19 de marzo de 2011

La de tiempo que hace que no me como un melocotón como Dios manda

Hay frutas que tienen un encanto especial; no cabe duda de que cuando se piensa en las frutas a uno le vienen inmediatamente a la cabeza las naranjas, tal vez las más comunes y que tienen más ventajas para la salud, las manzanas, que parece una fruta sana y buena para la dieta, las peras, sobre todo esas que parecen deshacerse en la boca o los plátanos, tan sencillos de pelar y que posiblemente sean las que tendemos a elegir por eso de la pereza y el capricho. Pero hay algunas que solemos ver con menos frecuencia, pero que tienen la capacidad de entrar por los ojos, a mí al menos me pasa con las cerezas, los albaricoques y, muy especialmente, con los melocotones; el melocotón es una fruta que reune las condiciones para satisfacer los paladares más exigentes, en España tenemos el problema de que las frutas son producto ordinario y nos hemos acostumbrado a verlas habitualmente en nuestra mesa, mientras que para muchos otros países es postre especial, alimento reservado a las grandes ocasiones, manjar por el que suspiran los más delicados paladares. Tal vez por eso no valoramos en su justa medida la bondad de una buena naranja, un notable pomelo o un excelente melocotón.

Pero, y en lo que al melocotón hace referencia, uno echa de menos los que tomaba en su infancia, auténtica garantía de sabor excelente, de fruta en su punto. Desde hace ya bastantes años los melocotones se han convertido, la mayoría de las ocasiones, en un torpe producto congelado, en fruta vendida en fruterías de franquicia o grandes supermercados, donde prima la conservación por encima de la excelencia y ni siquiera recuerdo la última vez que tomé una pieza verdaderamente buena. La mayoría de las veces los melocotones me saben a nada, como esos polos de antaño en los que se exprimía el sabor a limón o naranja y acababan siendo un simple pedazo de hielo. Han convertido al melocotón en una "bolita" sosa e insípida incapaz de ofrecer ese sano y reconfortante placer de los melocotones de siempre.

Hoy día se afirma haber comido un melocotón con una frivolidad llamativa, cuando en realidad uno se ha comido otra cosa, algún tipo de variante, como la nectarina, esas piezas coloradotas a las que se quita la piel con una facilidad pasmosa, que suelen estar de miedo, pero que no son melocotones, o sencillamente lo que ha ocurrido es que nos hemos comido un sucedáneo, una fruta que deshonra el prestigio y el nombre de los melocotones.

Aragón es tierra de melocotones, en Calanda se cultivan las mejores especies del país, y hemos convertido al melocotón con vino en uno de nuestros platos regionales más famosos, pero aún así te acabas preguntando dónde se esconden los melocotones buenos, porque los mediocres son los que uno suele ver por ahí.




8 comentarios:

sunsi dijo...

Los melocotones buenos... en esa tienda que me dijiste que era como el Loewe de las verduras.
En casa nos gustan cortados en pequeñas láminas( no de cualquier manera; me enseñó el padre del jefe)... con azúcar. Los dejas que se empapen... Luego los bañas con vino tinto. Bueno...Supongo que te suena porque es el postre típico que muchos comen el día de San Lorenzo.

Melocotones de verdad. No es fácil encontrarlos.

Un saludo, Modestino, y buen fin de semana.

veronicia dijo...

Yo soy amante de las cerezas, para mi la mayor felicidad que recuerdo era levantarme cruzar los campos hasta la "cerecera" (en Aragón se dice así) de un vecino subir y comer todas las que quisiera... distingo una cerecera en cualquier parte.

El secreto de la fruta es que cuando se coge para "casa" sencillamente bajas al campo y coges unas cuantas piezas maduras... pero si tienes una plantación las tienes seleccionar un poco verdes porque pasarán días hasta ser consumidas. Irán madurando en camiones refrigeradores, estanterías, neveras, y como no han madurado en un arbol al sol no tendran el sabor dulce de la fruta.

Modestino cada vez falta menos para que haya melocotones de verdad:))))

Modestino dijo...

Tendré que ir al "loewe", Sunsi; y la receta es la del melocotón con vino, propio de San Lorenzo y de Aragón en general.

Cerezas, las de Bolea: algún día hablaremos; y lo que dices del secreto, Veronicia, es bien cierto, es el problema de ser de piso.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hola a todos, Buenos dias, Modestino!

Me ha gustado la entrada que además es rigurosamente cierta, pero casi me emociona el comentario de Sunsi acerca del tomarlos cortaditos con vino tinto y azúcar.
Así me los preparaba mi abuelita los veranos que pasaba con ella y estaban deliciosos.
¡Que impresionante el valor evocador de las palabras!
Gracias a los dos junto con un cordial abrazo
Asun

Modestino dijo...

Y tu abuela, ¿era aragonesa?, ¿o tan universal que recogió lo bueno de cada sitio?

Anónimo dijo...

Me acuerdo de la jota."Tienes la cara mañica como los malacatones,colorada,recondica y llena de pelusica"ja ja ja.

sunsi dijo...

¿Algún día escribirás sobre las tortetas, Modestino...? El día que me dijeron de qué estaban hechas tuve que hacer un esfuerzo. Recuerdo que todavía no estábamos casados. Yo pasaba unos días en Huesca. Y mis futuros suegros observando mi reacción... Qué mal rato. Pero están bien ricas.

Otro saludo

Modestino dijo...

De tortetas, chiretas, morcillas y similares habrá que hablar algún día, aunque sea producto peculiar están de miedo.
Y en cuanto a la jota, existen otras versiones menos elegantes ...