20 de septiembre de 2018

La vara tragada


Ayer entré en una de esas tahonas modernas, decoradas en tonos blancos, con panes y pastas de aspecto apetecible y pinta de estar recien hechas. Allí lucen panes de tantos tipos, palmeras de chocolate, coco, azúcar, ... bollos, caracolas con pasas y piñones, croissants de mantequilla y cereales, pastelitos de aspectos originales, bolsas con caramelos variados, ... todo tipo de tentaciones que mueven al deseo y el desorden gastronómico.

Tras el mostrador suele haber jóvenes dependientas con la nota común de la amabilidad y una sonrisa permanente y natural. Pasaban las 6 de la tarde y tuve un capricho ... había poca cola y atendía la tienda una jovencísima muchacha que parecía ser iberoamericana: amable, serena, conocedora de su oficio. Al otro lado iba a pagar lo comprado una señora de mediana edad, superados al menos los 50, seria, elegante, ... con cierto aire de sostener posiciones dignas y más bien elevadas. Ni un amago de  simpatía, sin cesiones a la cordialidad, a bajar la guardia.

Enseguida notas que en sus planes de compra no se incluyen concesiones a la galería. Saca su monedero de diseño y pregunta cuánto es ... paga y recoge las vueltas, sin mover ni un palmo ni una pestaña ... la cola que  su ceremonia ha ido provocando no se si la ignora o la disfruta. Cuando parece que ya se termina la gestión pide una servilleta, como quien lo hace a un sirviente del XIX, con exigencia, diría que con una implícita insinuación de que el servicio no ha sido completo. Y abandona el establecimiento con la cabeza alta, impávida, reverberando esos aires de grandeza carentes de acreditación real.

En la tienda nos quedamos los mortales, ... entró algo más de aire. Dudé entre agradecer mi conciencia de funcionar de igual a igual con quienes funcionan al otro lado de un mostrador, certeza para la que basta con analizar con objetividad las cosas, o examinarme profundamente de si alguna vez puedo caer en la misma fatuidad.

6 de septiembre de 2018

AIre fresco en León XIII


El regresar a Zaragoza cuarenta años después tiene su encanto y sus particularidades. Hasta mi marcha en el verano de 1977 mi vida tuvo mucho que ver con la Puerta del Carmen, pues vivía en el paseo María Agustín y ese era el punto de partida para muchas cosas. De vuelta a casa, he ubicado mi vida en lugar, si cabe, más céntrico y ahora mi entorno queda establecido en León XIII y alrededores.

Justo enfrente de mi domicilio se encuentra el "Catorce", cafetería de la que había escuchado hablar y no parar -siempre muy bien-  desde su aparición cerca de la esquina con Constitución, pero que no había "catado" hasta mi llegada a dicha zona. Y puedo decir que he visto y comprobado que el "Catorce" es como el rincón grato que todos tenemos por ese barrio. Un lugar donde estás a gusto, te sientes bien tratado y encuentras paz, alegría, ... aire fresco. Podría hablar de un café excelente, unas tapas inmejorables y un menú y una carta de primer nivel, pero me quedo con el trato, con las sonrisas, la atención y ese toque de simpatía que se han convertido en código de barras de la casa. Incluso me resulta delicioso que yendo con algún amigo me digan eso de "chicos" ... que no deja de ser estimulante cuando a uno le quedan dos meses para llegar a los 60 ...

He de admitir que me da cierto corte decir estas cosas, que pienso ¿qué dirá la gente del establecimiento si leen ésto?. Hay quien me ha dicho que en este blog a veces me paso de "coba" ... pues mis disculpas. Pero también mi agradecimiento a la gente del "Catorce",  a quien lo dirige y a quienes lo atienden: no es fácil estar tras un mostrador, asumir las ocurrencias del cliente, ... que a veces es, sin más, aguantar impertinencias. De verdad, dudo que se pueda hacer mejor. Un placer entrar allí.

1 de septiembre de 2018

Leídos en vacaciones


El mes de sgosto, cuando toca vacaciones, suele ser buen momento para leer más ... si cabe. De mis once lecturas de la canícula, destaco una cruda y a la vez lírica novela de la napolitana Wanda Marasco, otra de Alice McDermott  y una excelente colección de cuentos de Dickens. Del resto pienso, sinceramente, que hay poco desaprovechable, con dos buenas "negro-criminales" españolas, un delicioso ensayo francés y un libro de viajes con el aval de Julián Marías.

El expositor de novedades de la “Casa del Libro” de la calle San Miguel de Zaragoza es frecuentemente objeto de mi curiosidad. En sus estantes tuve por primera vez conocimiento de la publicación de “Niels”, la novela con la que el joven escritor francés Alexis Ragougneau alcanzó la final del prestigioso premio “Goncourt”. Se trata de un relato ambientado en la resistencia francesa tras el desmoronamiento de la Alemania nazi y el consiguiente final de la 2ª Guerra Mundial en Europa. Su protagonista -Niels Rasmussen- es un héroe de la resistencia de danesa que acude a Francia al enterarse de que un colega del mundo del teatro está acusado de colaboracionismo. No es una novela en la que prime la aventura, la acción, como sería el caso, por ejemplo, de “El ruiseñor”, con una trama ubicada en el mismo lugar y la misma época, sino una historia que contiene una tesis concreta. Ragougneau trata de evitar maniqueísmo, intenta  poner de manifiesto lo que  -según la propia solapa de la contraportada- comentaba Le Figaró:  “la frontera que separa a los buenos de los malos no es tan tajante como nos gustaría creer”. Me ha parecido, por otra parte, una excelente disección, no exenta de cierta desmitificación, de la controversia resistencia/colaboración durante el régimen de Vichy. El autor aporta la novedad de incluir dos capítulos en los que prescinde la estilo narrativo para dibujarnos dos escenas teatrales, que se convierten, por cierto, en un sátira excelente.

Todos los años aparece una novela policial con la etiqueta de “intriga del verano”. Este año, y con permiso del relanzamiento de Joel Dicker y la nueva aventura de Bevilacqua y Chamorro, no parece haber duda de que el título ha de adjudicarse a “La novia gitana”, novela difundida a bombo y platillo por “Alfaguara” y que tiene la peculiariedad añadida que quien figura como autora, Carmen Mola, no es más que el pseudónimo de alguien de quien se asegura es escritor/a famoso/a y vive en Madrid. Tras leer el libro tengo que empezar diciendo que se trata de un relato adictivo, de una historia policial de esas que uno no puede dejar, que terminas comiéndote los capítulos. Me da miedo dar excesivas explicaciones, pues es una de esas novelas que al comentarlas corres el peligro de terminar dando demasiadas pistas a posibles lectores futuros, pero sin ser una maravilla literaria, creo que está en un nivel alto entre las de su género, crea unos personajes interesantes, con sus particularidaes y dramas personales cada uno, la trama anda bien estructurada y quien la escribe sabe mantener el “climax” y equilibrar los momentos. También hay que decir que el autor/a tiene la habilidad de dejar abierta, con toda claridad, una segunda parte … lo que no soy capaz de intuir es si esperará al próximo verano y si antes nos desvelará la incógnita de su identidad. Cabe añadir, como advertencia a los sensibles, que los crímenes son escabrosillos.

No soy capaz de recordar donde encontré la referencia de “Ideas o creencias”, un pequeño ensayo escrito por Andoni Unzalu, pero he de admitir que la idea de comprarlo fue buena, porque he disfrutado con una lectura cuyo contenido comparto, además, casi al cien por cien. El subtítulo del libro explica bien su contenido: “Conversaciones con un nacionalista”, pues el autor, quien en su día fuera diputado al Parlamento vasco por el PSE y ocupara puestos de responsabilidad durante la legislatura gobernada por Patxi López, crea un ficticio diálogo con un supuesto nacionalista vasco en el que le va rebatiendo todos y cada uno de los tópicos tradicionales del “gremio”, desde el autogobierno al derecho a decidir, pasando por el euskera, la financiación, … Unzalu es socialista, lo que se manifiesta en que su crítica al nacionalismo es más racional que furibunda, aunque no por ello menos contundente. El autor va desmenuzando todos y cada uno de los temas, dejando en evidencia las debilidades de los argumentos nacionalistas, que valora como más pasionales que jurídicos, políticos e históricos. Con elegancia, fina ironía y total ausencia de visceralidad, Unzalu realiza una crítica demoledora del nacionalismo. Evidentemente, se trata de un tema opinable del que discreparan unos cuantos. Buen prólogo de José María Ruiz Soroa y un epílogo que me iba pareciendo acertado hasta que sus dos últimas hojas me llevaron a la discrepancia, es más, casi apostaría que resulta artificial, que alguien se lo ha impuesto directa o indirectamente.

Así como “Niels” me inspiró en la “Casa del Libro”, la sección de “Narrativa extranjera” del FNAC fue el sitio donde vi por vez primera un ejemplar de “Un coro de almas”, la novela con la que la escritora italiana Wanda Marasco fue finalista del prestigioso premio “Strega” en 2017: tras leerlo, opino que no hubiera pasado nada si lo hubiera ganado. La curiosidad que despertó dicho libro vino poco tiempo después reforzada y avalada por el consejo que desde su garito de la última “Feria del Libro” me dio Paco, el experto propietario de la librería “Cálamo”. Se trata de un relato ambientado en Nápoles, ciudad de origen de la autora, en los años posteriores a la 2ª guerra mundial, si bien se alarga varias décadas en el tiempo, pues Marasco nos ofrece una larga historia familiar. Dicha historia la sitúa en una de las zonas más pobres y devastadas de Naṕoles, y en ella se nos muestran unos personajes en los que se reflejan las miserias materiales y morales a los que les han llevado las circunstancias. Se trata de un libro francamente duro, muy bien escrito y que podríamos identificar con un realismo radical no exento de cierto tono poético y hasta mágico. El título me ha parecido plenamente adecuado, pues la escritora napolitana nos va presentando un buen número de “almas” con una fuerza notoria y con unas descripciones que es posible sean lo mejor de la novela. Por otra parte, supone una crítica contundente a la situación de Italia en dicha época y al papel de la mujer en la sociedad italiana. Queda dicho que la novela es dura, en momentos hasta cruel, pero pienso que vale la pena.

Desde que hace cerca de veinte años leí por vez primera a Lorenzo Silva, en concreto su magnífico “El alquimista impaciente”, con el que obtuvo el premio “Nadal”, cada aventura de la mítica pareja de guaridas civiles formada por Bevilacqua y Chamorro la he convertido en lectura casi obligada y, en la medida de lo posible, inmediata en cuanto la novela es puesta a la venta. Por eso he tardado bien poco en dar buena cuenta de “Lejos del corazón”, un caso que Silva ambienta en torno a la zona del Campo de Gibraltar, bien cerca del famoso y controvertido Peñón. Estamos ante la undécima entrega de la serie -hay que precisar que dos de los títulos están formados por relatos breves- y a estas alturas la pareja protagonista son ya unos viejos conocidos, como alguien de la familia a quien corres el peligro de exigir poco. No obstante, puedo asegurar que Lorenzo Silva mantiene su buen pulso literario, que el argumento, relacionado con el “cibercrimen”, es interesante y está bien desarrollado y resuelto. Una novela entretenida y que mantiene el interés y la tensión en quien la lee. No puedo evitar hacer referencia al origen del título, sacado de la letra de una deliciosa canción de Sergio Endrigo titulada “Lontano degli occhi”, que siempre ha sido uno de mis temas más entrañables. La canción la hace sonar en el coche Bevilacqua camino de Algeciras, enseñándosela a su compañera en la moderna versión de Gianna Nannini, aunque a la vuelta le coloca la  original del cantante italiano fallecido, a quien dedica específicamente su novela, considerando que Endrigo no tuvo la suerte que mereció.

Hace muchos años que Charles Dickens se convirtió en uno de mis escritores favoritos, aunque paradójicamente hayan pasado bastantes desde que lo leí por última vez. Ya he leído buena parte de sus novelas míticas -”David Copperfield”, “Oliver Twist”, “Grandes esperanzas”, “Casa desolada”, “Historia de dos ciudades”, …- pero aún me queda mucho de su extensísima obra literaria. Encontré en la sección “Libros” del FNAC del Coso zaragozano una reciente edición -2013- de la Editorial “Gadir” que recoge una serie de relatos breves bajo el título de “Relatos londinenses” que al instante supe que iba a valer la pena. Se trata de ocho narraciones que tienen, como indica el título, a la ciudad de Londres como protagonista. Más que de relatos, pienso que habría que hablar de descripciones, en las que aparece ese Londres victoriano, misterioso y lleno de contrastes que siempre nos ha mostrado Dickens. Edificios, establecimientos, cementerios, cárceles, jardines, … y por supuesto, personajes de lo más variopinto, aparecen en esta magnífica recopilación que, por supuesto, no decepciona. Me costaría destacar un relato, porque todos me han parecido excelentes.

Manuel Vilas se ha convertido, sin duda por méritos propios, en uno de los escritores de moda; lo es en Aragón y su fama se ha extendido por to el país. No hace mucho leí “América”, su penúltimo libro, del que hice, es imposible que con algún matiz, una valoración positiva. “Ordesa”, publicado por Alfaguara, ha tenido un éxito aún mayor y se ha vendido, al parecer, mucho. Unos cuantos lectores que me merecen toda la confianza me recomendaron con entusiasmo este libro que viene a ser una de esas reflexiones sobre uno mismo y su familia que tanto proliferan últimamente. También es cierto que Brunetti, del que también me fío al cien por cien, lo compró con entusiasmo en su última visita a Zaragoza y tras leerlo en dos días realizó una valoración bastante menos positiva. Sin duda, Vilas escribe bien, y en esta línea “Ordesa” es un libro literariamente bueno, incluso -siempre desde mi punto de vista- con alguna reflexión ocurrente y acertada, pero no puedo evitar tras terminarlo hacerme dos preguntas: ¿cuanto hay de cierto y cuánto de ficción o elucubración en lo qué cuenta?, y caso de ser todo verdad, ¿en qué medida puede alguien tener el pudor de exhibir las intimidades, no siempre precisamente positivas, que nos relata?. Ya lo decía al hablar de su libro anterior: a Vilas le gusta ser transgresor, algo respetable, pero no puedo más sentir cierto rechazo ante tanto desencanto, tanta amargura, … tanta visión negativa de la sociedad. Y, como también repetí la otra vez, todo el respeto para la libertad de expresión y las convicciones -o no convicciones- del escritor, pero me rechina ese exhibicionismo de irreverencias.

El consejo de leer “La novena hora”, novela escrita por la norteamericana Alice McDermott, me llegó por varias vías, además de venir avalada por una editorial cuyas publicaciones no suelen fallar, “Libros del Asteroide”. Había unanimidad en su positiva valoración literaria, aunque existieran distintos modos de enfocar su contenido, su mensaje: no fue el mismo el realizado por la novel y exitosa escritora española Marta Sanz en “Babelia” que la que verbalmente me ofrecieron un par de amigos lectores con un criterio que, tal vez, podríamos definir como más conservador. Discrepancias aparte, se trata de un libro grato de leer en el que, en mi opinión, lo más destacado es la fuerza del buen número de personajes que la autora nos ofrece en menos de 300 páginas. La historia que nos cuenta esta situada en Brooklyn, en los primeros años del siglo XX y nos ofrece una visión nada ideal de las formas y condiciones de vida de las clases más bajas de la sociedad norteamericana de entonces. La novela se ambienta en torno a la labor que realizan las Hermanas de la Caridad, de quienes nos ofrece una visión muy humana y positiva, sin clichés ni idílicos ni peyorativos. La historia es contada por alguien perteneciente a la tercera generación de los protagonistas, algo que no se si favorece precisamente el relato. Tiene escenas y conversaciones magníficas, para leer despacio, aunque no puedo evitar dar una mención especial al capítulo que narra el viaje en tren hasta Chicago de Sally, la principal protagonista de este estupendo relato.

Considero a Julián Marías uno de los grandes pensadores españoles del pasado siglo. Un filósofo profundo y claro, armado con unos valores que comparto y capaz de llevar sus análisis más allá de la mera elucubración abstracta. Por eso me llamó la atención la noticia de la reedición por “La línea del horizonte” de una pequeña recopilación de artículos suyos sobre un viaje a la India que realizó en 1959. Se trata de once “terceras páginas” de ABC redactadas con brillantez e interés entre octubre de 1959 y enero de 1960. El libro, compuesto por 104 páginas, lleva por título “Imagen de la India” y me parece altamente recomendable. No se trata propiamente de un libro de viajes, aunque tenga su causa en un viaje y existan excelentes descripciones de edificios, personas, calles, paisajes, acontecimientos, … sino que Marías pone en juego su condición de pensador y nos muestra una serie de consideraciones filosóficas y humanísticas llenas de sentido común y sabiduría. Todo el libro es un canto al espíritu de la India, al carácter y modo de ser de sus habitantes, a su particular filosofía de la vida. El autor considera que no se puede llegar a conocer a fondo el espíritu, las esencias de un país en tanto en cuanto no lo pises de hecho, debiendo hacerlo además más allá de planteamientos meramente turísticos, sino con afán de empaparte de lo que ese lugar te enseña.

Casi por casualidad descubrí al escritor francés Philippe Delerm, un profesor de literatura de un colegio privado, nacido en 1950 y que en 1983 se lanzó a pasar de la teoría a la práctica en eso de escribir libros. En concreto me resultó atractivo el título de su segunda obra: “El primer trago de cerveza”, una pequeña colección de relatos con la que obtuvo el premio “Grangousie”, un libro que según cuentan estaba destinado a un público reducido y acabó encabezando las listas de libros más leídos en Francia durante varias semanas. Aún más sugerente que el título citado lo fue la frase que acompaña al mismo: “y otros pequeños placeres de la vida”, y es que resume perfectamente lo que nos cuenta el autor francés de manera ágil y delicada. Todos y cada uno de los artículos recopilados tienen su encanto particular y describen perfectamente la tantas veces oculta belleza de olas cosas que pueden parecer poco importantes. Posiblemente cada cual que haya leído o lea en el futuro este pequeño y maravilloso libro, tendrá sus pasajes favoritos, a mi me han gustado especialmente el que da título a la obra -¿quién en un día caluroso de julio o agosto no siente un placer muy especial ante el primer contacto con una cerveza fría?- y uno de los últimos en el que elabora una deliciosa y sutil distinción entre “bici” y “bicicleta”.

Agatha Christie fue mi primer contacto con la novela policíaca; en los primeros 80 y coincidiendo con el servicio militar y los ratos de descanso de mi época de opositor, pasaron por mis manos casi todos los relatos a la llamada "Dama del crimen". Buscando alguna novela de la autora inglesa que reller, descubrí que quedaba alguna pendiente, así que opté por "Misterio en el Caribe", protagonizada por Miss. Marple, si bien en esta ocasión la trama no se desarrolla en St. Mary Mead, sino en un Hotel del Caribe. Se trata de un libro con un argumento bastante simple ... yo diría que poco elaborado, en el que la célebre protagonista, la anciana y avispada Señora Marple, aparece menos brillante y elucubradora de lo habitual, quizá por encontrarse fuera de su ambiente ordinario. Como todas las novelas de Agahta Christie, se trata de una narración entretendida, no muy larga y perfectamente apta para resolver alguna tarde con poco que hacer. Pero, sin duda, no es lo mejor de la mítica escritora brtánica. Seguiré indagando qué titulos siguen pendientes de leer ... o iniciaré segundas lecturas.

22 de agosto de 2018

Adiós a la "Bomba"


Juan Carlos, la "Bomba" Navarro, anunció hace pocos días su retirada del baloncesto activo. Ni pretendo hacer un informe de la vida profesional de este deportista excepcional ni entrar en consideraciones sobre la polémica que ha rodeado su decisión y la acusaciones que desde algunos sectores de la prensa se han hecho a su club de toda la vida, insinuando que tal decisión es forzada.

 La "Bomba" Navarro ha sido sin duda uno de los mejores jugadores  de su época, y entra por méritos propios en el Olimpo de los grandes deportistas españoles de la historia, como lo hicieron en su día Francisco Fernández Ochoa, Miguel Induraín o Fermín Cacho, entre otros. Con Navarro, junto a los hermanos Gasol y cía, el Basket español llegó a cotas que nadie podía soñar sólo hace un par de décadas. Navarro ha sido fundamental para obtener los títulos que han coleccionado en este siglo tanto la Selección como el Barça, con muy especial recuerdo del primer mundial obtenido por España en ese inolvidable mes de agosto de 2006.

Navarro ha sido un jugador completo, con técnica, fuerza y sentido del juego colectivo, pero además tenía ese don que pocos poseen: el de la imprevisibilidad, porque era un genio, un mago del balón de basket capaz de llevar a buen puerto las jugadas más difíciles e increíbles. Su capacidad le otorgaba un plus a su equipo, a la vez que le creaba un problema al rival y se convertía en garantía de éxitos continuados.

El Balon-cesto sigue, nuevas generaciones esperan su oportunidad, pero será difícil que aparezca alguien capaz de sustituir a la "Bomba" Navarro.

1 de agosto de 2018

Lecturas de julio


Unas lecturas muy diversas antes de tomar vacaciones. Una buena novela ambientada en Portugal, un acierto nuevo de "Anagrama", una muestra más del Holocausto, un drama histórico y tres ensayos interesantes.

No hace mucho leí, y aquí dejé constancia, "Una ilusión", un breve libro de recuerdos de Ismael Grasa, escritor aragonés inquieto y con un buen número de libros escritos a cuestas. Una prueba de que Grasa me convenció es que no he tarado en repetir. El primer libro que terminé en julio fue "La hazaña secreta", su última obra: un ensayo filosófico muy breve (92 páginas) donde nos habla, siguiendo el título que puso Miguel Serrano a su reseña de "El Cultural", del "heroísmo de lo cotidiano". Ismael Grasa nos oifrece una especie de guía de urbanidad adaptada a los tiempos modernos, llena de acierto y originalidad, huyendo de tópicos y de inclinaciones a lo políticamente correcto y francamente interesante. Un exposición sucinta y a la vez extensa de "pequeños detalles" de buen estilo, de planteamientos vitales ... Grasa nos habla de higiene personal, de costumbres personales, de coleccionismo, de relaciones humanas, ... Cada capítulo, muy breve -lo que le permite hablar de muchas cosas- concluye con una cita interesante, así incluye referencias de Montaigne, Albert Camus, Salman Rushdie, Aristóteles, ... Un libro pare leer despacio, tomar notas y asimilar algún consejo para los propia vida.

De siempre han despertado mi interés las sagas familiares: "Los Budennbrook", "La casa de los espíritus"; "Nosotros, los Rivero", ... se encuentran entre mis novelas  favoritas. Imagino que es ésta la razón por la que llamó mi atención "Donde quiera que yo esté" cuando la vi expuesta en la "Casa del Libro" de la zaragozana calle de San Miguel. La novela nos cuenta la historia de tres mujeres relacionadas familiarmente -madre, hija y madrastra- y está ambientada en la Lisboa de la época de la dictadura de Oliveira Salazar, aunque en el último tercio del relato ya ha tenido lugar la "revolución de los claveles" de 1974. Curiosamente la autora no es portuguesa, sino que lo firma la periodista italiana Romana Petri. Del libro destacaría tres cuestiones: la magnífica descripción de la realidad portuguesa de esos años, reflejando el ambiente oscuro, de pobreza y represión propio del país y de las circunstancias políticas, el excelente retrato psicológico de todos y cada uno de los personajes y la enorme fuerza de las mujeres protagonistas, de tal manera que cabría afirmar que estamos ante una novela donde se reserva la virtud y el heroísmo a las mujeres, mientras los hombres se nos muestran egoístas y débiles. Es un relato largo -620 páginas- que entretiene, aunque en algún breve momento se me hizo espeso y es bueno advertir que en la traducción de la editorial "La huerta grande" existe algún error material.

Mark Lilla es un célebre ensayista, catedrático de historia de las ideas de la Universidad de Columbia y colaborador frecuente de medios tan importantes como The New York Times". Recientemente la editorial "Debate" ha publicado "El regreso liberal", un breve e interesante ensayo que lleva como subtítulo "Más allá de la política de la identidad". Lilla es un hombre claramente alineado con el Partido Demócrata, advertencia que es bueno hacer para que quede claro qué está queriendo decir al hablar del liberalismo, un concepto que en Europa, al revés que en USA tal vez pongamos más cerca de la derecha que de la izquierda. El esquema esencial de la idea que transmite Mark Lilla lo resume perfectamente la revista "letras libres": "Las recientes preocupaciones en torno a la identidad racial, de género y sexual han distorsionado el mensaje del liberalismo, porque han desplazado temas relevantes para la comunidad en su conjunto. Ese discurso, según Lilla, no basta para ganar elecciones. El autor parte de la aún reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales USA, algo que considera un auténtico desastre, y hace un análisis histórico para llegar a sus conclusiones políticas. Lilla se refiere a la situación de su país cuando en 1980 se impuso Ronald Reagan y critica una política que se alabó en su día y él considera un error. Para el profesor Lilla frente al capitalismo radical de los republicanos, los demócratas no han sabido aportar una postura trasversal que defienda a los ciudadanos más allá de meras cuestiones de defensa de la identidad, legítimas pero que carecen de visión global. Un ensayo interesante que imagino hubiera entendido mejor si tuviera una base de conocimientos más amplia, tanto de la historia política reciente de los Estados Unidos como de las posturas de Mark Lilla.

Jesús Marchamalo es un escritor y periodista madrileño que en los últimos tiempos ha gozado de un gran predicamento como experto en literatura y gestor cultural. Le descubrí hace unos años leyendo "Tocar los libros", un pequeño y delicioso tratado sobre la lectura que me encandiló y no he dejado de regalar y recomendar. Hace ya un tiempo encontré en alguna de esas librerías recónditas "Retrato de Baroja con abrigo", un brevísimo dibujo sobre la siempre original y atractiva figura de Pío Baroja, sin ninguna duda uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Se trata de un relato ágil, entretenido, lleno de chispa y en cierta manera entrañable. Con pocos trazos Marchamalo nos ofrece un acertado análisis de una figura llena de aristas, peculiariedades y genialidad. Nos cuenta anécdotas, nos describe las formas de actuar, relacionarse y vestir del escritor donostiarra y nos hace pasar un rato estupendo. Y no digo mal al hablar de "rato", pues el "librito" tiene 37 páginas y más o menos un tercio de ellas son dibujos. Se lee en menos de una hora, aunque deja tan buen gusto que siempre te queda la oportunidad de releerlo sin bajar ni un ápice el grado de placer lector.

"Guerra y trementina" es un libro escrito en 2014, y ganó en su día el Premio ECI 2014, el Premio de las Letras Flamencas 2014 y el Premio del Lector Gouden Boekenuil 2014, además de ser finalista del Man Booker Prize 2017 y elegido Mejor Libro del Año por "The New York Times" y "The Economist". No obstante, no ha sido publicado en España hasta este año en que "Anagrama" ha tenido el acierto de difundir por todo el mapa la novela escrita por el belga Stefan Hertmans. Se trata de un libro que vale la pena, ambientado en la ciudad belga de Gante y donde se refleja, a través de unos diarios escritos por el abuelo del autor y entregados a éste  por su redactor antes de morir, lo ocurrido en Europa central a lo largo del siglo XX. El libro se divide en tres partes, la primera relativa a la pobre y cruda infancia del citado, una segunda donde relata su durísima experiencia en las trincheras del frente de la 1ª guerra mundial, con escenas escalofriantes y donde fue  gravemente herido en tres ocasiones y una tercera en la que consta la dedicación a la pintura del protagonista y la romántica y dramática historia de quien fuera el amor de su vida. Un relato autobiográfico plasmado con excelencia literaria por el nieto del protagonista. Un libro con valores, arte y drama.

De vez en cuando me hago con una novela histórica. Aún consciente de las limitaciones del género -si quieres "aprender historia" lo mejor es "leer historia"- no deja de ser entretenida y hasta cultivadora una novela histórica. Me había llamado la atención recorriendo librerías "Locura imperial", de la escritora catalana Laura Martínez Belli y la elegí para mis lecturas de julio. Se trata de un libro que habla de un acontecimiento de interés del que sabía bien poco: la época en la que México fue un imperio gobernado por el emperador Maximiliano de Habsburgo, un mandatario impuesto por Napoleón III y cuyo imperio concluyó con su deposición y fusilamiento. Como toda novela histórica que se precie, se mezclan los personajes reales -Maximiliano, la emperatriz Carlota, Napoleón III, Eugenia de Montijo, Leopoldo I de Bélgica, Benito Juárez, ...- con los de ficción, a la vez que se les da un baño de imaginación literaria a los sucesos históricos. La novela, por encima de la historia de Maximiliano y su gobierno,  se centra en la emperatriz Carlota, hija de los reyes de Bélgica y que llegó muy joven a la capital azteca con unos planes e ilusiones que resultaron un fracaso y terminaron en drama. Un relato lleno de conspiraciones, intrigas palaciegas, amores ilícitos, traiciones, ... es decir una novela entretenida, pero que te saca de pocas dudas históricas. Además, literariamente no pasa de discreta.

David Foenkinos es un joven escritor francés del que ya leí, con entusiasmo y plena satisfacción, "Los recuerdos". Se ha convertido sin duda en uno de los autores de prestigio del país vecino. Su novela "Charlotte" fue galardonada en 2014 con el "Premio Renaudot" y el "Goncourt des lycéens", lo que supuso su consolidación literaria. La novela narra una historia real, la de Charlotte Salomos, pintora alemana de origen judío que se vio obligada a huir a Francia en la época nazi y terminó muriendo en  Auschwitz. Aunque me atraían mucho el tema y el autor, me costaba empezar el libro al tratarse de un nuevo drama del holocausto, pero me convenció la magnífica y muy favorable reseña leída en el blog  "Un mundo para Curra", cuya autora, además de tener los pies más famosos y bonitos de internet, suele ofrecer unas reseñas literarias excelentes, que intuyo me sirven más a mí que a ella las mías. Y ha valido la pena: una novela dura y tierna a la vez, dramática y entrañable, ... un relato precioso escrito con maestría y que vale la pena leer con calma, degustando cada página y cada frase. Se trata de una novela breve (216 páginas) que está escrita casi telegráficamente, lo que añade originalidad a la excelencia de su narrativa.

10 de julio de 2018

Ese visitante mágico


Brasil siempre ha sido país de fútbol. Han ganado cinco veces la Copa del Mundo, y aunque en los últimos tiempos la suerte no les sonríe en exceso, no hay época en la que no pueda hablarse de jugadores excpecionales de dicha nacionalidad. Cuando el fútbol veraniego español lo protagonizaban torneos prestigiosos por donde pasaban los mejores equipos del mundo, era frecuente ver desfilar a los grandes conjuntos de las ligas "Carioca" y "Paulista": el Santos de Pelé, Botafogo, Flamingo, Corinthias, Vasco de Gama, Cruzeiro, ... De todos ellos, el que más recuerdos trae a mi cabeza es sin duda el Palmeiras, club de Sao Paulo que ya tiene más de  cien años de vida. Queda en mi memoria cuando ya en 1972 el Palmeiras disputó la 2ª edición del Torneo "Ciudad de Zaragoza -hoy "Carlos Lapetra"-, un triangular junto a los anftriones y el Hamburgo de Uwe Seeler, que se haría finalmente con el Trofeo. Fue esa década de los 70 una de las más brillantes en la historia del club brasileño.

El equipo que se paseaba por el caluroso agosto español y se hizo con torneos tan míticos como el "Ramón de Carranza" de 1975, tenía una plantilla excepcional. En la portería estaba Emerson Leao, meta titular de Brasil en los mundiales de Alemania (1974) y Argentina (1978). En la defensa destacaba por encima de todos Luiz Pereira, un auténtico portento físico, un central con excelente salida de balón y gran capacidad ofensiva. Era un espectáculo ver a Pereira ser dueño y señor de su área mientras mantenía una permanente sonrisa que no se si representaba serenidad o suficiencia. Tras ganar el Carranza, Luiz Pereira firmó por el Atlético de Madrid junto a su compañero Leivinha, quien jugaba de media punta, poseía una técnica notable y un olfato goleador llamativo: 40 goles en su etapa rojiblanca. Con ellos en el cesped el Atlético de Madrid, a las órdenes de Luis Aragonés,  entonces novel entrenador, reverdeció viejos laureles y se hizo con la Liga de 1977. Los brasileños, junto a Ayala, Heredia, Reina, Rubén Cano, Capón, Alberto, ...  hicieron que los rojiblancos jugarán un fútbol de muchos quilates, siendo sin duda los  jugadores diferenciales.

En el centro del campo del Palmeiras jugaba un futbolista poseedor de auténtica magia, un jugador distinto. Ademir da Guía era un número 10 clásico, dotado de una técnica excepcional, con una zurda prodigiosa y auténtica clarividencia a la hora de ver el fútbol. Al jugador se le achacaba lentitud, incluso pereza. Da Guía jugaba casi andando, con calma .... aunque veía la jugada antes que nadie y suplía con esa velocidad mental su aparente parsimonia. Fue internacional con Brasil, aunque esa forma de jugar no acababa de convencer a todos, lo que junto a una vida privada más bien agitada y el haber coincidido en el tiempo con jugadores como Pelé, Tostao, Rivelino, ... hizo que sus entorchados internacionales se redujeran a 9. En cualquier caso, verle jugar era un espectáculo. Y es que la historia del fútbol brasileño de los 60 y 70 no se reduce al fenómeno Pelé, pues hubo otros centrocampistas con duende: Gerson, Rivelino, Paulo César, Dirceu Lopes, Tonhinho, ... y por supuesto Ademir da Guía. Como muestra del estilo de Ademir da Guía queda esta referencia de la prensa gaditana tras ganar el "Carranza": "Es una especie de violinista que muestra una sonrisa de una suavidad desconocida en el fútbol de hoy".

En ataque, el Palmeiras destacaba por dos extremos excelentes. El diestro era Edu, uno de los mejores carrileros de Brasil, un jugador rápido, vertical y con olfato goleador, si bien no llegó a ser internacional. Tampoco lo fue Ney, un extremo zurdo tan rápido como Edu y con una gran habilidad en el regate. En el centro de la delantera, en el Palmeiras ocurría como tantas veces en la selección brasileña, donde jugaban futbolistas más bien rudos en cuanto técnica, aunque con poderío y olfato goleador, como era el caso de hombres como César o Mario.

Tendría que averiguar cual es la jerarquía actual del Palmeiras en las competiciones futbolísticas brasileñas, lo que no tengo duda es que hace 40 años practicaban un fútbol del bueno.

1 de julio de 2018

Libros que cayeron en junio



El mes de junio, con sus lluvias y la explosión de calor de la última semana, ha sido de acierto casi pleno en la elección de las lecturas. Siete buenos libros, con mención especial para una novela autobiográfica venida de USA ("Refugio"), un brevísimo y tierno relato español ("Sucederá la flor") y una buena novela de una escritora húngara ("El corzo").

Gay Talese es considerado, junto al recientemente fallecido Tom Wolfe,  el padre del nuevo periodismo. Ya leí en su día "Honrarás a tu padre", una valiente disección del mundo de la Mafia y me había llamado la atención "El puente", libro publicado este año por Alfaguar, aunque solamente tienen de nuevo el prefacio y el epílogo, pues el texto original se remonta a 1964. Precisamente éste fue el año de construcción del puente de Verrazano-Narrows, que une Brooklyn y Staten Islandy y constituye el núcleo del ensayo de Talese. Se trata de un puente de 4.176 metros de longitud que más de 50 años después de su construcción sigue siendo considerado un prodigio de la ingeniería. Las vicisitudes de esta gran obra es de lo que nos habla el veterano periodista de origen italiano, pero no principalmente desde el punto de vista técnico ni económico, sino desde un aspecto más humano: los boomers, obreros que trabajan a cientos de metros de altura que vencen al vértigo y están hechos de una pasta especial, miles de personas que tuvieron que ser desplazados de sus viviendas, que hubo que derribar para la nueva autopista, ... todo tipo de sucesos y eventos relatados con ritmo y conocimiento, incluidos algunos hechos dramáticos. En definitiva, una lectura muy interesante que ha valido la pena.

Hace un par de meses hablé de "El entresuelo", un relato autobiográfico del aragonés Daniel Gascón. El buen sabor de boca que me dejó el libro agitó mi interés pos su nuevo ensayo, "El golpe posmoderno", que con el sugerente subtítulo de "15 lecciones para el futuro de la democracia", ha publicado recientemente y  trata del grave problema surgido en Cataluña con motivo de la rebelión iniciada por sus dirigentes. Acerca de la crisis del "procés" se han publicado varios libros por autores tan conspicuos como Eduardo Mendoza, Jordi Amat o Fernando Sabater, pero tal vez sea éste el más extenso y detallado que he leído hasta ahora. Gascón desarrolla los quince aspectos referidos por la frase que acompaña en portada al título del libro de un modo claro, ameno y agudo. No es un ensayo elaborado desde una posición radical, ni siquiera conservadora, pues el autor analiza lo ocurrido con fidelidad a la Constitución y clara postura en defensa de la legalidad vigente, pero a la vez no ahorra críticas a unos y otros, y plantea soluciones avanzadas, sin posiciones intransigentes ni inmovilistas. Independientemente de la opinión de cada uno, de que se pueda discrepar de algún aspecto planteado, considero que estamos ante un trabajo francamente importante. Cabe añadir que mi opinión sobre este joven escritor zaragozano es cada vez más positiva.

Hacía mención no hace mucho tiempo de la reciente tendencia de muchos escritores a incluir en su producción narrativa  el relato de las propias experiencias. Es el caso de "Refugio", escrito por la estadounidense Terry Tempest Williams, quien añade a su condición de escritora la de activista medioambiental. Había leído críticas muy positivas del libro y he andado pendiente de que quedara libre en la Biblioteca pública hasta estar en condiciones de tomarlo prestado. Me ha parecido un libro maravilloso, uno de esos que no solamente te entretiene y enriquece, sino que te ayuda a ser mejor. La autora centra su relato en el gran lago Salado de Utah, estado donde vive con su familia y mientras nos describe el ambiente, el paisaje, las aves que allí viven, la flora, ... aprovecha para contarnos la historia de su familia, donde la mayoría de las mujeres han terminado sufriendo cáncer de mama. Son francamente deliciosas las descripciones de cómo viven y actúan los flamencos, garzas, avocetas, cormoranes, gaviotas, ... algo que me ha llevado a leer el texto acompañado de google, para así poder buscar fotos de todas y cada una de las aves citadas, ... un montón. También son emotivas y bellas las escenas familiares, con el toque dramático de la enfermedad, especialmente en el caso de la madre de la autora, cuya enfermedad y muerte vienen edulcoradas con el tremendo amor que destilan unos y otros y trasciende en la lectura. Un equilibrado y firme ecologismo, los detalles de la religión mormona, dominante en Utah, los recuerdos personales y familiares de Tempest Williams, ... completan una novela que pienso no puede decepcionar a nadie. Aconsejo no leer la contraportada, pues desvela cuestiones que es mejor descubrir en la últimas páginas.

Hace muchísimos años -más de treinta- leí "Los Abel" , novela con la que Ana María Matute llegó a la final del premio "Nadal" del año 1947, galardón que por cierto terminaría obteniendo doce años después con "Primera memoria", una de las mejores novelas en castellano que he leído. En "Los Abel" se basó Enrique Llamas, un joven periodista zamorano, para escribir "Los Caín", relato que contiene precisamente en su inicio una cita del texto de Matute. "Los Caín", primera obra de su autor, es presentada como novela de intriga, si bien la encuadraría en el más amplio género de narrativa. Tiene en común con su obra inspiradora el ambiente lúgubre, los personajes duros y amargos y el encuadre dentro del mundo rural de la España franquista, si bien en este caso en una época posterior, los años setenta. Llamas ha reiterado en las entrevistas concedidas a raíz de la publicación de su libro que su intención era reflejar la maldad humana, enmarcada en este caso en un pueblo de nombre figurado, Somino, ubicado en el interior de Castilla y cuya "idiosincrasia" puede verse reflejada con toda seguridad  en unas cuantas villas reales. El autor logra su objetivo y nos ofrece un libro bien escrito, que recuerda a los grandes narradores de posguerra -Delibes, Martín Gaite, Aldecoa, la propia Matute, ...-, aunque de un pesimismo notable, conun aire francamente sórdido, cruel,  negro. En todo caso, pienso que estamos un importante descubrimiento en las letras españolas contemporáneas.

Dicen que los perfumes más exquisitos se venden en recipiente pequeño; es el caso de "Sucederá la flor", un brevísimo relato de 55 páginas publicado por la editorial "Pre-textos" y escrito por Juan Montiel, un doctor en filología hispánica granadino de 34 años de edad. Montiel, con una prosa sencilla, ágil y tierna nos describe de modo intimista la grave enfermedad sufrida por su hijo de 2 años, un mal que le tuvo entre la vida y la muerte durante muchos meses. De vez en cuando la vida, a través de una breve reseña periodística en este caso, te tiene reservada una lectura especialmente maravillosa, un canto a la vida, a la vez que a la sinceridad y al dolor. El autor nos hace partícipes de sentimientos tan profundos como los de un padre ante su hijo enfermo, donde mezcla la tristeza con la alegría, la ansiedad con la esperanza, la crudeza con la paz interior ... todo con una prodigiosa armonía. Hay quien puede pensar que voy de positivo, que estoy siendo en exceso generoso en elogios con las lecturas de este mes, pero simplemente he tenido suerte, y en el caso de "Sucederá la flor" ha pasado por mis manos una joya.

Simon Leys fue el seudónimo literario del belga Pierre Ryckmans, escritor fallecido hace cuatro años en Camberra. La mayoría de sus obras son ensayos y críticas literarias, pero también hizo sus pinitos en la narrativa, capítulo en el que "Acantilado" ha reeditado con la pulcritud y elegancia que vienen siendo habituales en esta editorial, "La muerte de Napoleón", una de esas incursiones del autor belga en la ficción. Dicha obra -bastante breve- cabe ser incluida en el concepto de  ficción histórica, pues pienso que es la denominación adecuada a  un relato cuyo argumento central consiste en una pretendida huida del emperador corso de su último exilio en la isla de Santa Elena, quedando en ésta y en su lugar una especie de doble, mientras Napoleón emprende el regreso, con nombre supuesto, a París. Un planteamiento de este calibre tal vez exigiera mayor desarrollo e imaginación, pues al final lo que queda es una historia curiosa, con unos personajes bien definidos, pero a la que le falta chispa y capacidad de interesar. En alguna crítica leí que Leys escribe mejor cuando no hay ficción, pero no creo que quepa poner a esta novela la etiqueta de floja literariamente.

Sin ninguna duda, entre los mejores escritores del siglo pasado un buen número de ellos son centroeuropeos. No hay más que traer a colación nombres como Stefan Zweig, Leo Perutz, Joseph Roth, Sandor Marai, Bohumil Hrabal, Imre Kertesz, ... para comprobar la calidad de la literatura de esos países, la mayoría de los cuales vivieron tiempos permanentemente convulsos. En "El cultural" de ABC de hace un par de meses encontré una crítica de "El corzo", novela inédita de Magda Szabo, escritora húngara que vivió entre 1917 y 2007 que ha sido editada recientemente por "Minúscula". Se trata de una narración en primera persona acerca de los recuerdos de la protagonista, Esther, una actriz húngara de fama que evoca su infancia y juventud, nacida en una familia aristocrática venida a mucho menos y su relación con su amiga Angela, a quien envidia su posición y su belleza. El resuiltado es un dramático relato protagonizado por los enfermizos celos de quien cuenta la historia y que se reflejan en todos y cada uno de los acontecimientos de su vida. Novela dura, con cierto toque de tristeza, pero brillante y que mantiene el interés.