21 de febrero de 2010

A mí me ha encantado


Cuando lo comencé a ver pensé, "¿cómo me pueden mandar algo tan basto? ... se ve que me faltaba paciencia, porque al final me ha resultado entrañable, precioso.



19 de febrero de 2010

Aquellos peluqueros de siempre



Está muy claro que el tema de la peluquería no es lo mismo para los varones que para las mujeres; para ellas ir a la "pelu" es todo un ceremonial, a lo que cabe añadir que, a diferencia de nosotros, acuden con bastante frecuencia, están bastante rato y el importe del trabajo suele ser notablemente superior. Por supuesto que los tiempos han cambiado, y además ahora hay peluquerías "unisex" en las que es posible que se equiparen las situaciones, por mucho que no se muy bien como concretar aquí las paridades.

Pero yo reivindico esas peluquerías clásicas y esos peluqueros de toda la vida; ¡cómo me gustan esos establecimientos con las rayas de tres colores, con su olor a limpio y a loción, con sus frascos de "Geniol", "Floid" y "Varón Dandy"!; y esas alzas imprescindibles cuando el cliente es un niño, y la mesita junto a las sillas de espera, con las revistas del corazón, muchas de ellas del año anterior, el "DDT", el "Tíovivo" y el "TBO", las capas blancas que solamente ellos saben colocar, no sin antes orearlas con un gesto similar a un pase taurino; y el fijador, la navaja clásica y la brocha delicada. Esos peluqueros que te hablan de fútbol, toros o de la vida misma mientras suenan musicales y acompasadas las tijeras cuyo uso dominan con una técnica y una soltura adquirida al cabo de muchos años.

Pero ir al peluquero siempre ha tenido su intríngulis, porque es mucho más que acudir a que te corten el cabello o a que te arreglen la barba; el barbero ha sido históricamente uno de nuestros personajes de confianza, como el camarero del bar del barrio de toda la vida o la persona que regenta el quiosco donde compras el periódico. Porque a mi me gustan las barberías donde te reciben casi como a un familiar, donde si tardas en acudir notas que te han echado de menos, donde no eres un número más, un simple cliente que paga, sino alguien con nombre y apellidos, a quien no hace falta preguntar como le gusta el corte de pelo, entre otras cosas porque es muy probable que el peluquero lo sepa mejor que él.

El champú sin marca, la máquina de ajustar el pelo, esa especie de émbolo relleno de agua o la goma donde la navaja se pasea y prepara siempre quedarán en la memoria, junto al cepillo que despeja los pelos, el espejo ante el que siempre se ha de decir que ha quedado de miedo o los complementos de fijador, brillantina o colonia añeja. El sonriente ciudadano de cuello larguísmo de los botes de "Floid" tiene un lugar en la historia tan importante como el mayordomo de "Netol" o el obeso muñeco de "Michelín", de la misma manera que quedará en nuestras entretelas la nostalgia de tanta marca -"SyJ38", "Lucki", "Agua Velva", "Lectric Shave", ...- y de tanto objeto.

Pero por encima de todo está esa "humanidad", en el sentido más profundo y positivo de la palabra, ese contacto humano, ese toque de aprecio, de intimidad, casi de cariño que ya no abunda, porque tal vez en nuestra sociedad estamos enganchados en fijarnos en otras cosas y hemos perdido costumbres que nos enriquecían, hemos dejado de ver todo lo bueno de lo de cada día, y no sabemos lo que nos estamos perdiendo.


18 de febrero de 2010

Homenaje a Alberto Cortez



Desde hace muchísimos años Alberto Cortez es una debilidad; hay quien lo ve cursi, otros dicen que es afectado ... no lo se, a mí me parece un cantante lleno de sensibilidad, con una voz preciosa y aires de poeta. Su estilo desgarrado e intimista, su forma apasionada de cantar, la intensidad de sus interpretaciones hacen de él uno de los cantantes hispanoamericanos más entrañables. Nació hace 70 años en Rancul, provincia de La Pampa, y en 1964 se instaló en España.

Cortez sufrió una importante evolución en su música, pues comenzó con un estilo de canción fácil, pegadiza y propia de esos festivales que menudeaban en la España de entonces: el de Benidorm, el de la Canción del Mediterráneo, ... de esa época es el célebre "Me lo dijo Pérez" , con el que participa en el Festival de Mallorca y con el que dio la vuelta a España. Por este estilo de música fue llamado "Mister Sucu-sucu". Pero en 1967 da un recital en Madrid y cambia su estilo radicalmente, aportando a su música una calidad que no tenía y comenzando a interpretar temas de Atahualpa Yupanki, a poner música a poetas como Neruda on Jaime Dávalos y a crear canciones sentidas y emotivas como "En un rincón del alma", un tema romántico y que canta con un sentimiento difícil de imitar.

Uno de los compositores a los que cantó Cortez fue al gran cantautor argentino Atahualpa Yupanqui, un hombre que creço unos temas de enorme contenido poético; puede que "Los ejes de mi carreta" sea la canción más representativa, aunque no se le quedan atrás "Chacarera de las piedras", "El alazán", "Camino del Indio" y "Guitarra dímelo tú". Otro autor que frecuentó Cortez fue Facundo Cabral, el genial cantautor platense, de entre cuyo repertorio Cortez da un sabor especial a dos temas legendarios: "No soy de aquí" y "Pobrecito mi patrón". Excelente el "Romance del molinero", basado en un poema de Jaime Dávalos o el célebre poema XX de Pablo Neruda, "Puedo escribir los versos" . En este capítulo también cabe incluir su peculiar versión de los poemas de Antonio Machado "Yo voy soñando caminos" y "Las moscas" y la de la legendaria canción de Violeta Parra "Gracias a la vida".

Pero Cortez es un compositor de nivel, con canciones que son pura poesía, llenas de contenido. De entre estas a mí me gustan especialmente tres "Callejero" , una maravillosa fábula sobre un simple perro, "Distancia" , una canción que llama a la nostalgia, al recuerdo de la tierra propia y lejana y "Equipaje", donde Cortez habla de su bagaje personal, en una especie de autorreflexión. También suyos son otros dos temas llenos de sentimiento con claras referencias a sus ancestros: "Mi árbol y yo" y "El abuelo un día", canciones que tal vez tienen un algo de "lacrimógenas", pero que al menos a mí me encantan. En esta misma línea está otra de sus canciones más famosas, "Cuando un amigo se va", un tema que lleva decenios escuchándose y que más de una vez nos ha tenido que venir a la cabeza en determinados momentos. Excelente también "Camina siempre adelante".

Alberto Cortez también canta al amor, es un tema que no puede estar fuera del repertorio de un cantautor, de un poeta. Especialmente bello es el tema "Como el primer día", una canción llena de ternura, aunque puestos a ponernos "romanticones" no podemos omitir su clásico "Te llegará una rosa", donde utiliza todos sus trucos para fortalecer el registro sentimental de quien la escucha. De tono mucho más dramático, como un canto al amor trágico y desgraciado es su interpretación de la que dicen es su canción favorita, "El amor desolado". También son de amor y bien bonitas canciones como "Compañera mía" y "Como la marea". De sus primeros tiempos es "Mi primer amor", mientras es mucho más reciente su interpretación de "Mi gran amor". Preciosa su versión de "Sombras".

Hay otras canciones de Cortez que son inclasificables, en la que uno encuentra cierto desenfreno, como un toque de bohemia y trasgresión; siempre me llamó la atención un tema que encontré en uno de sus vinilos recopilatortios que aparecieron mediados los 70 y que se titulaba simplemente "Manolo", todo un himno al desahogo, a la amistad y al noctambulismo. En el volumen segundo de los citados recopilatorios aparece un tema muy movido, con una letra llena de ironía que se titula "Hay un Madrid". Uno de los éxitos más rotundos del cantautor argentino fue "Castillos en el aire", donde da juego a toda su imaginación con un tema lleno de simpatía y crítica social; de la misma época es "A partir de mañana", otro tema donde brilla la ironía. Tremendamente movida y con contenido es otra canción que siempre me ha encantado: "Andar por andar andando", con frases tan interesantes como ésta: "Ir evitando espejismos y mirar lo que yo mismo sea capaz de mirar".

Dejo para el final canciones variadas, que no sabría agrupar en ningún género; aquí cabría ese canto a la paternidad madura que es "Qué maravilla, Goyo" , algo estropeado en el vídeo por la cursi de la presentadora, o "A Daniel, un chico de la guerra", un tema que aporta un toque pacifista a la carrera de Cortez. Preciosa la canción "Me llevaré conmigo", un tema trocado de nostalgia, e igualmente bella "Eran tres", un tema compuesto en honor de tres "Pablos" fallecidos en 1973: Pau Casals, Pablo Neruda y Pablo Ruiz Picasso. Francamente elocuente "La vejez" y llena de emociones "A mis amigos" . Dejo para el final tres canciones bien sentidas: "Mariana" , "La vida", una canción en lucha contra las drogas y "Que suerte he tenido de nacer".




17 de febrero de 2010

"La casa del propósito especial", John Boyne













"La casa del propósito especial"
John Boyne
Salamandra. Barcelona (2009)
416 páginas


Mientras acompaña a su esposa Zoya, que agoniza en un hospital de Londres, Georgi Danilovich Yáchmenev rememora la vida que han compartido durante sesenta y cinco años, una vida marcada por un gran secreto que nunca ha salido a la luz. Los recuerdos se agolpan en una sucesión de imágenes imborrables, a partir de aquel lejano día en que Georgi abandonó su mísero pueblo natal para formar parte de la guardia personal de Alexis Romanov, el único hijo varón del zar Nicolás II. Así, la fastuosa vida en el Palacio de Invierno, las intimidades de la familia imperial, los hechos que precedieron a la revolución bolchevique y, finalmente, la reclusión y posterior ejecución de los Romanov se entremezclan con el durísimo exilio en París y Londres en una hermosa historia de un amor improbable, al mismo tiempo un apasionante relato histórico y una conmovedora tragedia íntima.

Tenía grandes esperanzas en la lectura de este libro y tal vez aquí he de encontrar la razón principal de que tras concluir su lectura ande con cierta decepción. Es un libro ameno, que se lee bien, pues Boyne escribe con sencillez, pero a la novela le falta algo, lo suficiente para no conseguir que uno esté deseando que llegue cuanto antes la ocasión de reanudar la lectura. Alguien me comentaba el otro día que pensaba que Boyne había acertado a la ruleta con "El niño del pijama a rayas", pero que esta receta no le iba a servir siempre: es posible que aquí radique el problema, en que no basta con reiterar una fórmula, sino que hay que buscar nuevas ideas.

Boyne cuenta paralelamente la historia de Georgi Danilovich Yáchmenev cuando en 1916,siendo un adolescente, fue captado por el primo del zar en una mísera aldea rusa para ser el cuidador del zarevich Alexis y cuando este se encuentra viviendo en Londrés junto a su moribunda esposa Zoya; para ello utiliza habilmente el sistema de ir avanzando hacia adelante en el tiempo con la primitiva historia y para atrás en la segunda, de manera que al final ambas narraciones convergen en una sóla y surge el desenlace. He de incidir en que, pese a que el libro no cubriera mis expectativas, la lectura es entretenida y a ratos hasta interesante.

El trágico final de los zares y la revolución rusa son un momento verdaderamente apasionante de la historia, algo que convierte automáticamente "La casa del propósito especial" en un libro apetecible, lo que pasa es que como novela ambientación histórica creo que Boyne se ha quedado corto, no se si porque le ha faltado ambición o porque no pretendía nada más. Eso sí, la novela nos cuenta una hermosísima historia de amor, y eso tampoco está mal.

Dejo dos críticas de sentidos bien distintos, aunque ambas son complementarias.



16 de febrero de 2010

Mark Twain habla del interior del hombre



"Todo hombre es como la Luna: tiene una cara oscura que a nadie enseña."

(Mark Twain)

Mark Twain, que en realidad se llamaba Samuel Langhorne Clemens, nació en Florida, una pequeña localidad situada en el estado de Missouri; si algo me gusta especialmente del autor de libros que fueron irrenunciables en nuestra infancia como "Las aventuras de Tom Sawyer" y "Las aventuras de Huckleberry Finn" y otros que deberían serlo siempre, como "El principe y el mendigo", es su fina ironía, su capacidad de entrar incisivamente con pluma tan afilada como elegante, en las miserias humanas. Twain vivió una época dura en una zona de los Estados Unidos abiertamente esclavista y agudizó su ingenio para defender lo que consideraba justo.

He escogido una frase que pienso que supone un profundo conocimiento por el periodista y escritor de la naturaleza humana; y esa referencia a la cara oculta de las personas puede ser ocasión de sacar a la luz diferentes temas, variadas cuestiones sobre las que se puede opinar mucho y no siempre en la misma dirección, entre otras razones porque hay asuntos sobre los que no deberíamos hacer excesivos dogmas. La pluralidad, la tolerancia, la comprensión de la personal historia y circunstancias de cada uno son razones que al menos a mí me han llevado a ir aprendiendo, no se si lo suficiente, a ser menos riguroso -¿mejor, rigorista?- a la hora de emitir juicios sobre el resto de la humanidad, casi a evitarlos.

La frase de Twain plantea la cuestión de la intimidad de las personas; en un mundo donde se ha impuesto la facilidad de comunicación, donde todos nos hemos convertido en internautas -algunos patológicos- sometidos a una especie de "Gran Hermano" de redes sociales, foros, chats y múltiples direcciones de correo, parece que esa intimidad puede estar reducida a pavesas. Una intimidad que provoca la gran paradoja de que a la vez que se busca sellar con exigentes leyes de protección de datos uno acaba viendo como entre unos y otros acaban descubriendo hasta el color de tus calzoncillos: al final nadie escapa a las garras de la Hacienda Pública, ni al scanner de los aeropuertos ni a los interrogatorios de jueces, fiscales y letrados.

Pero no perdamos de vista que Mark Twain nos habla de una cara oscura, calificativo que tiene un claro matiz peyorativo; los aficionados a las novelas de misterio sabemos mucho de vicios inconfesados, de segundas personalidades ocultas durante años, de honrados padres de familia que terminan por ser unos psicópatas de aupa. Imagino que la vida real también mostrará algún ejemplo de este tipo, pero por regla general me parece que aquí y ahora las caras ocultas tienen más que ver con vidas insatisfechas, carencias formativas o enseñanzas mal encauzadas o, cuando menos, mal asimiladas. Frente a esa cara oscura, a ese lado oscuro, me planteo dos soluciones, por un lado la búsqueda de alguien en quien confiar, que no es sencillo, algo que solamente se puede hallar por el camino del amor y la amistad, por otra parte, y recurriendo a ese juego de elucubrar sobre lo que uno no conoce en directo, creo no andar muy errado si mantengo la consideración de que muchos de nuestros secretos inconfesables son vistos por Dios con muchísima más condescendencia que la de la persona más tolerante del planeta, incluso algunos con una sonrisa.

Lo que si entiendo debe ser visto con mala cara en la tierra como en el cielo es la hipocresía, y aquí sí que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, porque todos tenemos en mayor o menor medida en nuestro interior esas tendencias tan humanas a disimular defectos, a buscar quedar de miedo, a intentar decir a cada uno lo que le gusta oír, a adaptar nuestras ideas e intenciones a la corriente del momento, a ser social y profesionalmente políticamente correctos. Todos tenemos esa tendencia, pero uno se encuentra con personas auténticas, de una pieza, sin aristas ni recovecos, y no tengo ninguna duda de que uno no nace así, sino que lo consigue con la firme decisión de ir de frente por la vida.

Pero es bueno saber que todos tenemos esa cara oscura, sin generalizar, sin darle necesariamente a eso matiz negativo alguno; porque, por un lado, no podemos caer en el error, en ocasiones ingenuo, en otras torpe, de idealizar a las personas, de crearnos ídolos que pueden acabar siendo de barro; por otra parte hay veces en las que el problema radica en nuestro excesivo "ego": nos creemos los mejores, pensamos que nuestras soluciones son las únicas, nuestras opiniones las más acertadas y nuestra profesionalidad infalible, y con frecuencia la realidad es mucho menos fantástica, aunque posible y paradójicamente, puede ser, si renunciamos a ese "ego", mucho menos insoportable, además de facilitar que en un momento dado el resto de mortales seamos más comprensivos si sale a la luz la cara oculta.

Aun recuerdo la primera victoria electoral de Richard Nixon, yo acababa de cumplir 10 años y andaba por la vida cual alma de cántaro; veía al flamante presidente del país más poderoso del mundo libre y me llamaba la atención su permanente sonrisa, esa cordialidad que parecía innata, y por eso mismo andaba convencido que el líder de los republicanos USA era una excelente persona, un hombre intachable; cuando estalló el Caso Watergate no me podía creer que un hombre así fuera capaz de esas trampas ... No se puede ir por la vida con tanta inmadurez, pero lo digo no tanto por dar a entender que uno no se puede fiar de nadie, sino por poner en consideración la necesidad de asumir las miserias ajenas, de darse cuenta que Mark Twain acierta en su afirmación y que es algo que nos debe volver menos inflexibles, más humanos con el resto del mundo.



15 de febrero de 2010

Descanse en paz el "Mangas"



Luis Molowny, que falleció ayer en Las Palmas a los 84 años, había nacido en Santa Cruz de Tenerife y como cuando fue fichado por el histórico Real Madrid de Di Estéfano, Puskas y Gento, no se acababa de acostumbrar al frío del invierno peninsular y jugaba jugaba con los puños de la camiseta sujetos con las manos, acabó siendo conocido con el sobrenombre de "El Mangas". Molowny fue el típico interior de la escuela canaria: muy técnico, de juego reposado y capaz de hacer florituras increíbles con el balón. Cuentan que el inigualable D. Santiago Bernabeu se encontraba en Reus cuando leyó que un emisario del Barça, el valenciano Jacinto Quincoces, se dirigía en barco a las Islas Canarias para fichar a un prometedor interior zurdo tinerfeño que jugaba en el Marino de Las Palmas, decidiendo el mandatario madridista coger un avión y logrando adelantarse a los culés. Molowny ha sido toda una institución en el equipo merengue.

Molowny lo consiguió todo como jugador: dos Ligas, una Copa de Europa y una Copa del Generalísimo, siendo internacional en siete ocasiones; la existencia de grandes centrocampistas en la época (Panizo, Garay, Venancio, Rosendo Hernández, ... ) impidió que vistiera la roja en más ocasiones. Pero donde Molowny destacó como un auténtico genio fue ejerciendo de entrenador; con el Real Madrid Molowny hizo hasta en tres ocasiones de "apagafuegos", cuando los ceses de Miguel Muñoz en 1974, Miljan Miljanic en 1977 y Amancio Amaro en 1985 el "Mangas" se hizo cargo del equipo con éxito indudable: en el 74 ganó la Copa, en el 78 la Liga y en el 86 de nuevo la Liga. Para conseguir estos triunfos, Molowny añadió a una evidente sabiduría futbolística, una mano izquierda indudable con los jugadores, un saber estar y una elegancia exquisita en la banda, un sentido común aplastante y una capacidad de trabajo notable. Molowny fue el prototipo de hombre de club, de personaje de confianza, de recurso de última hora al que acudir cuando las cosas vienen mal dadas, como Nando Yosu en el Racing de Santander, Manolo Mestre en el Valencia de los 70 y 80, Manolo Cardo, el entrañable "cateto de Coria", en el Sevilla o Luis Costa en nuestro Zaragoza.

Pero la carrera de Molowny no se acaba en el club de Concha Espina, pues el mister fallecido, como ya dejé patente en una vieja entra de 26 de septiembre pasado, fue el forjador del mejor Las Palmas de la historia, ese que jugó en Europa y consiguió el subcampeonato de Liga en la temporada 1968-69 y en el que jugaban hasta cinco internacionales españoles: Castellanos, Martín Marrero, Germán Dévora y los malogrados Tonono y Juanito Guedes, quienes junto a Oregui, Gilberto I, León, Gilberto II y unos cuantos más practicaron un fútbol que entusiasmó a los aficionados de las islas y de la península.

En 1969, cuando Eduardo Toba dimitió como seleccionador nacional, la Federación Española de Fútbol decidió encomendar provisionalmente la dirección del equipo nacional a un triunvirato formado por los misters de Madrid, Barcelona y Las Palmas: Miguel Muñoz, Salvador Artigas y Luis Molowny, de manera que durante cuatro encuentros el "Mangas" tuvo el máximo poder del equipo representativo del fútbol de nuestro país.

Luis Molowny representa todo un aspecto del fútbol que muchas veces echamos de menos, ese fútbol vocacional, de "fair play", de amor a unos colores, de poner el interés del club, que es el de sus aficionados, por encima de vanidades y ambiciones personales, un fútbol más humano, capaz de entusiasmar a los hinchas y que hace que Molowny, como en su día Ladislao Kubala, Carlos Lapetra, Pepe Samitier o Ferenc Puskas, sea ya desde ahora una leyenda y su recuerdo algo que sigue vivo.