6 de febrero de 2010

Cantando a dúo (II)

Continuando con la idea iniciada hace unos días, sigo eligiendo duetos musicales que me han gustado. Hoy traigo temas más recientes, aunque ninguno de ellos es precisamente de antes de ayer. En general hoy tocan canciones más bien románticas y de alguna manera "melosas", y es que ya se sabe que tengo cierta tendencia al pastel y a la música "romanticona", no lo puedo evitar: "genio y figura ...". La verdad es que buscando en internet he encontrado centenares de canciones interpretadas a dúo, algo que me permite tener reservas para poner post de esta naturaleza casi sin solución de continuidad.







Un auténtico clásico de los duetos es, sin ningún género de duda, "Endless love", una de las melodías más dulces que se han hecho, compuesta por Lionel Richie y que éste mismo interpreta junto a Diana Ross; un tema precioso en el que ambos se juran amor eterno. Diana y Lionel grabaron la canción para la discográfica Motown y se utilizó como tema principal de la película Amor sin fin, con Brooke Shields; la película fue un fracaso, pero el tema ha dado la vuelta al mundo. Existe una versión posterior del tema cantada por Luther Vandross y Mariah Carey y otra, en este caso a solas, del cantante de country Kenny Rogers. Podemos resaltar que tanto Diana Ross, que llegó a estar nominada para el Oscar de 1972 a la mejor actriz tras interpretar el papel principal de la película "Lady Sings the Blues", sobre la vida de la cantante Billie Holiday, como Lionel Richie, que también tuvo que ver con la Academia de Hollywood al interpretar "Say You, Say Me", que obtuvo el Oscar a la mejor canción en 1985, están inmensos con este tema. Por cierto, "Endess love" también estuvo nominada para la misma estatuilla en 1981, si bien en esta ocasión el jurado apostó por "Best that you can do", de la película "Arthur"




Un segundo tema cantado en pareja es "Up where we belong", la canción del tema principal de la película "Oficial y caballero" (1982), el film de Taylor Hackford que protagonizaron Richard Gere y Debra Winger; la canción la interpretan un dúo tan heterogéneo como el que forman Joe Cocker y Jennifer Warnes. Cocker es un cantante inglés de rock y blues, mientras que Warnes es norteamericana de carácter más melódico. De cualquier manera, la canción es preciosa y fue en su día disco de platino; la canción la escuché por vez primera en Kiss FM, muchos años después de que apareciera la película y triunfará la melodía. Al igual que la anterior en 1981, "Up where we belong" estuvo en la gran alfombra roja de 1982, con más suerte además, pues se llevó el Oscar a la mejor canción original; la música es de Jack Nitzsche y Buffy Sainte-Marie y la letra, de Will Jennings.




El tercer vídeo no es el peor, pues se trata nada menos que de una interpretación donde se juntan la elegancia y el estilo de Celine Dion con la voz espectacular de Andrea Bocelli: "The prayer", una canción con música de Carole Bayer Sager y
David Foster, quienes son también autores de la música junto a Tony Renis y
Alberto Testa. "La oración", que es lo que significa el título de la canción, es una melodía realmente preciosa, aparece en el disco de Celine Dion "These are especial times" y tiene para mí una serie de recuerdos muy especiales. Curiosamente, este tercer tema, principal de la película de dibujos animados "La espadda mágica" también obtuvo nominación para el Oscar a la mejor canción, fue el año 1998 y en esta ocasión la estatuilla fue para el tema "When you believe", d ela película "El príncipe de Egipto".




Youtube: Ambition2000. http://www.youtube.com/watch?v=X35Mundp3j4
Youtube: ZollerZantrex. http://www.youtube.com/watch?v=z8dtheq2xbE
Youtube: DJFPhantomPhan. http://www.youtube.com/watch?v=NmscFwj22vg

5 de febrero de 2010

Otto Preminger escoge belleza














Hace unos días ponía en relación a John Huston con Humprhey Bogart; hoy traigo a colación otra de estas parejas artificiales, surgidas de la frecuente ralación profesional entre un director de cine y, en este caso, una actriz. Preminger, nacido en los que en 1906 era el Imperio Austro-húngaro y emigró a Estados Unidos porque quería triunfar en el cine. Hablan de él como un director duro y exigente que trataba de sacar el máximo jugo a los valores de los actores que se ponían a sus órdenes. Gene Tierney nació en 1920 en el mismísimo barrio neoyorquino de Brooklyn y fue posiblemente con el citado director de origen judío con quien consumó sus mejores papeles como actriz. La Tierney era, fundamentalmente, una mujer guapa, un "status" que puede llevarnos a plantear el eterno dilema de si sólo con su belleza fue suficiente para conseguir ser primera dama en las películas; es posible que en alguna ocasión unos ojos bonitos, unos labios sensuales o un cutis inmaculado hayan servido para poner a alguna por encima de sus posibilidades, pero tras ver recientemente dos de las más significativas actuaciones de Gene Tierney, "Vorágine" y "Laura", tengo bien claro que sabía trabajar, además de que era guapísima, por supuesto.

SINOPSIS: El detective Mark McPherson investiga el asesinato de Laura, a quien encuentran muerta en su apartamento en extrañas circunstancias. McPherson elabora un retrato mental de la joven muerta a partir de las declaraciones de sus allegados. El penetrante retrato de Laura que cuelga de la pared de su apartamento le ayuda en esta tarea. ¿Pero quién hubiera querido matar a una mujer de la que, aparentemente, se enamoraron todos los hombres que conoció? Para empeorar las cosas, McPherson también cae rendido ante su hechizo.

"Laura" es, ante todo, una excelente película; Gene Tirney hace bastante más que exhibir su palmito y se nos presenta primero simpática y atractiva y, conforme se desarrolla el argumento, misteriosa e inquietante. Hay quien considera que estamos ante la mejor película de Preminger, que no es decir poco, y en ella se notan la minuciosidad y la exigencia a los actores que se aseguran definían el quehacer cinematográfico del director de origen judío. Muy buenos los diálogos, excelente la puesta en escena y muy conseguido el suspense que acompaña a todo el film y que, como es lógico, se va acentuando conforme llega el desenlace. Pero, además de la intriga y del climax que se crea, "Laura" es también una película con un matiz claramente romántico.

Junto a Gene Tierney, insisto: espléndida en todos los aspectos, destaca Dana Andrews, en el papel de policía, un actor que volvió a coincidir con Preminger y Tierney en "Al borde del peligro", Vicent Price, que con los años se especializaría en el cine de terror , pero por entonces solía hacer papeles de galán y un magnífico Clifton Webb, un excelente secundario que también destacó como cantante y actor de de vodevil. También aparece Judith Anderson, la mítica Sra. Danvers de "Rebeca", en otro papel en el que tampoco hace de "buena".

Cuentan los que saben de ésto que para sacar adelante su proyecto de "Laura" Preminger tuvo que luchar contra los caprichos de Darryl Zanuck, el Gran Jefe de la 20th Century Fox, que pretendía que los papeles principales los interpretasen Jennifer Jones y John Hodiak, o en su defecto, Heddy Lammar y Laird Cregar, ante lo que el director vienés consiguió imponer el reparto que desde el principio llevaba en la cabeza; el principal escollo acabó siendo Clifton Webb, al que Zanuck no quería ni ver porque era homosexual; Otto insistió, alabando el talento interpretativo de Webb e incluso pidió a Zanuck que le acompañará a ver la representación de la obra de Noel Coward "Blithe spirit" en el Teatro Biltmore de Los Ángeles, de la que Webb era el protagonista; como Zanuck se negó, Preminger filmó algunas secuencias de la obra y se las mostró, ante lo que el Gran Jefe no tuvo más remedio que reconocer que Webb era el actor idóneo para dar vida a Waldo Lydecker.

Al parecer la elección del final de la película también dio lugar a una batalla entre Preminger y el dueño de la 20th Century Fox, pues a éste no le convenció el final previsto por Preminger y le obligó a cambiarlo, aunque el segundo proyecto quedó tan mal que este último acabó por imponer su criterio y el desenlace del film fue finalmente el querido por su guionista. No sólo el final, toda la película constituye uno de las joyas del cine negro.



Sinopsis: Ann Sutton, una mujer atormentada por su secreta cleptomanía, busca ayuda en un hipnotizador sin escrúpulos. Aprovechándose de su vulnerabilidad, Korvo hipnotiza a la cleptómana y la envía a la casa de una mujer a la que él ha asesinado después de robarle el dinero y antes de que la mujer pudiera llamar a la policía. Ann es acusada entonces del asesinato...
En "Vorágine" Gene Tierney vuelve a estar guapísima, pero su papel es bien distinto, el de una mujer atormentada por su enfermedad -es cleptómana- y por su situación, ya que se le pretende imputar un asesinato. Es una película con un interés añadido, pues en ella se habla de las técnicas del psicoanálisis y el hipnotismo. Hay quien asegura que de las cuatro colaboraciones de la Tierney con Preminger "Vorágine" es la más floja, aunque muy buenas tiene que ser las dos que no he visto para que sea cierta esta afirmación.

Se trata de una película de suspense, y es cierto que le falta ese ambiente de tensión que con tanta maestría consigue Alfred Hitchcock, pero la puesta en escena es excelente, el guión complejo e interesante y se consigue una atmósfera inquietante, aunque sin la capàcidad turbadora del genio del suspense. Acompañan a Tierney en el reparto Richard Conte, un actor que destacó en esos años 40 y 50 y, por encima de todos, un formidable villano encarnado por José Ferrer, un puertoriqueño que estuvo tres veces nominado al Oscar, ganando el del mejor actor en 1950 con "Cyrano de Bergerac".



Las dos otras ocasiones en las que Otto Preminger y Gene Tierney cruzaron profesionalmente sus vidas fueron en "Al borde del peligro" (1950), otra película policiaca en la que también comparte cartel con Dana Andrews y a la que se acusa de un flojo final y "Tempestad sobre Washington" (1962), un drama de naturaleza política con una Gene Tierney bastante más madura y con un reparto de excepción que encabezan dos auténticos monstruos del celuloide, Henry Fonda y Charles Laughton y en el que también aparecen nombres tan importantes como Walter Pidgeon, Burgess Meredith y Peter Lawford.



4 de febrero de 2010

El triunfo de un equipo de "pitufos"




El Zaragoza siempre ha sido un equipo copero; en la actualidad ya no es ni eso, hundido en la miseria como está por la nefasta gestión de un grupo de incompetentes e insolventes, pero al menos en la retina de los zaragocistas que peinamos canas -y en alguno más joven también- quedan toda una serie de momentos históricos, unos cuantos de ellos coronados con un título. Uno de ellos fue la Copa del Rey de 1986, ganada en buena lid por los blanquillos al F.C. Barcelona y que supuso el colofón brillante a una Liga espectacular del equipo que dirigía Luis Costa.

Recuerdo que vi el partido en Tarragona, donde vivía en aquella época, y un barcelonista que también se hallaba dispuesto a verlo, al ver salir al equipo zaragocista al cesped y comprobar la estatura de unos cuantos jugadores comentó que "vaya equipo de pitufos"; efectivamente, jugadores como Juan Señor, Rubén Sosa o Miguel Pardeza no llegaban al 1,70, pero los hechos demostraron que los pitufos fueron capaces de pasar por la piedra al Barça de "Gargamel" Venables. Al final el Zaragoza se impuso al Barça de los Schuster, Alexanco, Julio Alberto, Víctor, Carrasco, etc por 1-0 con un afortunado gol de Rubén Sosa marcado de un disparo de falta desde fuera del área que rozó ligeramente en el ex-zaragocista Pichi Alonso.

El Zaragoza de esa temporada, 1985-86 tenía mucho mérito, pues el equipo, como tantas veces en su historia, venía de una crisis surgida al desmontarse el excelente conjunto que había construído el holandés Leo Beenhakker: Valdano se había ido al Real Madrid, Barbas al Lecce italiano, a Salva lo había recuperado con malas artes el F.C. Barcelona y Amarilla había sido vendido a los culés por 50 millones de los de entonces. En la reconstrucción del equipo blanquillo brillaron con luz propia dos personajes a los que algún día el zaragocismo sabrá agradecer lo que han hecho por el club: el presidente Angel Aznar Paniagua y el entrenador Luis Costa Juan. Aznar había llegado a la presidencia avanzada la temporada anterior, un año mediocre por la descapitalización del equipo que había llevado a la dimisión de Armando Sisqués, un hombre que quiso hacer un gran equipo pero al que no acompañó la suerte. Costa había logrado la hazaña de ascender al filial, entonces denominado Deportivo Aragón, a la 2ª División con jugadores que luego serían del primer equipo como Blesa, Abad, Roca, Roberto y Narcís Juliá.

La directiva blanquilla construyó un equipo con poco dinero y bastante trabajo; se acudió al Real Madrid, un equipo del que habitualmente han llegado jugadores que han rendido a satisfacción en La Romareda y del Bernabeu llegaron una vieja aspiración zaragocista, el central Alfonso Fraile, un delantero peleón, Paco Pineda y, de relleno, quien sería el mayor acierto de los tres, el entonces jovencísimo extremo de la "quinta del buitre" Miguel Pardeza. Las dos plazas de extranjero se quisieron llenar con un central y un delantero, puestos para los que la prensa llegó a asegurar estaban casi hechos los fichajes del internacional argentino de Boca Oscar Alfredo Ruggeri y la estrella goleadora del Malmoe sueco Matts Magnusson; como ha pasado tantas veces en Zaragoza, ambas operaciones se fueron al garete y hubo que acudir a otras opciones. Una de ellas supuso una mejora en la compra, pues en una operación relámpago se trajo a la gran promesa del fútbol uruguayo, el jovencísimo Rubén Sosa, de 19 años, un delantero rápido y de una gran técnica, mientras que no se pudo encontrar un central de primer nivel y hubo que conformarse con un desconocido defensa del Partizan yugoslavo llamado Kalicanin que resultó ser bastante mediocre; el pobre rendimiento del balcánico propició el debut en 1ª de Juliá, que había sido fichado del Girona cuando era juvenil y que, pese a su pésima suerte con las lesiones, dio un excelente rendimiento en su etapa zaragocista.

Del equipo cuyo juego había maravillado en la época de Beenhakker quedaba el centro del campo -salvo Barbas- y los laterales; éstos últimos eran dos jugadores de club, serios y cumplidores: Casuco, un defensa derecho que no costó un duro y rindió al máximo durante nueve años y García Cortés, que llegó del Real Madrid y destacó por tener uno de los disparos desde fuera del área más duros que se recuerdan en Zaragoza. El auténtico cerebro del equipo era Juan Antonio Señor, uno de esos jugadores que descubría en 2ª división el secretario técnico Avelino Chaves y que ha sido uno de los más grandes ídolos de La Romareda: con su 1,65 de estatura mandaba más que nadie en el campo, tenía una clase tremenda y jugaba con una inteligencia fuera de lo común; sus escuderos eran Paco Güerri, un auténtico pulmón que Vujadin Boskov había tenido el valor de hacer debutar en la máxima categoría ocho años antes y Manolo Villanova la inteligencia de darle confianza y continuidad y el actual secretario técnico, Pedro Herrera, un interior zurdo que peleaba todos los balones y tenía cierto olfato de gol. Junto a ellos también desempeñaron papeles importantes los canteranos Casajús, Juan Carlos y Ayneto, el centrocampista levantino Conde -un jugador que tenía una clase enorme pero le faltaba alma- y el extremo toledano Corchado. El portero era Andoni Cedrún, un hombre que no había cuajado en el Athletic y que, tras una exitosa cesión en el Cádiz, acabó siendo toda una institución en el Real Zaragoza.

Ese año el Zaragoza hizo una primera vuelta discreta, moviéndose siempre en la zona tibia de la clasificación, pero la segunda, tras un inicial tropiezo en La Romareda el día de Reyes -1-3 frente al Barça- el equipo rindió al 100 por 100, consiguiendo establecer un record de siete partidos seguidos ganando y acabando el curso deportivo en cuarta posición. El colofón excepcional fue la victoria en la Copa del Rey, algo que llevaba veinte años sin conseguir; el Barça tenía un equipo técnicamente superior, pero el Zaragoza estaba en racha y se impuso con toda justicia, haciendo una defensa espectacular de su portería, sabiendo administrar el gol marcado mediada la primera parte y sometiendo a una tremenda presión por todo el campo a los jugadores blaugranas; recuerdo a un amigo mío, muy entendido de fútbol, que me comentó que por cada jugador del Barcelona se veían a tres blanquillos. Este triunfo fue la primera alegría importante que tuvieron muchas generaciones de zaragocistas, incluso algunos que ya teníamos conocimiento -si es que lo hemos tenido algua vez- en tiempos de los "magníficos" lo vivimos como si fuera la primera vez





Youtube: Zaragoxa. http://www.youtube.com/watch?v=AQ3q_jrPXo4

3 de febrero de 2010

Cerré "Millenium"












"La reina en el palacio de las corrientes de aire"
Stieg Larsson
Destino. Barcelona (2009)
854 páginas



Resumen:
Tercera y última entrega de Millennium. Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachenko, Zala. Desde la cama del hospital, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas van a ser, una vez más, su mejor defensa. Entre tanto, con una Erika Berger totalmente entregada a su nuevo trabajo, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.



Por fin el pasado sábado, 30 de enero del corriente, concluí la lectura de la última entrega de la trilogía "Millenium" del sueco Stieg Larsson, una empresa que empecé en junio de 2008 y que he cerrado al cabo de año y medio largo. Aunque se habla de un libreto inacabado que conserva como oro en paño la que fuera compañera de Larsson y es de imaginar que se intentará forzar una cuarta entrega, no parece aventurado afirmar que con "La reina en el palacio de las corrientes de aire" se concluye una obra que se ha manifestado como un fenómeno social y literario en todo el mundo a lo largo de los últimos años de la primera década del siglo.

Ante el fenómeno Larsson cabe mantener diversas actitudes; algunas cabría incluirlas entre las que Luis María Anson, en una de sus "Primeras palabras" de "El Cultural" del diario "El Mundo" de hace unos meses calificaba como "críticas de intelectuales de salón", de gente que desprecia cualquier publicación con records de ventas y lecturas; también está la postura de aquellos otros que cerrados en cierto puritanismo son incapaces de ver en los libros de Larsson más allá de las ciertas desviaciones morales que presentan, sin darse cuenta que éstas son simple testimonio de la vida misma, a la vez de cuestiones marginales del núcleo de la novela; otros, finalmente, simplemente parecen rechazar estas novelas por un arraigado espíritu de contradicción: "gustan a todo el mundo, luego yo me descuelgo despreciándolas".

También cabe la posición contraria, la de los ciudadanos anónimos arrastrados por la publicidad y la masa que adquieren el libro por puro snobismo, porque es "lo que se lleva"; no deja de ser llamativo -y digno de un análisis crítico- comprobar que el día en que se había anunciado la puesta a la venta del tercer tomo, en cualquier librería en que entrases -y puedo asegurar que tuve la experiencia en vivo y en directo- encontrabas largas colas de personas delante de la caja del establecimiento, el 95% de ellos con Larsson en la mano.

A la hora de la verdad, opino que la única postura válida es la de la propia libertad: uno escoge leer o no el libro y, caso de hacerlo, opina sin más condicionamiento que el de su propia y subjetiva valoración. Y tengo que decir que, aún no siendo desde mi punto de vista, el mejor volumen de la trilogía, esta tercera entrega me ha gustado mucho y, lo que es muy significativo si del género de intriga hablamos, que mi interés en la trama ha ido incrementándose notablemente conforme avanzaba en la lectura.

Anson, en el artículo antes citado, se hacía eco de las alabanzas vertidas al autor sueco por Mario Vargas-Llosa, que si bien no comparte en su totalidad, suscribe en buena parte, a la vez que lanza una afirmación valiente al asegurar que "se resiste a sumarse a la consideración tórpida de que la calidad y el éxito comercial son incompatibles".

Anson resalta en los libros de Larsson sus personajes electrizantes -pienso que sobre todos ellos se erige majestuosa y sobradamente la figura de la gran protagonista de ellos, Lisbeth Sálander-, el creciente interés de su intriga y la extraordinaria fabulación que se desarrolla en los tres libros que componen la "ópera prima" del fallecido autor escandinavo.

Vargas-Llosa asegura que "una novela puede ser formalmente imperfecta a la vez que excepcional", y considero que es ésta una afirmación plenamente aplicable a las novelas de "Millenium". Anson, por otro lado, no desatina, en mi opinión, cuando asegura que "el genio literario no suele desarrollarse en los albañales de la perfección formal, sino en la provocación y la fractura, en la huida de lo convencional, en la autenticidad de la creación".

Es llamativo como en "La reina en el palacio de las corrientes de aire" aparecen fiscales que prevarican, psiquiatras que torturan y falsean informes, policías que delinquen gravísimamente, políticos que mienten y empresarios y banqueros que estafan, y todo ello no se desarrolla en una república bananera ni en una dictadura totalitaria, sino en una Suecia que durante años fue espejo democrático del mundo. Pienso que una de las razones del éxito y el valor de "Millenium" hay que encontrarlo aquí, en estas verdades que nos ofrece Larsson en sus páginas.

Uno le podría poner unos cuantos "peros" al libro: algún planteamiento poco real, cierto maniqueísmo y una tendencia a incurrir en lo políticamente correcto desde el punto de vista de la "progresía", incluso una escritura que no deslumbra, pero por encima de todo Stieg Larsson ha creado unas novelas cuyo éxito se justifica mucho más allá de la casualidad o las campañas publicitarias, pues entiendo se trata de una obra excelente y distinta; la trilogía "Millenium" está formada por tres larguísimas novelas que te atrapan, te aportan datos e ideas interesantes, te ayudan a entender una cultura, un país y una época y, en definitiva, vale la pena leerlas.


2 de febrero de 2010

Cantando a dúo (I)




Entre las canciones que nos han dejado un recuerdo imborrable, o cuando menos un recuerdo grato, hay algunas en las que intervienen dos cantantes; no me estoy refiriendo a las parejas profesionales, como el Dúo Dinámico, Nina & Frederik o Simon & Garfunkel, sino a solistas individuales que en un momento determinado se han unido para interpretar, con mayor o menor oficialidad, una canción. Si uno se pone a buscar encuentra "tropecientos" ejemplos, pero yo he seleccionado seis que pondré en dos entradas distintas, por eso de no agobiar con tanto vídeo de una "tacada".

Para comenzar, nada mejor que un tema interpretado por padre e hija, algo que ya de por sí resulta atractivo y que lo es más si el progenitor es "la voz", el mismísimo Frank Sinatra, que interpreta junto a su hija Nancy "Somethin' Stupid", una canción escrita por C. Carson Parks que a mediados de los 60 inmortalizó el gran cantante estadounidense teniendo como pareja a Nancy, quien en esa época se encontraba en su momento profesional más brillante con su "These Boots Are Made for Walkin", una canción que la hizo muy popular, aunque con el tiempo Nancy no consiguió llegar, ni de lejos, a las cotas de su ilustre padre. Recientemente se oyó mucho una buena versión de "Somethin' Stupid" a cargo de Robbie Williams y Nicole Kidman; por otra parte, tampoco sobra resaltar el que uno no deja de pensar que decir "te quiero" no es, necesariamente, ninguna estupidez.



En segundo lugar he tenido la ocurrencia de traer una interpretación que siempre me ha encantado, un tema que corre a cargo de dos auténticos genios musicales: Louis Armstrong y Barbra Streissand, quienes cantan "Hello Dolly", el célebre musical de Broadway que fue llevado al cine por el mismísimo Gene Kelly y que se acabó adjudicando tres estatuillas de la Academia de Hóllywood: a la mejor adaptación musical, al mejor sonido y a la mejor dirección artística. La verdad es que más que un dueto, se trata de un solo de la Streissand con una inicial ayuda del gran Louis Armstrong, pero de cualquier manera pienso que encaja en lo que el post pretende. Por otra parte, me consta que entre los lectores del blog hay alguno muy poco partidario de Barbra, pero espero que me comprenda. Y vuelvo a remarcar, como ya hice en su día, que me parece delicioso ver cantar a Louis Armstrong a la vez que se parte el bazo.



En los primeros meses de vida de este blog hice una recopilación de música ligera italiana de los 60 y los 70, dos entradas que siguen vivas por la red, aunque imagino que algunos de los vídeos estará caducados; una de las aportaciones que tuvo más éxito fue la interpretación a dúo, y con ciertos aires de broma, de la clásica "Parole, Parole" por dos auténticos primeros espadas de la música transalpina: Adriano Celentano y Mina. Queda dicho que no se trata de una interpretación seria, pero es, desde luego, auténticamente genial. Adriano Celentano pienso que tiene todos los números para convertirse en el mejor ejemplo de qué es un italiano, y domina la escena por completo, actuando con una gracia y una soltura espectaculares; por su parte, Mina Mazzini posee una voz espectacular y es, como Sofía Loren, como Claudia Cardinale, como Silvana Mangano, ... un señora con todas las de la ley, pero no sólo eso, porque es una señora italiana.


1 de febrero de 2010

El presidente que forjó la mejor Real Sociedad de la historia



Me entero que el pasado día 18 de enero falleció en San Sebastián a la edad de 80 años el que de 1967 a 1983 fuera preseidente de la Real Sociedad José Luis Orbegozo; y murió con las botas puestas, pues sufrió un derrame cerebral mientras presenciaba desde su casa el partido que en el viejoestadio de Balaidos enfrentaba a su equipo con el Celta de Vigo. Orbegozo fue un presidente excelente, como lo demuestra el hecho de que cuando en 1966 entró en la directiva, un año antes de alcanzar la presidencia, la Real estaba en 2ª División y cuando, 17 años después, dejó la presidencia el equipo Txurri-urdin había ganado dos ligas, era uno de los grandes y siete de sus jugadores se habían convertido en fijos de la selección nacional española.

En la temporada 1966-67, siendo tesorero Orbegozo, la Real Sociedad consiguió el ascenso a 1ª división, categoría donde siempre había militado y que había perdido cuatro años antes, en reñida disputa con el Sporting de Gijón; el Betis fue el otro equipo que le acompañó en el ascenso directo, sumandose posteriormente el Málaga, que ganó al Granada en la promoción. El partido decisivo lo jugaron los blanquiazules en el campo del Calvo Sotelo de Puertollano, donde empataron a dos. El equipo que presentó la Real en esa ocasión estuvo formado por Zubiarraín; Gorriti, Martínez, Iguarán; Lema, Lasa; Urreisti, Arzac, Arregui, Arambarri y Boronat. Con estos jugadores y algunos más, también de la casa, la Real encaró dignamente la siguiente campaña en la máxima categoría. El equipo tenía un portero de gran futuro, Zubiarrain, que luego ficharía por el Atlético de Madrid y al que malograrían las lesiones; la defensa era durísima, con el lateral Gorriti y el central Martínez como cabecillas en el reparto de estopa y en medio campo tenía tres jugadores fundamentales: el zurdo Mendiluce, auténtico cerebro del equipo, Arzac, un todo terreno y Urreisti, un extremo derecho que se retrasaba a medio campo y creaba mucho peligro. Arriba destacaban el goleador Arregui y, por encima de todos, el extremo izquierdo Marco Antonio Boronat, un hombre rapidísimo y muy hábil. El meta suplente Esnaola, que acabaría como figura en el Betis, Lema, Silvestre, Ormaechea, Arambarri, ... eran otros jugadores de la plantilla.

Orbegozo supo ir elaborando un equipo con paciencia y constancia, para lo que contó con la colaboración de Javier Expósito, el gran forjador de la cantera realista y d eunos entrenadores que conocían y asumían la filosofía del club: Andoni Elizondo, José Antonio Irulegui, Rafa Iriondo y, por encima de todos, Alberto Ormaechea. Para hacer crecer al equipo Orbegozo utilizó dos tácticas, una la operación retorno, consiguiendo que regresaran a San Sebastián guipuzcoanos que estaban en el "exilio": Amas, que vino del Español, el goleador Ansola, quien había jugado en el betis y Valencia y Urtiaga, fichado del Atlético de Madrid; a la vez fue fomentando el trabajo de la cantera, saliendo grandísimos jugadores que fueron entrando en el primer equipo y cuajando como figuras: Gaztelu, Cortabarría, Oyarzábal, Araquistain, Murillo, Urruticoechea, Idígoras, Muruzábal, ... hasta que cuajó el gran conjunto que consiguió dos ligas consecutivas.

La Real Sociedad, con Orbegozo de presidente y Alberto Ormaechea en el banquillo ganó las Ligas 1980-81 y 1981-82, aunque ya en la 1979-80 estuvo a punto de conseguirla y solamente una única derota en Sevilla en el penúltimo partido le quitó el título en beneficio del Real Madrid; el equipo base que dominó la Liga española en esos años lo encabezaba Arconada, portero indiscutible de la selección y un auténtico felino en el área; los laterales era el ya fallecido Celayeta, un seguro en la derecha, y Olaizola, un hombre sobrio y poco dado a subir la banda; en el centro mandaban dos internacionales: Górriz, la sobriedad en persona, y Cortabarría, que sabía sacar la pelota con clase, estando Gajate a la expectativa; el medio campo tenía dos líderes: Periko Alonso, un hombre que estaba subiendo y bajando todo el partido, con menos clase que su hijo, el hoy madridista Xavi Alonso, pero con buen disparo a puerta y Jesús Mari Zamora, el líder del equipo, un jugador "10" por el que Orbegozo rechazó la oferta de Josep Lluis Núñez de 200 millones de la época, el interior diestro Diego completaba la media. Arriba el goleador era Satrústegui, un ariete con remate y movilidad, mientras por la derecha jugó primero Idígoras, veloz aunque algo "tozolonero" y luego Bakero, un auténtico primer espada, mientras que en la izquierda imperaba la enorme clase de Roberto López Ufarte, un auténtico genio capaz de cualquier diablura. Uralde, Larrañaga, Murillo, Orbegozo, Iriarte, ... eran otros miembros de la plantilla campeona, mientras que Beguiristain fue el última joya que se incorporó al primer equipo bajo el mandato de Orbegozo.


De pié: Arconada, Celayeta, Cortabarría, Periko Alonso, Górriz, Olaizola
Agachados: Idígoras, Diego, Satrústegui, Zamora y López Ufarte.

Hasta sus desgracias actuales, la Real siguió siendo un conjunto de primera fila, llegando a ganar la Copa del rey el año 1987 en el estadio de "La Romareda", único título no conseguido bajo el mandato de Orbegozo. Han seguido saliendo grandísimos jugadores de la cantera realista: Xavi Alonso, Aranzábal, Imaz, López Recarte, Xavi De Pedro, Goicoechea, Lasa, ... así como llegaron por vez primera en la historia del club jugadores extranjeros, algunos de la calidad del serbio Kovacevic, el bosnio Kodro, los portugueses Carlos Xavier, Oceano y Sa Pinto y el irlandés Aldridge. La Real ha jugado en Europa unas cuantas veces. Ahora lidera la división de plata y parece que pronto volverá a estar entre los grandes.

Pero Orbegozo también tuvo protagonismo por la batalla que desencadenó junto al presidente del Athletic Juan María Eguidazu contra el escándalo que en los años 70 suponía en el fútbol español la cuestión de los oriundos, jugadores sudamericanos a los que se permitía jugar en España, donde no se permitían jugadores extranjeros, por tener antepasados de nuestro país; la realidad era que muchos de ellos llegaban con documentación falsificada. Así jugadores con pasaporte falso como el españolista Roberto Martínez o el valencianista Oscar Rubén Valdez llegaron a vestir la casaca roja de la selección, el también valencianista Adorno aseguró que su padre era de Celta de Vigo y el "zaraguayo" Lobo Diarte al ser preguntado si su abuelo era vasco contestó que no, que era de Bilbao. El Athletic y la Real se sintieron perjudicados y desataron una batalla jurídica que llevó a la Federación Española de fútbol a solventar el tema permitiendo la llegada de extranjeros, eso ocurrió en 1973 y será tema para otra entrada.
Fotos: el diario vasco y blog "Corazón Txurri Urdin"