28 de noviembre de 2014

La Liga BBVA anda insoportable


Hacía años que no escuchaba "El larguero"; su hora tardía, cierta pérdida de "salsa" y me temo que la triste andadura del equipo de mis amores han conseguido que el programa desaparezca de mi lista de posibles entretenimientos; anoche regresaba con unos amigos de Zaragoza y poco antes de llegar a Huesca, comenzó a escucharse en la radio del coche el ya viejo sonsonete: "Tu afición es sentimiento, y tiene mucho alimento, ...ra ra ra ...". Me hizo gracia volver a oír a de la Morena, que sigue con su tono "coñón" y con ciertos aires de "Pepito Grillo", aunque me dio la impresión de que el montaje empieza a estar algo fuera de plazo.

El tema central de la noche tenía a Leo Messi como protagonista, según las fuentes del programa el astro argentino quiere irse del Barça y fichar por el Chelsea de Mourinho, y para justificar estos pretendidos deseos aportaban motivaciones variadas: la desconfianza de Messi hacia la nueva directiva azulgrana, la amistad de la mujer de éste con la de Cesc Fábregas, el hecho de que su ropa deportiva sea "Adidas", al igual que la del equipo londinense y alguna "chorradilla" más que ahora no recuerdo. Sin duda el asunto era de una profundidad notable, y es de agradecer que no se hablara de dinero, ya que imagino que Messi no andará muy quejoso de lo que gana, que el mozo no es precisamente un mileurista. 

Sinceramente, no sabría decir si es o no seria la supuesta voluntad del monstruo argentino de abandonar el club que le aupó al estrellato, ni siquiera me importa demasiado el tema. Pero no puedo evitar pensar que en la noticia hay más artificio que otra cosa. Lo que yo intuyo es un notorio afán de un sector muy localizado de la prensa de difundir noticias llamativas, así como de aprovechar las circunstancias para meter ruido, ponerse medallas, desestabilizar al rival, vender periódicos y ganar audiencia. Es posible que Messi pueda tener sus encrucijadas personales, pero ¡qué poco me creo estas serpientes invernales!.

Y lo mismo cabría decir de la tremenda ofensa que supuso el que Xavi Alonso considerara a Neuer como el mejor portero con el que ha trabajado, las cuitas de adolescente que en ocasiones le entran a Cristiano Ronaldo o los rumores de uno y otro tipo que con tanta frecuencia se escuchan en torno a personajes de especial idiosincrasia, como por ejemplo  Gerard Piqué o Sergio Ramos. Cada vez ando más convencido que se han cargado el fútbol de verdad, que ya queda poco de la vieja primera división, cuando disfrutábamos con Pirri, Migueli, Gárate, Violeta y los hermanos Rojo, y ahora nos queda una llamada Liga BBVA -¡manda carallo! que diría un jefe gallego que tuve hace bastantes años- que  no se si parece más una clase de adolescentes mal criados o un negocio lleno de cosas que ocultar.

26 de noviembre de 2014

El cromosoma de la cordialidad


En las relaciones con los demás suelo plantearme la cuestión que podríamos denominar como  la sinceridad de los afectos; crecí ingenuo y confiado por lo que tendía a pensar que cuando alguien te trata bien y sonríe cuando se topa contigo era porque interiormente sentía lo que mostraba por fuera, o cuando menos no me planteaba que en el fondo ni se alegrara de verme ni me valorara positivamente. Con los años descubrí que existían los intereses personales, las reservas mentales, el afán de quedar bien y hasta las tácticas más o menos interesadas. Ni hay que fiarse de las sonrisas "profiden" ni dar por sentado que todos te aceptan como eres.

No obstante, sigo pensando que sigue pululando por ahí gente buena, que se alegra sinceramente de verte, que te aprecia sin más valoración, sin considerar lo que te pueden sacar, ni si tu opinión coincide con la suya, ... que no se plantean en sus "entretelas" esa frase tan manida de "más vale llevarme bien con éste". Yo aseguraría que la cierta sabiduría que da la experiencia te dota de una especie de sexto sentido para averiguar quien te quiere de verdad, un conocimiento que desde luego dan los hechos, pero para el que tal vez baste con saber leer el brillo de los ojos, la claridad de la mirada o la autenticidad de la sonrisa. En cualquier caso, y sin tener duda de que toda persona tiene valores, que Dios me permita descubrir donde se encuentra el cariño verdadero.


25 de noviembre de 2014

Mi reino por una tricotosa


Tuve un amigo que refería con frecuencia una anécdota de los primeros años de la televisión, aquella de la pantalla  en blanco y negro, cuando el personal se conformaba con películas antiguas y espacios sencillos, uno se tragaba hasta los anuncios y toda España -¡qué remedio!-, veía a la vez el mismo programa. Al parecer en las sesiones vespertinas de sábados y domingos solían programar algún concurso infantil, y en una de estas ocasiones participó un niño que debía haber llegado al plató bien aleccionado de su casa, pues el chaval en cuanto le daban ocasión de hablar manifestaba su deseo de ser premiado con una tricotosa. Por lo visto su madre le había puesto en claro que lo que la familia necesitaba:  una de esas máquinas de tricotar que servían para tejer prendas tanto de invierno como de verano y que por lo visto eran el último adelanto de la época. 

Se trata sin duda de un sucedido intranscendente, trivial, casi ridículo, pero no deja de tener su moraleja, el recuerdo de aquellos tiempos en los que nos conformábamos con aspirar a un tricotosa ...años después vendría el "un, dos, tres, ...", con Chicho Ibáñez Serrador, Kiko Ledagrd y unas cuantas mozas bien parecidas, un concurso en el que la gran aspiración de quienes acudían allí era lograr quedarse con "el coche", ... un modesto utilitario que los cerebros del programa conseguían convertir en la panacea universal.

Hoy los tiempos han cambiado, y vete a saber si los padres del niño terminarían poniendo una demanda ante los tribunales por haber excluido de los premios las tricotosas, si los concursantes del "Un, dos, tres, ..." reclamarían que el coche fuera un deportivo de marca alemana bajo amenaza de "escrache" o si vete tu a saber que asociación de telespectadores rodearía el parlamento exigiendo una Ley que obligara a que en los concursos televisivos el concursante pudiera elegir el premio.

Eso sí, nunca averigüé si el chiquito consiguió la tricotosa.

24 de noviembre de 2014

Personajes con Porsche


Dios me libre de poner trabas a los deseos de cada cual, a los gustos y caprichos. Si alguien conduce un Porsche habrá que pensar que es porque puede permitírselo, aunque no sería la primera vez que te enteras que hay quien ha estado presumiendo de coche chulo y ha terminado sucediendo que era propiedad del banco ... y que el tipo no pagaba los plazos del crédito solicitado para financiarlo. De cualquier manera a quien disfrute al volante de uno de esos deportivos de la marca con sede en Stuttgart sólo le deseo que sea feliz en la conducción y comprensivo con el resto de conductores más modestos ... aunque no pueda evitar sospechar que tales gustos puedan rozar el elitismo o el gusto por aparentar.

En los últimos tiempos me he topado en varias ocasiones con individuos aparcando un  Porsche deportivo, de esos biplaza, aunque mi ignorancia en la materia no me permita especificar modelos y demás; posiblemente por casualidad, todos presentaban un aspecto y actitud similares: hombres de mediana edad, que salen del vehículo con aires de "aquí estoy yo", vestidos a la última, con pantalones estrechos, chaquetas último grito y zapatos puntiagudos,  en fin, gente triunfadora y amiga de la velocidad.

No cabe duda de que debe de tener su encanto alcanzar grandes velocidades, disfrutar de los últimos avances mecánicos y tecnológicos en cuestión de automóviles, gozar de embellecedores que lucen por dentro mientras conduces, a la vez que por fuera se exhibe una línea inconfundible capaz de provocar envidias y admiraciones. Pero que le vamos a hacer, a mí estos caprichos me parecen efímeros y disfruto más con cosas menos aparentes.

21 de noviembre de 2014

Adiós a la Duquesa


Ayer falleció Cayetana Fitz-James Stuart y parece que parte del país anda en conmoción; ni la entrada en prisión de Isabel Pantoja, ni la crisis catalana ni los casos de corrupción han podido eclipsar  la noticia del óbito de la Duquesa, que se ha convertido en portada de todo medio de comunicación que se precie. He de reconocer que no conozco demasiados sobre la vida de esta mujer que enviudó dos veces y se casó tres, que tuvo seis hijos, fue suegra de Fran Rivera, parece que hizo siempre lo que quiso y tuvo fama de juerguista. También es cierto que su enorme poder económico, sus grandes propiedades e imagino que más de un privilegio son temas que abren un necesario debate sobre la necesidad de redistribuir mejor la riqueza y  de buscar una sociedad más igualitaria y hasta sobre la oportunidad de tantos fastos funerarios a la vista de la coyuntura social y económica actual.

Ahora bien, en redes sociales, foros y comentarios digitales a la noticia han menudeado frases y epítetos -al menos así me ha parecido- que denotan que a lo mejor hemos perdido el sentido de la medida; es legítimo y razonable cuestionar la acumulación de bienes, tierras y dinero, plantear si se considera que alguien en concreto ha trabajado poco o nada en esta vida, pero llamar "tipeja" a una mujer que acaba de morir y de la que creo no se conoce delito alguno, hacer comentarios despectivos o insultantes no denotan una sabia opinión, sino sencillamente falta de respeto y educación, un estilo que me parece reprobable. 

La Duquesa ya habrá dado cuentas de su vida, dejemosla descansar en paz, respetemos su memoria y el dolor de los suyos, como debe hacerse ante la muerte de cualquier ciudadano, sea quien sea, y sigamos debatiendo como hacer una sociedad más justa y más solidaria, por supuesto, que lo cortés no quita lo valiente.

19 de noviembre de 2014

El Real Club de Polo y la butifarra blanca

Corría el verano de 1979 y me disponia a hacer un viaje junto a otros dos amigos. Uno de ellos era un barcelonés de arraigo y sus padres socios de Club de Polo, sin duda -y al menos en la época- un genuino centro de élite al que solamente tenían acceso quienes por sangre o bolsillo formaban parte de la flor y nata de la ciudad condal. El referido nos citó en el bar del Polo y allí acudimos mi amigo, originario de Reus, pero de familia más sencilla y sin tantas "pretensiones" y el menda, un pardillo que hacía un par de años había llegado de Zaragoza, aún no se había hecho a la idea del terreno que pisaba y no sabía distinguir demasiado entre los socios del polo y los "pijos" del Paseo de las Damas y alrededores de la capital maña. A la espera de que llegara quien podríamos llamar nuestro anfitrión, y siendo la hora de comer  optamos por tomar  un bocadillo que cubriera ese apetito que suele andar tan vivo a esas horas y cuando se tienen escasamente 20 años. Allí nos atendió un camarero a quien no recuerdo excesivamente mayor y me pareció no podía evitar mostrar ciertos aires de estar empleado en  sede de lujo. Preguntó qué deseaba y este pidió un bocadillo de butifarra blanca, ante lo cual, y con la misma expresión que si le hubiera pedido un bocata de oreja de elefante, pepinillos en almíbar o sardinas con nata, respondió que "de eso no tenían", y mientras nos pensábamos qué podíamos solicitar sin volver a quedar "en evidencia", el hombre siseaba por lo bajinis : " ... butifarra blanca, ja¡¡¡". Mi amigo era -y sigue siendo- persona sencilla y descomplicada, e intuyo que ni se dio cuenta del fondo de la situación, pero yo, que desde pequeñito he tendido a ser suspicaz y algo retorcido, comprendí a la primera que rozaba el "anatema" pedir butifarras en el Club de Polo.

Al cabo de 35 años, al rememorar esta vulgar e intrascendente anécdota me vienen a la cabeza diversas ideas "encontradas". La primera, que hay que ser más bien ingenuo para pretender que en un lugar tan ilustre te ofrezcan bocadillos de butifarra, ... aunque estoy seguro de que con el tiempo ha habido más "manga ancha" y menos "prejuicios". Por otra parte, rechazo rápidamente cualquier complejo, y con las conchas que dan las canas tiendo más a pensar que si en el Polo no tienen este tipo de productos, ellos se lo pierden y que no deja de ser una lástima -¡y un error!- privarse de bocados sabrosos y momentos gratos por convencionalismos ridículos y trasnochados. Por otra parte, tomar butifarra, blanca o negra, en Barcelona no deja de ser un modo de "fer país", que tampoco es cosa banal, además de que con tanto arraigo de la comida de diseño y de los "experimentos" gastronómicos parecería incorrecto excluir a estos sabrosísimos productos del cerdo.

Con el paso de los años terminas escogiendo la butifarra, el queso manchego o el jamón de bellota aunque para ello debas renunciar a las lentejuelas del Club de Polo.





17 de noviembre de 2014

Faenas de aliño


En el mundo taurino se dice que un diestro realiza una faena de aliño cuando se limita a dar unos pocos muletazos al toro y entra a matar a la primera ocasión. La inutilidad del bicho, el que éste haya sufrido algún tipo de accidente en los tercios anteriores, el propio miedo del matador o esa especie de superstición que en ocasiones entra a los toreros cuando piensan, no sabría decir si con fundamento, que el "morlaco" les ha mirado mal. Toreros famosos como Curro Romero o Rafael de Paula han sido célebres, entre otras cosas, no sólo por su tendencia a dar cuatro pases mal contados y quitarse de encima al toro, sino por más de una que otra espantada en toda la regla. En épocas anteriores el  mítico Rafael "El Gallo" o "Cagancho" fueron también famosos por reiterar alguna de esas "escapadas".

En la vida también nos surge con frecuencia la tentación de hacer faena de aliño; en ocasiones nos acomodamos y no queremos complicarnos la vida, en otras ocasiones lo que nos falta es decisión y fortaleza y no son pocas las veces en la que simplemente nos entra esa pereza "cósmica" que nos provoca un deseo irrefrenable de no hacer lo que nos corresponde, o en todo caso de hacerlo a toda prisa, con afán de acabar cuanto antes algo que nos agobia. Y en la vida profesional, en la vida familiar, en la vida social no parece que sean tiempos como para hacer faenas de aliño ... o dicho de otra manera, no se si entre todos llevamos demasiados años dale que te pego a ese recurso de escurrir el bulto.