14 de febrero de 2010

La cocina de los zares



La Escuela de Hostelería de Huesca tiene un prestigio ganado en buena lid desde hace tiempo; habitualmente se puede comer allí por un módico precio y el resultado suele ser muy positivo. Cada año realizan unas jornadas gastronómicas, ya van por las XIX y este año han estado dedicadas a la cocina rusa de la época imperial, y no hay ninguna duda de en tiempo de los zares sabían lo que hacían en materia culinaria.

El pasado jueves acudí en compañía de unos amigos a comer allí y puedo decir que la experiencia fue excelente. Cada día el menú es distinto y el jueves resultó francamente bueno; empezamos con un cóctel llamado "Skarka" compuesto por vodka, limonada, jarabe de azúcar y caviar de remolacha, lo justo para conseguir abrir el apetito. El primer plato sólido fue "Kulibiak", una especie de boulavant que contenía arroz blanco, setas, huevo duro y salmón para seguir con lo que, en mi opinión, fue la estrella del menú: bacalao con patata, digno de cualquier restaurante de primer nivel para seguir con pato relleno de manzana, algo que aunque tenga nombre de minuta de restaurante chino, era un manjar propio de Nicolás y Alejandra. El postre recibía el nombre de "Gouryevskaya kasha" y afortunadamente no nos exigieron pronunciarlo bien para permitir que lo degustáramos, se trataba de una especie de pastel muy parecido a los mazapanes toledanos; el colofón era café ruso blanco, receta que debía haber sido sacada de algún príncipe ruso con orígenes irlandeses, pues se parecía al café propio de dicha isla, aunque como es lógico el caviar sustituía al whisqui.

Los platos habían sido, lógicamente, elaborados por los alumnos de Hostelería, quienes también servían las mesas, ataviados por cierto con ropajes propios de la época, de manera que uno era atendido por jóvenes estudiantes de hostelería vestidos de cosacos, princesas rusas, nobles de la estepa, etc, todo un espectáculo simpático y bien presentado. La comida era amenizada por profesores del Conservatorio oscense que tocaban música rusa con el acordeón, el violín y el contrabajo.

Pero, por encima de todo, quiero destacar el ambiente, lo bien organizado que estaba todo, la simpatía del personal y lo grato que resulta ver a unos chavales normales y corrientes disfrutando de un montaje que es un éxito repetido en Huesca y que nos hizo pasar unos momentos agradabilísimos.


13 de febrero de 2010

"Cautivos del mal" (1952)

Sinopsis: Magistral obra que bucea en los entresijos de Hollywoody a través de la historia de un tiránico y manipulador productor de cine que, en su momento de declive, pide ayuda a un director, una actriz y un guionista, a los cuales ayudó en la consagración de sus respectivas carreras pero que ahora le detestan. Ahora, años después, los tres le echarán en cara que fue un productor sin escrúpulos que trató de alcanzar el éxito sin reparar en las personas a las que traicionaba o engañaba.

Hace muchos años, recuerdo que vivía en Zaragoza, por lo que tendría que ser en los primeros de mis estudios universitarios, había visto esta película y me había gustado mucho, aunque también me acuerdo que fue de esas películas que miras mientras vas haciendo otra cosa y acabas enchufado, razón por la cual mi visión de la misma no había sido total y mi atención insuficiente. Por esta razón, he aprovechado la primera ocasión para verla de nuevo, esta vez de principio a fin y con dedicación exclusiva, y a fe que he confirmado, con creces, la excelente opinión de la primera vez, es más casi aseguraría que se trata de una de las mejores películas que he visto.

"Cautivos del mal" es una película sobre el cine, y más en concreto sobre Hollywood, y cuando uno contempla como se desarrolla la trama, las idas y venidas de los protagonistas, especialmente las argucias, las mentiras y las trampas del personaje que encarna Kirk Douglas, no tiene ninguna duda que se trata de vivencias reales, de la cruel realidad del mundo del celuloide y comienza a practicar ese interesante juego de poner nombres y apellidos reales a los personajes que allí aparecen como de ficción. El jefe de estudio cínico y sin escrúpulos (Kirk Douglas), la actriz glamourosa (Lana Turner), el director de éxito (Barry Sullivan) y el guionista de prestigio (Dick Powell) encajan perfectamente con la realidad que se intuye del mundo del cine en la época de la película (1952).

Para muchos es ésta la auténtica obra maestra de Vicente Minelli, un director a quien se considera el padre de los musicales modernos pero que aquí demostró que su capacidad abarcaba mucho más que eso. Efectivamente, en el currículum de Minelli destacan películas como "Un americano en París" (1952) y "Melodías de Broadway 1955"(1953), pero también comedias como "El padre de la novia" (1950) y "Té y simpatía" (1956), o películas biográficas como "El loco del pelo rojo" (1956) por la que Anthony Quinn consiguió el Oscar al mejor secundario por su interpretación de solo 9 minutos de Paul Gauguin y, por supuesto, "Gigi" (1958), la película triunfadora en los Oscars de 1958 con nueve estatuillas, entre ellas al mejor film y al propio Minelli como mejor director. "Cautivos del mal" supuso dos elementos innovadores en la filmografía de Minelli; por un lado el haber filmado en blanco y negro, renunciando a uno de sus principales pilares de su idea como artista: el color, y por otro, el haber sido uno de los primeros directores que realiza un proyecto que muestra las miserias de la propia industria cinematográfica.

En la película destaca el excelente uso de los "flash back", la perfecta disección de la personalidad y la manera de actuar de Jonathan Shields, el personaje principal, sacando a colación temas tan trascendentes en el ambiente cinematográfico como la competitividad, la ambición, la megalomanía y la ética. Destaca la formidable fotografía de Robert Surtees, el mismo que intervino en "Ben Hur". La interpretación es magistral, destacando sobre todos, desde mi punto de vista, el trabajo de un inmenso Kirk Douglas en un papel que le va como anillo al dedo; muy bien Lana Turner como la actriz alcoholizada que resurge y Walter Pidgeon en su trabajo de productor implacable. Barry Súllivan encarna al director de cine y Dick Powell al guionista, ambos maltratados por Shields, siendo notable también la aparición de Leo G. Carroll, el "malvado" de "Recuerda", aunque quien se acabó llevando el Oscar fue Gloria Graham en su papel de esposa frívola y superficial de Dick Powell.

La película no deja de ser una gran metáfora y en ella se nos presenta a un Jonathan Shields (Kirk Douglas) carente de escrúpulos que traiciona y hace un inmenso daño a Fred Amiel (Barry Súllivan), Georgia Lorrison (Lana Turner) y James Lee Bartlow (Dick Powell), pero que, paradójicamente, ha convertido al primero de un pardillo que no se sabe manejar en un director de fama mundial, a la Lorrison de una mujer caída en el arroyo en una estrella del cine y al tercero de un acomodado escritor del sur en un guionista de nivel.

"Cautivos del mal" se llevó cinco de los seis Oscars a los que estuvo nominado; además del citado de Gloria Graham a la mejor actriz de reparto, obtuvo las estatuillas al mejor guión adaptado, la mejor fotografía en blanco y negro, la mejor dirección artística y el mejor diseño, ambos también en blanco y negro. Kirk Douglas, sin embargo, al igual que pasara con "El ídolo de barro" y "El loco del pelo rojo" se quedó con la simple nominación, y sólo en 1996 la Academia le reconoció con un Oscar honorífico.

Se trata de una de esas películas que uno está a dispuesto a ver las veces que haga falta.




12 de febrero de 2010

The Mamas & the Papas



Cuando en los programas de la tele de mediados los años 60, fundamentalmente el mítico "Escala en Hi-fi" y alguno equiparable a lo que en radio eran los 40 principales- se oía hablar del grupo norteamericano "The Mamas & the Papas" uno, en su ingenuidad infantil, imaginaba que se trataba de una especie de grupo familiar formado por matrimonios tradicionales, por señores y señoras equiparables a los que uno conocía en su propia familia o en la de sus amigos. La realidad no era propiamente así, y este conjunto que tuvo un importante éxito internacional en la época lo formaban cuatro jóvenes, John Phillips, Cass Elliot, Denny Doherty y Michelle Phillips, nada convencionales que fueron uno de los estandartes del Folk Pop californiano y, cuando eran entrevistados, los miembros de la banda reconocían abiertamente que en sus sesiones de grabación solía correr la marihuana.

Hoy tan sólo queda con vida Michelle, pues Cass falleció de infarto en 1974, John por idéntica causa en 2001 y Denny en 2007 a causa de unos problemas renales. La vida profesional de "The Mamas & the Papas" fue breve (1965-1968), pero fecunda, pues llegaron a sacar al mercado 5 álbumes, manteniendo hasta 10 cancioones en los primeros puestos de los hit-parades. Su primer éxito en España fue el tema "Monday, monday", que al cabo de los años sigue sonando a conocido, aunque posiblemente su canción más emblemática fuera "California Dreamin", escrita en 1963 por John y Michelle Phillips mientras vivían en Nueva York, inspirada por la nostalgia de Michelle por California; hay versiones de esta última a cargo de Jose Feliciano The Beach Boys, The Carpenters, The Four Tops, Melanie Safka, George Benson y R.E.M., entre otros.

Dejo constancia aquí de las dos canciones. Añado "Dream a Little Dream of Me", que se me había quedado en el tintero.








11 de febrero de 2010

Cómicos españoles: la ventaja de una cara de chiste



España ha sido siempre país de grandes cómicos, tal vez porque siempre nos ha gustado buscar la risa del prójimo, o a lo mejor ha sido la necesidad de ahogar las penas con las sonrisas o, vete a saber, si la razón radica en que en determinados momentos la vía del humor ha sido el único atajo disponible para decir según que cosas. La cuestión es que entre los actores españoles siempre ha habido unos cuantos que nos han hecho pasar momentos de auténtico regocijo. No es que en otros lugares del planeta no los halla: en Estados Unidos nacieron Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel, Oliver Hardy y Bob Hope, en Inglaterra el gran Charlie Chaplin, en Francia Fernandel y en Italia, Alberto Sordi, pero en nuestro país la lista es, desde luego larguísima.

Y puestos a pensar, que no es tarea desechable si se hace en dosis razonables, he caído en la cuenta de que nuestros cómicos más detacados, o al menos los que más me han llamado la atención, poseen como uno de sus caracteres comunes el tener cara de chiste: no se si porque es la suya de nacimiento o porque parte de su saber estar en escena tiene que ver con la habiilidad de poner en cada momento el gesto conveniente. Por ejemplo, el gran Pepe Isbert, a quien dediqué una entrada en exclusiva el pasado mes de mayo, era de una expresividad sobresaliente y ejercitaba unos gestos, unas miradas que te llevaban a la risa inmediatamente, aunque el cine que protagonizó Isbert tuviera mucho más de costumbrista que de cómico.

Si tuviera que elegir a un actor como el más repreentativo de la teoría que mantengo, pienso que optaría por Manolo Gómez Bur, un actor de los pies a la cabeza cuya aparición en escena, casi siempre cinematográfica, aportaba simpatía y, no se decirlo de otra manera, una "coña" espectacular. De un magnífico blog sobre actores y actrices titulado "Lady Filstrup " he sacado la siguiente definición de Gómez Bur que creo encaja maravillosamente en el personaje: "Su particular aportación al género cómico tal vez estribe en su capacidad para transmitir humanidad incluso a los personajes más deshumanizados. La más unidimensional caricatura (y, ciertamente, le tocó en suerte representar más de un rol de estas características) conseguía Gómez Bur dotarla de una calidad humana perceptible para el público. Cierta fragilidad, cierta delicadeza casi femenina mostrada en los ademanes de sus enclenques brazos o en el temblor de su insegura voz conseguía insuflar sentimientos y debilidades humanas al texto más romo y vulgar." . De Manolo Gómez Bur recuerdo muy especialmente "Tres de la cruz roja" (1961), de Fernando Palacios, que ví en el colegio de mi hermana y es un clásico del género, y también, entre muchas otras, "El grano de mostaza" (1962), de José Luis Sáenz de Heredia, "Las que tienen que servir" (1967), de José María Forque, compartiendo cartel con Conchita Velasco, Amparo Soler Leal, Laura Valenzuela, Alfredo Landa, José Sazatornil, Lina Morgan y Florinda Chico: todo un elenco¡ y "Las ibéricas F.C." (1971), de Pedro Massó. Manolo Gómez Bur, que era madrileño de pura cepa e interpretó en teatro a un inolvidable "Don Mendo", falleció en 1991 en Bailén a los 74 años víctima de un cáncer.

Y si hubo otro actor con posibilidades de rivalizar con el anterior, era aragonés y se llamaba Paco Martínez Soria; Martínez Soria era una de las habituales citas teatrales de las Fiestas del Pilar de Zaragoza y siempre se le ha encasillado en el papel de cazurro que representaba, por ejemplo, en "La ciudad no es para mí", (1965), de Pedro Lazaga, pero él era mucho más que eso: un actor con una soltura y un gracejo especial en el que esos gestos de los que hablaba antes llenaban la pantalla y se comían al resto de intérpretes. Las películas de Martínez Soria suelen ser de esas que uno disfruta viendo, por mucho que tenga un absurdo pudor en reconocer que se las ha tragado en "Cine de barrio": "Se armó el Belén" (1969) de José Luis Sáenz de Heredia, "Don erre que erre", del mismo año y director, en el que encarna a un tozudo espectacular, "Hay que educar a papá" (1971), de nuevo con Lazaga, en el que con Julia Caba Alba borda el papel de patán enriquecido con la venta de un melonar y "La tía de Carlos" (1981), de Luis María Delgado, donde se disfraza de mujer sin desmerecer un pelo a Dustin Hoffman y a López Vázquez. Había nacido en Tarazona y falleció de un ataque al corazón en Madrid a los 79 años.

También cabe encuadrar en este capítulo al Alfredo Landa que salía en las pantallas hasta el final de la época del "Landismo", ese momento en el que el actor navarro simbolizó un determinado tipo de español, machista y fanfarrón en el terreno sexual; esta etapa profesional se inicia en 1970 con "No desearás al vecino del quinto", de Ramón "Tito" Fernández, y que tuvo continuidad con "Vente a Alemania, Pepe" (1960) y "París bien vale una moza" (1972), de Pedro Lazaga y "Los pecados de una chica casi decente" (1975), de Mariano Ozores. Anteriormente había protagonizado otras películas en las que también destacó su expresión cómica como "Amor a la española" (1966), de Fernando Merino, "Novios 68" (1967), de Pedro Lazaga, "Los que tocan el piano" (1967), de Javier Aguirre y "Cateto a babor" (1970), de Ramón Fernández. A partir de "El puente" (1976) Landa muestra sus posibilidades más dramáticas y borda papeles como el de "Los santos inocentes" (1984), de Mario Camus, "El bosque animado" (1988), de José Luis Cuerda y "Canción de cuna" (1994), de José Luis Garci. Landa debuta profesionalmente en el cine en 1962 de la mano de José María Forqué, con el célebre "Atraco a las 3"; el propio actor ha explicado en alguna ocasión que Forqué le citó en la Casa de Campo de Madrid y le dijo: "siéntate y pon cara de susto y después vete a casa".

Antonio Ozores y Toni Leblanc son otros dos habituales de las películas españolas de los 60 y 70; Ozores pertenece a una familia vinculada al cine: uno de sus hermanos, Mariano, fue uno de los directores más prolíficos del cine español de la época, mientras su otro hermano José Luis fue un actorazo cuya carrera quedó truncada por su prematura muerte; su hija Emma es una de las actrices importantes del momento. Ozores tiene auténtica cara de chiste y le van los papeles de tío que no se entera, de ingenuo torpón, de individuo despistado. Es característica su forma de hablar precipitada, con un lenguaje atropellado, casi ininteligible. Su tarea en cine es amplísima, destacando, entre otras, "Historias de la televisión" (1965), de José Luis Sáez de Heredia, "¡Cómo está el servicio!" (1968) y "Dos chicas de revista" (1972), ambas de Mariano Ozores. Toni Leblanc gozó en su momento una fama notable, entre otras razones por sus caracterizaciones en TVE: "Kid Tarao", "Cristobalito Gazmoño", ... Leblanc, que en realidad se llama Ignacio Fernández Sánchez, destaca tanto por su capacidad de gesticular como por el especial tono de voz que utiliza; intervino en títulos entrañables del cine español de los 60: "El Tigre de Chamberí" (1957), de Pedro Luis Ramírez, "Muchachas de azul" (1957), "Los tramposos" (1959) (ambas dirigidas por Pedro Lazaga), "Las chicas de la cruz roja" (1960), de Rafael J. Salvia y "El astronauta" (1970), de Javier Aguirre. José Luis López Vazquez podría incluirse entre estos clásicos, hace tiempo hablé de él tras su fallecimiento y, como Landa, evolucionó hacia papeles de más dramatismo.

En el capítulo de actores con "cara de chiste", no puede faltar José Sazatornil, "Saza", un actor que con su calva y su bigotillo se ha hartado de realizar personajes peculiares, todos ellos con enorme acierto. De Saza tengo dos anécdotas, la primera, el hecho sorprendente de que en los 70 corrió por la prensa la noticia de su fallecimiento, algo que, por fortuna, resultó ser un macabro error; la otra se refiere a una ocasión en la que coincidí con él y su mujer en un viaje de Barcelona a Madrid en uno de esos viejos Talgos, ambos iban en el asiento contiguo al mío y pude comprobar su lado humano, pues daban la oscarizada "La vida es bella" y observé como en alguna ocasión el actor mojaba la pestaña. Sazatornil, que también bordó en su día el papel de Don Mendo, destacó en películas como "Carola de día, Carola de noche" (1969) de Jaime de Armiñán, "La escopeta nacional" (1978), de Luis García Berlanga, "Espérame en el cielo" (1988), de Antonio Mercero y "Todos a la cárcel" (1993), también de Berlanga. José Sazatornil nació en Barcelona, y cuando uno le ve se imagina a esos señores de derechas que dibuja Forges.

En los 70 había una serie de TVE titulada "El último café", estaba escrita por Alfonso Paso y sus guiones solían ser bastante intrascendentes; el escenario fijo era una antigua cafetería, estilo "Café Gijón", y el papel de camareros lo desempeñaban dos actores ya fallecidos a los que les venía como anillo al dedo eso de la "cara de chiste"; uno de ellos era Antonio Garisa, un zaragozano que llevaba la "coña" pintada en el rostro. Yo le recuerdo en una película de "Sesión de Tarde" titulada "La cesta" (1965), de Rafael J. Salvia, en la que interpretaba al rico del pueblo que pretende hacerse con todos los boletos de la rifa de una cesta de Navidad y se encuentra con la oposición del tonto del pueblo que se niega a venderle el suyo; otras películas en las que aparece son "Esa pareja feliz" (1951), de Berlanga, "El gafe" (1959), de Pedro Luis Ramírez, "Torrejón city" (1962), de León Klimovsky y "El marino de los puños de oro" (1968), de Rafael Gil. El otro camarero era Valeriano Andrés, un madrileño que solía hacer personajes de hombre ingenuo y tontorrón; lo más peculiar de este actor era su voz, de tono alto y maneras francamente cómicas. Andrés, al igual que Antonio Garisa, hizo abundantes papeles en teatro y televisión, destacando entre sus intervenciones en cine "Historias de la televisión" (1965), de José Luis Sáenz de Heredia y "Crimen imperfecto" (1970), de Fernando Fernán Gómez. Valeriano Andrés también trabajó como actor de doblaje, destacando por encima de todos la voz que puso a Fred Gwynne en Los Munsters.

Juanjo Menéndez tiene que ocupar también un lugar preferente entre los cómicos de lujo; era, como los anteriores, un hombre expresivo y genial. Le recuerdo en la tele de mi infancia haciendo los papeles protagonistas de dos series de éxito: "Angelino Pastor", de Cayetano Luca de Tena e "Historias de Juan Español", sin olvidar sus excelentes interpretaciones cómicas en "625 líneas" junto a Jesús Puente, con el que protagonizó la serie "El español y los siete pecados capitales" (1980), con guión de Fernando Díaz Plaja. De su trabajo en cine cabe destacar películas como "Historias de la radio" (1955), de José Luis Sáenz de Heredia y "Sor Citroën" (1967), de Pedro Lazaga, sin olvidar que también intervino en la mítica "Tristana" (1970), de Buñuel. Menendez, que murió víctima del Alzheimer en 2003, es otro de los que hizo el papel protagonista de la obra maestra de Muñoz Seca "La venganza de Don Mendo".

Podría hablar d emuchos otros, como Venancio Muro, que también fue camarero del "Último Café" y murió prematuramente de cáncer, o Alfonso del Real, un tipo bajito y regordete que siempre andaba de broma, Erasmo Pascual, afortunado marido de Rafaela Aparicio, Paquito Cano, el entrañable y recordado "Locomotoro", Cassen -Casto Sendra-, otro catalán con salsa también desaparecido demasiado joven, Jesús Guzmán, el cartero de "Crónicas de un pueblo", una cara de chiste en toda la regla, e incluso, si entramos en el mundo de la revista, Juanito Navarro o Zori, Santos y Codeso. Estoy seguro de haberme dejado unos cuantos en el tintero, por eso espero que alguien aporte algún nombre que haya quedado injustamente omitido.


10 de febrero de 2010

"El poder y la gloria", Graham Greene



El otro día en el blog vecino del barullo se mencionó este libro que para muchos es la obra cumbre del gran novelista inglés; la verdad es que me dí cuenta que era un título que tenía en el olvido y su referencia sirvió para que reapareciera en mi memoria el recuerdo de una lectura excelente. Me lo había recomendado un experto profesor de literatura en el verano de 1979, si bien hasta la época de mi servicio militar, tiempo en el que intensifiqué mi costumbre lectora, allá por 1981 no me decidí a leerlo. Han pasado casi 30 años de esta lectura, pero conservo claro el recuerdo de que resultó ser un libro magnífico y, aún entre brumas, de que la lectura se fue haciendo cada vez más apasionante, algo que dice mucho de la calidad de una novela.

Las historias que como la que narra aquí Greene están ambientadas en Méjico tienen un algo especial; desde las novelas negras llamadas fronterizas de gente como Elroy hasta "El poder del perro", de Don Wislow, uno de los libros más vendidos en los últimos meses nos hablan de un ambiente, unos paisajes y unas gentes muy especiales. Si hablamos del Méjico revolucionario, la cosa aún es más significativa. "El poder y la gloria" cuenta la historia de un sacerdote católico que se esconde en el estado mexicano de Tabasco durante la década de 1930, un tiempo en que el gobierno mexicano se esforzaba en suprimir la Iglesia Católica en varias áreas del país, época que allí llamaban la de la "guerra cristera".

Greene describe el ambiente de calor, desierto y polvo, de chozas y miseria, y en medio un sacerdote que lucha por pasar la frontera a otro estado donde pueda sentirse más seguro. La figura del cura está muy conseguida, no es un ser perfecto, un sacerdote ejemplar: tiene una hija, le gusta el whisqui más de la cuenta y está aferrado a la vida, pero lejos de mostrarle como un paria, un degenerado, Greene se ocupa de mostrarnos que por encima de todo él sigue siendo un hombre de Dios. El autor nos enseña el interior de José, así se llama el cura, y allí a parece un hombre atormentado, una conciencia herida por remordimientos y ansiedad; Greene disecciona a este hombre arrepentido y errante, que se resiste a vivir con su pasado y que busca su absolución.

Este libro, escrito en 1940, fue polémico en su momento; la excesiva ortodoxia de los planteamientos de entonces, y posiblemente una lectura en exceso rígida de la novela llevó incluso, si no estoy mal informado, a algún intento de veto desde el Vaticano. Pero creo que Greene, uno de esos escritores conversos, nos plantea con acierto una historia real, nos muestra un personaje claramente pecador, pero lleno a la vez de valores y nos permite llegar a conclusiones positivas alejadas de maniqueísmos y edulcoraciones.

"El poder y la gloria" tuvo también su versión cinematográfica, titulada en este caso "El fugitivo" (1947) y dirigida nada más y nada menos que por John Ford, con Henry Fonda en el papel protagonista; en 1959, fue adaptada para la televisión británica con James Donald en el papel principal, mientras en 1961 destacó una versión para la televisión estadounidense con Laurence Olivier haciendo de cura José.













Un libro magnífico, de esos que permanecen al cabo del tiempo, que se pueden leer unas cuantas veces, que quedan para la historia. Dejo un par de enlaces que me parecen de interés.

http://www.criticadelibros.com/drama-y-elemento-humano/el-poder-y-la-gloria-graham-greene-2/

http://www.artegnos.com/abr2002/APUNTES.htm


9 de febrero de 2010

¿Nos tocará algún día?



Cuando dedicas algún tiempo la más reciente historia de nuestra civilización comienzas a comprender que esa vida cómoda y ajena a cualquier drama en la que hemos vivido los de mi generación desde el mismo día en que Dios nos ayudó a abrir los ojos al mundo puede tener fecha de caducidad. Si entras en detalles de los antecedentes, el desarrollo y las consecuencias de la 1ª Guerra Mundial -la "Gran Guerra" como la llamaron entonces-, o si profundizas en toda la acción devastadora de la 2ª Guerra, en la irracional locura del nazismo, el holocausto judío, los campos de concentración, los millones de muertos o las bombas de Hiroshima y Nagasaki, empieza a comprender que no sabe de la Misa la media, que nos hemos acostumbrados al "nunca pasa nada", que vivimos aferrados a una seguridad que no es real, en una prosperidad que tiene su parte de ficticia.

Tras concluir la última guerra los conflictos armados se han ido sucediendo a lo largo de los cinco continentes: Corea, Vietnam, Camboya, Irán, Irak, Afganistán, Sudán, Biafra, Nigeria, Somalia, ... sin olvidarnos del permanente enfrentamiento árabe-israelí, de la absurda guerra de las Malvinas, de los enfrentamientos secesionistas en varias de las antiguas repúblicas soviéticas o el drama también bélico que asoló los Balcanes en la última década del siglo: Bosnia, Croacia, Kosovo, ... Y mientras tanto, los occidentales que nacimos a partir de los años 50, con nuestro país incluido, hemos desconocido todo el sufrimiento derivado del enfrentamiento civil y el uso de las armas, tanto que hasta podemos pensar que son cosas que nos parecen desgracias de película o, en cualquier caso, problemas que les ocurren a otros. De vez en cuando sentimos el drama en forma de terrorismo (11 de septiembre de 2001, 11 de marzo de 2004, ...), pero no dejan de ser sucesos ocasionales.

Y en estos rincones del planeta tampoco hemos sido víctimas de las grandes catástrofes naturales, como el Tsunami del este de Asia, los terremotos de América Central o las grandes hambrunas africanas; también son noticias que nos impresionan y nos mueven a compasión, pero mientras tanto aquí ni notamos lo que es quedarse sin nada y sin nadie, perder de un plumazo tus expectativas y estar condenado a vivir entre ruinas y lamentaciones. Es cierto que no somos indiferentes al drama ajeno, que con frecuencia nos mostramos solidarios y generosos con los que sufren el azote de la tragedia, pero no nos planteamos que un día eso nos puede pasar a nosotros.

No están tan lejos el bombardeo de Dresde, los de Londres, el drama de la resistencia francesa, Mattahusen, Auschwitz, la noche de los cristales rotos, ... y al menos yo caigo en pensar en ocasiones si alguna vez seré testigo de horrores semejantes, si nuestro occidente en progreso -crisis económica aparte- vera interrumpido su camino con episodios que traigan la desolación y, sobre todo, si estamos preparados para ello. Cada uno, por supuesto, habremos tenido nuestros obstáculos en el camino de nuestra vida, la pobreza, la violencia, la muerte, ... siempre están presentes de alguna manera en nuestra historia, pero me temo que vivimos demasiado ajenos al hilo frágil y poco equilibrado que nos sostiene.


8 de febrero de 2010

La candidatura de la Bullock




Me ha alegrado la candidatura de Sandra Bullock para el Oscar a la mejor actriz; y la verdad es que no sabría decir si el porqué de esta satisfacción mía hay que encontrarlo en la convicción de que es una buena actriz o, sencillamente, en que la chica me cae bien. Y es que muchas veces la razón última de nuestras adhesiones, amen de causas más elevadas -que siempre hay- como la calidad, el interés o la profesionalidad, está en cuestiones tan sencillas como haber caído en gracia, tener un buen aspecto o el simple capricho. Y, ¡qué caramba!, tampoco hay que menospreciar este tipo de argumentos. Por todo ésto no niego que me alegraré si veo a la protagonista "The Blind Side" dirigirse por la alfombra roja a recoger la estatuilla y hacer y decir las "chorradillas" habituales en la situación.

Esta chica no había aparecido nunca en las listas de nominados al más preciado trofeo al que una actriz puede aspirar, y tras preguntar a mi amigo el experto, éste me ha asegurado que la causa de su ausencia hay que encontrarla en el hecho de que siempre había realizado comedias, género por lo visto poco propicio para obtener con él un Oscar. Puede ser que el arte de interpretar adquiera más mérito e importancia ejercitando el drama, aunque si uno se pone a recordar encuentra innumerables comedias en las que han destacado los mejores actores d e la historia: Spencer Tracy y Katherine Hepburn en "La costilla de Adán", Cary Grant en "Arsénico por compasión", Clark Gable en "Sucedió una noche", James Stewart en "Me enamoré de una bruja", ... y unas cuantas más. Claro, que es probable que lo que quisiera decir mi amigo es que ahora no se hacen comedias de la calidad de antaño.

Aunque la Bullock ya había intervenido en películas de cierta trascendencia como Secuestrada (1992), de Diane Shaver, en la que Jeff Bridges, otro candidato solvente al Oscar 2010, hacía un magnífico papel de psicópata y "Demolition man" (1993), el taquillero film de ciencia ficción de Lenina Huxley junto a dos habituales del género de aventuras como Sylvester Stallone y Wesley Snipes, mi primer recuerdo firme de ella es su papel de Annie Porter, la aguerrida pasajera que se tiene que hacer cargo de la conducción del autobus donde se desarrolla buena parte de la enorme acción de "Speed" (1994), la película de Jan de Bont que protagonizó junto al imperturbable Keanu Reeves y un Dennis Hopper que, como siempre, está enorme en su papel de malo-malísimo. Recuerdo que al estrenarse la película en alguna crítica se calificaba a Sandra Bullock como una de las más brillantes representantes de la nueva generación de actrices de Hóllywood. Salta a la vista que "Speed" no era más que un entretenido film de aventuras, pero, maestría de Hopper aparte, a mí me parece que Sandra tiene bastante que ver con el gran éxito de la cinta; me acuerdo que al personaje que representa alguien por radio la llamaba algo así como "gata salvaje", apelativo lleno de significado.

Además de las citadas recuerdo con especial agrado tres películas de Sandra Bullock, dos de la década de los 90 y una mucho más reciente. La primera de ellas, "Mientras dormías" (1995), de la que ya hablé en su día en un post que hablaba de "pelis pastelonas" y que es lo más aproximado que se puede encontrar hoy en día de esas viejas comedias que en su época se hacían acreedoras al Oscar; en esta película, que dirigía Jon Turteltaub y en la que le acompañaba como protagonista Bill Pullman, Bullock borda su papel de modesta y enamoradiza cajera del Metro. Del años posterior es "Tiempo de matar" (1996), la adaptación de una de las primeras novelas de Grisham, un libro que recuerdo devoré en poquísimos días y cuiya adaptación cinematográfica no tuvo excesivo éxito, aunque a mí me entretuvo mucho; la película, que es larguísima, fue dirigida por Joel Schumacher y el elenco de actores que compartían con ella el cartel era de lujo: Samuel J. Jackson, Matthew McConaughey y Kevin Spacey; en "Tiempo de matar" Bullock encarna a Ellen Roark , una joven y dinámica abogada que ayuda al protagonista en el juicio que centra la trama.

El tercer trabajo al que hacía referencia fue "Crash" (2005), que recibió el Oscar a la mejor película, además del relativo al mejor guión y al mejor montaje original. Me encantó esta película dirigida por Paul Haggis u protagonizada por Don Cheadle, Matt Dillon, Ryan Phillippe, Thandie Newton y Brendan Fraser, entre otros, y en la que Sandra desempeña un papel más bien secundario, encarnando con acierto a Jean, la neurótica esposa de Rick Cabot, un ambicioso fiscal del distrito ávido por ser reelegido y así seguir con su política altamente corrupta; Rick no puede ofrecer a su esposa el tipo de seguridad que ella desearía. "Crash" es un formidable muestrario de las complicaciones de la vida en Los Angeles, con las vidas entrecruzadas de diversas personas y con un mensaje que se lee entre líneas: nadie es del todo bueno ni del todo malo.

Sandra Bullock ha intervenido en muchos otros films, algunos de aventuras, como "La red" (1995), junto a Jéremy Northam o "Las fuerzas de la naturaleza" (1999), al lado de Ben Affleck, unas cuantas comedias: "Miss agente especial" (2001), compartiendo cartel con Michael Caine, "Amor con preaviso" (2002), junto a Hugh Grant y "La proposición" (2009)junto a Ryan Reynolds, e incluso dos con matices históricos, como "En el amor y en la guerra" (1996), dirigida por Sir Richard Attenborough, un drama ambientado en la I Guerra Mundial y basado en la vida del famoso escritor Ernest Hemingway, con Chris O'Donnell de "partenaire" y "Historia de un crimen" (2006), donde interpretó a Nelle Harper Lee la íntima amiga del escritor Truman Capote y en la que serelata el proceso de creación de "A sangre fría" por parte del escritor con un reparto estelar: Toby Jones, Daniel Craig, Sigourney Weaver, Gwyneth Paltrow, Isabella Rossellini, Jeff Daniels y Peter Bogdanovich.

Si uno bucea por la res se entera que Sandra Bullock en 2005 donó un millón de dólares a la Cruz Roja cuando un tsunami asoló la India, durante el 2009, participó en la campaña Candles for Rwanda y también fue homenajeada en Luisiana por donar un millón de dólares a las víctimas del Katrina, mientras recientementedonó un millón de dólares a Médicos sin fronteras para los afectados del terremoto en Haití. Siempre se podrá hablar de gestos de cara a la galería, y uno preferiría que su mano derecha no supiera lo que hace la izquierda, pero no por ello hay que dejar de reconocer que tiene mérito la cosa.