30 de marzo de 2009

Tributo a Maurice Jarré

El compositor francés ganador del Oscar Maurice Jarre, que escribió la música de muchas películas de éxito falleció ayer en Los Ángeles a los 84 años. Creo que puede ser ésta una buena ocasión para agradecer el trabajo de quienes hacen las bandas sonoras de las películas, personas que cuando aciertan -muchas veces- contribuyen de manera eficaz a que una película sea, si cabe, más inolvidable. Todos tendremos presente el resto de nuestra vidas ese tema que daba vitalidad y ritmo a las películas, así en "Casablanca", junto a la belleza de Ingrid Bergman o el dominio de la escena de Humphrey, recordaremos esa dulce melodía que nos dice que "el tiempo pasará", o en "El violinista en el tejado", no sólo guardaremos en nuestras entretelas el excelente trabajo de Topol, sino esa canción que se repitió por todo el mundo al tiempo de su estreno.


Jarré había nacido en Lyon el 13 de septiembre de 1924, aunque su muerte se ha producido en su actual lugar de residencia, Nueva York, pues tenia la nacionalidad estadounidense. Era el padre del también compositor francés Jean Michel Jarre. Maurice obtuvo en tres ocasiones el Oscar a la mejor banda sonora, las tres veces, además, con excelentes películas, a las que añadió un plus de calidad: "Lawrence de Arabia" (1962), "Doctor Zhivago" (1965)y "Pasaje a la India" (1984); fue nominado en otras cuatro ocasiones: El mensaje" (1977), "Único testigo" (1985), "Gorilas en la niebla" (1988) y "Ghost" (1990), habiéndose encargado de la banda sonora de otras películas inolvidables como "El día más largo" (1962), "La noche de los generales" (1967), "La caída de los dioses" (1968), "La hija de Ryan" (1970), "Jesús de Nazareth" (1977), "Firefox" (1982), "Atracción fatal" (1987), "El club de los poetas muertos" (1989) y "Un paseo por las nubes" (1995). También fue candidato al Oscar a la mejor banda sonora adaptada con "Sundays and Cybele" (1963)y a la mejor canción original con "El juez de la horca" (1972)

Espero no equivocarme seleccionando las tres películas con las que obtuvo el Oscar como muestra del genio indudable del músico fallecido.















Y como los grandes artistas, podemos incluir una propina musical con un trailer de "La hija de Ryan", la película de Daid Lean, protagonizada por Sarah Miles, Robert Mitchum, Trevor Howard y John Mills, quien obtuvo el Oscar al mejor actor de reparto.











Sobre el aborto


“Lo más grave que ha sucedido en el siglo XX es la aceptación social del aborto provocado”. (Julián Marías)


Ayer hubo en Madrid una manifestación en contra del aborto; no voy a entrar en profundidades acerca de esta cuestión, sino que me quiero limitar, además de a poner de manifiesto mi postura contraria al mismo en cualquier caso, a dejar constancia de esta frase de Julián Marías que siempre me ha parecido muy acertada, aunque lógicamente habrá quien considere que han pasado cosas peores. Es cierto que en el siglo XX han ocurrido cosas tremendas: dos guerras mundiales, dos bombas atómicas, el holocausto nazi, los exterminios de Stalin, el genocidio de Pol Pot, ... por eso doy más valor a las palabras de un hombre como Marías, poco dado a la exageración y a los sofismas, pues dan a entender la gravedad que concede el filósofo al tema.

En estos días se ha abierto un debate en la sociedad española y me temo que en el mismo falta información y sobran ideas preconcebidas; el otro día una importante dirigente del partido que gobierna el país venía a decir que la legislación sobre el aborto en España era anacrónica, entendiendo que parecía mentira que siguiera habiendo supuestos penalizados, al mismo tiempo que animaba a la Iglesia a preocuparse por el SIDA en África en lugar del derecho a la vida ... ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?; al hablar con muchos ciudadanos de a pie del tema del aborto lo habitual es escuchar superficialidades, frases hechas y recursos al sentimentalismo, cuando se trata de un tema que exige argumentos mucho más profundos, algo que al parecer no interesa a algunos padres de la patria.

En esta cuestión no se puede prescindir de lo que la ciencia nos dice, de la realidad de que existe una vida nueva. A base de propaganda y presión parece haberse anestesiado al personal y se han asumido usos que si uno las medita con serenidad y desapasionamiento no se alejan de las prácticas eugenésicas de indeseables épocas anteriores.

Otra cosa es que se busquen soluciones alternativas, que no se demonice a la mujer que aborta, que en muchos casos puede encontrarse en situaciones extremas que exigen medidas, apoyo y ayuda. Tiene que haber otras opciones que eviten el recurso a algo que nunca podrá evitar convertirse en privar a alguien, el más débil además, de la vida.

Se le ha negado a la Iglesia la posibilidad de dar su opinión, algo que me parece, además de poco respetuoso con la libertad de expresión, equivocado, pues se trata de un tema que afecta de manera grave a las conciencias y en el que las autoridades eclesiásticas tienen no solamente derecho, sino deber de postularse. También tengo que reconocer que no me hacen ninguna gracia determinadas exhibiciones de algunos grupos contrarios al aborto, pues entiendo que no son de recibo algunas actuaciones delante de ciertos centros médicos y ciertos excesos en la documentación que acompaña a algunas campañas.

De cualquier manera, la frase de Julián Marías da que pensar, es como esas reflexiones que hemos escuchado en libros históricos, películas y documentales que nos hacían lamentar que nadie las hubiera escuchado al tiempo de ser hechas.


29 de marzo de 2009

Manolita


Quienes me lean de vez en cuando ya sabrán de mis 22 años en Tarragona y de mi querencia por esa parte del mapa de España, entre otras razones porque tiendo a repetirme. Si tuviera que elegir a una persona que hubiera influído positivamente en mi vida durante aquellos años no resultaría fácil, pero no tengo ninguna duda de que entre ellas se encontraría Manolita, fundamentalmente porque de ella aprendí lo que significa amar a los demás, así: con mayúsculas, sin matices y del todo.

Manolita tiene un "montaje" (vamos a llamarlo así) llamado "Betania", una especie de ONG dedicada a atender a los que sufren, a los que no tienen casa, a aquellos a quienes nadie hace caso: transeuntes, marginales, inmigrantes, presos, drogadictos, enajenados, ... Su vida es una entrega total a esta causa y para conseguir sacarlos adelante está dispuesta a hacer lo que haga falta.

La conocí porque, entre sus muchas actividades, recorre casi diariamente los despachos del Palacio de Justicia interesándose por quienes tienen una causa pendiente, apoyándoles y buscando favores, rebajas y todo tipo de ayuda: es la voz de quien no la tiene. He de reconocer que al principio la recibí con cierta precaución, pensaba que se metía donde no le llamaban y tendía a agobiarme. Pero eran sensaciones que venían, por un lado, de un profundo desconocimiento de la categoría humana del personaje, a la vez que de esa rigidez que uno tiene en los inicios de su profesión, cuando la vida y algún buen amigo aún no te ha enseñado que las cosas no son siempre exactamente como figuran en los libros y en las leyes.

Manolita se mueve porque ama a Dios; estoy seguro que hay otras razones que impulsan a la gente a hacer el bien, que hay muchas personas entregadas a causas ejemplares llevadas por otros ideales, pero dudo que haya una razón más fuerte, capaz de mover como ese amor lo hacía con Manolita. En ella vi reflejado, literalmente, ese ver en los demás a Jesucristo que nos han enseñado tantas veces, el que cuando ves a alguien que sufre, con culpa o sin culpa, ves a Cristo crucificado. Fue el mayor ejemplo que recibí de ella, y cuando recuerdo cómo trabajaba siento tanta admiración como vergüenza personal. Manolita era una creyente convencida, aunque funcionaba bastante por libre, más bien al margen de una Iglesia como la catalana que, al menos en aquella época, marcaba una tendencia pseudopolítica tintada de un nacionalismo desproporcionado.

Manolita consiguió hacer conmigo lo que quiso, y bien agradecido que le estoy: gracias a ella estoy seguro que he almacenado algo de bueno para cuando me toque rendir cuentas. Y eso que en bastante ocasiones no me resultó plato de gusto hacer lo que me pedía. Aparte de interceder por mil causas perdidas, Manolita me llevó por toda la pequeña geografía de los barrios tarraconenses para hablar a jóvenes y menos jóvenes de drogas, delincuencia y marginalidad, para dar mi visión de este mundo tan poco grato que asoma entre los papeles que conforman los pleitos judiciales, para alentar remedios y soluciones. Pero cuando conseguía hacer encaje de bolillos era en Navidad, momento en el que, con una sonrisa y una perseverancia que no permitían respuesta negativa, me invitaba a acudir a la cárcel para participar, con alguna persona más, en una charla con los presos; las pasaba canutas, me entraba un canguelo superior, pero al final siempre tenía que darle las gracias por haberme dejado participar de una experiencia tan especial; los presos le comían en la mano, intuyo que por ese olfato especial que tienen los desesperados para descubrir a quien no tiene aristas.

Todos necesitamos tener en la reserva a personas como ella, alguien que no te va a fallar, que te quiere por lo que eres, sin matices, incluyendo defectos, que reza por tí, que te apoyará cuando haga falta, ... que, sencillamente, está ahí. Recuerdo que un día, no viene a cuento la razón, me dijo que cuando uno quiere a otro le tiene que dar igual lo que los demás piensen de las manifestaciones de ese amor, constancia queda.

28 de marzo de 2009

Victoria para recuperar la fe












Xerez C.D. 1 Real Zaragoza 2





El partido que esta tarde disputaba el Zaragoza en el estadio de Chapín se consideraba una final; una derrota frente al Xerez suponía poner el ascenso a un precio casi imposible, un empate, que tratándose del líder era un buen resultado, parecía insuficiente, ... a la hora de la verdad el equipo ha dado la cara, ha jugado posiblemente el mejor partido del año y ha conseguido una victoria que vale su peso en oro y, esperemos, puede suponer el empujón que todos llevábamos esperando hace 29 encuentros.

El primer tiempo del Zaragoza ha sido para enmarcar, sometiendo a una enorme presión al Jerez, a quien pienso le ha pesado la responsabilidad y ha jugado con excesiva prudencia. La labor de Leo Ponzio, luchador y agresivo -a veces por encima del límite- ha sido fundamental y, con ella, la resurrección de Jorge López, autor de los dos goles de los maños, que ha jugado como no lo haía hecho desde su llegada a Zaragoza y que hoy se ha vaciado hasta el final. No obstante hoy hay que dar la máxima nota a todos los jugadores, desde Doblas, muy seguro toda la tarde hasta la lucha arriba de Arizmendi y Ewerthon y el trabajo enorme de Gabri, que ha acabado extenuado y con mareos.

En el segundo tiempo, como ocurre siempre cuando anda el Zaragoza por medio tocó sufrir; cuando se acercaban los 10 minutos de la reanudación la defensa zaragocista volvió a las andadas de cada fin de semana y facilitó el empate de los andaluces con una serie de despejes defectuosos; tres minutos después era expulsado Leo Ponzio y el panorama blanquillo se oscurecía. Ha sido entonces cuando se ha visto a un Zaragoza comprometido, luchador y entregado que ha impedido que el rival consumara su reacción. Marcelino ha acertado con los cambios, arriesgando al meter a un creador como Ander Herrera en lugar de Caffa para llenar el hueco dejado por Ponzio y fortaleciendo posteriormente el sistema defensivo con Generelo.

Al final el segundo gol de Jorge López, que ha marcado hoy tantos como el resto de la temporada, ha hecho justicia al esfuerzo del Zaragoza y ha dado carta de naturaleza a una victoria que al final ha sido por la heroica.

El equipo dormirá hoy en zona de ascenso, aunque mañana tanto el Rayo como el Hércules le pueden volver a superar; juegan en Eibar y Vitoria respectivamente, campos donde se enfrentarán a rivales teóricamente muy inferiores, pero que también se juegan mucho. Por otra parte no podemos olvidar que la Real Sociedad se ha impuesto 0-3 en Castalia, consiguiendo su cuarta victoria consecutiva y demostrando que en estos momentos es un rival temible; los de Castellón, por el contrario, parece que queman sus posibilidades.

Hay que disfrutar este triunfo, aunque aún queda mucho por hacer y se va a sufrir hasta el final. De momento, y a la espera de los resultados de mañana, hay que vencer al Girona el próximo sábado, un rival que parece asequible, pero que no podemos olvidar que está caminando con soltura en su primer año en la Liga Adelante y que es el rey del empate.





Bibliografía sobre la transición












La última época del franquismo, de manera especial desde la muerte del Almirante Carrero Blanco y los primeros años del postfranquismo, desde la frustrante época de Arias Navarro hasta las primeras elecciones democráticas con el Gobierno de "penenes" de Adolfo Suárez forman parte de una época apasionante de nuestra historia reciente, un tiempo que vivimos asombrados y expectantes los de mi generación, que dábamos nuestros primeros pasos universitarios y sobre los que siempre he tenido afición a leer lo que se ha escrito acerca de ellos. Por esta razón, me ha parecido interesante exponer una más bien desordenada relación de algunos de los libros que he leído en torno a esta época de nuestra historia, con las precisión de que ni puedo ser exhaustivo ni pretendo postular que son los mejores, pues simplemente me limitaré a citar aquellos que he tenido en mis manos y cuya lectura he concluido.

Pienso que para entender lo ocurrido en España tras la muerte de Franco es importante conocer bien la figura de Luis Carrero Blanco, la mano derecha del Generalísimo y valorar lo que supuso su asesinato en diciembre de 1973. Hace ya bastantes años que leí la biografía que de Carrero realizó el ya fallecido Javier Tusell; "Carrero, la eminencia gris del régimen de Francio" (Temas de Hoy, Madrid, 1993), una obra que con un trato elegante y respetuoso a la figura del almirante, pienso que ofrece una versión desapasionada y objetiva de su persona y de su trabajo político y de la que saqué una conclusión clara: si hacemos caso a Tusell, si Carrero no hubiera muerto antes que el general nunca hubiera supuesto un obstáculo para la llegada de la democracia. Joaquín Bardavio es un periodista aragonés que ha escrito mucho sobre la transición; de él leí en mis tiempos de estudiante de derecho un breve libro-reportaje sobre la crisis desatada con el asesinato de Carrero que me pareció tremendamente revelador: "La crisis, historia de quince días" (Sedmay, Madrid, 1974), un libro que explica muy bien los entresijos de la política del país en torno al trágico suceso y la llegada al poder de Carlos Arias Navarro. También son reveladores respecto a la figura de Carrero Blanco los cuatro tomos de las Memorias de quien fuera ministro y mano derecha del almirante, Laureano López Rodó, publicadas por Plaza y Janés entre 1990 y 1992, unos libros llenos de datos reveladores, aunque a veces excesivamente extensos en discursos y disquisiciones del autor. Bardavio tiene otros libros interesantes sobre la transición como "Los silencios del rey", publicado ene editorial Strips en 1979 "las claves del Rey: el laberinto de la transición" (Espasa-Calpe, Madrid, 1995) y "Crónica de la Transición (1973-1978)", publicada en Ediciones B este mismo año.

Queda dicho que otra figura que hay que tener en cuenta es la de Carlos Arias Navarro, que fue el último presidente de gobierno de Franco y el primero del Rey y posiblemente, uno de los mayores obstáculos para el regreso a nuestro país de un régimen democrático. En 2003 la editorial crítica publicó un trabajo de Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano en el que describía con acierto y claridad los avatares de esa época de nuestra historia: "Tiempo de incertidumbre". De lo ocurrido en está época y parte de la posterior habla el magnífico trabajo de Cristina Palomares, "Sobrevivir después de Franco" (Alianza, Madrid, 2006) del que ya hablé en este mismo blog (http://modestino.blogspot.com/2008/06/sobrevivir-despus-de-franco.html).

Pero si hay un personaje clave en la transición es, sin lugar a duda, Torcuato Fernández Miranda, quien ya supuso un cierto balón de oxígeno cuando rebajó rigores y modos fascistas al sustituir a Solís Ruiz en la Secretaría General del Movimiento y desempeñó un papel relevante en la crisis que produjo la muerte de Carrero, de quien era vicepresidente, tuvo una intervención decisiva al ser nombrado Presidente de las Cortes tras la coronación del Rey Juan Carlos. Su actuación, de una elegancia florentina y una habilidad maquiavélica, consiguió cortar los peligros que acechaban y dar espacio a la llegada de unas elecciones democráticas, como lo demuestra su decisiva intervención en el nombramiento contra viento y marea de Adolfo Suárez y en despejar obstáculos para la aprobación de la Ley de Reforma Política. Al fallecer el político asturiano, sus sobrinos publicaron una especie de memorias que, en mi opinión, son de un interés notable: "Lo que el Rey me ha pedido", de Pilar y Fernando Fernández-Miranda Lozana (Plaza & Janés, Barcelona, 1995.

Lógicamente en otro protagonista principal es Adolfo Suárez, en su día controvertido presidente del Gobierno, criticado a partes iguales desde derecha e izquierda, incluso desde sus propias filas, pero del que a estas alturas nadie discute su decisivo liderazgo para sacar adelante la regenaración democrática española, contra la presión de militares y "bunker" con la incredulidad e incomprensión de la oposición democrática de la época. De Adolfo Suárez, hoy postergado en su casa con una enfermedad que le aisla del mundo, se ha escrito muchísimo, de entre lo que puedo aportar dos libros en mi opinión magníficos: "Adolfo Suárez. El hombre clave de la Transición", una biografía de de Carlos Abella reeditada en 2006 por Espasa y "Adolfo Suárez Y El Bienio Prodigioso", publicado por Planeta en 2006, escrito por Manuel Ortiz, que fue colaborador directo y próximo del ex-presidente y que relata de manera pormenorizada ese primer año de gobierno de Suárez, quien tomó posesión en julio de 1976 y cerró esa primera época con las elecciones democráticas de junio de 1977. También me parecieron interesantes el polémico trabajo de Luis Herrero: "Le llamábamos Adolfo" (La esfera de los libros, Madrid, 2007) y "Adolfo Suárez, una tragedia griega", de José García Abad (La esfera de los libros, Madrid, 2005), quien nos da una visión más humana de la historia del personaje.

Hay otros personajes clave de la transición que también han publicado sus memorias y quien nos ofrecen una versión interesante y una lectura amena, pues son gente que escribe bien. De entre estos quiero citar a cuatro, bien distintos en sus planteamientos, pero cuyas versiones son todas ellas fundamentadas y creo que honestas. Gonzalo Fernández de la Mora fue Ministro de Obras Públicas con Franco durante cinco años y tenía unas dotes intelectuales notables, "El País" le describe como un "reaccionario ilustrado", apelativo que dice mucho tanto de su ideología radical como de su capacidad intelectual; aunque sus posiciones son tremendamente conservadoras, la lectura de sus memorias, "Río arriba", (Planeta, Barcelona, 1995) es muy interesante, pues aporta muchas claves de lo ocurrido en España en la época que comentamos. Francamente interesantes fue también la lectura de las memorias de dos políticos que hicieron la transición en las filas del partido de Suárez, aunque en posiciones bien diferentes: en primer lugar las de Leopoldo Calvo Sotelo, que fue ministro con Suárez antes y después de las primeras elecciones democráticas, que fue persona clave en la preparación de tales elecciones y en la fundación de la UCD y que sustituyó al de Cebreros con el 23-F de por medio; su libro "Memoria viva de la transición" (Plaza & Janés, Barcelona, 1990) es de una lectura amenísima y aporta, además de datos y sucesos interesantes, unas buenas dosis de sentido del humor, también publicó sus memorias Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que tuvo decisivas intervenciones primero como ponente de la Constitución y luego como portavoz parlamentario de UCD y auténtico martillo de Adolfo Suárez; su libro "Memorias de estío" (Temas de hoy, Madrid, 1993) es todo un compendio de la erudición y dotes de "enfant terrible" que caracterizan al político referido. Finalmente leí el verano pasado el primer tomo de memorias de Alfonso Guerra, "Cuando el tiempo nos alcanza, 1940-1982" (Espasa Calpe, Madrid, 2005), un tomo muy revelador del que ya hablé en este blog (http://modestino.blogspot.com/2008/07/lecturas-de-vacaciones-y-2.html).

Citaré finalmente dos libros que publicaron dos grandes periodistas españolas; el primero de ellos el que Pilar Cernuda sacó sobre Felipe González, "El presidente" ( Temas de Hoy, Madrid, 1995), alguien absolutamente imprescindible para entender la transición española y que fue una figura clave en la misma, aportando cordura y rostro humano al Partido Socialista Obrero Español que ya desde el principio estuvo llamado a asumir un protagonismo que se consolidó en 1982 con la victoria de el partido del sevillano en las elecciones de octubre. El otro se titula "Así se hizo la transición" (Plaza & Janés, Barcelona, 1995) y viene a compendiar la excelente serie que sobre el tema realizó en Televisión Española sun autora, Victoria Prego.

Reitero lo dicho, no te tratado de ser exhaustivo, sino que me he limitado a referir los libros que han pasado por mis manos; faltan evidentemente otras opiniones, como la de Santiago Carrillo, cuyas memorias aún no he leído o las de Manuel Fraga Iribarne, quien ha escrito bastante pero que aún no ha ocupado mi tiempo.



27 de marzo de 2009

Capilla del Pilar

Ayer estuve en Zaragoza; tenía una cena coloquio en el "Hotel Don Yo" y, como suelo hacer, llegué con tiempo a mi ciudad de nacimiento. Por esta razón pude acudir, como tantas otras veces, a la Basílica del Pilar a rezarle a la Virgen, costumbre arraigada en casi todo zaragozano que se precie, independientemente muchas veces de que tenga o no convicciones religiosas.

Cuando llegué a la capilla de la Virgen, que se encontraba llena -como suele ser habitual- estaban terminando de rezar el Rosario, tras el que se entonó el Salve Regina; agradecía tener la ocasión de entonar ese canto que aprendí de pequeñito sin saber lo que decía en un marco tan especial; después los infanticos entonaron unas canciones desconocidas para mí que la gente contestaba con ese sonsonete de vieja que no por rutinario tiene menos sentimiento.

Pasé un buen rato en la Capilla; no necesito decir nada, me basta estar, sentirme acompañado por la reina del Cielo que preside el sitio y comprendido, mucho más comprendido que por cualquier otra persona, y espero que también disculpado, con esa interpretación a favor de cualquier acto que solamente saben hacer las madres. Para que quiero pedirle cosas si ya sabe lo que deseo y lo que necesito¡; para que le voy a pedir perdón si ya me ha disculpado¡.

Con frecuencia uno necesita este tipo de descanso: sentarse, contemplar y confiar. Uno desea que se pare el tiempo y las complicaciones, tanto las que la coyuntura actual nos presenta como las que apuntan tus problemas personales y profesionales, comienzan a parecer nada. Surge, además, esa cierta complicidad con el resto de visitantes, tan variado, tan plural, tan continuo.

Las personas pasan, la sociedad evoluciona, los edificios envejecen y hasta alguno desaparece; ... afortunadamente siempre nos quedarán nuestro pequeño refugio donde acudir y en él seguirá estando esperándonos su propietaria.





26 de marzo de 2009

"Un ramito de violetas", Cecilia (1975)



En el verano de 1976 toda España quedó conmocionada por el trágico accidente que costó la vida a la cantante Cecilia; regresaba de unos de esos bolos veraniegos cuando el vehículo en el que viajaba colisionó a la altura del pueblo zamorano de Benavente con un carro de bueyes, falleciendo al instante Evangelina Sobredo, que así se llamaba en la realidad.

Cecilia era hija de un importante diplomático de la época y, curiosamente, nació en el Palacio del Pardo. Era licenciada en derecho y supuso una importante aparición en el panorama musical de la época. Dicen que su nombre artístico tiene su origen en la célebre canción de Simon & Garfunkel, la cual dominaba las listas de éxito de todo el mundo cuando la cantante española comenzaba su carrera. Cecilia, al acabar sus estudios universitarios decidió dedicarse en serio a la música y a componer sus propias letras, que poseen una calidad poética y literaria notable, muy por encima de lo habitual en su tiempo, y hay quien dice que sus canciones se adscriben a corrientes existencialistas y a la canción de protesta feminista.

Cecilia en su breve historia como cantante compuso e interpretó canciones preciosas, como "Tu y yo", "Dama, dama", "Fui", "Mi querida España", "Nada de nada" o "Amor de medianoche", un tema con el que consiguió el segundo puesto en el festiva de la OTI, una especie de Eurovisión del mundo latino. No obstante, hay otras canciones menos conocidas que posiblemente sean, si cabe, más bonitas, como "Señor y dueño", "Llora" o "Un millón de sueños". Quedó una canción póstuma preciosa titulada "desde que tu te has ido" de la que han hecho versiones, entre otros, Mocedades y Julio Iglesias.

Mi canción favorita, y pienso que la de muchos más, es "Un ramito de violetas", una dulce historia de amor, llena de doble sentido y ternura, en la que se habla de infidelidades deseadas y cariño oculto. Una auténtica canción emblemática en su época de la que se han hecho múltiples versiones, entre las que cabe destacar las realizadas por Manzanita y Pablo Milanés.

"Un ramito de violetas" es una canción que enternece, cuya letra te va abriendo un panorama que va de la inquietud a la sorpresa, de la tristeza a la ternura.

















25 de marzo de 2009

"Vía revolucionaria", Richard Yates
















"Vía revolucionaria "
Richard Yates
Alfaguara. Madrid (2008)
384 páginas

"Vía revolucionaria" es una auténtica novela de culto de la literatura norteamericana; fue escrita en 1961 por Richard Yates, un ensayista y escritor estadounidense que se hizo popular como cronista del estilo de vida americano de mediados del siglo XX y a quien se ha comparado con autores como J.D. Salinger, John Updike y John Cheever. La novela ha adquirido plena actualidad por el éxito de la película de Sam Mendes que aún se proyecta en nuestros cines, "Revolutionary road", protagonizada por dos de las estrellas más rutilantes del actual firmamento cinematográfico, Leonardo di Caprio y la recientemente oscarizada Kate Winslet.

No he visto el referido film, pero dudo que me pueda llegar a dejar tan satisfecho como he quedado tras la lectura de esta verdaderamente extraordinaria novela. Y digo satisfecho a pesar de tratarse de un libro que, paradójicamente, te deja enormemente triste, pues así es la historia de Franklin y April Wheeler. Yates nos relata la dramática relación de este joven matrimonio que en apariencia forma una familia feliz con dos niños encantadores, pero que conforme avanza el relato va mostrando sus propias miserias y limitaciones. Se trata de una relación donde impera la más absoluta falta de comunicación, con una insinceridad mutua notable y continuas demostraciones de egoísmo y orgullo; de esta manera ambos llegan a la infidelidad y a la ruptura.

Se trata de una novela que me costó seguir en un principio, pero que poco a poco me fue metiendo en la trama de manera que mi valoración de la misma fue aumentando conforme avanzaba su lectura y a la vez que iba consiguiendo que ésta fuera cada vez más ágil hasta la plena satisfacción final, toda una garantía, pienso, de que se trata de un libro excelente.

Los sucesos que se narran están ambientados en el ecuador de los años 50, con los ecos de la 2ª Guerra Mundial aún vivos y la historia es muy simple: un matrimonio estadounidense de clase media infeliz; no en crisis, pero en vías de estarlo. A pesar de que han pasado más de 50 años de la época citada, lo que ocurre en "Vía revolucionaria" es plenamente actual y uno ve reflejado en lo que se narra la situación de muchas parejas de nuestra época en las que se vislumbra la misma incomunicación, la misma superficialidad y las mismas frustraciones, la misma incapacidad para superar sus problemas, posiblemente por falta de perspectivas superiores.

Buceando por internet he encontrado unos comentarios en un foro que me han parecido acertados y que dejo aquí para compartirlos con quien lo desee:

"Tras la lectura de “Vía revolucionaria” (Emecé, 2003), se experimenta la misma y angustiosa sensación que produce un cuento gótico, pero sin monstruos y en un contexto de “sitcom” de primeros de los sesenta. Como si estuviéramos en un episodio de “Embrujada”: un matrimonio encantador, unos niños preciosos, los típicos vecinos cotillas, el jefe que viene a almorzar con su mujer, la suegra entrometida y la cuñada casquivana. Mientras la televisión ha ofrecido retratos amables e idealizados de su audiencia, en “Te quiero, Lucy”, “The honeymooners” o “La familia Munster”, teniendo que pasar varias décadas hasta el tímido realismo sucio de “Roseanne”, la sorna sociopolítica de los Simpsons o la práctica destrucción de la estructura familiar en la reciente “The king of the hill”, ejemplo de “contra-familia” siglo XXI, la literatura ha ido por delante de la cultura audiovisual a la hora de contar la evaporación del esquema social moderno.

Yates, extraordinario narrador de la insoportable soledad del norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial y uno de los escritores más injustamente olvidados de esta literatura, es el primer testigo del lento y contundente desmoronamiento de la familia como núcleo fundamental de una sociedad superada por sus miedos y contradicciones. Las zonas residenciales, de hileras simétricas de idénticos chalets pintados en rosa, con barbacoa, jardín, televisión en color y un Buick Special en el garaje, y el hombre de los helados tocando la campana de su camión, esconden, en el mejor de los casos, terribles decepciones y mentiras, como los decorados de las ciudades falsas de “El show de Truman” o “Pleasantville”. En el peor, la muerte, real o metafórica de sus habitantes, el reverso tenebroso de las comedias, ya de por sí amargas, de Doris Day y Rock Hudson.

Richard Yates, perseguido por su propia biografía de hogares rotos, divorcios, tuberculosis y alcoholismo, refleja el primer estadio de la frustración de hombres y mujeres ante ese ideal imposible de Darren y la bruja Samantha, el “crack” ideológico y sentimental que Fitzgerald volcó en su “era del jazz” y que él ubica en la “era de la ansiedad”."


El libro nos presenta una serie de personajes formidablemente creados y que giran en torno al matrimonio protagonista: sus vecinos, Shep y Milly Campbell, otro prototipo de matrimonio frustrante y la agente de venta de pisos Helen Givings, que convive con su marido Howard, quien hábilmente se quita el sonetone cuando ya no la aguanta más, y cuya existencia está angustiada por la esquizofrenia de su hijo John, otro personaje demoledor. El ambiente de trabajo de Franklin, que tan sólo le produce insatisfacciones, la infancia traumatizada de April, abandonada por unos padres que solamente vivían para divertirse, la descripción de las fiestas y reuniones de los habitantes del barrio de "Revolutionary road" que definen a la perfección lo que es un ambiente típico de clase media, .... son también parte del menú que convierten "Vía Revolucionaria" en una novela imprescindible.

Dejo unas cuantos enlaces interesantes con comentarios sobre el libro:

http://www.librosylectores.netfirms.com/actualidad_tres/cr303.htm

http://putasasesinas.blogspot.com/2008/01/va-revolucionaria.html

http://www.literaturas.com/v010/sec0406/opinion/clm-barrueco.htm

http://laplayacultural.wordpress.com/2009/02/18/los-desenganos-de-la-vida/

24 de marzo de 2009

Lincoln define la demagogia


La demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con la palabras mayores.
(Abraham Lincoln )

No cabe duda de que Abraham Lincoln es uno de los personajes históricos más atractivos, al menos de la historia más reciente. Fue el décimo sexto Presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano; había nacido el 12 de febrero de 1809 y fue asesinado el 15 de abril de 1865, cuando contaba 56 años de edad y aún estaba en el poder. Lincoln pasará a la historia por haber tomado decisiones que dieron como resultado la abolición de la esclavitud, con la emisión de su Proclamación de Emancipación en 1863 y la promoción de la aprobación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución en 1865.

La frase que da pie a mi comentario de hoy denota un gran conocimiento del alma humana, una gran experiencia política y un sentido común a prueba de bomba. Es muy fácil utilizar la acusación de demagogia como arma arrojadiza contra los políticos, pero pienso que algunos nos han dado más de un motivo para hacerlo. Cuando he leído tal frase no he podido evitar pensar en algunos de nuestros padres de la patria cuando hablan en defensa de ciertas leyes o postulan determinadas soluciones; nos hemos acostumbrado a escuchar simplezas, generalizaciones, argumentos sentimentales e incluso en ocasiones auténticas contradicciones.

Ideas peregrinas, posturas personales y discutibles son decoradas con luces y brillos que disimulan la insuficiencia de argumentos y razones, de manera que se muestra como elegancia y lujo lo que es simple bisutería, meros espejuelos de baratillo que ciegan por sus apariencias y no por su valor implícito. Tras algunas decisiones, determinadas líneas de actuación política y algún que otro cambio sorprendente de juego se intuye, por un lado, un oportunismo político que prescinde del interés real del pueblo, por otro, la presencia e influencia de lobbys que detentan un poder muy superior a su importancia numérica, ... en definitiva, la capacidad de algunos de llevar el agua a su molino sin importarles ni el interés general ni la coherencia personal ni la existencia de la verdad.

El problema es que frente a ésto se observa a una sociedad que en ocasiones parece anestesiada; es como si todos hubiéramos adquirido una facilidad pasmosa para asumir cualquier cosa, para convertir en ordinarias cuestiones que antes nos parecían una barbaridad. Siguiendo el sentido de la frase comentada, tenemos una gran capacidad de asumir aquéllo que se nos vende bien, sin pensar en lo honesto de la venta ni en lo acertado de nuestra compra. Curiosamente, los ciudadanos tenemos la lengua rápida y fácil para poner a caldo a nuestros políticos, pero, paradójicamente, con frecuencia acabamos tragando con todo y comulgando con ruedas de molino.

Escribiendo sobre esta frase, he recordado aquella célebre afirmación de Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros".


Foto: www.sonofthesouth.net

23 de marzo de 2009

Gran National



El John Smith's Grand National (llamado en honor a su patrocinador) es uno de los más importantes acontecimientos deportivos y sociales del Reino Unido. Es el día más emocionante para un caballo de carreras, para un pura sangre. 16 saltos recorridos dos veces, durante 10 minutos, en un recorrido de 7,2 kilómetros. No es la carrera hípica de obstáculos de más categoría, pero sí la más conocida del mundo: el Grand National. Famosos, apostantes y aficionados al deporte se congregan en el circuito de Aintree (Liverpool) o frente al televisor para disfrutar de la dureza de una carrera en la que salen 40 caballos y nunca han llegado a terminar más de 23. Esta importante competencia hípica es la primera que se desarrolla en cada temporada, realizándose siempre el primer sábado de abril.

Cuando era niño no tenía conciencia del día en que se celebraba el "Gran National", creo que ni siquiera conocía dónde se celebraba: lo único que tenía claro era que se trataba de una prueba apasionante, que era una carrera donde disfrutaba de lo lindo. En aquella época no programaba los eventos, me limitaba a estar los sábados por la tarde frente al televisor y una vez al año, quedaba sorprendido cuando tras la "Sesión de Tarde" y antes de que llegara "Cesta y Puntos", "Tierra de gigantes" o "Viaje al fondo del mar" TVE conectaba con un hipódromo enorme y comenzaban a desfilar unos caballos preciosos a los que sus jinetes y cuidadores trataban con mimo; no tenía sentido de la medida para ser consciente de la diferencia esencial entre pruebas como ésta y las carreras que cada domingo se celebraban en el Hipódromo de la Zarzuela de Madrid y donde destacaban, entre otros, Claude Carudel, Román Martín y Ceferino Carrasco, aunque uno ya intuía estar ante otro nivel, otra categoría.

El Gran National es algo muy británico; tanto como una final de la "Charity Shield" en Wembley, el cambio de la guardia en el Palacio de Buckingham, la entrega de la Copa de Wimbledon por la Duquesa de Kent, el te de las 5.00 o los partidos de rugby que juega Inglaterra en el Trofeo "Cinco naciones". Si uno profundiza vía google, encontrará sorprendentes reportajes fotográficos relativos a las auténticas exhibiciones de modeletes y pamelas de las damas inglesas que acuden a la prueba. Los ingleses, con toda la flema que nadie les discute, hacen sus apuestas y se gastan un fortunón con la esperanza de que gane su caballo favorito.


Pero un chaval de 10 o 12 años en los 70 no estaba para profundidades, no entendía de distinciones ni idiosincrasias, y se limitaba a vibrar con una carrera realmente espectacular; y eso que el blanco y negro quitaba brillantez a un espectáculo que entre otras cosas destacaba por su colorido ... pero debía de ser como una mariscada para un etíope: uno no puede añorar aquello a lo que nunca ha accedido. Recuerdo como si fuera hoy la emoción ante cada caída y cada obstáculo, la incertidumbre cuando comprobabas la existencia de caballos sin jinete y te planteabas ingenuamente la posibilidad de que acabara ganando, la curiosa preferencia -quién sabe por qué¡- hacia los jinetes que lucían un jersey de cuadritos, y la absoluta conciencia de que esa carrera era, ante todo, muy importante.

La primera vez que se disputó a nivel oficial fue en el año 1839 en Aintree, en las proximidades de la ciudad inglesa de Liverpool. En esa primera edición participaron un total de 17 competidores que recorrieron aproximadamente unos 6 km de campos con terraplenes, vallas, un muro y dos arroyos. La carrera del Gran National dura un total de 3 días y consiste en dar dos vueltas completas al circuito de Aintree, que cuenta con 16 obstáculos en la primera vuelta y 14 en la segunda. Los caballos que se disponen a participar, deben tener una preparación previa muy exigente ya que deben resistir a la complejidad de la pista, donde se enfrentan a 30 enormes obstáculos a lo largo de los 7,2 km de carrera. El reglamento permite que participen un máximo de 40 caballos por una cuestión de seguridad, ya que a pesar de que algún jinete se caiga en medio de la competencia, la carrera no se detiene y los caballos siguen corriendo solos, lo que es un gran riesgo para los competidores.Los saltos que propone este circuito de Aintree son más complicados que los de ningún otro hipódromo británico, incluso hasta hace unos 20 años era muy común que muriera algún caballo durante la carrera.

La complejidad de la carrera queda demostrada al ver la cantidad de abandonos que se dan en cada edición, donde el record de caballos que han logrado terminar una edición de la Grand National nunca fue superior a 23. La historia indica que en el año 1928 solamente 2 jinetes lograron alcanzar la meta. Cada año tiene mayor audiencia televisiva, alcanzando en el campeonato del 2007 una cantidad aproximada de 600 millones de espectadores. Uno de cada tres adultos británicos realizan apuestas en el Grand National. Las entradas cuestan entre 90 y 110 euros las más económicas, y los palcos privados se pagan hasta a 600 euros por persona. Se invirtieron en los últimos años unos 44 millones de euros en las instalaciones para mejorar su infraestructura y aumentar su capacidad, alcanzando actualmente los 60.000espectadores.