21 de agosto de 2008

Tragedia en Barajas


















Poco se puede decir y pocas cosas hay que contar cuando ocurre una tragedia de esta naturaleza. Es un día muy triste para todos y, si tienes un mínimo de sensibilidad y, sobre todo, procuras no vivir indiferente ante lo que le pasa a los demás, momentos como el que estamos viviendo son tiempo para el dolor.

Siempre le he tenido un pánico, excesivo e irracional a los aviones, tanto que no monté en uno de estos aparatos hasta el año pasado, cuando ya con 48 años no me quedó más remedio que cogerlo para viajar a un congreso que se celebraba en Fuerteventura. El vuelo lo hice, precisamente, con la Compañía "Spanair", lo que hace que esté, si cabe, más impresionado.

En momentos como éste uno se siente solidario, con quienes iban a descansar y pasarlo bien y se toparon con la muerte y con aquéllos a quienes toca llorarlos, sentir la impotencia y la realidad terrible de que ya no están, de que en un trágico momento anticiparon su marcha, así sin avisar, sin que nadie lo esperase. Ayer todas las principales cadenas de televisión realizaron programas especiales, dedicaron la tarde a tratar el tema, informando sobre las noticias que iban llegando y realizando valoraciones, muchas veces así, sin pensarlo, con críticas cuando menos imprudentes y con afirmaciones que a veces sonaban a poco contrastadas. Y es que cuando ocurren sucesos de este tipo, parece que surge la oportunidad de los agoreros, de los enterados.

El ciudadano se conmociona ante dramas de este calibre, y es normal, aunque me suenan a poco maduras esas frases que suelen insistir sobre la crueldad de la vida, como si existiera una fuerza extraña que quisiera vengarse sobre los hombres, me parece un dato más del proceso de descristianización de la sociedad. Tendríamos que ser capaces de ver la muerte como el final lógico de nuestras vidas, y asumir que es una realidad que nos va a tocar necesariamente, inevitablemente; en momentos como éste cabe aprovechar para profundizar sobre cual es la vida provisional y cual la definitiva. Otra cosa es que nos duela la muerte de los demás, y que nos rebelemos cuando viene antes de lo previsto, cuando golpea con ensañamiento: no se trata de ridículas reacciones antinaturales, porque el dolor, el llanto, la desazón son reacciones humanas, y por lo tanto propias de todos.

La vida sigue, muchas otras personas siguen viajando, a las Islas Canarias y a lugares más lejanos en vuelos más largos, aunque la tarde de ayer quedará grabada entre nuestros recuerdos menos gratos.


Fotos: http://www.elmundo.es/; http://www.eldiariodeburgos.es/; http://www.europapress.es/; http://www.radioamerica.hn/ http://www.elliberal.com/www.wlliberal.com


2 comentarios:

Sunsi Estil-les Farré dijo...

Sucede así, de repente. A mí también me provoca una sacudida.

Estoy de acuerdo contigo con los programas especiales. Muchas personas, ante estas situaciones, concluyen que Dios no existe. "Si existiera no lo hubiera permitido".

Ya nadie habla de la vida eterna o referencias similares en las que se deduce una actitud transcendente. No hay vida sin muerte... no hay muerte sin una vida previa. Pero éste es un tema que se evita.Yo lo observo con los chicos de la edad de mis hijos. Sus padres no los llevan jamás a un tanatorio, a un funeral..aunque sea de un familiar. Nunca se hace referencia a que la vida tiene un fin.

Me ha gustado mucho tu post.

Modestino dijo...

Mucha gente no quiere ni nombrar la palabra muerte; existe como una especie de superstición, de "lagarto, lagarto".... pero habría que educarnos en asumirla con naturalidad y hasta con serenidad ... porque es algo real .... como la vida misma. :)