1 de octubre de 2019

Septiembre atípico

No ha sido septiembre un mes fácil para leer: falta de tiempo, desorden personal y lecturas más bien complicadas ha reducido a cinco los libros terminados, con la peculiariedad de que todos los concluí en los últimos diez días. No obstante, cabe destacar mi primera experiencia lectora con Moravia y un ensayo actual y de calidad.

En una de las pocas ocasiones en que he podido volver a reunirme con mis amigos de tertulia "negro-criminal" de Huesca, quien es genuino "alma mater" de la misma me prestó "La crueldad de abril", un thriller auténticamente "negro-negro" del gallego Diego Ameixeiras. Se trata de una novela corta, bien escrita y francamente dura. EL relato no está exento de crítica social, y desde mi punto de vista, lo mejor del mismo es la magnífica forma que tiene Ameixeiras de reflejar los ámbitos marginales -el centro del argumento radica en la muerte de dos indigentes en un incendio provocado en la casa abandonada donde malvivían- y los barrios más populares: me ha parecido magistral como nos muestra el autor el ambiente del bar donde trabaja una de las protagonistas. Todo lo que se cuenta es muy crudo, desalentador, sin margen a la esperanza, sin huecos para luz alguna. Creo que es una novela interesante, de un autor cuya lengua habitual es el gallego y que no desaconsejaría a los interesados en la nueva ola de intriga nacional.

Entre las recomendaciones de la última entrega de la Librería "Cálamo" se encuentra "Agostino", una novelita de Alberto Moravia reeditada recientemente por "Altamarea". Moravia, que nació y murió en Roma, fue un prolífico y exitoso novelista italiano del siglo pasado, con una vida azarosa tanto desde el punto de vista político, como de salud y sentimental, llamativo representante del realismo pesimista, cuyos libros sirvieron de guión para un buen número de películas del realismo italiano que imperó en los principios de la segunda mitad del siglo XX. La brevedad de la novela, el no haber leído nada de Moravia y cierto Morbo derivado de haber sido una novela prohibida en su día, me animaron a leerla, lo que hice en tres ratos nocturnos. El escritor, fallecido hace casi 30 años, nos cuenta el descubrimiento de la "vida" por parte de un adolescente de familia pudiente, cuya inocencia choca con los amoríos de su madre y la pillería de unos jóvenes de barrio que conoce en sus vacaciones en la playa. Todo ésto es descrito magistralmente por Alberto Moravia, con un dominio magnífico del lenguaje, una gran capacidad de relatar los compolejos sentimientos del portagonista y una ambientación excelente.

Sonia Hernández es una de esas autoras españolas de nueva hornada que tanta curiosidad me despiertan. Ya he leído textos de unas cuantas -Sara Mesa, Marta Oreriols, Cristina Cerrada, ...- y me llamó la atención "El lugar de la espera", una novela no demasiado extensa -lo cual no es ni mucho menos un error- publicada por "Acantilado".  El septiembre postvacacional me pareció un buen momento para iniciar una lectura que ha termiando, en contra de lo previsto, durando todo el mes. Y es que, como me comentaba el sabio propietario, y ante todo librero, de "Cálamo", Sonia Hernández no es una autora fácil de leer. Se trata de una novela doral, con varios protagonistas que plantean la queja que tan bien definió Enrique Andrés Ruiz en "Babelia": "la catalana Sònia Hernández hace universal la perplejidad de una generación a la que se prometió que podía ser lo que quisiera". El hermano de quien narra el relato en primera persona pretende presentar una denuncia contra sus padres por "venderle"  un futuro tan brillante y feliz como irreal. La verdad es que he podido enterarme mejor conforme avanzaba la lectura, aunque veo en parte en este libro esa tendencia, que personalmente considero más bien desacertada, de vernos todos víctimas y como único culpable al sistema. Una novela curiosa, como queda dicho nada sencilla de leer.

El historiador italiano Emilio Gentile es uno de los mayores expertos mundiales en la historia del fascismo. "Alianza Editorial" ha publicado recientemente "Quién es fascista", una magnífico trabajo -ni mucho menos el primero- de Gentile acerca del tema, con un título francamente sugestivo, especialmente a la vista de la frecuente, y habitualmente injustificada, utilización del término, muchas veces tengo la impresión que con exclusivos fines de descrédito, o cuando menos de manera frívola y "ahistoricista". Me ha parecido un ensayo magnífico, escrito con una clñaridad y profundidad sobresaliente y planteado sin matizaciones ni subjetivas ni mucho menos sectarias. gentile entra primero en temas históricos, relatando con claridad y pormenorizadamente los acontecimientos a partir de los cuales surgió el fascismo en la Italia de los años 20, con la evolución que tuvo esta ideología totalitaria, para luego distinguirlo de otras posturas, así como difereniarlo de las posiciones que mantienen hoy en día políticos populistas y extremistas de diversos signos. Gentile no pretende bendecir ni condenar ideas, sino que se limita a quitar el grano de la paja y aclarar cada idea y posición. Un ensayo digno de ser tenido en cuenta.

Hace ya un tempo que en el mundo de la novela de intriga ha comenzado a proliferar el denominado "true crime", relatos que nos cuentan noveladamente crímenes reales. Se trata sin duda de un ´novedoso género bastante interesante que puede dar mucho de sí. Entre los que ha tenido en los últimos meses una valoración más positiva por los expertos ha sido "La poeta y el asesino", un minucioso y más bien extenso trabajo del británico Simon Worrall, objeto además de una cuidadísima edición, como suele hacer "Impedimenta". Se trata de una novela que tiene bastante más de explicación pormenorizada que de misterio. No cuenta la tremenda historia de Mark Hoffman, un en apariencia respetable padre de familia de religión mormona que dedicó su vida a la falsificación de todo tipo de documentos, con especial mención de trabajos sobre los orígenes de los mormones, en un afán casi enfermizo de desacreditar su propia religión, así como de la poeta Emily Dickinson, que terminó convirtiéndose en un despiadado asesino. Worrall es minucioso hasta el límite, y nos cuenta, además de la propia vida personal y profesional de Hoffman, cada falsificación con todo lujo de detalles. Esto puede hacer algo lenta y cansada la lectura, pero a la vez dota de calidad y credibilidad al relato. El libro va cogiendo interés conforme se avanza, pues hay que reconocer que las primeras cien páginas -y pico- corren el peligro de hacerse plúmbeas.

1 de septiembre de 2019

Lecturas de unas vacaciones gallegas

 
El mes de agosto, disfrutado en su mayor parte por tierras gallegas, me ha traído lecturas entretenidas, algunas de ellas francamente valiosas en todos los sentidos. Destacaría el descubrimiento de una autora sudamericana, una de intriga ambientada en la Barcelona actual y cuatro clásicos que sin duda valen la pena.

Todas las noticias que me habían llegado de "Belleza roja", un thriller escrito por la española Arantza Portabales, eran positivas: críticas de especialistas -entre ellas la de  "Elemental",  mi blog negro-criminal de cabecera-, amigos que se anticiparon a mi lectura, … Lo incluí entre mis novelas de vacaciones y, de hecho, fue la primera lectura que terminé. Cabe añadir que la trama estaba ambientada en Santiago, ciudad donde establecí el centro de mis días de descanso,  lo que convertía la elección en una  decisión perfecta. Para ser redonda faltaba el que el resultado fuera satisfactorio, y debo reconocer que éste respondió plenamente a las expectativas creadas. Se trata de un thriller policial con planteamiento clásico: asesinato de una adolescente que solamente pudo ser cometido por una de las seis personas que se encontraban con ella en la casa. Tanto la calidad literaria como la forma de desarrollar y resolver la intriga me parecieron magníficas. A eso cabe añadir la excelente elaboración de los personajes, todos ellos con debilidades y cosas que ocultar, así como la de unos policías protagonistas, él y ella, que junto a su investigación muestran su lado mas humano y frágil, un pasado complicado y a quienes vemos muy de carne y hueso, nada de investigadores perfectos e infalibles. De esos relatos policiales en los que el interés va creciendo conforme acumular páginas.

Uno de las épocas literarias que he "tocado" poco es la de los clásicos franceses, una laguna que sin duda constituye un llamativo error. Para paliar algo esta limitación, aproveché el haber descubierto, en una de mis rondas por el FNAC del Coso de Zaragoza, la reciente publicación de "La falsa amante", una breve obra de quien es sin duda uno de los más importantes representantes de la época citada, Honoré de Balzac. La editorial tiene el significativo nombre de "Ediciones invisibles" y la colección el aún más elocuente de "Pequeños placeres", denominaciones que sirven para entender la calidad del relato y la poca fama del título concreto. Se trata de una novela de corte romántico, con marcados caracteres tanto costumbristas como de enredo, con tres personajes y tono elegante. Las 123 páginas de que se compone el libro se leen con rapidez y agilidad. Está ambientada en el mundo aristocrático del París del siglo XIX, con un estilo propio del momento y con unos toques dramáticos delicados y carentes de toda espectacularidad. Un libro entretenido que te ayuda a conocer mejor a un autor imprescindible.

En mi libro de literatura de 4ª de bachillerato -ese bachiller super-antiguo, por supuesto- existía una brevísima mención de Giacomo Leopardi, a quien no se si el propio texto o el magnífico profesor que tuve en tal asignatura, denominaban como "el poeta de la desesperación". Intuyo que es esta siniestra denominación la que consiguió mantener en mi memoria a este escritor italiano del siglo XIX que murió en Nápoles cuando aún no había cumplido los 40 años. Con el tiempo, los escritos de Antonio Colinas y alguna fuente más han dado vida a tal recuerdo. Poco más de 50mpáginas tiene "Recuerdos del primer amor", un librito publicado por "Acantilado" el año pasado y en el que mezcla una serie de consideraciones llenas de romanticismo sobre un amor platónico e imposible de Leopardi con unas breves rimas finales reflejadas en su original idioma italiano y la traducción paralela al español. Pienso que a Leopardi hay que leerlo en lugar adecuado, con estado de ánimo concreto y cierta calma. Me ha gustado, pero tendré que volver a degustarlo … es bocado delicado.

El mes pasado comentaba el buen sabor de boca que me había dejado "La hija de la española", una novela en la que Karina Sainz Borgo daba testimonio de la situación actual de Venezuela. Fue esta lectura la que me movió a incluir en mi maleta "La fruta del borrachero", primera novela de la colombiana Ingrid Rojas. En esta ocasión la autora nos habla de lo ocurrido en su país en la difícil y sangrienta época del narcotraficante Pablo Escobar, teniendo aquélla un marcado carácter autobiográfico, pues Rojas tuvo que huir con su familia a los Estados Unidos en esos dramáticos años que abarcan la década de los noventa, huyendo de la guerrilla y de la muerte. De entrada, tengo que dejar bien claro que me ha parecido una novela maravillosa, excelente: de lo mejor que he leído en los últimos años … y asumo el riesgo que corro con esta afirmación.  Ingrid Rojas nos cuenta la historia en primera persona, con la voz de "Chula", una niña que tiene siete años al comenzar su relato. Es, sin duda, una gran habilidad de la escritora conseguir reflejar la realidad desde un punto de vista de quien ve la vida con ojos infantiles, carentes de malicia y complicación, sin saber distinguir guerrilleros, paramilitares, narcos, … La historia es dura: atentados, asesinatos, secuestros, extorsiones, … pero el modo de contarla la suaviza. Y junto a personaje de "Chula", el de su madre y el de su hermana mayor, Casandra, la autora nos regala el de Petrona, otra niña, residente en los cerros miserables que rodean la ciudad y que es la asistenta de la casa de la niña relatora. Petrona es el contrapunto, el reflejo de las dificultades de la vida de los desahuciados y, fundamentalmente, una muestra de la grandeza y la generosidad.

Eduard Palomares es un periodista que lleva quince años en El Periódico de Cataluña. Según cuenta, es un lector empedernido y se ha lanzado a escribir novela de intriga. Su primera obra, "No cerramos en agosto" ha tenido una acogida espectacular, viene avalada por una editorial que acierta casi siempre, "Libros del Asteroide" y puede que esté siendo una de las sensaciones literarias del verano. Desde mi punto de vista, su acierto gira en torno a cuatro vértices: un personaje protagonista  verdaderamente entrañable, la ambientación de la novela en Barcelona, unida a que el autor conoce bien la ciudad y nos sabe contar su ambiente y recorridos, la construcción de una trama sencilla y el haber añadido un toque de humor que consigue que tratándose de un argumento que incluye maldades y crímenes, su lectura se convierta en actividad agradable y hasta jocosa. No se si estamos ante un libro de alta calidad literaria, pero dentro del género es sin duda una novela altamente entretenida, que deja buen sabor de boca y que al terminarla concluyes que no has perdido ni el tiempo ni el dinero. Incluye su crítica social, contrastando la nobleza de la gente sencilla con la doblez de lo que podríamos llamar el "pijerío" barcelonés. Esperemos que Palomares reincida en publicar nuevas aventuras de Jordi Viassolo, un joven aspirante a detective que ha madurado mucho en esta primera entrega, pero al que aún le faltan cosas por alcanzar, entre ellas el éxito en el amor.

No tengo excesivamente trabajado el mundo de los relatos cortos, buen argumento para leer "Diez rupias. Historias de la India", una colección de 18 cuentos escrita por Saadat Hasan Manto, un escritor de azarosa y corta vida -murió pobre y alcoholizado a los 42 años- a quien nada menos que Salman Rushdie calificó como el escritor más importante de la India moderna. El hecho de venir recomendado por la "Librería Cálamo" reforzó mi decisión de leerlo. La cuidada edición de "Nórdica" contiene un prólogo amplio y esclarecedor de Rocío Moriones, del que, como todo añadido ajeno a la pluma del autor, se puede prescindir, aunque no lo recomiendo y en el que se nos explica, además de las duras circunstancias de la vida de Manto, el sentido de sus relatos. Éstos tocan una amplia gama de temas, desde conflictos sociales y religiosos hasta las miserias de la sociedad india pakistaní, con especial referencia al drama de la prostitución de niñas y mayores. También están presentes los conflictos derivados de la guerra de independencia de Pakistán, sin que quepa olvidar que el autor nació indio y murió pakistaní por simples azares de su residencia y origen. La propia redactora del prólogo nos pone antecedentes de cierta irregularidad en la pulcritud literaria de los relatos, debido a la irregular vida de quien los escribió, si bien creo justo afirmar que en su mayoría están cuidados y bien acabados. Tienen el encanto de los que viene de esa zona del mundo, nos dan buena idea de lo que son esos países y, eso sí, alguno es especialmente cruel.

Leonardo Sciascia, italiano nacido en la localidad siciliana de Racalmuto, es uno de esos escritores que he acogido casi como autor de cabecera. La pulcra editorial "Gallo Nero" publicó una breve obra del Siascia titulada "Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel", un breve ensayo en el que el escritor transalpino estudia la documentación elaborada tras el aparente suicidio el 14 de julio de 1933 del poeta francés Raymond Rusell, quien apareció muerto en su habitación del  Hotel des Palmes de Palermo. Tras analizar pormenorizadamente los informes médicos y policiales, así como las declaraciones de los testigos, Sciascia pone en entredicho, treinta años después del suceso, la corrección de la investigación realizada, cuestionando la verdad de las conclusiones a las que se llegó.  El escritor no aporta una solución alternativa en concreto a la oficial, entre otras cosas porque no se lo permite el transcurso del tiempo, pero si que ofrece datos para que el lector pueda llegar a su idea propia. Tras las notas habituales, Julio Reija recata un anexo "a modo de contexto" en el que ofrece una interesante explicación para fijar mejor al personaje protagonista y a la época del suceso. A mí Sciascia nunca me defrauda.

En el último "Cultural" de ABC del mes de julio, aparecía una encuesta en la que se solicitaba a diversos literatos la recomendación de un libro. El escritor gallego José María Merino escogió "Doña Berta", un breve relato de Leopoldo Alas "Clarín" que consideraba el contrapunto a su obra magna, "La regenta", sin duda una de las mejores novelas de la literatura española, representación señalada de la literatura nacional del Siglo XIX -¡nada menos!. No soy capaz de poner en comparación una y otra obra, aunque sí parece evidente que mientras en la historia de Doña Ana Ozores, su marido el magistral, D. Fermín de Pas, etc,  "Clarín" refleja un ambiente urbano, en "Doña Berta" estamos ante una relato ambientado en el mundo rural. Se trata de un drama muy bien escrito, a la altura del autor y de su generación, sin recursos al sentimentalismo, con el contenido dramático de la obra cumbre de "Clarín" y posiblemente de su momento. Cabe hablar de una novela con toques costumbristas, románticos, de crñitica social y por encima de todo, dramáticos.

Hay novelas en las que no pasa nada espeial y, a pesar de todo, es una delicia leerlas. Cabría afirmar que son toda una paradoja: queda dicho que no pasa nada especial, pero tal vez por ello mismo, son "especiales". Es el caso de "Los felices días del verano" un relato ambientado en Palermo en los primeros años del siglo pasado -antes del inicio de la Gran Guerra- en la que el aristócrata italiano Fulco di Verdura nos habla de los felices años de su infancia, cuando llevaba una vida cómoda y distendida en un ambiente tan original como festivo con su familia. El libro, publicado por "Errata Naturae", se lee con agrado: es una lectura amable y el carácter llamativamente travieso y movido que manifestaba el Duque Fulco di Verdura convierte hace a la novela entretenida y las diversas anécdotas, frecuentemente hilarantes, que describe suple la ausencia de trama concreta. "Los felices días del verano" consta de 256 páginas, un número no excesivo que facilita que el relato no corra el peligro de convertirse en reiterativo y monótono ... aunque la narración se corta en los inicios del año 1914, cuando iba a comenzar la 1ª Guerra Mundial, acontecimiento que, con toda seguridad alteró la vida del escritor y su familia, lo que seguro fue también digno de conocer y, posiblemente, un tanto menos festivo.
 
Patrick Süskind es un escritor alemán que se hizo famoso en el mundo literario con su novela "El perfume", un auténtico best-seller que dio la vuelta al mundo, película taquillera incluida. Pero no fue aquélla la única obra brillante de Süskind, sino que unos años después publicó "La historia del señor Sommer", un relato mucho más breve pero con la brillantez y la capacidad de sacar punta a la trama que ya reflejaba en su ya referida obra más exitosa. Aunque en el título de cite al tal Señor Sommer, un extraño personaje que apenas abre la boca en el relato -incido en referirme a su brevedad, 144 páginas, frente a las 320 de "El perfume"- el verdadero protagonista es el niño que relata en primera persona, alguien cuya sencillez y candidez nos remonta a la infancia y que aprenderá rápido las circunstancias y amarguras de la vida. El libro viene a ser como una fábula, y tal vez por ello mismo puede dar lugar a interpretaciones variadas, incluso críticas y "moralizantes" … pienso que es mucho más enriquecedor y recomendable disfrutar con una novela bien escrita y cargada de sentido.

1 de agosto de 2019

Leidos el mes de julio


Julio ha sido sin duda un mes de magníficas lecturas, siempre desde lo subjetivo de cualquier opinión. Recomendaría sin duda los seis libros leídos, con especial mención al de Karina Sainz Borgo, en ensayo histórico de Altares y la breve elección del llorado Camilleri.

Una de las novelas que han "pegado" más fuerte en esta primera mitad del 2019 ha sido, sin duda, "La hija de la española", escrita por la venezolana afincada en España, Karina Sainz Borgo. A leerla me ha animado no sólo las buenas críticas encontradas en fuentes bien diversas y variadas. Optar por esta novela  también tiene por causa cierto espíritu de contradicción, pues  en "Babelia", suplemento semanal de cultura de "El País" que suelo seguir con interés, leí una crítica en la que se cargaban las tintas en unos pretendidos excesos al reflejar la dramática situación actual de Venezuela y las graves injusticias que cometen quienes dirigen la nación. Respeto la postura de críticos de cuyo prestigio no dudo, pero también me "mosquea" que solamente parezcan poder reflejarse con crudeza los abusos de las dictaduras de un color determinado …  no se si los chicos de "Babelia" serían tan rigurosos con Almudena Grandes o Isabel Allende. Por lo que a la novela se refiere, ha respondido a las expectativas, una historia dramática, en momentos francamente dura y un argumento con giros ágiles, cierto suspense y un tema interesante y actual. Yo creo que compensa leerlo.

No recuerdo cuanto tiempo llevaba sin leer una novela de intriga escandinava, en cualquier caso unos cuantos años. Completadas las novelas de Mankell, Larsson y Sjöwall y Wahlöö, solo quedaba Nesbo entre los recursos seguros. Me convencieron las críticas de "Carretera de plata", lo que unido a un argumento sugerente -e inquietante- y una edición pulcra consiguieron que reanudara la costumbre. Es el primer relato de Stina Jackson, una joven autora nacida en Suecia, aunque a los 22 años trasladara su residencia a Denver (Colorado). La novela fue premiada como la mejor obra del género publicada en Suecia en 2018, galardón concedido por la Academia Sueca de Escritores de Novela Negra. Aunque este dato no tenga porqué significar nada, en este caso el premio me parece plenamente justificado. Se trata de una novela de ritmo lento, con perfiles psicológicos muy logrados en sus personajes principales y que te introduce un clima especial cuando la lees. Aunque se vislumbra la crítica de la sociedad sueca propia de sus antecedentes, se refleja en el relato un toque diferencial con lo que estamos acostumbrados a leer de los viejos autores policíacos del norte de Europa.


Entre esos libros breves que uno siempre tiene como recurso para completar sus ratos de lecturas hace tiempo que estaba en sitio preferente "Cartas a Hawthorne", un ejemplar de 108 páginas editado por "La uña rota" en el que se incluyen las cartas enviadas -y conservadas- por Herman Melville a Nathaniel Hawtorne, sin duda dos de los primeros escritores brillantes de los Estados Unidos, autores, entre otras, de obras inmortales como "Moby Dick" y "La casa de los siete tejados". El libro incluye correspondencia de lo más variada y sugerente escrita por Melville no solamente a su colega Hawthorne, sino también a sus hijos. Es el típico libro que, sin tener argumento concreto y unitario, no te hace perder nunca interés por su lectura que resulta francamente deliciosa. Cuenta Carlos Bueno en un prólogo que no debe saltarse, que la amistad entre los dos genios literarios fue enfriándose con el paso de los años, pero mientras Melville va relatando sus ideas sobre temas como la verdad, la fama, la literatura, sin excluir cuestiones relativas a la composición de "Moby Dick", su obra cumbre. Las dos últimas cartas van dirigidas a su hijo y su hija sobre el viaje que realiza por Tierra del Fuego, y resultan realmente amenas e interesantes.

Tres meses me ha costado terminar "Una lección olvidada", un interesantísimo ensayo histórico del periodista español Guillermo Altares, director de "Babelia", suplemento cultural del diario "El País", en el que, fiel al subtítulo del libro -Viajes por la historia de Europa", realiza un recorrido apasionante en veinte capítulos por varios episodios de la historia europea, protagonizados fundamentalmente por la guerra y la violencia. Si he tardado tanto en terminarlo no se debe a que el libro fuera aburrido -¡todo lo contrario!-, ni por ser excesivamente largo -480 páginas-, sino porque era preciso leerlo con tranquilidad, y apuntando las continuas citas bibliográficas que aportan nuevas posibilidades de lectura. Altares no escribe un libro de historia minucioso, sino que se detiene en una pormenorizada explicación de veinte épocas y lugares distintos: la Roma del Renacimiento, la Gran Guerra, el Londres de Sherlock Holmes, Jack el Destripador y la revolución industrial, el asesinato de Olof Palme, la guerra de Kosovo, …  Un ensayo que me ha parecido excelente, se lee con un interés que no decae, es desapasionado, con toque culto …  para disfrutar y cultivarse.

El 17 de julio falleció en la localidad italiana de Borgo Andrea Camilleri, posiblemente uno de los escritores más polifacéticos y prolíficos de Italia. Sus novelas protagonizadas por el comisario Salvo Montalbano son de la mejor de la novela policíaca contemporánea, aunque tiene también otras obras, generalmente de breve extensión, que son una delicia leer … y frecuentemente muy divertidas. Leer algo con motivo de su muerte y en su homenaje casi alcanzaba la condición de obligación moral, y ante la escasez de tiempo para leer antes de iniciar mis vacaciones escogí una pequeña colección de relatos titulada "Gotas de Sicilia", un pequeño libro cuyo título lo dice todo. Destacan especialmente un recuerdo personal entrañable que titula "¿Quién ha entrado en el estudio", un relato brevísimo, de dos páginas, llamado "El sombrero y la boina", francamente ocurrente y elocuente e "Hipótesis sobre la desaparición de Pató", precedente de una novela más amplia posterior  que leí hace años y fue de los más desternillante que ha pasado nunca por mis manos.  Una recopilación que se lee rápido y sirve para llenar del todo esos ratos que tenemos de vez en cuando y que dedicamos a nosotros mismos.

Uno de los géneros que cultivo poco es el de los libros de viajes. No recuerdo la forma por la que llegó a mi conocimiento la figura del periodista francés Albert Londres, uno de los fundadores del periodismo de investigación y que falleció trágicamente a los 45 años en el incendio del paquebote francés Georges Philippar en el Golfo de Adén, junto con otras 53 personas el año 1932. Entre su breve obra, opté por "El judío errante ha llegado", que relata un viaje periodístico que realizó de Londres a Praga con el fin de conocer los judíos que vivían en Europa, pasando por los miserables guetos de Varsovia y Transilvania. El relato tiene el valioso acierto de adelantarse en el tiempo, al plantear el problema del encaje social y político de los judíos cuando aún faltan más de 10 años -lo realizó en 1929- para la 2ª Guerra Mundial y el nazismo es un problema que solamente está asomando ... de hecho Londres no llegó a conocer ni su auge ni la guerra que provocó. EL periodista nos va contando cosas interesantísimas, aunque la lectura no he conseguido que fuera fácil, no se si por torpeza personal o porque la traducción de la editorial "Melusina" no era la mejor.

4 de julio de 2019

Más vale tarde



A veces uno tiene deudas. No siempre son dinerarias, en ocasiones tienen su causa en la dejadez, la pereza, la dispersión que te impide hacer lo que debes en el momento preciso, con la puntualidad adecuada. Lo que pasa es que hay acreedores bondadosos que te lo perdonan casi todo ... esperemos que no se cansen.

Hasta hace unos meses las Cinco Villas eran para mí una comarca más de Zaragoza, donde está la villa originaria del actual presidente de Aragón,  el pueblo de la familia paterna de mi cuñada, la cuna familiar de unos magníficos compañeros de clase, algún castillo, un pueblo tan bello como Sos del Rey Católico y poco más. A partir de un sábado que comienza a alejarse en el tiempo, las Cinco Villas pasan a engrosar el bagaje de mis tesorillos personales.

¿Y qué hubo de especial? ... buena compañía, la generosidad al servicio de un grupo de amigos, el cuidado de los detalles como forma de manifestar cariño y no perfeccionismos ni alardes, un ambiente de confianza, una formas de hacer que ayudan a ser mejor ... y también, lo admito, las mejores migas que he tomado nunca, hechas por un pastor de los de verdad, alguna jota, comida de primera calidad, bien regada por supuesto ... copa posterior incluida.

Me da miedo que en ocasiones no lo sepa demostrar, pero siempre intento ser agradecido. Y este año cuya mitad ya se ha esfumado, fue ésta una de las ocasiones en las que más gratitud sentí. Por todos, por el lugar, y muy en especial por quien se ocupó de que no pudiera salir mejor el plan ... ni pudiera quien suscribe sentirse más a gusto. 

Como decimos a veces: "¿Qué sería de la vida sin estos momentitos?". Habrá que descubrir más sábados para "momentitos".


1 de julio de 2019

Lecturas a alta temperatura


A diferencia del mes de mayo, buen balance lector en este junio caluroso y agobiante. De manera especial, nota muy alta para los tres últimos libros referidos, sin despreciar al resto.

Una de esas novelas que me llamaron la atención desde el primer vistazo fue "La chica de la leica", una amena historia real publicada por Tusquets y escrita por la alemana Helena Janeczek. El relato fue el ganador del premio "Strega", 2018, el mayor galardón literario que se concede en Italia y en cuya nómina aparecen autores como Alberto Moravia,  Césare Pavese, Dino Buzzati, Umberto Eco, Elsa Morante Natalia Ginzburg, Claudio Magirs y unos cuantos más. Janeczek nos cuenta la breve vida de Gerda Taro, una fotógrafa que murió en el frente de MAdrid durante la guerra civil española. La autora emplea el giro literraio de ir y venir en el tiempo pra contarnos las andanzas de la protagonista y sus amigos y compañeros de trabajo en la Alemania nazi, en los ambientes judíos de enotonces y en la España de la guerra. Todo está muy imbuido del carácter idealista, ácrata, bohemio y radical de Gerda y quienes le rodean. En ocasiones no me ha resultado fácil seguir lo que narra la escritora germana, y he terminado leyendo el libro un poco a trompicones. Esperaba algo más de un premio Strega.

Marlene Wind es una danesa que es profesora de Ciencia Política de la Universidad de Copenhague, a la vez que directora del Centro de Política Europea de dicha Universidad. Me pareció una buena carta de presentación para leer su último ensayo, "La tribalización de Europa", atractivo título a cuyo interés cabe añadir el anzuelo publicitario de su vitola roja, que nos hablaba de que Wind le había parado los pies a Carles Puigdemont en alguna ocasión. Su ensayo no se centra en el problema catalán al que dedica dos amenos y sugerentes capítulos, sino que se extiende a la cuestión de los nacionalismos y populismos que se han extendido por Europa en la última década, fundamentalmente a raíz de la crisis económica iniciada en 2008. El Brexit, las políticas de los gobiernos húngaro y polaco, la crisis del liberalismo, … son temas tratados con elegancia y agudeza. Tampoco es que la autora nos dibuje soluciones, y por supuesto, lo que dice es susceptible de diferentes opiniones, pero es un tratado breve e interesante.

El "True crime" viene a ser una especie de subgénero de la novela negra que ha despuntado en los últimos tiempos, a lo que puedo añadir que ha "pillado" también mi atención. He buscado en Google una definición y he encontrado satisfactoria ésta: "El crimen verdadero es un género literario y cinematográfico de no ficción en el que el autor examina un crimen real y detalla las acciones de personas reales". Sin ninguna duda cabe incluir en esta clasificación literaria a "Sombras de Reikiavik",  novela publicada por "RBA" a finales de 2018 y escrita por el periodista británico Anthony Deane, que con el mismo tema elaboró el documental de Netflix "Out of thin air". El libro trata de la desaparición de dos personas en la capital de Islandia en 1974, hecho que dio lugar a la detención, enjuiciamiento y condena de una serie de individuos. En una primera parte se analizan los hechos y el proceso penal, con si desenlace, mientras que en la segunda se refleja la investigación realizada décadas después que dio al traste con lo que en su día parecía indiscutible. Me ha parecido un análisis minucioso, desapasionado e imparcial de un error judicial, con conclusiones y matices que resultan, como no podía ser de otra manera francamente duros y desazonadores. Paralelamente, Anthony Deane nos ofrece un diagnóstico de la peculiar sociedad islandesa. En definitiva, una novela digna de leer.

Katherine Mansfield fue una escritora neozelandesa cuya corta vida -falleció en 1923 de tuberculosis a los 33 años- se desarrolló entre finales del siglo XIX y principios del XX no le  impidió escribir un buen número de relatos de gran calidad, tanta que hay quien ha equiparado los cuentos de Mnsfield a los de antón Chejov. La editorial "Nórdica" ha publicado recientemente una edición ilustrada de "La fiesta en el jardín". El relato, brevísimo, me ha parecido sencillamente maravilloso. En tan pocas páginas no se puede hacer un análisis social mejor, con u  contenido crítico tremendamente fino y sutil no exento de toque poético. Tras leer "La fiesta en el jardín" ha dejado de parecerme frívola y exagerada la comparación con Chejov y he considerado que nunca es tarde para seguir leyendo las narraciones de esta escritora en lengua inglesa con una vida azarosa, una capacidad de lo más plural -era también concertista de violonchelo- y considerada como un adelantada de su época.

Quienes tenemos ya una edad y somos "futboleros" recordamos con pena y estremecimiento la Tragedia de Heysel, cuando cerca de 30 personas fallecieron en una avalancha humana en los prolengómenos de la Final de la Copa de Europa de fútbol de 1985 celebrada en el estadio de dicho nombre ubicado en Bruselas. Es sin duda un buen tema para un libro, y así lo pensó el galardonado escritor francés Laurent Mauvignier que ganó en 2006 el "Premio FNAC" con "En la turba", que "Nocturna ediciones" tradujo al español en 2017. No se trata de un relato temporal y pormenorizado del drama ocurrido hace casi 35 años, sino, desde mi punto de vista, de un análisis de la sociedad que gira en torno al mundo de los seguidores de los grandes equipos, así como una introspección psicológica de los diversos personajes -ficticios en el rrelato, pero claramente situados en un mundo real- que aparecen y desaparecen a los largo de las 400 páginas de la novela. En el suplemento de "Babelia" de 9 de agosto de 2017 he encontrado una frase de Jesús Ferrero sobre el libro que me parece elocuente: "Mauvignier muestra la cara más negra de la sociedad del espectáculo tal como lo entendían los romanos y tal como lo seguimos entendiendo en nuestros días". Un libro magnífico.

No se si fue la curiosidad o la belleza de Sofía Loren en la foto de portada lo que me llevó a comprar "El arte de llevar gabardina", lo último de Sergi Pamies, publicado este año por "Anagrama". Pamies suele escribir en catalán, pero este breve libro ha debido decidir que tenga mayor difusión territorial. Debo confesar que inicié sin excesivas expectativas la lectura de un autor del que sabía poco -limitación que habria de incluirse sin duda en mi "debe"- y que oncluso desconocía que Pamies es hijo de Gregorio López Raimundo lider y diputado del PSUC en tiempos de la transición y Teresa Pamies, escritora con vinculaciones políticas cercanas  a su esposo. Y esta circunstancia es importante, pues el conjunto de relatos que componen el libro tienen carácter notoriamente autobiográfico. Se trata de recuerdos reflejados de una manera que me atrevo a calificar como tierna y descarnada a la vez. Pamies no teien excesivo pudor en contarnos las intimidades familiares, tanto en relación a sus padres como a su esposa e hijos, y es de agradecer, pues escribe de una forma que te mueve a pensar, a comprender, ... en cierta manera a disfrutar. Sin duda, un libro que ha "rendido" por encima de lo esperado.

1 de junio de 2019

Leidos en mayo

No ha sido el mes de mayo uno de los más satisfactorios en mi trayectoria lectora. Pienso que mis comentarios dejan claro lo que recomiendo o no, aunque no siempre gustan o disgustan las mismas cosas a los mismos. 

Hace once años que falleció Rafael Azcona, sin duda uno de los más brillantes guionistas de la historia de nuestro cine; películas como "El pisito", "Plácido", "El verdugo", "La escopeta nacional",  "Belle époque" o "La niña de tus ojos" así lo acreditan.. Pero el riojano tuvo también una interesante faceta de escritor, y la editorial "Pepitas de calabaza" publicó hace unos meses "Viaje a una sala de fiestas y otros escritos dispersos", una colección de relatos de Azcona publicados en diversos medios -el más conocido el diario vespertino "Pueblo"- entre 1952 y 1959. El volumen despertó mi curiosidad y decidí comprarlo. La primera narración es la que da título al libro y fue una delicia su lectura: ironía, humor, crítica social, ... un relato extenso y francamente divertido. Tal vez por las expectativas levantadas por éste, el resto me gustaron menos, incluso en algún momento la lectura se me hizo algo cansina: excesivo surrealismo y un estilo que me llegó a parecer algo pasado. No obstante, en la parte final hay algunos "escritos dispersos" que levantan de nuevo el vuelo. Un libro curioso, que aunque me haya parecido irregular, seguro que gusta ... al menos intriga, a los cineastas devotos del cine español.

En una de mis visitas a la "Casa del Libro" de la zaragozana calle de San Miguel, me entrró por los ojos "Candela", una novela escrita por el novel Juan del Val, un periodista que debuta con fuerza en el panorama literario español, pues la novela ha sido galardonada con el Premio primavera de narrativa. En esta ocasión ha fallado mi "ojo clínico literario", y tras terminar la lectura no se cómo hacer para no esañarme mucho con lo leído. "Candela" es una joven soltera, de familia sencilla, que trabaja de camarera en un modesto restaurante familiar. Con este planteamiento, pensaba que me iba a encontrar con un relato costumbrista, grato, posiblemente dotado de realismo y crítica social. Pero, en mi opinión, subjetiva por supuesto, lo que hay es una novela sin puntos de interés, redactada correcta, pero no brillantemente, y en la que se acude a todos los clichés políticamente correctos de la actualidad, algunos como metidos con calzador. Cabe añadir, que el autor reitera en varias ocasiones la descripción detallada de las aventuras amorosas de la protagonista, lo que no comento como recurso a la moralina, sino entendiendo que no veo tan trascendente para la esencia de la trama tanto "revolcón". En suma, que no puedo recomendar esta novela, ... y que conste que el personaje de la tal Candela se hace simpático. Eso sí, ya he leído unos cuantos comentarios positivos ,,, ¡a ver si el problema es que me cogió en temporada torcida!.

En la página 2 del cuadernillo cultural que acompaña al ABC de los sábados suele haber una miscelánea de pequeñas noticias sobre temas culturales. En el de hace dos semanas se ponía por las nubes  "Peces de colores y hormigón", un breve e intimista librito escrito por la holandesa Maartje Wortel. Los comentarios de Inés Martín Rodrigo ("sorpresa literaria más agradable en mucho tiempo ...") y sus escasas 70 páginas me animaron a comprarlo un sábado y leerlo aprovechando un viaje de ida y vuelta del domingo. Tal vez fue un error apurar tanto la lectura, pero ha sido uno de esos textos de prosa poética que con el que no he acabado de conectar. A la autora se le intuye una sensibilidad especial, existe ternura y nostalgia en cuanto Wortel evoca sus recuerdos de infancia y la especial figura de su padre y me fío del criterio de la periodista citada, pero la realidad es que terminado el libro, con una serie de ilustraciones que reducen aún más su contenido escrito, no sabría explicar más allá del carácter independiente del padre de la escritora y sus planteamientos vitales. En cualquier caso, me fío de tanto canto a la excelencia de las críticas, e invito a leerlo, algo que se hace en un "pis/pas" y tal vez algún alma caritativa me puede explicar mejor el alma del relato.

Stefan Zweig es sin duda, una apuesta segura. Me llamó la atención la reciente publicación por Editorial Plataforma de "La desintoxicación moral de Europa y otros escritos políticos", una recopilación de artículos publicados por el escritor austriaco entre 1909 y 1940. Los citados artículos constituyen un magnífico estudio y un testimonio impagable del pensamiento de Zweig en lo que se refiere a la coyuntura política e ideológica de Europa en la primera mitad del siglo pasado, muy especialmente en torno al antes y el después de la Gran Guerra. El escritor acusa una sensibilidad y una preocupación llamativas por la situación existente, por el auge de los nacionalismos y las ideologías radicales y, por encima de todo, por la necesidad de cerrar las heridas de la guerra y crear una situación que impida su repetición. Salta a la vista que sus deseos no fueron satisfechos con el éxito. Me han gustado mucho el artículo que da título al libro, una reflexión final sobre el reforzamiento de la unidad europea y, por encima de todo, una extenso artículo titulado "Wilson fracasa", en el que relata los intentos frustrados del entonces presidente de USA Woodrow Wilson por conseguir un acuerdo unitario y generoso en Versalles. Leer a Stefan Zweig sigue dando resultado.

Suelo mirar con interés lo que publica "Libros del Asteroide"; por esta razón me "encapriché" de "Rialto,11", relato de la sevillana Belén Rubiano en el que no nos cuenta una historia de ficción, sino que siguiendo una tendencia hoy muy frecuente, nos habla de una historia personal. En el caso de la referida autora se trata de su experiencia como propietaria de una librería en una plaza tradicional de Sevilla. Su lucha para sacarla adelante, mil anécdotas de todo tipo, el contraste entre las pequeñas librerías de librero tradicional y las franquicias y grandes superficies, … son 238 páginas francamente amenas. Rubiano ha conseguido no escribir un libro previsible, no caer en tópicos, a la vez que proyecta una narración que hace disfrutar a cualquier amante de la lectura. La autora utiliza a partes iguales el humor, la ironía, el desenfado, cierta trasgresión y los inevitables rasgos de tristeza de un negocio que termina cerrando. Cuando lo inicié pensé que se trataba de una lectura de riesgo, pues compré el libro con grandes expectativas, y en estos casos uno siempre teme no verlas satisfechas. Afortunadamente puedo afirmar que me ha ido gustando más conforme pasaba las páginas.

La colección "Salamandra negra", como casi todo lo que sale de dicha editorial, ha sido un acierto. Desde su inicio, hace ya unos cuantos años he descubierto una serie de autores del género francamente buenos: Louise Penny, Nic Pizzolato, Jane Harper, Antonio Manzini, … Por eso en mayo decidí insistir en el tema, optando por una novela de espías, "Caballos lentos", del británico Mick Herron, Se trata de una novela de espías, género que en ocasiones me cuesta digerir y bien distinto a los leídos hasta ahora de los autores citados. La novela tiene un largo inicio -más de cien páginas- en las que nos presenta a los personajes, lo que supone un inicio más bien "premioso" de la lectura. Tampoco es fácil su ambientación, "La casa de la ciénaga", una especie de oficina siniestra, al otro lado del Támesis, donde van a parar los agentes que han cometido algún error llamativo. Al mando de la misma está un individuo a quien Herron otorga vocación de continuidad, Jack Lamb y en torno a él pululan una serie de personajes de aire entre "friki" y "perdedor". No ha sido fácil seguir el hilo argumental, aunque al final creo que todo me ha quedado claro. Juan Carlos Galindo, en su blog "Elemental", que la novela supone la primera entrega de una serie de espionaje con la que Mick Herron ha revolucionado el género … habrá que estar a la espectativa, pero la frase la veo excesiva.

21 de mayo de 2019

Adios a otro mito de nuestra infancia

Hoy nos hemos despertado con la triste noticia del fallecimiento de Niki Lauda, quien fuera piloto de Fórmula 1 y triple Campeón del Mundo de la categoría. Lauda, de nacionalidad austriaca, tenía 70 años, le había sido transplantado un pulmón hace  un año, situación que se había agravado con una gripe sufrida este mes de enero durante sus vacaciones en Ibiza. Pero de su vida y trayectoria deportiva ya informan ampliamente los medios de comuincación. Para mí, y tantos de mi generación, Niki Lauda fue uno de aquéllos grandes del deporte que ocuparon parte de las conversaciones y sensaciones de nuestra infancia,  adolescencia y primera juventud en los años 70, como lo fueron Eddy Mercks, Johan Cruyff, Bjorn Borg o Mark Spitz, entre tantos otros. Lauda, un joven piloto, delgadito y con sus míticos dientes de conejo, apareció en el mundo de la Fórmula 1 en tiempos en los que dominaban el "cotarro" pilotos tan importantes como el escocés Jackie Stewwart, el brasileño Emerson Fittipaldi, el neozelandes Dennis Hulme, el belga Jacky Icks, el sueco Ronnie Peterson o el suizo Clay Regazzoni. Lauda veía a ser como la nueva ola del automovilismo mundial y tenía la ventaja, para reforzar su prestigio ante esos jóvenes incautos de la época de pilotar nada menos que un ferrari, uno de esos coches de la escudería de Maranello. Y es que uno tiene la impresión de que si desapareciese Ferrari, la Fórmula 1 ya no sería lo mismo.

Lauda ganó tres campeonatos mundiales -1975, 1977 y 1984-, pero no podemos quedarnos en los números. En primer lugar porque el austriaco fue un número uno durante toda su carrera: un líder, un triunfador, un referente. Pero sobre todo, porque Lauda hubo se sobreponerse a su drama personal. En el verano de 1976, cuando comandaba la clasificación del Mundial, el Ferrari 312T con el que disputaba el Gran Premio de Alemania en Nürburgring se incendió después de estamparse contra el muro y quedó atrapado dentro de él. El piloto austriaco sufrió gravísimas quemaduras y llegó a estar entre la vida y la muerte; su rostro quedó marcado para toda la vida, pero su fuerza de voluntad adelnató su reaparición de manera que solamente se perdió dos grandes premios. El piloto regresó con fuerza para defender su título frente a su gran rival de enotonces, el británico James Hunt, un hombre tan indisciplinado como valiente que al mando de un Mac Laren realizaba la mejor temporada de su vida. Eran tiempos duros, en los que cada año se producían accidentes mortales, como los que costaron la vida a Ronnie Peterson, Francois Cevert, Mark Donohue, Peter Revson y tantos otros.

Fue aquél año cuando se celebró el mítico y recordado Gran Premio de Japón, prueba decisiva en la que Lauda se jugaba el título. Hacía un tiempo infernal, con unas cortinas de agua espeluznantes que suponían un peligro grave y real. Fue entonces cuando Niki Lauda mostró su lado más humano, con su terrible accidente aún reciente, el peso de la responsabilidad pudo con él y decidió retirarse. El ´camino del triunfo quedó expedito para un temerario Hunt, que terminó la prueba u ganó su único campeonato mundial. Pero Lauda supo estar a la altura, porque también supone valentía saber decir "hasta aquí". El año siguiente volvió a coronarse campeón frente a rivales de la talla del sudafricano Jody Scheckter, el australiano Alan Jones, el argentino Carlos Reutemann, el italoamericano Mario Andretti y el propio James Hunt.

Niki Lauda, quye se retiró en 1979, regresó años después y fue capaz de volver a ser campeón mundial en 1984, cuando habían surgido nuevos pilotos del nivel del inglés Nigel Mansell, el brasileño Nelson Piquet, el francés Alain Prost, el finlandés Keke Rosberg o un Aytorn Senna que daba por entonces sus primeros pasos. 

Descanse en paz.



1 de mayo de 2019

Libros de abril


Otro mes que puedo hacer un buen balance de lecturas. Magníficos, cada uno en su estilo, la novela de Landero, el ensayo de Zola y la biografía de Beckett. En novela negra, una reedición tan inesperada como acertada de un clásico francés y un premio Nadal de buena nota, así como una novela histórica entretenida.

El Premio "Nadal" suele tener siempre cierto nivel literario, por esta razón  suelo andar pendiente de su desenlace para tomar buena nota del libro ganador. Este año el certamen, que se celebra la víspera de la fiesta de Reyes, ha sido ganado por el escritor argentino Guillermo Martínez con una novela negra, "Los crímenes de Alicia", un relato policial ambientado en el Oxford actual que tiene como telón de fondo el mundo mágico de Lewis Carroll, autor del inmortal "Alicia en el país de las Maravillas". Ya leí en su día "los crímenes de Oxford", una novela que comparte lugar y protagonistas, llevada al cine con los años y a la que puse buena nota.  Estamos ante una novela bien escrita, con ese elenco de protagonistas/sospechosos que ya caracterizó a grandes del género policial británico como Agatha Christie, P.D. James o la más reciente Elizabeth George. Se trata de un relato que es aconsejable leer con calma, y que tiene el hándicap añadido de que es bueno que el lector ande medianamente enterado -o al menos procure actualizarse- del mundo de Carroll. El interés por al lectura es creciente conforme avanzas en ella, dato que desde mi punto de vista dice mucho a favor de la obra. No obstante, el desenlace no me terminó de convencer, pero creo sinceramente que se trata de una opinión muy particular y, posiblemente, subjetiva.

Las tres primeras semanas del mes dieron de sí lo suficiente para leer de principio a fin una novela histórica. Dentro de poco se cumplirán 500 años de una de las hazañas más importantes de la navegación española, la primera vuelta al mundo, tema sobre el que trata "La flota de las especias", novela publicada por la editorial "Almuzara" y que me llamó la atención desde que la vi anunciada por distintos medios. Su autor es Luis Mollá, capitán de navío de la Armada española y ganador de distintos premios de narrativa marítima. La condición de marino del escritor garantiza la precisión y el rigor  técnico de la narración, por encima de su calidad literaria, aunque haya que decir que la redacción es pulcra y sin errores. Mollá se ha basado en relatos antiguos -alguno procedente de miembros de la expedición- para relatar pormenorizada y extensamente todas y cada una de las etapas del largo viaje de más de 3 años que se inició al mando del portugués Fernando de Magallanes en Sanlúcar de Barrameda y concluyó con el vasco Elcano como capitán -Magallanes murió violentamente mediada la travesía- en el mismo puerto. Se trata de una lectura entretenida, que ofrece detalles interesantes y que se centra no sólo en los avatares de la navegación y las aventuras e incidentes en cada uno de los lugares donde atracan las naves, sino en las rencillas interiores y las circunstancias políticas de la época, con el crecimiento del imperio español con Carlos V y la rivalidad hispano-portuguesa como telón de fondo. La última fase del libro se llegó a hacer algo tediosa, posiblemente por la profusión de datos a que recurre  su autor.

"El montacargas", del francés Frederic Dard, es una novela negra escrita en 1961, uno de los referentes del "noir" galo, aunque debo reconocer que desconocía tanto al autor como a su obra. Me llamó la atención cuando Domingo Vilar, el autor de moda del género en España,  en una de esas breves entrevistas del Cultural de ABC, citó esta novela como una de las que estaba leyendo en ese momento: me pareció una opinión de garantía y puse los medios para hacerme con ella. "Siruela" la acaba de reeditar y sus moderadas 145 páginas eran un aliciente más para convertirla en una de esas lecturas rápidas de época vacaciones como era la Semana Santa. La elección ha sido un acierto: un libro magnífico, auténtica novela negra, con pocos personajes y ambientación adecuada al caso: un hombre recién salido de la cárcel, un pasado oculto y una mujer misteriosa. Dard configura perfectamente cada una de las fases propias de este tipo de  relatos, el asunto se lía hasta parecer de imposible resolución y el desenlace es perfecto. La recomiendo vivamente.

Hace ya muchos años que soy consciente de que Luis Landero es uno de los mejores escritores españoles contemporáneos. Quizá junto a Antonio Muñoz Molina y Fernando Aramburu formen el trío de lujo de la novela española, sin desmerecer a tantos otros. A pesar de esa certeza, no había leído hasta ahora nada del escritor extremeño, por lo que la unánimes alabanzas recibidas por su última novela, "Lluvia fina", las considere una oportunidad para decidirme a comprobar lo que me habían contado, llenar una laguna en mi acerbo literario y hasta desagraviar al literato. El libro no solamente no me ha decepcionado, sino que me ha parecido superior, excelente, de autor de primer nivel. Landero nos cuenta, a través de las conversaciones de sus miembros,  la historia de una familia española de clase media-baja, cada personaje -la madre, sus tres hijos, la mujer del hijo varón- relata su pasado familiar con el pretexto de la comida en homenaje a la madre organizada por uno de ellos con el fin de rehacer unas relaciones rotas desde hace años. El escritor utiliza el recurso de pasa sin solución de continuidad de una conversación a otra, lo que al principio puede hacer difícil seguir  el hilo de la lectura, aunque pronto te haces al truco. Los recuerdos que van surgiendo capítulo a capítulo tienen mucho de duros y amargos, con una intensidad que va creciendo conforme se acerca el final. Una novela magnífica, escrita primorosamente y que, a pesar de su crudeza, lees con sumo agrado.

Sin duda, uno de los conflictos históricos más destacados en la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX fue el llamado "Caso Dreyfuss", surgido a raíz de una sentencia judicial que condenaba al capitán francés Alfred Dreyfuss por traición y que fue considerada, parece ser que con toda la razón del mundo, injusta y antisemita. Uno de los personajes que más ardor puso en la defensa del militar y la crítica a los tribunales fue Emile Zola, el gran novelista francés, padre del naturalismo que publicó una serie de artículos en la prensa y remitió unas cuantas cartas a los políticos galos de la época que aparecen resumidas en su mítico ensayo "Yo acuso". Zola, con una redacción perfecta, un sentido del compromiso llamativo y una pasión reveladora va desentrañando las razones que le llevan a defender a ultranza la inocencia de Dreyfuss, tanta que llegó a ser condenado en primera y segunda instancia por difamación. El escritor parisino no deja títere con cabeza y su alegato, independientemente de la radicalidad que rezuman sus escritos -uno tiene la impresión, por otra parte, de que tal radicalidad está bastante justificada- nos da una lección de valentía y firmeza en le defensa de unas convicciones.

Tomas Beckett ha sido siempre una figura que me ha interesado; en concreto desde que mi profesor de historia de bachillerato nos contó a los de clase su historia y su trágica muerte ... ya se dice que no hay nada como un buen bachiller, y en mi caso, no teniendo claro mi aprovechamiento, sí  tengo la certeza de haberlo recibido. Busqué una biografía del santo inglés, que fue primero canciller de su nación  y luego Arzobispo de Canterbury, y opté por la escrita a inicios de los años 70 por David Knowles, un catedrático de Cambridge. El ensayo no se limita a hablarnos de Beckett, sino que nos ofrece una buena explicación de la Europa del siglo XII, con especial referencia a los problemas derivados de la confusión entre el poder temporal de los gobernantes que se inmiscuían en el de la Iglesia, y a su vez la invasión por ésta de atribuciones que deberían ser exclusivas de los poderes terrenales. Knowles plasma muy bien la reforma que supuso en Roma el papado de Gregorio VII y la nueva época que surge tras sus reformas y las convulsiones que ocasionó. En cuanto a la figura de Beckett no es una biografía que se extienda a su vida de principio a fin, sino que se centra en su vida pública, tanto como Canciller de Inglaterra como luego en su condición arzobispal. El autor nos va introduciendo en las controversias que le enfrentaron con compañeros del episcopado y, en especial, con el rey Enrique II, que pasó de amigo íntimo a enemigo radical, tanto que fue quien organizó su asesinato. Magistral la escena del crimen en la catedral. Libro profundo y digno de dedicarle tiempo.

1 de abril de 2019

Lecturas en tiempo primaveral


De entre los seis libros que he terminado en el mes de marzo, hay uno realmente magnífico, "Una educación", sin desmerecer la última intriga de Cupido y el relato desempolvado de Julián Ayesta. Este mes no ha habido malos libros ... ni regulares.

Ya he comentado en otras ocasiones que Eugenio Fuentes es uno de los autores españoles de novela policíaca que me merecen más garantías. Sabe contarnos historias creíbles y bien estructuradas y tiene un valor literario por encima de la media si del citado género hablamos. Ya he leído unas cuantas de sus novelas, todas protagonizadas por el peculiar detective Ricardo Cupido, y he tardado bien poco en comprar y devorar su último libro, “Piedras negras”, también protagonizado por el citado personaje, aunque esta vez desplaza la acción de la imaginaria localidad de Breda a Toledo. Aunque hay algún lector amigo a quien no ha gustado en exceso el relato, a mí no me ha decepcionado en absoluto. Fuentes nos cuenta una historia con evocaciones de la guerra civil que nos habla de niños robados, familias de abolengo y un crimen realmente macabro, todo ello ubicado en un Toledo cuya ambientación me ha parecido uno de los mayores aciertos del libro. La historia es enrevesada, aunque nadie ha de esperar grandes sorpresas finales. Eugenio Fuentes no ha bajado el listón en cuanto a su nivel literario.

William Styron fue un escritor norteamericano –nació en el estado de Virginia- que llegó a ganar el Pulitzer en 1967 con “Las confesiones de Nat Turner”, un estremecedor relato en torno al líder de una rebelión de esclavos negros. En 1990 Styron escribió “Esa visible oscuridad”, unas sinceras y dramáticas memorias en torno a la depresión, enfermedad que afectó profundamente durante buena parte de su vida. El título lleva como apostilla “Memoria de la locura”, frase que ya nos da a entender la crudeza del ensayo. Es un libro que me ha gustado y estremecido por partes iguales; William Styron no esconde nada y habla sin reservas mentales ni maquillajes de su desesperación, sus planes de suicidio, … en definitiva, ese pozo negro en el que fue cayendo poco a poco. Las noches en blanco, las entrevistas con el psiquiatra, las estancias hospitalarias, … todo nos lo cuenta al detalle. Por poner una pega, la edición de “Capitán Swing” me ha parecido floja, con un formato, una letra y unos espacios que no ayudan a la lectura. No obstante, es un inconveniente que vale la pena pasar por encima, pues se trata de un libro francamente interesante y sugerente.

De vez en cuando uno termina un libro con la conciencia de haber disfrutado de una lectura especialmente buena. Es el caso de “Una educación”, novela autobiográfica de la norteamericana Tara Westover que ha tenido unánimes valoraciones altamente positivas por parte de los críticos literarios de los más variados medios. La autora, que debuta en el mundo literario con este libro, nos cuenta su infancia y juventud en Idaho en el seno de una familia que practica radicalmente la religión  mormona, mayoritaria en el estado de Utah, y que influye de manera nuclear en las vidas de los muchos hijos de un padre fanático, que dedica sus esfuerzos a almacenar víveres ante un próximo apocalipsis, no permite que sus hijos vayan al colegio y considera que los médicos son dañinos y toda enfermedad o accidente se cura en casa. El libro se convierte en un relato pormenorizado de la educación de la autora, quien hubo de superar todo tipo de obstáculos internos y externos hasta salir adelante, llegando a obtener un Máster en el Trinity College de Cambridge y el Doctorado en Harvard. Tara Westover nos cuenta su vida con tanta sencillez como crudeza, y consigue una obra extensa .462 páginas- que no pierde nunca ni ritmo ni fuerza. Vale la pena dedicarle tiempo a esta novedad publicada por “Lumen”.

Dentro del panorama literario nacional han ido apareciendo en los últimos años una serie de nuevos valores que garantizan el mantenimiento del alto nivel que de siempre ha tenido, en mi opinión, la narrativa española. Entre ellos destacan una serie de mujeres cuyas novelas se han convertido en santo y seña tanto de la lucha por el Olimpo de la literatura como en la reivindicación feminista más o menos radical. Entre estas se encuentra Marta Orriols, una sabadellense que inicialmente escribe en catalán, pero de la que ya ha traducido dos novelas. Me gusto el argumento y el planteamiento de la segunda de ellas, "Aprender a hablar con las plantas" y decidí darle preferencia en mi lista de pendientes. Una aceptable calidad literaria, un planteamiento argumental atrayente, un razonable número de páginas (256) y la habitual buena edición de "Lumen" ha hecho agradable la lectura de esta hstoria intimista y pesimista de una protagonista que acaba de perder a su pareja en un accidente con unas connotaciones que reduplican su drama. Creo que promete esta autora, aunque la novela, redactada en primera persona, provoca cierta desazón.

Sara Mesa es  madrileña, y también pertenece a esta generación de escritoras nacidas en la década de los 70 que comienzan a liderar la narrativa contemporánea de nuestro país. Tiene ya bastantes novelas de éxito, con unos cuantos premios literarios en el bolsillo, aunque para debutar con su lectura he empezado con un ensayo publicado en esos atractivos y breves "Cuadernos de Anagrama", recomendado por un inquieto lector que ejercita bien su condición de amigo y asesor en la materia. Dicho ensayo se titula "Silencio administrativo" y el subtítulo que acompaña la portada lo dice todo sobre lo que nos cuenta: "La pobreza en el laberinto burocrático". Sara Mesa relata la auténtica odisea que supone conseguir las ayudas económicas previstas en favor de una mujer indigente en Sevilla. Es sin duda una de esas historias reales que conviene leer, un auténtico despertador de conciencias. Hay que empezar diciendo que Mesa escribe muy bien, con claridad y riqueza de vocabulario, que la historia tiene miga, mucha y que contiene además  dosis de pasión y conciencia social que aportan fuerza a lo que lees. También es cierto que se intuyen inclinaciones políticas determinadas que pueden llevar a la sospecha de cierto sesgo en lo que se cuenta y alguna dosis, pequeña, de demagogia. Pero la historia es real y hace pensar mucho.

Todos los meses le doy un repaso a las "lecturas encadenadas" que aparecen en el blog "Cosas que me pasan". Las críticas que expone su autora son sin duda una garantía. Y leyendo el capítulo correspondiente a enero, descubrí a Julián Ayesta, un escritor asturiano fallecido hace más de veinte años que en 1952 publicó "Helena o el mar de verano", una novelita -88 páginas- que recientemente ha recuperado la editorial "Acantilado". Una vez más acertó la "blogera" en cuestión, y la lectura del libro ha sido una gozada. No hay una trama concreta, sino que el autor, en un tono cercano al lirismo, va relatando sin un orden concreto, recuerdos de adolescencia del protagonista que narra en primera persona, con unos detalles que huelen a relato autobiográfico. Ayesta nos habla de amistades de vacaciones de verano, sentimientos de culpa propios de los jóvenes del año de redacción de la novela, y sobre todo de esos primeros amores adolescentes con toques platónicos y  casi melodramáticos. El relato está ambientado en Asturias y vale la pena.