16 de marzo de 2011

Generación Disney

Durante mi infancia hubo bastantes noticias luctuosas de relevancia internacional susceptibles de impresionarme: los asesinatos de John y Robert Kénnedy, el de Martín Luther King, la muerte repentina del presidente egipcio Nasser, las guerras y hambrunas del Congo y de Biafra o la guerra del Vietnam, pero creo que ninguna causó en mi alma de niño tanto impacto como cuando el 15 de diciembre de 1966 en el telediario de la noche anunciaron el fallecimiento de Walt Disney. Me acuerdo perfectamente los comentarios de mis compañeros de estudios en el autobús del colegio, una especie de sensación de orfandad, de ilusión frustrada, de sorprendente e inimaginable comprobación de que también los héroes de la infancia eran mortales. Para un niño de 8 años recién cumplidos la muerte de alguien como Walt Disney suponía un inesperado y anticipado final de una historia ilusionante, porque a esas edades -al menos en esa época de país en desarrollo y tele en blanco y negro- no te planteas que exista una gran empresa que siga adelante con los proyectos, ni que la grandeza del productor, director, guionista y animador nacido en Chicago pudiera ir más allá de su tiempo de vida en la tierra.

Pienso que no es exagerado afirmar que Walt Disney fue uno de los protagonistas de la infancia de quienes forman parte de mi generación, e imagino que la de alguno más; ahora la oferta de posibles ídolos infantiles es tan amplia que permite ejercitar múltiples opciones, incluso me temo que muchas veces acaba desnortando a los "locos bajitos", que corren el peligro de tener tanto donde elegir que no saber a que atenerse.´En mis tiempos Walt Disney aparecía en su programa -creo que de los domingos- presentando sus países de las aventuras, de la fantasía, ... y en la caja de blanco y negro no se nos ocurría pudiera haber nada que ni siquiera se acercara a la magia y el encanto que ese señor tan simpático de bigote nos ofrecía.

Me acuerdo perfectamente que al comenzar unas fiestas de Navidad, no recuerdo si de 1963 0 1964, marché a casa con el claro mensaje de que debía ir a ver "Blancanieves y los siete enanitos", cosa que efectivamente hice una mañana fría acudiendo con mis padres y hermanos al desaparecido Cine Victoria de la calle llamada entonces General Franco; y después vinieron "Pinocho", "La Cenicienta" y alguna más. Con los años la firma Disney era garantía de calidad y diversión, y ni se te ocurría pensar en nadie que pudiera hacer la mínima sombra en su campo al gran dibujante.

Recuerdo que en los paquetes de detergente "Omo" salió durante una temporada una colección de muñequitos de personajes de Disney; eran de color amarillo, rojo, azul o verde y estaban divididos en piezas, de manera que uno podía perder la oreja de Gooffy, la pierna derecha del Hermano Oso o el brazo izquierdo del Pato Donald; los "bichos" salían embadurnados de detergente, pero cada personaje era guardado como oro en paño con ansia de completar la colección. Años después apareció otra colección similar, con cromos que envolvían unos chicles llamados precisamente "Walt Disney " que te permitían recorrer personajes y películas del referido Disney, con cromos especialmente difíciles como Pete Pata Palo, Perico Librote o el perro Pluto. Ambas colecciones causaron furor en la época y los niños de entonces hicimos consumir más detergente del necesario a nuestras madres, a la vez que comíamos unos chicles en exceso duros y dulzones como si fueran solomillo del bueno.

Walt Disney fue un genio en su tiempo, un avanzado, un hombre inigualable. Me acuerdo perfectamente que su rostro inconfundible y su permanente sonrisa, unida a la admiración por su trabajo, lograban que no tuviera absolutamente ninguna duda de su bondad natural, porque cuando eres niño idealizas a tus personajes favoritos como lo haces con tus padres. En torno a él surgieron diversas leyendas, y se llegó a asegurar tanto que era un inmigrante europeo que había cambiado su nombre como que al fallecer permaneció hibernado a la espera de que los avances de la ciencia le permitieran regresar a este mundo, extremos ambos que parecen carecer de cualquier viso de realidad, pues está acreditada la identidad de sus padres, pues su progenitor, de origen irlandés, se habían instalado en Chicago procedente de Cánada, a la vez que se nos cuenta que al morir fue icinerado por voluntad propia.

De cualquier manera, el creador del ratón Mickey, del Pato Donald, de Goofy, Pluto, el Tío Gilito y tantos otros dio motivos abundantes y sobrados para convertirse en el número uno en el cariño y la admiración de bastantes generaciones.


8 comentarios:

Mariapi dijo...

No recordaba la fecha, pero sí el desconcierto que supuso la muerte de Walt Disney. Sus dibujos no sólo han marcado nuestra generación, las películas Disney siguen teniendo una magia especial, que embelesa a los niños. En casa seguimos viéndolas con cualquier excusa, desde las maravillosas de los años 30 a las clásicas llenas de ternura. Gracias, Modestino, estos recuerdos generan serenidad.

Modestino dijo...

Evidentemente nuestra generación no tenemos la exclusiva de Disney, pero los niños de ahora, como los de los 80 o 90 tienen tan enorme variedad de posibilidades ... entonces había poco donde elegir, y encima Disney llevaba tanta ventaja a cualquier otra oferta ...

Alejandro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sunsi dijo...

Afortunadamente, la Factoría Disney sigue y se supera en cada película...
Fíjate que incluso en la época de mis hijos ya hay que hablar de los antiguos vídeos... La Cenicienta, El Rey León, Pocahontas...

Pero siempre nos quedará Blancanieves... en nuestros recuerdos de infancia.

Un saludo y gracias, Modestino

Perdón...Escribo desde un ordenador que no es mío y se hapublicado con otra cuenta

tomae dijo...

...por cuestiones biológicas, o cronológicas, no viví el acontecimiento de su muerte Modestino, pero recuerdo que durante mi infancia (con Pluto como mi mejor amigo) viví mucho tiempo pensando que el sr.Disney estaba congelado...existía realmente esa leyenda?

Ahora vivo en un mundo de Princesas...( y sirven las de siempre!!!)

opinadora dijo...

Pocas peliculas infantiles pueden superar a Cenicienta y Blanca nieves de Walt Disney.Las malas eran "malas de verdad"-la madrastra de blancanieves,las hermanastras de Cenicienta.,etc-.Y las buenas se pasaban de buenas.
Tambien recuerdo la musica,etc.Todo estaba muy cuidado.El castillo del principe de Cenicienta,creo que era,estaba copiado de un castillo austriaco real.
En una ocasion ,lei que hasta Dali,habia colaborado con sus dibujos,en la factoria de Disney.
Tambien esta la leyenda de que Disney era de España.Y recuerdo que salio por ahi un señor de Almeria que decia que era pariente suyo.No se con que intenciones,aunque podemos imaginarlo.

veronicia dijo...

No vi peliculas de Disney de pequeña... no las hacian en la tele ni en los cines a los que iba, en definitiva no vi peliculas Disney en la infancia. Pero veía los dibujos de princesas en los cuentos; y no hay princesa más guapa que la Bella durmiente, ni vestido más bonito que el de Cenicienta....

Despues cuando llegó el "video" a nuestra casa ya no queriamos saber nada de Disney clasico eso era para las pequeñas aunque en mi mente resuenan los dialogos del el rey leon y el jorobado creo que los he escuchado tantas veces que los podria repetir.

Las princesas Disney si que son princesas de verdad...

Modestino dijo...

Hay que hacer lo que sea para que siempre haya princesas.