7 de marzo de 2012

Y todavía existe¡¡¡

Estuve cenando el otro día con unos amigos; como creo haber contado en otras ocasiones tienen una peña caracolera y cada mes se reunen a cenar, con presencia de moluscos, en un establecimiento de Zaragoza. Como no conviene abusar de comilonas y el viaje de regreso a Huesca se suele hacer duro en invierno y a mitad de semana, mi asistencia a estos "banquetes" es poco frecuente, pero de vez en cuando acudo a una de las citas porque es gente agradable y es bueno mantener contacto. En esta ocasión el lugar escogido fue "Casa Pasgón", un antiguo restaurante de la Calle San Blas, cerca del Mercado Central. Y allí tuve ocasión de vivir el momento nostálgico de la semana, pues dado el vino peleón que acompañaba la pitanza se hizo aconsejable recurrir a la gaseosa, y ante mi sorpresa comprobé que las botellas que aparecieron sobre la mesa eran de la marca "Konga", todo un clásico de hace más de 40 años. Cuando han aparecido el "Sprite" y el "Seven-up", cuando la mítica "Casera" casi ha traspasado la barrera de la sofisticación, cuando uno lleva a un chaval a un bar y te pide un "Nestea" o un "radical de naranja", al menda casi se le saltan las lágrimas al descubrir sobre la mesa la tradicional botella de "Konga".

Recuerdo haber pasado unas cuantas veces por la Fábrica de "Konga" cuando en la primera mitad de los años 70 iba a jugar al fútbol en los campos que tenían los Escolapios de Zaragoza en el barrio de la Almozara; concretamente estaba ubicada en la Avenida Pablo Gargallo y buceando por internet, en un foro dedicado a modelos de camiones, he descubierto que dicha empresa la fundó un individuo natural de Campo, un pueblo de la provincia de Huesca, llamado Tomás Mascaray. A finales de los 90 la entidad compró un manantial en Jaraba (Zaragoza), llevándose la embotelladora a dicho pueblo. Más recientemente Konga quedó integrada en el grupo de empresas "La Zaragozana", la fábrica de cerveza aragonesa por antonomasia.

Eran tiempos en los que no había ni móviles, ni play-station, ni viajes de fin de primaria, ni becas "Erasmus", ni ordenadores, ni "tuenti", ... con lo que las series infantiles de la tele, las sesiones continuas de los cines de reestreno y una botella de gaseosa eran suficientes, cada cosa en su momento, para hacernos felices. Y puestos a hablar de gaseosas y de los años 60, también me queda el recuerdo de las gaseosas "Rosa-Mary", igualmente fabricadas en Zaragoza, que también tenían versión en botella individual y eran vendidas en un cochambroso kiosko de los campos deportivos de la Almozara que he citado y que podías mezclar con cerveza en unos porrones de plástico con base y tapón de colores que estaban descoloridos por el humo de cien batallas. También se exhibían en supermercados y tiendas de ultramarinos las gaseosas "la Pitusa", que llevaban el dibujo de la típica niña con coletas de aire absolutamente de la época.

Eso sí, el icono fue siempre "La Casera", nunca hubo duda de cual era la gaseosa por antonomasia y en mi casa siempre fuimos fieles a la empresa que aunque ubicada ahora en Madrid, tuvo sus orígenes en Barcelona. Cuando se celebró el Mundial de fútbol de 1966 en Inglaterra, "La Casera" regalaba cromos de jugadores, que aparecían en el tapón, enganchados por el alambre del mismo, de manera que había que pegarlos en el álbum tras quitarles las arrugas; gracias a la célebre gaseosa tuve mis primeros conocimientos de auténticos fenómenos del balón como Garrincha, Oscar Mas, Lucien Muller, José Augusto y Jimmy Greaves. También tuvo "La Casera" un equipo ciclista que dirigió el mismísimo Federico Martín Bahamontes y donde corrieron ciclistas importantes como Mariano Díaz, Miguel María Lasa, Jesús Manzaneque o Joaquín Galera.

Y aunque ya me he desviado del tema, voy a terminar regresando a las gaseosas para evocar aquellas gaseosas comercializadas en polvos que venían en sobrecitos distribuidos de dos en dos dentro de una caja; había que mezclar el contenido de dos sobres en un vaso de agua para que se formara el producto. En los comercios de entonces se podían comprar en este "formato" las gaseosas "La Samaritana" -todo un título significativo y las "Armisen", que aún se ven en algunos establecimientos; también se venden ahora las gaseosas "El Tigre", ideales para atemperar las digestiones difíciles y cuya antiguedad desconozco. No obstante, he descubierto pruebas de que las marcas de gaseosa se acercaban a la infinitud, como lo demuestra el enlace que ahora dejo:

http://www.antiguedadesrusticas.com/almacen.php?fam=12

6 de marzo de 2012

¿Y qué se entiende por enseñanza de calidad?



Durante estas semanas se han generalizado las protestas por parte de los estudiantes contra los recortes del Gobierno central y de las Comunidades Autónomas en materia de educación; no entraré a valorar en profundidad las circunstancias de estas "asonadas", aunque veo una violencia que no me gusta y un exceso de bilis y demagogia, por mucho que en materias como ésta ya me parece bien que se pidan esfuerzos cuando menos prioritarios respecto a otros temas de menor calado. En dichas manifestaciones se repetía, entre otros, un lema que me da mucho que pensar, ya que los estudiantes exigían una enseñanza pública y de calidad, petición que me parece no sólo legítima sino plausible, si bien me da la impresión de que el quid de la cuestión estriba en saber qué se entiende por enseñanza de calidad, aunque uno intuye que unos cuantos de los que la reclaman no saben muy bien porqué lo hacen. De cualquier manera, frente el clásico debate entre la enseñanza pública y la privada, me parece que es mucho más urgente y trascendente resolver, precisamente, el planteado respecto al concepto de lo que pueda entenderse por una enseñanza de calidad.

Comenzando con el humilde y sincero reconocimiento de no ser, ni de lejos, un experto en la materia, diré que me parece que muchos han cerrado los ojos a una realidad alarmante, y es el que la enseñanza en España ha tocado fondo. No se si es la vanidad de no reconocer errores anteriores, el enrocamiento en el manido debate "derechas/izquierdas" que me parece trasnochado y ajeno al fondo del problema o un preocupante desconocimiento de la realidad, pero da la impresión de que tras tanto reproche a los recortes hay más un afán de quedarse como se estaba, aún pagando el crudo precio de la mediocridad y la ignorancia, que de buscar un imprescindible cambio a mejor que es posible debería ser bastante radical.

A vuela pluma se me ocurre que para resumir lo que ha pasado con la educación en España en los últimos treinta años cabe hablar de una triste abdicación en la defensa del principio de autoridad, el predominio de los localismos que ha supuesto reducir la visión histórica, geográfica y social a lo propio, cierta caída en el peligro de controlarlo todo, mal endémico si entra en juego la excesiva intervención del Estado y el desprecio de la búsqueda de la excelencia, o dicho de otra manera, el haber tirado la toalla de la exigencia y la seriedad a la hora de pedir resultados, ... vamos, que uno termina no resistiendose a la tentación de pensar que hace ya mucho tiempo que en este país termina aprobando y pasando a la Universidad todo el mundo.

Y si de lo que sucede dentro de los colegios alguien que, como es mi caso, ni trabaja en la enseñanza ni tiene hijos no puede hablar sino en base a simples intuiciones, al menos sí puede llegar a conclusiones con fundamento en lo que ve en los demás, que respecto al tema que nos ocupa es una notable incapacidad para hablar en público con soltura y escribir con un mínimo de decoro -incluyendo errores sintácticos y faltas de ortografía-, la poca costumbre de leer más allá de best-sellers o libros con previo lanzamiento mediático, la total ausencia de sentido crítico y personalidad propia ante los medios de comunicación, algo que se agrava si pensamos que la inmensa mayoría de la gente se informa a través de la telebasura y algunos foros o chats de la red, ... por no añadir la cultura del lenguaje abreviado de los sms del móvil, el autismo propio de quien se pasa el día colgado a internet o funciona por la calle aislado con unos auriculares, el lamentable desconocimiento de nuestra historia, por no hablar de su conocimiento sesgado o de la incapacidad para debatir sobre ella con calma, respeto y argumentos, ...

No tengo ninguna duda acerca de la razón que asiste a quienes piensan que hace falta una enseñanza de calidad, algo que solamente será posible si abdicamos de la cabezonería de mantener un sistema que no ha funcionado y nos ha dejado a la cola de Europa y si asumimos que mucho más allá de imprescindibles medios materiales y económicos, sólo sera posible esa calidad si para sacar adelante unos estudios no hay más alternativa que la exigencia al alumno y el esfuerzo personal de éste, si se devuelve la autoridad al profesor y los padres aprenden a respetar sus decisiones y a enseñar a sus hijos el papel de educando y si se destierran de una vez la frivolidad y la demagogia en la elaboración de los planes educativos.

Queda aparte el debate entre la escuela pública y la privada; aunque pienso que la libertad de enseñanza exige que cada cual pueda educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones y valores y que donde hay demasiada intervención de la administración -sea cual sea ésta- se corre el peligro del excesivo entrometimiento y, con ello, restar precisamente libertad, no me parece que deba de ser ésta la cuestión principal. Es preciso un cambio radical, algo que debería pasar porque el Estado y las Comunidades Autonómicas dejen de lado su ambición unificadora para reforzar su carácter de servicio público y, en cuanto a la enseñanza privada, a lo mejor convendría poner los medios para desterrar es tufo elitista que destila a veces y aprender a combinar el derecho irrenunciable a la libertad de enseñanza con el de igualdad de oportunidades.




5 de marzo de 2012

Cine Eliseos



En uno de los post más antiguos de este blog que en mayo cumplirá cuatro años hice referencia a los cines de Zaragoza, y en concreto a las numerosas salas existentes en mis años mozos. Casi todos han ido desapareciendo: Fleta, Rex, Coso, Victoria, Coliseo Equitativa, Dorado, Goya, Gran Vía, ... y en la actualidad tan solo se conservan tres: el Palafox, el Eliseos y la Sala Cervantes. Eso sí, considerando que esta última se inauguró avanzados los setenta, casi en paralelo a su vecino y extinto cine Don Quijote, y que el Palafox fue profundamente renovado y convertido en "multicine", no parece una exageración asegurar que el Elíseos es el último superviviente de una larga lista de establecimientos históricos.

Este cine ha disfrutado siempre de una cierta nota de distinción, empezando por un nombre que hace volar la imaginación a un lugar con tanto encanto como la principal avenida de París. Es un nombre recogido de la mitología griega, que llamaba Eliseos al lugar donde se ubicaba el paraíso de sus dioses. Por otra parte, fue el Eliseos durante muchos años un cine reservado a las películas de arte y ensayo, algo que daba al cine una indiscutible aureola de lugar culto, de sitio de encuentro de intelectuales y cinéfilos. De hecho, es en este cine donde suelen proyectarse las películas de mayor contenido, en cierta manera ir a un film en el Elíseos ofrece cierta garantía de calidad. Desde luego, no suena que en dicha sala se hayan visto "Independence day", "Air force one" o cualquiera de las entregas de "Piratas del Caribe".

Mi recuerdo del cine Eliseos se remonta a mi más lejana infancia, cuando antes de convertirse en sala de arte y ensayo acudí con mi familia a ver una película de Harold Lloyd, el célebre autor de cine cómico de la que tan sólo recuerdo la famosa escena del rascacielos y el reloj. A partir de entonces mis recuerdos infantiles y juveniles se limitan a carteles de películas que no me eran accesibles, a noticias de films a los que solamente acudían los mayores. De cualquier manera, el edificio del Eliseos es uno de los históricos de Zaragoza, ubicado en una zona privilegiada de la capital, en ese cruce donde convergen las principales arterias de la ciudad: Paseo Independencia, Gran Vía y Paseo Sagasta, lugar de encuentro y zona de vientos y luminosidad: que sea por muchos años.


4 de marzo de 2012

En recuerdo de un cantante distinto

Lucio Dalla forma parte de la infinita nómina de grandes cantantes italianos; la "Canzzonissima" de la RAI, el Festival de San Remo y tantos otros certámenes nos han hecho disfrutar con Iva Zannichi, Sergio Endrigo, Ornella Vanoni, Adriano Celentano, Nicola di Bari, Mía Martini, Doménico Modugno, Gigliola Cinquetti, Massimo Ranieri, Gianni Morandi y tantos otros. Pero Lucio Dalla siempre fue un personaje original, distinto de los solistas tradicionales del país transalpino, aunque tan genial, por lo menos, como cualquiera de ellos. Lucio Dalla, que había nacido en Bolonia y hoy cumpliría 69 años, falleció de un ataque al corazón en la localidad suiza de Montreux el pasado jueves día 1 de marzo. Dalla tuvo que luchar siempre contra la incomprensión de un público acostumbrado a unos ambientes de smoking, trajes largos y circunspección e incapaz de comprender que el hombre se presentara a cantar en San Remo y lugares afines con la americana encima de una camiseta, un sombrero y aires desenfadados, de tal manera que para muchos era un subversivo o un payaso. Tal incomprensión se llegó a extender a las casas discográficas, de manera que tal como contaba El País en su obituario, la poderosa RCA le acogió con reservas y su primer elepé no saldría hasta 1967. Pero Dalla era un genio, un privilegiado de la música y su triunfo era, por suerte, inevitable.

Dalla fue calando en el público, que no solamente comenzó a disfrutar de su música, sino que conforme iban pasando los años, una vez rotos unos cuantos tabúes y puestos de moda aires de modernidad, Dalla pasó a ser un auténtico ídolo. A la hora de definir a Dalla la wiki nos da algunas pistas, hablando de la fascinación por el mar del cantante que llegará a cumbres casi freudianas en el tema "Nun parlà", alabando su gusto por el cultivo de una afectividad aún adolescente ("Stella di mare" o "Futura") y remarcando los desconcertantes pasos de lo dramático a lo cómico como algunas de las características de sus letras. Con el paso de los años Lucio Dalla fue serenando sus impulsos, y cumplidos los 50 años entra en un crepúsculo dorado, abandona los histrionismos y acepta con sabiduría las consecuencias de la edad; en su último decenio de vida , sus álbumes pierden su impacto sorprendente y original y se convierten en excelentes muestras de canción de autor. De cualquier manera, Lucio dalla fue siempre un auténtico espectáculo sobre el escenario y, por encima de todo, una cantante de primerísima línea.

Junto a dos enlaces de los obituarios de las páginas digitales de El País y la Cadena Ser, dejo dos canciones francamente magníficas: su inolvidable versión de Caruso y uno de sus temas más célebres: "Tutta la vida"; hace un tiempo dediqué uno de mis post al tema que presentó en el Festival de San Remo de 1972: "Piazza grande".

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/01/actualidad/1330632250_302941.html

http://www.cadenaser.com/cultura/articulo/muere-lucio-dalla/csrcsrpor/20120301csrcsrcul_3/Tes

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=641728





3 de marzo de 2012

A propósito de una salida de tono de Cela



Como es sabido, Camilo José Cela, además de Premio Nobel de Literatura y autor de novelas tan excelentes como "La familia de Pascual Duarte" o "La colmena", fue un hombre peculiar, dado a las frases polémicas, al exabrupto y a una marcada afición por la salida de tono. Recuerdo que cuando hace muchos años se planteaba la posibilidad de que una mujer entrara en la Academia de la Lengua -cuestión que por suerte está hoy en día totalmente superada- el escritor de Padrón al ser preguntado por su opinión al respecto se descolgó con una respuesta tan gallega como insolente: "a mí me da lo mismo, con tal de que no sean pedorras". La frase es provocadora, poco respetuosa y posiblemente machista, hoy en día sería inaceptable y deja a nuestro Nobel en bastante mal lugar, pero nos puede servir para sacar alguna conclusión.

Y si me ha venido a la cabeza esta "boutade" de Cela ha sido al considerar que hoy en día te enfrentas con más frecuencia de lo que a uno le gustaría con la mala educación y la radicalidad; ahora cuando alguien no te gusta porque no piensa como tú, porque se ha salido con la suya en algo con lo que no estás de acuerdo, porque es del Barça o del Madrid lo que se escucha es que es un "hijoputa" o lindezas parecidas, el personal se atrinchera en torno a una bandera y cual Anibal de la época jura odio eterno al rival de turno. Por otra parte, uno encuentra ciudadanos que disfrutan desfogando sus visceralidades en un anonimato favorecido por la multitud, de manera que facilmente el grupo se convierte en chusma y el individuo en gregario y uno contempla como se hinchan las venas del sujeto, quien posiblemente tenga abundantes y sólidas razones para ello, aunque a uno le gustaría que las aventara con algo más de respeto.

Es posible que el problema es que seamos así, y haya que resignarse a eso de que cada país aguante su folclore y sus maneras, por lo menos ahora no resolvemos nuestras discrepancias a tiros -aunque miedo me da-, pero cuando menos deberíamos aspirar a eso del respeto mutuo, a evitar etiquetas y a no caer en rencores, odios ni desprecios, que al menos en apariencia da la impresión de que crecen como setas. De cualquier manera, nos queda seguir los argumentos de Cela, y llegará un momento en que nos conformaremos con que el personal se lave, huela bien y sea mínimamente educado.


2 de marzo de 2012

La otra decadencia del Real Zaragoza



Aunque las matemáticas todavía no lo dicen con firmeza, podemos considerar de nuevo al Real Zaragoza un inquilino de la 2ª división; con éste ya serán cinco los descensos del club de mis amores que he vivido en vivo y en directo, aunque el nivel de dolor y humillación nunca llegó a los límites del que, si no hay un improbabilísimo milagro, se consumará en el próximo mes de mayo. Tras más de cuarenta años siguiendo al primer club de fútbol de Aragón, jamás había sido testigo de una situación de deterioro y descomposición como la actual: el club está en la ruina deportiva y económica, las tropelías y torpezas de sus dirigentes han ocasionado que se haya perdido todo el rédito de prestigio, respeto y simpatía que tuvo en el pasado, mientras el futuro se presenta lleno de nubarrones, con la desaparición de la sociedad como una posibilidad real que pone los pelos de punta.

Aún sin llegar a la extrema situación actual, lo que ahora se vive trae a mi memoria lo ocurrido hace 40 años, cuando tras varias temporadas de decadencia posteriores a la gloriosa era de los magníficos, el equipo bajó a 2ª división, habiendo ganado solamente tres encuentros en toda la competición y en situación de desahucio total. Un entonces jovencísimo José Angel Zalba se hizo cargo de una presidencia que nadie quería, no había ni un duro para fichar a nadie y la penuria era tal que un Juzgado de Zaragoza acabó embargando el Trofeo Carranza que tenía el club en sus oficinas, embargo que terminó no llevándose a cabo por la generosa intervención del Ayuntamiento de Cádiz, club organizador del Trofeo. Recuerdo que el F.C. Barcelona se ofreció a jugar gratis en agosto en La Romareda para echar una mano al capitidisminuido rival.

La gloria se recuperó en un año, gracias sobre todo, además de al trabajo de Rafa Iriondo y una cierta dosis de fortuna, a la presencia en el equipo de hombres curtidos y con calidad como lo eran Violeta, Manolo González, Rico, Villanova, Planas, Ocampos y Luis Costa, entre otros, lo que demuestra que al menos entonces había un capital deportivo que ahora no existe. De cualquier manera, aquella debacle blanquilla se gestó desde el momento que no se supo renovar un equipo que había dado gloria y éxitos por doquier al zaragocismo. La afición vio como se marchaban por diferentes razones jugadores tan importantes como Cortizo, Isasi, Canario, Santamaría o Pepín , Lapetra quedaba físicamente diezmado por las lesiones hasta tener que retirarse prematuramente y Marcelino era también presa de aquéllas. Así únicamente Santos y Villa mantuvieron mínimamente el tipo durante un tiempo, mientras tan sólo Bustillo, Javier Planas y el gallego Fontenla parecían alternativas de garantía para suplir el enorme hueco que dejaban aquéllos.

En 1967 ganó las elecciones Alfonso Usón, una buena persona y zaragocista de pro, pero que no tuvo nunca ni acierto ni suerte. Para sustituir a unos jugadores del nivel de los citados había que afinar mucho en los fichajes, cosa que no supo hacer el nuevo equipo directivo que trajo a lo largo de sus años de mandato a jugadores que no dejaron huella alguna en el club: del Valladolid llegaron el central Díaz y el delantero Tejedor, del Oviedo el ariete Quirós, del Rayo Vallecano fichó Moya, un extremo que ponía cara de velocidad pero no acertaba casi nunca, del Barça el lateral canario Foncho, pasado de años y de kilos, del Botafogo brasileño el extremo Totó, con una buena zurda pero lento y medroso, de Argentina otro extremo, Armando Martín, un jugador ratonil pero mediocre, Oliveros y Borrás, dos jugadores del montón llegados del Barça en la operación Bustillo, ... los únicos aciertos de la época fueron el fichaje de Felipe Ocampos y el haber fomentado el debut de gente de la cantera como los hermanos Planas, Bustillo, Chirri, Royo, Molinos, ... o de jugadores jóvenes y desconocidos, venidos de fuera y formados casi todos en el Deportivo Aragón, como Izcoa, Fontenla, Rico, Duñabeitia, Ruiz Igartua, ...

Así, en pocos años el Zaragoza pasó de ser un conjunto brillante y temido a pasearse por los campos de 1ª división con un equipo viejo, caduco e inconsistente; la temporada de la debacle final fue de decepción continua, pasaron por La Romareda hasta tres entrenadores: José María Martín, que duró dos telediarios, Domingo Balmanyá, que en su tiempo había sido seleccionador nacional pero ya estaba pasado y un jovencísimo José Luis García Traid, ascendido del filial y que llegó cuando no había nada que hacer. El único fichaje de relumbrón fue el de Luis Costa, que venía de hacer una buena temporada con el Mallorca, pero estaba ya en la última época de su carrera. Villa era un alma en pena, Ocampos tenía problemas personales y no rindió en todo el año, Pepe Juan, un joven interior canario que había llegado como gran promesa y deslumbrado en la pretemporada y Lozano, un ariete venido del Salamanca que aseguraban era una figura en ciernes, acabaron siendo un fiasco, Iznata, que en su día había jugado en el Madrid, arrastró su decadencia y sus kilos en los pocos partidos que jugó, mientras el meta Izcoa, que luego triunfaría en el Granada, tenía un año horrible. Al final el Zaragoza perdió 18 encuentros, más de la mitad, empató 9 y solamente supo ganar 3, recibiendo un total de 54 goles frente a los 22 que marcó.

De cualquier manera, y en medio de la crisis que entonces se vivió en el zaragocismo, se mantuvo viva la llama de la esperanza, algo que los actuales mandatarios blanquillos parecen haber consumido casi hasta el límite. Entonces hubo reacción y solución, esperemos que ahora también las haya, aunque como en aquellos tiempos no serán posibles sin cambios radicales.


1 de marzo de 2012

El regreso de las grullas



Cuando las grullas regresan hacia el norte quiere decir que se acerca la primavera; la naturaleza es mucho más sabia que los hombres y cada año podemos comprobar como se cumplen rigurosamente los mismos fenómenos que nos anuncian tiempos, acontecimientos y fenómenos variados: una muestra más del orden que Dios puso en el mundo y que solamente alteran y destrozan los hombres.

Al acercarse el invierno las grullas encuentran su lugar de descanso en Gallocanta, esa maravilla de la naturaleza cercana a Teruel, donde incluso los torpes en estas cosas de la naturaleza como el que suscribe descubren que existen lugares próximos al paraíso, y no solamente por el paisaje, sino por la paz, la luminosidad y el ambiente de sosiego. Llega un momento en el que las grullas deciden que es hora de volver al norte, de emprender un montón de kilómetros para recuperar su lugar habitual de residencia. Para ellas, felizmente ignorantes de las disquisiciones de los hombres, ésto no es más que su rutina periódica, y durante siglos han seguido haciendo lo mismo, siguiendo los instintos naturales y las costumbres ancestrales que les llevan a hacer en cada momento lo conveniente, una muestra más de cómo los animales nos dan ejemplo casi en cada paso que dan.

Aragón es una tierra privilegiada, en cuanto lugar de paso de muchas aves migratorias desde Europa y hacia ella a través de los Pirineos; así, además de la laguna de Gallocanta y los humedales del valle del Jiloca, también se puede ver pasar a las grullas en los pequeños embalses de la Hoya de Huesca, sobre todo el de La Sotonera, los humedales de Cinco Villas y la laguna de Sariñena, e incluso suelen observarse algunos bandos descansando días o semanas en pequeñas lagunas esteparias de Belchite, Bajo Aragón, Monegros, Campo de Borja y en arrozales o balsas del Cinca. Así, se convierten en animales gratos, que traen buenas noticias por estas fechas, como la llegada del buen tiempo.

El paso de las grullas no es nada discreto, y a pesar de volar muy alto - se asegura que lo hacen a unos 2.000 metros, aunque algunas pueden hacerlo hasta a 10.000-, su atronador cacareo se oye en tierra como una cacofonía que anuncia la llegada real de la nueva estación, un anuncio mucho más auténtico y desinteresado que el que pueda hacer, pongamos por ejemplo, El Corte Inglés. En estos días me he estado informando, a través de internet y de personas que siguen el tema, de este fenómeno y, como tantas veces, he lamentado haberme perdido durante más de medio siglo un acontecimiento así, simplemente por ser tan de piso y tan de asfalto.