
Cuando lo comencé a ver pensé, "¿cómo me pueden mandar algo tan basto? ... se ve que me faltaba paciencia, porque al final me ha resultado entrañable, precioso.
"La salvación de nuestro mundo se encuentra en el corazón de las personas, en su humildad, responsabilidad y capacidad de reflexión". Vaclav Havel

Pero yo reivindico esas peluquerías clásicas y esos peluqueros de toda la vida; ¡cómo me gustan esos establecimientos con las rayas de tres colores, con su olor a limpio y a loción, con sus frascos de "Geniol", "Floid" y "Varón Dandy"!; y esas alzas imprescindibles cuando el cliente es un niño, y la mesita junto a las sillas de espera, con las revistas del corazón, muchas de ellas del año anterior, el "DDT", el "Tíovivo" y el "TBO", las capas blancas que solamente ellos saben colocar, no sin antes orearlas con un gesto similar a un pase taurino; y el fijador, la navaja clásica y la brocha delicada. Esos peluqueros que te hablan de fútbol, toros o de la vida misma mientras suenan musicales y acompasadas las tijeras cuyo uso dominan con una técnica y una soltura adquirida al cabo de muchos años.
Pero ir al peluquero siempre ha tenido su intríngulis, porque es mucho más que acudir a que te corten el cabello o a que te arreglen la barba; el barbero ha sido históricamente uno de nuestros personajes de confianza, como el camarero del bar del barrio de toda la vida o la persona que regenta el quiosco donde compras el periódico. Porque a mi me gustan las barberías donde te reciben casi como a un familiar, donde si tardas en acudir notas que te han echado de menos, donde no eres un número más, un simple cliente que paga, sino alguien con nombre y apellidos, a quien no hace falta preguntar como le gusta el corte de pelo, entre otras cosas porque es muy probable que el peluquero lo sepa mejor que él.
Uno de los compositores a los que cantó Cortez fue al gran cantautor argentino Atahualpa Yupanqui, un hombre que creço unos temas de enorme contenido poético; puede que "Los ejes de mi carreta" sea la canción más representativa, aunque no se le quedan atrás "Chacarera de las piedras", "El alazán", "Camino del Indio" y "Guitarra dímelo tú". Otro autor que frecuentó Cortez fue Facundo Cabral, el genial cantautor platense, de entre cuyo repertorio Cortez da un sabor especial a dos temas legendarios: "No soy de aquí" y "Pobrecito mi patrón". Excelente el "Romance del molinero", basado en un poema de Jaime Dávalos o el célebre poema XX de Pablo Neruda, "Puedo escribir los versos" . En este capítulo también cabe incluir su peculiar versión de los poemas de Antonio Machado "Yo voy soñando caminos" y "Las moscas" y la de la legendaria canción de Violeta Parra "Gracias a la vida".
Pero Cortez es un compositor de nivel, con canciones que son pura poesía, llenas de contenido. De entre estas a mí me gustan especialmente tres "Callejero" , una maravillosa fábula sobre un simple perro, "Distancia" , una canción que llama a la nostalgia, al recuerdo de la tierra propia y lejana y "Equipaje", donde Cortez habla de su bagaje personal, en una especie de autorreflexión. También suyos son otros dos temas llenos de sentimiento con claras referencias a sus ancestros: "Mi árbol y yo" y "El abuelo un día", canciones que tal vez tienen un algo de "lacrimógenas", pero que al menos a mí me encantan. En esta misma línea está otra de sus canciones más famosas, "Cuando un amigo se va", un tema que lleva decenios escuchándose y que más de una vez nos ha tenido que venir a la cabeza en determinados momentos. Excelente también "Camina siempre adelante".
Hay otras canciones de Cortez que son inclasificables, en la que uno encuentra cierto desenfreno, como un toque de bohemia y trasgresión; siempre me llamó la atención un tema que encontré en uno de sus vinilos recopilatortios que aparecieron mediados los 70 y que se titulaba simplemente "Manolo", todo un himno al desahogo, a la amistad y al noctambulismo. En el volumen segundo de los citados recopilatorios aparece un tema muy movido, con una letra llena de ironía que se titula "Hay un Madrid". Uno de los éxitos más rotundos del cantautor argentino fue "Castillos en el aire", donde da juego a toda su imaginación con un tema lleno de simpatía y crítica social; de la misma época es "A partir de mañana", otro tema donde brilla la ironía. Tremendamente movida y con contenido es otra canción que siempre me ha encantado: "Andar por andar andando", con frases tan interesantes como ésta: "Ir evitando espejismos y mirar lo que yo mismo sea capaz de mirar".



Molowny lo consiguió todo como jugador: dos Ligas, una Copa de Europa y una Copa del Generalísimo, siendo internacional en siete ocasiones; la existencia de grandes centrocampistas en la época (Panizo, Garay, Venancio, Rosendo Hernández, ... ) impidió que vistiera la roja en más ocasiones. Pero donde Molowny destacó como un auténtico genio fue ejerciendo de entrenador; con el Real Madrid Molowny hizo hasta en tres ocasiones de "apagafuegos", cuando los ceses de Miguel Muñoz en 1974, Miljan Miljanic en 1977 y Amancio Amaro en 1985 el "Mangas" se hizo cargo del equipo con éxito indudable: en el 74 ganó la Copa, en el 78 la Liga y en el 86 de nuevo la Liga. Para conseguir estos triunfos, Molowny añadió a una evidente sabiduría futbolística, una mano izquierda indudable con los jugadores, un saber estar y una elegancia exquisita en la banda, un sentido común aplastante y una capacidad de trabajo notable. Molowny fue el prototipo de hombre de club, de personaje de confianza, de recurso de última hora al que acudir cuando las cosas vienen mal dadas, como Nando Yosu en el Racing de Santander, Manolo Mestre en el Valencia de los 70 y 80, Manolo Cardo, el entrañable "cateto de Coria", en el Sevilla o Luis Costa en nuestro Zaragoza.