Son tiempos difíciles y hay mucha gente que lo pasa mal; no obstante siempre hemos tenido cerca a gente necesitada lo dijo Jesucristo y consta en los cuatro Evangelios (Mt. 26.11; Mr. 14.7; Lc. 22.1; Jn. 12.8). Es posible que la prosperidad económica nos cegara e incluso que alguno pensara que el que no tiene dinero es porque no quiere, así de necios somos a veces los hombres. De cualquier manera, ante la necesidad ajena, y con la obligación de cada cual de buscar una sociedad más justa y una distribución más equitativa de los bienes, surge es fondo bueno que siempre hay en las gentes y brotan iniciativas solidarias, se consolidan las que siempre ha habido y quien más quien menos se planeta como puede echar una mano. También, todo hay que decirlo, es el tiempo de algún que otro "figurón" que busca la foto en el diario, de quien se pone sus medallas en las redes sociales oreando sus buenos sentimientos e incluso de algún predicador contemporáneo que echa broncas en las colas del super a quien no echa una mano al pedigüeño.
Siempre he conocido personas ejemplares en este tema; gente que ha dedicado buena parte su tiempo -de algunos podría decir que su vida entera- a echar una mano a quien lo necesita, a volcarse con los pobres, los inmigrantes, los presos, los enfermos solitarios, ... con todos los que forman esa parte maltratada de la sociedad, ese sector que no ha tenido suerte, que ha quedado arrinconado en el agujero de la miseria y la marginación. Se trata de personas a las que he admirado, y buena parte de esa admiración tiene su causa en dos razones: la convicción y el cariño con el que realizaban su labor y el hecho de hacerlo calladamente, sin relumbrón, sin pregonarlo con trompetas y tambores, sin lucir estandartes que anuncian su filantropía, sin echar en cara a nadie sobre lo que hacen o dejan de hacer.
Yo pienso que la clave son las convicciones, basta con tener bien claro que el otro es igual que tú, que cambian las circunstancias, pero la dignidad personal es la misma. Recuerdo a una persona que conocí en Tarragona -comienzo a repetirme mucho y ya la he citado en otras ocasiones-, ella veía a Jesucristo en los pobres, en los presos ... y le daba igual cualquier otra circunstancia, para mí es un buen ejemplo, cuando empiezas a hacer distinciones se acabó lo que se daba. Puede haber muchos otros motivos ideológicos que muevan a la solidaridad, algunos, sinceramente, me dan cierto miedo, porque me suenan a odio, a revancha, pero cada cual se mueve por convicciones respetables. Eso sí, insisto en que no es siempre más solidario quien más se exhibe.









