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19 de octubre de 2015

Más allá del mapa


"Hay cosas que no pueden representarse en un mapa, como el sufrimiento de la población atrapada en esta guerra civil".

Ayer tuve ocasión de ver un vídeo, breve pero elocuente, sobre las causas antecedentes y desarrollo del actual  conflicto bélico de Siria. La grabación concluía con la frase que encabeza mi comentario. Pienso que la misma exige poco desarrollo, basta con que la leamos y pensemos, nos vendrá bien -a mí al menos me ha hecho mella- reflexionar sobre la misma.

Siempre hay personas con una sensibilidad especial, gente que enseguida se apresuran a ejercer la solidaridad, el apoyo ... conozco a unos cuantos -y unas cuantas- que no citaré para no ponerles colorados. Pero otros necesitamos que alguien nos de algún meneo para no andar despistados, para ser capaces de ver más allá de una noticia,  un reportaje, un cuadro explicativo o un mapa. Las guerras, los muertos y heridos, los que huyen, los refugiados, ... podrán dar lugar a muchas elucubraciones. Pero nunca nos deberían producir indiferencia ni deberíamos vivir ignorantes ante el dolor y el sufrimiento de cualquiera ... si es que pretendemos querer de verdad.

3 de septiembre de 2015

Para pensar ... para vivir

"Las personas autorrealizadas, magnánimas, tienden a aplicar el límite de su atención nutricia más allá de sí mismos y de "su tribu"... Y ya no solo su familia, sino sus vecinos, su país, toda la humanidad, e incluso todo lo viviente, y todo lo existente pueden ser incluídos en su ámbito de cuidado".


Me remitió el otro día esta frase una persona a la que conocí hace poco, con quien no tengo demasiadas ocasiones de hablar, pero que, entre algunos otros, posee el don de la especial sensibilidad y una permanente sonrisa en su cara, una de esas que "iluminan". He tratado de averiguar el autor de un pensamiento tan bonito, pero esta vez "google" no ha dado el resultado esperado. De cualquier manera, el hecho de no saber su origen no impide que me haya parecido una consideración profunda, una idea que te hace pensar.

No se si he captado bien el significado de tal frase, ni siquiera si la he calado en toda su extensión; es posible que me falte suficiente discernimiento para ello, con lo que espero no decepcionar a quien ha tenido el detalle de compartirla conmigo, alguien que me parece más profundo que yo. Eso sí, en cuanto leí el texto me vinieron a la cabeza dos ideas que intuyo deberían permanecer impresas en mi alma: el que hemos de aspirar a tener un corazón grande donde quepan todos, evitando ser excluyentes, sectarios, elitistas y la necesidad de evitar el peligro de aislarnos en nuestra "tribu", de convertir nuestra existencia en un mundo de vueltas dentro de una burbuja. En este mundo occidental donde nos ha tocado vivir, me temo que se ha fomentado demasiado el individualismo, y nos cuesta poco caer en el aislamiento y la insolidaridad.

Frecuentemente nos enrocamos en opiniones, posturas y modos de vida, y corremos el peligro de caer en una "cerrazón" que nos aisle e impida tanto disfrutar de amistades y experiencias reconfortantes e instructivas como desarrollar algo tan imprescindible para encontrar la felicidad como ayudar al resto del mundo. Las crisis económicas y políticas, la visión crítica de la actuación de otros, la codicia, la tendencia a crear enconos irreconciliables, posturas enfrentadas, el interés egoista por "trepar" social o profesionalmente, ... son actitudes y situaciones que han reforzado desde hace años, la tentación de algunos de vivir bajo la sombra de su tribu. La frase citada la tomo como un reto, y espero que quien me ha sembrado la inquietud me recuerde cuando sea preciso que debo de actuar con coherencia.

30 de julio de 2015

¡¡Hillary!!, ¿de verdad has dicho semejante cosa? ...


“Los códigos culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”.

                                  Hillary Clinton

He encontrado estas frases por la red; no me consta ni el lugar ni la fecha en que fueron pronunciadas, pero me fío de la veracidad de quien lo pone. Es posible que pueda haber diversas formas de interpretar lo que la esposa de Bill entiende por modificar creencias y por emplear los recursos coercitivos del Estado para redefinir dogmas, pero a mí son términos que me suenan muy mal y me recuerdan a las posturas que dieron lugar a los tiempos más nefastos de la historia del mundo.

Miss Clinton ha aparecido siempre, y ya hace tiempo que pulula por la política -en tiempos de su marido ejerciendo de primera dama más bien entrometida y posteriormente desplegando ambiciones y asumiendo poder-, con aureola de modernidad y aires de "lideresa". Ahora aspira a ser la primera mujer que preside los Estados Unidos, y con esos pensamientos, "miedo me da", ... y mucho más miedo plantearme que no sea solamente cosa de una mujer ambiciosa con pose de estadista, sino reflejo de lo que piensan y pretenden los más poderosos.

Como Doña Hillary pretenda modificar mis creencias y redefinir los dogmas, se habrá ganado un enemigo. Quiero pensar que no entiende demasiado de religiones ni sabe distinguir un dogma de una opinión, porque si ha hablado consciente de lo que decía es como para ponerle bigotillo.


16 de junio de 2015

Umberto Eco y las redes sociales



"El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco, autor del best seller "El nombre de la rosa", entre otras novelas y varios ensayos, ha vuelto a desatar la polémica con motivo de unos comentarios suyos sobre Internet y las redes sociales. "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad", dijo durante una conferencia de prensa en el Gran Palacio de la Real Escuela de Equitación en Turín, donde le otorgaron el diploma honoris causa en Comunicación y Cultura de los Medios de Comunicación de la Universidad de Turín, la misma donde se graduó en Filosofía en 1954.

Eco acusa a las redes sociales de haber generado una “invasión de imbéciles”, frase que se ha vuelto viral en Twitter. “Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad”, ha dicho añadiendo que “enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel. Es una invasión de imbéciles”.

Para el escritor, si “la televisión había aprobado al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior”, el “drama de Internet es que ha aprobado al tonto del pueblo como el portador de la verdad”. El semiólogo ha invitado a los diarios de papel a filtrar, con un equipo de periodistas especializados, las informaciones de Internet, “porque nadie hoy está capacitado para entender si un sitio es confiable o no”. Y a dedicarle al menos dos páginas a un análisis crítico de los sitios."

Con ésto, ni más ni menos, se ha descolgado Umberto Eco recientemente. Son palabras que han provocado polémica, es posible que en algún momento haya podido faltar a la caridad, haya utilizado algún término excesivo y hasta injusto, pero pienso que por encima de todo, son frases para que todos meditemos. A veces pienso que hemos elevado a las redes sociales a una categoría máxima que no les corresponde ... me da miedo que sea cierto eso de que nos creemos todo lo que leemos en la red ...o al menos lo que nos queremos creer.

4 de diciembre de 2014

Oscar Wilde dixit


"El orden es la virtud de los mediocres"

La frase habrá que tomarla en consideración con todas las reservas que sean precisas, incluso imagino que si entramos en interpretaciones literales podemos poner en solfa valores, seguridades y hasta verdades. Pero no puedo negar que me ha gustado, posiblemente porque para mi natural desordenado, casi caótico, tiene su parte de excusa, de argumento autodefensivo ... Pero también es cierto que en ocasiones hay formas de ser y hacer que convierten al orden en algo antipático y agotador. Mal asunto cuando un lugar de trabajo, un grupo mínimamente organizado, una actividad social, etc se convierte anda sometido a un reglamento exhaustivo, cuando se pretenden medir todos los pasos, cuando parece que se pone coto a la flexibilidad, ... porque en su justa medida puede ser hasta bueno ejercitar la capacidad de improvisar.

Hace muchos años conocí a una persona que como carta de presentación afirmó que era un "maniático del orden" ... y vaya si lo era, no había quien lo aguantara. El orden es sin duda necesario, para trabajar bien, para hacer grata la vida a los demás, para no acabar perjudicando la relación y la convivencia, pero dentro de un límite, sin obsesiones ni rigideces. Tal vez haya quien busque demasiadas seguridades, excesivos encasillamientos, ... porque hay quien anda obsesionado con tenerlo todo previsto, algo que con los años empiezo a pensar que no es tan bueno, ... vamos que puede ser hasta nocivo. Es más, yo creo que hay algunos a los que el afán de orden  ha trastornado su cabecita. Frecuentemente me pregunto ¿qué c... importa tantas veces centímetro más o menos?.




3 de diciembre de 2014

Buscando el alma buena


El Papa Francisco estuvo el día 25 de noviembre en Estrasburgo, y allí, en el Parlamento Europeo, pronunció un discurso que pienso estuvo lleno de contenido, a lo que cabe añadir la sencillez y claridad que suele acompañar los mensajes del pontífice argentino. Aunque como es lógico, las palabras del Papa han tenido su reflejo en los medios de comunicación de todo el mundo, me he quedado con la sensación de que el eco no ha tenido la suficiente contundencia y prolongación en el tiempo, a pesar de que Francisco fue valiente y claro al hablar de una Europa que no puede girar en torno a la economía, de la desconfianza de los ciudadanos frente a unas instituciones a las que calificó de ser distantes y abusar de los "tecnicismos burocráticos" y de que "no tener trabajo quita la dignidad". No se si hay quien se ha frenado a la hora de difundir palabras tan necesarias por haber incluido también el Papa referencias menos "populares", por mucho que también formen parte de la doctrina de la Iglesia.

Me llamó especialmente la atención la terminología de Francisco cuando instó a una Europa "envejecida y reducida" a que "redescubra su alma buena". Y si me impresionaron estas palabras me parece que es porque supusieron un aldabonazo a mi conciencia, porque me temo que el individualismo,  el acostumbramiento a esa vida excesivamente cómoda que ha imperado durante tanto tiempo en occidente nos ha podido volver egoístas y complicados. Las palabras del Santo Padre exigen una respuesta generosa y comprometida a quienes nos consideramos cristianos -aunque a veces demos la impresión que intentamos no parecerlo-, y pensar como recuperar esa "alma buena", ese sentir interior que nos debe llevar a dar la mano, sonreír, ayudar, ... dudo que pueda haber solidaridad si antes no hay amor.

23 de septiembre de 2014

¿Deporte nacional?


 «¡Igualdad!, oigo gritar / al jorobado Fontova. / Y me pongo a preguntar: / ¿Querrá verse sin joroba / o nos querrá jorobar?».

Leonardo Castellani

En el último "Semanal" Juan Manuel de Prada habla de la envidia, y además de citar a Cervantes y Quevedo -¡nada menos!- recoge esta frase del controvertido pensador argentino Leonardo Castellani que me parece toda una muestra de tino y sabiduría. Hay quien dice que en España la envidia es deporte nacional, afirmación que no soy capaz de valorar como cierta o incierta, aunque tengo bien claro que la envidia existe y que con frecuencia damos buena muestra de que se trata de vicio que ejercitamos. Es lógico que el personal ande enojado con algunas cosas que pasan, que se de rienda suelta a la crítica por la corrupción, los abusos, las desigualdades y los desgobiernos, pero cada vez tengo más claro que en ocasiones lo que mueve al personal es la envidia y no el recto afán de que se cumpla lo que puesto en boca de Ulpiano parecía sencillo y a la hora de la verdad nos cuesta tanto lograr: dar a cada uno lo que en justicia corresponde.

Me temo que hay veces en que detrás de esas aceradas críticas, esa demoledora forma de valorar la conducta de personajes públicos y privados, se esconde la frustración de no tener el poder, el dinero o la influencia de los criticados. Entiendo -y comparto- la indignación del personal ante la trampa y la codicia, pero cuando escucho a algunos asegurar que no se puede ser rico sin robar, poderoso sin trepar y pisotear u ocupar un puesto alto sin medrar o abusar de influencias, no puedo evitar que me pase por la cabeza que la envidia se está imponiendo a la capacidad de razonar y a la buena fe.

Prada cita también a John Stuart Mill: «Los españoles persiguen con saña a todos sus grandes hombres, les amargan la existencia y, generalmente, logran detener pronto sus triunfos», triste sería que siguiéramos dándole la razón.

8 de mayo de 2014

Charlie Chaplin y el respeto


Recibí el otro día, vía washap, un vídeo en el que aparecían diversas imágenes de Charlot, todas entrañables, con la música de "Candilejas" -un tema que para mí es debilidad-  como fondo; iban apareciendo una serie de frases relativas a la autoestima que daban más o menos en el clavo. De entre estas me quedo con una:

"Cuando me amé de verdad comencé a comprender porqué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, sólo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento, o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy se que el nombre de eso es ... respeto".

Vete a saber que quería decir Chaplin con tal afirmación, ... incluso podríamos dudar que alguna vez hubiera dicho eso, pero la idea me gustó. Y es que a veces "forzamos" a la gente, tal vez porque nos ciegan nuestras ambiciones, a lo mejor porque estamos tan convencidos de nuestra postura que no nos cabe en la cabeza que otro se plantee las cosas de manera distinta, quizás porque nos ciegan ideas fijas, consignas o rutinas, o simplemente porque nos hemos olvidado de que en esta tierra vivimos gentes bien diferentes y el arte está en que todos seamos compatibles y no uniformes.

Que gran palabra esa de "respeto", una idea en el que todos deberíamos profundizar; porque respeto no es sólo cuidar las formas, no caer en excesos, no ser agresivo, vehemente, grosero, ... respeto es, por encima de todo, estar dispuesto a que el otro ejercite la libertad, que nadie pueda decir que hemos coartado sus decisiones, frustrado sus expectativas, cerrado sus ideas e iniciativas o impuesto las nuestras. Como en tantas otras facetas de la vida, que fácil es presumir de respetar a los demás y cuan difícil puede ser hacerlo de hecho.

30 de enero de 2014

Tiempo de "opinantes"

Leonardo Castellani fue un sacerdote argentino, como el papa Francisco, ... y jesuita, también como el papa; su vida fue bastante azarosa, pues en 1949 fue expulsado de la Compañía de Jesús y suspendido en su ministerio sacerdotal, condición que recuperó en 1966. Alguien le ha llamado "el Chesterton de las letras españolas", título sobre el que no puedo opinar, pues todavía no he leído nada de este hombre, de quien nos cuentan fue todo un referente del periodismo argentino. Leonardo Castellani no fue un personaje común; toda una generación, tanto de amigos como de adversarios, estaría dispuesta a testificar que fue un ser excepcional, y para muchos de esa generación el "Padre Castellani" es prácticamente toda una leyenda.

Traigo a colación a este argentino porque a él se refería en su columna del último dominical Juan Manuel de Prada, un escritor que no goza del favor de mucha gente, pues se le considera pedante y barroco, y aunque algo de esto tiene el hombre, yo le suelo ver bastante independencia de criterio y una notable valentía para navegar contracorriente y no caer en tópicos y generalidades políticamente correctas. De Prada ponía en boca de Castellani la definición de la libertad de opinión como "patente del sofista" o "el chillar de los ineptos para acallar al sabio". Es posible que algo de radicalidad haya en estas afirmaciones y que a más de uno escandalicen en tiempos en los que parece que se impone el griterío, pero éstas son frases que me han traído a la cabeza las intervenciones de muchos en las redes sociales, en twitter, facebook, foros variados, ... los comentarios que amparados en un "valiente" anonimato muchos incluyen en las noticias de los periódicos digitales y las afirmaciones que, frecuentemente a vocinazo limpio, se oyen en algunas tertulias televisivas. ¡Cuanta soltura y cuanta seguridad a la hora de opinar sobre tantas cosas!, muchas veces sin más fundamento que lo que se ha escuchado por ahí o leído en algún libro con fuerza comercial o en ciertos artículos sueltos escritos desde el instinto más visceral.

El escritor leonés habla de "opinantes", y pone el ejemplo de aguien que dedica su vida al estudio de Homero, quien "puede quemarse las pestañas en la medición de sus versos, en la ponderación de sus epítetos y en el escrutinio de sus figuras retóricas; y llegar a la conclusión de que Homero es la octava o novena maravilla del orbe", a la vez que alguien que "solo haya leído a Homero en una traducción inepta (¡o incluso que no haya posado los ojos en su puñetera vida sobre una línea de Homero!) puede decir sin empacho, haciendo uso de su sacrosanta libertad de opinión, que Homero es una mierda pinchada en un palo; y su opinión será tan 'digna' como la del estudioso devoto" ... Y quien habla de Homero, también puede hablar de la historia de España y del mundo, de los orígenes del Derecho, de la Iglesia en tiempos del medioevo o de la trascendencia de la pintura de El Greco.

Vivimos en una sociedad en la que abundan los "opinantes", donde fácilmente te hacen callar sin darte ni siquiera la oportunidad de argumentar, en la que a la vez que se demoniza todo dogmatismo se han creado nuevos dogmas que el "opinante" medio no permite discutir.




28 de noviembre de 2013

Entre otras frases


«Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio»

Acaba de salir a la luz la exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» (La alegría del Evangelio), primer escrito oficial redactado de puño y letra por el papa Francisco. Son más de 200 páginas y leyendo las primeras informaciones de prensa parece quedar claro que tiene mucho de innovadora, que toca muchas teclas y que más de una afirmación va a dar lugar a todo tipo de opiniones y polémicas. Como ni siquiera he comenzado a leer el escrito, cualquier valoración será arriesgada, aunque creo en el Espíritu Santo y estoy seguro que en cada momento tenemos el papa que necesitamos, y desde luego lo que reflejan los titulares de prensa entiendo que son cuestiones importantes y necesarias en los tiempos que corren.

Pero no puedo evitar entresacar una frase que me ha gustado; cuando la he leído he pensado, y esto es una idea mía, de esas que surgen de repente y que espero nadie incluya en la nómina de las herejías, que en el fondo el papa nos está diciendo que suena mucho mejor lo que aparece escrito en el Evangelio que la música contenida en normas, criterios y reglamentos. La fe no la podemos convertir en una larga autopista llena de señales de prohibición y de peligro, porque de ser así se corre el peligro de terminar entre saturado y agotado, ... o nos volvemos flexibles o corremos el riesgo de acercarnos a la fosilización.

Así, a vuela pluma, sin profundidades, observo la exhortación como un auténtico compendio que invita a la entrega y al servicio a los demás, sin duda un documento para reflexionar, para asimilar y para poner en práctica.

17 de septiembre de 2013

El modelo y el diapasón

 
Como ya dije en alguna ocasión anterior, estoy leyendo las "Memorias" de Jean Francois Revel, y la verdad es que este hombre, quien a veces parece sensato y a veces libertino, me está enseñando bastante. En un momento determinado, refiriéndose a esa tendencia que todos tenemos a buscar personas a las que emular, asegura que "los modelos no tienen que ser imitados, sino utilizados como diapasón, como instrumento de audición y control". No podría asegurar lo que realmente quiso decir el pensador francés con esta frase, pero a mí me ha resultado sugestiva; me temo que a veces tenemos la tendencia a buscar dioses entre los humanos, y no nos damos cuenta de que por un lado, cualquier hombre o mujer a quien idolatremos terminará decepcionándonos, porque en la esencia de la persona está su propia imperfección y a lo mejor le exigimos más de lo necesario, mientras que por otro lado, si queremos hacer el bien, hemos de intentar hacerlo con nuestras propios caracteres y capacidades, por nosotros mismos y mirando al frente, aquéllos a los que admiramos son un reflejo, una línea de actuación, ... un diapasón que marca un ritmo, una tendencia, no una falsilla que nos hace perder personalidad y puede que hasta mérito.

Podemos admirar a mucha gente, y eso no es malo; la historia nos presenta a personas de todo tipo y condición que hicieron mucho por el mundo y por las personas: santos, conquistadores, científicos, artistas de todo tipo, ... pero en su gran mayoría no hemos conocido personalmente a ninguno, sabemos lo que nos cuentan los libros de historia, lo que ponen de manifiesto sus obras y lo que relata alguna que otra biografía que puede pecar de parcial, de fantasiosa o de excesivamente literaria; se nos ha privado de los matices, de las circunstancias y, generalmente, de los defectos, esos detalles que al final acaban haciendo más humano al personaje. Yo pienso que Madame Curie y el Doctor Fleming, San Pablo, el Cardenal Cisneros, Cristóbal Colón, David Livigstone, Chesterton o Concepción Arenal no serían seres perfectos, incapaces de meter la pata, impecables en su campo o en otro, inalterablemente valientes, virtuosos o trabajadores, sino que tendrían sus debilidades, sus flaquezas y sus torpezas, circunstancias que posiblemente no impedirían que los hubiésemos dejado de admirar en el caso de haberlos conocido en persona, y sus limitaciones no tendrían porqué dejar de convertirles en ese diapasón que nos sirve de indicio, de suave sonsonete para actuar.

Me parece que un buen ejemplo de lo que digo pueden ser nuestros padres; ya se sabe que en la infancia nos suelen parecer perfectos, en la adolescencia les comenzamos a cuestionar y hasta considerar que no dan la talla, mientras que con la madurez valoramos todo lo bueno que tienen, ni los idolatramos ni se nos escapan sus defectos, pero el cariño pasa por encima y, sobre todo, lo positivo, que suele ser abrumadoramente mayoritario, nos esconde lo negativo. Y puede que en nuestro caminar por la vida, no se trate de seguir en su caso al pie de la letra lo que ellos hicieron, sino que nos limitamos a escuchar el diapasón, a enfilar las decisiones siguiendo ese "aire" que ya nos sabemos casi de memoria, porque lo aprendimos en vivo y en directo y nos termina resultando bastante más convincente que otros modelos que tal vez aparenten -o pretendan aparentar- ser más cualificados y rimbombantes. Y por supuesto, cada cual tenemos nuestra seña de identidad, porque como los buenos músicos el diapasón es la "pista" y nosotros ponemos el resto ... siempre con la ayuda de Dios, eso sí, que más nos vale.

25 de agosto de 2013

Burke, a propósito de "La Paz"



"Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada."

Edmund Burke fue un escritor y político irlandés que vivió en el siglo XVII; es considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico, tendencia que él llamaba "old whigs". Y de este hombre es esta frase que no es, ni mucho menos, la primera vez que la oigo pero que desde luego mueve a pensar y pone en alerta la conciencia; y es una frase que no se porqué razón me ha traído a la cabeza lo que ocurrió el pasado jueves en el Hospital "La Paz" de Madrid, cuando diversas personas pertenecientes a la "marea blanca" de la Sanidad aprovecharon una de esas manifestaciones periódicas que tanto menudean en los últimos tiempos para exigir a voz en grito que la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, actualmente en estado grave en la U.C.I. de dicho centro hospitalario debido a un accidente de tráfico, fuera trasladada a un hospital privado. No pretendo entrar ni en los problemas de la sanidad pública madrileña ni en las responsabilidades políticas de la Sra. Cifuentes, que en materia de la Sanidad autonómica me parece que son más bien pocas, sino en una actitud que me ha parecido uno de los espectáculos más tristes y bochornosos que he visto últimamente, aderezados todos ellos por diversos comentarios de quienes amparados por el anonimato de Twitter han deseado todo tipo de males a la política en cuestión. Confío en que aún quede una mayoría de personas capaces de sentir solidaridad al margen de ideologías y opiniones concretas, por quien está pasando un mal trago, en que ese odio irracional y sectario que con frecuencia detecto en la red -y que en ocasiones se refleja en la calle- sea patrimonio sólo de unos pocos, aunque hagan mucho ruido y usen un spray que hace que parezcan ser bastantes más.

No ando por Twitter y Facebook te permite afortunadamente cerrar la entrada a tu muro a la agresividad y el insulto, pero buena parte de los comentarios a las noticias digitales que el personal suele hacer es todo un ejercicio de mal gusto y resentimiento, da la impresión de que la gente desahoga sus frustraciones y su rencor generalizado escribiendo con un encono y una zafiedad que producen una tristeza profunda. Y como estoy seguro de que queda mucha gente con buenos sentimientos, capaces de perdonar y comprender, de dejar puertas abiertas y ventanas aireadas, por mucho que no pierdan el sentido crítico que lógicamente hay que tener y desarrollar, pienso en el tal Burke, y me hago eco de la necesidad de contrarrestar la inquina y el odio con otro tipo de actitudes que se fundamentan en otro tipo de valores.



25 de abril de 2013

José de San Martín habla del poder y la soberbia

"La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales,
que se encuentran de golpe con una miserable cuota de Poder".

En el servicio militar se cumplía a rajatabla eso de que "la veteranía es un grado"; cuando llegabas al cuartel eras un "quinto", un novato y aquellos compañeros de desdichas que ya llevaban un tiempo bregando en la "batalla" estaban esperando al nuevo reemplazo como agua de mayo, desahogando sus frustraciones con el turuta pardillo, al que trataban con desdén, incluso le bautizaban con el chusco apelativo de "pollo". El recién llegado no tenía derecho prácticamente a nada, podía ser abrumado con todo tipo de novatadas cuya brutalidad e indecencia dependía de la mayor o menor actitud contemporizadora de los mandos, no se le respetaba turno de comer o cenar, era "castigado" con los peores servicios y mirado por encima del hombro por los más antiguos. Los más veteranos del grupo, que se ufanaban de estar muy próximos a la licencia -"¡qué poquita me queda!"- decían con orgullo-, se hacían llamar "abuelos" y algunos de ellos no cesaban de repetir esa condición como si ésta les diera poco menos que carta blanca para convertirse en personajes a los que casi adorar. Observé que cuanto menos cultura e inteligencia se les adivinaba, esa vanagloria era mayor, intuyo que posiblemente porque era esa una de las pocas ocasiones que tenían de destacar por algo en la vida.

Así somos los hombres, unos pánfilos ansiosos de encontrar algo de lo que presumir, con lo que sentirnos por encima de los demás y con capacidad de que éstos actúen conforme a nuestros antojos. El poder transforma, y frecuentemente para mal. Y no me refiero exclusivamente al poder político, a esos espejuelos que ciegan y conducen a la tentación totalitaria, al engaño a los electores, a la corrupción, al aislamiento social y al abuso, sino también a la ceguera que sufrimos en ocasiones cuando adquirimos, ocasional o permanentemente, una posición de prevalencia sobre alguien, por ridícula e injustificada que sea. Nos gusta en exceso mirar por encima del hombro, exigir respetos y reverencias que a lo mejor no hemos sabido ofrecer a otros nunca, exhibir demostraciones de poderío y mando, ese "aquí estoy yo" tan racial y tan hispánico. Todos, en mayor o menor medida, tenemos tendencia a caer en los errores del pavo real, ese bicho de plumaje exhuberante y colores brillantes que ejercita el hábito del "pavoneo" y no se da cuenta que todo su aparente encanto se derrumba como castillo de naipes en cuanto se observa su torpe caminar y en cuanto de da la vuelta y se le ve el trasero.

Deberíamos ser conscientes de lo efímero que es el poder humano, de lo fácilmente que se pierde y de lo peligroso que es sostener tu seguridad en ese poder si detrás de él no hay nada más.

20 de marzo de 2013

La bondad y la ternura

Hay muchas cosas de las que ha dicho el Santo Padre desde que fuera elegido hace hoy una semana y que me gustaría resaltar, subrayar con doble trazo: la necesidad de cargar con la cruz, poner a Jesucristo en el centro para no ser una ONG, cuidar de los más pobres y los más débiles, rezar los unos por los otros, no caer en el pesimismo y la angustia, ... Pero de su homilía de la Misa de entronización me quedo, sin ninguna duda, con una mención concreta: "no debemos que tener miedo de la bondad ni de la ternura"; la frase me ha llegado directa al corazón, y pienso que fue porque cuando uno va cumpliendo años corre el riesgo de que el corazón se encoja, que reserve lo mejor para los propios egoísmos, que las experiencias de la vida, las decepciones o las propias obsesiones te lleven al desencanto y la desconfianza. Ya la desapacible noche en la que salió al balcón vaticano como inesperado nuevo Pontífice lo que más me impactó fue esa invitación final a rezar los únos por los otros; realmente no es nada nuevo, es la comunión de los santos de la que tantas veces hemos escuchado hablar, pero las crisis generales y personales hacen que nos olvidemos demasiado de lo esencial ... es lo que dijo Jesús hace más de dos mil años, el mandamiento con el que resumía todo lo demás, ... la homilía breve de Cristo: "Amaros los unos a los otros ...", dicen que al papa Francisco le gustan los sermones cortos -demuestra inteligencia, entre otras cosas- y poco hay más corto que el mandamiento nuevo. El problema es que nos olvidamos, o lo interpretamos a nuestro capricho y caemos en las restricciones, las matizaciones y las endogamias.

Es muy fácil exhibir bondades y ternuras en las bodas, en las celebraciones, en los éxitos personales y profesionales, ... lo complicado surge cuando nos enfrentamos con quien nos importuna, con el pobre que pide en la puerta de la parroquia  y nos da por pensar que nos engañao o nos presiona, o el rumano que lo hace frente al  Mercadona e intuimos que es el mismo que intenta entrar en casa por la ventana, con la visita molesta o el pariente interesado, con el vecino torpe que pasea al perro con una correa que nos obstaculiza el paso, deja recados no recogidos por el suelo o ladra a horas no previstas, el compañero plasta o el primo zafio y grosero, con aquél que nos la tiene jurada o ya nos la ha gastado buena, con el sindicalista peleón o el empresario implacable, el jefe déspota y la vecina cotilla que nos saluda desde su balcón con una sonrisa más falsa que Judas. En ocasiones los obstáculos a la bondad, a la ternura los llevamos dentro, y nos cuesta ejercitarlas porque llevamos un cabreo formidable y plenamente justificado, nos vemos abrumados por la enfermedad, el dolor o el drama propio o ajeno o, simplemente, nos hemos levantado con migraña, dolor de muelas o ardor de estómago ... ahí está la ocasión de superar la "cuesta arriba".

Recuerdo que en Tarragona conocí a Manolita, una mujer excepcional; ya hablé aquí de ella hace tiempo. Fracasado su matrimonio decidió dedicar su vida a los más desfavorecidos y para ello no escatimaba insistencia y caras de pena para reclutarnos a a unos cuantos que ante tanta bondad -¡tanta ternura!- no eramos capaces de negarnos a ir a dar charlas a la cárcel, a los colegios públicos más recónditos, a las asociaciones de vecinos, ... un día me confesó el secreto: veía a Cristo en los pobres, en los presos, en los enfermos, ... y les trataba con eso, con bondad y ternura: puedo dar fe. Manolita andará encantada con este Papa. Pensar en ella me devuelve el deseo de ejercitar la bondad y la ternura, de perder el miedo a no ser correspondido, a meter la pata ... porque a algunos nos entra una absurda y ridícula verguenza de ser tiernos. Decía Francisco cuando sólo era el cardenal Bergoglio que "Es verdad que saliendo por el camino, como le ocurre a cualquier hombre o mujer, pueden ocurrir accidentes. Pero si la Iglesia permanece cerrada en sí misma, autorreferencial, envejece. Y entre una Iglesia accidentada que sale por el camino y una Iglesia enferma de autorreferencia no tengo ninguna duda: prefiero la primera". No son moco de pavo la bondad y la ternura, ... intuyo que en Buenos Aires dirían que quien afirma eso es realmente "boludo".

Del primer disco de Rosana, titulado "lunas rotas", el del "Talisman" y "Si tu no estás aquí", me gustaba especialmente la última canción, "Nadie más que yo", un tema que hablaba de ternura:


"El mar más profundo me guardó el sentimiento
y si el amor nos ata, lo esparciré en silencio
haré que la ternura te llegue entre las olas
y que el rocío del alba jamás te encuentre a solas ..."



8 de marzo de 2013

"Mi reino no es de este mundo"

 
Juan 18:36-37: "Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí."

Cuando andamos a las puertas del inicio del Cónclave que elegirá al nuevo Papa, me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas por Jesús ante Poncio Pilatos, cuando quiso poner bien claro que su reino no tenía nada que ver con cualquier concepto mundano y dejó sorprendido y a un Pilatos incapaz de entender semejante argumento: bastante tenía con sobrevivir en un mundo corrupto y decadente como el que caracterizaba el Imperio romano. Cuando estos días escucho o leo las elucubraciones de algunos sobre candidatos a la sede de Pedro, conveniencias respecto del talante de unos y otros o las manidas referencias a purpurados conservadores o progresistas, no puedo evitar pensar en la respuesta citada, en como casi nadie tiene en cuenta lo que es una verdad de fe, como la asistencia del Espíritu Santo: comprendo que haya quien sea escéptico a estas cosas, pero si un se afirma cristiano, católico, debería ser lo primero que tomara en consideración.

Si no recuerdo mal, el último Cónclave no deparó grandes sorpresas: el papa se anunció pronto y el cardenal Ratzinger había "sonado" bastante como posible candidato; pero a pesar del transcurso del tiempo aún mantengo vivos los recuerdos de los dos anteriores de los que fui consciente, cuando en agosto de 1978 fue anunciado el Cardenal patriarca de Venecia, Albino Luciani, como nuevo Pontífice y dos meses después era Karol Woktyla, un polaco cuyo apellido sonaba a África y casi nadie conocía, quien se asomaba al balcón vaticano con las vestes blancas. Por entonces habían sonado nombres italianos por doquier: Baggio, Benelli, Felici, Pignedolia, Pappalardo, Polletti, .... y algún europeo rumboso, pero ni a Luciani le atribuyó casi nadie chance ni Juan Pablo II estuvo nunca en la lista de posibles. A la hora de la verdad del Cónclave salieron un par de grandes hombres, muy distintos, uno vivió més y medio, el otro llegó hasta el 2005 y superaron, cada uno con su estilo y sus personales carismas, cualquier expectativa.

Yo, desde luego, me sigo fiando más de gente como Luciani, Wojtyla o Ratzinger que de Chávez, Bush, Putin, Bardem o Almodóvar ... y del Vaticano que de la Sexta. Vete a saber que pasará en esa próxima reunión de cardenales, pero no dudo que en ello tendrá mucho que ver quien vive en ese "otro mundo".

28 de febrero de 2013

Sabio Wittgenstein

 
"De lo que no podemos hablar, mejor es callarse".

Ludwig Josef Johann Wittgenstein había nacido en Austria, aunque luego se nacionalizó británico y terminó muriendo nada menos que en Cambridge; además era un individuo bastante inteligente, de hecho era experto en filosofía, matemáticas, lingüística y lógica, algo que nos da a entender su valía. Y si nos fijamos en la frase antes citada, que seguro no es la más brillante de las muchas que pronunció a lo largo de sus 61 años de vida, no nos cabrá ninguna duda de la enorme sabiduría que se esconde tras una afirmación tan sencilla. Wittgenstein fue discípulo de Bertrand Rusell y tuvo su relación con el Círculo de Viena, aunque nunca se considerara como integrante del mismo, habiendo crecido en un hogar donde se le proporcionó un ambiente excepcionalmente propicio para la realización artística e intelectual: sus padres eran aficionados a la música y todos sus hijos tuvieron dotes intelectuales y artísticas. Una formación de este calado contrasta con lo que se observa en los últimos tiempos por estas lides, cuando cualquier ciudadano -o ciudadana- opina de lo que haga falta sin más conocimiento que el obtenido en algún debate televisivo de medio pelo mientras se limpia los churretones de tomate que en la cara o la camisa le salpica la salsa de los macarrones.

Claro, que el mal ejemplo ya surge de los "padres de la patria", quienes se han habituado a lanzar afirmaciones de todo tipo ya no sólo faltando consciente y frecuentemente a la verdad, sino opinando "de oídas" y buscando el mero éxito coyuntural en vez de la verdad y la eficacia. Hace ya más de un decenio que observamos cómo en las bancadas del Congreso, sillones azules incluidos, no se sientan quienes saben más de los temas trascendentes, sino personajes elegidos a dedo por no se sabe qué expertos de su partido y por vete a saber qué motivos, más o menos ocultos, de gratitud o servicios prestados a la formación que sea. Ha habido -y debe de seguir habiendo- ministros -y ministras- de Industria, Sanidad o Educación que de la materia cuya cartera ocupan saben lo que yo de física cuantíca o ingeniería nuclear y cuyo quehacer y acierto acabará dependendiendo del mayor o menor tino a la hora de escoger asesores, expertos y fontaneros -y fontaneras-. No deja de ser preocupante escuchar de lo que hablan aquellos a quienes hemos elegido para representarnos, pues cada día crece la sospecha de que no saben muy bien lo que dicen, o en todo caso son capaces de decir hoy blanco y mañana negro y hasta pensar que son coherentes.

Pero ya se ha repetido desde diversos rincones que nuestros políticos no son marcianos, y brotan de la misma sociedad que el resto de los españoles; así basta entretenerse un rato en la barra de un bar o en la cola de las taquillas del cine, de la RENFE o del INEM para comprobar la facilidad con la que solventamos los problemas que nos acucian, con que etiquetamos al personal con más o menos saña, le decimos a quien tiene responsabilidades lo que debe hacer, al detalle, para cumplir su obligación y le cantamos las cuarenta, con vehemencia y rotundidad, sin ápice de duda, al lucero del alba. Eso sí, en nuestros escritos -impresos y digitales- seguiremos poniendo "haber" por "a ver", nos sonarán a chino nombres como Góngora, María Estuardo o Canalejas y pensaremos que Thomas Hobbes es el central del Bayern y Núñez de Balboa una calle de Madrid.

22 de febrero de 2013

Las ideas claras


El otro día leí una entrevista a María Vallejo-Nágera, se trataba de un reportaje breve que no dudé en leer al sentirme atraído por tres motivos; en primer lugar, su padre se encuentra entre las personas que admiré en su día y todavía recuerdo con agrado cómo disfruté con los tres libros escritos por él que han pasado por mis manos: "Concierto para instrumentos desafinados", un delicioso elenco de anécdotas de pacientes suyos que padecían diferentes enfermedades mentales, "Yo, el rey", una espléndida biografía novelada de José Bonaparte que le valió el premio "Planeta" y "La puerta de la esperanza", un entrañable y emotivo libro redactado cuando el cáncer ya anunciaba sus últimos meses en este mundo. También he de reconocer que cuando vi la foto que encabezaba la entrevista -la misma que ilustra este post- pensé: "pues vaya chica más guapa", e instantáneamente pasó a formar parte de ese grupo de personas que, así de entrada, me caen bien. Finalmente, me pareció tremendamente sugerente la frase elegida por el autor del interviú para dar título al mismo: "Si de verdad tuviéramos fe, no tendríamos miedo a morir". Una frase llena de sentido, y que mueve a pensar, y mucho, a alguien que considera que tiene fe, pero que debe admitir que la realidad de la muerte no deja de inquietarle y estremecerle.

Al parecer María Vallejo-Nágera tuvo una conversión a raíz de una visita a Medjugorje; ahora la escritora ha publicado un libro titulado "Cielo e infierno" en el que nos habla de estas verdades de fe, algo que denota una admirable audacia en estos tiempos en los que parece que se cree en todo menos en "lo de siempre", cuando el personal esconde la cabeza cual avestruz ante la realidad de que esta vida se termina a la vez que le suena a chino eso de que haya algo más allá de la muerte. Es de agradecer la sencillez y la humildad con la que esta mujer habla de fidelidad a la doctrina de la Iglesia, asume los dogmas sin enfrentarse altanera y absurdamente a aquello que nos cuesta entender. A la vez, me han parecido francamente estimulantes esos planteamientos de pensar en Dios como alguien próximo y que nos quiere, mucho más allá de la figura de un ser lejano y justiciero. Conforme pasan los años siento más la necesidad de profundizar en el "mandamiento único", en simplificar el ejercicio de la fe cristiana a una vida de amor y servicio al prójimo y en darle menos vueltas a cuestiones "alambicadas" y reglamentarismos más bien formales.

En la entrevista Vallejo-Nagera comentaba que en twitter y otros foros era frecuentemente insultada y humillada por defender sus convicciones cristianas, circunstancia que llevaba con elegancia y sin quejas, convencida de estar haciendo lo que debía: difundir la verdad. Yo también he notado la abundancia de "comecuras" en foros y redes sociales; se lo pasan en grande ridiculizando, despreciando y atacando con saña a todo lo que tenga que ver con la Iglesia, con sus autoridades y sus ministros. Abundan los que con cuatro lemas trasnochados y conocimientos de barra de bar pontifican y destrozan la historia, la verdad y la fama. Yo he conocido muchos no creyentes plenamente respetuosos, gente que a la vez de reconocerse agnóstica o atea muestran sus opiniones con elegancia y sin ofender al que anda en la otra orilla, pero se ha generalizado mucho el estilo "El Jueves", la broma de mal gusto, el recochineo irreverente que los mismos que lo ejercitan no consentirían nunca respecto de ideas y personas a las que han puesto en un altar, porque conforme se han alejado de Dios han ido creando otros ídolos particulares. María Vallejo-Nagera nos da una lección sabiendo estar por encima del coro de ignorantes que pulula por las redes creando opinión sin rigor, sentido común ni fundamentos.

20 de febrero de 2013

Aristóteles me hace pensar


No se porqué me viene a la cabeza que en la actualidad muchos ... tal vez todos, tendríamos que darle vueltas a la frase.

4 de febrero de 2013

El reloj averiado


Encontré la frase de modo casual hace un par de días en internet y me llamó poderosamente la atención: "Incluso un reloj estropeado no lo hace todo mal: da la buena hora dos veces al día". La afirmación es, sin duda alguna, bien positiva, un ocurrente comentario que de inmediato nos mueve a pensar que nunca hemos de negarle a nadie la posibilidad de que algo de lo que lleva a cabo lo haga bien, es decir y dicho de otra manera, incluso el más villano o el más inútil de los seres humanos es capaz de ofrecer algo bueno de su interior. Y la idea llega en momento oportuno, pues ando en tiempos de esos en los que cuesta confiar en la bondad y, sobre todo, en la buena intención de mucha gente. Curiosamente, no puedo omitir la fuente, la "frasecita" la descubrí en la página de Facebook de un movimiento anarquista, un tipo de rincones que no suelo, precisamente, frecuentar.

Tal vez caemos con frecuencia en el error de etiquetar al personal, o, lo que viene a ser lo mismo, no somos capaces de evitar que a la hora de juzgar a la gente lo hagamos con ideas preconcebidas; y así a algunos les pueden predisponer contra alguien unas rastas, un pendiente, una vestimenta étnica, sus militancias o una forma concreta de expresarse, de la misma manera que "a sensu contrario" se puede mirar con encono al "pijo" de turno por un jersey color pastel, unos zapatos de marca o unos vaqueros modelo "snob americano". No es raro que se trate de rechazos frontales, de esos que tienden a radicalizarse, a convertirse en una especie de enmienda a la totalidad; y así unos y otros, recíprocamente, consideran al otro inarreglable e irredimible. Y es que puede que andemos en tierra de excesivos prejuicios, de valoraciones "a priori", de incapacidad para juzgar con sentido positivo. Así, cuando vemos un reloj averiado ya pensamos en tirarlo, nos parece un aparato inútil, un objeto que sobra ... y nos falta imaginación para darnos cuenta de que puede ser decorativo, tener valor histórico, recordarnos a una persona querida, un suceso agradable o una época añorada, ... y mil cosas más, y posiblemente, mucho más que imaginación nos falta capacidad de cariño y visión positiva de la vida.

La frase en cuestión nos puede llevar a mayores profundidades, y es que un reloj roto, de cualquier manera, es eso: un reloj que no sirve a su fin, y valorar que hasta un reloj estropeado es útil para dar bien la hora en dos ocasiones al día exige un esfuerzo: de comprensión, de renuncia a opiniones preconcebidas, de rendir la opinión ... Y eso es lo que son unas cuantas de las personas que nos encontramos por la vida: relojes rotos, porque se han dado a la droga o a la bebida, porque existen fundadas razones para incluirlos en la nómina de los sinvergüenzas, o tantas otras circunstancias: no han trabajado en exceso, el matrimonio no les ha ido bien, han terminado en la cárcel, no conocemos que se hayan portado bien con nadie, son unos psicópatas, ... Lo cierto es que a pesar de todo, hemos de saber descubrir lo bueno que queda en tanto reloj roto.


18 de diciembre de 2012

Victor Frankl y la felicidad

«La puerta de la felicidad se abre hacia fuera»

Al parecer esta frase de Víctor Frankl, el neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió, entre otros, a los campos de concentración de Auschwitz y Dachau y escribió esa joya titulada "El hombre en busca de sentido", es el contrapunto a la del filósofo danés Søren Kierkegaard, quien consideraba que esa puerta se abría hacia adentro. Frankl, un hombre que supo sufrir y salir adelante, nos deja bien claro que no cabe la felicidad centrada en uno mismo, sino que ésta sólo se alcanza en la medida en la que nos volcamos con los demás. Quien busca bondades, placeres y éxitos tan sólo en beneficio propio jamás será feliz de verdad, en todo caso podrá sentirse satisfecho, un estado tremendamente volatil y perecedero. Frankl nos deja claro que dificilmente encontraremos el camino de la felicidad desde el individualismo, el egoísmo, la búsqueda exclusiva y desesperada de uno mismo, es decir, con unos planteamientos que son los habituales en el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Todos queremos ser felices, y me parece que no es ningún dislate afirmar que esa felicidad incluye el apego por nuestras propias cosas, nuestros propios disfrutes; el problema surge cuando los queremos en exclusiva, así como cuando convertimos nuestras aspiraciones en obstáculo para las de los demás, en bandera de guerra, en causa de agresión y enfrentamiento. El egoísmo es un mal grave y abundante, todos lo tenemos dentro en mayor o menor medida e incide en nuestra vida por mucho que nos esforcemos por aparcarlo. Pero si uno se centra solamente en sus cosas, en sus problemas, en sus desgracias, termina cerrando la puerta a la propia felicidad: la vida nos enseña la paradoja de que nuestra propia satisfacción sólo comienza a incrementarse en cuanto nos dedicamos a las cosas, los problemas y las desgracias de los demás.

Y en los tiempos que corren las oportunidades de dedicar tiempo y esfuerzo al prójimo se multiplican; a nadie se le escapa que hay mucha, muchísima gente que lo pasa mal, que se encuentra en situaciones próximas a la desesperación, al límite de la resistencia. Ante ésto he visto bastante de rencor y visceralidad, enconamientos y actitudes que suenan a revanchismo. Hay otro camino, el del compromiso personal, el de atreverse a mirar a los ojos y ayudar personalmente al que sufre. No tengo nada claro que la solución sea la algarabía y la cacerolada, entre otras razones porque nada hay más contrario al amor al prójimo que el odio y la venganza. Vuelvo a Frankl, a la necesidad de descubrir que la puerta de la felicidad se abre hacia afuera, que la búsqueda del bien del prójimo nos llena del todo.