19 de marzo de 2009

El partido de fútbol que enfrentó a las dos Alemanias



Para quienes tengan menos de 25 años eso de las dos Alemanias, el muro de Berlín y el telón de acero les debe de sonar a historia muy antigua, pero a quienes vinimos al mundo en los años 50, 60 y 70 la división en dos partes de los germanos no era más que lo que siempre habíamos conocido.

En cuestión de deportes, tanto la una como la otra Alemania solían estar a la cabeza en casi todas las competiciones, aunque en fútbol la ventaja de la Alemania Occidental era avasalladora; nunca los germanos habían destacado por un fútbol imaginativo y creador, pero mientras los del Oeste practicaban un fútbol total y tenían el palmarés lleno de campeonatos y subcampeonatos, en la Alemania del Este se practicaba un fútbol primitivo y tanto la selección como sus equipos no pasaban de posiciones mediocres cuando salían al exterior.

Cuando a los occidentales les correspondió organizar el Campeonato del Mundo, la Liga alemana ya era una de las más fuertes de Europa, y el Bayern de Múnich, el equipo claramente puntero de aquélla, acababa de ganar la primera de las tres Copas de Europa consecutivas que lograría en esa década, precisamente frente al Atlético de Madrid, a quien había goleado (4-0) en el partido de desempate al que dio lugar el tremendo fallo de Miguel Reina al no poder sujetar el durísimo disparo de Hans Schwarzenbeck de casi medio campo; también tenía un equipo formidable el hoy venido a menos Borussia Moenchengladbach, que contaba en sus filas con jugadores del nivel del lateral Berti Vogts, que se haría famoso haciendo la vida imposible a Johan Cruyff en la Final del referido Mundial, de los mediocampistas Wimmer y Rainer Bonhof, que acabaría siendo una de las revelaciones del campeonato, del zurdo Jupp Heynckes, que como mister del Real Madrid conseguiría ganar una Copa de Europa tras más de 30 años de sequía y los atacantes daneses Jensen y Simonssen que jugarían años después en Madrid y Barça respectivamente. El Colonia, el Hamburgo y el Eintracht de Franckfort completaban el elenco de los mejores equipos de la Bundesliga de entonces.

El campeonato que se jugaba a la derecha del Muro de Berlín era mucho más modesto y, sobre todo, menos brillante. Los equipos del Este eran correosos y solían pasar las primeras rondas de las competiciones europeas, aunque rara vez llegaban más allá de cuartos de final. No obstante, ese año 1974 el F.C. Magdeburgo fue la excepción a la regla y ganó la Final de la Recopa al mismísimo Milan de Rivera, Schnellinger y Romeo Benetti por 2-0, logrando el primer título continental para la Alemania del Este. Hansa Rostock, Dínamo de Dresden, Carl Zeiss Jena, Lokomotiv Leipzig y Dínamo de Berlín eran los otros equipos destacados de dicha liga, aunque en la actualidad solamente el Dínamo de Dresden sobrevive en la Alemania unificada.

Los duendes del destino quisieron que en la primera ronda del Mundial alemán ambas Alemanias coincidieran en el grupo A; el encuentro que iba a enfrentar a las dos selecciones iba a ser el tercero de la primera ronda y ambas llegaron al mismo con la clasificación medio conseguida; Alemania Occidental se había impuesto a Chile (1-0) y Australia (3-0), mientras los orientales habían vencido a los australianos (2-0), habiendo empatado a un gol con los chilenos. Pero, como ya se ha dicho, el potencial de ambas selecciones era bien distinto. Alemania Occidental, entrenada por el elegante y discreto Helmut Schöen, contaba con lo más granado del fútbol europeo, destacando los seis jugadores aportados por el Bayern: el meta Sepp Maier, tres de los cuatro defensas titulares: el central Schwarzenbeck, un armario de dos metros, casi infranqueable, el lateral zurdo Paul Breitner que ese verano ficharía por el Madrid siendo reconvertido con éxito por Miljan Miljanic al mediocampo y, por encima de todos -alemanes y no alemanes- el Kaizer Beckenbauer, posiblemente el jugador más imperial y elegante que ha pisado un campo de fútbol; también eran de la plantilla del equipo bávaro el media punta Uli Hoeness, todo potencia y velocidad y Gerd Muller, un ariete con pinta de estibador portuario, bajito y garroso, pero que convertía en gol casi todos los balones que tocaba. El equipo lo completaban los citados Vogts, Wimmer y Bonhof, del Borussia Moenchengladbach, los dos extremos del Eintracht, Grabowski y Holzenbein, el gran organizador Wolfgang Overath, superviviente junto al Kaizer de la Alemania que perdió la final del Mundial de Inglaterra frente a los anfitriones, el madridista Gunther Netzer, un zurdo genial que venía de una floja temporada en el equipo merengue y otros jugadores de menos protagonismo como el veterano central Hottges, los medios Flohe y Cullman y el extremo Herzog.




Frente a los poderosos representantes de la Bundesliga, la Alemania del Este solamente podía oponer entusiasmo y disciplina. Su gran figura era el goleador Joachim Streich, que venía a ser el homólogo de Gerd Müller en la RDA; por 10 años fue la estrella del Magdeburgo y nadie marcó más goles que él en la Öberliga: 229 en 378 partidos. Sus otras figuras eran el portero Croy, los defensas Konrad Weise y Lothard Kurbjuweit, el mediapunta Jurgen Sparwasser y el extremo Martín Hoffmann. De cualquier manera, el conjunto del telón de acero aparecía como víctima propiciatoria y su papel en el Mundial de Fútbol era el de un mero comparsa que solamente aspira a un papel simplemente decente. Entrenaba a los germanos orientales un hombre poco conocido en los medios futbolísticos de la época, Georg Buschner.

El encuentro se jugó el 22 de junio de 1974 en el Volksparkstadion de Hamburgo y todo hacía prever una victoria de los anfitriones. Pero como hemos escuchado tantas veces, fútbol es fútbol y a la hora de la verdad las fuerzas estuvieron mucho más igualadas de lo previsto. La Alemania del Oeste empezó como solía hacer, avasallando con ese fútbol mecanizado de presión y fuerza, con ataques en oleadas en los que los centrocampistas germanos buscaban la astucia del Torpedo Muller y el disparo de Uli Hoenness para dar inicio a lo que todos presumían un fácil triunfo de los de casa. Pero el tiempo fue pasando y los discípulos de Buschner se mostraban como un equipo serio y ordenado y su defensa como una muralla muy difícil de superar, a la vez que el meta Croy parecía vivir su día de gloria. Incluso, ante la impotencia que comenzaban a mostrar los de Schöen, éste dio entrada a Netzer, con el que no había contado hasta entonces, aunque el experimento fue un fracaso. Se veía cada vez más cerca el empate sin goles cuando, a falta de 13 minutos para el final, en un ataque por la derecha de Alemania Oriental el balón llegó a Jurgen Sparwasser, que en una rápida jugada dentro del área regateó a Sepp Maier y marcó un tanto que dio el triunfo a su equipo e hizo auténtica historia, certificando una victoria del pais del Este que tuvo connotaciones que van mucho más allá del fútbol. Para Jürgen Sparwasser siempre habrá un antes y un después del 22 de junio de 1974. Aquella tarde, la historia se enfundó la camiseta de la ‘DDR’ con el 14 a la espalda para arrebatar a un espigado y prometedor mediapunta del anonimato masivo.






Pero aunque el fútbol da sorpresas, al final las cosas recuperaron su orden lógico y mientras los alemanes del Este acabaron regresando a sus casas con un pobre balance de un único empate en la siguiente ronda, los del oeste fueron mejorando y acabaron imponiéndose en la Final del campeonato al que posiblemente fue el mejor equipo del torneo, Holanda, la famosa "naranja mecánica" de Johan Cruyf. De esta final hablaremos otro día.



2 comentarios:

tintin dijo...

Aquí se demuestra que las cosas van cambiando y generalmente, para bien. Adiós muro, y bienvenida una fuerte alemania unida.

Felicidades a pepes,pepitas,padres y a todos en general.
Aquí hoy es fiesta, gracias al sentido común de los gobernantes. Prefiero una fiesta como ésta, San José, homenaje al padre, que modernidades o recuperaciones politizadas no sentidas por el pueblo.
¡¡¡¡¡¡¡¡ Viva San José ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Modestino dijo...

Pues sí señor¡¡¡, comparto tu visión de la jugada y quémejor memoria histórica que celebrar el día del padre;).

Felicidades a todos los celebrantes.