2 de septiembre de 2011

Palillo en ristre




Hay costumbres tan ancestrales como discutidas; una de ellas es el uso de palillos a los efectos de depurar los pequeños restos que incomodan en los dientes tras la comida. La imagen del ciudadano dando juego con el palillo en la boca es ya casi legendaria, si bien parece que existe unanimidad en considerar la costumbre como algo poco académico y más bien grosero.

Evidentemente, los palillos tienen usos más nobles, como componer las famosas "banderillas", esas tapas en las que olivas, pepinillos, boquerones, anchoas o guindillas si están bien aliñadas se convierten en material para disfrutar, así como aparecer como elemento configurador de tapas, platos y guisos. Incluso podemos recordar a esas pacientes personas que son capaces de construir con palillos la Torre Effiel, la de Londres o el Coliseo romano.

Pero, guste o no, hay auténticos maestros en el arte -si es que se puede llamar así- del manejo del palillo con la boca; creo que recordaré durante toda mi vida la celebración del día de la provincia de Huesca de hace unos años. Tal evento suele tener lugar el penúltimo día de las fiestas de San Lorenzo en la Diputación Provincial oscense; allí suelen generalmente pronunciar discursos el Presidente de Aragón, el de la Diputación y el Alcalde de la ciudad, a su derecha se ponen las autoridades, frente a ellos los demás invitados y a su izquierda los alcaldes de las localidades, que si mi información no está equivocada acuden en su mitad cada año.

En la ocasión a la que me refiero se hallaba en primera fila del grupo de alcaldes un individuo sesenton, más bien bajito y calvo con su indumentaria de traje oscuro y camisa blanca sin corbata tan habitual en los ambientes rurales de Aragón; el hombre mantuvo a lo largo de todos los discursos un palillo en la boca, aunque lo más llamativo del asunto no acabó siendo la presencia del citado objeto, sino la enorme habilidad con que el hombre iba pasando el palillo de lado a lado de la boca sin necesidad alguna de utilizar en ningún momento las manos. No recuerdo si los discursos fueron aburridos, pero de haber sido así, ya anduvimos entretenidos con la habilidad "palillar" de ese buen invitado.



14 comentarios:

paterfamilias dijo...

¡¿Has dicho hacer la Torre Eiffel con palillos?!

¡Eso es lo que hacía F. Pignon en "La cena de los idiotas" y le bastó para ser invitado!

En cunato al fondo de la entrada, considero que esa costumbre es muy ordinaria, pero de tanto verla ...

Driver dijo...

Recuerdo que de pequeño construía hidroaviones con palillos; eran muy simples y unía los flotadores (medio palillo) al cuerpo principal de la nave (un palillo entero), con pegamento y medio.

Y luego me pasaba las tardes enteras sobrevolando los Mares del Sur, que se extendían sobre el terrazo de la casa paterna, entre el comedor y los dormitorios.

Guardo uno todavía.

Algunas tardes lo miro con nostalgia.

Maireen dijo...

En tiempos en que los niños no tenían smartphones y portátiles, también usaban palillos para algunos trabajos manuales en el colegio. Recuerdo como unos pequeños murales donde, pegando palillos sobre una cartulina negra, construías figuras.

A mí lo del palillo en la boca me parece horroroso. Y aunque la vea toda la vida, me lo seguirá pareciendo. Pero creo que cada vez se ve menos porque las últimas generaciones no lo usan. En tres o cuatro lustros se habrá extinguido.

Modestino dijo...

Sí, el palillo en la boca es costumbre a extinguir, afortunadamente ... pero tiene su cosa costumbrista. En las nuevas generacioens hemos aprendido a usar el hilo dental, y en la intimidad.

Cuando escribía el post me acordé de Francois Pignon, realmente genial.

susana dijo...

Mi marido es muy manitas y utiliza palillos para hacer arreglos provisionales.

Modestino dijo...

Enhorabuena Susana, un marido manitas es una joya .... yo sólo se fundir fusibles ;)

Mariapi dijo...

vale, el palillo es una "guarradica"... pero qué le voy a hacer, me parece entrañable...bueno es un término poco apropiado, pero no encuentro otro. Va unido al recuerdo de muchos personajes de mi pueblo, con la boina, la cayata...y el palillico en la boca, incluso encima de la oreja..."paluego".

Gracias, Modestino.

Modestino dijo...

Así es, no puedo alabar la costumbre, pero sirva de homenaje a tanta gente buena ... y sabia, a pesar del palillo.

Brunetti dijo...

Yo con los palillos tengo una manía: cuando he acabado de cenar o de comer fuera de casa y encuentro un palillero encima de la mesa, no puedo evitar comenzar a romperlos por la mitad, con la vana esperanza de que las dos mitades sean idénticas. Soy capaz de romper una docena o dos, si es que la sobremesa se alarga.

No sé si debería ir al psicoanalista, o algo así.

Modestino dijo...

Te conozco lo suficiente Brunetti para asegurarte que tu salud mental es brillante, pero no dudes de que si vas al psicoanalista éste sacará conclusiones de todo tipo de tu costumbre.

sunsi dijo...

Calcula tú el entreno de años que debía de llevar el paisano que describes.

Yo he visto manipular un palillo de forma muy discretita, cubriendo con la mano izquierda lo que se hurga con la derecha;-)

Me alegro del consejo que le has dado a Brunetti. Suelo hacer lo mismo...y si quedan aristas en la parte diseccionada, las pelo. Reconfortante saber que no precisa psicoanálisis ni terapia cognitiva ni esas monsergas.

He pasado un ben rato con tu post y los comentarios...

saludos, Modestino

Modestino dijo...

Desde luego el tipo al que me refiero llevaba años dominando la faceta.

Maireen dijo...

He recordado otro uso del palillo. Mi padre y sus hermanos, que eran muy traviesos, cuando eran pequeños llamaban a los timbres de las casas (los que había en la puerta de la calle), metían un palillo, lo rompían, y el timbre se quedaba sonando hasta que la pobre gente bajaba a quitarlos para no volverse locos. Ellos, por supuesto, ya estaban a cuatro calles de distancia.

Modestino dijo...

Ja, ja, ja, m... A eso se le llama ser de la piel del diablo.