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9 de marzo de 2017

Hasta siempre, Huesca



Han pasado más de 15 años desde mi llegada a Huesca y parece que fue ayer. En 2001 andaba yo lleno de energías y ahora marcho con alguna menos, aunque también con más experiencia ... y por encima de todo, con el zurrón cargado de cosas buenas. Tengo la certeza de haber recibido bastante más de lo  dado, aunque puedo asegurar que siempre he procurado corresponder. Vine con muchas ilusiones, y marcho habiendo cumplido algunas y, para mi suerte, tras haber encontrado muchas sorpresas inesperadas.

Creo que aquí he aprendido a ampliar horizontes, a compartir, a ser más sociable ... He encontrado quien me ha enseñado a perder rigores y ver más allá de formas de ser y afinidades. En mi recuerdo, en mi corazón quedarán los paseos matinales rumbo al despacho, niños y niñas que van al colegio, jóvenes y mayores dirigiéndose hacia un trabajo cuyas circunstancias en muchos casos nunca he llegado a conocer. Las mismas caras con las que te cruzas día tras día, dibujadas con aquella seriedad que no sabes si procede del sueño o del frío, de las preocupaciones domésticas o de las tensiones que se avecinan. Caras que reconoces y otras que te miran sin que seas consciente de que también saben quien eres. Poco a poco, fui asumiendo mi nueva ciudad y dejé de sentirme una novedad más para identificarme con el ambiente y el paisaje.

Son 15 años de los que rescataría tantos nombres, tantas personas que han convertido en grato hasta lo que a priori parecía áspero, ... lo han hecho llevadero. No siempre ha sido fácil, he tenido  sustos físicos, sufrido tensiones profesionales, casos complicados, famas no del todo deseadas. Pero ha sido más fuerte el poder de las miradas de cariño, la hospitalidad de tantos, la vitalidad de otros, la paciencia de todos. Es de bien nacidos ser agradecidos me recordaban de pequeño en casa y en el colegio, y es ésta una ocasión de ejercitar el consejo.

Los compañeros de trabajo, los vecinos, los ciudadanos y paseantes, incluidos los anónimos, quienes ya se fueron para siempre dejando su huella y su añoranza, las fiestas de San Lorenzo, la sonrisa de unos y otras, las chicas de la Policlínica que me gestionaron recetas sin ahorrar sonrisas y amabilidades, mis amigas de la Farmacia tan humanas como buenas profesionales, las amistades íntimas, las de un rato, aquéllas con quienes te encuentras ocasionalmente y las que ves casi a diario. Empleados de bares y cafeterías, bancarios, funcionarios y autónomos, abogados y médicos, ... oscenses de cuna y de adopción, amantes de las letras, del arte, de la música ... de corazón, ¡que os vaya bonito!...

La vida tiene periodos, y ahora toca terminar uno. Vuelvo al punto de partida, regreso con canas y arrugas, puede que hasta con la frente machita, pero tremendamente agradecido de haberme curtido la piel en el Altoaragón.

2 de febrero de 2016

Tiendas de cabecera


De vez en cuando se hace necesario ir de compras; a veces caemos en el capricho y compramos más de la cuenta, en otras ocasiones alguna temporada de estrechez económica e incluso algo de dejadez nos mantiene alejados del ejercicio de consumir. En todo caso, nos gusta encontrar comercios donde poder comprar con confianza, garantías de mínima calidad y buena atención ... también de compras nos gusta estar a gusto.

En mi caso, esta necesidad es más llamativa si se trata de comprar ropa. Y en esta materia no terminaba de encontrar un comercio de mi gusto en Huesca, situación que solía llevarme a Zaragoza cuando de renovar vestuario se trataba. Hace cerca de dos años descubrí un establecimiento especializado en ropa masculina, y allí encontré todo lo que deseaba: buen gusto, amabilidad y profesionalidad. Y es que en esas funciones de elegir, probarte prendas, decidir arreglos, etc, además de encontrar lo que todo comprador suele buscar -la mejor relación calidad/precio, etc, etc- también se agradece el calor humano, el sentir que cada cliente no es "uno más", el ser llamado por tu nombre, una sonrisa que te invita a volver ... casi a quedarte, una mirada que no engaña.

Allí me encuentro con dos personas con las que uno siente ser bien recibido, aspiro a ser capaz de devolver, como dice la canción de Perales, cariño con cariño y a mantener esa fidelidad que podríamos llamar comercial. Y bien me consta que no debe de ser fácil mantener el buen estilo tras muchas horas de trabajo y con los inconvenientes propios de quien está "al otro lado del mostrador".

Sirva el post de homenaje a tantos comercios en los que encuentras calor, saber hacer y afecto, ... además de buen servicio.

20 de enero de 2016

Panorámicas de Huesca


No hay como encontrar personas con sensibilidad para descubrir que la belleza se encuentra cuando menos la esperas. A veces pensamos que es necesario viajar lejos, irse al Pirineo o buscar una puesta de sol junto al mar para disfrutar de una bonita escena, para gozar del paisaje, para dar gracias a la Providencia por haber facilitado un momento de placer con la simple contemplación de lo que se presenta ante tus ojos.

Siempre me ha gustado vivir en directo la paz de las  calles vacías, esa serenidad que, por ejemplo, ofrecen el silencio y la oscuridad de la noche. Pasear sin apenas testigos, aún en un simple regreso a casa tras cena, encuentro o reunión, con las prisas que tienden  a provocar el sueño o el frío, puede permitir también disfrutar de un escenario real y próximo.

Huesca no es una excepción; se trata de una ciudad que entre semana duerme pronto y sus calles ofrecen una imagen tranquila y desierta. Con este escenario alguien me enseñó hace pocos días paisajes nuevos, lugares por los que no he dejado nunca de pasar y cuyas posibilidades no había sabido apreciar hasta ahora. Desde la Plaza de Navarra, indiscutible centro neurálgico de la ciudad, se pueden contemplar, casi en ángulo de 90 grados, dos panorámicas bellísimas, dos largas lineas rectas en las que cabe observar una imagen espléndida y brillante de luces y colores, un espectáculo gratuito cargado de belleza y simbolismo.

La una se prolonga desde la referida plaza hasta el final de la Avenida de Martínez de Velasco, en una prolongación infinita de luces y resplandores que podrías estar contemplando sin cansancio durante bastante tiempo. Podríamos imaginarla como el espectáculo final antes de la marcha definitiva rumbo a otros lugares, la búsqueda de otras luces a las que no se llegará sin pasar antes por un paisaje más seco e inhóspito. Por eso cuando diriges la mirada hacia la calle Alcoraz y prolongación puede ser una forma de enfrentarte con el misterio, el futuro, el destino. Tú permaneces fijo en un punto, mientras enfocas una distancia en la que tantos  otros dicen adiós a la ciudad dejando por el camino los reflejos de la luz que llevaban, algunos quizá de manera definitiva, en su último adiós.

Muy similar es la línea que desde la propia Plaza de Navarra  enfila la calle Zaragoza hasta la Estación Intermodal. Se trata de una distancia mucho más corta, con lo que carece de la apariencia de inmensidad de la otra. La vista, también cargada de luz y colorido, tiene su fin en la estación, con todo lo que evocan estos edificios, siempre unidos a sensaciones de despedidas, recuerdos, nostalgias, .... historias pasadas, amores acabados y también vidas nuevas y aventuras por empezar en lugares más o menos lejanos.

Es bueno que de vez en cuando nos despierten las sensibilidades, nos inviten a hacer volar -y viajar- la fantasía, a descubrir que la belleza no tiene código de barras, no es atributo exclusivo de las fotografías de las agencias de viajes, ... sino más bien un pozo sin fondo.

11 de agosto de 2015

En pleno San Lorenzo


Con estas ya son 14 las fiestas laurentinas en las que participo en vivo y en directo; desde el primer día, en el ya lejano 2002, quedé sorprendido de la intensidad con la que se viven estos días por parte de los oscenses y de todos aquellos que deciden pasarse por la capital del Altoaragón para participar, total o parcialmente, de tantos actos y celebraciones que tienen lugar en ella. Desde el chupinazo a la ofrenda de flores y frutos del día 15, no hay momento para el aburrimiento, nadie puede quejarse de tener que permanecer pasivo o sin nada que hacer. Las calles oscenses se llenan de vida y cabe afirmar que todos participan de la fiesta de una manera y otra.

Siempre he observado las  de San Lorenzo como unas fiestas eminentemente populares, unos días en los que los protagonistas son los ciudadanos, de manera que sin ellos no tendrían sentido, razón de ser ni vida propia. Son catorce años -¡casi década y media!- comprobando que en Huesca las fiestas patronales no son excluyentes,elitistas ni poco participativas. Es sin duda el pueblo de Huesca, en ese sentido extensivo que acredita el que los de fuera se sientan acogidos, el que vibra con el chupinazo, se emociona con los Danzantes, da sentido a la procesión del día 10, que sin los ciudadanos que abarrotan las aceras carecería de razón de ser, ofrece color y hasta algún exceso en los tendidos de sol de la Plaza de Toros con unas corridas que la gente vive desde horas antes hasta horas después. Son los ciudadanos los que despliegan el verde de la albahaca y el blanco de la fiesta por toda la ciudad, quienes pasean con sus familias y se sientan en las terrazas donde es a veces tan difícil encontrar hueco; es la gente la que se aprovecha de lo que se ofrece desde el recinto ferial, quienes consiguen que crezcan y se desarrollen las peñas, quienes en definitiva protagonizan ese contrato virtual entre organización y destinatarios como una parte imprescindible del mismo.

En los inicios de estos días escuché decir que las fiestas deberían ser para el pueblo, algo que comparto, aunque me llame la atención que se afirme como si fuera una especie de descubrimiento, como si fuera necesario cambiarlas, cuando sólo cabe hablar de mejorarlas, porque en esta vida siempre caben mejorías, como si la vida comenzara hoy, cuando de fiestas y de vitalidad ciudadana los de Huesca llevan décadas dándonos ejemplo al resto.

20 de abril de 2015

III Marcha Aspace


Ayer, como en los dos años anteriores, participe en la Marcha de ASPACE; ¿Qué es ASPACE?, nada menos que la Asociación de enfermos de parálisis cerebral, y desde 2013 la delegación oscense organiza una marcha benéfica que desde el primer momento ha tenido un éxito llamativo: 1.500 participantes el primer año, más de 3000 el pasado y cerca de 5.600 en 2015. Son cifras que suponen un éxito para la organización: hay que saber moverse, no basta con airear una convocatoria y ofrecer una buena causa: los responsables de ASPACE han trabajado bien y recogen los frutos de una buena gestión.

Tanta participación es también un aval de que el ciudadano cuando ve una causa importante reacciona con solidaridad, un apoyo plasmado en unos números espectaculares para una ciudad del tamaño de Huesca y en el entusiasmo que se veía en las caras y las actitudes de los participantes. Creo que ayer en Huesca se vivió una jornada ejemplar en cuestión de aunar voluntades, de superar diferencias para ir juntos a una misma meta.

Poco puedo añadir sobre este acontecimiento que sea distinto a lo que ha reflejado la prensa. Simplemente resaltaré tres cuestiones; en primer lugar que se trata de ese tipo de eventos en los que uno se siente satisfecho de haber participado, en los que aún consciente de la mínima aportación realizada, queda orgulloso de haber asistido sin segundas intenciones ni por esa especie de necesidad de buscar causas secundarias o efectos complementarios que tienen algunos. Por otra parte, compartir unas horas con personas que por sufrir directamente una enfermedad de este tipo o atender habitualmente a quien la sufre te dan ejemplo y te ayudan a minimizar tus problemas cotidianos. Y finalmente, necesito reflejar mi agradecimiento a todos y cada uno de los que desempeñaron un mayor o menor papel en la organización: es de agradecer no sólo el adecuado cumplimiento de la obligación de cada cual, también la amabilidad añadida.

21 de diciembre de 2014

La magia de unos villancicos


Asistí el sábado por la tarde al concierto de villancicos que ofreció la Coral "Diego Pontac" de Huesca a beneficio de la Asociación de enfermos neurológicos oscenses (AENO); era la ocasión de echar una mano a un fin bueno y solidario, y también de disfrutar con un grupo de personas que sacrifican parte de su tiempo libre para desarrollar una afición tan bonita como la de cantar. Quienes asistimos, llenando de tal manera el salón de actos de la Diputación Provincial oscense como para tener que permanecer  unos cuantos todo el acto de pie, disfrutamos de lo lindo con un concierto bien trabajado y excelentemente interpretado: mi sobresaliente máximo para todos aquellos que lo hicieron posible.

Tras la hora larga escuchando "Eterna Navidad", "La marimorena", "O Tannenbaum", "White Chritsmas" y tantos otros, quedan en mi corazón tres sensaciones; la primera, la confirmación de que por más que haya cenizos y "comecuras" que parezcan pretender enterrarlo, el espíritu navideño existe, y que sigue habiendo quien dedica su tiempo, su atención y su cariño en practicar una costumbre tradicional y profunda como el cantar villancicos, algo que por cierto hacen muy bien.

Por otra parte, es de agradecer el esfuerzo de una serie de ciudadanos con profesiones bien diferentes, que se han esforzado por perfeccionar sus dotes para el canto, algo que suele suponer cierto don, pero que por encima de todo necesita tiempo y un notable esfuerzo personal. Así, que mi enhorabuena, de modo especial para Rafa, Pepa y Ana, que han ganado muchos puntos en mi consideración, ... que ya era alta.

Y finalmente, mostrar mis admiración por la directora del coro, una persona a quien vengo admirando anónimamente desde que al poco de llegar a Huesca la escuché en uno de esos conciertos de Navidad que se celebran por estas fechas en la Catedral; formaba parte de la Coral Oscense y quedé prendado de su voz y su estilo. Desde entonces la he escuchado cantar en diversas ocasiones, pero hasta ayer no descubrí que también hablando muestra una voz bien bonita, además de un sentimiento especial a la hora de presentar los villancicos: me convertí en un espectador identificado con lo que escuchaba por el simple hecho de oír a una persona hablar con el corazón.

Bendita Navidad¡¡¡¡

6 de mayo de 2014

De aquí a la eternidad


Hoy se ha confirmado que, si todo va bien, estaré al menos cinco años más en Huesca. Cuando pase este tiempo ya habré entrado en una nueva década de mi vida, y eso de tener 60 años comienza a tener cierto eco de haber llegado a algo más que la madurez. Ya son doce años y ocho meses en la capital del Altoaragón y Huesca ha dejado de ser un destino interesante para entrar a formar parte de mi pequeña historia personal, como Zaragoza lo fue de mis primeros años y Tarragona de buena parte del núcleo de mi vida.

A veces me pregunto si sigo siendo el mismo que llegó en septiembre de 2001, con la nostalgia de 22 años junto al Mediterráneo y las expectativas de continuar mi vida en mi región originaria. Imagino que en lo esencial no ha debido de haber grandes cambios, ni soy precisamente persona excesivamente audaz ni amante de revoluciones. Pero, sin duda, a la vez que he perdido algo de energía -en cuanto pasas los 50 las cosas ya no son como antes- y algunos gramos de ingenuidad, me parece que he sumado experiencia y -no lo puedo evitar- un poco de retranca.

Huesca, sus gentes, los capazos, el Coso y el Parque, Loreto, Salas, Loarre, el Románico y los valles del Pirineo -siempre sin subir- seguirán formando parte de mi entorno, de mi propia vida. Y tomaremos tapas, pinchos y cazuelitas en el "Oscense", el "Mi Bar", el "Da Vinci" y tantos otros, y comeremos con y sin estrella Michelín, y disfrutaré de la amabilidad de los oscenses, de quienes trabajan aquí, tras el mostrador de Ascaso, el "Duquesa", la "Farmacia Central" y tantos otros sitios. Y a la vez que comienzo a hacerme viejo, llegan a la plenitud os oscenses del futuro, tantos y tantas que a no tardar mucho tomarán el testigo.

Estoy contento, seguimos en "Huesqueta". Espero estar a la altura y devolverle lo que me ha dado.

6 de abril de 2014

Rosa López en Huesca


Rosa López, la cantante granadina que triunfó por todo lo alto en la primera edición de "Operación Triunfo" y representó a España en el Festival de Eurovisión actuó el sábado en el teatro Olimpia de Huesca. He de confesar que disfruté como un niño y quedé encantado de lo bien que lo hace la simpátiquísima artista andaluza. Tiene una voz espectacular con la que hace verdaderamente lo que le da la gana; magnífica su versión, especial y distinta, del inolvidable "Yo no soy esa" de Mari Trini, su actual éxito, y de primer nivel las canciones versionadas de primeros espadas de la música como Whitney Huston, José Luis Perales y Armando Manzanero, con mención especial para el "Killing Me Softly" de Roberta Flack y el "Something" de Los Beatles. Magníficas también sus canciones de siempre. Pero además de por su arte y esa voz que en España tienen muy pocos, Rosa se metió en el bolsillo al público oscense por su simpatía y su humanidad; me quedó bien claro que ese cariño, ese sentido común y esa entrega a los espectadores no tenían ni un gramo de impostados: una mirada sincera, un tono de voz cargado de afecto y una actitud de persona que se vuelca en lo suyo y con los suyos. A todo esto cabe añadir su generosidad por actuar completamente gratis al ser un concierto benéfico a favor de Manos Unidas contra el hambre. ¡Vaya pedazo de artista, vaya grandeza de mujer y vaya categoría de persona!.

Decía Chesterton que la mediocridad consistía en convivir con la grandeza y no darse cuenta, razón por la que no puedo cerrar este post sin mencionar la labor que realiza Manos Unidas, donde el verdadero amor a los demás, la entrega desinteresada y la constancia en el trabajo se unen para sacar adelante aquello que no son capaces de hacer quienes deberían velar por la paz y la prosperidad del mundo. Mi admiración, mi apoyo y mi enhorabuena a Araceli, Carmen y todo su equipo; me quito el sombrero. Ah¡¡¡, y magnífica la idea del colofón con las jotas de Roberto Ciria y el "S'ha feito de nuei", a Rosa y su equipo se les veía con la boca abierta.

*Imagen tomada de la web de Radio Huesca

8 de marzo de 2014

El olor de La Confianza


A cualquier ciudadano de Huesca y localidades próximas, y a bastantes de lugares más lejanos, incluso del resto de España, no es preciso descubrirles "La Confianza", el  antiguo y mítico establecimiento que se encuentra ubicado en la Plaza López Allué de la capital del Alto Aragón. Creo recordar que ya dediqué un post a este lugar y alabé la calidad y la variedad de los productos que allí puedes comprar, así como ese sabor de tradición y raigambre que rezuman todos los rincones del lugar.

Hoy quería resaltar el aire que se respira allí, y es que se trata de un sitio donde te encuentras bien lo mires por donde lo mires. Me llaman la atención por ejemplo las distintas esencias que venden; están expuestas en unos botes de cristal dignos de un Oscar a la mejor decoración: allí se guardan la vainilla, el clavo, la canela, el cardamomo, la nuez moscada, el sésamo, ... todo tipo de especias que inundan el local de un aroma sano, grato, animante, a lo que cabe añadir el chocolate, el cacao que entra por los ojos, las legumbres expuestas al estilo antiguo o ese bacalao en salazón con el que casi siempre suelen andar en actividad.

Entrar en "La Confianza" tiene un único riesgo:  a uno le cuesta salir, entre otras razones porque al ambiente propio de unos productos de calidad cabe añadir el aroma de la amabilidad y la bondad que allí se respira. Por eso no está de más ser honesto en algún momento y agradecer el buen trato, incluso para quienes como yo somos todavía tan torpes de comprar solamente agua.

4 de diciembre de 2013

Gente comprometida


Estuve ayer en el acto que organizó "CADIS", la Coordinadora de Asociaciones de personas con discapacidad de Huesca, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Del desarrollo del acto dan buen y fiel testimonio los medios de comunicación, versiones digitales incluidas. Aquí me limito a contar mis impresiones subjetivas, a reflejar lo que comprobé -nada nuevo por otra parte- tras algo más de una hora compartida con gente que trabaja junto a discapacitados y con éstos mismos. Aunque todos somos sensibles ante alguien que tiene parálisis cerebral, que ha sufrido un accidente con unas secuelas tremendas o que tiene una deficiencia psíquica notable, necesitamos ser conscientes varias veces al año de que en la sociedad existen quienes teniendo los mismos derechos que nosotros, necesitan ayuda -a veces mucha- para poder ejercitarlos en plenitud. Y como recordaba alguien ayer, no es cuestión de mendigar subvenciones, sino de exigir derechos. Compartir el tiempo y las vivencias con gente así me ayuda a desdramatizar mis propios problemas y a enfrentarme a la vida con perspectivas menos egoístas.

Pero siempre que tengo ocasión de estar en este mundo reitero la misma experiencia: en las personas que trabajan en este ámbito hay algo especial; evidentemente son unos profesionales y saben lo que hacen, pero lo que más me llama la atención es el inmenso cariño con el que tratan a aquéllos a quienes atienden, el afecto extremo con el que hablan de ellos y con ellos ... en ningún otro lugar he encontrado ese nivel de entrega, esa forma llamativa de volcarse, ese espíritu sin duda especial. Salta a la vista que un trabajo así, y más en los tiempos que corren, exige más que en ninguno compromiso, abnegación y espíritu de servicio ... no puedo evitar sentir cierta dosis de vergüenza cuando veo lo lejos que estoy de su altura. En todos los ámbitos uno se encuentra con profesionales excelentes, pero aquí hay un plus, algo distinto.

En el acto de ayer se entregó un premio a Radio Huesca; su director, Eduardo Villuendas, agradeció el galardón con pocas palabras, pero dio en el clavo, y como decimos a veces los juristas, me adhiero a las mismas: en medio del temporal de la vida, las personas de a pie necesitamos a veces que alguien nos de buen ejemplo, que alguien nos sonría con un gesto que viene a decir que la cosa va cuesta arriba, pero a pesar de todo vale la pena el optimismo.

4 de mayo de 2013

El 150 cumpleaños de "Casa Iglesias"



Hace unos días descubrí en Facebook que ´"Casa Iglesias" cumplía 150 años, y he de admitir que me quedé pasmado. He entrado muy pocas veces en este clásico establecimiento ubicado en el Coso Bajo de Huesca, pero no por ello me ha dejado de llamar la atención su estilo clásico, su escaparate lleno de objetos con sabor a clasicismo, ese aire de tienda de siempre que no puede faltar en una vía importante de una ciudad de provincias. La tienda tiene una magnífica página web -http://www.casaiglesias.com/index.htm- en la que todo se explica adecuadamente, por lo que me ahorro profundizar en la historia y características del negocio, aunque no puedo evitar comentar lo mucho que me ha llamado la atención que el fundador del mismo fuera un tal José Iglesias, un madrileño que había aprendido el oficio de impresor en Zaragoza y que había llegado a Huesca para cumplir sus obligaciones con la patria. Evidentemente, todo un ejemplo de capacidad de emprender, y todo un mérito el que un simple recluta del siglo XIX -estamos hablando aproximadamente del año 1863, fuera capaz de instalar en Huesca un comercio que ha pervivido hasta nuestros días.

"Casa Iglesias" es una papelería del viejo estilo, dicho por supuesto en el mejor sentido de la expresión. En su escaparate lucen esos juegos de escritorio que deleitaban a nuestros padres, con tinteros, botes para los bolígrafos, lapiceros y plumas, abrecartas, compartimentos para notas y cuartillas, ... así como plumas, agendas, dietarios, sin olvidar teléfonos antiguos, tableros de ajedrez y damas, portafolios, carpetas, ... todo ese muestrario de objetos que por mucho que avance la técnica siempre tendrán un hueco en el corazón de tradicionales y caprichosos. Y por supuesto, dos escaparates con las últimas novedades editoriales, algo que a los psicópatas de la lectura convertía al comercio en parada frecuente, casi obligatoria. En fin, era evidente que se trataba de un establecimiento de siempre, aunque no sabía que se remontaba a dos siglos antes: todo un mérito, un motivo evidente de alegría y enhorabuena.

 

26 de noviembre de 2012

La tapa del "Banbui"


Como cada año desde hace once, la semana pasada se celebró en Huesca el Concurso de Tapas; aunque este tipo de certámenes se ha extendido por el mapa en los últimos tiempos creo no equivocarme al afirmar que Huesca ha sido pionera y que el de 2001 fue primero celebrado en Aragón y puede que en España. Todo un invento al que se han apuntado este año nada menos que 184 establecimientos, algo que obliga a algún "psicópata" del tema a una auténtica carrera contrarreloj para probarlas todas y anima a otros menos ambiciosos a disfrutar de alguna que otra jornada de amistoso recorrido por los establecimientos que facilitan disfrutar de estos pequeños placeres.

El pasado viernes hice uno de estos desfiles con unos cuantos compañeros de "aventuras", y entre otros lugares hicimos escala en el Bar Restaurante "Banbui", un establecimiento bastante nuevo que se encuentra ubicado en la Plaza Lleida de Huesca, muy cerca del Mercadona situado en la zona de Avenida Pirineos. Ya acudí a dicho lugar en la edición de 2011 y comprobé que es uno de esos bares en los que se esmeran en trabajar a fondo las tapas que presentan al concurso. Efectivamente, este año también nos topamos con dos tapas bien elaboradas, una más bien tradicional consistente en una especie de "flan" de arroz con ternasco y un huevo de codorniz y otra tremendamente original denominada "Jarrón Banbui" que aparece presentada como una flor de pan más bien dulzón, con unas cremas suaves también dulces en el centro de la corola y servida en una pequeña botella rellena de mojito, que puede ser clásico o de sandía. Como uno tiende a la novedad pedí, como casi todos mis acompañantes, esta última, aunque también probamos la otra. Ambas sabían muy bien, aunque he de reconocer que la del arroz era espectacularmente buena.

El resto de tapas probadas ese día y otros eran, por lo general bastante buenas, y vete a saber cuales se llevan los distintos premios, principales y secundarios, previstos, pero si a la calidad de las viandas hubiera que añadir la simpatía y la amabilidad no me cabe duda que el premio mayor habría de ser para el local citado, y en concreto para la chica rubia y sonriente que nos atendió el 23 por la tarde. Uno agradece la belleza exterior, pero aún más cuando va acompañada de una amabilidad notoria, una atención esmerada y una elegancia discreta. No está previsto en el certamen el premio a la camarera más amable, pero habría que preverlo y mi voto sería para el "Banbui".

28 de mayo de 2012

El escaparate de La Confianza


"La Confianza" es una de esas tiendas de las que quedan pocas; a cualquier habitante de Huesca y a unos cuantos de otros lugares de Aragón e incluso de España y parte del extranjero, no hay que explicarles qué es "La Confianza", un establecimiento que además fue protagonista del telediario nacional no hace muchos meses, por haber sido elegido como lugar digno de mención. Se trata de lo que antes llamábamos una tienda de "ultramarinos" -en Cataluña, "colmado"- que conservando todo el encanto de lo añejo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y seguir siendo en la actualidad una tienda que ofrece todo lo que uno puede necesitar, una auténtica referencia en la ciudad. Entrar en el interior de "La Confianza" es como viajar al pasado y enfrentarse con las galletas surtidas, las tabletas de chocolate expuestas como reclamo, los recipientes de cristal llenos de caramelos de diferentes tipos, las cajas de cartón con pastas, especias y canelones, botes de "Cola-cao", "Eko", "Nescafé" y hasta marcas que uno ya había olvidado, gaseosas en sobres, paquetes de azúcar, sal y pimienta, ... y, por encima de todo ese olor a alimentación sana, a especias y legumbres, completamente lejano a ese tufillo ingrato de algunos mercados a verduras o pescados pasados, o a humanidad que se adocena y ese encanto del viejo teatro, de las casas de muñecas, de lo que nunca muere ... porque alguien lo conserva bien vivo. Y, por supuesto, el trato, que responde al milímetro al nombre de la casa, con unas personas "de toda la vida", por las que no ha pasado el tiempo porque mantienen la amabilidad y la elegancia en el trato sin la menor merma, incluyendo las últimas en llegar, bonita combinación de bondad, discreción y belleza venida del otro lado del Atlántico.

El sábado pasado, acompañando a unos amigos venidos de Tarragona, nos detuvimos ante el escaparate de "La Confianza", donde lucía un surtido enorme de legumbres de todo tipo, especialmente de alubias, con todas las variedades que el hombre pueda conocer: blancas, pintas, rojas, boliches, caparrones, alubias de Tolosa, ... como una notoria demostración que por mucho que la inteligencia -en ocasiones, la tontería- humana sea capaz de elaborar en materia gastronómica, con espumas de mejillón, carpaccios de jamón de jabugo -con lo bueno que está cortado directamente de la "patica"- o sorbetes de esencia de solomillo y otras "exquisiteces", no hay nada como la comida de siempre. Ante el escaparate de "La Confianza" -así, con mayúsculas- uno se queda hipnotizado por la belleza estética, la sugerencia gastronómica y la imagen de ... de eso, de confianza. ¡Por muchos años!.



13 de marzo de 2012

Entusiasmo en la segunda fila



El domingo asistí a un concierto que la Film Symphony Orchestra ofreció en el Palacio de Congresos de Huesca; se trataba de un homenaje al compositor de bandas sonoras John Williams, el hombre que como bien dice mi buen amigo Tommy ha perdido más Oscars de la historia, pues "solamente" ha conseguido 5 tras 47 nominaciones. La referida orquesta está dando una gira por toda España, alternando dos programas diferentes en los que interpretan diferentes bandas de Williams, todas ellas relativas a películas de éxito mundial. Así, disfrutamos de los temas principales de films tan relevantes como "El patriota", "Las cenizas de Ángela", "Nacido el 4 de julio" o "Superman", además de piezas inolvidables de "La guerra de las galaxias", "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", "Harry Potter y la piedra filosofal", "la lista de Schlinder", ... incluso regresó a mi memoria una película de John Wayne titulada "Los cowboys" que supuso todo un hito en mi adolescencia.

La orquesta, compuesta de setenta músicos, realizó unas interpretaciones magistrales que trasmitían pasión, nostalgia y todo tipo de emociones. El público, que solamente cubría la mitad del aforo, estuvo entregado y las ovaciones fueron importantes tras cada interpretación y absolutamente cerradas y explosivas al final del concierto, obligando al jovencísimo director -se llama Constantino Martínez-Orts y nació en 1977- a realizar un par de "bises", e incluso pienso que habría quien se hubiera quedado toda la noche escuchando otras composiciones de Williams -"Memorias de una geisha", "JFK", "ET", "Un horizonte muy lejano", ...-.

Yo soy un personaje completamente lego en la música, y habiendo nacido en una familia con personas de buen oído y gusto musical, pertenezco un pequeño sector de la misma que acredita ser bastante negado ante el tema. Pese a ello, disfruté distinguiendo cada instrumento -violines, bajos, contrabajos, violonchelos, arpa, tubas, ...-, observando las distintas maneras de enfrentarse cada uno de los músicos a la interpretación y descubriendo esos detalles que sorprenden a un profano, como la indiscutible jerarquía del primer violinista, el saludo que el director de orquesta le dirige con cierta frecuencia dándole la mano, las miradas que en ocasiones intercambian los componentes del grupo, los movimientos apasionados del director o la perfecta armonía que caracterizó la actuación.

Eso sí, al margen del trabajo casi perfecto de la orquesta, me llamó poderosamente la atención una joven espectadora que tomó asiento, junto a un jovenzano que parecía ser su novio -o asimilado-, en la segunda fila; se notaba que la moza disfrutó todos y cada uno de los instantes de las cerca de dos horas y media que duró el concierto, aplaudiendo con un entusiasmo que rozaba la plena devoción, frecuentemente de pie. Al terminar la última pieza anunciada su fervor se desbordó, rompiéndose las manos aplaudiendo a la vez que miraba semi extasiada a los componentes de la orquesta. A la vez que aplaudía animaba al resto del público a hacerlo con más insistencia, con la intención de que regalaran alguna nueva interpretación, anunciando a diestro y siniestro que esa misma mañana había asistido a la actuación que la referida orquesta había desarrollado en el Auditorio de Zaragoza.

Y no resalto la capacidad de ilusionarse y disfrutar de esa chica tan dinámica para reflejar tono alguno de crítica o recochineo, sino para mostrar mi admiración por ese espíritu joven, dispuesto a invertir tiempo, kilómetros y dinero para gozar de algo que le gusta. Porque en ocasiones uno nota el paso de los años, y se rebela al descubrir que en algún momento pierde la gracia de sentir felicidad por momentos como éste, incluso siente la tentación de mirar el reloj para ver cuando termina todo y uno puede marcharse a dormir o hasta se impacienta ante el entusiasmo ajeno, algo que no debería ser así, ridiez!!!!.


30 de noviembre de 2011

La buena gente de Switch



El viernes de la semana pasada tuve la ocasión de presentar el libro de una amiga en Huesca; el libro es sentido y está bien escrito, el acto fue un éxito de asistencia y los que acudieron lo hicieron por amistad y cariño; así, la tarde-noche acabó convirtiéndose en un rato grato e inolvidable. La autora del libro, que es el primero que publica pero queda claro que no será el último, trabaja en una Academia de idiomas local y allí acudieron todos sus compañeros y compañeras de trabajo ... distinción esta última que exige la corrección política y supone todo un detalle con Germán, el único varón entre tanta mujer guapa.

Visto desde fuera podría pensarse que la presencia de estas personas se debía al lógico compromiso de acudir a un acto que protagoniza un colega, pero me bastó acompañar a todo el equipo, además de la familia de la protagonista, a tomar unas tapas al "Fiends International Tavern" de Huesca para comprobar que ahí no había compromiso que valiera, el tema es que se quieren y eso es algo que me pareció un descubrimiento estupendo. He de confesar, cosa que no me cuesta nada por otra parte, que pase unos momentos deliciosos con esta gente de los idiomas, y no sólo por las excelentes tapas de cerdo y huevo de codorniz con longaniza que nos metimos entre pecho y espalda.

En los tiempos que corren es de agradecer toda la lección de buen humor y sentido positivo de la vida que me enseñaron el viernes; creo que con los años uno ha aprendido a distinguir cuando las sonrisas son sinceras, el afecto no viene causado por el cálculo ni el interés y la gente está con el otro porque le tiene cariño, y de todo eso había en la mesa de la cervecería de la Avenida Menéndez Pidal. Entre los presentes se encontraba la directora de la Academia, que la novel escritora me dijo que era de Canadá: yo pensaba que los oriundos de esa nación eran gente seria y poco dada a la broma y la diversión, algo que la mujer se encargó de desmentirme, pues hacía tiempo que no tropezaba con alguien tan divertido.

Tras salir del Friends Tavern la fiesta continuaba, pero uno andaba verdaderamente derrengado y me quedé con las ganas de continuar la procesión, otro día será. Solamente me queda agradecer a Marisel, Cris, Verónica, Arantxa, Leticia y Germán ese estilo tan especial y oxigenante, verdaderamente un soplo de aire fresco. Y si me quedo sin trabajo, ya buscaré faena en el Switch, que de idiomas ando muy mal, pero siempre hará falta alguien para abrir la puerta, atender el teléfono o barrer la entrada, digo yo.



20 de septiembre de 2011

Huesca, diez años después



Tal día como hoy inicié mi andadura profesional en Huesca; ya quedó dicho que abandonar Tarragona tuvo su parte de trauma y tras tantos años acostumbrado a una ciudad, a unos habitantes y a un estilo, la aventura de Huesca llevaba consigo bastante de reto, de nueva vida. Instalarme en Huesca suponía regresar a Aragón después de más de media vida fuera: había abandonado mi tierra siendo prácticamente un "impúbere" y me ilusionaba reemprender mi vida aragonesa, por más que me iba a encontrar de frente no sólo con lo mejor de mis paisanos, sino también con unos defectos que la ingenuidad de los 18 años hicieron que ignorase en su día. De cualquier manera, mi historia oscense la iniciaba lleno de ilusiones y esperanzas.

A estas alturas del envite, cuando casi sin enterarme han pasado diez años, tengo claro que hice bien cambiando de escenario; cada cual tiene sus circunstancias, pero en mi caso cada año que pasaba he visto más claro que necesitaba un cambio, que en Tarragona ya había dado de sí todo, y me vino muy bien quemar las naves del Mediterráneo, por mucho que al sur del Pirineo hubiera otras esperándo. Instalarme en Huesca tenía una consecuencia inmediata: la cercanía de Zaragoza; 70 kilómetros por autovía y un horario amplio de autobuses son un obstáculo nimio y viajar a la capital de Aragón se convirtió en tentación próxima: es algo que muchos no entienden, pero tras años de abstinencia máxima, pasear por Independencia y aledaños deparó en una vía de escape irresistible.

Trasladar mis reales a la capital del Alto Aragón significó descubrir el Pirineo; ya he dicho muchas veces que soy más de piso que una baldosa, y he necesitado muchos años para valorar las virtudes de los valles pirenaicos, algo que tantos otros supieron hacer ya en la infancia. No hay más que encarar Monrepós un día de buena visibilidad para comprobar la belleza y la grandiosidad del lado aragonés del Pirineo. La Cola de Caballo de Ordesa, la travesía Bielsa-Tella, Canfranc, la Garcipollera y la Virgen de Iguacel, Santa Elena, los cauces del Aragón, el Ara o el Cinca, la lluvia amarilla, Ainsa, Broto, Sallent de Gállego, Benasque, Ansó, ... lugares que te trasladan directamente al paraíso, paisajes que provocan la detención del tiempo, aire puro que respiras mientras escuchas el agua, las aves y el sonido de las hojas caídas cuando las pisas, con el olor puro de la naturaleza y el frescor de la hierba. Y la provincia tiene otras joyas espectaculares: Alquezar, el Castillo de Loarre, Torreciudad, Roda de Isábena, el paisaje de los mallos de Riglos y los de Agüero -nada que ver con el Kun;)-, la Colegiata de Bolea.

Huesca supuso el reencuentro con Aragón, con los finales en "ico", las conversaciones a gritos -incluso de acera a acera-, la actitud "extrovertida" ante la vida, la pérdida de ese respeto a la intimidad habitual en Cataluña y ausente tantas veces por aquí, cuando el personal al comprobar que camina por la calle alguien a quien no controla no tiene ningún pudor en quedarse mirando con cara de sorpresa -¿y quien es éste?-. En Aragón somos nobles y acogedores, pero también es tierra cainita, donde hay a quien no le importa quedarse tuerto con tal de que se quede ciego el vecino: ya decía Labordeta que la "mala uva es una cosa muy de Aragón", pero esa mala uva la compensan el cariño, el sentido de la amistad y la hospitalidad. Volver a Aragón es volver al desierto, a la lucha por superar el famoso "polvo, niebla, viento y sol", a una tierra agrícola de hombres duros, a unos Monegros que se superan, a un Sobrarbe que quiere recuperar identidad y una "franja" que ni reniega de sus lenguas ni de su pertenencia innegociable a Aragón.

Tras diez años aquí los recuerdos también se agolpan, desde aquellos primeros meses en los que iba descubriendo personas, lugares y sensaciones, hasta la nevada del 15 de diciembre de 2001, cuando amaneció con las calles bañadas de blanco, algo que no veía desde mi más tierna infancia. Y poco a poco asumí el nuevo estilo e hice míos los emblemas ciudadanos: el parque Miguel Servet, lo primero que me impresionó de la ciudad, con las Pajaritas y la casita de Blancanieves, un espacio que creaba la ilusión de acudir al trabajo atravesando árboles y luces, las Cuatro Esquinas y la Plaza de Zaragoza, que no se llama así , porque en Huesca las plazas no se denominan por su nombre, y la de Zaragoza es realmente de Navarra, la de los tocinos, del Justicia, la de los taxis, de Concepción Arenal y la del Mercado, de López Allué. Y pasaron a ser de ordinaria administración los Porches de Galicia, con el Flor, el Rugaca, la pastelería Ortiz y la papelería Santiago, todo un reducto de clasicismo comercial, y cómo no, la Catedral y San Pedro el Viejo, monumentales y bellísimos. Y la vida giraba en torno a San Lorenzo, con esa fachada a modo de parrilla, la "Compañía", una iglesia señorial para "señoras y señores", a la Plaza del Ayuntamiento, al Tubo y la parte antigua, el Centro "Matadero" y el viejo Cine "Avenida", que murió en el camino.

Y no puedo hablar de Huesca sin hacerlo de las Fiestas de San Lorenzo; no se si es el hecho de ser una ciudad pequeña, la idiosincrasia del oscense o la fuerza de la tradición, pero nunca vi, ni de lejos, vivir una fiesta así. Por encima de acontecimientos tan significativos como el "Chupinazo", los danzantes -admirable pasión y encanto popular-, la procesión del día 10, los toros o la ofrenda final de flores y frutos, lo que me impactó, y al cabo de diez años y diez "sanlorenzos" lo sigue haciendo, es la ilusión e implicación de la gente, aquí San Lorenzo lo vivimos todos, toda la ciudad se viste del verde de la albahaca y se lanza a la calle a vivir, a disfrutar y a compartir. Las peñas, los vendedores ambulantes, los puestos de venta, interpeñas, los conciertos, esas corridas de toros en las que se imponen las peñas en el sol, que compatibilizan meriendas y juergas con la seriedad del albero para escándalo de los puristas. Un San Lorenzo que invita a cenar con los amigos, a pasear y coger "capazos" uno detrás de otro. Fiestas que marcan un antes y un después en el verano oscense, el camino que va de la alegría y la esperanza de la preparación a la ciudad dormida y apagada a partir del 15 de agosto.

Al hablar de Huesca no se puede omitir su oferta gastronómica, con una estrella "Michelín" grabada en "Las Torres", sinónimo de calidad y buen gusto culinario, el "Lillas Pastia" que no le anda a la zaga y "La Venta del Sotón", en la carretera de Ayerbe, historia pura del buen yantar en Aragón, que nunca decepciona. Y en zona UEFA está "Bazul", "El Bodegón", "Juliana", el "Flor" y, por supuesto, el "Martín Viejo", una catedral de la comida en estado puro: el mejor rodaballo que se puede comer tierra adentro y unos tomates con jamón tan inolvidables como las natillas con helado; pero en Huesca la calidad no desaparece en los sitios más sencillos, y puedes comer igual de bien en el "Hervi", "O'Fogar" o "El Temple". Y si sales por la provincia puedes perder la línea definitivamente en templos culinarios como "La Floresta", en Ayerbe, "Casa Gervasio", en Alquezar, "Monclús" en Radiquero, "El Duende" en Torla, "Casa Sidora" en Laspuña, "Blasquico" en Hecho, "Santos" en Albalate de Cinca o "Casa Frauca" en Sarvisé ... y me dejo un montón.

Y en la lista de recuerdos personales corro el riesgo de ser injusto y omitir más de la cuenta, desde las excursiones del Camino de Santiago aragonés, que empecé casi a empujones y acabé disfrutando ... con final frecuente de pitanzas, que también ayuda: nunca olvidaré la comida en el Hostal Lamiana tras la travesía Bielsa-Tella, con unas costillas con ensalada de lechuga y cebolla -¿para qué más?- con una madre e hija encantadoras a cargo de la cocina; la travesía Biescas Santa Elena o la marcha a la Cola de Caballo de Ordesa en otoño, donde la naturaleza hace maravillas y Dios demuestra que su inexistencia es imposible, la pequeña caminata navideña al belén de Las Gorgas de San Julián o la que te lleva a la Virgen de Ordax, así como aquélla de un mes de enero a las Campas de Bonés con Manolo, Santiago y señoras, en una marcha que yo pensaba era casi un tres mil y acabamos llegando a comer a casa. Inolvidables las noches en Huerrios con quesos, gin-tonic y novela negra, un auténtico canto a la camaradería, el buen humor y el vitalismo o ese curso de cata de vinos del que no me enteré demasiado, pues uno más bien es de paladar basto y, por supuesto, los viajes a Tarbes saliendo con el alba, con Santiago de chófer fijo a la vista de mis nulas prestaciones. Y la noche en que el corazón dio un susto, tiempo a partir del cual me converti en usuario habitual de las farmacias, y en esto siempre me he sentido bien atendido, con Cristina, Rosi, que se fue a vender ropa de mujer -nunca le perdonare que se fuese a trabajar a una tienda a la que nunca entrare-, Pepa, Isabel, Carmen, Cristel y Pilar, sonrisas gratas de cada mañana, ... y los análisis de la Policlínica Altoaragon, las visitas de la Santiago, ...

Los paseos para ver libros en "Masdelibros", las visitas a las Clarisas, que han establecido la Exposición permanente en Huesca, algo que sólo puede traer bondades a la ciudad, el día del ascenso del Huesca a 2ª, con la cruel y paradójica combinación del descenso del Zaragoza de mis desgracias, los congresos de periodismo digital, alguna comida con alguien entrañable en "El Juli", un establecimiento que se merece triunfar porque sus dueños son la bomba, los bocatas del "Mi bar", la tortilla del "Roma", el día que se reinauguró el "Olimpia" y pude saludar a la Infanta Elena -muchos conocen mi faceta del "Hola"-, la maletilla de ruedas de Rosa, los demás compañeros -y compañeras- de trabajo: buena gente, Javier vestido como un Adán, una comida con Tomás y Montse en Colungo, donde nos ventilamos una excelente paella y regresamos cantando canciones de los 70 ... y alguna comida más con la misma compañía y algún otro añadido, las visitas de Celestino, alguna más de Jesús, la boda de María José y Pedro en la que León tomó Huesca sin resistencia, casi con complicidad, Luis, Cristina, que hoy anda por las alturas del poder aragonés, Mariano, Félix, a quien debo una disculpa por cuestionar los "Jaguar", otro Luis, capaz de sacar a todo la punta del humor, ... mucho oscense de bien. Los días de San Vicente, cuando media Huesca se desplaza al Corte Inglés de Zaragoza, ... Y un capítulo aparte para esos almuerzos sabatinos con Agustín, Antonio, Julián, José, Carlos, Fernando, ... huevos, embutidos, vino, ... todo tan prohibitivo como grata la compañía. A lo largo de una década, también hubo quien nos dejó, aunque el recuerdo permanecerá siempre: nunca podré olvidar a Miguel, todo corazón y nobleza, al que el cáncer se llevó con crueldad, poco a poco cuando a su edad era capaz de descubrir la vida cada día. Y cada mañana Huesca amanece con los retos de cada jornada, y recorro la Calle San Jorge y la del Parque, mientras los niños -el futuro- van al Colegio alegres y sin más preocupación que las pequeñeces de la edad, las gentes van al trabajo y la ciudad, pequeña, donde todos nos conocemos, con frío o calor, sigue viva y acogedora. Aquí la historia propia no ha terminado, ¿quién sabe cuando?, de momento también en el Alto Aragón cabe la felicidad.

2 de julio de 2011

Huesca en dulce



Ya he hablado en otras ocasiones de las bondades gastronómicas de Huesca y provincia, así han aparecido por aquí bares y restaurantes en los que uno puede pasar momentos estupendos si de satisfacer el apetito y gozar de buen ambiente se trata. De lo que no había dicho nada es de las excelentes ofertas que la ciudad de Huesca en materia de dulces y pasteles; dudo que haya una ciudad de su tamaño y población que supere a la calidad y cantidad de las pastelerías y confiterías oscenses. Algunos tenemos la desgracia de no tener permitida la cata de dulces de ningún tipo y puedo asegurar que dicha prohibición es aún más desoladora si vives en la capital del Altoaragón.

Las castañas de mazapán es el primer recuerdo que viene a mi memoria de dulces oscenses; me acuerdo que mi padre las solía traer de regreso de las corridas de la feria de San Lorenzo y para un fanático del mazapán como el que escribe siempre han sido punto y aparte. Estos dulces se pueden adquirir en muchos lugares, pero de siempre han sido especialidad de la casa en la "Pastelería Vilas"; es "Vilas" una de las joyas de la corona en la materia pastelera, con una tienda que resulta además tremendamente elegante y en la que la calidad de sus productos es de auténtico primer nivel. Cualquier tarta o pastel de "Vilas" es garantía plena de calidad absoluta, aunque puestos a recomendar me parece lo máximo el "Shoufflé de yema", con la variante en pastel de "Petit shoufflé" -también muy buenas la tarta "Sant Honoré" y la de moka-, así como los famosos "chupitos" de menta y chocolate. También son canela fina las pastas de te y los turrones artesanos, sin olvidar los pasteles de bombón con macarrón y la nube blanca. Cabe añadir que las ocasiones en las que he entrado a comprar algo he salido encantado del cariño y la amabilidad de quienes me atendieron.


El pastel ruso es posiblemente uno de los bocados más finos y deliciosos que existen en el mundo; se cuenta que el origen del nombre hay que encontrarlo cuando Eugenia de Montijo, la española que casó con el emperador Napoleón III, ofreció este pastel al zar Nicolás II cuando éste visitó la exposición de París, el zar quedó extasiado con el mismo y extendió la receta a las estepas rusas. Si es así, salta a la vista el excelente gusto del zar, pues el pastel ruso es una delicia edificada con avellana, almendra, clara de huevo, azúcar y mousse de praliné; en Huesca es la especialidad de la Pastelería "Ascaso", una auténtica joya del ramo ubicada en el Coso Alto también trasplantada a Zaragoza en la calle San Ignacio de Loyola. En "Ascaso" destacan también los "lamines", unos bombones cuadrados y pequeños rellenos de cremas de esencias: Albahaca, miel, melocotón, frutos del bosque, almendras y tomillo. Una pasada la Tarta de San Vicente, de pasta Brisa con crema de limón y merengue, sin que desmerezcan las demás -Bourbon y Guayaquil, por ejemplo-, así como el pan de San Lorenzo, una especie de tortas de bollo rellenas de frutas y azucaradas que se toma en las fiestas patronales de agosto. Tienen igualmente un postre llamado "Siricaia" típico de la región portuguesa del Alentejo, estando hecho con huevos, harina, leche, azúcar y canela.


La Pastelería "Tolosana" está situada en el Paseo de las Autonomías, en lo que podríamos llamar la zona de expansión de Huesca, aunque tiene sucursal también en Zaragoza, en la Avenida de Goya, muy cerca de Sagasta. La gran especialidad de Tolosana es la trenza de Almudévar, un pastel de bollería hojaldrada, glaseado y relleno de nueces, pasas y almendras. Hay otras especialidades como el prusiano, relleno de mazapán, la banda de crema de almendra, la de manzana y la de pistacho y griottines. Toda la bollería de la casa es excelente, así como los pasteles, sabrosos y de buen tamaño: "claro de luna", "minueto", "Mozart", "Milhojas" -de crema y de praliné-, "Dune" y "nogal". Por otra parte la panadería es muy buena y los domingos hay colas larguísimas, y es que el hacer bien el pan tampoco está al alcance de cualquiera.

La oferta "dulce" oscense es aún más amplia: son absolutamente recomendables los pasteles de "Gloria" que venden en la Pastelería "Ortiz", en los porches de Galicia, o las pajaritas de chocolate de "Soler" y las cocas de nata de "Tricas", ambas en el Coso, sin olvidar la Pastelería "San Jorge", en Ricardo del Arco o las míticas panaderías "Santolaria", "Brusau" y "Palomar", donde todo es natural, casero y buenísimo. No es bueno tener restringido el azucar cuando uno vive en Huesca, es algo que puedo certificar.



13 de diciembre de 2010

El temido cartelito alcanzó al fotógrafo



Hace unos años, ante la periódica necesidad de renovar mi carnet de identidad, y como suele ocurrir en estos casos, necesité hacerme unas fotos: no se trata de robarle años a la realidad aportando en la oficina correspondiente unas imágenes en exceso cercanas a la 1ª comunión. Tras hacerme unas que no satisfacieron, en absoluto, no se si mi gusto o mi vanidad, acudí a quien necesariamente tenía que saber de ésto, una funcionaria dedicada a la renovación del referido documento, y le pedí consejo sobre el establecimiento de Huesca más adecuado para que tales fotos fueran de primera calidad. Sin dudarlo me recomendó a "JALPER", una tienda del ramo ubicada en la calle Vicente Campo, justo en la esquina con Juan XXIII.

El día que acudí a hacérmelas tuve ya claro que el consejo había sido acertado; se trataba de uno de esos fotógrafos de siempre; nada de franquicias, cadenas ni tiendecillas de aficionado, sino un lugar tradicional, con una habitación oscura en el interior y una profesionalidad evidente en la persona que me atendió, un señor que debía de estar entonces próximo a los 60 años. Y cuando hablo de profesionalidad, no me refiero solamente al buen hacer del concreto trabajo de sacar una foto tamaño carnet -algo que hizo a la perfección-, sino la realidad de esa sensación que uno tiene cuando no es atendido por alguien al que le da igual vender un jamón, una lima o una pluma estilográfica. cuando el que te recibe sabe lo que hace, incluso si hablamos de la simple relación humana; una profesionalidad que rezuma quien lleva años haciendo lo mismo sin caer en la rutina, quien le importa que salgas satisfecho de su tienda, que te aconseja sin tener en cuenta el importe de cada opción que te ofrece, ... El resultado, efectivamente, fue perfecto; no salí guapo, porque el hombre no era la Virgen de Lourdes, pero a la Comisaría de Policía pude llevar una foto adecuada, bien hecha y con un aspecto externo y un gesto respetables, porque la foto era para el DNI, y no parecía adecuado que reflejara la apariencia de quien va destinado a formar parte de un cartel de aviso de terroristas sueltos.

Y el pasado viernes, cuando daba una saludable vuelta por la ciudad -no saben lo que se pierden quienes alardean de no dar paseos- vi que el establecimiento se traspasaba; al fijarme descubrí el cartelito que anunciaba la jubilación del dueño, y comprendí que todos tenemos derecho a alcanzar y disfrutar un descanso que en este caso me constaba, además, era ganado a pulso. La próxima vez que por el mismo u otro motivo tenga que hacerme una foto, ya no podré acudir con la confianza de obtener un buen resultado, tendré que volver a investigar donde se encuentra un profesional de nivel, ... o resignarme a acudir a quien te enchufa la máquina como si fuera a poner la colada. ¡Feliz y merecida jubilación!.




13 de septiembre de 2010

Cierra "La Tijera de Oro"



Para quienes no sean de Huesca seguramente les dirá bien poco; incluso quienes no llevamos excesivo tiempo viviendo aquí es posible que no tengamos toda la perspectiva de lo que ha significado "la Tijera de Oro" para la capital del Altoaragón: solamente hemos conocido su época final, cuando ya se había convertido en un establecimiento trasnochado y en decadencia, completamente fuera del tiempo actual. Cuando pasaba por la tienda -buenos recuerdos nos trae, ¿verdad Brunetti?- a uno le venía a los ojos la imagen de un escaparate descuidado, de camisas cuyo plazo de caducidad venció hace mucho, batas de guatiné, pantalones de faena y ropa interior anteconstitucional.

Pero "La Tijera de Oro" representa mucho más y mucho mejor, es una muestra de ese comercio que ya no existe pero en su época fue boyante y brillante; era tienda de confianza, lugar donde proveerse de equipamiento para cada estación del año, centro neurálgico no sólo de compras y ventas, sino también de noticias, comentarios y valoraciones, ... un auténtico termómetro social de la Huesca de siempre. Uno de esos comercios donde el cliente es llamado por su nombre, con respeto, con esa distinción que ahora parece trasnochada, pero que rezumaba elegancia y abolengo. No era ni una franquicia, ni la empresa de un advenedizo ni un establecimiento para snobs y derrochadores, era una tienda seria, para toda la familia, para los de siempre.

La prensa de Huesca, por mano de quienes lo saben todo de las entretelas oscenses, nos habla de la bondad de su dueño, recientemente fallecido, de los servicios prestados, de la seriedad y solvencia de la empresa. Ahora es tiempo para otros, vete a saber que crecerá en el solar donde a lo largo de decenios "La Tijera" facilitaba a buen precio sus mercancías, tal vez un bar de copas, quien sabe si una tienda donde venden y reparan ordenadores, quizá una zapatería más bien impersonal ... incluso -¡¡horror!!- una inmobiliaria ... sea lo que sea, esa esquina del Coso Bajo siempre será la de nuestra "Tijera de Oro".


14 de febrero de 2010

La cocina de los zares



La Escuela de Hostelería de Huesca tiene un prestigio ganado en buena lid desde hace tiempo; habitualmente se puede comer allí por un módico precio y el resultado suele ser muy positivo. Cada año realizan unas jornadas gastronómicas, ya van por las XIX y este año han estado dedicadas a la cocina rusa de la época imperial, y no hay ninguna duda de en tiempo de los zares sabían lo que hacían en materia culinaria.

El pasado jueves acudí en compañía de unos amigos a comer allí y puedo decir que la experiencia fue excelente. Cada día el menú es distinto y el jueves resultó francamente bueno; empezamos con un cóctel llamado "Skarka" compuesto por vodka, limonada, jarabe de azúcar y caviar de remolacha, lo justo para conseguir abrir el apetito. El primer plato sólido fue "Kulibiak", una especie de boulavant que contenía arroz blanco, setas, huevo duro y salmón para seguir con lo que, en mi opinión, fue la estrella del menú: bacalao con patata, digno de cualquier restaurante de primer nivel para seguir con pato relleno de manzana, algo que aunque tenga nombre de minuta de restaurante chino, era un manjar propio de Nicolás y Alejandra. El postre recibía el nombre de "Gouryevskaya kasha" y afortunadamente no nos exigieron pronunciarlo bien para permitir que lo degustáramos, se trataba de una especie de pastel muy parecido a los mazapanes toledanos; el colofón era café ruso blanco, receta que debía haber sido sacada de algún príncipe ruso con orígenes irlandeses, pues se parecía al café propio de dicha isla, aunque como es lógico el caviar sustituía al whisqui.

Los platos habían sido, lógicamente, elaborados por los alumnos de Hostelería, quienes también servían las mesas, ataviados por cierto con ropajes propios de la época, de manera que uno era atendido por jóvenes estudiantes de hostelería vestidos de cosacos, princesas rusas, nobles de la estepa, etc, todo un espectáculo simpático y bien presentado. La comida era amenizada por profesores del Conservatorio oscense que tocaban música rusa con el acordeón, el violín y el contrabajo.

Pero, por encima de todo, quiero destacar el ambiente, lo bien organizado que estaba todo, la simpatía del personal y lo grato que resulta ver a unos chavales normales y corrientes disfrutando de un montaje que es un éxito repetido en Huesca y que nos hizo pasar unos momentos agradabilísimos.