Cuando era un niño no se veían por ahí la multitud de marcas de cerveza que hay en la actualidad; evidentemente habría bastantes más, un niño y menos en los años 60 no tiene acceso fácil a las bebidas alcohólicas, pero sí recuerdo que se veían por los bares botellines de "San Miguel", "El Águila", "El León", "Cruz Blanca" y, por supuesto, "La Zaragozana". Allá por el año 1967 radio y televisión iniciaron una importante y agresiva campaña publicitaria de una nueva marca de cerveza: "Gulder", elaborada en una nueva fábrica edificada en Burgos y que venía con el aval de la alemana "Heineken". La cerveza venía en unos botellines de aspecto muy cuidado y con una etiqueta que aparentaba elegancia y buen gusto. Recuerdo perfectamente que los anuncios de "Gulder" ofrecían la cerveza poniendo como gran argumento el hecho de que tomarla venía a ser un signo de distinción; de esta manera presentaban a un señor que llegaba con su "cochazo" conducido por un chofer uniformado a un velador y pedía una cerveza de esa marca, o alguien rechazaba tomar el refresco con un aperitivo ordinario, pues la cerveza "Gulder" ha de ser acompañada, por ejemplo, de ostras. Imagino que técnicamente la campaña publicitaria era impecable, pero a la hora de la verdad con semejantes argumentos el ciudadano de a pie terminó considerando a la cerveza como un producto para la élite, y el lanzamiento del mismo terminó siendo un auténtico fiasco.
Las noticias de la época cuentan que en el verano de 1969 la empresa paró su producción y un posible cierre se convertía en grave amenaza para sus 300 empleados; el 4 de octubre de 1969 "San Miguel" anunció la integración de la fábrica de Burgos en su estructura industrial añadiéndose a las plantas de Lérida y Málaga, hecho que se produjo de manera efectiva en 1970. Al parecer hoy en día la marca "Gulder" sigue existiendo en Holanda y Nigeria, como entonces dentro del grupo "Heineken". En España la historia terminó muy pronto, y al parecer hay que encontrar la causa en que quienes trazaron la fase publicitaria lo hicieron sin haber hecho antes un estudio de mercado y, fundamentalmente, sin haber previamente valorado la psicología de los españoles.
Corren tiempos de tumultos, de protestas y movilizaciones; más de cinco millones de parados, familias enteras que cruzan los umbrales de la pobreza, malestar, recortes, ... todo un caldo de cultivo para que cada vez sea mayor el descontento y nos vayamos acercando hacia una auténtica fractura social. El otro día alguien hablaba de la decadencia de la clase política, y aunque lo hacía fuera de lugar y de ocasión e intuyo que fruto de cierto narcisismo en el que siguen cayendo algunos de los de su profesión, me temo que no anda excesivamente descaminado. Los ciudadanos hace tiempo que están cansados de promesas incumplidas y decisiones incomprensibles y se está produciendo un distanciamiento tremendo entre la gente de a pie y quienes nos gobiernan; se ha impuesto la desconfianza y ya se cuestionan instituciones y temas que antes parecían indiscutibles e intocables.
No tengo ni idea en qué va a terminar ésto, pero cada día aumenta mi intuición de que no estamos ante una simple crisis económica que acaba teniendo un final y retornando las cosas a ser como antes, sino que nos encaminamos hacia un cambio de sistema, algo que no se si será bueno o malo, pero me temo que lo que en occidente ha imperado en los últimos dos siglos está llegando a su final. Y si estamos predestinados a un nuevo orden, habremos de asumir lo que viene, aunque me resulta preocupante pensar en las cosas que pueden pasar por el camino. El otro día entré en un foro en el que hay una sección dedicada a opiniones políticas; no suelo intervenir en la misma, pero de vez en cuando me doy una vuelta para observar lo que piensa el personal, y con las reservas lógicas teniendo en cuenta que suele ser gente muy joven y decantada hacia posturas muy radicales y, entiendo, poco representativas, me llama la atención hasta donde está dispuesta a llegar la gente. Así, esta semana, en un hilo dedicado a la posibilidad de una nueva guerra civil en nuestro país, me han dejado de piedra determinadas posiciones de algunos, quienes justifican determinados actos de violencia, derramamiento de sangre incluido.
Puedo comprender el enfado de la gente, la necesidad de cambiar las cosas y, por supuesto, las legítimas aspiraciones y las convicciones de cada cual, que puedo compartir, en todo o en parte, o no, pero cuando alguien habla con toda naturalidad de la bondad de agredir a los altos cargos, de pegar y hasta matar a los banqueros, de asaltar el Congreso o quemar algún ministerio tiendo a pensar, independientemente de los motivos, que se está sembrando algo que no es bueno: odio y revanchismo. Es posible que la revolución francesa trajera cambios positivos, pero tengo bien claro que por el camino se produjeron agresiones bien injustas y que la guillotina fue un arma que ocasionó demasiado dolor y se empleó con muy poco rigor y epiqueya.
Con esta frase suelen comenzar sus discursos los franciscanos; ayer fue San Francisco de Asís y puede ser éste un buen momento para recordar la frase. Y con estas simples palabras comenzó el pasado miércoles el Provincial de los Hermanos de la Cruz Blanca la sesión que el foro de esta entidad organizó en el Centro de Historia de Zaragoza sobre el tema de la trata de seres humanos el pasado miércoles. No tengo ninguna duda de que los Hermanos de la Cruz Blanca se encuentran entre aquéllas que más bien hacen a la humanidad en los tiempos que corren; su carisma gira en torno a la asistencia a los enfermos incurables y a los más necesitados, y al oír hablar sobre su trabajo en socorro de las personas, fundamentalmente mujeres, que son víctimas del comercio sexual no cabe más que quitarse el sombrero y mantener los oídos atentos, porque no solamente hacen bien a esas personas que sufren sino que nos lo hacen a todos con su ejemplo.
Pero no pretendo hablar en extensión sobre la bondad de las actividades de estas personas, pues tan sólo quiero reflejar mi pequeña experiencia personal cuando el pasado día 3 escuchaba la alocución introductoria de D. Miguel Alberto López Nacarino, como he dicho Vicario General del Instituto de Hermanos de la Cruz Blanca, nos presentaba las sesiones del mencionado foro. Sinceramente, ni siquiera recuerdo de lo que habló, tan sólo que sus palabras, el tono de las mismas, el convencimiento con el que las decía, la dulzura de su actitud, ... me dieron una paz y un sentimiento de serenidad que hacía tiempo no sentía. En unos tiempos en los que todos andamos nerviosos y alterados, en los que nos dejamos someter por la incertidumbre y el temor al futuro, es de agradecer poder escuchar a alguien capaz de enfrentarse a temas tan duros y dramáticos como los que allí se trataban con la paz de este hombre, ... no tengo ninguna duda de que algo sobrenatural presidía su humanidad y sus palabras, no cabe otra explicación.
Hace años funcionaba por casa un viejo "vinilo" de Mari Trini, ese cuya canción estrella decía algo así como "te quiero con locura y te quiero, sí ..."; el tercer tema del LP hablaba de la libertad y proclamaba "la libertad, hermosa palabra, no la ensuciemos, no la exhibamos como a una estatua ..."; y es que con frecuencia da la impresión de que la libertad no es más que eso: una palabra, ... una palabra utilizada abusivamente, una idea que todos parecen ansiar, pocos poseer y casi ninguno -y no se si sobra el casi- entiende bien. Los hay que aparentan vivir con la idea de poseerla en exclusiva, como si hubieran registrado su patente, y la exhiben públicamente sin pudor, prudencia ni justificación; también hay quien tiene una visión tremendamente subjetiva de lo que es libertad, y adapta lo que se debe entender por persona libre a sus convicciones, teorías o criterios, ... en unos y otros se observa una especie de convencimiento de la propia superioridad moral, como si ellos tuvieran un concepto más elevado de lo que significa la libertad que el resto de los humanos. Y la libertad, que siempre estará condicionada por algo, es algo mucho más sencillo y afecta a cada persona, que debe aspirar a tenerla para tomar sus decisiones, deambular por la vida y decidir con quien se asocia y con quien no, de quien se fía y de quien prescinde, a donde va y de donde huye ... y hay condicionantes, ya lo he dicho, pero tenemos que ser también libres para aceptar y asumir esos condicionantes y las consecuencias que traen.
¿Quién es libre? ... a veces tengo la tentación de preguntarme si hay alguien libre; no me atrevo a dar una respuesta, pero sí que soy capaz de afirmar que hay que intentarlo, que uno ha de buscar ser libre para elegir, para optar, para seleccionar, ... libre para decidir a quien le pides consejo, para contarle tus problemas a unos sí y a otros no, para escoger tus aficiones, tu estilo, tu indumentaria y tus compañeros de viaje. Evidentemente esa libertad debe casar con la de los demás, y cada cual la tendrá matizada por su familia, su profesión, sus circunstancias personales y alguna cosa más, pero dicho queda que también las condiciones, las limitaciones a esa libertad hay que asumirlas así: libremente. Al cabo de más de medio siglo de vida, he llegado a la conclusión de que la palabreja la utilizamos mucho, pero no se bien si hay muchos que la entienden ... ¡con que ligereza se habla de libertad!: en grupo e individualmente, en lo público y en lo privado, para huir de responsabilidades, para excusarse, ... para justificar las mil formas que hay de saltársela a la torera ... Sinceramente, he llegado a la conclusión de que es una operación personal e intransferible, que para saber si eres libre has de ser valiente, preguntartelo sin ambages y perder el miedo a la respuesta.
"Si Cataluña se independiza, Planeta se irá a Zaragoza, Madrid o Cuenca".
Había decidido no hablar del reciente órdago de Artur Mas planteando la independencia de Cataluña y poniendo -eso no es novedad- al Estado central entre la espada y la pared. Quien me conoce ya sabe como respiro en estos temas y 24 años felices en esas tierras no impiden que a lo largo de los mismos perdiera algo la compostura y ejerciera en exceso un visceralismo del que ahora, en algunas de sus manifestaciones, me arrepiento. Por un lado, hay que admitir las posturas distintas a la propia y, por otro, seguir el ejemplo de quienes están en contra de estas opiniones y ante las mismas optan por el silencio e incluso la resignación, pues no parece bueno que desde ninguno de los lados pueda llegar la sangre al río.
Pero no puedo evitar manifestar mi respeto y mi admiración por José Manuel Lara, un personaje prestigioso, serio y poco dado a las exageraciones, que ha manifestado sin ambages su disconformidad con el curso de los acontecimientos, habiendo llegado a decir que si Cataluña se escinde su empresa -nada menos que Planeta- cambiará de domicilio y buscará aguas distintas para navegar. Me quito el sombrero ante un personaje público de la región vecina que es capaz de pasar por encima de lo "políticamente correcto" -en esa tierra, lógicamente-, y decir honestamente lo que piensa sabiendo lo que le puede venir encima a la vista del enrocamiento de posturas que de un tiempo a esta parte se observa por el Condado y de la, desde mi punto de vista, indiscutible tendencia al pensamiento único que desde hace aún más años se ha impuesto por ahí. En buena lógica, habrá empresarios y personajes importantes que mantenga la postura oficial, y tienen todo el derecho a hacerlo, pero como también estoy seguro de que otros piensan como Lara, confío en que sigan su estela y aporten pluralidad a un debate que a veces parece que se nos quiere hurtar.
El pasado día 25 falleció víctima de un cáncer el cantante norteamericano Andy Williams, uno de esos intérpretes románticos, de voz profunda que cantan con un estilo elegante y suave, cantantes de smoking y dulzura, pose serena y temas melodiosos. Hace unos años que dediqué un post a este "crooner", una entrada en la que interpretaba la canción que le dio más éxito, fama y dinero "Moon River", un tema íntimamente unido al "Desayuno con diamantes" de la gran Audrey Hepburn, esa mujer que revolucionó con su sencillez y elegancia las estructuras del Hollywood que parecía únicamente alimentarse de bellezas imponentes como Ava Gadner, Márilyn Monroe o Rita Hayworth, tal vez desconocedor de que podía competir en belleza con las tres una mujer delicada, fina y elegante, que no necesitaba tener una delantera espectacular ni lucir permanentemente unas piernas arrebatadoras. No cabe duda que, salvando las distancias, podemos poner a Audrey Hepburn y Andy Williams en el mismo camerino del buen gusto.
Por mucho que fuera "Moon River" su éxito indiscutible, la carrera del cantante fallecido está llena de éxitos, habiendo grabado dieciocho álbumes de oro y tres de platino. Así cabe destacar "Days of Wine and Roses", que en 1963 fue número uno durante 16 semanas, "Can't Take My Eyes Off You", "Feelings", "It's The Most Wonderful Time Of The Year", "Can't get used to losing you", "Fly Me to the Moon", ... sin olvidar, por supuesto, los temas de las bandas sonoras de "Love Story" y "El padrino", que fueron un éxito rotundo en toda Europa a inicios de los años 70. El ABC nos lo contaba muy bien: "Andy Williams fue un crooner, una voz romántica, dotado de una gran técnica vocal y una genial puesta en escena. Quizá no llegó a la fama y el carisma inolvidable de Sinatra ni al brillante desparpajo de Dean Martin, o a la soltura de Tony Bennett pero su casa está repleta de discos de oro y de platino, y su presencia fue habitual durante años, entre 1962 y 1971, para los americanos en la pequeña pantalla, ya que Williams presentó uno de esos típicos programas, un show, en el que aparecieron muchos cantantes (veteranos y noveles), entre chistes, bromas y buen rollo."
Aunque más abajo dejo unos cuantos enlaces, quiero destacar un par de temas menos conocidos, uno "The village of St Bernadette", una canción de contenido religioso en homenaje a la vidente de Lourdes y una bonita versión de "Danny Boy", el evocador y enigmático himno irlandés con el que se recuerda a los amigos que se han ido definitivamente.
El pasado viernes falleció Juan Baena, el jugador que más partidos jugó con la camiseta del Hércules de Alicante; para quienes teníamos en plenitud nuestra afición al fútbol en los años 70 y principios de los 80 el nombre de Baena viene relacionado con uno de esos jugadores que sin haber sido nunca internacional ni jugado en equipos punteros formaba parte del elenco de jugadores que nunca fallan. El Hércules ascendió a primera división en 1974 y se mantuvo en la élite durante ocho temporadas seguidas, siendo la mayoría de ellas un equipo que hacía un juego eficaz y brillante; ya había estado en años anteriores en la máxima categoría, pero su estancia siempre fue fugaz. Curiosamente, en los últimos años han fallecido cinco de los mejores jugadores de esa época: los metas Deusto y Humberto, el primero hace un año y el paraguayo, segundo entrenador entonces, en 2004 víctima de un infarto cuando se encontraba en el Hotel de concentración en Orihuela, el defensa Rivera como consecuencia de un tumor cerebral en 2004 y los centrocampistas Saccardi, víctima de otro infarto cuando jugaba al tenis en 2002 y Baena.
Juan Baena había nacido en Ceuta hace 62 años y antes de llegar al Hércules en 1971 ya había llegado a debutar con el primer equipo del Betis; Baena jugó en sus primeros años como ariete, y con el número 9 a la espalda le vi jugar en el Estadio de La Romareda en noviembre de 1971, cuando el Zaragoza, a las órdenes de Rafa Iriondo, peleaba por regresar a la división de honor, categoría que había perdido el año anterior. Pero Arsenio Iglesias, el Brujo de Arteixo, que llegaría dos años después al equipo alicantino le reconvirtió en un centrocampista de brega, con una capacidad táctica excelente y un disparo notable. Baena fue el capitán de ese Hércules que llegó a primera con una plantilla en la que junto a él destacaban jugadores como el lateral José Antonio, el citado Rivera, el centrocampista húngaro Nagy, el ex-bilbaíno Betzuen, el interior argentino Varela o el lateral zurdo Eladio, un defensa que había llegado a ser internacional con el Barça. Con los años Juan Baena terminó jugando de central, puesto en el que siguió cumpliendo como los mejores.
Los de Alicante ascendieron junto a otros dos equipos que también se asentarían en primera, Betis y Salamanca, y junto al ascenso afianzaron su situación con la inauguración de un nuevo campo, el "Rico Pérez", que sustituía al viejo y decrépito estadio de "La Viña". Pero el gran acierto de la directiva herculana fue el saber fichar los hombres adecuados para que el paso por la máxima categoría no fuera efímero; entre las nuevas adquisiciones destacaban tres: Arieta II, durante muchos años delantero centro titular del Athletic de Bilbao, con el que había marcado 78 goles en diez temporadas, siendo 7 veces internacional, el ariete Barrios, un genuino "cazagoles" tinerfeño que tras triunfar en el Granada había jugado dos temporadas en el Barça y, por encima de todos, el central argentino Giuliano, uno de los mejores extranjeros que jugaron en España por esos años, lo que entonces se denominaba "líbero", que llegó de Independiente de Avellaneda y prácticamente no dejó de jugar un partido durante seis años seguidos. También llegaron el meta internacional argentino Santoro, el lateral zurdo Quique, procedente del Atlético de Madrid y que dio un rendimiento notable y el extremo Pepín, quien jugaba en el Español. Además Arsenio hizo debutar a dos canteranos que terminarían siendo algo en el fútbol español: el interior Juan Carlos, un jugador de buena técnica que dos años después fue vendido por una buena cifra al Valencia y terminó jugando en el Sevilla y el extremo zurdo Carcelén, que terminó jugando de lateral en el Real Madrid. La temporada fue un éxito y el Hércules terminó sexto; recuerdo que ese año el Zaragoza fue subcampeón y tan sólo cedió cuatro empates en casa, uno de ellos fue frente al Hércules, que siempre fue por delante en el marcador, considerando la afición aragonesa el 2-2 final como un mal menor. La solidez defensiva, con un Giuliano imperial, el trabajo de Baena y Juan Carlos en medio campo y los 13 goles del "Tigre" Barrios fueron decisivos para el éxito final.
La temporada siguiente los técnicos del Hércules volvieron a hilar fino en los fichajes, llegando al Rico Pérez tres futbolistas de primer nivel: el meta Deusto, quien tras ser eterno suplente de Iribar se marchó al Málaga, donde ganó el trofeo Zamora, llegó a internacional y se convirtió en uno de los mejores guardametas de la liga, el centrocampista Carreño, que había jugado aceptablemente en el F.C. Barcelona y el volante Gerónimo Saccardi, un todo-terreno incansable de Ferrocarril Oeste; Arsenio también esta vez sacó de la chistera un canterano con proyección e hizo debutar en primera al interior Aracil. El Hércules terminó 5º y solamente el mejor goal-average de la Real Sociedad le impidió jugar en Europa; Barrios marcó esta vez 9 goles, pero hombres de cariz defensivo como Saccardi y Giuliano marcaron 5 y 4 resoectivamente y el centrocampista Juan Carlos hizo 6, mostrando el equipo una solidez defensiva notable. Los alicantinos no repitieron clasificaciones tan brillantes, pero se mantuvieron dignamente entre los mejores hasta que en 1982 descendieron a segunda; al marcharse Arsenio al Real Zaragoza en el verano de 1977 se confió en el argentino Felipe Mesones, que fue un fiasco y hubo que sustituirlo por Benito Joanet, que terminó bien la temporada, si bien en la 1979-80 comenzó mal y la directiva fichó a Koldo Aguirre, quien mantuvo dos cursos al equipo en primera, si bien en la última, 1981-82 fue cesado en mayo y sustituído por Humberto, que no pudo evitar la tragedia. Por el Rico Pérez siguieron pasando durante esos años jugadores del nivel de los argentinos Commisso, Lattuada, Verde y Charles, el alemán Lubecke, el meta Amador, que ficharía por el Barça, el lateral Ernesto, el extremo Macanás, procedente del Real Madrid, el goleador yugoslavo Kustudic, Antón, Félix, Zunzunegui, Moyano y dos jugadores míticos surgidos de la cantera del Sporting y que también habían triunfado en Betis y Athletic: Megido y Churruca.
La historia del Hércules d eAlicante ha seguido relatando estancias en primera, si bien ninguna fue tan larga ni tan brillante como la narrada; en estos momentos el equipo se haya en una tremenda crisis económica, social y deportiva, pero seguro que al final volvemos a ver al equipo blanquiazul junto a los mejores.