25 de octubre de 2012

El breve y frustrante paso de Jordao por Zaragoza

La temporada 1975-76 fue un calvario para el Real Zaragoza; tras dos años llenos de éxitos, con clasificaciones para la Copa de la UEFA, un subcampeonato y magníficos partidos frente a los grandes (6-1 al Real Madrid de Miljan Miljanic incluido) la falta de acierto en los fichajes, la gravísima lesión de Javier Planas, la operación en la rodilla del ídolo Nino Arrúa y el exceso de edad de los componentes de la defensa terminaron con los tiempos de bonanza y el equipo se paseó durante todo el ejercicio por los puestos bajos de la tabla. La incertidumbre duró hasta el final y solamente se pudo respirar con la victoria en La Romareda en el último partido de liga: 2-0 frente a un Granada que con esta derrota se iba al pozo de segunda. Pero en medio del bajo nivel exhibido por los jugadores zaragocistas, hubo uno, "Lobo" Diarte, que realizó una temporada magnífica. Tras dos años de crecimiento, el paraguayo había adquirido ya la plena madurez deportiva y con un juego basado en la potencia y la velocidad y una excepcional mejora en el juego aéreo se había convertido con 16 goles en la clave de la salvación del equipo blanquillo. A la vista de este gran rendimiento, la venta del joven y espigado ariete terminó siendo inevitable y el Valencia, que con su nuevo presidente José Ramos Costa pretendía elaborar un conjunto de primera fila se llevó al paraguayo previo abono de 60 millones de pesetas, una cantidad que en aquella época constituyó todo un record en nuestro país.

Con dinero en metálico en el bolsillo la directiva que presidía José Angel Salva se puso a buscar un sustituto adecuado para el "Lobo", algo que no parecía fácil a la vista del rendimiento de éste y teniendo en cuenta que los delanteros que quedaban en el equipo eran el también guaraní Jorge Insfran, un ariete más bien tosco y lento y Enrique Porta, todo un oportunista del área pero ya en el epílogo de su carrera. A pesar de la dificultad los técnicos zaragocistas encontraron un futbolista de primer nivel, el portugués Jordao, un ariete de color nacido en Angola, de 23 años y que era la gran figura del Benfica, en aquél momento el equipo más importante de Portugal. Jordao era uno de los jugadores más prometedores de Europa, había debutado en 1ª División a los 19 años y estaba dotado de una técnica excelente, además de tener un magnífico olfato goleador. El fichaje de Jordao fue acogido en Zaragoza con ilusión y esperanza, y al haber costado menos que lo recibido por Diarte se pensó incluso que la operación global del club había sido magnífica. Junto a jugadores como García Castany, Arrúa o Rubial se pensaba que Jordao se podía hinchar a marcar goles. El otro fichaje realizado ese verano por el equipo del león rampante fue el castellonense Juan Bautista Planelles, un interior ofensivo que tras triunfar en el Castellón y ser la eterna promesa del Real Madrid, había jugado, sin excesiva brillantez, las dos últimas temporadas en el Valencia; Planelles estaba dotado de buena técnica y se esperaba que contribuyera también a facilitar el juego ofensivo de Jordao. El mister que había fraguado los "zaraguayos", el gallego Luis Cid "Carriega" había terminado contrato y el club había elegido para sucederle al francés Lucien Muller, que acababa de ascender al Burgos y era un profundo conocedor del fútbol, además de un hombre exquisito y educado.

La afición zaragocista se ilusionó con un equipo que parecía lleno de calidad, pero a la hora de la verdad la temporada fue un soberano fracaso y el equipo terminó descendiendo a la división de plata. Posiblemente el primer error consistió en no haber reforzado suficientemente un equipo con una defensa vieja y un medio-campo que echaba de menos a Javier Planas, pero también tuvo que ver, y mucho, con el desastre final la poca adaptación de Jordao a la ciudad y al equipo y el choque del portugués con Nino Arrúa, un jugador caprichoso y conflictivo que no llevó bien que alguien viniera a disputarle la condición de figura indiscutible del equipo. Jordao, a pesar de todo, demostró su condición goleadora, pues marcó 14 tantos, pero nunca encontró el apoyo suficiente de sus compañeros y el jugador acabó convertido en una isla. Desconozco detalles concretos, pero se habló mucho de un ambiente enrarecido en el vestuario y del vacío que Arrúa fomentó hacia el luso. Como muestra de lo dicho cabe relatar lo ocurrido en un encuentro disputado en la primera vuelta en La Romareda frente al Salamanca; en dicho partido, que el Zaragoza terminó venciendo por 2-0, el árbitro pitó un penalty a favor del equipo local, era el segundo de la tarde, pues antes se había señalado otro que transformó Jordao; el portugués, encargado de tirarlos desde el inicio de la temporada, se fue a por el balón, pero Arrúa, de manera brusca e impositiva se lo quitó de las manos y lo puso en el punto de penalty, lanzándolo de manera pésima y tirando el balón a un par de metros de la meta salmantina. El hecho hizo correr ríos de tinta y provocó una tensión entre ambos jugadores que no llegó a desaparecer durante el resto de la competición. Tras el descenso al infierno de segunda, Jordao manifestó su descontento y fue traspasado al Sporting de Lisboa, donde continuó una carrera triunfal, ganando dos Ligas y dos Copas de Portugal y siendo 43 veces internacional. Lo de Zaragoza era ya un mal recuerdo, un punto negro en su historial, algo que fue una lástima, pues el angoleño era un jugador magnífico y solamente su carácter reservado y los celos de Arrúa impidieron que triunfara.

6 comentarios:

Tommy dijo...

¿Era este sujeto del que decían por las calles de Zaragoza que si querías verle meter un gol mejor que fueras a la Ciudad Deportiva a ver algún entrenamiento? ¿O era de Rubén Sosa?

Brunetti dijo...

Sporting de Portugal y Benfica son dos enemigos irreconciliables, como suele ocurrir con todos los clubes que conviven en la misma ciudad.

Recuerdo que, cuando Jordao fue contratado por el Sporting luego de su breve periplo maño, en la capital lisboeta se produjo una suerte de cataclismo de no te menees.

Luego, como siempre pasa en la vida, el tiempo fue dando paso al olvido.

Salud!

Modestino dijo...

Rubén Sosa tardó 12 partidos en marcar su primer gol como zaragocista, posiblemente se referían a él.

Modestino dijo...

Recuerda cuando Laudrup y Figo cambiaron Colón por la Cibeles ...

veronicia dijo...

O a Ettó o Luis Enrique...

Modestino dijo...

Etoo creo que no jugó nunca en él primer equipo madridista, y en cuanto a Luis Enrique su cambio no fue excesivamente traumático.