1 de mayo de 2009

Esas bellas damas de Hollywood



El mundo del cine es como un viejo y amplio baúl cargado de recuerdos; si uno rebusca en sus profundidades encuentra todo tipo de nombres que aportan mil evocaciones; de esta manera, John Wayne va íntimamente unido a los westerns, de la misma manera que Gary Cooper lo está a la figura del héroe bondadoso, Barbara Stanwyck a la de las mujeres duras, Alfred Hitchcock a las películas de suspense o Frank Capra al llamado "espíritu de Roosevelt".

Y si a uno le gusta curiosear en ese baúl de mitos cinematográficos, un lugar preferente siempre lo tendrán las actrices que han llenado durante años de elegancia, encanto y luminosidad las pantallas de los cines. Se define al glamour como un tipo de belleza muy elegante y sofisticado, que era característico de algunas estrellas femeninas de Hollywood en los años 1930, 1940 y 1950. Es la antítesis del tipo de belleza conocido como "girl next door" (la chica de al lado), popularizado por la revista "Playboy". Y de estas mujeres elegantes, guapas, "glamourosas" quería hablar hoy.

A la hora de ennumerar las grandes actrices de la época dorada de Hollywood, cualquier espacio queda pequeño, desde el dominio de la escena, del diálogo, ... de todo de Katherine Hepburn hasta la grandiosidad que ocupa toda la pantalla de Sofía Loren, aparecen mil nombres: Márilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Bette Davis, Lauren Bacall, Joan Crawford, Susan Hayward, Ava Gadner, Bárbara Stanwyck, Joan Fontaine, Anne Baxter, Vivian Leigh, Lana Turner, Deborah Kerr, Olivia de Havilland, ... todas ellas darían para escribir páginas y páginas de magia, espectacularidad y, por encima de todo, arte.

Pero entre todas ellas hay algunas, que no tienen necesariamente porqué ser las mejores, que destacan por poseer un encanto especial, por llevar unida a sus cualidades la elegancia y la dulzura, por haber sido capaces de convertir las películas en las que trabajaron en una ocasión para soñar, por representar la figura de la mujer de la que todo hombre desearía enamorarse, por encarnar una perfección física y espiritual que posiblemente estaban lejos de tener, pero con la que uno se identifica en la oscuridad de una sala de cine y con la razón imposible de la ficción.

En este hit-parade del glamour, evidentemente subjetivo, ocupa un lugar preferente Ingrid Bergman; la actriz sueca nació en Estocolmo en 1915 y representó como nadie el papel de mujer dulce, discreta y, frecuentemente, sufridora. La Bergmann, con una vida sentimental azarosa y que dejó a su marido de toda la vida y a sus hijos tras un apasionado romance con uno de los grandes del neorrealismo italiano, Roberto Rosellini, dejó una amplia lista de películas míticas, pero por encima de todas queda su primer gran éxito, "Casablanca"; siempre tendremos grabados en nuestro interior la mirada de Ilsa Lund dirigida a Rick Blaine, interpretado maravillosamente por el gran Humphrey. "Tócala de nuevo Sam", "Siempre nos quedará París", ... son frases para el recuerdo, como los ojos de Ingrid Bergman.

Ingrid Bergman obtuvo dos Oscar a la mejor actriz principal por su labor en "Luz que agoniza" (1944), donde encarna a una mujer atormentada y seducida por el enigmático lado oscuro y sombrío de ciertos hombres en el Londres victoriano y "Anastasia" (1956), film en el que se trata la vieja leyenda de la supuesta hija de los zares Nicolas y Alejandra, obteniendo un tercero como mejor actriz secundaria como premio a su formidable trabajo en "Asesinato en el Orient Express" (1974), donde trabajó, entre otros, con Richard Widmark, Lauren Bacall, Sean Cónnery, Anthony Perkins y Vanessa Redgrave. Estuvo nominada en cuatro ocasiones más y fue también una de las actrices favoritas de Hitchcok, con quien trabajó en "Recuerda" (1945), "Encadenados" (1946) y "Atormentada" (1949); especialmente relevante su trabajo como Alicia Huberman en "Encadenados". Magnífica su interpretación en otras películas como "Las campanas de Santa María" (1945), "Juana de Arco" (1948), "Strómboli" (1950), "El albergue de la sexta felicidad" (1959) y "Sonata de otoño" (1978).



Grace Kelly fue el espejo en el que se reflejaron las madres de mi generación; tras convertir en realidad el sueño de llegar de plebeya a princesa, paseó su elegancia y saber estar por los mejores escenarios sociales de su época. Con el tiempo se le ha cargado cierta leyenda negra, pero vete a saber el fundamento de estas cosas. Antes de ser la princesa Gracia Patricia de Mónaco, Grace Kelly conquistó al mundo con su belleza espectacular. Nacida en Filadelfia en 1929 e hija de un rico hombre de negocios, se hizo artista contra la voluntad paterna. Si bien el único Oscar de la Academia de Hóllywood que ganó la actriz americana fue por la película "La angustia de vivir" (1954), la imagen que siempre permanecerá en mi retina es la de la joven y reciente esposa de Gary Cooper en "Sólo ante el peligro" (1952), película que supuso, además, su lanzamiento. La mirada angustiada de la Amy Fowler ante el peligro que acecha al sheriif Kane, sus tremendas dudas y su valiente y audaz decisión final quedarán para siempre entre las mejores escenas de la historia del cine.

Grace Kelly recibió también los favores profesionales del mago del suspense, y protagonizó "La ventana indiscreta" (1954), junto a James Stewart, "Crimen perfecto" (1954), con Ray Milland de partenaire y "Atrapa a un ladrón" (1955), junto a Cary Grant y rodada en Mónaco. Grace Kelly interpretaba a la perfección el papel de mujer asustada, aunque en la tercera de las películas citadas su papel se aproximaba más al de "cazadora de hombres". En 1953 fue dirigida por John Ford en "Mogambo", un magnífico film de aventuras en el que compartió cartel con dos mosntruos de la talla de Clark Gable y Ava Gadner y que fue célebre porque la censura española de la época en su afán por tapar las relaciones adulterinas de Clark y Grace, los convirtió en hermanos y transformó el adlterio en incesto. Sus dos últimas películas las filmó en 1956: "El cisne", de Charles Vidor, que resultó profética y "Alta sociedad", un remake musical de "Historias de Filadelfia" dirigido por Charles Walters. Seguro que hay unas cuantas actrices que mejoran la calidad interpretativa de Grace Kelly, pero dudo que ninguna encare las películas con tanta elegancia.



Audrey Hepburn representa tal vez un estilo distinto. A la belleza y la elegancia cabría añadir en este caso la discrección. Hace un tiempo, curioseando por youtube, encontré un vídeo que refleja el momento en que Audrey recoge el Oscar a la mejor actriz principal por su trabajo en "Vacaciones en Roma" (1953): el paseo desde su asiento al escenario, la recogida de la estatuilla y su discurso de agradecimiento son toda una lección de discrección y encanto, un elogio al saber estar. Audrey Hepburn nació en Bruselas en 1929, aunque su padre era inglés y su formación artística la desarrolló en Londres. La referida "Vacaciones en Roma" fue su primer gran éxito; se trata de una comedia romántica en el que Audrey interpreta magistralmente el papel de princesa que aprovecha un viaje a Roma para "vivir la vida exterior"; su compañero de reparto fue Gregory Peck. Ya este film supuso la consolidación del papel de mujer elegante y encantadora que tanto resultado le dio. Inolvidables sus papeles en "Sabrina" (1954), de Billy Wilder y "Una cara con ángel" (1956), de Stanley Donen. En 1959 protagonizó "Historia de una monja", una formidable película de Fred Zinneman, llena de contenido y por la que, al igual que por "Sabrina", volvió a ser nominada para el Oscar. También cabe destacar en la década de los 50 su trabajo en "Guerra y paz" (1956).

En la siguiente década Audrey Hepburn no trabajó mucho, pero lo hizo muy bien, obteniendo con dos nuevas nominaciones para el Oscar: "Desayuno con diamantes" (1963), de Blake Edwards y "Sola en la oscuridad" (1967), de Terence Young. Absolutamente genial su labor en "My fair lady" (1964), de George Cukor, donde borda el papel de la florista Eliza Doolittle junto a Rex Harrison, que ganó el Oscar por esta película. También destaca su trabajo en otra cinta de esas que uno ha visto mil veces: "Charada" (1963). La vida sentimental de Audrey no fue precisamente un éxito; se casó dos veces: con el actor Mel Ferrer y con Andrea Dotti, un médico italiano. Su interés por atender a sus hijos hizo que en su última época trabajara con cuentagotas, destacando su reaparición en 1976 en un film de Richard Lester titulado "Robin y Marian" en el que el papel de Robin Hood correspondía nada más y nada menos que a Sean Cónnery.



Ingrid, Grace y Audrey fallecieron demasiado pronto; tal vez tanta belleza, tanta elegancia, tanto glamour estaba hecho para poco tiempo, pero todo ello quedará para siempre en nuestra memoria.



Fotos: www.vayacine.com; www.amoeba.com; www.flickr.com; www.boston.com; blog.jacarandafm.com; www.ebrisa.com; cesartaibo.blogspot.com; blogs.hoycinema.com;www.hollywoodyesterday.com; dudasviajeaitalia.blogia.com


5 comentarios:

Sunsi dijo...

Un diez , Modestino. Eso es tener buen gusto y lo demás tonterías. Has elegido a las tres mejores . Las que hubiera elegido yo. Que igual no son las mejores... es subjetivo. Un estilo similar la Bergman y Kelly. La primera quizá con más carácter y un toque de misterio... la segunda con una elegancia... que da paso a otro concepto de la misma, Hepburn... La mítica Hepburn de "Desayuno con diamantes".

Me ha encantado el post. La añoranza de aquel cine ... Gracias.

Sunsi dijo...

Y cómo te curras los post...

Modestino dijo...

Al ser hoy fiesta le he podido dedicar tiempo al post, en día laborable los hijos tienen que ser menos elaborados.
He incluido tres actrices que responden a un perfil de elegancia especial.
Aunque estoy en deuda con Katherine Hepburn y Bette Davis, dos auténticos monstruos de la pantalla que tendrán que tener también su día.

Máster en Nubes dijo...

Fenomenal, Modestino. Aunque entre Grace y Ava en Mogambo... yo prefiero a Ava, qué le vamos a hacer ;-)

Pero preciosa tu entrada... currada, currada. Lo comentaba ayer con unas amigas: qué bonita moda la de los 50, y qué mal solemos ir las mujeres ahora, no digo ya las jóvenes, las no tan jóvenes también.

Un abrazo
Aurora

Modestino dijo...

Por supuesto, Ava Gadner es Ava Gadner ... pero en la línea que quería marcar mi entrada, creo que la que encaja mejor es Grace Kelly.

Pero siguiendo a Les Luthiers cabe decir ... Ava Gadner, ¡vaya hembra!...