se nos cuenta -por encima de ella, diría- el lector encuentra serenidad y esperanza. En fin, uno de esos libros que responden a las excelentes expectativas que despiertan, una novela cuyo único pero es que dura poco.

28 de diciembre de 2018

"Cercanías"


A todos nos gusta relacionarnos con gente inteligente -siempre que no se lo crean demasiado-, con personas serviciales -mientras no terminen siendo "serviles"-, con hombres y mujeres alegres y optimistas -cuando lo son con naturalidad, cuando no es una pose-, con criterio -eso sí, sin afán de imponértelo-  ... y cabría añadir otras condiciones deseables: discreción, respeto a la intimidad, capacidad de comprender, ... Pero en estos momentos lo que más valoro es la "cercanía". Una persona "cercana" es alguien que transmite confianza, a quien no se le ven aristas, alguien a quien si miras a los ojos compruebas que va de frente, que no tiene doblez: está dispuesto a escucharte, se alegra de verte. 

La cercanía choca con la amistad interesada, con la relación forzada, con la visión de la vida como una carrera hacia la cima, el éxito o el "arrimar el ascua a tu sardina". No sabría decir si la condición de cercano viene de fábrica, si se adquiere o se fomenta. Me mueven a rechazo las visiones voluntaristas de la vida, ese empeño meramente tenaz por adquirir virtudes ... aunque no me quepa duda de que para ser cercano haya de dominarse esa tendencia egoista que todos poseemos por naturaleza.  La condición de cercano responde a una visión de la vida, ... una forma de vivir que nos   mueve a ser más humanos, que encumbra valores como la amistad, la voluntad de servicio o la empatía con el resto del mundo, ... por encima de esos términos tan manoseados que suenan tanto últimamente: emprender, empoderar, cosificar, liderar ...

A un buen amigo le escuché repetir varias veces que Dios, que nos ha hecho imperfectos, no nos va a exigir que seamos perfectos ... y debe de tener razón. La vida pasa mucho más rápido de lo que solemos pensar, y no está de más ir por esta tierra dispuestos a ayudar y poniendo buena cara.


4 de diciembre de 2018

Los caramelos del taxi


El pasado domingo cogí un taxi. Lo hice en la parada que se ubica en la Calle Isaac Peral de Zaragoza, jutno al "Gran Hotel" Ya de entrada me llamó la atención lo limpio y brillante que lucía el vehículo, tanto que me recordó al mítico anuncio de cera limpiadora de mi infancia: "Manolo, coche nuevo eh? ... no, "Rally". Al entrar comprobé que no estábamos ante un evangélico "sepulcro blanqueado", sino que también se veía limpieza: ni rastro de suciedad, ni olor a rancio. El taxista era un hombre amable y discreto.

No obstante, la mayor, y grata, sorpresa surgió cuando una vez aposentado comprobé que en el espacio intermedio entre los dos asientos delanteros y al acceso del ocupante de los traseros había una bandeja con caramelos de menta o eucalipto, perfectamente conservados en envoltorio trasparente con los laterales color verde oscuro. Un detalle de ese calibre no lo había visto nunca, y consiguió que aumentara desde ese momento mi valoración del gremio taxista.

Durante el trayecto me pasó por la cabeza pedirle al cconductor uno de esos caramelo, pero tal vez por andar aún bajo los efectos de semejante descubrimiento, al llegar a mi destino me limité a pagar y recoger el cambio. Solamente cuando cerré la puerta del vehículo caí en la cuenta de que me había quedado sin catar el sencillo e inhabitual manjar que portaba ese taxista tan completo.



26 de noviembre de 2018

Leidos a baja temperatura


Hay quien opina que últimamente leo cosas muy raras ... es posible. En el elenco del mes de noviembre hay algún libro curioso, sin duda, pero que la peculiariedad no impida valorar tres magníficos libros: "La retornada", "El sol verde" y "Una visita a Portugal", por los tres pongo la mano en el fuego. El resto queda para la curiosidad de cada cual.

Jenny Erpenbeck es una escritora alemana, originaria de la antigua Alemania del Este y con cierto bagaje literario: se hablan maravillas de su novela "La puerta de Brandeburgo". Por esta razón anduve pendiente de la Bibiloteca Pública de Zaragoza para hacerme con "Yo voy, tu vas, el va", relato traducido al español y publicado este mismo año por "Anagrama". El tema que plantea resulta  de enorme interés y actualidad: la situación de los inmigrantes que desde África llegan a Europa por vía marítima, asumiendo riesgos tremendos y pasando mil penurias. EL argumento concreto hacía aún más apetecible la lectura, teniendo como protagonista a Richard, un profesor universitario aleman, viudo y recién jubilado, que ve como puede redimir su vida aburida y egoista al descubrir a unos cuantos de esos emigrantes manifestarse en la plaza pública. Surge una relación entre el intelectual europeo y los inmigrantes africanos que constituyen el núcleo de la novela. A pesar de las expectativas, el libro no me ha satisfecho plenamente, pienso que la autora tiene un estilo literario difícil, con frases largas, pocos puntos y aparte y escasa delimitación de situaciones. Tal vez esperaba más acción y no tanta filosofía, ... la cuestión es que me ha costado su lectura, aunque la última parte me ha resultado más ágil. Insisto en el indudable interés humano del tema y la interesante reflexión que supone contrarrestar la comodidad del personaje europeo con las vicisitudes extremas que viven los otros.

Hay libros que te entran directamente por los ojos. Es lo que me ocurrió a mí cuando en la última semana de agosto, recién llegado de mis vacaciones, me di una vuelta por "Cálamo", una de esas liberías con librero ... y bueno. A pesar de que éste, Paco, me aconsejó, seguro que con criterio, un par o tres de novedades, la novela de la que me encapriché con solo verla fue "La retornada", escrita por la italiana Donatella di Pietrantonio,  tal vez por lo sugerente de su temática: una adolescente que vive en una familia pudiente de la capital y debe regresar a hacerlo con sus padres naturales, gente rural, ruda y pobre, aunque puede que mi elección se fundamentara simplemente en lo llamativo de su portada. La novela ha respondido a las expectativas: la autora nos narra una historia llena de crudeza y ternura a la vez, con un realismo llamativo y en la que se reflejan la inteligencia y la sensibilidad de dos adolescente: la que llega nueva a la casa y la que ha vivido siempre allí. Estamos ante un relato sin excesos, que nos cuenta una historia dura sin recurrir a la sal gorda, al dramatismo excesivo, lejos de maniqueismos y demagogias. La literatura de di Pietrantonio es fácil de leer, tiene un estilo claro y escribe con gusto y calidad. Una lectura que se hace de cabo a rabo y un final que me ha parecido el "summum" de la finura y el acierto ... de esos que lo dicen todo sin escribir mucho.

En el "Babelia" de hace unas semanas apareció un artículo donde se enumeraban una serie de libros poco conocidos sobre la Guerra Civil española. Los había de todas las tendencias y opiniones, y se me ocurrió hacerme con una par de ellos, uno más bien partidario del bando nacional y otro del republicano. Comencé por el primero, "Viaje por España", escrito por la periodista australiana, residente por entonces en Inglaterra, Eleonora Tennant. El libro se limita a componer una serie de artículos sueltos sobre distintas vivencias de la autora en un viaje por diversos lugares de España  -Toledo, Sevilla, ... - al tiempo de la contienda. Me ha llamado la atención que pácticamente la mitad de las páginas del volumen estén dedicadas a una crítica, en ocasiones bastante negativa, del libro, como si hubiera que explicar y justuficar la posición de la periodista que lo escribe. Así se dice que daba una visión parcial y limitada, que su familia tenía intereses económicos en España y que al libro le faltaba calidad literaria. Una vez leído, hay que admitir que la redacción es simple, poco elaborada, que afirma mucho y profundiza poco y que desde luego su testimonio es limitado tanto en el espacio como en el tiempo. Eso sí, tal vez hubiera sido más ecuánime el haber dejado las valoraciones   al arbitrio del lector.

Xuan Bello es un escritor asturiano de 53 años, en cuya obra hay un poco de todo, aunque parece que predomina la poesía y el recurrente tema de su tierra natal. El año pasado publicó "Escrito en el jardín", una recopilación de relatos de muy diversa naturaleza, con el nexo común de un afinado formalismo, un perfecto manejo de la prosa poética y una búsqueda positiva y ágil de la belleza y la humanidad. En este libro aparecen recuerdos personales, descripciones de paisajes bonitos, relatos costumbristas, referencias a otros autores e incluso alguna poesía interlazada. Me han gustado unos más que otros, pero no cabe duda de que Bello escribe con finura literaria, tiene chispa y quiere decir cosas. Rebosa en el libro de Xuan Bello su militante asturianismo, con referencias a localiddaes bellisimas del principado -Llanes, Cudillero, Rivadesella, ...- y menciones al clima, a la naturaleza, a sus gentes y a su lengua, el bable. En definitiva, un libro para leer poco a poco, en momentos de espeical inspiración y con ambiente propicio ... un día lluvioso, al calor de una estufa y/o una manta, en plena naturaleza, ...

Francisco González Ledesma es sin duda uno de los autores míticos del género"negro" español. En 1948, con sólo 21 años, ganó el Premio Internacional de Novela con "Sombras viejas", aunque en España la censura prohibió su publicación por considerar la obra "roja y pornográfica",  según los estrechos y parciales criterios imperates en esos años. Se tuvo que ganar la vida escribiendo novelas del oeste con el pseudónimo de "Silver Kane" hasta que con los nuevos tiempos lanzó al mercado al Inspector Méndez con su "Expediente Barcelona" y obtuvo el Premio Planeta de 1984 con "Crónica sentimental en rojo". De entre sus libros menos conocidos he encontrado "El adoquín azul", una novelita de 74 páginas, escrita en 2002 y publicada de nuevo en 2014, que a las virtudes propias del autor añade el incentivo de la brevedad. Se trata de un relato negro de posguerra, con policías corruptos, gente perseguida y una cruda historia de amor por el medio. Una novela ambientada en Barcelona, con todos los alicientes que eso lleva consigo: una ciudad conocida, un ambiente y una época llena de contenidos y sugerencias y unos personajes especialmente significativos ...  y con un final emotivo y de cierta ternura.

Hablaba más arriba de los libros que me entran por los ojos. Es también el caso de "El sol verde" , primera novela de entidad del norteamericano Kent Anderson, con una portada atractiva y un argumento interesante. A mi elección contribuyó, además, la excelente reseña de Juan Carlos Galindo en el blog "Elemental". Anderson es un personaje especial, que fue policía y luchó en la guerra del Vietnam, habiendo creado un personaje, el agente Hanson, que viene a ser un alter ego, pues también es excombatiente. LA novela se ambiente en los inicios de los años 80 en Oackland, ciudad californiana donde conviven los conflictos raciales y el crimen violento.No estamos ante una novela con un argumento concreto, con un caso policial que resolver, sino el relato del trabajo habitual de citado protagonista, auténtico núcleo fundamental del libro de Anderson. Estamos ante un auténtico antihéroe, un policía complicado, con pasado difícil e inestabilidad personal evidente. A la vez es un personaje con el que te sientes identificado, y anda acompañado de unos coprotagonistas llenos de fuerza e interés. La novela es dura, ambientada en un clima de marginalidad, desarraigo y miseria, pero me ha pareciedo todo un descubrimiento. Quedamos a la espera de nuevas vivencias del agente Hanson, aunque Galindo nos cuenta que el autor es poco aficionado a escribir demasiado.

Hans Christian Andersen fue un danés que vivió en el siglo XIX y se hizo famoso escribiendo una serie de cuentos que hoy son inmortales: "Pulgarcito", "El patito feo", "El soldadito de plomo", "La reina de las nieves", "Las zapatillas rojas", ...  Pero con los años, se ha descubierto que la producción literaria de Andersen fue más allá del citado género, y como muestra la editorial "Funambulista" ha publicado recientemente "Una visita a Portugal", un breve y delicioso libro de viajes en el que el autor escandinavo nos cuenta una estancia en nuestro país vecino, invitado por el cónsul danés. Se trata de un relato redactado en un tono amable y positivo, en el que Andersen habla con admiración de la belleza del paisaje portugués, algunas de sus ciudades -Lisboa, Setúbal, Coimbra, ...-, su historia y literatura y los habitantes del país. El escritor se muestra entusiasmado con la belleza, el ambiente positivo y la paz que se respira en tierras lusas. Todo ello, por cierto, en contraposición con una España que atraviesa para llegar desde Francia a Lisboa y en la que comprueba un ambiente agitado y se cruza con unos habitantes crispados y mal carados. Un libro francamente grato de leer.

6 de noviembre de 2018

Un bocadillo de chorizo


Han pasado muchos años desde que hice el servicio militar ... 37 en concreto. Muchas cosas han ocurrido desde entonces: en el mundo, en España y en mi vida. Con frecuencia pasan por mi cabeza compañeros de fatigas del Paque de Artillería de Valencia -hoy desaparecido-, y me pregunto qué habrá sido de aquel muchacho de Santurce con tan buen corazón,  de un avispado furriel de Logroño o de aquél asturiano que provocaba a los jefes poniendo en el tocadiscos de la cantina canciones de Víctor Manuel. Hay quien critica la costumbre de aventar los recuerdos, pero yo sigo pensando que siempre forman parte de esa maleta que todos vamos llenando conforme pasan los años, que en momentos concretos nos viene bien darle carrete a la nostalgia, ... que añorar viejas vivencias nos devuelve parte de esa vida que se nos escurre entre los dedos.

Los recuerdos son caprichosos, y vete a saber porqué ha venido a mi memoria una costumbre que adquirí cuando, a última hora de la tarde, regresaba al cuartel, generalmente por exigencias de alguno de esos servicios que ahora tienen aires de rancios, efluvios de naftalina: guardias, refuerzos, retenes, imaginarias, ... Llegaba sin cenar, y antes de entrar por esa puerta metálica pintada de verde que parecía dar acceso al tunel del tiempo, acudía a un "bareto" ubicado en la parte de atrás del cuartel. Se trataba de un barrio alejado del centro, de nivel social más bien bajo, y el establecimiento respondía a ese ambiente: pequeño, oscuro, modesto y de nulo "glamour". Lo atendía un matrimonio mayor y, creo que sin excepción, siempre pedía un bocadillo de chorizo y una cerveza ... no se trataba de chorizo "Revilla", ni del llamado "de pamplona", sino de dos rudos trozos de ese chorizo redondeado, grasiento, frito en un aceite, vete a saber cuantas veces reutilizado, y colocado entre dos panes generosamente cortados. No puedo evitar que el recuerdo de tan sencillo y pobre "manjar" enternezca mis entretelas,  ... hasta desearía poder repetir idéntica experiencia.

Si el bocata y la caña de entonces pasara ahora por mis ojos, es posible que me parecieran bocados ridículos y rechazables, pero recuerdo muy bien que en esos inicios de los 80 se trataba de un momento esperado, que en la soledad de un oscuro bar de barrio, consumir el bocadillo de chorizo era instante esperado y disfrutado.

1 de noviembre de 2018

Balance literario de octubre


El de noviembre ha sido un mes en el que he leído un poco "a empujones", sin demasiada constancia y continuidad. De entre los siete libros terminados, no tengo duda de que lo mejor está en el cnetro: el premio "RBA" de Mosley, el testimonio sangrante de Villalobos y el último "Goncourt".

Comencé el mes con una de las novelas presentadas por los especialistasa lo largo del año como novedad interesante. Se trata de "En el mar", un relato del neerlandés Toine Heijmans, que obtuvo el "Premio Médicis extranjero" 2013, un galardón literario francés que la "wiki" nos dice se concede a un autor cuya "fama aún no empareje a su talento". "Acantilado", con su elegancia y pulcritud habitual, ha editado en nuestro país el libro cinco años después. Hejmans nos cuenta la aventura de un holandés que, en plena crisis personal y profesional, decide navegar en solitario con su velero durante tres meses, llevando en la última etapa de su recorrido a su hija de siete años ... a partir de aquí no cabe contar más sin correr el peligro de aguar la lectura. Se dice que el autor pretende homenajear con esta novela a los autores de grandes relatos de naveganes como "Moby Dick" o el "Ulises", algo que no se si consigue. A mí me ha parecido una novela asequible -151 páginas-, que describe acertada y bellamente el ambiente marino, distinta en algunos momentos, aunque no me ha acabado de convencer ni el personaje principal ni el núcleo argumental.

Walter Mosley es un escritor nacido en Los Ángeles hace 66 años y con una dilatada trayectoria en el mundo de la novela negra. Su estilo es más próximo al "noir" de los Hammet o Chandler que a las tradicionales intrigas policiales de paisanos contemporáneos suyos como Coben o Cónnelly. Hace ya unos cuantos años leí una buena edición de "Roca editorial" de su obra "Muerte escarlata", pero no había vuelto a elegirlo como lectura. Tras ganar el premio "RBA" de este año con  "Traición" decidí que podía ser el momento adecuado para leer este autor por segunda vez. Mosley tenía un personaje protagonista habitual, el detective Easy Rawlins, pero en "Traición" opta por crear uno nuevo, Joe King Oliver, también detective, trabajo al que ha llegado tras ser expulsado de la policía por un turbio "affaire" que centra el argumento de este relato. El autor nos habla de miserias personales, corrupción policial, ambientes marginales, ... y destaca un estilo en el que los personajes aparecen como por generación espontánea y el lector necesita ubicarlos mientras lee sus intervenciones. En Mosley destaca la ambientación, propia de las viejas novelas de los grandes del "negro" y unos personajes llenos de fuerza y personalidad. La trama, ... entretenida, sin más, pero lo he pasado bien leyendo a Mosley.

El tema de los menores que huyen de paises centroamericanos rumbo a Estados Unidos me interesa bastante; es un drama real y actual del que es bueno estar al día. Por eso me llamó la atención el libro "Yo tuve un sueño" del joven escritor mejicano, residente en Barcelona, Juan Pablo Villalobos. Un título sugerente -recogido de un lider carismático y legendario como Martin Luther King-, el prestigio del autor -Premio "Herralde"  de novela en 2016 y finalista del "First book award" en 2010-, una buena crítica en los suplementos especializados y su condición de libro breve hicieron el resto para que optara por leerlo. Fue un acierto, pues está bien escrito y mueve a pensar y a la solidaridad. Nos cuenta once historias cortas de niños y niñas de Honduras, Guatemala, El Salvador, ... que cruzaron la frontera en busca del bienestar y la libertad de la que carecían, o dicho de otra manera, huyendo de la violencia sexual, familar o callejera. Son historias duras, pero contadas con suavidad y esperanza. Tal vez se eche de menos algo más de extensión en las mismas, pero pienso que el autor no trata de contar historias sino de relatar un drama generalizado y fomentar sensibilidades. Un acierto el contarnos vía anexo el final de las historias relatadas y el buen epílogo del periodista español Alberto Arce.

La literatura francesa siempre ha tenido autores de valía. Por esta razón suelo andar bastante pendiente del premio "Goncourt", entiendo que el galardón más importante de las letras galas. En 2017 el premio lo obtuvo  el escritor y cineasta lionés Eric Vuillard, quien ganó con "El orden del día", un libro ambientado en la Alemania nazi que viene a ser como una puesta en la picota de aquellos personajes y empresas que directa o indirectamente, con acción u omisión y sin pertenecer al partido de Hitler, pusieron su aportación al dominio del Tercer Reich. A lo largo del relato Vuillard nos habla de las reuniones en las que empresas alemanas del nivel de "Bayer", "Siemmens", "Telefunken", "BMW", ... colaboraron económicamente con Hitler a cambio de apoyos y beneficios, así como personajes como Nevil Chamberlain, el primer ministro austriaco Kurt Schuschnigg, diversos políticos franceses, amen de hombres propiamente nazis como Von Ribbentrop o Goering. No sabría si encuadrar el libro en el género de la novela histórica, o sencillamente en el del ensayo, pero se trata, sin duda, de un libro original e interesante. La verdad es que me ha gustado mucho, aunque tras haber leído dos terceras partes me parecía magistral y tras su parte final ya no lo he considerado tan brillante. En un blog que sigo con frecuencia, "Un mundo para Curra", la valoración es muy negativa y su autora, de la que me fío mucho, hablaba de que el autor parecía haberlo escrito en medio de un gran enfado ... dejo aquí esta opinión que difiere de la mía. No se si Vuillard acierta en la historicidad de lo que nos cuenta, pero a mí me ha encantado como la expone.

Elizabeth Asbrink es una escritora y periodista sueca que ha tenido la original idea de relatar los que ocurrió en el mundo en un año concreto. Su libro, más un ensayo que un tratado de historia, se titula "1947. El año en que todo empezó" y en él va contándonos acerca de hechos y personajes que adquieren actualidad y protagonismo a lo largo de ese año, importante sin duda en la historia del siglo XX, sobre todo si pensamos que prácticamente acaba de terminar la 2ª Guerra Mundial. Asbrink distribuye los capítulos en los doce meses del año, y allí va relatando, sin orden ni estructura concreta, diversos sucedidos que se leen con interés. Desde acontecimientos históricos como la reconstrucción de Alemania, la independencia de la India y Pakistán o la formación del estado de Israel hasta aquéllo a lo que entonces se dedicaban personajes tan variados y destacados como Simone de Beauvoir, George Orwell, Primo Levi o Christian Dior, entre otros. Contiene hechos dramáticos como las matanzas de la India o la tragedia de los refugiados judíos que son llevados en barco de aquí para allá e historias menos trascendentes. Un libro entretenido que se lee con agrado, aunque el lector pueda tener a veces la tentación de pensar que todo se cuenta de modo más bien deslavazado, saltando de un hecho a otro sin demasiada sistematización , aunque posiblemente forma parte de la intención de la autora.

Khaled Hosseini es el inspirado autor de novelas tan magníficas como "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos", entre otras. Por esta razón me pareció una apuesta segura "Súplica a la mar", un breve libro recientemente publicado por "Salamandra" que consiste en un relato ilustrado basado en Aylan Kudi, el niño sirio de tres años que en 2015 falleció ahogado cuando trataba de llegar a Europa y cuya estremecedora foto dio la vuelta al mundo. En tal relato se describe a un padre que acuna a su pequeño niño dormido a la espera de su partida como refugiado rumbo a Occidente. Se trata de genuina prosa poética, llena de ternura y dramatismo, donde se mezclan la angustia y la esperanza y se refleja el amor de un padre que habla en primera persona a su hijo. Eso sí, hay que advertir que hay mucha más ilustración que redacción, que el contenido escrito del volumen es reducidísimo, de manera que ya no cabe hablar de libro breve que se lee en una tarde, sino de una narración editada como esos cuentos que leíamos de pequeños con mucho dibujo y poca letra, tan poca que se lee en un cuarto de hora ... siempre que te lo tomes con calma y sepas degustar el tono poético de Hosseini. Nos podemos preguntar si vale la pena invertir en tan poco contenido, ... habría argumentos para cualquier respuesta, pero no tengo duda ni de la calidad literaria del autor, ni de testimonio que este texto supone ni de la necesidad de agitar de vez en cuando nuestra conciencia y nuestra solidaridad, algo que sin ningún género de duda se consigue leyendo y releyendo "Súplica a la mar".

Tras leer un ensayo de naturaleza histórica no está mal optar por uno filosófico. Me llamó en su día la atención "Historia reciente de la verdad", breve obra escrita por el escirtor y filosofo uruguayo Roberto Blatt. Se trata de un recorrido por lo que se ha entendido históricamente por verdad, de manera especial a partir de la Ilustración, cuando la ciencia y la razón unificaron el concepto. Aprovecha Blatt para hablar de las corrientes literarias, la aparción del periodosmo  moderno y la influencia de las redes sociales, deteniéndose -¡cómo no!- en ese concepto tan actual y sugestivo como el de la "posverdad". Se trata d eun libro interesante, a cuyas líneas su autor trata de dotar de profundidad y que nos lleva a un tema tan interesante y sobado como el de la existencia de la verdad, con lasubjetividad que la cuestión suele traer consigo y la objetividad que a la larga todos buscamos. No es un libro para leer deprisa, pues considero que para entender las ideas y cuestiones que plantea es preciso tener paciencia en la lectura y, frecuentemente releer varias veces lo que escribe.