29 de marzo de 2009

Manolita


Quienes me lean de vez en cuando ya sabrán de mis 22 años en Tarragona y de mi querencia por esa parte del mapa de España, entre otras razones porque tiendo a repetirme. Si tuviera que elegir a una persona que hubiera influído positivamente en mi vida durante aquellos años no resultaría fácil, pero no tengo ninguna duda de que entre ellas se encontraría Manolita, fundamentalmente porque de ella aprendí lo que significa amar a los demás, así: con mayúsculas, sin matices y del todo.

Manolita tiene un "montaje" (vamos a llamarlo así) llamado "Betania", una especie de ONG dedicada a atender a los que sufren, a los que no tienen casa, a aquellos a quienes nadie hace caso: transeuntes, marginales, inmigrantes, presos, drogadictos, enajenados, ... Su vida es una entrega total a esta causa y para conseguir sacarlos adelante está dispuesta a hacer lo que haga falta.

La conocí porque, entre sus muchas actividades, recorre casi diariamente los despachos del Palacio de Justicia interesándose por quienes tienen una causa pendiente, apoyándoles y buscando favores, rebajas y todo tipo de ayuda: es la voz de quien no la tiene. He de reconocer que al principio la recibí con cierta precaución, pensaba que se metía donde no le llamaban y tendía a agobiarme. Pero eran sensaciones que venían, por un lado, de un profundo desconocimiento de la categoría humana del personaje, a la vez que de esa rigidez que uno tiene en los inicios de su profesión, cuando la vida y algún buen amigo aún no te ha enseñado que las cosas no son siempre exactamente como figuran en los libros y en las leyes.

Manolita se mueve porque ama a Dios; estoy seguro que hay otras razones que impulsan a la gente a hacer el bien, que hay muchas personas entregadas a causas ejemplares llevadas por otros ideales, pero dudo que haya una razón más fuerte, capaz de mover como ese amor lo hacía con Manolita. En ella vi reflejado, literalmente, ese ver en los demás a Jesucristo que nos han enseñado tantas veces, el que cuando ves a alguien que sufre, con culpa o sin culpa, ves a Cristo crucificado. Fue el mayor ejemplo que recibí de ella, y cuando recuerdo cómo trabajaba siento tanta admiración como vergüenza personal. Manolita era una creyente convencida, aunque funcionaba bastante por libre, más bien al margen de una Iglesia como la catalana que, al menos en aquella época, marcaba una tendencia pseudopolítica tintada de un nacionalismo desproporcionado.

Manolita consiguió hacer conmigo lo que quiso, y bien agradecido que le estoy: gracias a ella estoy seguro que he almacenado algo de bueno para cuando me toque rendir cuentas. Y eso que en bastante ocasiones no me resultó plato de gusto hacer lo que me pedía. Aparte de interceder por mil causas perdidas, Manolita me llevó por toda la pequeña geografía de los barrios tarraconenses para hablar a jóvenes y menos jóvenes de drogas, delincuencia y marginalidad, para dar mi visión de este mundo tan poco grato que asoma entre los papeles que conforman los pleitos judiciales, para alentar remedios y soluciones. Pero cuando conseguía hacer encaje de bolillos era en Navidad, momento en el que, con una sonrisa y una perseverancia que no permitían respuesta negativa, me invitaba a acudir a la cárcel para participar, con alguna persona más, en una charla con los presos; las pasaba canutas, me entraba un canguelo superior, pero al final siempre tenía que darle las gracias por haberme dejado participar de una experiencia tan especial; los presos le comían en la mano, intuyo que por ese olfato especial que tienen los desesperados para descubrir a quien no tiene aristas.

Todos necesitamos tener en la reserva a personas como ella, alguien que no te va a fallar, que te quiere por lo que eres, sin matices, incluyendo defectos, que reza por tí, que te apoyará cuando haga falta, ... que, sencillamente, está ahí. Recuerdo que un día, no viene a cuento la razón, me dijo que cuando uno quiere a otro le tiene que dar igual lo que los demás piensen de las manifestaciones de ese amor, constancia queda.

13 comentarios:

Suso dijo...

Gran entrada,más por lo que insinúas que por lo que escribes.
Mi sueño,que hoy no puedo realizar porque la vida no me da para más, es ése:ser una Manolita,montar una historia que involucre a mucha gente,lejos de ideologías de partido y de rollos,y hacer el bien.
Y lo haré.
Gracias

annemarie dijo...

Gracias, gracias, gracias, Modestino. "El alma tenías tan clara y abierta..." Son como la luz del mundo, esas personas, verdad? Pobres somos nosotros. Un abrazo.

Modestino dijo...

Pues sí, gente envidiable; pero no lo ha tenido fácil, posiblemente por eso es firme y perseverante, por estar curtida en mil batallas. Es una suerte saber lo que uno quiere.

lumroc dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lumroc dijo...

Esas 'Manolitas' siempre ayudan por partida doble: al necesitado real y al 'codyuvante' que acude con ellas.

Benditas sean.

Modestino dijo...

Efectivamente, esa mujer no se imagina el bien que me ha hecho; y le agradezco ese ejemplo y ese impulso que facilitan su naturalidad. Y es que una de sus grandes ventajas es su autenticidad, no pretende darte lecciones, ni ganarte para ninguna causa, simplemente pide tú ayuda y te deja decidir y hacer.

Sunsi dijo...

Pues aquí está una que vive donde Manolita. Me encantaría saber dónde encontrarla y ofrecer lo que sea.
Lo que buenamente pueda dar.
Un posst magnífico, de una mujer magnífica que ubicas en una ciudad magnífica.

Saludos desde Tarragona. Y , desde luego, el eslogan aquí va como anillo al dedo: ten una Manolita cerca de tu vida que te hará mejor persona.

Gracias por el post.

Máster en Nubes dijo...

Verdaderamente hay gente buenísima, habitualmente silenciosa, que sin darse importancia hace el bien. Admirable siempre.
Buena semana,
Aurora

Modestino dijo...

Tienes razón, y además es un gusto mirar a unos ojos en los que encuentras comprensión y escuchar a quien convierte lo duro en sencillo.

Brunetti dijo...

Hace poco más de un año, tuve la suerte de conocer personalmente a Manolita en su humilde local de 'Casa Betània', situado en el hemoso casco antiguo de Tarragona. La razón de mi visita era hacerle una entrevista para la revista de nuestro Colegio profesional y dar a conocer a todos los colegas la labor que esta mujer, junto con otros espíritus caritativos y filantrópicos, viene realizando con la gente pobre de nuestra ciudad.

Me conmovió la experiencia, así como también me consta que impactó a la mayoría de los que leyeron la entrevista. Espero que sirviera en alguna medida para que muchas personas de nuestro entorno reflexionaran acerca de lo poquísimo que, por regla general, hacemos por nuestros vecinos más necesitados.

Por cierto, hablando con Manolita me enteré de que tú, Modestino, eras una de las personas que más ayudaba a su institución. Y no sólo mediante charlas o coloquios con los presos. Qué calladito te lo tenías....

Modestino dijo...

Echaba de menos tu comentario, Brunetti, pues sabía de esa entrevista.

Hay compañeros míos que colaboraron mucho más que yo ... y siguen colaborando.

rosaura dijo...

Me encanta el artículo, yo también he conocido a alguna persona así y es una lección continua, aunque hay que reconocer que quedan pocas.

Modestino dijo...

Yo creo, querida Rosaura, que quedan más de lo que nos pensamos; lo que pasa es que no son noticia: vende más el tío que se ha casado cinco veces, el chaval que mata a diecisiete compañeros y se suicida o la cantante consumida por las drogas .. e incluso a todos éstos también se les podría encontrar buenas acciones.