7 de mayo de 2009

El bus de Huesca



Siempre he dicho que soy un hombre con muy pocas prestaciones, así, y entre otras limitaciones, carezco de permiso de conducir, algo que resulta un escándalo para más de un teórico de la vida, de esos con aspiraciones de ejecutivo y mentalidad de ingeniero. No puedo discutir que en los tiempos que corren, carecer de dicha licencia es todo un inconveniente, pero también aporta alguna ventaja, como es el no tener ocasión de perder los papeles por causa de la circulación y el adquirir cierta experiencia y dominio acerca del uso y funcionamiento de los medios públicos de transporte.

Desde que vivo en Huesca, y a dada mi atracción fatal hacia Zaragoza, unida a la frecuente necesidad profesional de hacerlo, me he convertido en usuario habitual de los autobuses de la línea que une las dos capitales aragonesas, vehículos que por cierto han mejorado bastante tanto en cuanto a su calidad como a sus horarios. Me consta que hay personas que consideran un agobio montarse en un autocar, algo que la costumbre ha logrado que no me pase a mí. Es más, no es infrecuente que buena parte de mis viajes de ida y vuelta los pase echando una cabezadita, señal inequívoca de que viajar en este medio no es para mí ningún trauma.

En el bus de Huesca, como imagino en cualquier otro de naturaleza similar, uno, aunque no quiera, suele compartir retazos de vida ajena. Creo que ya conté en una ocasión como el individuo que viajaba en el asiento posterior al mío rompió con su esposa a grito pelado a través del móvil ante el estupor del resto de viajeros; en otras ocasiones uno se entera de situaciones menos traumáticas, como detalles de despedidas de soltero, planes para el fin de semana o alguna que otra conversación tierna y romanticona; anoche mismo, cuando regresaba en el último autobús, que sale de Zaragoza a las 22.15, hubo una celebración generalizada del gol salvador de Iniesta en la semifinal de la Liga de Campeones.

El autobús lleva viajeros de los más diferentes pelajes; los que salen de Zaragoza muy pronto y los que regresan de Huesca a partir de las 14.30 marchan repletos de funcionarios -y funcionarias-, mientras que los de media tarde suelen llevar un número notable de estudiantes, casi todos uniformados con vaqueros, palestinos, cazadoras y Converses. No faltan tampoco las señoras que se encaminan a primera hora de la tarde rumbo a Zaragoza y regresan poco antes de la cena cargadas de paquetes con bolsos, zapatos o los últimos "modeletes", sin olvidar a trabajadores, opositores, excursionistas y emigrantes de todos los colores.

Hay autobuses que viajan por los pueblos, y así cuando regresas de Zaragoza haces, antes de llegar a Huesca, un tour por Villanueva de Gállego, Zuera y Almudévar; si estamnos en fin de semana en la última de las localidades citadas se suelen subir un buen número de adolescentes que acostumbran a acompañar la parte final del viaje con voces elevadas, gracias intuidas y risas tontas. He de reconocer que estas rutas interiores hacen en ocasiones el viaje interminable.

Podríamos hablar de más temas, como el de la higiene del viajero, los intentos de comer clandestinamente en el interior del bus, los conflictos cuando los billetes son numerados y aparece alguien que no comparte los criterios anárquicos de la mayoría de viajeros, los despistes, las confianzas de los fijos, la nueva máquina expendedora de billetes colocada en la parada de "Averly" o la mayor o menor elocuencia de los chóferes, pero habrá que dejarlo para otra ocasión. Lo que sí debe de quedar claro es que viajar en bus de Huesca a Zaragoza y viceversa nunca debe de suponer un trauma.


Fotos: www.alosa.es

12 comentarios:

tommy dijo...

Buen comentario, Modestino. A ver si sirve para que este sábado muchos zaragocistas se decidan a coger el bus y acudir a Huesca para presenciar el derby, aunque ALOSA debería plantearse la conveniencia de hacer ese día una parada discrecional cerquita de Alcoraz...

Rosaura, cuéntanos alguna historia del bus ZGZ/HU, que seguro que sabes muchas.

Modestino dijo...

Huy Rosaura tiene mil aventuras autobuseras; pero quienes podrían escribir un best seller de las mismas son los conductores.

Tenía la facilidad de llegar uno o dos minutos tarde ... y no lo perdía nunca.

Brunetti dijo...

Mientras no tengas que bajarte en Zuera......

Sunsi dijo...

El bus es la mejor fuente de inspiración para escribir sobre la vida en general. Yo era asidua hasta que me decidí a conducir de nuevo. Lo había dejado por pánico. Ahora voy con un panda automático. Se acabó el agobio de cambiar de marcha.

Muy bonitos los buses de Huesca. Los recordaba mucho más viejos. Además, Huesca-Zaragoza es un paseo. Tiene muchas ventajas eso de que te lleven. La cabezadita, no perder detalle del paisaje, observar al personal que sube y baja...

Un saludo. En el derby... que gane el mejor. Mucho culé en Huesca,¿verdad?

Rosaura dijo...

No he intervenido antes por encontrarme fuera de casa, haciendo un nuevo curso, ya os contaré de qué.
Gracias a Tommy y Modestino por el recuerdo, era inevitable mi intervención en este tema de los viajes a Huesca que durante tantos años han formado parte fundamental de mi vida, cualquiera que tenga necesidad por razón de trabajo de coger el autobús diariamente para ir a otra ciudad, que son muchos, nos entenderán perfectamente ya que es cierto que los viajes en autobús y aún más en tren, dan para mucho.
El reportaje fotográfico me parece magnífico, qué recuerdos.
La verdad es que ese viaje siempre fue muy aprovechado y no es tan malo tener que viajar diariamente, te aporta muchas cosas, sobre todo el conocer a diversas personas en la misma situación, también te permite pensar.
En cuanto a las anécdotas son incontables, ahora me vienen a la cabeza algunas, desde el día en que me quedé profundamente dormida y al llegar al destino, Zaragoza, nadie me despertó y cuando lo hice por mi misma aparecí en dirección otra vez a Huesca cerca de la ciudad del transporte y a punto de quedar encerrada toda la noche en las cocheras... hasta cuando un perturbado intentaba pegar a los pasajeros con una muleta en pleno trayecto, qué miedo pasamos y también recuerdo algún frenazo espectacular, bueno en realidad solo uno pero realmente impresionante, recuerdo que cayeron todos los bolsos que habían colocado arriba y mi ordenador fue a parar tres filas más allá.
No quiero enrollarme demasiado pero muchas gracias por el post.
La verdad es que solo lo perdí una vez en doce años, aunque los sudores que he pasado sólo lo sé yo.

Modestino dijo...

A Zuera, Brunetti, te conducen no te bajas.
Sunsi, en el derby que gane el Zaragoza, que es quién jo necesita.
Rosaura, no sabía que estuviste a punto de emular a López Vázquez en "La cabina"; podrías abrir un blog exclusivo sobre el tema que se titularía "Aventuras y desventuras de una usuaria de Alosa", o "Tratado de la puntualidad hispana", o "De Huesca a Zaragoza pasando por las Azores".

FRANK dijo...

Este artículo me ánima mucho, la verdad es que la calidad de vida de muchos ha mejorado gracias a estos buses; y es verdad, según la hora no sólo varia el tipo de personas, también la calidad del viaje.

Rosaura, estoy con Modestino, tienes que hacer un blog, creo que tendría bastante éxito.

Rosaura dijo...

Modestino, gracias por hacerme reir, lo de López Vázquez ha sido buenísimo... aún me estoy riendo mientras escribo.
Frank, te tengo que decir que escribí en tu blog, concretamente en el artículo sobre la pintura, pero me fue imposible enviarlo, me tienes que explicar cómo se hace, si puedes envíame un mensaje al correo electrónico...

Modestino dijo...

Es cierto que la calidad del viaje puede depender de muchas cosas, y no sólo de la calidad del autobus.

En los vaijes en los que el bus va lleno puedes estar agobiado, con ese ambiente de humanidad excesiva, en cambio cuando va medio vacío es casi como un crucero ....

ana dijo...

A esto último me adhiero. Si no están completitos y van los vagones del tren un poco vacíos es una gozada. Ahora... si van a tope, el agobio a veces se deja notar un poco. Sin embargo, también es verdad, que siempre, siempre... suele haber anécdotas divertidas. Y la verdad es que aunque vayas solo, nunca lo estás.

Modestino dijo...

Tal vez Ana, lo que tu comentas nos podría llevar a otros debates comoplementarios como el respeto al prójimo que parecen haber olvidado quienes hablan a voz en grito -por el móvil o entre ellos-, o quienes comen o beben sin ningún pudor en el asiento, o quienes van por la vida pasando del resto del personal ....

O el debate de la higiene personal. Hace unos meses una compañera me contaba la anécdota de un señor que se subió al bus cuando ella ya estaba instalada; el hombre oteó el ambiente, dio un vistazo general al interior del mismo , como si eligiera, y acabó optando por sentarse junto a ella; una vez ubicado le sonrió y le dijo: "me he duchado y peinado" ... no se si a alguien le parecerá un comentario elitista, pero a mi amiga le pareció una anécdota simpática: el hombre buscó un sitio donde pensaba, acertadamente, que no encontraría ambiente de "humanidad".

Jorge Arroyos dijo...

jajajajaja