27 de abril de 2015

SOS Nepal


Los últimos datos hablan de más de 3.600 muertos en Nepal; me temo que probablemente la cifra final sea muy superior. En la prensa escrita y digital se habla de caos y destrucción, de desolación, de gran dificultad para que lleguen las ayudas, ... Ante esta situación lo que procede es la solidaridad del resto del mundo, aunque sea una palabra aderezada con el peligro de sonar a tópico, de recurso que roza el sentimentalismo. Evidentemente, obras son amores ... y no se han de escatimar medios, esfuerzos y capitales para iniciar el camino de la reconstrucción del país.

Pero también es el tiempo de pensar en los demás, de que cada cual fomentemos en nuestro interior el dolor sincero, la solidaridad plena y auténtica, el mantenimiento de nuestra caridad a flor de piel ante el drama lejano y ajeno; porque si nos conformamos con la pose, con esa reacción sensible que puede ser tan superficial como efímera, el único resultado será que estos aldabonazos que tanto nos impresionan pasarán de largo, las víctimas cargarán con el peso de unas secuelas tremendas mientras en Occidente seguiremos cavilando en torno a contrariedades privadas y egoísmos personales.

Paralelo e inseparable de la tragedia del pueblo nepalí, aparece el drama de tanto montañero en torno al Everest, pero, sin perder la conciencia del dolor y la preocupación de quienes tienen personas cercanas en situación de incertidumbre, el núcleo de la noticia,  ... de la tragedia, debería centrarse en la desgracia y la ruina familiar y personal de los ciudadanos de allí.


25 de abril de 2015

Aquel viejo juguete


Hoy un amigo mío publicaba en su muro de Facebook una fotos del viejo "Citroen Tiburón", el magnífico coche francés que por lo visto cumple ya 60 años, un vehículo que dio un resultado inmejorable. Es difícil encontrar hoy en día un vehículo con esas prestaciones, esa perfección de fabricación y esa capacidad de sobrevivir. Su imagen me devuelve a la memoria, entre otras cosas, las películas de "Fantomas" que protagonizaban Jean Marais y Louis de Funes.

Pero a mí y a los de mi generación, el viejo "Tiburón" nos trae un recuerdo más entrañable, el de ese coche -llamemoslé teledirigido- que nos compraron nuestros padres para el cumpleaños o nos trajeron esos Reyes Magos que deberían haber sido verdad, ... que en nuestra memoria que envejece poco a poco nos gusta recordar como si así lo fueran. Como si fuera hoy recuerdo el anuncio de la tele, que hablaba del "Tiburón Citroen Payá", si vuelvo la cabeza hacia atrás se reproduce la escena de contemplar el juguete  como si fuera un avance de la técnica, casi de la ciencia, ... y desde la primera hora de la mañana recorrías pasillos y habitaciones con ese mando inseparable mente unido al coche por un grueso cordón: nos bastaba semejante objeto para ser felices y descargar nuestra imaginación.

Por eso, al volver a ver la imagen del Tiburón de juguete, a la vez que no puedes evitar que avanzado el siglo XXI aparezca como un objeto anticuado y casi ridículo, se muevan los resortes de la nostalgia.

22 de abril de 2015

5 recomendaciones literarias por San Jorge

San Jorge es el día de la fiesta nacional de Aragón, pero también la fecha señalada para homenajear al libro. Tal vez por eso, es la ocasión de dejar suelta la memoria literaria y, sin meditarlo demasiado, recomendar unos cuantos libros que a lo largo de mi ya larga vida de lector me han parecido que verdaderamente valían la pena.

Hay muy pocos libros que haya leído en dos ocasiones, y una de ellas es "Nada", la magnífica novela con la que Carmen Laforet obtuvo el Premio "Nadal" con tan sólo 22 años. Se trata de una maravillosa descripción de la Barcelona de posguerra, del ambiente de miseria que alcanzaba también a las familias burguesas que vivían, como la de Andrea, la joven protagonista que llega a estudiar a la ciudad condal desde una capital de provincias, en lugares tan céntricos como la calle Aribau. Se trata de un relato en primera persona que contagia al lector el ambiente asfixiante en el que se mueve la protagonista, una novela de corte existencialista escrita con maestría. Junto a Andrea, están plenamente logrados el resto de personajes: sus tíos Román, Angustias, Juan y la esposa de éste, Gloria. La novela transmite un tono de tristeza, propio del tiempo en que fue escrita, que es el tiempo que relata. Para comprender la evolución personal de Carmen Laforet es bueno hacerse, tras leer "Nada" con su siguiente novela, "La mujer nueva".

Hilary Mantel no es una autora fácil de leer; sus relatos tienden a ser enrevesados y tiende a elaborar mucho las frases. Su especialidad es la novela histórica y ha ganado varios premios importantes con relatos de este género; recientemente ha destacado con su trilogía sobre Thomas Cronwell, habiendo obtenido el prestigioso premio "Brooker" de 2009 y 2012 por las dos primeras entregas, "En la corte del lobo" y "Una reina en el estrado", dos novelas de lectura complicada pero muy bien documentadas y con un tema de fondo tan interesante como la Corte de Enrique VIII. Hace algunos años más leí "La sombra de la guillotina" (1992), una extraordinaria novela histórica en torno a los días de la revolución francesa en la que muestra fundamentalmente la personalidad de los principales protagonistas: Desmoulins, Danton, Marat, Robespierre, Saint Just, ... tampoco es de lectura sencilla, pero si se coge con paciencia, sin lecturas precipitadas, termina siendo un libro con el que se disfruta mucho.

De sobras es conocida mi afición a los libros que tratan la época de la transición española: he leído de todo: biografías, ensayos, memorias,  ... y de casi todo he sacado informaciones interesantes. Andamos en tiempos en los que se cuestiona todo, también esta época que a mí me pareció apasionante y, en general, positiva, aunque ya se sabe que todas las generaciones hemos tendido a lo que Javier Marías llamaba recientemente "adanismo", es decir la tendencia a despreciar todo lo que viene del pasado y a pensar que hemos descubierto la piedra filosofal, la verdad única que va a solucionar todos los problemas. De entre tantos libros he optado por destacar "Lo que el Rey me ha pedido", escrito por Alfonso y Pilar Fernández Miranda, sobrinos de quien fuera primer Presidente de las Cortes con el rey Juan Carlos I y hombre clave en la transición de la dictadura a la democracia. Se trata de una recopilación sacada de los diarios del político asturiano que contiene interesantísimos datos sobre aquellos momentos trascendentales en la historia de España. Fue publicado en 1995, tiempo en el que lo leí, y aunque el paso de 20 años haya supuesto la aportación por otros de nuevas revelaciones y aportaciones, su contenido enriquece y esclarece, y sirve sin ninguna duda para todo aquél a quien le guste informarse sin prejuicios ni sectarismos en una época crucial de nuestra historia más reciente.

Creo que ya he hablado en otras ocasiones de "Plenilunio", en mi opinión una de las mejores novelas de quien es sin duda uno de los grandes de la literatura española contemporánea, Antonio Muñoz Molina; cuando en 1997 el escritor de Úbeda publicó este impactante relato, ya había ganado dos veces el Nacional de narrativa con "El invierno en Lisboa" (1987) y "El jinete polaco" (1991), además del Planeta por este último, aunque pienso que con "Plenilunio" dio un paso más en su consagración, ya entonces consolidada sin duda, como una de las plumas más brillantes de la literatura en castellano. "Plenilunio" nos cuenta la investigación a cargo de un veterano inspector de policía de una la violación y asesinato de una niña, a la dureza propia de un tema así, cabe añadir la propia historia personal del policía, traumatizado por su trabajo en el País Vasco en la lucha contra ETA, una tarea que ya ha destrozado la salud mental de su esposa, internada en un sanatorio para enfermos mentales. Toda este conjunto de dramas da lugar a una narración estremecedora, algo que hace dura la lectura. A pesar de todo, a mí me pareció una novela extraordinaria, un relato escrito rozando la perfección y que, a pesar de la crudeza de lo que se cuenta, el autor consigue humanizarlo. He escuchado a algunos poner al libro la etiqueta de enrevesado, con toda sinceridad pienso que efectivamente el estilo de Muñoz Molina no es sencillo de leer, pero por encima de todo se impone su indiscutible maestría. Una novela que he regalado en varias ocasiones y que recomiendo siempre.

Para cerrar ni nómina de recomendaciones me ha parecido imprescindible incluir alguna novela de tema policíaco: aunque "Plenilunio" está protagonizada por un policía y trata de crímenes, no es propiamente de dicho género. He optado por recurrir a la intriga escandinava y traer la primera que leí, la que me metió el gusanillo por estos autores que allá por el año 2000 aparecían como unos desconocidos que comenzaban a copar los intereses de los aficionados al género negro. Fue en enero del año 2001 cuando alguien me recomendó "La quinta mujer", sexta entrega de la serie del inspector Kurt Wallander, escrita por Henning Mankell y que fue la primera en ser traducida a nuestro idioma. El hecho de que Tusquets optara por iniciar la difusión de la obra del novelista sueco con este título no creo que sea casual, pues es sin duda uno de las mejores de las novelas que protagoniza Wallander. Mankell, además de relatar con maestría la investigación de una serie de asesinatos, a cual por cierto más sofisticado y macabro, nos trasmite con su relato una visión crítica de la sociedad sueca, así como nos introduce en un tema tan sugerente como el de la violencia contra las mujeres. Tras leer "La quinta mujer" todo vino rodado, y ya no pude parar hasta terminar, conforme iban sido publicados en castellano, todos los libros de la serie.




20 de abril de 2015

III Marcha Aspace


Ayer, como en los dos años anteriores, participe en la Marcha de ASPACE; ¿Qué es ASPACE?, nada menos que la Asociación de enfermos de parálisis cerebral, y desde 2013 la delegación oscense organiza una marcha benéfica que desde el primer momento ha tenido un éxito llamativo: 1.500 participantes el primer año, más de 3000 el pasado y cerca de 5.600 en 2015. Son cifras que suponen un éxito para la organización: hay que saber moverse, no basta con airear una convocatoria y ofrecer una buena causa: los responsables de ASPACE han trabajado bien y recogen los frutos de una buena gestión.

Tanta participación es también un aval de que el ciudadano cuando ve una causa importante reacciona con solidaridad, un apoyo plasmado en unos números espectaculares para una ciudad del tamaño de Huesca y en el entusiasmo que se veía en las caras y las actitudes de los participantes. Creo que ayer en Huesca se vivió una jornada ejemplar en cuestión de aunar voluntades, de superar diferencias para ir juntos a una misma meta.

Poco puedo añadir sobre este acontecimiento que sea distinto a lo que ha reflejado la prensa. Simplemente resaltaré tres cuestiones; en primer lugar que se trata de ese tipo de eventos en los que uno se siente satisfecho de haber participado, en los que aún consciente de la mínima aportación realizada, queda orgulloso de haber asistido sin segundas intenciones ni por esa especie de necesidad de buscar causas secundarias o efectos complementarios que tienen algunos. Por otra parte, compartir unas horas con personas que por sufrir directamente una enfermedad de este tipo o atender habitualmente a quien la sufre te dan ejemplo y te ayudan a minimizar tus problemas cotidianos. Y finalmente, necesito reflejar mi agradecimiento a todos y cada uno de los que desempeñaron un mayor o menor papel en la organización: es de agradecer no sólo el adecuado cumplimiento de la obligación de cada cual, también la amabilidad añadida.

17 de abril de 2015

Algo así como el agua de mi fuente



En el año 1973 el Festival de Eurovisión se celebró en Luxemburgo; en la edición del año anterior la cantante francesa de origen griego Vicky Leandros se había impuesto representando a su país con la canción "Après toi", un tema de calidad que Leandros interpretaba con elegancia y estilo y en la que hablaba de amor, un concepto que en francés siempre parece más fácil de tratar. Para la nueva ocasión TVE seleccionó a Mocedades, un grupo de jóvenes bilbainos que por aquellos años se aproximaba a la cima de la canción en España y cuyos temas venían avalados por un genio llamado Juan Carlos Calderón. La elección de Mocedades significaba que los rectores de la televisión de entonces elevaban su apuesta y optaban por lo mejor que había en el país, un grupo verdaderamente de calidad.

Mocedades interpretó un tema preciosó, "Eres tú", y aunque nadie discutió que la canción era la mejor hubo de conformarse con el segundo puesto ante la sorprendente repetición de triunfo del país anfitrión, que en esta ocasión había optado por una cantante guapísima y con una voz excepcional, Anne Marie David, quien obtuvo el premio principal con "Tu Te Reconnaîtras", un tema pegadizo pero que era notablemente inferior al nuestro. En España hubo gran decepción, aunque para los cantantes vascos su interpretación supuso su definitivo lanzamiento a nivel internacional y a partir de entonces su carrera no paró de subir: "El vendedor", "Tómame o déjame", "Secretaria", "La otra España", "Amor de hombre", ... comenzaron a contar sus discos por éxitos arrolladores.

"Eres tú" es una canción que me trae montones de recuerdos, los de aquella época en que entraba plenamente en la adolescencia, y muchos otros pues desde entonces la he escuchado muchísimas veces. Eso sí, hasta el domingo pasado no la oí cantada por un Coro polifónico en un marco tan maravilloso como La Colegiata de Bolea. Y tal vez por la grandiosidad del lugar, el buen trabajo del Coro o el aprecio que le guardo a unos cuantos de los que lo componen se agitó de modo especial mi cajita de la nostalgia y sonaron de nuevo con toda su expresividad, con pleno significado ideas tan sugerentes como una promesa, una sonrisa o una mañana de verano, como la lluvia fresca, la fuerte brisa, el agua de mi fuente o el fuego de mi hogar. Y pasan los años y la canción siempre vuelve.

14 de abril de 2015

Las cosas no son, necesariamente, como nos gustaría


Todos sabemos que esta vida no es un camino de rosas; los años, no obstante, nos enseñan a ir trampeando obstáculos, a enfrentarnos con las complicaciones y asumir con entereza los aguijonazos que proceden del paso del tiempo, de las circunstancias vitales y de la cierta perversidad  de algunas personas. Las convicciones nos ayudan a encontrar motivos para seguir adelante  razones a aquellos sucesos que nos cuesta entender, así como a ejercitar el amor al prójimo, porque si alguna ventaja tiene la adversidad es que bien asumida nos hace mejores, más comprensivos, más solidarios y, en consecuencia, menos egoístas.

Pero, de cualquier manera, la realidad no es siempre como nos gustaría verla; he conocido a demasiadas personas que caen en el error de pintarse una realidad distinta, que al revés de lo que debería ser el curso racional y lógico de los acontecimientos, primero llegan a las conclusiones y posteriormente acuden a la experiencia. Es posible que anden tan seguros de sí mismos que se hacen incapaces de cambiar el chip, de añadir botones a su particular mando a distancia, que a lo mejor no tiene demasiados.

En ocasiones nos falta perspectiva: tomamos la parte por el todo, nos aferramos a criterios trasnochados y dogmatizamos lo opinable, de manera que terminamos siendo incapaces de contrastar la visión de otros, de asumir las cambios que traen los tiempos y de renunciar a algún que otro principio sobrevalorado. 


13 de abril de 2015

Siempre "My way"


Ayer asistí al concierto con el que la Coral Diego de Pontac nos deleitó en el incomparable marco de la Colegiata de Bolea. La actuación fue magnífica y venía avalada por un extenso trabajo de ensayos hasta altas horas de la noche ante el que solamente cabe contestar con admiración y agradecimiento. Lo hicieron muy bien y espero que quienes asistimos supiéramos estar a la altura a la hora de corresponder a su esfuerzo.

El concierto tuvo dos partes, una primera compuesta por una maravillosa colección de Ave Marías y la segunda mitad en la que interpretaron una serie de canciones contemporáneas que nos llenaron de emociones y nostalgias. Y entre ellas estaba "My way", "A mí manera", posiblemente la canción del siglo XX que más me gusta y que desde hace ya unos cuantos años me pone la piel de gallina cuando la escucho. Trae a mi cabeza y a mi corazón recuerdos especiales; no es momento de descubrir recovecos interiores, pero "My way" me devuelve a un tiempo especial.

No me parece mala idea, y que cada cual incorpore los matices que quiera, eso de vivir la vida "A mí manera".