7 de agosto de 2008

Encadenados

No soy un experto cinéfilo, ... es más, ni siquiera soy cinéfilo. Simplemente soy capaz de disfrutar con determinadas películas, generalmente antiguas. Y si de cine hablamos, creo que puedo afirmar que un director que nunca me ha decepcionado ha sido Alfred Hitchcock, el genial cineasta ingles que se encuentra, sin ningún género de duda, en lugar preferente dentro del olimpo de los dioses del celuloide . No he visto, ni de lejos, todas las películas del mago del suspense, pero no recuerdo ninguna de la que saliera desencantado.
He disfrutado con el glamour monegasco de "Atrapa a un ladrón", con la acción trepidante de "Con la muerte en los talones", con la tensión tremenda de "Psicosis" y con la incertidumbre de "Marnie la ladrona", pero si tuviera que elegir una obra suya pienso que me quedaría con "Encadenados", film que se remonta a 1946, recién acabada la última confrontación mundial, y en el que Hitchcock desarrolla un guión en el que a la trama central de espionaje añade buenas dosis de intriga y una paralela historia de amor.

Dejo para los amigos expertos y las mejores webs de cine de la red cualquier valoración profunda de la película, limitándome a referir los detalles, tal vez anecdóticos, que quedaron en mi recuerdo tras haberla visto en tres o cuatro ocasiones.

Tengo que empezar haciendo mención de los dos grandes actores que protagonizan la cinta. Cary Grant es, tal vez, el galán más representativo de su época, y sin ninguna duda, uno de los preferidos de Hitchcock; en "Encadenados" desempeña con indudable eficacia su papel de agente americano. Pero por encima de todo el reparto se impone Ingrid Bergman: la belleza, la elegancia y el saber estar de la actriz sueca compensan por sí solas los 100 minutos dedicados a la visión de la película. Hay quien prefiere las mujeres más duras, como la Katherine Hepburn de "La costilla de Adán", la Bette Davis de "Jezabel" o "La loba" e incluso la Vivien Leigh de "Lo que el viento se llevó"; yo, sin negar la tremenda calidad de las citadas, me quedó con todo el esplendor de la Bergman dominando la pantalla.

Junto a los dos protagonistas, destaca Claude Reins, el inolvidable capitán Louis Renault de Casablanca, a quien le toca el papel de un peculiar villano sometido a la posesión de su madre y cautivado por la belleza de la Bergman. Madame Konstantin borda el papel de la madre de Reins, una mujer tan maligna como la madre de Norman Bates o la pérfida Mrs. Danvers de "Rebeca".

A la hora de destacar unas cuantas escenas del film, yo elegiría tres: en primer lugar me parece destacable la primera cena en casa de Alexander Sebastian, en la que se mezclan el embobamiento de éste con su nueva mujer, la malicia de su grupo de amigos, la torpeza de uno de ellos y la desconfianza llena de perversidad de la señora Sebastian.

También quedó reflejada en mi retina la escena del dormitorio de Mrs. Sebastian, cuando mientras su hijo manifiesta su descubrimiento de haberse casado con una espía americana, aquélla, enseñando un cabello larguísimo, va mostrando toda su astucia femenina llena de malicia y resentimiento. Hitchcok logra crear una sensación de maldad y tensión estremecedora.

Finalmente cabe destacar el momento final, en el que Grant y Reins, con la horrorizada presencia de Konstantin, bajan las escaleras de la mansión acompañando a una casi agonizante Bergman, mientras los sibilinos socios de Alexander observan la escena con expectación inquietante; todo termina con los protagonistas huyendo en un vehículo, mientras Alexander Sebastian regresa a su casa resignado a su desgracia, una última escena propia de los mejores momentos de Hitchcock y colofón brillante de la película.

En la típica noche que uno no sabe que hacer, "Encadenados" puede ser una estupenda solución para no sólo llenar el hueco, sino cerrar un día con brillantez.

Fotos: noirestyle.com; frikiperopoco.blogspot.com



1 comentario:

Tommy dijo...

Cary Grant e Ingrid Bergman fueron varios de los intérpretes que trabajaron más de una vez a las órdenes de Mr. Hitchcock, pero siempre me ha parecido curioso que en toda la etapa americana del Maestro no se repitiera ninguna pareja protagonista.