30 de mayo de 2013

Espaldarazo al fútbol

 
La noche del pasado sábado vimos un partido de fútbol; ¡vaya novedad!, dirán algunos, pero es que dio gusto contemplar a 22 jugadores entregados en busca de la victoria, corriendo de principio a fin, llegando al límite, jugando bien, sabiendo todos y cada uno lo que tenían que hacer. Nada que ver con el fútbol especulativo al que nos tienen acostumbrados por estos andurriales, sin figuritas de porcelana quejándose a todas horas, sin personajes fingiendo lesiones, sin chulerías gratuitas, sin obsesos de la mejora de contratos ni "pijaitos" más pendientes de qué nuevo deportivo comprar o de cual es la marca de colonia más actual... una fiesta del fútbol que nos hizo disfrutar y confirmar que la nuestra no es, ni de lejos, la mejor liga del mundo. Al final se llevó el gato al agua el Bayern de Múnich, pero perfectamente el resultado hubiera podido ser el inverso ... dio lo mismo, el vencedor fue el fútbol de verdad.

Disfruté viendo jugar a dos porteros de primera fila, dos gatos que pararon balones increibles; dar lo máximo a jugadores que hace tiempo que lo son todo en el fútbol, como Lahn, Schweinsteiger, Ribery, Hummels, ... y sobre todo a Robben, un jugador excepcional, de esos que el Madrid convierte en futbolistas de "usar y tirar" porque da la impresión de buscar más la portada, el capricho y la venta de camisetas, un hombre que lleva años luchando sin suerte y que, tras desperdiciar varias ocasiones "de libro", terminó dando la victoria a su equipo con un gol magistral, de los de sangre fría, habilidad y clase. Y también disfruté con esos jugadores como Lewandoski, Reus, Alaba o Gundogan que están llamados a ser las estrellas de la década.

Los "futboleros" somos así, sufrimos por nuestro equipo, nos amargamos con derrotas, descensos y crisis institucionales, y olvidamos que viendo las cosas con otra perspectiva siempre nos quedan ocasiones para disfrutar con el fútbol sin más, sin adjetivos que lo ensucian y descafeinan.

29 de mayo de 2013

¡Maldito freno de mano!


Vete a saber por qué extraña razón ayer por la tarde me dio por preguntarme dónde están los límites entre el deseo de ser mejor y la aceptación de la propia manera de ser; la pregunta me pareció a priori complicada, ya que a primera vista cabe encontrar cierta incompatibilidad entre las ganas de mejorar y una postura que muchos llamarían conformista aunque, si uno se pone a pensar con más calma, puede llegar a la conclusión de que la clave está en no confundir las cosas: posiblemente se trata de mantener diariamente el esfuerzo por limar defectos, mejorar poco a poco, a la vez que uno asume que en el camino de esta vida le toca desempeñar un papel que no tiene que ser necesariamente idéntico al del vecino, vamos que que para hacer lo que debes, cumplir lo que estas obligado a cumplir, se cuenta con tus propias características, o dicho con otras palabras, que es bueno aceptarse como se es y asumir que debes de arar con el carácter, los talentos y las limitaciones que Dios te ha dado. En ocasiones uno escucha a personas que, generalmente llenas de buena intención, no se sabe si buscan convertirte en un clon de una perfección que no se sabe si existe -o sí se sabe- o, peor aún, si lo que intentan es convertir en criterio ineludible de funcionamiento lo que no son más que ideas propias o convicciones personales. Lo malo es que los que tendemos a la inseguridad corremos el peligro de achicarnos ante la firmeza de esos aspirantes a liderar al resto del mundo y podemos terminar circulando con el freno de mano puesto, vacilantes entre lo poco que nos convencen los argumentos del otro y el miedo a incurrir en errores que frecuentemente sólo lo son en las previsiones de quien los anatematiza.

Para recuperar la confianza me han venido bien las recientes palabras del Papa Francisco, quien en la misa celebrada el pasado 23 de mayo en la Casa Santa Marta, ha señalado que "la originalidad cristiana "no es una uniformidad" y ha advertido contra el riesgo de convertirse en insípidos, como "cristianos de museo". El Papa Bergoglio le dio vueltas a la célebre frase de Jesucristo cuando decía que los cristianos han de ser la sal de la tierra y concluía diciendo que "cuando predicamos la fe, con esta sal", los que "reciben el anuncio, lo reciben a su manera, como para las comidas". Y así, "cada uno, con sus propias peculiaridades, recibe la sal y esta se vuelve mejor". El Papa concretaba que "¡La originalidad cristiana no es una uniformidad! Toma a cada uno como es, con su propia personalidad, con sus propias características, con su cultura y lo mantiene así, porque es una riqueza. Pero le da algo más: ¡le da el sabor! Esta originalidad cristiana es hermosa. Pero cuando queremos crear una uniformidad --en que todos son salados de la misma manera--, las cosas serán como cuando una mujer arroja sal en exceso y se siente solo el sabor de la sal y no el sabor de esa sabrosa comida salada. La originalidad cristiana es esto: cada uno es como es, con los dones que el Señor le ha dado".. Ya se que la cita es larga, pero yo le agradezco a este pontífice argentino, simpático, cercano, bondadoso y poco dado a los circunloquios que nos ofrezca luces y nos plantee la vida, adornada con la exigencia de un compromiso cristiano, desde la perspectiva de la libertad, la aceptación de uno mismo y la visión de un Dios que no se enfrenta con el hombre sino que lo apoya.

En el fondo uno piensa que Jesucristo, que era Dios y por lo tanto conocedor de las complicadas interioridades humanas, decidió simplificar los mandamientos recibidos en su día por Moisés cuando tuvo que aguantar las "peculiariedades" de los judíos en el desierto camino de la tierra prometida, resumiendo todos en uno: "Amaros los unos a los otros como yo os he amado", y ahí debe estar el límite, en querer, en comprender, en hacer el bien, ... luego cada cual podrá ser más echado para adelante o menos, más inquieto por unos temas o por otros, andar lleno de proyectos o tendente a la nostalgia, del Madrid, de la Juve o del Bayern, ... ¿qué más da? ... levantemos de una vez el freno de mano.

28 de mayo de 2013

Adios al teniente de SWAT

El sábado 18 de mayo falleció en Thousand Oaks (California) el actor norteamericano Steve Forrest; tenía 87 años y su nombre no llamaría en exceso la atención si no fuera por su papel protagonista en "Los hombres de Harrelson", una de esas series de televisión de gran aceptación popular y que terminan siendo míticas. Harrelson y sus hombres se convirtieron en alguien más de la casa como años antes lo habían hecho personajes como "El Santo", "Ironside", "Kojac" o "Marcus Welby", que no son más que los cuatro primeros ejemplos que me vienen a la cabeza. "Los hombres de Harrelson" -"S.W.A.T.", en su título original- constó de 37 capítulos que se filmaron entre 1975 y 1976, y en nuestro país fue una de esas series que "pilló" a los televidentes desde el principio; sin ninguna duda, los niños de la época jugaron con sus hermanos, primos y amigos a imitar a estos héroes de ficción que siempre luchaban por restablecer el camino del bien y salvar a los "buenos" de los "malos". Y es que en esos tiempos todavía teníamos claro quienes eran los buenos, tal vez porque éramos unos ingenuos, aunque prefiero esta mentalidad que la perversión de etiquetar a todo defensor de la ley como una especie de "monstruito" amante de la violencia y la corrupción, algo que aprovecho la circunstancia para decir que me parece muy injusto. "S.W.A.T." significa "Special Weapons and Tactics", y se trata de un equipo o unidad de élite incorporado en varias fuerzas de seguridad; sus miembros están entrenados para llevar a cabo operaciones de alto riesgo que quedan fuera de las capacidades de los oficiales regulares, como es el caso del rescate de rehenes, la lucha contra el terrorismo y determinadas operaciones contra delincuentes fuertemente armados. Recuerdo que cada episodio era seguido con una atención máxima, que a pesar e que uno ya sabía que al final todo saldría bien, no se dejaba de sufrir por un desenlace que aunque no dudabas iba a ser féliz lo interiorizabas incierto.

Forrest representaba al Teniente Dan 'Hondo' Harrelson, el jefe de la unidad, un individuo que, además de su aspecto de galán, ofrecía una sensación de persona segura de sí misma y con capacidad de liderazgo; su segundo de a bordo era el Oficial Jim Street, interpretado por Robert Urich, un actor de cierto calado, protagonista de distintas series televisivas y que falleció prematuramente a consecuencia de un cáncer. Otro personaje era el Sargento Deacon, interpretado por Rod Perry; Deacon era el típico policía valiente al que le tocaban las intervenciones más directas, era de color, pues en toda serie de la época tenía que haber siempre un negrito simpático y leal. Mark Shera representaba al Oficial Luca, típico agente de origen italiano, bastante "guaperas" y cuya especialidad eran las cuestiones tecnológicas, mientras que el quinto componente del grupo era el Oficial T.J. McCabe, encarnado por James Coleman y que hizo célebre la frase de Harrelson: "T:J: al tejado", lugar donde siempre acababa el rubio policía.

El currículum de Steve Forrest va más allá de "S.W.A.T.", y así en las décadas de los 50 y los 60 aparecie en algunas películas acompañando a actores de nivel: "Hombres de infantería" (1953), de Richard Brooks, junto a Richard Widmark y Karl Malden, "Campo de batalla" (1953), de Richard Brooks, junto a Humphrey Bogart"Trigo y esmeralda" (1953), de Robert Wise, junto a Jane Wyman y Sterling Hayden, "El fantasma de la calle Morgue" (1954), de Roy del Ruth, junto a Karl Malden, "Prisionero de su traición" (1954), de Roy Rowland, junto a Robert Taylor y Janet Leigh, "Bedevilled" (1955), de Mitchell Leisen, compartiendo cartel con Anne Baxter, "El ídolo viviente" (1957), de Rene Cardona, "La indómita y el millonario" (1959), de Richard Quine, con Jack lemon y Doris Day, "El pistolero de Cheyenne" (1959), de Georges Cukor, con Sofía Loren y Anthony Quinn, "Estrella de fuego" (1960), de Don siegel, junto a Elvis Presley, "Cinco mujeres marcadas" (1960), de Martin Ritt, junto a Jeanne Moreau, Vera Miles y Silvana Mangano, "Sola ante el peligro" (1961), de Vincent Sherman, junto a Debbie Reynolds, "El canario amarillo" (1963), de Buzz Kulik y "Los viajeros del tiempo" (1964), de Ib Melchior, junto a Preston Foster. a partir de allí su presencia es habitual en la tele, siendo invitado especial en series de éxito como "Bonanza", "Alfred Hitchcock Presenta", "El Virginiano", "El Fugitivo", y "El gran Chaparral". Tras "S.W.A.T." también tuvo éxito con "The Hatfields and the McCoys", con Jack Palance de co-protagonista y "Capitán América" (TV). Posteriormente intervino en films como "North Dallas Forty" (1979), de Ted Kotcheff y protagonizada por Nick Nolte, "Queridísima mamá" (1981), de Frank Perry, junto a Faye Dunaway, "Espías como nosotros" (1985), de John Landis y "El corredor de la muerte" (1996), de Tim Metcalfe.

De cualquier manera, sin duda Steve Forrest siempre quedará como el Teniente Harrelson de "S.W.A.T.". Descanse en paz.

27 de mayo de 2013

Barbarie islamista en Londres

 
El asesinato el pasado miércoles en Woolwich, localidad ubicada en el sur de Londres, de un soldado a manos de un fanático islamista fue algo sin duda estremecedor; la forma en que se realizó el crimen y el vídeo que autor y cómplices tuvieron la frialdad y el cinismo de grabar sobre la marcha dan al suceso un toque verdaderamente dramático. Eso sí, tal vez corramos el peligro de no dar a los hechos la importancia que tienen; una visión ligera de lo ocurrido podría llevar a pensar que estamos ante un hecho aislado, ante una barbaridad cometida por un par de locos cegados por la sinrazón, como si el único terrorismo susceptible de ser calificado como tal fuera el que se despliega con grandes medios, a través de coches bomba, tiroteos indiscriminados o aviones suicidas. El Gobierno inglés se ha tomado muy en serio lo ocurrido y me parece que hace muy bien; afortunadamente no estamos hablando de unos cuantos muertos y decenas o incluso centenares de heridos, pero la agresión cometida reviste unos caracteres que mueven a la preocupación: los autores declararon que "iniciaban una guerra en Londrés" y "nunca iba a dejar de combatirnos", mientras se habla de ataques a mezquitas y tensión en las comunidades musulmanas.

En la prensa leí el viernes que en Londres ha aumentado en un 67% la población musulmana, a la par que ha descendido en un 13% la cristiana; en estos momentos ya no cabe hablar tanto del peligro de los grandes grupos terroristas, sino de la preocupante posibilidad de un auténtico estallido social. Las autoridades británicas, con David Cameron a la cabeza, tienen ante sí el reto de poner los medios para evitar que ésto vaya a más: sería muy grave -y muy triste- que se produjera el doble fenómeno de generalizarse agresiones como la ocurrida en Woolwich, de que se convirtiera en frecuente lo que hasta ahora es un hecho aislado, a la vez que hubiera quien cayera en el error de tomarse la justicia por su mano. Tengo muy claro que el mundo islámico hay un buen número de gente de bien, de ciudadanos cuyos ideales, preocupaciones e inquietudes son tan saludables y dignos de respeto como los nuestros, pero otra parte , no pequeña, se ha convertido en un problema y gordo.

Un drama como el comentado vuelve a ponerme en la cabeza una idea que martillea mis pensamientos cada vez más veces y con más intensidad, el hecho de que vivimos en una Europa decadente, sin principios ni fundamentos morales sólidos, a lo que ahora cabe añadir una economía hundida en el barro: un conjunto de circunstancias que nos hace frágiles, incapaces de reaccionar con firmeza y nos convierte en blanco de sucesos trágicos que huele a que serán cada vez más dolorosos y cada vez más numerosos.
 
 

25 de mayo de 2013

¿Qué pasa en Estocolmo?

 
Nuevos disturbios en Estocolmo por cuarta noche consecutiva

La ola de revueltas comenzó cuando un inmigrante con problemas psíquicos murió por disparos de la policía

"La periferia de Estocolmo fue escenario la pasada noche de nuevos disturbios, por cuarta noche consecutiva, informaron medios locales suecos. De acuerdo con esas fuentes, los alborotos se concentraron en varios suburbios al sur de la capital, mientras que también hubo algunos incidentes aislados en barrios apartados del propio Estocolmo.
 
Al menos un policía resultó herido, al lanzar grupos de jóvenes piedras contra el contingente antidisturbios, cuanto éstos trataban de impedir que se incendiaran contenedores de basura.

En la ciudad sueca de Malmö se produjeron asimismo algunos incidentes y hasta tres automóviles fueron incendiados en un barrio periférico.
Se trata de la cuarta noche consecutiva con incidentes de estas características, lo que supone la mayor oleada "

Siempre había oido decir que la sueca era una sociedad ejemplar; nadie parecía dudar que allí imperaba el "Estado del bienestar" y la sociedad era justa, avanzada e igualitaria. Quienes nos aficionamos, en mi caso hace más de doce años, a los libros de Mankell descubrimos que no era oro todo lo que relucía, y en la trastienda de ese lugar que nos mostraban socialmente paradisíaco se escondían viejos demonios, algo que, bien pensado, no debería extrañarnos si caemos en la cuenta de que mucho de lo edificado se hizo desde el materialismo más frío y demoledor. Cuando no hay principios, valores que suponen el cimiento y el armazón social, o cuando éstos son difusos e inconcretos, el mero progreso material es fácil que tenga un límite y que terminen aflorando las limitaciones de una estructura social en la que se ha prescindido, por ejemplo, de Dios.

Los disturbios se están desarrollando en la periferia de Estocolmo, en suburbios del sur de la capital de Suecia y por mucho que la chispa quen hizo arder todo fue la muerte violenta de un hombre por parte de la Policía, muchos analistas llaman la atención de que estos sucesos ocurran en unos barrios que tienen en común la alta concentración de población de origen inmigrante y los problemas económicos que se han agudizado con la crisis de los últimos años. Esta situación trae al debate dos problemas que se superponen: el peligro de los conflictos relacionados con los inmigrantes, algo que conlleva tanto el riesgo del racismo y la xenofobia como el de la creación de ghettos que fomenten la agresividad de sus miembros y el que haya cada vez más personas, de fuera y de dentro, que sobrepasen los umbrales de la pobreza y se sumen a la tentación de convertir su descontento en violencia.

Lo ocurrido en la capital sueca quedará probablemente en el recuerdo de unos días conflictivos con consecuencias dañinas, pero mal haríamos en no darnos por enterados, en no escarmentar en cabeza ajena y en considerar que todo anda medianamente bien y estos incidentes son tormentas de verano. A mí me preocupan, y mucho, tres cosas: la realidad de una sociedad que no es justa, la intuición de que tras estas protestas que pueden tener su buena parte de justificación hay quienes mueven los hilos y buscan reacciones que no sospecho vayan a ser para bien y esa ceguera que dan la impresión de tener los gobernantes de nuestro continente, quienes parecen vivir en una burbuja que mira, a través de un espejo que desfigura, una Europa idílica cuando en realidad cabría calificarla como decadente y frágil.

23 de mayo de 2013

Falleció Moustaki



Georges Moustaki falleció esta mañana en Niza a la edad de 79 años a consecuencia de la enfermedad pulmonar que hace cuatro le obligó a retirarse del mundo de la canción. Moustaki había nacido en Alejandría y su verdadero nombre era el de Giuseppe Mustacchi; el cantante asumió el nombre de Georges en honor de George Brassens, un hombre al que siempre consideró su maestro. Si tenemos en cuenta que Moustaki trabajó mucho tiempo con Edith Piaff podremos llegar a la conclusión de que el cantante fallecido se inspiró en lo mejor de la música francesa de la segunda mitad del siglo pasado. Recuerdo que la primera vez que tuve conocimiento de este artista fue en una gala internacional retransmitida en directo por TVE allá por finales de los años 60; yo estaba acostumbrado a los programas nacionales en los que aparecían Raphael, Karina, Los Brincos, ... y quienes actuaban allí no me sonaban de nada; como grandes atracciones finales aparecieron un señor muy feo de pelo y barbas enormes y una cantante de color bastante gruesa y con una voz espectacular; no recuerdo quien era ésta, pero a partir de entonces el nombre de Georges Moustaki no se borró de mi mente y con los años se convirtió en una de las voces que más me han gustado, en un personaje cuyas canciones me pongo a escuchar cuando necesito relajarme. Dicen que el inglés es la lengua de la música moderna, algo que no dudo, pero tengo bien claro que el francés es la de las canciones románticas y hermosas, algo en lo que Moustaki era verdaderamente un primer espada.

Moustaki siempre hizo honor a su aspecto bohemio y libertario; en 1951, con 17 años, se instaló en París posiblemente la ciudad más adecuada para alguien como él al que le gustaba la vida ausente de reglas y protocolos y que tenía verdadera devoción por la canción francesa. Al principio Moustaki fue más compositor que intérprete; tras beber de la fuente inagotable de Brassens, tuvo un idilio con Edith Piaff, para quien compuso bastantes temas, entre los que destaca su éxito "Milord", sin olvidar "Eden blues", "Les orgues de barbarie" o "Le gitan et la fille". La relación con la Piaff no fue exclusivamente musical, sino que ambos fueron amantes, con toda la complejidad que supone si pensamos en la especial personalidad de la cantante. Posteriormente compuso para Yves Montand, Barbara, y, especialmente, para Serge Reggiani; de esta época son algunos de sus grandes éxitos: "Sarah", "Ma Solitude", "Il est trop tard", "Ma Liberté" y "La Dame brune" que interpretó a dúo con Barbara. Hasta 1968 Moustaki vivió fundamentalmente de los derechos de autor.

En 1969 comienza una nueva época en la vida profesional de Georges Moustaki, pues fue el año en el que se lanzó definitivamente a la interpretación con una canción que es todo un himno: "Le meteque", un tema precioso, una canción inmortal que nadie puede cansarse de escuchar; se rata de un tema que nace impulsado por la filosofía surgida del mayo francés. Se trata de una canción de amor y tiene algo de autorretrato “sentimental”. recojo una explicación extraída de otro blog -"Corazón de canción"-: "La música está inspirada en los ritmos tradicionales griegos, empezando con un buzuki al que se le unen guitarras y un aro pandereta como percusión, manteniendo todos un tono sosegado que permite que la voz del cantante se despliegue con su fraseado claro. La letra es una historia en dos partes, la primera nos describe lo que ha sido su pasado, del que ni reniega ni tampoco alardea, con sus buenos momentos de placer y los malos de sufrimiento, y que demuestra que conoce lo que es la vida. Y en la segunda se lanza a declararle su amor a la que está escuchando, a la que le promete una pasión sin final en la que el interpretará el papel que ella desee.". Moustaki tiene otras composiciones preciosas: "Il y avait un jardín", "Méditerranéen", "Joseph", "Marche De Sacco Et Vanzetti", "Grand-père", "Natalia", "L'Homme Au Coeur Blesse", ... odo un elenco para disfrutar durante mucho rato.

Moustaki llegó a componer 19 álbumes. Siempre mantuvo un ideario de izquierdas y en las últimas elecciones presidenciales francesas, no dudó en apoyar la candidatura de Philippe Poutou, el líder del partido de extrema izquierda "Nuevo Partido Anticapitalista", aunque más que ideología, Moustaki afirmaba que lo que tenía eran "pulsiones y utopías", y -era un hombre inteligente- un bagaje cosmopolita que le hacía sentir alergia por cualquier forma de nacionalismo. Su patria en casi los últimos cuarenta años abarcaba unos contornos menudos, los de la Isla de Saint Louis, enclavada en mitad del Sena a su paso por París. Ahora Georges Moustaki ha pasado a la historia. descanse en paz.






22 de mayo de 2013

El blog cumple cinco años algo seco de ideas

 
El pasado 15 de mayo, día de San Isidro, este "Cajón de Sastre" cumplió cinco años; se trata una edad que a las personas les mantiene la condición de niños, pero que en el mundo de la blogosfera significa sin duda una cierta madurez. Son cinco años desde que me diera por devolverle la vida al jurisconsulto Modestino, uno de los cinco grandes del Derecho Romano, por mucho que fuera el menos conocido, aquél que menos sentencias y aforismos dejó en herencia a los juristas modernos. Empecé esta bitácora casi a modo de prueba, como un ensayo, y a la hora de la verdad acabó convirtiéndose en una necesidad: muchas veces he dicho que el blog era para mí, fundamentalmente, una terapia, una forma de oxigenar mi espíritu, de descansar, de decir cosas que a lo mejor solamente me atrevo a hacer poniéndolas en boca de un "ente" inventado. Un breve repaso a las más de 1600 entradas que desde entonces han aparecido en este rincón acredita que ha habido evolución; no estaría de más que algún sociólogo, psicólogo o similar se diera una vuelta por aquí e hiciera un diagnóstico certero de la evolución del autor, alguien que ha cumplido el medio siglo en el camino, una circunstancia que el muy neurótico teme que le pese cada vez más.

Por aquí ha pasado gente variopinta, alguno permanece, otros se dejan querer y algún otro desapareció con la misma discreción con la que llegó. Me gustaría agradecer su colaboración, paciencia y cariño a todos y cada uno de los que han hecho comentarios, a quienes se han convertido en parte del contenido del blog, y, por supuesto, también a los lectores anónimos, aquéllos que con mayor o menor frecuencia se pasan por aquí a ver lo que dice este "personaje" de la blogosfera. Espero no haber molestado a nadie, y en cualquier caso pido disculpas si alguna vez he sido vehemente, críptico o inoportuno. En los últimos tiempos hay menos visitas, imagino que la razón es que todo termina cansando, a lo que cabe añadir que Modestino anda últimamente menos ocurrente, más lento de ideas, ... sin olvidar que andamos en tiempos revueltos y tal vez sean los años los que me hacen más prudente y me tapan la boca para según qué consideraciones.

Gracias a todos; seguiremos por aquí, aunque cada día pulula más por mi cabeza la idea de prodigarme menos, de tomarme respiros, de dar menos la tabarra.