12 de octubre de 2017

Feliz día del Pilar


Para todos, maños y no maños, mis deseos de un día muy feliz. Que la Virgen del Pilar nos proteja y nos cuide hoy y siempre.

En sus manos quedan mi familia, mis amigos, mis gentes y mis compañeros de trabajo.. Que su intercesión se acentúe para aquéllos y aquéllas que no viven su mejor momento, quienes pasan por penas, dolores y agobios y por mi nación, España.

1 de octubre de 2017

Libros para terminar el verano


En septiembre mis lecturas han sido muy variadas, con tres ensayos y cuatro "ficciones". Cualquiera de los primeros lo recomendaría sin temor a equivocarme, por mucho que en los tres se contienen cuestiones opinables, de esas que enriquecen cualquier debate. En los otros cuatro destacan un clásico europeo y una buena intriga, a los que cabe añadir una entretenida novela histórica y una última que no me ha gustado, y ya lo siento.

Los grandes narradores centroeuropeos de mediados del siglo pasado son siempre una apuesta segura a la hora de escoger una lectura. Stefan Zweig, Joseph Roth, ... son escritores que no  fallan prácticamente nunca. No había leído nada del vienés Arthur Schnitzler, médico de profesión y uno de los grandes de la literatura austriaca. Hace tiempo que me habían recomendado "Apuesta al amanecer", un breve drama publicado en "Acantilado" y que relata con maestría las desdichas en el juego de un joven militar austriaco. Schnitzler nos cuenta de forma maravillosa la torpe y triste historia del alférez Wilhelm Kasda. El ritmo narrativo no pierde fuerza en ningún momento, el autor se centra en detalles que nunca sobran y  consigue crear una tensión y una atención llamativas. Excelente elaboración de los personajes, trama interesante e inquietante y estilo literario de primerísima calidad conforman una novela altamente recomendable. El libro venía con el aval de gente experta y sin ninguna duda ha estado a la altura de las expectativas.

Estas vacaciones un viejo amigo de la adolescencia me recomendó "El color de los ángeles", una novela de la sevillana Eva Díaz Pérez que trata sobre el pintor, también de Sevilla, Bartolomé Esteban Murillo. Considero interesante saber más, aunque sea por la vía de la ficción,  de la vida de los grandes artistas y a esto cabe añadir que hacía ya bastante tiempo no pasaba por mis manos una novela histórica. Con tantos argumentos a favor estuve pendiente de que el ejemplar correspondiente quedara libre en la Biblioteca de Zaragoza y entre el 1 y el 15 de septiembre inicié y concluí una lectura que me ha ido gustando más conforme avanzaba en ella. Con un estilo ágil y un lenguaje culto -tal vez en algún momento algo"relamido"- nos habla sobre la intensa y en momentos trágica vida del pintor, sus dilemas sobre la procedencia de ampliar el tema de sus cuadros -habitualmente encargos para decorar iglesias y capillas- a temas mundanos y el drama que constituyó la pérdida de tres de sus hijos en la terrible epidemia de peste que afectó en su época a la ciudad andaluza. El libro nos sirve para profundizar en una figura apasionante de la pintura española, con datos que al menos yo desconocía,  darnos una visión bastante completa de las grandezas y miserias de la Sevilla del siglo XVII y mantener una intriga interesante que se desarrolla principalmente en la segunda mitad de la novela. La autora va y viene en el tiempo sin que eso afecte a la adecuada lectura. Recomendable para quien disfrute con el género histórico.

Fabrice Hadjadj es un judío converso nacido en la localidad francesa de Nanterre hace 46 años y que ha escrito mucho durante los últimos tiempos. Este verano me recomendaron "La suerte de haber nacido en nuestro tiempo", un breve ensayo de apenas 60 páginas, reflejo de una ponencia que le encargó en su día un cardenal francés, donde trata, desde una perspectiva católica, de diferenciar entre la simple militancia y la convicción y conversión interior, relejando una visión optimista del modo de plantearse la vida y el ejercicio de las propias convicciones por parte de los católicos en estos tiempos complicados que vivimos. El libro, en el que se intuye -casi se toca- el estilo y la enseñanza del Papa Francisco, está muy bien escrito, con continuas referencias a otros autores y pensadores llenas de significado y una profundidad que suple con creces su poca extensión. Está lleno de ideas sugerentes, de sentido profundo y reflexiones interesantes. Se lee en poco tiempo, aunque exige atención porque cada frase significa algo, no hay ni un ápice de paja. Un autor a seguir que no deja indiferente.

Uno de los libros de pensamiento que más ha sonado por diferentes medios durante los últimos meses ha sido "Sobre la tiranía", escrito por el historiador de la Universidad de Yale Tímothy Snyder. Tras leerlo me ha parecido indiscutible que estamos ante  un ensayo elaborado como reacción a la inesperada elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. La forma elegida por Snyder para redactar el texto consiste en es  plantear 20 cuestiones que va resolviendo con brevedad y, en mi opinión,  acierto. Cada apartado resulta sugerente y va aportando ideas para enfrentarse a los peligros del autoritarismo, de la mentalidad totalitaria que asoman en el panorama de Occidente, algo que en algunos casos ha llegado a  adquirir carta de naturaleza. De esta manera este intelectual norteamericano va desarrollando su visión de temas como el patriotismo, el binomio libertad/seguridad,el uso manipulador de palabras y vocabulario, la necesidad de leer e informarse para tener opinión propia, la ética profesional en la política, el periodismo, los peligros de las redes sociales, ... y muchos más. Es de agradecer la clarividencia de Tímothy Snyder, la abundante motivación de lo que nos cuenta y la buena estructuración de libro, lo que facilita su lectura y su valor como fuente permanente de ideas.

Cuando encargué "El eco de los disparos", de Edurne Portela, pensé que se trataba de un ensayo más en el que se hablaba de ETA como protagonista de una larga y lamentable historia, pero nada más comenzar su lectura comprobé que la pretensión de la periodista vasca iba bastante más allá: no me enfrentaba  a una simple exposición de buenos y malos. Eso sí, Portela no cae en esa equidistancia que tan poco me gusta, en ningún momento omite la condena a los actos realmente execrables protagonizados por la banda terrorista, pero a la vez intenta darnos una visión con más caras. El libro se divide en varios capítulos, en cada uno de los cuales y a partir de varias vivencias e historias concretas y breves, la autora desarrolla largas conclusiones, que aunque en ocasiones no son fáciles de seguir, son también amenas, a lo que colabora el estar aderezadas con comentarios sobre obras literarias y cinematográficas en torno al tema. Todo lo que nos cuenta Edurne Portela es muy sugerente, y aunque no termine de compartir todas sus posiciones, creo que estamos ante una obra enormemente honesta. Me parece un libro muy valioso e imprescindible para todo aquél que tenga interés en profundizar en el tratamiento de la época posterior a la violencia de ETA. Portela acaba de publicar una novela con la misma temática que pienso no me resistiré a leer: "Mejor la ausencia", también editada por "Galaxia Gutemberg" con su pulcritud habitual.

Tenía ganas de leer algo de Tana French, una escritora nacida en Vermont, pero que vivió años en Irlanda y ambienta sus novelas policíacas en Dublín. Aunque conocido es mi criterio de leer los relatos de intriga por orden de aparición, en este caso lo he hecho al revés, comenzando con su muy recomendada última publicación, "Intrusión", incluida, por ejemplo, entre las nueve mejores del género en la primera mitad de este año por "Babelia". La trama se sitúa en la Brigada de Homicidios de la Comisaría de Dublín y la protagoniza una joven inspectora, Antoinette Conway, quien debe de luchar contra viento y marea -compañeros de brigada incluidos- para desentrañar las costuras de la muerte violenta de una mujer. Las novelas de French son esencialmente "policíacas", enganchadas siempre dentro de la investigación de un caso concreto. Al menos en el caso de "Intrusión" no estamos ante la clásica escenografía al "estilo Agatha Christie" de personajes variados y autoría que no se resuelve hasta el final, sino que aquí lo importante es la propia investigación, la cual no depara sorpresa alguna si nos referimos a la identidad del autor, pero sí respecto de los entresijos concretos. Buena novela, escrita por una autora digna de seguir y tener en cuenta, aunque sus 528 páginas de extensión es posible que sean demasiadas.

Me apetecía leer una novela romántica y me entró por los ojos "No me dejes", un relato ambientado en París e inspirado -así se refleja en el propio subtítulo de la portada- en "Ne me quitte pas", el inmortal tema de Jacques Brel, considerado la más bella canción de amor escrita nunca. El autor es Máxim Huerta, periodista y escritor valenciano que está teniendo bastante éxito con este tipo de novelas "tiernas". Sin duda la canción de Brel ha pasado a la historia, algo que dudo bastante ocurra con este libro, que -me duele decirlo- me ha decepcionado. Como tantas veces digo cuando mi crítica no es positiva, es posible que no haya sabido realizar la lectura debida, pero a lo largo de la misma no he conseguido encontrarle el truco al escritor. Huerta nos cuenta las soledades y dolores sentimentales de cuatro protagonistas, añadiendo una especie de "narrador" cuyo papel no he logrado descifrar, saltando de personaje en personaje sin demasiado orden y concierto y con un argumento que me ha parecido más bien flojo. Solamente buscaba lo que algunos llaman un "rollo de amor", pero no he encontrado satisfacción a mis pretensiones. Las críticas que he encontrado en la red han sido positivas, de lo que dejo constancia para dejar una puerta abierta a quien se plantee leerlo. En mi caso, cuando de buscar novelas románticas se trate, creo que la próxima vez acudiré a clásicos como Victoria Holt, Nicholas Sparks, Nora Roberts o Rasamunde Pilcher ... por ejemplo.

28 de septiembre de 2017

Ecos de infancia


Es posible que conforme cumples años, tus recuerdos vayan siendo más selectivos. E imagino que, al quedar más lejanos en el tiempo, es algo que ocurre de modo especial con los de la infancia. Mi infancia, como la de tantos de mi generación tuvo bastante de feliz, era una época de desarrollo económico, la complicada situación política del país no trascendía en exceso a unas simples criaturas y entre los planes familiaresm los cariños de padres y abuelos, las incidencias colegiales, las primeras amistades, con las que protagonizabas planes bien poco sofisticados y lo que te dejaba ver la única televisión de entonces, los años pasaron sin sobresaltos. Y con todos los condicionamientos y circunstancias que podamos pensar, no queda en mi memoria, que aún goza de buena salud, recuerdos de engaños ni manipulaciones. Quedaba, por lo visto muy lejos, eso de la posverdad, un concepto que debería estudiar mejor, pero que así de entrada me comienza a producir urticaria.

Por eso me sorprende, me enfada y me duele el que se utilice a los niños para cuestiones que están tan alejadas de las actividades que le son propias. Los niños, a estudiar, a foirmarse, a aprender a respetar a todos y a jugar. No me rasgo las vestiduras, entre otras cosas porque por mi profesión -y por las canas que luzco- he visto cosas mucho más gordas y niños que son víctimas de agresiones bastante más graves, pero utilizar infantes para reivindicaciones políticas y banderías locales, sean del signo que sean, lo veo reprobable ... y aquí intento contener mi vocabulario. ¡Que Dios nos proteja a todos!, que nos aleje, si es que es posible en algún caso,  de fanatismos e histerias ... y que respetemos un poquito más a la infancia, que no debería estar para según que cosas.

8 de septiembre de 2017

Muerte de un cómico


El pasado 20 de agosto falleció en Las Vegas Jerry Lewis. El actor, nacido en Nueva Jersey, contaba 91 años y ya hacía tiempo que andaba delicado de salud. Lewis fue una auténtica leyenda de la comedia americana -por lo tanto, también de la comedia mundial- y consiguió su primera notoriedad formando una indudable pareja con Dean Martin, un duo en el que Martin era el siempre el galán y Lewis, el bufón. El actor fallecido tenía una personalidad muy definida, y un estilo de humor, abundante en gestos y movimientos convulsos, que podía no gustar a todo el mundo. De lo que no hay duda, es que fue un genio en lo suyo, y un triunfador que no se limitó a interpretar, pues también fue cantante, director y productor de cine y guionista.

En el obituario de Sandro Pozzi en "El País" se cita a "En guerra con el ejército" (1950), dirigida por Hal Walker, "Loco por Anita" (1956), dirigida por Frank Tashlin, "El terror de las chicas"  (1961),  y "Las joyas de la familia" (1965), las dos últimas dirigida por él mismo, como sus películas más célebres. Sin duda, cabría añadir "El profesor chiflado" (1963), una de sus cintas más piopulares, características y representativas. El citado Pozzi refleja nos cuenta que "Su nombre figura en más de 60 películas, incluyendo su labor como productor. Ocasionalmente también dirigió series de televisión. Sus detractores le reprochaban haber sido demasiado repetitivo con su humor. Como otros artistas caracterizados por una personalidad compleja, era más querido fuera de EE UU, donde se le comparaba con Chaplin y Buster Keaton". Queda claro que Jerry Lewis no despertaba precisamente indiferencia, y que cu "currículum" evidencia una enorme capacidad de trabajo y de genio artístico.

En mi memoria queda haber visto tres films de Lewis. El primero de ellos, "Tres en un sofá" (1966), un film que dirigió e interpretó junto a Janet Leigh y que vi siendo muy niño en el Cine Mola de Zaragoza, con una temática que me hace sospechar que no me debí enterar de nada. En una de esas reposiciones veraniegas del Cine Latino fui a ver "El recluta" (1957), que había sido dirigida por George Marshall y en cuyo reparto aparece un secundario tan significativo como Peter Lorre; recuerdo que la película era en blanco y negro y haberme reido bastante. la obra de Lewis que quedó en mi retina con más agrado fue "Lío en los grandes almacenes" (1963), de Frank Tashlin, vista en una de esas tardes de domingo en el salón de actos del colegio de la Enseñanza de la calle Bilbao, en la que Jerry interpretaba con acierto total el papel de novio inútil de hijo consentida de rico americano, propietario de unos grandes almacenes que regía con mano de hierro su esposa, cuyo papel correspondía a Agnes Moorehead, quien hasta entonces era para mí era la tremenda madre de Samantha Stevens en "Embrujada", con ella trabajaban también dos secundarios inolvidables: John McGiver y Ray Walston. 

El actor norteamericano era uno de los grandes de la historia del cine de su país y del mundo que permanecía con vida. Era sabida la fragilidad de su salud, y tras una larga vida llena de frutos artísticos ha llegado la hora de entrar en el lugar reservado a los mejores. Descanse en paz.

5 de septiembre de 2017

¿Hasta dónde quiere llegar Corea del Norte"


Ya se que Putin no tiene buena prensa, que lo que dice y hace suele ponerse en cuarentena. Pero lo último que le he leído me ha puesto los pelos de punta y no debería caer en saco roto: "La histeria militar en torno a Corea del Norte puede conducir a una catástrofe planetaria". No soy capaz de interpretar lo que pretende decir o insinuar el máximo mandatario ruso, pero ya van unos cuantos días que tiendo a tomarme en serio las alarmas que saltan en cuanto ese personaje llamado Kim Jong-un comienza a lanzar amenazas y a mostrar sus poderes ... lo último, probando una bomba de hidrógeno "quién sabe donde". Hasta hace poco tendía a pensar que esas adertencias no eran más que "Boutades", delirios de alguien cargado de ego, vanidad y delirios de grandeza y poder. De un tiempo a esta parte, comienzo a pensar que no deja de haber motivos de alarma.

Y con ese supuesto poder armamentístico y la naturaleza del individuo en cuestión, las alarmas que surjan no deberían ser ni escasas ni leves. Más vale tomarse en serio estas cosas, y tratar entre todos de superar divisiones y dedicar las mejores cabezas pensantes en los temas pertinentes para ver como enfrentarse a un problema. No digo que las palabras de Putin me parezcan proféticas -¡esperemos que no!-, pero periódicamente me viene a la cabeza eso de que en Occidente andamos demasiado cómodos y corremos en peligro de que el próximo susto sea muy grande

1 de septiembre de 2017

Lecturas vacacionales


Las vacacciones han dado para diez libros, cifra que no está mal, por mucho que alguno ya viniera empezado de julio e incluso de unos cuantos meses más. Todos los leídos han tenido su encanto y han cubierto las expectativas -que no eran igual de altas en todos los casos-, aunque tengo que destacar mi primera experiencia literaria con Guy de Maupasant y un magnífico ensayo cobre el rey Leopoldo II de Bélgica y el Congo.

Hernan Rivera Letelier es un escritor chileno con tan buen nombre como generosa producción. Aunque ha llegado a realizar una afirmación tan rotunda como que “las novelas negras me aburren a morir”, se ve que no ha resistido la tentación de escribir una, y hace no demasiados meses “Alfaguara” publicó “La muerte es una vieja historia”, una originalísima novela policíaca ambientada en un pueblo chileno y protagonizada por dos personajes tan geniales como sorprendentes: un investigador privado que hasta el caso de autos solamente se dedicaba a casos de infidelidades conyugales y una peculiarísima monja de la caridad … no sabría decir cuál de ellos me ha hecho reír más. La historia no tiene ni pies ni cabeza y las situaciones descritas son tan curiosas como desternillantes. Rivera tiene una gracia enorme para reflejar el tono satírico y divertido de la historia, escribe de forma ágil y aprovecha para incluir una marcada crítica social, cuestión que parece inevitable en las novelas policíacas del nuestro tiempo. Utiliza muchos términos propios de la zona, lo que exige estar con diccionario al lado y puede espantar a algún que otro lector que yo conozco.

Los veranos suelen ser propicios para la aparición de thrillers de moda que terminan vendiéndose como rosquillas. Fue el caso de “La verdad sobre el caso Harry Quebert” en 2013 y, hace un par de años, de “La chica del tren”. Este años el “superventas” indiscutible ha sido “La sustancia del mal”, ópera prima del italiano Luca d'Andrea. Una difusión anticipada, un tema atrayente y una crítica favorable han servido para que muchos lectores, entre los que me incluyo, lo hayan convertido en lectura obligada de estas vacaciones. Cuando una novela provoca tanta expectación uno intuye dos peligros: que todo sea un producto de mero márketing y que a la hora de la verdad no cubra las expectativas abiertas. En lo que se refiere a la segunda cuestión, puedo confirmar que en mi caso ha respondido a lo esperado -entretenimiento y originalidad-, pues la he encontrado amena, me ha parecido una intriga bien construida, con una lectura aditiva y un desenlace que no decepciona. Ahora bien, no me atrevo a asegurar que su éxito no ande relacionado con su promoción, ni que se trate de una joya del género. De cualquier manera nos encontramos con un relato ambientado en un escenario tan atractivo como los Alpes austriacos y un argumento tan interesante como el de un periodista americano que desempolva la investigación fracasada en su día de un espeluznante triple crimen sucedido en una montaña majestuosa -el Bletterbach- y que afecta a un pequeño pueblo de montaña -Siebenhoch-, un lugar cerrado cuyos habitantes reciben con recelo y agresividad que alguien trate de hurgar en el pasado. Lo que d'Andrea relata contiene, eso sí, elementos bastante inverosímiles. Hay quien la ha comparado con Stephen King y Jo Nesbo … del primero recoge cierta toque “escatológico”, pero ni se me ocurre qué similitud puede tener con el escritor noruego. A Brunetti no le ha gustado nada, y su opinión tiene prestigio.

Manuel Alcántara es un veterano poeta y periodista malagueño. Poseedor de una forma de escribir original, culta y brillante, sigue siendo a sus 89 años un fijo de las columnas de muchos periódicos nacionales. Una de sus grandes aficiones ha sido el boxeo, realizando durante once años las crónicas boxísticas del diario Marca. Dichos años (1967-1978) coincidieron con la mejor época del boxeo español, y con las mejores de ellas se publicó en 2014 una recopilación titulada “La edad de oro del boxeo”, libro con el que he disfrutado mucho durante la primera semana de agosto. Alcántara no es un mero relator de combates, sino que escribe con un arte especial, convirtiendo sus crónicas en magníficos relatos que perduran en el tiempo. Los autores de la recopilación, Teodoro León Gross y Agustín Rivera, quienes también redactan el prólogo y firman la entrevista a Manuel Alcántara -interesantísima por cierto- que figura tras sus crónicas, han reunido quince espléndidos trabajos, en los que me he deleitado recordando el campeonato mundial obtenido por Legrá frente a Winstone, los míticos combates de Pedro Carrasco frente a Mando Ramos, el europeo que Urtain ganó en Madrid al alemán Peter Weiland, el triunfo de José Durán en Japón ante Wajima o el mundial que consiguió Perico Fernández en Roma ante el nipón Furuyama, entre otros. Un excelente testimonio periodístico y deportivo.

Guy de Maupassant fue sin duda uno de los grandes escritores de la siempre excelente narrativa francesa; aún sabiendo ésto, todavía  no había leído nada suyo. Maupassant fue un hombre de poco equilibrio, atormentado y poseedor de un carácter complejo, tanto que falleció joven y enloquecido. Fue un maestro de los relatos cortos, comparándosele con Poe y Chejov. En la biblioteca del lugar donde he pasado mis vacaciones encontré “Los domingos de un burgués en París”, en una moderna y cuidada edición de “Periférica”, por lo que consideré que había llegado la oportunidad de comenzar a conocer también sus escritos. Se trata de una novela breve, satírica y de una perfección literaria notable. Maupassant realiza una crítica mordaz y despiadada de la burguesía parisina, reflejada en el ridículo protagonista, el señor Patissot, un funcionario solterón y egoista que se estrella continuamente en su afán de disfrutar de la vida. La novela no tiene un argumento lineal, sino que cada capítulo viene a ser una aventura distinta del personaje, con cuyos “patinazos” el autor aprovecha para plasmar su crítica social y dejar en paños menores las costumbres y formas de hacer del francés medio. Una delicia de novela.

Entre las novelas de evasión que me llevé de vacaciones se encontraba “La mujer del camarote 10”, una de las novedades de intriga más recientes, escrita por la escritora inglesa Ruth Ware. Buscaba un libro de entretenimiento, de esos que te cogen la atención y para este fin ha servido. La novela tiene un aire que te recuerda a “La chica del tren”, aunque su calidad anda unos peldaños por debajo del exitoso relato de Paula Hawkins: la novela está mucho menos elaborada. Opino que el primer problema del  libro se encuentra en su excesiva extensión: 352 páginas para una narración que pienso no daba para tanto. Los dos primeros tercios del relato están logrados: la presentación de personajes, muy al estilo Agatha Christie, el planteamiento de la trama y el desarrollo del argumento están bien hechos y se leen con agrado. El problema aparece cuando la autora alarga en exceso el desenlace, tanto que supone una tercera parte del libro. Este tramo final me ha parecido lioso y reiterativo, carente del climax propio del género y con el tradicional desenlace sorpresa en el que Ware pienso que no ha medido los tiempos. Como material para pasar el rato está bien, pero ni siquiera me parece una novela destacable dentro de un género tan ligero como la novela de intriga de ocasión … y tómese nota de que no hablo de género policial porque en este caso no hay policías entre los protagonistas.

No sabría decir donde descubrí, no hace mucho, un libro que me llamó la atención: “Los niños perdidos”, un breve trabajo de menos de cien páginas escrito por Valeria Luiselli, escritora mejicana que actualmente reside en Nueva York, donde trabaja de traductora en la corte migratoria de dicha ciudad en materia de defensa de niños emigrantes. Y de ésto habla el libro, del complicado proceso legal del que depende el futuro de unos niños que han llegado a USA procedentes de El Salvador, Honduras, Guatemala, … por los más complejos y dramáticos medios. Para explicarnos su experiencia al escuchar las vidas y desventuras de estos niños, Luiselli se basa en las cuarenta preguntas que se les hacen cuando comparecen ante la Corte. De ahí saca el material para relatar -y denunciar- situaciones realmente duras e injustas. A veces la lectura se hace reiterativa, pero vale la pena aguantar hasta el final, pues se trata de un testimonio no solamente interesante, sino también aleccionador y capaz de despertar nuestras confundidas y a veces contradictorias conciencias “occidentales”.

Conocida es mi afición por los ensayos sobre la transición española. En esta dirección tome nota de "Memorial de transiciones", escrito por Juan Antonio  Ortega y Díaz Ambrona, letrado del Consejo de Estado nacido en 1939 y que vivió los años del llamado "tardofranquismo" y la propia transición casi siempre entre bastidores, aunque  llegó a ocupar sillón en el Consejo de Ministros de Suárez -cartera de Presidencia- y Calvo Sotelo -Educación-. Había visto el volumen en las librerías, aunque lo que me empujó a leerlo finalmente fue una entrevista radiofónica de Ana Palacio, quien fuera Ministra de Asuntos Exteriores con José María Aznar. No se trata de una lectura exclusiva de vacaciones, pues la extensión de libro -700 páginas,sin contar índices finales- ha supuesto una larga compañía mutua desde febrero, Me han parecido unas memorias muy ecuánimes y bien desarrolladas. Aunque el autor nos habla de su infancia y juventud, el meollo del texto gira en torno a la segunda mitad de la dictadura franquista, los extertores de ésta y los primeros años de transición. Ortega, miembro en su día de Izquierda Demócrática -partido democristiano encabezado por Joaquín Ruiz Jiménez y del grupo Tácito, se centra mucho en el fracaso inesperado de la Democracia Cristiana en las primeras elecciones democráticas de posguerra, cuestión de gran interés; el autor se centra en las vicisitudes de los distintos grupos de esa ideología, los "egos" de sus líderes y las razones del frustrante desenlace. También son de interés los relatos de la crisis de 1969, de los años de presidencia de Arias Navarro y, por supuesto, del nacimiento de la UCD en torno a Adolfo Suárez y la evolución de la izquierda.Creo que apenas cae en la egolatría que existe a veces en las memorias y que ofrece una versión con novedades en relación a lo mucho que se ha escrito sobre el tema.

En el blog "Elemental", excelente rincón de novela negra de la sección digital del diario "El País", su "alma mater", José Carlos Galindo, propuso a primeros de julio  un lista de nueve thrillers para leer en verano. Los división en tres grupos: "los de siempre", "clásicos y poderosos" y "en el  reino de los espías". Entre los segundos me llamó la atención "Visitation Street", primera novela importante de la norteamericana Ivy Pochoda. Como el propio Galindo comenta, se trata de una novela "inclasificable", que tanto puede pasar como thriller que como drama neoyorquino ... existe cierta intriga que se descubre al final, pero no es lo más importante. La novela es, fundamentalmente, una historia dura ambientada en el barrio obrero de Red Hook, en la costa neoyorquina, cerca de Brooklyn, de la bahía donde van a parar las aguas del East River. Es una novela llena de personajes sorprendentes, cuya psicología nos muestra muy bien la autora, quien nos habla de vidas duras, de diferencias económicas y raciales, de tráfico de drogas, familias rotas, ... Es como una especie de preparación para el múltiple desenlace final, que no es explosivo, sino una demostración de como puede sacarse ternura y esperanza entre gente que vive en contenedores, personas con traumas interiores, venta de marihuana y de crack y pobreza evidente. Ivy Pochoda consiguió con esta novela ser la más vendida en Amazón en 2013 y ahora es publicada en español a todo plan.

Precisamente en la misma entrada del blog "Elemental" a que hacía referencia en mi anterior reseña, se incluía entre los thrillers recomendados la primera incursión en el género de la escritora norteamericana Tawni O'Dell, mención que despertó en mi mente el recuerdo de sus primeros relatos que había considerado hace tiempo como posible lectura, "La fiebre del carbón". Fue sin duda una suerte este chispazo de la memoria, pues me ha descubierto una buena narradora contemporánea. "La fiebre del carbón" está ambientada en la frecuentemente olvidada USA pobre, un pueblo minero del estado de Pennsylvania donde treinta años después aún perdura el recuerdo de una trágica explosión que acabó con la vida de más de cien personas. El protagonista es el hijo de uno de esos muertos y regresa al lugar para trabajar como ayudante del sheriff mientras trata de superar los dramas que arrastra del pasado y un secreto que viene a ser como la intriga del relato, aunque se desvela mediada su lectura. Buena ambientación y personajes de carne y hueso.Habiendo buen tono literario, viene bien encontrarse con esa América ausente de glamour, con más alcohol, polvo y sudor que brillo y dólares. A ratos me ha perecido de ritmo irregular, aunque nunca se sabe si esto es problema de quien escribe o de quien lee. Una nota sin duda positiva es que me ido gustando más conforme avanzaba la segunda mitad de la narración. Toca a esperar si  O'Dell luce también en la intriga.

Entre las novedades literarias aparecidas en torno al inicio de este verano, me llamó la atención de manera especial "El fantasma del rey Leopoldo", un ensayo histórico escrito por el profesor universitario neoyorquino Adam Hochschild. El libro, publicado por vez primera hace casi veinte años y reeditado ahora por la innovadora editorial "Malpaso", relata con detalle la vulneración de derechos humanos ocurrida en el Congo entre finales del siglo XIX y principios del XX por la codicia del rey Leopoldo de Bélgica. Se trata de un estudio minucioso, cargado de datos y documentación, de como la ambición surgida por la explotación del marfil y, fundamentalmente, del caucho dio lugar a un auténtico genocidio que, en opinión del autor, ha tenido una trascendencia histórica mucho menor que otros de parecidas consecuencias. Estamos ante un estudio pormenorizado, que se remonta a las primeras exploraciones realizadas por el mítico Henry Morton Stanley -bastante desmitificado aquí, por cierto- y va explicando el modo en el que el monarca belga terminó considerando el Congo como una propiedad personal. Hochschild nos cuenta detenida y detalladamente los tremendos abusos sufridos por los aborígenes -azotes, amputaciones, asesinatos, ...- que derivaron en una auténtica situación de esclavitud. Junto a ésto, también se nos cuentan la admirable actuación de una serie de personas que se dejaron su prestigio, su salud y en algún caso hasta sus vidas para denunciar la situación y defender los derechos de los habitantes del Congo. Una lectura tan apasionante como cultivadora.

30 de agosto de 2017

Un esforzado del toreo


El pasado 26 de agosto falleció en Madrid a la edad de 68 años el matador de toros albaceteño Dámaso González. Durante mucho años, en especial en las décadas de los 70 y 80, el dietro fallecido ocupó lugares de privilegio en el escalafón taurino. Albacete, ubicada en lugar privilegiado de La Mancha, ha sido cuna de toreros de cierta importancia, como Pedro Martínez "Pedrés", Juan Montero, Manolo Amador o Manolo Caballero, entre otros, pero ninguno llegó tan lejos como Dámaso González, sin duda el mejor torero de la historia taurina albaceteña.

No fue González un torero de adornos y fuegos artificiales, lo suyo fue la sobriedad, la constancia, la exigencia. Todos los críticos que han valorado su figura con motivo de su adios, han coincidido en especificar dos valores imprescindibles en cualquier buen torero que se precie y que Dámaso tenía en plenitud: valor y temple. La combinación de ambos hicieron cuajar un matador que dominaba a sus contrincantes, que trabajaba con esmero y esfuerzo cada toro y convertía en auténtico todo lo que hacía. El torero fallecido compartió gloria con matadores de la talla de Francisco Rivera "Paquirri", José Mari manzanares (padre), Pedro Moya "Niño de la Capea", Paco Ojeda y Juan Antonio Ruiz "Espartaco". Sin duda, fue uno de los destacados de una excelente y larga época taurina.

Recuerdo que Dámaso González, que en sus inicios respondía al apodo de "Curro de Alba", tuvo una aparición arrolladora en las novilladas de  finales de los años 60. En la plaza de la Misericordia de Zaragoza recuerdo unas cuantas actuaciones triunfales compartiendo cartel con Gregorio Lalanda, un entonces ya veterano novillero, sobrino de Marcial Lalanda, que vivía tiempos de cierto resurgimiento y del también albaceteño Julián García, un torero tremendista, que llegaba a dar muletazos sentado en el llamado "pase del reclinatorio". Luego tomar´çia la alternativa el día de San Juan en Alicante, con "Miguelín" de padrino y "Paquirri" de testigo, confirmándola en Madrid durante la siguiente Feria de San Isidro, en presencia de "El Viti" y Miguel Márquez.

El diestro manchego no era muy alto, y se le achacaba cierto desaliño, al llevar frecuentemente la corbata ladeada. Pero ni la estatura ni la situación de la corbata fueron óbice para que se convirtiera en uno de los grandes matadores de toros de nuestro tiempo. Hombre sencillo y cabal, ausente de todo divismo y asentado en la vida, su desaparición ha sido sinceramnete sentida por todos. descanse en paz.

29 de agosto de 2017

Los caprichos excesivos del presidente Macron


No cabe duda de que el todavía reciente presidente de Francia es un personaje peculiar. Su triunfo fue una sorpresa notable, y sin despreciar sus propuestas concretas ni su posible valía personal, da la impresión de que en su triunfo electoral influyeron bastante tanto el desprestigio de los partidos tradicionales como el miedo a un posible éxito de los populistas que encabezaba Marine Le Pen. No ando muy al día de la actualidad política gala, pero últimamente he leído que su popularidad ha caido muchísimo desde que el 14 de mayo entrara a ocupar las habitaciones principales del Palacio del Elíseo.

Sin duda, poco habrá ayudado a crecer su prestigio entre los franceses la noticia publicada recientemente de que ha invertido 26.000 euros en maquillaje. Cuesta creer que pueda ser cierta tamaña inversión en la propia "belleza", pero de ser así entiendo que estamos ante algo más que un exceso en el cuidado de la propia imagen, y que semejante gasto es injustificable. A la hora de plantearme qué puede haber movido a Enmanuel Macron a invertir miles de euros en colonias, peluqueros, cremas, potingues, etc no se si pensar que se trata de una mera inconsciencia, un descuido ... lo que no es bueno porque mal asunto es que el presidente de una de las potencias europeas no controle estas cosas; tal vez sea una frivolidad, lo que no añade disculpa ... o piense que le corresponde, lo que sería peor.

18 de agosto de 2017

Dolorosa barbarie


El atentado cometido ayer en Barcelona nos ha estremecido a todos. Afortunadamente aún somos capaces de unirnos en el dolor y en la solidaridad. Siempre habrá quien intente sacar rédito político al drama del terror, y hasta quien aparente disimular el alcance de lo ocurrido con términos que pueden sonar a equívocos. Pero por encima de todo ha prevalecido la reacción serena, algo asustada y, por encima de todo, humana ... porque a partir de hoy y por culpa de unos ciegos fanáticos habrá quien vea cambiada su vida y alterada, sino suprimida, su sonrisa.

Pero la vida sigue y a quienes quedamos vivos nos queda la obligación de continuar con lo nuestro, seguir creyendo en esos valores que cada cual considera importantes y hacer de tripas corazón. Porque olvidar, pienso que ni podemos, ni queremos ni debemos. Eso sí, al ver las tremendas imágenes de la desolación de tantas personas, eme planteo que  debería sernos mas sencillo, ... más necesario, comprender a todos, superar barreras y dar siempre la mano. 

4 de agosto de 2017

Uno de los ídolos de "entonces"


La muerte de Ángel Nieto no supone solamente el adiós de un gran deportista, un piloto de motociclismo con la maleta llena de títulos mundiales. Con Ángel Nieto desaparece un pionero del deporte español, uno de los pocos héroes deportivos de aquéllas viejas épocas de escasez de éxitos españoles. El piloto zamorano fue, junto a nombres como Santana y Orantes, Mariano Haro, Paquito Fernández Ochoa, ... uno de los pocos españoles que reinaron a nivel mundial en los años 60 y 70 en los deportes individuales.

Angel Nieto ganó su primer campeonato del mundo en 1969; a partir de ahí consiguió un total de trece títulos mundiales ... aunque a él le gustaba más bien hablar de "doce más uno". Seis de ellos los consiguió en la prueba de 50 cc, mientras los otros siete lo fueron con motos de 125 cc de cilindrada. Sus primeros éxitos los obtuvo con motos de fabricación nacional -Derbi y Bultaco-, aunque también subió al podium de los mejores militando en Kreidler, Morbidelli y Garelli. En aquéllos años -el último título lo obtuvo en 1984- hablar de motos era hablar de Angel Nieto. Su melenilla corta, su voz más bien aflautada, su hablar pausado y su seguridad y valentía a caballo de una moto eran paisaje habitual de todo tipo de programas televisivos. 

Eran años en que alcanzar un título mundial era una auténtica hazaña para un español. Y aunque en deportes de masas como el fútbol y el balon-cesto teníamos ídolos indudables -Amancio, Iríbar, Gárate, Marcial, Buscató, Luick, Brabender, ...-, quien más quien menos era consciente del mérito de este hombre que había salido de la nada, pues creció en una familia zamorana que emigró a MAdrid en busca de trabajo, instalándose en un chabola de Vallecas. A Nieto el ruido de los motores y la velocidad a dos ruedas le llamó desde pequeño, comenzando a materializar sus sueños trabajando de aprendiz en un taller madrileño.

Ángel Nieto no fue el único piloto de motos predestinado a llegar al máximo en este tipo de competiciones. El mismo año en que Nieto ganaba su primer mundial, fallecía en un terrible accidente en el trágicamente famoso circuito de la británica Isla de Man Santiago Herrero, un madrileño de 27 años que comandaba la clasificación del mundial de 250 cc. Herrero era la gran esperanza española del motociclismo,  y  el dolor de su desaparición fue compensado con la aparición de Nieto, que precisamente a partir del accidente de su compatriota. inició su escalada en la clasificación de su categoría hasta proclamarse campeón del mundo.

Durante más de una década el piloto fallecido fue el indiscutible rey de las categorías inferiores. Fue un auténtico pionero, y sin él hubiera sido muy difícil que en los años posteriores otros pilotos como Sito Pons, Alex Criville, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, ... alcanzaran los máximos galardones en cilindradas superiores. Ángel Nieto ha sido, desde su retirada todo un símbolo de un deporte que no abandonó nunca y al que ha seguido "aferrado" como director deportivo, padre y tío de pilotos y comentarista periodístico. En Ibiza, inesperadamente, disputó su última carrera. Descanse en paz.



1 de agosto de 2017

Libros de julio


A lo mejor ha sido el calor, pero lo cierto es que en el recién concluido mes de julio he leido con bastante improvisación. Según iban surgiendo las ideas -o los caprichos- he ido cogiendo títulos que han sumado siete libros bien distintos. Los firmados por Echenoz y Mahfuz me han parecido francamente buenos, "La Soria de los sueños rotos", tan duro como interesante y los otros cuatro con virtudes y algún "pero". 

Una tarde-noche del último invierno entré en la sucursal de la Casa del Libro de la madrileña calle de Fuencarral. Una librería suele suponer, para algunos, un muestrario de tentaciones bastante difícil de rechazar. una vez más caí ebn la "trampa" y me encapriché, entre otros, de "Nosotros en la noche", una brevísima novela que se exhibía con el atractivo de un argumento lleno de ternura -el amor crespuscular de un viudo y una viuda de clase media baja de una pequeña localidad cercana a Michigan- y el hecho de tratarse del último libro escrito por su autor, Kent Haruf, quien lo inició sabiendo  que le quedaba poco tiempo de vida: de hecho falleció en 2014, el mismo año en que consta la edición del libro. Se trata de un libro grato de leer, emotivo, con una historia llena de ternura, sin nada de morbo y ausente de sobresaltos, aunque en cierto modo esperaba más del mismo. A pesar de que la propia contraportada de la novela deja claro que no pasa gran cosa, que Haruf solamente pretende reflejar una historia de soledad compartida y sentimientos en plena vejez, al acabar la lectura -128 páginas a doble espacio- me quedé con la sensación de que podía haber dado un poco más de sí.

"La Soria de los sueños rotos" es uno de esos libros de edición corta y a los que se da poca publicidad. Me llamó la atención una breve recensión que hace ya unos meses leí en "El Cultural" de los sábados de ABC y pude conseguirlo, no sin esfuerzo,  gracias a la profesionalidad de la Librería "Cálamo" de Zaragoza y a la bondad de una amiga. Su autor es Manuel Villar Raso, un soriano ya fallecido que fue profesor universitario en Granada. Dicho escritor no es precisamente  un novato en el mundo de la literatura, pues llegó a publicar unas veinte novelas, ganando varios premios literarios y llegando a ser finalista de uno de los más prestigiosos, el Premio Nadal. En el libro, editado por la Diputación de Soria y el Ayuntamiento de Olvega, nos habla en "modo ficción" de lo sucedido durante los tiempos de la República, guerra civil y primeros años de posguerra en esta última localidad, pueblo natal del autor. Villar Raso tiene una manera original de escribir, respetando los modos de hablar de la gente y contando lo acontecido de manera breve y directa, haciéndolo compatible con un lirismo que se pone de manifiesto describiendo ambientes y paisajes. Lo que se nos cuenta es muy duro, reflejando odios, asesinatos y miseria, aunque a la vez sabe ofrecernos los aspectos bellos de la vida, como la hermosa historia de amor de los dos personajes protagonistas, representantes de cada uno de los dos grupos sociales enfrentados. Un testimonio de una época convulsa de nuestra reciente historia que me ha gustado más de lo que llegué a pensar cuando me preocupé de conseguirlo.

Naguib Mahfuz  fue un escritor egipcio galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1988. Una de sus grandes obras fue la "Trilogía del Cairo", cuyo primer libro, "Entre dos palacios" leí hace unos años. Me pareció literatura de calidad, y aunque no fuera de fácil lectura, terminó gustándome mucho, a pesar de lo cual aún no he leído las otras dos entregas. Sí he tenido la ocasión de desquitarme de esa provisional omisión con "El día que mataron al líder", una novela mucho más breve ambientada en los días en que asesinaron a Anwar El Sadat, presidente del país, a quien por cierto Mahfuz no trata excesivamente bien. En capítulos seguidos y alternos se describen los relatos de un abuelo, su nieto y la novia de éste. El libro se convierte en un buen testimonio del estilo de vida y costumbres de Egipto, de las peculiariedades de la sociedad de ese destacado país árabe, con un tono de notoria crítica social y política. A la vez narra las desventuras amorosas de la pareja protagonista, cuya relación aparece condicionada por ancestrales rigores religiosos y sociales. El desenlace se relata en paralelo a la forma en que viven los tres personajes principales el atentado que costó la vida al entonces presidente egipcio. Novela para leer con calma y fijándose en los detalles y matices.

Jean Echenoz se ha convertido en uno de esos autores de cuyos nuevos trabajos estoy siempre pendiente. Forma parte sin duda de esa formidable generación de escritores franceses actuales y posee, entre otros, el pretigioso premio "Goncourt". Habían pasado por mis manos "Correr", "14" y "Capricho de reina", tres magníficas novelas, breves y bien escritas. Por esta razón no tuve ninguna duda en andar pendiente de la web de las Bibliotecas de Aragón para esperar mi turno de cara a poder leer su última obra, "Enviada especial". La espera y la paciencia han vuelto a valer la pena, por mucho que se trata de un relato de naturaleza bien distinta a los leidos hasta ahora, pues en esta ocasión se trata de una genial parodia, escrita con un estilo ágil y divertido, en el que, por medio de una estructura narrativa que en sus dos primeros tercios es un auténtico "puzzle", nos cuenta una historia chusca e increíble sobre una misión organizada por un supuesto general francés que envía a Corea del Norte a una audaz y engañada espía con los procedimientos más sorprendentes e hilarantes que quepa imaginar. Una lectura divertida, que debe efectuarse con calma para empaparse de una historia francamente divertida, ocurrente y paradójica.

Amelie Nothomb es una escritora belga muy fecunda: desde 1992 no ha pasado año sin publicar una novela. Todas las opiniones que había escuchado sobre ella habían sido muy positivas, por lo que al ver presidir las novedades editoriales de mis librerías de cabecera su último trabajo,  "El crimen del conde Neville", pensé que era la ocasión de leer por primera vez a esta autora. Con esta novela me ha pasado algo muy curioso, y es que mi amigo Brunetti, uno de los lectores de "reconocido prestigio" que me  había hablado con entusiasmo de Nothomb, la compró a instancias mías y la leyó antes, informándome que en esta ocasión el libro le parecía más bien intranscendente. No deja de ser una situación compleja comenzar una lectura con la opinión negativa de alguien en quien confías, y lo cierto es que no me ha parecido una novela imprescindible. Eso sí, leer "El crimen del Conde Neville" me ha entretenido, contiene diálogos divertidos y no he ahorrado alguna sonrisa ante un argumento tan poco creíble como superficial. Quedo a la espera de leer otras obras de la escritora para disfrutar de esos libros que por lo visto superan con creces éste.

En julio he seguido consumiendo producto nacional en materia de novelas policíacas. En esta ocasión la elección ha recaído en "Puerto escondido", novela escrita por la gallega María Oruña y publicada hace dos años por Destino. Un relato que, como "El silencio de la ciudad blanca" -comentada en mi anterior entrega literaria- nace con vocación de trilogía. Podriamos decir que estamos ante una novela de intriga modelo "Baztán", pues teniendo personalidad y argumento propio, su estructura y enfoque recuerda a la exitosa trilogía de Dolores Redondo. La trama está ambientada en Cantabria -Santander, Suances, Comillas, Santillana de Mar, ... aparecen a lo largo de la narración- y  la autora nos la cuenta, a través de capítulos alternativos, por medio de dos historias distantes en el tiempo -una en torno a las épocas de guerra civil y posguerra y otra en nuestros días- que como es lógico acaban entrando en conexión. La novela es entretenida, bien ordenada, sin que la alternancia de relatos haga perder ni el hilo ni el interés. Oruña no evita el tono "tremendo" de su relato y tiene la habilidad de incoar en la penúltima página cierto misterio para alentar el interés de la segunda entrega, que por cierto ya lleva varios meses a la venta. No obstante, calidad literaria solamente discreta.

Entre uno de esos interesantes artículos "aglutinadores" de libros que nos ofrece con frecuencia "Babelia" me llamó la atención hace un tiempo uno que recopilaba títulos de novelas ambientadas en Madrid, y entre ellos, ¡vete a saber la razón!, me llamó la atención "Saliendo de la estación de Atocha", una novela no muy larga escrita por el estadounidense Ben Lerner, un escritor que se autocalifica de poeta, pero cuya narrativa tiene bastante éxito, y que fue publicada en 2013 por "Literatura Random House". El librio nos habla de Adam Gordon, un joven de Providence que está becado en Madrid para realizar un proyecto poético, aunque en realidad lo que hace es vivir bien, fumar porros, tomar tranquilizantes y deambular en un ambiente despreocupado y bohemio. El relato desemboca en los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2003 y todos los acontecimientos que se desarrollaron a partir de ellos, aunque pienso que no es el eje de la narración. Resulta interesante acompañar los recorridos del joven Gordon por Atocha, las calles de Santa Ana, Huertas, ... el Hotel Ritz, el barrio de Chueca o el restaurante "Zalacaín", entre otros lugares, incluyendo un caótico viaje a Barcelona. La novela me ha entretenido a ratos, aunque su lectura también ha tenido momentos de cierto bostezo.

17 de julio de 2017

En la muerte de un gran secundario


Ayer falleció Martin Landau. Había nacido en Brooklyn -toda una premonición- hace 89 años y desde hacía días se encontraba internado en el Ronald Reagan UVLA Medical Center de Los Ángeles, víctima de una enfermedad que se agravó inesperadamente en las últimas horas. Landau fue, indudablemente, un gran actor, con una mirada dura y cortante con la que cerró brillantes actuaciones en papeles de personaje complicado, aunque también se le recuerdan trabajos más entrañables.

La primera vez que tuve conocimiento de la existencia de este autor fue cuando interpretaba al agente Rollin Hand, un genio del disfraz, en la versión televisiva de "Misión Imposible" que protagonizaba Peter Graves y en la que también trabajaban Bárbara Bain, una rubia que leyendo los obituarios de la prensa de hoy me he enterado que era entonces su esposa, de la que se divorciaría en 1993, Greg Morris, como un experto en tecnología y Peter Lupus, como el necesario complemento de fuerza física. Siempre quedará en la retina de quienes aprendíamos de la vida a marchas forzadas durante esos magníficos años 60  aquéllo de que  "esta cinta se autodestruirá en breves segundos". Martin Landau era, sin duda, el actor de más calidad del amplio reparto de una serie que compitió con éxito con las grandes creaciones televisivas de su época: "El Santo"; "Los intocables", "El fugitivo", "Los vengadores", "Mannix", "Ironside", "Audacia es el juego", ...

Pero la referida serie no fue el primer gran trabajo del actor fallecido. Martin Landau formó parte en 1959 del magnífico reparto de "Con la muerte en los talones", para casi todos uno de los mejores trabajos de Alfred Hitchcock. En dicha película encarna al joven y siniestro Leonard, ayudante del pérfido Philipp Vandamm -James Mason-, el jefe del grupo de espías que confunde al pobre Cary Grant con un agente del gobierno -un inexistente Mr. Kaplan- cuando no es más que Roger O. Thornhill, un tan simple como apuesto publicista a quien obligan a ser héroe contra su voluntad, aunque ello le sirva para conocer a una bellísima Eva Marie Saint. Inolvidable la escena de Landau obligando a Grant a tragarse un vaso palmero de bourbon o la mítica persecución final en el Monte Rushmore.

Martin Landau, sin ninguna duda, era un actor merecedor del Oscar, aunque le costó tres nominaciones conseguirlo. La primera de ellas, siempre como actor secundario, fue por "Tucker, un hombre y su sueño" (1988), el film en el que Francis Ford Cóppola relata la vida de Preston Tucker, el ingeniero que revolucionó el mundo del automóvil y en el que desempeña el papel de Abe Karatz, el magnífico vendedor que colabora con el protagonista. Ese año el premio se lo llevó Kevin Kline por su trabajo en "Un pez llamado Wanda". En 1989 volvió a aspirar a la estatuilla por su trabajo en "Delitos y faltas", un trabajo dirigido por el mismísimo Woody Allen e interpretando a un oftalmólogo acosado por su amante. En esta ocasión quien se llevó el gato al agua fue Denzel Washington por "Tiempos de gloria". 

En 1994 llegó la hora de la verdad: a la tercera fue la vencida. El éxito se cimentó en "Ed Wood", película dirigida por Tim Burton y en la que relataba la fuerte relación entre el mítico director de cine de terror que da nombre al film, que interpretaba Johnny Depp y el actor Béla Lugosi, magníficamente representado por Landau. Esta vez el Oscar se lo llevó con todo merecimiento Martin Landau, y eso que sus cuatro rivales eran de nivel y habían sido elegidos por su trabajo en películas de gran éxito: Samuel L. Jackson ("Pulp fiction"), Chaz Palminteri ("Balas sobre Broadway"), Paul Scofield ("Quiz show") y Gary Sinise ("Forrest Gump"). De la filmografía del actor norteamericano todavía recuerdo un modesto papel en "Cleopatra" (1963) y su trabajo como protagonista en "The Majestic" (2001), una entrañable película de principios de este siglo. Sin olvidar una intervención de "asesino" invitado en uno de los episodios de "Colombo" en el que desempeñaba el papel de dos hermanos gemelos.

Descanse en paz.

15 de julio de 2017

Nostalgias cinematográficas


Hubo tiempos en los que ir al cine suponía un acontecimiento, una experiencia, unas sensaciones que no tienen nada que ver con las actuales. No se trata de dar a entender que cualquier tiempo pasado fue mejor, de arremeter contra las rutinas de ahora, de llorar momentos que no regresarán. Sin más, viene bien de vez en cuando evocar el pasado que vivimos, recuperar emociones, valorar lo que tuvimos y, tal vez por encima de todo, alentar que con los recuerdos retomen vida quienes ya se fueron y añoramos cada día.

Una veces  al cine se iba con los amigos, en ocasiones en manada, como cuando media clase acudimos al Cine Rex allá por marzo de 1973 para asistir al fenómeno cinematográfico del año, "La aventura del Poseidón", donde Gene Hackman lideraba la lucha por sobrevivir de Ernest Borgnine, Shelley Winters y unos cuantos más. Otras veces tocaba conformarse con los reestrenos, el cine de barrio, las matinales del "Palacio" y el "Victoria" o la semi-imposición de las películas siempre "toleradas" del "Cine Mola". También había salas inaccesibles, como el "Palafox" o el "Rex", que costaban sus duros, o el recién cerrado "Elíseos", que era de arte y ensayo, donde nos imaginábamos pasaban proyecciones tremendas. También había "expediciones" familiares, en cuyo caso las pelis revestían forma de comedia o se recurría a la factoría "Disney", sin olvidar cumpleaños y otras celebraciones en las que mandarnos al cine no dejaba de ser una forma de quitarnos de en medio.

En nuestra nómina cabían los western en los que John Wayne asumía el papel de héroe, los que concluían con la llegada del "Séptimo de caballería", alguna aventura creativa de Grégory Peck o algunas mas rudimentarias, tal vez rodadas en Almería. Y también las películas de romanos, cuando aún no conocíamos las ocurrencias de Sabina;  en el "Dorado", y el "París" no eran infrecuentes las coproducciones hispano-italianas en las que se les despistaba algún centurión con "Duward Aquastar" o postes telefónicos y marcas de "Jeep" en en desierto. A mi memoria vuelven los grandes estrenos de mi infancia -""Mary Popins", Oliver", ...-, la reposición de las superproducciones históricas -"Ben Hur", "Quo Vadis", "Los 10 mandamientos", ...-, como si continuaran sonando en mis oídos los temblores de las paredes rojas del "Fleta" mientras Nerón quemaba Roma, Moises-Charlton Heston abría las aguas del Mar Rojo o Ben-Hur disputaba con Mesala una carrera de cuádrigas que ponía los pelos de punta.

Siguen vivas en nuestras entretelas las entradas de colores, las taquillas que fomentaban la impaciencia, los acomodadores uniformados y talluditos, esos efluvios de ambientador más o menos baratos, el pequeño bar con chicles y caramelos masticables, los intermedios, los frescos del cine "Latino", el "gallinero" del "Goya" y el "Coliseo", alguna gamberrada que otra, ... todo sigue vivo. mientras cada cual seguimos siendo personajes de la película de nuestra vida.


12 de julio de 2017

Falleció Paquita Rico



El pasado domingo, día 9 de julio, falleció Paquita Rico, y lo hizo en el Barrio de Triana, donde había nacido 87 años antes. Su biografía resalta su origen humilde: su padre vendía pescado y camarones por la calle y su madre planchaba y cosía por las casas, mientras ella era expulsada de la peluquería en la que había comenzado a trabajar a los 10 años por beberse los biberones del hijo de la dueña, dormía en los bancos de los teatrillos donde actuaba para ahorrarse el coste de una pensión y no aprendió a escribir hasta los  19 años.

Sus inicios artísticos fueron en un programa de radio, y de allí fue fichada como "telonera" por el cantaor Pepe Pinto, pareja de La Niña de los Peines, quien la presentó al público como “la gitana de bronce”. No obstante, ante el enfado de su padre que le achacaba despreciar su apellido paterno, eligió seguir actuando como Paquita Rico. La trianera fue una artista completa, y triunfó tanto cantando mejor que nadie la canción española como en el cine, incluso con alguna incursión en el teatro, donde llegó a protagonizar "Bodas de sangre" bajo la dirección de José Tamayo. Fue, junto a Carmen Sevilla y Lola Flores la indudable representante de toda una época del folclore andaluz y español.

En la pantalla la película que le consagró fue "¿Dónde vas Alfonso XII?,  dirigida en 1958 por el italiano Luis César Amadori y con el galán Vicente Parra como compañero de protagonismo. En el film interpretaba a María de las Mercedes de Orleans, la primera mujer de un rey tan querido por el pueblo como Alfonso XII y que falleció a los siete meses de su matrimonio con el monarca tras una relación apasionada y romántica. La película supuso una revolución en su día y tuvo un enorme éxito de público. En aquellos años, cuando se acababa de salir de lo dolores y los rigores de posguerra y el país iniciaba el llamado desarrollo, con la llegada de la televisión y el "Seiscientos", mientras los pueblos costeros se convertían en lugar de veraneo popular, una película de este tipo tenía el éxito asegurado, y a ello contribuyó sin duda el excelente trabajo de Paquita Rico, que llegó a recibir en Cannes un premio a la simpatía.

En la vida real, la artista fallecida tuvo también su tragedia particular. En 1960 contrajo matrimonio con Juan Ordóñez, de estirpe torera, pues era hijo del mítico "Niño de la Palma" y hermano de Antonio Ordóñez, y que ejercía de banderillero. Tras cinco años de relación, Ordóñez, que sufría de frecuentes depresiones, decidió quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos. Aunque tres años después volvió a contraer matrimonio con el industrial canario Guillermo Arocha, el dramático final de su primer marido dejó una herida permanente en el corazón de la artista.

Mi recuerdo infantil de Paquita Rico, tiene mucho que ver con los ecos de la célebre canción de su película "estrella" -"¿Dónde vas Alfonso XII?, ¿Dónde vas trsite de tí? ... Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi ...". Me viene a la cabeza como mi mente de niño no entendía que una historia de amor tan dulce pudiera terminar mal, pues en mis cuentos las princesas no morían, y si lo hacían regresaban a la vida. También está presente el nombre de Paquita Rico cuando me vienen a la cabeza los programas musicales de los sábados por la noche, en los que aparecía con frecuencia la cantante fallecida, siempre como final de programa, en el tiempo reservado a la estrella especial de la semana, donde cantaban los grandes del momento -Raphael, Manolo Escobar, Juanita Reina, ...-.

Poco se hablado de Paquita Rico en las últimas décadas, posiblemente no sólo por los años que le iban cayendo encima y por cierta pérdida de actualidad de su estilo artístico, sino por no haber sido personaje propicio a los escándalos y demás "dimes y diretes". Queda la figura de una mujer bellísima, elegante y con una sonrisa permanente, aunque a veces ocultara dramas personales. Descanse en paz.

1 de julio de 2017

Lecturas con ola de calor


Repasando mis lecturas del mes de junio compruebo que entre ellas cabe destacar dos cuestiones: por un lado y sin pretenderlo, he rendido todo un tributo a los escritores  españoles, pues cinco de los siete libros terminados en el mes son de autores nacionales, lo que no deja de constituir todo un acierto. La otra cuestión destacada es haber leído una joya literaria como la "Sonata de primavera" de Valle-inclán, una lectura sencillamente deliciosa. Del resto de libros hago también un balance positivo.

En los últimos tiempos ando siguiendo bastante de cerca la obra de los escritores aragoneses. Uno de los más significativos y actuales es Agustín Sánchez Vidal, galardonado además con el Premio de las letras aragonesas 2016. El escritor había tenido varios éxitos seguidos con unas cuantas novelas históricas de interés, aunque el libro que he escogido para leer ha sido su última obra, "Viñetas", novela que viene con una ambientación y temática bien distintas. Sánchez Vidal nos traslada al ambiente rural para ofrecernos una historia de posguerra cuyos protagonistas son una familia de labriegos que surge de la más absoluta pobreza. Utiliza el sistema de partir del presente al pasado a través de los recuerdos, plasmados éstos en los dibujos y gráficos -de ahí el título- que deja como herencia el hermano de quien relata, que acaba de fallecer. Tiene el libro un toque costumbrista, que se refleja en situaciones como la magnífica recreación del cine del barrio, aunque impera el drama y la crítica social, sin excluir cierta intriga.. Son recuerdos de un tono trágico, con reflejo de las miserias materiales y personales de los años 50 y 60, y también con episodios más ligeros y un toque positivo que es de agradecer. Una novela entretenida.

Se cumplen cien años de la revolución soviética, un buen momento para leer una historia sobre el evento. De momento, y siguiendo un consejo de alguien que sabe, he empezado con un brevísimo ensayo, casi un artículo largo, titulado "La revolución rusa" y escrito nada menos que por Rosa Luxemburgo, la  mítica activista comunista alemana que tomó parte activa de los movimientos revolucionarios de la época en su tierra. El libro fue escrito durante su encierro en la cárcel de Breslau, y tiene el peculiar interés de tratarse de una visión de la revolución prácticamente simultánea a su desencadenamiento, pues Luxemburgo muere asesinada en enero de 1919: su opinión tiene por lo tanto las ventajas de la inmediatez y la ausencia de esos matices subjetivos que suelen aparecer con posterioridad a los grandes acontecimientos. El escrito destila una honestidad y un idealismo admirables. La autora defiende la revolución bolchevique con la misma fuerza con la que critica sus excesos. Rosa Luxemburgo razona, con fuerza y convicción, acerca de  la necesaria compatibilidad entre la revolución proletaria que supuso el núcleo central de los hechos acaecidos en Moscú en 1917 y la democracia, a la que entiende no se puede renunciar. Sin duda una cuestión nada fácil, pero con la que la insigne luchadora consigue que todo el librito se lea con interés.

Hace unos pocos meses leí la noticia de que el escritor aragonés Antonio Iturbe había ganado el Premio "Biblioteca Breve" de 2017 con una novela basada en la vida de Antonie de Saint Exupery, aviador francés e inolvidable autor de "El principito". El libro se titula "A cielo abierto" y constituye todo un homenaje a los pioneros de la aviación francesa, el propio Saint Exupery, Jean Mermoz y Heri Guillaumet. Ha sido la primera novela que he tomado prestada de la Biblioteca Municipal Santa Orosia, lo que menciono como dato anecdótico. Mi primera sorpresa fue comprobar que el adjetivo "breve" del título del galardón no hacía referencia precisamente a la extensión, pues el ejemplar tiene nada menos que 622 páginas, algo que pienso acaba siendo el principal inconveniente del libro. Iturbe nos presenta unos personajes muy atractivos, con unas  vidas excepcionales, las tres cortadas prematura y trágicamente. Pero la lectura termina haciéndose pesada, posiblemente por las razones que explica la dura crítica de "Babelia": adolece de tensión narrativa y acaba siendo un inventario de anécdotas ... añadiendo que "no es una arriesgada novela de aventuras sino una novela de aventuras arriesgadas". No obstante la lectura es amable y los personajes magníficos ... aunque exige paciencia.

Alfredo Panzini fue un escritor y crítico literario italiano que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Los datos que figuran en la solapa del libro y otros obtenidos en la red nos hablan de un hombre con una sólida formación clásica y gran observador del mundo y de las personas que lo habitan, con cierta prevención ante lo que, en su época evidentemente, suponía modernidad. Obra suya fue "En la tierra de los santos y los poetas", un breve y delicioso libro en el que describe un viaje en bicicleta por la zona central de Italia, concretamente por la Umbría y Marcas,  con parada larga en recanati, lugar de nacimiento de Giacomo Leopardi, el llamado poeta de la desesperación. Dicho trabajo cabe calificarlo al mismo tiempo como libro de viajes y ensayo costumbrista. En él Panzini nos relata sus experiencias y sus visiones pasando por tierras donde nacieron, vivieron y murieron personajes tan interesantes como los poetas Giacomo Leopardi y Dante Alighieri y el mismísimo San Francisco de Asis, de ahí el título de la obra. El libro se lee con agrado, está escrito con enorme sencillez y naturalidad, contiene reflexiones que abren perspectivas y un tono poético que le da la dosis adecuada de belleza  y musicalidad.

Mi curiosidad literaria me mueve últimamente a bucear en el panorama de los nuevos escritores españoles. Entre las novedades más recientes me llamó la atención "Europa", una breve y dramática novela escrita por la madrileña Cristina Cerrada, autora que ya había escrito otros libros e incluso ganado algún premio literario como el "Ciudad de Barbastro". "Europa" nos habla del drama de los refugiados, tiene como protagonista muy principal a una joven llamada Hena y se trata de un relato de cierta originalidad. No hay un argumento claro y desarrollado, sino que la autora va incoando hechos y nos cuenta la trama como a fogonazos, casi con datos incompletos, sin dar detalles ... tanto que no sabemos de donde procede Hena y su familia -por mucho que se intuya su origen es algún país del Este- ni adonde ha llegado con su familia, limitándose a dar a entender que está en Europa. También hay idas y venidas en el tiempo, situaciones que se dan por supuestas, ... a pesar de ello no deja de ser una lectura interesante. El libro tiene, por otra parte, un tono negativo: Cerrada describe magistralmente la tristeza, la soledad, la desesperanza, .... de la protagonista y su familia. No es libro para leer si uno anda con pocos ánimos, pero sí que se trata de un relato bien actual y ayuda, además, a tener una visión cada día más amplia del panorama actual de las letras españolas.

Entre los grandes escritores españoles del siglo pasado se encuentra sin ningún género de dudas Don Ramón María del Valle-Inclán, genuino representante de la generación del 98 y poseedor de una prosa brillante, ágil y ocurrente, además de haber sido un pesonaje genial y original. Entre sus obras destacadas están, por supuesto,  la "sonatas", las célebres memorias del Marqués de Bradomín, dotadas de una belleza sin igual. Durante el servicio militar -¡ya ha llovido mucho!- leí las dos primeras, y este mes de junio reanudé tan lejana iniciativa con la lectura de la "Sonata de primavera". Se trata de un  maravilloso relato que ubica al personaje protagonista llegando, de paso, a un lujoso palacio italiano en un viaje a Roma con la misión de llevar un mensaje privado al Papa. La obra es una auténtica obra de arte; Valle-Inclán describe al detalle el ambiente, decoración y paisaje interior del palacio donde sucede todo, y crea un aire entre gótico y mágico verdaderamente extraordinario. La escena final es, además, de un dramatismo estremecedor. Sin duda, una obra maestra. Habrá que leer la de estío y releer el resto.

En los últimos años ha proliferado la publicación de novelas de intriga de "fabricación nacional". Entre las que han tenido un éxito rotundo destaca "El silencio de la ciudad blanca", escrita por la vitoriana Eva María Sáenz de Urturi y ambientada precisamente en su ciudad natal. En cuanto la comienzas compruebas estar ante una novela ambiciosa, muy trabajada y con un argumento elaborado y complejo. En buena parte recuerda a la "Trilogía del Baztán" de Dolores Redondo, habiendo nacido aquélla también con vocación de trilogía -de hecho ya se publicó hace unos meses la segunda entrega, "Los ritos del agua"- y de ser llevada a la gran pantalla. Estamos ante una novela larga -480 páginas-, con una trama que atrapa, unos crímenes estremecedores, personajes con vida propia y buena dosis de climax hasta el final. Posiblemente se trate de uno de esos relatos casi obligatorios para los aficionados al género,  que a la vez consolida a quien lo ha escrito como autora de referencia del género en España. No obstante, y al igual que me pasó con los libros del Baztán, no puedo evitar ver algo de artificialidad en la novela, como si tuviera su parte de "trampa". Ahora que viene el verano, no me cabe duda de que "El silencio de la ciudad blanca", como imagino será también su continuación, es una excelente recomendación como novela de evasión, como lectura que entretiene, interesa y descansa.