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21 de mayo de 2019

Adios a otro mito de nuestra infancia

Hoy nos hemos despertado con la triste noticia del fallecimiento de Niki Lauda, quien fuera piloto de Fórmula 1 y triple Campeón del Mundo de la categoría. Lauda, de nacionalidad austriaca, tenía 70 años, le había sido transplantado un pulmón hace  un año, situación que se había agravado con una gripe sufrida este mes de enero durante sus vacaciones en Ibiza. Pero de su vida y trayectoria deportiva ya informan ampliamente los medios de comuincación. Para mí, y tantos de mi generación, Niki Lauda fue uno de aquéllos grandes del deporte que ocuparon parte de las conversaciones y sensaciones de nuestra infancia,  adolescencia y primera juventud en los años 70, como lo fueron Eddy Mercks, Johan Cruyff, Bjorn Borg o Mark Spitz, entre tantos otros. Lauda, un joven piloto, delgadito y con sus míticos dientes de conejo, apareció en el mundo de la Fórmula 1 en tiempos en los que dominaban el "cotarro" pilotos tan importantes como el escocés Jackie Stewwart, el brasileño Emerson Fittipaldi, el neozelandes Dennis Hulme, el belga Jacky Icks, el sueco Ronnie Peterson o el suizo Clay Regazzoni. Lauda veía a ser como la nueva ola del automovilismo mundial y tenía la ventaja, para reforzar su prestigio ante esos jóvenes incautos de la época de pilotar nada menos que un ferrari, uno de esos coches de la escudería de Maranello. Y es que uno tiene la impresión de que si desapareciese Ferrari, la Fórmula 1 ya no sería lo mismo.

Lauda ganó tres campeonatos mundiales -1975, 1977 y 1984-, pero no podemos quedarnos en los números. En primer lugar porque el austriaco fue un número uno durante toda su carrera: un líder, un triunfador, un referente. Pero sobre todo, porque Lauda hubo se sobreponerse a su drama personal. En el verano de 1976, cuando comandaba la clasificación del Mundial, el Ferrari 312T con el que disputaba el Gran Premio de Alemania en Nürburgring se incendió después de estamparse contra el muro y quedó atrapado dentro de él. El piloto austriaco sufrió gravísimas quemaduras y llegó a estar entre la vida y la muerte; su rostro quedó marcado para toda la vida, pero su fuerza de voluntad adelnató su reaparición de manera que solamente se perdió dos grandes premios. El piloto regresó con fuerza para defender su título frente a su gran rival de enotonces, el británico James Hunt, un hombre tan indisciplinado como valiente que al mando de un Mac Laren realizaba la mejor temporada de su vida. Eran tiempos duros, en los que cada año se producían accidentes mortales, como los que costaron la vida a Ronnie Peterson, Francois Cevert, Mark Donohue, Peter Revson y tantos otros.

Fue aquél año cuando se celebró el mítico y recordado Gran Premio de Japón, prueba decisiva en la que Lauda se jugaba el título. Hacía un tiempo infernal, con unas cortinas de agua espeluznantes que suponían un peligro grave y real. Fue entonces cuando Niki Lauda mostró su lado más humano, con su terrible accidente aún reciente, el peso de la responsabilidad pudo con él y decidió retirarse. El ´camino del triunfo quedó expedito para un temerario Hunt, que terminó la prueba u ganó su único campeonato mundial. Pero Lauda supo estar a la altura, porque también supone valentía saber decir "hasta aquí". El año siguiente volvió a coronarse campeón frente a rivales de la talla del sudafricano Jody Scheckter, el australiano Alan Jones, el argentino Carlos Reutemann, el italoamericano Mario Andretti y el propio James Hunt.

Niki Lauda, quye se retiró en 1979, regresó años después y fue capaz de volver a ser campeón mundial en 1984, cuando habían surgido nuevos pilotos del nivel del inglés Nigel Mansell, el brasileño Nelson Piquet, el francés Alain Prost, el finlandés Keke Rosberg o un Aytorn Senna que daba por entonces sus primeros pasos. 

Descanse en paz.



29 de mayo de 2018

Toda una gran dama


Hoy me he levantado con la noticia del fallecimiento de María Dolores Pradera. La cantante madrileña contaba con 93 años, a pesar de lo cual era de esas personas que no se sabe porqué uno piensa que no van a morir nunca: ha permanecido al pie del cañón prácticamente hasta el final. Con la muerte de la Pradera me siento como si se hubiera ido alguien cercano, una mujer que, sin haberla tratado nunca personalmente, era  alguien de la familia, un ser querido y respetado.

María Dolores Pradera ha sido siempre uno de esos recursos musicales que uno tiene cuando necesita paz, reconstituir el ánimo o simplemente pasar un rato agradable. Nunca me cansaré de escuchar sus temas de siempre: "Pa todo el año", "Fina estampa", "Cuando vivas conmigo", "Amanecí en tus brazos", "La flor de la canela", "Viene clareando", ... Todas ellas son canciones eternas, cantadas por muchos ... pero nadie lo hacía como ella. Elegancia, buen gusto, arte, serenidad, estilo, ... 

Es una pena, poder escucharla alguna vez en directo ya no es una ilusión, ... es una quimera. Pero, como los grandes cantantes que la historia nos ha regalado, su voz, sus canciones, su forma de cantar, ... permanecen inmortales y seguirán siendo ese tesoro que desenvuelves en los momentos que, por una u otra razón, consideras especiales.

Dicen que fue desgraciada en amores, algo que uno intuía de las letras de sus canciones, de su modo de expresarlas, de esa serenidad qyue siempre parecía bañada de nostalgia y cierta tristeza. Descanse en paz.

23 de febrero de 2018

Muere un genio


Ayer nos despertamos con una novedad triste e inesperada, el fallecimiento, víctima de un cáncer de páncreas, de Antonio Fraguas "Forges", ese maravilloso dibujante que nos ha llenado de sonrisas desde hace tantos años. La noticia de la muerte de Forges trae a mi memoria un hecho que supuso un shock para los niños de mi generación -y de bastantes más- cuando una fría tarde de diciembre de 1966 el telediario anunciaba el fallecimiento de Walt Disney, alguien que los infantes de la época pensábamos poco menos que no iba a desaparecer nunca. Recuerdo perfectamente mi reacción de sorpresa, incredulidad y tristeza y los comentarios de absoluta consternación que corrían al día siguiente  en el interior del autobus que nos llevaba al colegio .

A su manera, Forges fue también un dibujante inmortal. Desde que Forges comenzara su andadura en diarios como "Pueblo" e "Informaciones", y de manera especial  a partir de la Transición, con sus viñetas de las revistas "Hermano Lobo", "Por favor", ... muchos han sido los humoristas que han tenido sus momentos de gloria, pero pocos han mantenido el nivel durante 50 años como Antonio Fraguas, entre otras cosas porque éste era distinto, especial, ... el mejor. Y durante décadas ha sido cita obligada de cada día con su viñeta en "El País", un chiste que nunca decepcionaba.

No es preciso que me extienda, fundamentalmente porque en la red y en la prensa escrita encontramos estos días homenajes tan maravillosos como merecidos a Forges. Me basta con decir que fue un hombre que siempre daba en el clavo, con un humor agudo, inteligente, constructivo y que, aunque a veces pudiera darte en tu propia diana, era tan elegante y atinado que su crítica se convertía en algo enriquecedor.

Nos acordaremos de Romerales, el Blasillo, las viejas que caminaban juntas, los toros con cuernos redondeados, las frases acertadas, los camareros con salsa, los matrimonios maduros, ... tantas sonrisas que no eran fruto de la chanza fácil o basta, de la mala uva, sino de la cultura, la sabiduría y la capacidad de analizar situaciones perosnas, instituciones ...

Descanse en paz Antonio Fraguas "Forges", una de esa personas que cuando se van sientes que se marcha alguien cercano, un hombre que deja un hueco.


15 de febrero de 2018

Falleció el "gallego sabio"


El lunes, 13 de febrero, falleció a los 88 años Luis Cid "Carriega", quien durante cuatro temporadas  (1972-1976) entrenó al Real Zaragoza. Como jugador no pasó de segunda división -Racing de Ferrol, Real Oviedo, Burgos, Cartagena, ...-, pero como mister su trayectoria fue brillante y, además del Zaragoza, llevó las riendas del Sporting, Sevilla, Betis, Atlético de Madrid, Elche y Celta, entre otros.

El primer equipo donde lució como estrenador Carriega, nacido en la localidad orensana de Allariz, fue en el Sporting. Los del "Molinón" llevaban muchos años en la división de plata, y con el gallego consiguieron el ascenso en hunio de 1970. Era un Sporting lleno de asturianos, casi todos jóvenes y con buen toque de balón. En el Sporting de Carriega, que fue el embrión del gran equipo que estuvo cerca de ganar la Liga a comienzos de los 80, destacaban futbolistas como el meta Castro, el defensa José Manuel, un líbero de vieja escuela que sacaba el balón controlado desde la defensa como nadie, el interior Valdés, un zurdo con clase por arrobas, los extremos Lavandera y Churruca, que ficharía años después por el Athletic y, por encima de todos, el ariete Quini, una institución en Gijón e historia pura en el fútbol español.

El Zaragoza fichó a Carriega tras terminar la temporada 1971-72, en la que a las órdenes de Rafa Iriondo había logrado regresar a primera tras el dramático descenso del año anterior. Iriondo se fue a la Real Sociedad y la directiva de Zalba optó por un técnico joven y prometedor para construir el nuevo proyecto en la máxima categoría. El trabajo de Carriega en Zaragoza fue un éxito y sus logros aún se recuerdan por estos lares. El primer año supo fabricar un equipo serio y sólido en el que mezclaba futbolistas veteranos como Villanova, Rico Manolo González, Violeta, Luis Costa y Ocampos con otros que fueron creciendo con él, especialmente en el centro del campo: Planas, García Castany, Molinos, Duñabeitia, ... a los que había que añadir jugadores de club como Royo, Lacruz, Nieves o Ruiz Igartua y dos extremos velocísimos: Rubial y Leirós que traen a la memoria actuaciones excelentes basadas en el hoy aparcado juego por las bandas. El Zaragoza terminó en octava posición, no pasó nunca apuros  e hizo disfrutar a sus aficionados.

El gran momento del Zaragoza de Carriega se vivió los dos años siguientes, dos temporadas (1973-74 y 1974-75) cuando a los jugadores citados se sumaron tres fichajes de postín: por encima de todos el de "Nino" Arrúa, indiscutible estrella del equipo de los "Zaraguayos", así como el de su paisano Carlos "Lobo" Diarte, una joya que comenzó a pulir el gallego y el uruguayo "Cacho" Blanco, un defensa con buena técnica e internacional por su país. Con el añadido de fichajes acertados como Pepe González, Soto y Simarro, el Zaragoza cerró dos temporadas extraordinarias en las que no perdió un solo encuentro en casa, consiguió el tercer puesto y el subcampeonato -hazaña nunca lograda antes ni después- y practicó un fútbol brillante que hizo recordar a la mítica época de los "Magníficos" que por entonces parecía algo irrepetible. El Zaragoza jugó en Europa y por "La Romareda" pasaron equipos como el Vitoria de Setúbal, Grashoppers, Borussia de Moenchengladbach, ... amen del inolvidable encuentro amistoso contra el Santos de Pelé.

La última temporada de mister fallecido en Zaragoza fue la más floja. La gravísima lesión de Javier Planas en pretemporada, la operación de Arrúa y el poco acierto en los fichajes provocaron un año difícil, coqueteando con los últimos puestos, aunque al final el equipo salió adelante y culminó el ejercicio jugando la Final de Copa ante el Atlético de Madrid, donde se perdió por la mínima y con alguna ayuda arbitral a los colchoneros.

Luis Cid "Carriega" dejó en la capital aragonesa el recuerdo de un hombre trabajador, buen porfesional, honesto y de trato agradable. Muchos de los zaragocistas de hoy forjamos nuestra afición, en esos domingos de fútbol de la esquina de infantil, viendo al Zaragoza que dirigía este gallego sabio que supo sacar lo mejor de una serie de jugadores que le deben un nombre escrito con letras de oro en la espléndida historia zaragocista. Descanse en paz.


7 de enero de 2018

Esa jovencita francesa que ganó Eurovisión con 18 años


Esta mañana ha fallecido en Neuilly-sur-Seine, localidad cercana a París, donde nació hace 70 años, la cantante France Gall. La artista llevaba dos años luchando contra un cáncer de mama que se le había reproducido tras haber superado años antes un primer tumor. France Gall fue una auténtica estrella en el panorama francés de los años 70 y 80. Las crónicas hablan de que fue su padre, el letrista Robert Gall, quien la metió desde pequeña en este maravilloso mundo de la música. Robert Gall había escrito letras, entre otros, a artistas como Charles Aznavour o Edith Piaff, como es el caso de la tierna y bella "La mamma".

La cantante fallecida triunfó en un país y una poca de auténtico lujo en lo que a grandes solistas se refiere, pues al citado Aznavour cabía añadir nombres como Sacha Distel, Juliette Greccó, Sylvie Vartan, Gilbert Becaud, Christophe, Antoine o el recientemente fallecido Johnny Halliday. Los primeros éxitos de France Gall fueron «N'écoute pas les idoles», «La Cloche», «Les Rubans et la Fleur» y «Laisse tomber les filles». Era entonces una casi adolescente de 17 años.

El éxito definitivo de la joven parisina llegó cuando Luxemburgo la eligió como representante en el Festival de Eurovisión de 1965. Eran tiempos en el que tanto Francia como Luxemburgo solían elegir jóvenes intérpretes con voz bonita y rostro agradable, muchas de las cuales triunfaron, como es el caso de Isabelle Aubret (1962), Frida Boccara (1970), Vicky Leandros (1972), Anne Marie David (1973) y Marie Myriam (1977). France Gall interpretó «Poupée de cire, poupée de son», un tema pegadizo que no solamente se llevó el premio, sino que se escuchó por toda Europa. En concreto, consiguió 32 puntos, 6 más que los logrados por la británica Kathy Kirby. España no fue tan afortunada y nuestra Conchita Bautista, con su "Qué bueno, qué bueno" no obtuvo voto alguno y quedó última ex-aequo con Finlandia, Bélgica y Alemania Occidental.

A partir de los años 80 la estrella de France Gall brilló bastante menos, aunque tuvo también sus momentos álgidos. Las noticias que comentan su fallecimiento nos hablan de dramas familiares como la muerte de su marido y la de una de sus hijas, así como su elogiosa y constante dedicación a trabajar en favor de organizaciones benéficas. 

France Gall ganó Eurovisión en una época en la que con escenarios mucho menos sofisticados, canciones más sencillas y sin apenas golpes de efecto, el Festival era seguido con una expectación enorme. Con su sonrisa, su melenilla rubia y sus "insultantes" 18 años la francesa se ganó al público, a los aficionados de toda Europa y, fundamentalmente, al Jurado. descanse en paz.

3 de enero de 2018

El último "hombre sin piedad"

En 1973 el programa "Estudio-1" de TVE emitió "Doce hombres sin piedad", una versión  de la obra de teatro  redactada por el escritor norteamericano Reginald Rose. Ya en 1957 Sidney Lumet dirigió una magnífica película con el mismo título, protagonizada por Henry Fonda y que contaba en su reparto con un elenco de nombres de nombres verdaderamente extraordinario: Lee J. Cobb, Martin Balsam, Jack Warden, Jack Klugman y Ed Begley, entre otros. La versión española tuvo un éxito de audiencia espectacular y quienes seguíamos de modo habitual el mítico programa de teatro la recordamos como uno de los hitos más sonados de la historia de esa inolvidable "tele" en blanco y negro que protagonizaba sin alardes la infancia de tantos. Fue dirigida por uno de los grandes de la "casa",  Gustavo Pérez Puig, y contenía la nómina más notable de primeros artistas que recuerdo haber visto juntos en la pequeña pantalla: Jesús Puente, Pedro Osinaga, José Bodalo, Luis Prendes, Antonio Casal, Manuel Aleixandre, Sancho Gracia, José María Rodero, Ismael Merlo, Carlos Lemos, Fernando Delgado y Rafael Alonso. El paso del tiempo y los achaques de la  salud terminan siendo implacables y los actores que brillaron tanto formando parte del jurado más célebre de la ficcion fueron poco a poco falleciendo. Hasta el pasado 29 de diciembre, tan solo quedaba vivo el navarro Pedro Osinaga, quien murió tal día en Madrid a los 81 años después de que su salud fuera sufriendo diferentes avatares en los últimos años.

En la obra mencionada, a Osinaga le correspondió el papel de "Jurado nº 2", el de un joven ingenuo y confiado, cargado de bonhomía y que se ubicaba junto a dos de los más radicales opositores al presunto asesino: un padre vehemente y desengañado, José Bódalo, y un ciudadano frío y calculador, Luis Prendes. En realidad ese carácter bondadosoy sencillo que definía a su personaje parecía tener bastante que ver con el que siempre mostraba al natural  Pedro Osinaga, intuyo que también en su propia vida particular. El actor navarro caía bien, era simpático y ocurrente.

El actor fallecido fue un habitual de los grandes espacios teatrales de nuestra televisión, e incluso intervino en alguna película, pero donde exhibió una profesionalidad y un saber estar excepcionales fue en el mundo del teatro. Su trabajo, habitualmente extenuante y agotador, entre candilejas y bastidores, del camerino al escenario y viceversa a lo largo de varias décadas ha confeccionado uno de los currículums más extensos y brillantes de entre tantos grandes de la escena española.

Leyendo diversos obituarios he descubierto que el gran drama de la vida de Pedro Osinaga fue el fallecimiento en accidente de tráfico de su hijo de 20 años. El día en que ocurrió el trágico suceso el actor tenía representación: a pesar del drama y con el corazón roto subió al escenario en un ejercicio de profesionalidad y generosidad ejemplar y extraordinario. Una demostración de su categoría humana y hombría de bien. Descanse en paz.


10 de diciembre de 2017

La discreta muerte de una actriz fuerte y frágil


Estoy seguro de que los grandes aficionados al "séptimo arte", como es el caso de mi amigo Tommy y alguno más, podrían hablarnos mucho de Mireille Darc. Mis primeros, y casi exclusivos, conocimientos de esta mujer nacida en Tolón hace 79 años y fallecida en París el pasado 27 de agosto, se remontan a cuando fisgoneaba el "Hola" y el "Semana" en casa de mi abuela siendo yo nada más que un adolescente curioso. La actriz francesa aparecía como acompañante habitual de Alain Delón -para mis ingenuos planteamientos toda pareja que aparecía como tal daba por hecho que estaba casada ... y por la Iglesia.

Ahora que, más de tres meses después de ocurrido, me entero de su muerte, he descubierto que Mireille Darc era una mujer discreta, elegante y que ha sabido llevar desde joven con una fortaleza y actitud ejemplares una salud llamativamente frágil. Darc sufría una malformación cardíaca congénita, habiendo debido de someterse a dos complicadas e importantes operaciones de corazón, y falleció tras reproducirse en tres ocasiones desde 2016 accidentes cardiovasculares que la fueron debilitando hasta el extremo.

Su nombre real era el de Mireille Aigroz, asumiendo el apellido Darc en homenaje a Juana de Arco, decisión que dice mucho de su condición de mujer valiente y decidida. Su infancia no fue sencilla, marcada por las estrecheces económicas y el hecho de no ser hija del marido de su madre, que cuentan le llamaba "la bastarda". Toda su vida fue una lucha contra las adversidades citadas de su poca salud y los dramas sentimentales, como la separación de un complicado Alain Delon tras quince años de relación y la muerte de su segunda pareja, el periodista Pierre Barret, director de "L¡Express", víctima de una enfermedad hepática y al que la posibilidad del trasplante de hígado llegó tarde.

La Darc debiutó en el cine con el célebre Jean Luc Godard, uno de los más genuinos representantes de la llamada "nouvelle vague" con "Week end", definida por Juan Pedro Quiñonero como una comedia "negra, crepuscular, atroz", tres calificativos que dan a entender el estilo que le iba a esta actriz. No obstante, el director con el que trabajo más y a quien debe su estrellato fue Georges Lautner, con quien rodó trece películas, entre otras "Des pissenlits par la racine" (1964), "Alegres vividores" (1965), "Galia" (1966), "Un trabajo en París" (971), "La valija" (1973) y "Muerte de corrupto" (1977). La actriz fallecida compartió cartel com los grandes del cine francés, especialmente Alain Delon -"Por la piel de un policía", "Borsalino", "Los senos de hielo", "Madly", ...-, pero también con artistas del nivel de Jean Paul Belmondo, Catherine Deneuve, Lino Ventura, Jean Louis Trintignan, Annie Girardot, Jean Moreau, Jean Gabin, Gian María Volonté, ... amen de algún trabajo con Louis de Funes.

Descanse en paz.

9 de diciembre de 2017

Murió Jensen

El pasado 4 de diciembre falleció a los 68 años, víctima de un cáncer, el ex-futbolista danés Henning Jensen.  El nombre de  Jensen sonará poco para aquellos aficionados que aún no han cumplido los 50 años. Pero quienes empezamos a andar lejos de esa cifra y disfrutamos de ese fútbol auténtico y competido de lo años 70 y 80 recordamos con agrado a ese danés rubio, ágil y rápido que jugó en el Real Madrid desde 1977 a 1979. En las tres temporadas que Jensen vistió la zamarra merengue el equipo blanco ganó dos ligas, desplegando un fútbol ofensivo e imponiéndose claramente al F.C. Barcelona de Michels, Cruyff, Neeskens, Asensi y Rexach y a un Sporting de Gijón que brillaba en aquellos años a las órdenes de Vicente Miera y con jugadores de la talla de Rezza, Mesa, Joaquín, Quini, Morán y Ferrero. Cuando Jensen fichó por los de Concha Espina, los zaragocistas ya sabíamos de las excelencias del danés, quien formando parte del Borussia de Moenchengladbach más boyante de su historia había goleado al Real Zaragoza de los zaraguayos (5-0) en una tarde noche protagonizada por un clima infernal y una exhibición de un equipo en el que el jugador fallecido formaba junto a su compatriota Allan Simonssen, quien años después sería estrella del Barça, una delantera de lujo. En ese Borussia militaban además cuatro componentes de la selección alemana vencedora del Mundial de 1974 -Berti Vogts, Rainer Bonhof, Herbert Wimmer y Jupp Heyckens- y comenzaba a hacer sus pinitos un centrocampista de raza y poderío llamado Uli Stielike, que terminaría siendo compañero de Jensen en el Bernabeu. 

Jensen formó parte de un Real Madrid sólido, con dos porteros de primer nivel, García Remón y Miguel Ángel, una defensa con laterales de la talla de Sol, Camacho y San José y un central arrollador como Benito, centrocampistas de nivel A como el citado Stielike, el incombustible Pirri, Del Bosque y el argentino Enrique Wolff y dos compañeros de delantera que hoy son históricos: Santillana y Juanito. El danés era rápido, tenía un regate espectacular y un disparo atinado, y fue siempre titular con Miljan Miljanic y Luis Molowny, los dos entrenadores que tuvo con los blancos. Recuerdo perfectamente que Henning Jensen firmó partidos redondos frente al Barcelona, equipo al que le tenía tomada la medida. 

Cuando Jensen abandonó el Real Madrid se fue a otro grande de Europa, el Ajax de Amsterdam, que también vivía una época dorada, con Leo Beenhakker en el banquillo y jugadores tan importantes como sus paisanos Frank Arnessen, Jesper Olsen y Soren Lerby.

Siempre es una "gozada" recordar estas viejas historias y estos antiguos nombres que protagonizaron el fútbol de mi juventud. En esta ocasión, acompaña la tristeza de la pérdida, pero también es el momento de devolver la memoria de un grande del balón. Descanse en paz.


17 de octubre de 2017

Mi homenaje a Vitorino


El pasado 3 de octubre falleció en la localidad extremeña de Portezuelo (Cáceres) el célebre ganadero Vitorino Martín. Había sufrido poco tiempo antes un accidente vascular y su vitalidad no fue suficiente para superar la crisis. Había nacido hace 88 años en el pueblo madrileño de Galapagar, de donde le viene su famoso apelativo de "el cateto de Galapagar", sobrenombre que intuyo tiene más de castizo y cariñoso que de despectivo.

El mundo del toro del último cuarto del siglo pasado y del tiempo que llevamos del actual no se puede entender sin la influencia de la ganadería de este hombre de aspecto rudo, pero de inteligencia y constancia notables. Al ganadero fallecido le costó llegar a la cima, y hasta el indulto del toro "Belador", lidiado por Ortega Cano en la Corrida de la Prensa celebrada en la Plaza de Las Ventas el 19 de julio de 1982 sus toros eran considerados unos animales peligrosos a los que pocos querían enfrentarse. El citado indulto le dio prestigio y, a pesar de la bravura de los cornúpetas muchos toreros se peleaban por formar parte de las ternas en las que se lidiaban los famosos "vitorinos".

La ganadería de Vitorino Martín coincidió con un resurgir de la fiesta taurina, que había perdido fuerza a partir de la retirada de diestros míticos como "El Cordobés", Diego Puerta o Santiago Martín "El Viti". El momento cumbre de esta ganadería lo constituyó la llamada "corrida del siglo", un festejo  celebrado en Madrid el 1 de junio de 1982 durante la Feria de San Isidro y en el que Vitorino presentó seis toros espectaculares con los que triunfaron por todo lo alto tres toreros de valor: Francisco Ruiz Miguel, nacido en San Fernando (Cádiz) y que llegó a la cima a base de pelear con morlacos que nadie quería lidiar, Luis Francisco Esplá, un alicantino con dotes de intelectual y amante de revivir viejos usos taurinos y José Luis Palomar, un modesto soriano que alcanzaría ese día la fama. Los tres diestros salieron a hombros en compañía del propio ganadero.

Con este festejo creció aún más la leyenda de Vitorino, un hombre del toro de pies a cabeza, constante hasta la tozudez, perfeccionista, exigente y castizo. Descanse en paz.


8 de septiembre de 2017

Muerte de un cómico


El pasado 20 de agosto falleció en Las Vegas Jerry Lewis. El actor, nacido en Nueva Jersey, contaba 91 años y ya hacía tiempo que andaba delicado de salud. Lewis fue una auténtica leyenda de la comedia americana -por lo tanto, también de la comedia mundial- y consiguió su primera notoriedad formando una indudable pareja con Dean Martin, un duo en el que Martin era el siempre el galán y Lewis, el bufón. El actor fallecido tenía una personalidad muy definida, y un estilo de humor, abundante en gestos y movimientos convulsos, que podía no gustar a todo el mundo. De lo que no hay duda, es que fue un genio en lo suyo, y un triunfador que no se limitó a interpretar, pues también fue cantante, director y productor de cine y guionista.

En el obituario de Sandro Pozzi en "El País" se cita a "En guerra con el ejército" (1950), dirigida por Hal Walker, "Loco por Anita" (1956), dirigida por Frank Tashlin, "El terror de las chicas"  (1961),  y "Las joyas de la familia" (1965), las dos últimas dirigida por él mismo, como sus películas más célebres. Sin duda, cabría añadir "El profesor chiflado" (1963), una de sus cintas más piopulares, características y representativas. El citado Pozzi refleja nos cuenta que "Su nombre figura en más de 60 películas, incluyendo su labor como productor. Ocasionalmente también dirigió series de televisión. Sus detractores le reprochaban haber sido demasiado repetitivo con su humor. Como otros artistas caracterizados por una personalidad compleja, era más querido fuera de EE UU, donde se le comparaba con Chaplin y Buster Keaton". Queda claro que Jerry Lewis no despertaba precisamente indiferencia, y que cu "currículum" evidencia una enorme capacidad de trabajo y de genio artístico.

En mi memoria queda haber visto tres films de Lewis. El primero de ellos, "Tres en un sofá" (1966), un film que dirigió e interpretó junto a Janet Leigh y que vi siendo muy niño en el Cine Mola de Zaragoza, con una temática que me hace sospechar que no me debí enterar de nada. En una de esas reposiciones veraniegas del Cine Latino fui a ver "El recluta" (1957), que había sido dirigida por George Marshall y en cuyo reparto aparece un secundario tan significativo como Peter Lorre; recuerdo que la película era en blanco y negro y haberme reido bastante. la obra de Lewis que quedó en mi retina con más agrado fue "Lío en los grandes almacenes" (1963), de Frank Tashlin, vista en una de esas tardes de domingo en el salón de actos del colegio de la Enseñanza de la calle Bilbao, en la que Jerry interpretaba con acierto total el papel de novio inútil de hijo consentida de rico americano, propietario de unos grandes almacenes que regía con mano de hierro su esposa, cuyo papel correspondía a Agnes Moorehead, quien hasta entonces era para mí era la tremenda madre de Samantha Stevens en "Embrujada", con ella trabajaban también dos secundarios inolvidables: John McGiver y Ray Walston. 

El actor norteamericano era uno de los grandes de la historia del cine de su país y del mundo que permanecía con vida. Era sabida la fragilidad de su salud, y tras una larga vida llena de frutos artísticos ha llegado la hora de entrar en el lugar reservado a los mejores. Descanse en paz.

30 de agosto de 2017

Un esforzado del toreo


El pasado 26 de agosto falleció en Madrid a la edad de 68 años el matador de toros albaceteño Dámaso González. Durante mucho años, en especial en las décadas de los 70 y 80, el dietro fallecido ocupó lugares de privilegio en el escalafón taurino. Albacete, ubicada en lugar privilegiado de La Mancha, ha sido cuna de toreros de cierta importancia, como Pedro Martínez "Pedrés", Juan Montero, Manolo Amador o Manolo Caballero, entre otros, pero ninguno llegó tan lejos como Dámaso González, sin duda el mejor torero de la historia taurina albaceteña.

No fue González un torero de adornos y fuegos artificiales, lo suyo fue la sobriedad, la constancia, la exigencia. Todos los críticos que han valorado su figura con motivo de su adios, han coincidido en especificar dos valores imprescindibles en cualquier buen torero que se precie y que Dámaso tenía en plenitud: valor y temple. La combinación de ambos hicieron cuajar un matador que dominaba a sus contrincantes, que trabajaba con esmero y esfuerzo cada toro y convertía en auténtico todo lo que hacía. El torero fallecido compartió gloria con matadores de la talla de Francisco Rivera "Paquirri", José Mari manzanares (padre), Pedro Moya "Niño de la Capea", Paco Ojeda y Juan Antonio Ruiz "Espartaco". Sin duda, fue uno de los destacados de una excelente y larga época taurina.

Recuerdo que Dámaso González, que en sus inicios respondía al apodo de "Curro de Alba", tuvo una aparición arrolladora en las novilladas de  finales de los años 60. En la plaza de la Misericordia de Zaragoza recuerdo unas cuantas actuaciones triunfales compartiendo cartel con Gregorio Lalanda, un entonces ya veterano novillero, sobrino de Marcial Lalanda, que vivía tiempos de cierto resurgimiento y del también albaceteño Julián García, un torero tremendista, que llegaba a dar muletazos sentado en el llamado "pase del reclinatorio". Luego tomar´çia la alternativa el día de San Juan en Alicante, con "Miguelín" de padrino y "Paquirri" de testigo, confirmándola en Madrid durante la siguiente Feria de San Isidro, en presencia de "El Viti" y Miguel Márquez.

El diestro manchego no era muy alto, y se le achacaba cierto desaliño, al llevar frecuentemente la corbata ladeada. Pero ni la estatura ni la situación de la corbata fueron óbice para que se convirtiera en uno de los grandes matadores de toros de nuestro tiempo. Hombre sencillo y cabal, ausente de todo divismo y asentado en la vida, su desaparición ha sido sinceramnete sentida por todos. descanse en paz.

4 de agosto de 2017

Uno de los ídolos de "entonces"


La muerte de Ángel Nieto no supone solamente el adiós de un gran deportista, un piloto de motociclismo con la maleta llena de títulos mundiales. Con Ángel Nieto desaparece un pionero del deporte español, uno de los pocos héroes deportivos de aquéllas viejas épocas de escasez de éxitos españoles. El piloto zamorano fue, junto a nombres como Santana y Orantes, Mariano Haro, Paquito Fernández Ochoa, ... uno de los pocos españoles que reinaron a nivel mundial en los años 60 y 70 en los deportes individuales.

Angel Nieto ganó su primer campeonato del mundo en 1969; a partir de ahí consiguió un total de trece títulos mundiales ... aunque a él le gustaba más bien hablar de "doce más uno". Seis de ellos los consiguió en la prueba de 50 cc, mientras los otros siete lo fueron con motos de 125 cc de cilindrada. Sus primeros éxitos los obtuvo con motos de fabricación nacional -Derbi y Bultaco-, aunque también subió al podium de los mejores militando en Kreidler, Morbidelli y Garelli. En aquéllos años -el último título lo obtuvo en 1984- hablar de motos era hablar de Angel Nieto. Su melenilla corta, su voz más bien aflautada, su hablar pausado y su seguridad y valentía a caballo de una moto eran paisaje habitual de todo tipo de programas televisivos. 

Eran años en que alcanzar un título mundial era una auténtica hazaña para un español. Y aunque en deportes de masas como el fútbol y el balon-cesto teníamos ídolos indudables -Amancio, Iríbar, Gárate, Marcial, Buscató, Luick, Brabender, ...-, quien más quien menos era consciente del mérito de este hombre que había salido de la nada, pues creció en una familia zamorana que emigró a MAdrid en busca de trabajo, instalándose en un chabola de Vallecas. A Nieto el ruido de los motores y la velocidad a dos ruedas le llamó desde pequeño, comenzando a materializar sus sueños trabajando de aprendiz en un taller madrileño.

Ángel Nieto no fue el único piloto de motos predestinado a llegar al máximo en este tipo de competiciones. El mismo año en que Nieto ganaba su primer mundial, fallecía en un terrible accidente en el trágicamente famoso circuito de la británica Isla de Man Santiago Herrero, un madrileño de 27 años que comandaba la clasificación del mundial de 250 cc. Herrero era la gran esperanza española del motociclismo,  y  el dolor de su desaparición fue compensado con la aparición de Nieto, que precisamente a partir del accidente de su compatriota. inició su escalada en la clasificación de su categoría hasta proclamarse campeón del mundo.

Durante más de una década el piloto fallecido fue el indiscutible rey de las categorías inferiores. Fue un auténtico pionero, y sin él hubiera sido muy difícil que en los años posteriores otros pilotos como Sito Pons, Alex Criville, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, ... alcanzaran los máximos galardones en cilindradas superiores. Ángel Nieto ha sido, desde su retirada todo un símbolo de un deporte que no abandonó nunca y al que ha seguido "aferrado" como director deportivo, padre y tío de pilotos y comentarista periodístico. En Ibiza, inesperadamente, disputó su última carrera. Descanse en paz.



17 de julio de 2017

En la muerte de un gran secundario


Ayer falleció Martin Landau. Había nacido en Brooklyn -toda una premonición- hace 89 años y desde hacía días se encontraba internado en el Ronald Reagan UVLA Medical Center de Los Ángeles, víctima de una enfermedad que se agravó inesperadamente en las últimas horas. Landau fue, indudablemente, un gran actor, con una mirada dura y cortante con la que cerró brillantes actuaciones en papeles de personaje complicado, aunque también se le recuerdan trabajos más entrañables.

La primera vez que tuve conocimiento de la existencia de este autor fue cuando interpretaba al agente Rollin Hand, un genio del disfraz, en la versión televisiva de "Misión Imposible" que protagonizaba Peter Graves y en la que también trabajaban Bárbara Bain, una rubia que leyendo los obituarios de la prensa de hoy me he enterado que era entonces su esposa, de la que se divorciaría en 1993, Greg Morris, como un experto en tecnología y Peter Lupus, como el necesario complemento de fuerza física. Siempre quedará en la retina de quienes aprendíamos de la vida a marchas forzadas durante esos magníficos años 60  aquéllo de que  "esta cinta se autodestruirá en breves segundos". Martin Landau era, sin duda, el actor de más calidad del amplio reparto de una serie que compitió con éxito con las grandes creaciones televisivas de su época: "El Santo"; "Los intocables", "El fugitivo", "Los vengadores", "Mannix", "Ironside", "Audacia es el juego", ...

Pero la referida serie no fue el primer gran trabajo del actor fallecido. Martin Landau formó parte en 1959 del magnífico reparto de "Con la muerte en los talones", para casi todos uno de los mejores trabajos de Alfred Hitchcock. En dicha película encarna al joven y siniestro Leonard, ayudante del pérfido Philipp Vandamm -James Mason-, el jefe del grupo de espías que confunde al pobre Cary Grant con un agente del gobierno -un inexistente Mr. Kaplan- cuando no es más que Roger O. Thornhill, un tan simple como apuesto publicista a quien obligan a ser héroe contra su voluntad, aunque ello le sirva para conocer a una bellísima Eva Marie Saint. Inolvidable la escena de Landau obligando a Grant a tragarse un vaso palmero de bourbon o la mítica persecución final en el Monte Rushmore.

Martin Landau, sin ninguna duda, era un actor merecedor del Oscar, aunque le costó tres nominaciones conseguirlo. La primera de ellas, siempre como actor secundario, fue por "Tucker, un hombre y su sueño" (1988), el film en el que Francis Ford Cóppola relata la vida de Preston Tucker, el ingeniero que revolucionó el mundo del automóvil y en el que desempeña el papel de Abe Karatz, el magnífico vendedor que colabora con el protagonista. Ese año el premio se lo llevó Kevin Kline por su trabajo en "Un pez llamado Wanda". En 1989 volvió a aspirar a la estatuilla por su trabajo en "Delitos y faltas", un trabajo dirigido por el mismísimo Woody Allen e interpretando a un oftalmólogo acosado por su amante. En esta ocasión quien se llevó el gato al agua fue Denzel Washington por "Tiempos de gloria". 

En 1994 llegó la hora de la verdad: a la tercera fue la vencida. El éxito se cimentó en "Ed Wood", película dirigida por Tim Burton y en la que relataba la fuerte relación entre el mítico director de cine de terror que da nombre al film, que interpretaba Johnny Depp y el actor Béla Lugosi, magníficamente representado por Landau. Esta vez el Oscar se lo llevó con todo merecimiento Martin Landau, y eso que sus cuatro rivales eran de nivel y habían sido elegidos por su trabajo en películas de gran éxito: Samuel L. Jackson ("Pulp fiction"), Chaz Palminteri ("Balas sobre Broadway"), Paul Scofield ("Quiz show") y Gary Sinise ("Forrest Gump"). De la filmografía del actor norteamericano todavía recuerdo un modesto papel en "Cleopatra" (1963) y su trabajo como protagonista en "The Majestic" (2001), una entrañable película de principios de este siglo. Sin olvidar una intervención de "asesino" invitado en uno de los episodios de "Colombo" en el que desempeñaba el papel de dos hermanos gemelos.

Descanse en paz.

12 de julio de 2017

Falleció Paquita Rico



El pasado domingo, día 9 de julio, falleció Paquita Rico, y lo hizo en el Barrio de Triana, donde había nacido 87 años antes. Su biografía resalta su origen humilde: su padre vendía pescado y camarones por la calle y su madre planchaba y cosía por las casas, mientras ella era expulsada de la peluquería en la que había comenzado a trabajar a los 10 años por beberse los biberones del hijo de la dueña, dormía en los bancos de los teatrillos donde actuaba para ahorrarse el coste de una pensión y no aprendió a escribir hasta los  19 años.

Sus inicios artísticos fueron en un programa de radio, y de allí fue fichada como "telonera" por el cantaor Pepe Pinto, pareja de La Niña de los Peines, quien la presentó al público como “la gitana de bronce”. No obstante, ante el enfado de su padre que le achacaba despreciar su apellido paterno, eligió seguir actuando como Paquita Rico. La trianera fue una artista completa, y triunfó tanto cantando mejor que nadie la canción española como en el cine, incluso con alguna incursión en el teatro, donde llegó a protagonizar "Bodas de sangre" bajo la dirección de José Tamayo. Fue, junto a Carmen Sevilla y Lola Flores la indudable representante de toda una época del folclore andaluz y español.

En la pantalla la película que le consagró fue "¿Dónde vas Alfonso XII?,  dirigida en 1958 por el italiano Luis César Amadori y con el galán Vicente Parra como compañero de protagonismo. En el film interpretaba a María de las Mercedes de Orleans, la primera mujer de un rey tan querido por el pueblo como Alfonso XII y que falleció a los siete meses de su matrimonio con el monarca tras una relación apasionada y romántica. La película supuso una revolución en su día y tuvo un enorme éxito de público. En aquellos años, cuando se acababa de salir de lo dolores y los rigores de posguerra y el país iniciaba el llamado desarrollo, con la llegada de la televisión y el "Seiscientos", mientras los pueblos costeros se convertían en lugar de veraneo popular, una película de este tipo tenía el éxito asegurado, y a ello contribuyó sin duda el excelente trabajo de Paquita Rico, que llegó a recibir en Cannes un premio a la simpatía.

En la vida real, la artista fallecida tuvo también su tragedia particular. En 1960 contrajo matrimonio con Juan Ordóñez, de estirpe torera, pues era hijo del mítico "Niño de la Palma" y hermano de Antonio Ordóñez, y que ejercía de banderillero. Tras cinco años de relación, Ordóñez, que sufría de frecuentes depresiones, decidió quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos. Aunque tres años después volvió a contraer matrimonio con el industrial canario Guillermo Arocha, el dramático final de su primer marido dejó una herida permanente en el corazón de la artista.

Mi recuerdo infantil de Paquita Rico, tiene mucho que ver con los ecos de la célebre canción de su película "estrella" -"¿Dónde vas Alfonso XII?, ¿Dónde vas trsite de tí? ... Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi ...". Me viene a la cabeza como mi mente de niño no entendía que una historia de amor tan dulce pudiera terminar mal, pues en mis cuentos las princesas no morían, y si lo hacían regresaban a la vida. También está presente el nombre de Paquita Rico cuando me vienen a la cabeza los programas musicales de los sábados por la noche, en los que aparecía con frecuencia la cantante fallecida, siempre como final de programa, en el tiempo reservado a la estrella especial de la semana, donde cantaban los grandes del momento -Raphael, Manolo Escobar, Juanita Reina, ...-.

Poco se hablado de Paquita Rico en las últimas décadas, posiblemente no sólo por los años que le iban cayendo encima y por cierta pérdida de actualidad de su estilo artístico, sino por no haber sido personaje propicio a los escándalos y demás "dimes y diretes". Queda la figura de una mujer bellísima, elegante y con una sonrisa permanente, aunque a veces ocultara dramas personales. Descanse en paz.

27 de mayo de 2017

La primera muerte de James Bond


El pasado miércoles nos despertábamos con la noticia del fallecimiento de Roger Moore. El actor había nacido hacía 89 años en Londres y tenía la condición de Sir, a la que ha sido tan aficionada Isabel II con respecto a las celebridades británicas. Roger Moore no era el típico actor inglés criado en el teatro como lo fueron Lawrence Olivier, Alec Guiness o Anthony Hopkins, sino que comenzó ejerciendo de modelo para destacar posteriormente en películas de acción y series televisivas. Moore era un hombre apuesto, además de un gentleman y un dandy y supo explotar estas condiciones a base de asumir papeles para los que siempre parecía -y de hecho, lo solía ser- el más indicado. Roger Moore intervino como teniente al final de la II Guerra Mundial, se casó cuatro veces y fue embajador de buena voluntad de Unicef. Siempre destacó como una persona amable y simpática, muy lejos del divismo y la vanidad que ejercitan algunos y amante de lujos y de la buena vida: conocida es su faceta de fumador empedernido, con especial cariño por los "Montecristos".

En mi memoria la primera referencia del actor fallecido se remonta a una serie televisiva, "El Santo", en la que Roger Moore encarna a Simon Templar, un refinado ladrón que roba a gente de moral dudosa, o claramente depravada. En los años 60 recuerdo la serie como la más célebre de la programación de la entonces única televisión de España. Eso sí, mi recuerdo es meramente nominal, pues nunca llegué a ver un programa que se transmitía en horas nocturnas y entre semana, lo que era un obstáculo insalvable por cosa, rombos aparte, del horario colegial. "El Santo" era una de esas series tan célebres como vetadas como "El fugitivo", "Los intocables" o "El agente de CIPOL". En la serie Moore conducía un Volvo blanco y era, como casi siempre, un conquistador empedernido. Años después también triunfó en otra serie televisiva: junto a Tony Curtis protagonizó 24 episodios de "Los persuasores". El argumento involucraba a dos millonarios aventureros aclarando misterios y ayudando a personas, especialmente bellas mujeres, a resolver problemas. Evidentemente, Moore y Curtis estaban como pez en el agua.

A pesar del indudable éxito de sus trabajos televisivos, el do de pecho definitivo en las pantallas lo dio Roger Moore al resultar elegido para el papel de James Bond en sustitución del mítico Sean Connery. No cabe duda de que el actor reunía todas las condiciones para encarnar al célebre agente 007: apuesto, simpático, audaza y mujeriego, además de unas indudables dotes para triunfar en el cine de acción. Roger Moore protagonizó siete películas como James Bond: "Vive y deja morir" (1973), "El hombre de la pistola de oro" (1974), "La espía que me amó" (1977) —su favorito—, "Moonraker" (1979), "Solo para sus ojos" (1981), "Octopussy" (1983) y "Panorama para matar" (1985). Tomasso Koch en "El País" nos habla de su experiencia como Bond: "Roger Moore, en la piel de 007: "El británico fue, a la vez, el actor que asumió y dejó el papel del espía en edad más avanzada: debutó en el rol con 45 años y colgó traje y pistolas con 57, cuando, tal como admitió, las chicas Bond con las que mantenía romances en las películas podían ser sus hijas, o incluso nietas: "Básicamente, era 400 años demasiado viejo para el papel". De hecho, se planteó dejarlo ya cuatro años antes, en 1981, tras Solo para sus ojos, y su última aparición en la piel del personaje, en Panorama para matar, le horrorizó. Aun así, el guion de la siguiente entrega, Alta tensión, se escribió pensando en él, y fue amoldado a toda prisa a Dalton."

Roger Moore intervino en muchas películas más, pero pienso que sus papeles televisivos y, por encima de todo, sus trabajos como James Bond son el núcleo fundamental de su carrera. También recuerdo una película de mercenarios  dirigida en 1978 por Andrew V. McLaglen, "Patos salvajes", que protagonizó junto a otros dos británicos de primera fila: Richard Burton y Richard Harris, y seguro que más de un experto cinéfilo que lee este blog nos podría resaltar alguna más. Ahora Moore se ha convertido en el primer 007 de carne y hueso en fallecer. Descanse en paz.

28 de abril de 2017

Tres cuestiones taurinas



En los últimos siete días se han acumulado motivos para que yo hable de toros. La llamada fiesta nacional es hoy cuestionada por bastantes, pero sigue produciendo afición y noticias.

La primera es el fallecimiento de Sebastián Palomo Linares, el torero jienense que falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid el pasado 24 de abril tras no poder superar una delicadísima operación de corazón. La prensa da muchas vueltas estos días a su situación sentimental, a las relaciones con sus hijos, al problema de su herencia, ... Para mí, fundamentalmente,  la figura de Palomo Linares me trae recuerdos infantiles, pues fue él uno de los grandes matadores que surgieron en la generación posterior a figuras de la categoría de Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Paco Camino, "El Viti" o "El Cordobés". Recuerdo haberle visto siendo yo un niño en la Plaza de Zaragoza en su época de novillero, cuando junto a él sonaban nombres de jóvenes en alza como "Paquirri", Miguel Marquez o Angel Teruel. Palomo Linares fue un torero podroso que anduvo por las alturas del escalafón taurino mientras estuvo en activo y pasó a la historia por dos motivos: en la Feria de San Isidro de 1972 cortó un rabo en Las Ventas tras 37 años sin que nadie lo hiciera y mantuvo junto al "Cordobés" una particular batalla con los empresarios que les valió el nombre de "guerrilleros". Descanse en paz.

La segunda cuestión taurina que me llamó la atención durante estos días tiene que ver con Curro Díaz, matador de toros en activo, de raza gitana y paisano de Palomo. Se trata del típico torero con duende, con veinte años de alternativa, que fue cogido al entrar a matar a su segundo toro el pasado día de San Jorge en la Plaza de la Misericordia de Zaragoza. Díaz había realizado una gran faena y con la espada se jugaba cerrarla con corte de orejas. El torero lo dio todo en la estocada, tanto que resultó cogido en una pierna con una herida de 15 cm. En un gesto torero de pundonor y valentía espero, aguantando el dolor, a que el toro doblara y recogió dos merecidas orejas que paseó por el ruedo entre el clamor de un público admirado. Tras la vuelta al ruedo, pasó a la enfermería, donde hubo de ser operado. Toda una demostración de pundonor y torería.

La tercera referencia es menos llamativa. Durante mi infancia mi afición a los toros superaba a cualquier otra. De esta manera, no solamente me fijaba en las grandes figuras de la época, como la anteriormente mencionadas y algunas más: "El Litri", "Mondeño", Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, Andrés Vázquez, Antonio Bienvenida, ..., sino también en toreros modestos, de esos que toreaban poco, en plazas de segunda o tercera y, frecuentemente, a toros difíciles, de esos de los que renegaban las figuras. Uno de esos toreros era Enrique Patón, un hombre nacido en Figueras, que desarrolló buena parte de su carrera en Cataluña, donde ahora han cerrado la puerta a los toros. De hecho tomó la alternativa en Barcelona en septiembre de 1967, siendo apadrinado por un torero que triunfó en la capital condal, "Chamaco" y en presencia del malogrado "Paquirri". El pasado día de San Jorge, finalizada la corrida en la que fue herido Curro Díaz, tuve la ocasión de saludar a Enrique Patón, en la actualidad empresario taurino con personalidad y prestigio, que me pareció un hombre cordial, inteligente y de cierta bonhomía.

21 de abril de 2017

Adios a un veterano cantante argentino

El pasado lunes, 17 de abril, falleció en Madrid Eduardo Rodrigo. El cantante contaba 73 años y padecía una afección pulmonar que al agravarse le ocasionó la muerte. Había nacido en la provincia argentina de San Juan, aunque llevaba más de 40 años afincado en España. Estaba casado con  Teresa Rabal, hija de Paco Rabal y Asunción Balaguer, quien pasó de ser una prometedora actriz a cantar junto a su marido y desenvolverse como pez en el agua, también con Eduardo, en programas infantiles en televisión. Eduardo Rodrigo fue en su época el típico solista argentino de voz sólida y canciones en tono poético, como Alberto Cortez, Jairo, o el mismisimo Jorge Cafrune. Recuerdo que oí hablar por vez primera de este artista a principios de los años 60, cuando la prensa reflejó que volvía a España después de varios años en su tierra. Eduardo Rodrigo era un asiduo de esos festivales que se celebraban a lo largo del verano en localidades costeras como Alicante, Málaga o Palma de Mallorca. Su primer éxito en estos certámenes lo obtuvo en el Festival de Almería de 1971. aunque su gran éxito lo obtendría un año después en el Festival de Benidorm, el mismo que había consagrado en su día a Raphael y Julio Iglesias. La canción que interpretó y le llevó a la fama definitivamente se titulaba "A María yo encontré", la había compuesto Alfredo Alpín y fue muy vendida en su día.

Recuerdo perfectamente la edición del festival en la que ganó el cantante hoy fallecido. Era una de esas noches de julio, calurosas y largas, cuando las vaciones escolares  permitían trasnochar y acostarse tarde. En mi casa eramos, además, bastante aficionados a estos certámenes musicales. Ese año, 1972, habían llegado a la final algunos cantantes jóvenes que originaban el fervor de las jovencitas y se presentaban como favoritos. Los más destacados eran Daniel Velázquez, un madrileño de 26 años que en realidad se llamaba Ceferino Feito -parece comprensible la adopción de un nombre artístico- e  interpretaba "Tema de amor" y Federico Cabo, que había nacido en Badajoz, ya había vencido en el festival siere años antes con "Tu loca juventud" y presentaba el tema "Las enamoradas". A la final, además de Rodrigo, también  llegaron otros cantantes con nombre como Betty Missiego, Tito Mora y el grupo "Continuados". De hecho, "Las enamoradas" -o tal vez su atractivo intérprete- eran los favoritos del público, pero el jurado prefirió a un cantante más talludito -no demasiado, pues Eduardo Rodrigo contaba 28 años- y le dio la gloria al argentino, no sin alguna protesta de los asistentes.

Eduardo Rodrigo tuvo otras facetas artísticas además de esas canciones comerciales propias de los festivales. Fue un intérprete aficionado a canciones propias del folklore de su tierra -su padre era un español que había emigrado y su madre, argentina-, con un toque propio de poetas y trovadores. Un reflejo de ésto son temas como "Indio", "Quisiera" o "canción para María". Una vez retirado de la canción, allá por la década de los 80, se dedicó  junto a su mujer al mundo de los niños con el espectáculo "Una cigarra llamada Teresa", o programas de televisión como "La factoría", "Mazapán" o "La casa de la guasa", además de un circo ambulante que hizo las delicias del público infantil durante años.

Descanse en paz.


10 de abril de 2017

En el prematuro e inesperado adios de Carme Chacón


Cuando ayer recibí vía washapp el enlace del diario "El Páis" digital con la noticia de la muerte repentina de Carme Chacón, mi primera reacción fue de incredulidad: me parecía imposible que de la noche a la mañana una persona joven, a la que siempre había visto en plenitud, con esos aires de mujer preparada y valiente, desapareciera de este mundo para siempre. A dicho sentimiento se unió inmediatamente la tremenda impresión que produce la muerte de alguien conocido, aunque lo sea vía medios de comunicación, sobre todo cuando es alguien a quien le quedaba tanto por dar.

Mi único encuentro con Carme Chacón tuvo lugar en un curso organizado por el Centro de Estudios Jurídicos. En esa ocasión ella dio una charla en materia de violencia de género. La vi como una mujer comprometida -¡mucho!- con la causa, y con llamativo afán por transmitir a su audiencia la fuerza y la necesidad de ese compromiso. Creo recordar que en un principio caí en el error de pensar que su discurso era poco jurídico, hasta que me di cuenta, como en otras ocasiones, que a los juristas nos hacen muchas más bien aquellos mensajes que nos apartan del "salón", del "laboratorio",  para ponernos directamente en contacto con la vida misma.

Carme Chacón fue Diputada, Ministra de Vivienda y de Defensa y no hace mucho disputó a Alfredo Pérez Rubalcaba el liderazgo del PSOE. Todo esto, su carrera política en su globalidad, me hace caer en la cuenta del valor de esta mujer, de su categoría humana. Padecía una grave enfermedad de corazón, al parecer congénita, algo que ignorábamos casi todos ... un mal que supo llevar con discreción, sin servirse de él de ninguna forma. Y sabiendo de su enfermedad y de su riesgo, quiso dedicarse a una tarea que supone esfuerzo, stress, preocupaciones, tensiones, ... tanto como para aceptar ser ministra, para pretender asumir el timón principal de uno de los dos partidos principales de España. Cada cual podrá interpretar el detalle como quiera, para mí supone una gran dosis de generosidad, de disposición de servicio, de asumir una vida posiblemente más corta -desgraciadamente, así ha sido- para cumplir sus anhelos y entregar a los demás sus talentos.

Descanse en paz Carme Chacón.

25 de marzo de 2017

Adios a una persona cercana


Ayer me acosté con la noticia del fallecimiento de Paloma Gómez Borrero. La periodista madrileña tenía 82 años y no me constaba ninguna mención reciente de enfermedad grave que pudiera prever un final próximo. Al parecer hace dos semanas se le diagnosticó un cáncer de hígado y todo se ha desarrollado demasiado deprisa. La muerte de Paloma supone el adiós a una persona buena, natural, cercana, ... como si a partir de ahora faltara alguien próximo, uno de los nuestros.  A través de los medios de comunicación, especialmente de la televisión, entran en la casa y la vida de uno muchos personajes, pero solamente unos cuantos calan de esa manera especial que lo hacen quienes tienen un estilo, una voz, una mirada que llega directa, sin doblez ni dolo, gente como ella.

Han sido muchos los años en los que Paloma Gómez Borrero nos ha acercado a la actualidad del Vaticano, de las palabras, enseñanzas y viajes de unos cuantos Pontífices. Esta mujer, de aires maternales y talante amable y simpático, se ganó mi corazón desde el principio, y me parece que también el de muchos otros españoles. Ahora bien, el que Paloma fuera próxima al espectador, el que siempre tuviera esa sonrisa en la boca, el que nos diera las noticias de modo suave y positivo, no nos puede hacer olvidar que, por encima de todo, se trataba de una periodista excelente, una profesional como la copa de un pino.

Paloma Gómez Borrero entra ahora en la historia,  pasa a formar parte de esos personajes públicos, esos famosos a los que guardamos un rinconcito en el corazón y recordaremos con cariño y cierta nostalgia. No tengo ninguna duda que ahora en el cielo seguirá estando al día de la última hora y siguiendo los viajes de ese sector de la Iglesia que ya hace tiempo vive mucho más arriba que el que hasta ahora conocía.


28 de enero de 2017

Muere un actor británico


Inglaterra siempre ha sido cuna de magníficos actores -Lawrence Olivier, Charles Laughton, Alec Guiness, ... y muchisimos más-. Por esta razón siempre es una pérdida notable para el mundo de la gran pantalla el fallecimiento de un actor inglés como John Hurt, a quien un cáncer de páncreas ha llevado a la tumba a los 77 años de edad. Como tantos compatriotas suyos que han trabajado en el cine, Hurt surgió del teatro, y fue grande en las tablas como lo sería después en el cine y en la tele. Llaman la atención las frases de su viuda tras su muerte: "El actor más sublime y el más caballeroso de todos los caballeros, con el corazón más grande y el espíritu más generoso". "Llegó a tocar nuestras vidas con alegría y con magia, y el mundo será un lugar extraño sin él" No cabe duda de que Hurt fue un auténtico "primer espada" y tuvo esa gran capacidad de adaptarse a papeles tan distintos como el de astronauta, el de preso el de hombre deforme o el de Calígula.

Todos son unánimes en considerar "El hombre elefante" (1980), de David Lynch,  como el mejor trabajo de John Hurt, y sin duda  tiene mérito lucirse en un papel de las características de Joseph Merric. En el film comparte cartel con actores del nivel de Anthony Hopkins y Anne Bancroft y su trabajo mereció una nominación al Oscar al mejor actor principal, galardón en el que tuvo como rivales nada menos que a Jack Lemmon, Robert de Niro, Robert Duvall y Peter O'Toole. Al final la estatuilla fue para de Niro por su papel en "Toro salvaje", pero el trabajo del actor fallecido estaba a la altura de las mejores interpretaciones de la historia del cine. Se trata sin ninguna duda de una historia impactante, de un argumento donde se mezclan el drama, el terror, la heroicidad y su toque de romanticismo. Sacar adelante con éxito este film era una empresa complicada y Lynch lo logró plenamente, para lo cual no fue poca la colaboración de este actor inglés.

El otro gran papel de John Hurt fue el de Max, el preso adicto a la heroína de "El expreso de medianoche" (1978), la película de Alan Parker basada en un hecho real que tanto impactó en su día. También en este film fue nominado para un Oscar, el de mejor actor de reparto, siendo esta vez Christopher Walken quien impidió el éxito con su inmenso trabajo, también relacionado con aquélla droga, en "El cazador".  Sin duda, fue un año en el que el "Sanedrín" de la Academia tuvo predilección por las películas duras. Antes de su gran entrada en Hollywood tuvo un papel de cierta importancia en "Un hombre para la eternidad" (1966), la película sobre Tomas Moro con la que Fred Zinnemann consiguió seis Oscars y en la que le correspondió encarnar nada menos que a Richard Rich, el ambicioso joven cuyo perjurio le costó la cabeza al canciller inglés.

Otros trabajos notables del actor fueron "Alien, el octavo pasajero"  (1979), "La puerta del cielo" (1980), "Spaceballs" (1987), con Mel Brooks, "El prado" (1990), "Rob roy" (1995), "Contact" (1997), "La mandolina del Capitán Corelli" (2001), "El perfume" (2006) y "Los crímenes de Oxford" (2007), sin olvidar sus papeles importantes en "Harry Potter y la piedra filosofal" (2001) e "Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal" (2008). Con su muerte, todos estos trabajos -y unos cuantos más- han pasado a la inmortalidad. Descanse en paz.