8 de mayo de 2012

El infierno del Real Zaragoza en Moenchengladbach




Corría el mes de noviembre de 1974 y el Real Zaragoza se encontraba en pleno esplendor de la época de los "Zaraguayos"; tras una temporada en la que la llegada de Nino Arrúa y Lobo Diarte, junto a la calidad y coraje de jugadores que ya estaban en la nómina del club como Violeta, Rico, Planas, García Castany o el meta Nieves, había llevado al equipo del león a la tercera plaza de la Liga, algo que no se recordaba por La Romareda desde los "Magníficos", el equipo lucía por los lugares altos de la tabla y en su vuelta a Europa se había desecho con contundencia y brillantez en las primeras eliminatorias de la Copa de la UEFA de modestos equipos europeos como el Vitoria de Setúbal y el Grassophers suizo. Para la tercera ronda el sorteo fue mucho más exigente y al equipo maño le tocó el hueso más duro de roer, los alemanes del Borussia Moenchengladbach, equipo titular de una ciudad del estado federal de Renania, en el Norte de Westfalia, con unos 200.000 habitantes y que por aquella época se había convertido en uno de los grandes del fútbol alemán. Como el Zaragoza vivía un momento dulce, entre la afición nos hicimos ilusiones de dar la campanada y conseguir pasar la eliminatoria frente a los alemanes: a la hora de la verdad el sueño se convirtió en pesadilla y los blanquillos recibieron uno de los mayores varapalos que le recuerdo.

El gran artífice del Borussia más brillante de la historia fue Hennes Weisweiler, un mister enérgico, trabajador y estudioso -aparece en la foto junto al meta Kieft y el extremo Jupp Heyckens- que supo descubrir valores en la cantera del club y convertir jugadores que nadie conocía, como los atacantes daneses Jensen y Simonssen y el interior de origen polaco Kulik, en primeras figuras. Al finalizar la temporada Werisweiler se iría al Barça, donde quiso meter en cintura a Johan Cruyff y acabó cesado antes de tiempo. En el Borussia militaban cuatro jugadores que habían sido campeones del Mundo ese mismo año con Alemania: el lateral derecho Berti Vogts, un "bajito" que había aburrido a Cruyff en la Final del Mundial, los centrocampistas Wimmer y Bonhof, quien con los años ficharía por el Valencia y el extremo izquierdo Jupp Heyckens, que entrenó al Real Madrid y al Athletic y ahora reverdece laureles en el Bayern de Munich. Como puntas de lanza figuraban dos daneses que también acabarían en el fútbol español: Allan Simonssen, un jugador bajísimo y con planta muy poco deportiva que era un fenómeno y jugó muchos años en el Barça y Henning Jensen, un ariete rápido y hábil que en 1976 engrosó las filas del Real Madrid. En el centro del campo destacaban también dos jugadores jóvenes y prometedores: Uli Stielike, un auténtico "panzer" que sería muchos años santo y seña del Madrid y Christian Kulik, un fino interior zurdo que no acabó de cuajar como la figura que prometía. Los defensas Wittkamp, Surau y Klinkhammer y los medios Danner, Koppel y Schaffer eran otros habituales del equipo teutón.

El encuentro se celebró un miércoles 27 de noviembre en el "Stadion Bökelberg" de Moenchengladbach; hacía un tiempo infernal, con una lluvia torrencial, un campo encharcado y un frío casi polar. Luis Cid Carriega, mister del Zaragoza sacó a su once de gala, pero Arrúa, Diarte, García Castany y compañía parecieron congelarse en el césped y en los primeros 45 minutos los alemanes barrieron literalmente a los blanquillos, llegándose al descanso con un humillante 4-0: Simonssen en dos ocasiones, Heyckens y Bonhof lograron los goles que echaron brutalmente por los suelos las esperanzas que teníamos los seguidores zaragocistas, unas esperanzas que se demostró no estaban justificadas. En la segunda parte el Borussia bajó el ritmo y el Zaragoza bastante hizo con sostenerse de pie y aguantar 45 minutos con las piernas paralizadas y el ánimo deprimido, aún así Heyckens hizo su segundo gol y cerró una "manita" que terminó con las ilusiones europeas del Zaragoza para esa temporada. Juan Luis Irazusta, que ocupaba en esa ocasión la portería maña, cuenta que se dirigió varias veces al banquillo aragonés con las dos palmas de las manos abiertas, queriendo indicar que había que marcar al número 10 del Borussia, que estaba haciendo lo que quería, entendiendo el mister gallego que solicitaba unos guantes ... una anécdota que demuestra hasta que punto había cundido la sorpresa y el desánimo en las huestes zaragozanas, que en esa ocasión no emularon, ni de lejos, a Agustina de Aragón.

Desde la llegada a Zaragoza, en octubre de 1973, del paraguayo Nino Arrúa, el Zaragoza había mantenido una racha de triunfos que nos había acostumbrado a sus aficionados a una época de "vino y rosas", la debacle en Moenchengladbach fue por eso aún más dura, ya que suponía sufrir un descalabro cuando todo iba sobre ruedas; me parece que en aquella ocasión pecamos de ingenuos, pues por muy bien que jugara el Zaragoza de entonces no hay más que ver la alineación alemana para darse cuenta de la enorme diferencia entre un equipo y otro. No obstante, ese año el Zaragoza mantuvo una buena trayectoria en la Liga y consiguió por única vez en su historia el subcampeonato. El Borussia siguió creciendo, el año 1976 ganó la Liga alemana y al año siguiente llegó a la Final de la Copa de Europa, que perdió por 3-1 frente al Liverpool de Keegan. Con los años su importancia en el fútbol alemán ha disminuido, e incluso ha descendido en dos ocasiones a 2ª División, drama que comparte con el Zaragoza. Ahora los de Moenchengladbach vuelven a asomar por la parte alta de la Bundesliga, mientras Zaragoza anda en fase de navegar por abajo ... esperemos que pronto se recupere como sus viejos verdugos de Westfalia.

4 de mayo de 2012

Billy Wilder y la puntualidad de Marilyn

No cabe duda de que Billy Wilder fue uno de los mayores genios que ha dado la historia del cine; un hombre capaz de dirigir films tan distintos y excelentes como "Perdición", "Testigo de cargo", "El apartamento", "El crepúsculo de los dioses" o "Con faldas y a lo loco", "Primera plana" o "Sabrina" solamente puede ser un personaje excepcional. Y, por lo que se cuenta de él, era además un tipo ocurrente, con capacidad para la ironía y el humor. Hablando el otro día con un amigo, entendido de cine hasta niveles casi suprahumanos y frecuente visitador de este blog, me comentaba que en la revista "Fotogramas" habían aparecido una serie de frases suyas absolutamente geniales; entre ellas había dos que hacían referencia a las respuestas dadas por Wilder en una entrevista en la que se le preguntaba sobre cómo llevaba la al parecer endémica falta de puntualidad de Marylin Monroe. Aunque pueda parecer un tema poco trascendente, llegué a la conclusión de que podían venir bien para reflejar en un post lo ingenioso y divertido del cineasta de origen austriaco, por mucho que nació en la localidad polaca de Sucha y vivió en Estados Unidos desde que la llegada de Hitler al poder hizo imposible la vida de los judíos en Berlín.

Así, ante la poca responsabilidad de Marilyn a la hora de respetar el horario de sus citas, y preguntado si no se había planteado buscar una artista más formal Wilder comentó al periodista que tenía una tía anciana en Viena que sería capaz de presentarse en el rodaje a las 6.00 de la mañana con el libreto perfectamente aprendido, pero ... "¿quién querría ir a verla?"; por otro lado, el director de "El apartamento", película con la que fue doblemente oscarizado, mostraba una ironía desternillante a la hora de valorar las ventajas de la impuntualidad de la diva afirmando que en una ocasión, mientras la esperaba, pudo aprovechar para leer "Guerra y paz" y "Los miserables". Y es que muchas veces nos quejamos de vicio y no sabemos extraer el lado positivo de las particularidades de los demás; no cabe duda de que en las frases de Billy Wilder hay mucho de ironía, de ese estilo que en Aragón llamaríamos "somarda", pero también su parte de flexibilidad, tolerancia, ausencia de rigorismo, ... algo de los que nos convendría aprender a muchos.

3 de mayo de 2012

Una torera maquinación

A la posteridad solamente pasan unos cuantos toreros; en la tauromaquia, como en el Evangelio, son muchos los llamados y pocos los escogidos. Así, si uno habla de Juan Belmonte, Marcial Lalanda, Manolete, Domingo Ortega, Antonio Ordóñez, Manzanares -padre o hijo-, Enrique Ponce o José Tomás, la inmensa mayoría de gente, incluidos los no aficionados, saben perfectamente quienes son. Pero a lo largo de la historia del toreo son muchos los que han vivido una gloria efímera y, probablemente, muchos más los que nunca la han tenido. Uno de esos diestros que apuntó maneras, llegó a tomar la alternativa y tuvo algún momento en que pareció poder llegar a ser algo para terminar en el olvido fue el madrileño Luis Segura. Este torero había nacido en el barrio madrileño de Usera en 1938 y tuvo una prometedora carrera como novillero, tomando la alternativa en la Plaza de Las Ventas de Madrid durante la Feria de San Isidro de 1958 de manos de Rafael Ortega y con "Antoñete" como testigo. Quienes le vieron torear hablan de un diestro con buen gusto que lucía de manera especial con el capote, sobre todo en las chicuelinas, llegando a tener un pase propio que ejercitaba colocando el estoque, con la muleta encima, frente a las tablas y haciendo pasar el toro por debajo. Hubo quien le acusó de ser un torero excesivamente "amanerado", con falta de naturalidad al torear, si bien buenos entendidos de la "fiesta" le defienden y niegan esa tacha. La tarde más triunfal en la carrera de Luis Segura también se produjo en Madrid, donde un el 24 de mayo de 1959, alternando con Rafael Ortega y Joaquín Bernadó, desorejó al sexto toro de la tarde y salió a hombros.

Pero Luis Segura era, como tantos colegas de profesión, un hombre inclinado a la bohemia y la vida poco ordenada, y no tuvo la regularidad suficiente para reiterar triunfos y consolidarse en los lugares altos del escalafón, aunque siempre solía torear en las ferias importantes: Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona, ... Al haber perdido el sitio en España, Segura decidió trasladarse a Méjico, en algún sitio he leído que siguiendo los pasos de alguna romántica conquista, estando entre 1968 y 1971 por tierras americanas. Cuando regresó a España el torero madrileño no consiguió cerrar apenas contratos, por lo que en 1973, junto a su hermano Everildo -¡pedazo de nombre!- urdió una trama con la finalidad de hacerse notar y provocar interés en los empresarios del ramo; así, emulando al torero vasco Diego Mazquiarán Fortuna, quien el 23 de enero de 1928, cuando paseaba por Madrid, se tropezó con un toro que se había escapado del rastro y se enfrentó a él con un improvisado estoque y su abrigo, consiguiendo matarlo, los hermanos Segura montaron un novillo en un camión y lo soltaron en plena Gran Vía madrileña, apareciendo Luis para estoquearlo y matarlo con aparente arrojo y desprecio de su vida, fingiendo un acto heroico. Recuerdo perfectamente la noticia del telediario, y como al día siguiente se descubrió el pastel y Luis Segura fue detenido, juzgado y encarcelado en la prisión madrileña de Carabanchel, de donde salió al cabo de no mucho tiempo, como literalmente explica la web /www.mcnbiografias.com.

El sucedido demuestra una vez más la peculiar idiosincrasia de bastantes toreros, capaces tanto de enfrentarse a un toro con valor enorme como de dedicarse a actos que rozan, sino superan, los hechos delictivos. Luis Segura falleció en Valdemorillo el 16 de febrero de 1975 cuando toreaba un Festival benéfico víctima de un infarto de miocardio; el diestro tenía 36 años y está claro que vivió su vida profesional con gran intensidad, por mucho que el éxito solamente le sonriera al principio y no pudiera remontar su decadencia ni siquiera con trucos tan originales.



2 de mayo de 2012

Una escena en un VIPS



En ocasiones la condición de solitario facilita contemplar escenas que tienen su miga, a veces también su pena; hace un par de domingos llegué a Madrid á última hora de la tarde y, una vez instalado en el Hotel, busqué un lugar para tomar una cena ligera. En la calle Zurbano, junto al cruce que une ésta con las de Zurbarán y Almagro -¡cuanta historia nos evocan estos nombres!-, se encuentra uno de los cerca de cien establecimientos que la cadena "VIPS" tiene en Madrid; siempre he sentido una especial debilidad por la franquicia, pues es un lugar donde con rapidez y poca complicación puedes matar el gusanillo del hambre con ensaladas bastante apañadas, algún sandwich no excesivamente grasiento o uno de esos platos bastante originales y poco perjudiciales para la salud que incluyen en la carta. Así que entré en el mismo y enseguida fui atendido por una de esas empleadas, habitualmente de allende los mares, que por lo general son bastante amables y serviciales ... o a mi me lo parecen.

Observé que en la barra se encontraba un señor mayor, vestido con una gabardina que no parecía de baja calidad, con una calva notable y un pelo blanco de esos que ofrecen, de entrada, un aspecto de cierta elegancia. Observé que mantenía una especie de discusión con la camarera y pronto comprobé que el quid de la cuestión había que encontrarlo en el pago de la cuenta. El hombre exhibía un billete de 5 €, mientras la pobre empleada intentaba hacerle comprender que se había tomado cuatro copas de vino y el importe era algo superior a los 7 €, algo que al parecer el hombre era incapaz de asimilar. No se si la razón de la aparente falta de discernimiento estaba en que las cuatro copas le habían dejado algo perjudicado o que el individuo había perdido facultades a causa de la edad, pero el intercambio de consideraciones fue rápido, hubo de salir el encargado y tengo la impresión de que el abono total de la cuenta quedó pendiente para el día siguiente ... o para el del juicio final.

El hombre no perdió en ningún momento la compostura, mantuvo una sonrisa permanente, pronunció una serie de comentarios que no entendí pero sonaban a pura verborrea e incluso se permitió el lujo de realizar un intento de agarrar por la cintura a la pobre camarera, a quien veías apurada para combinar el respeto al cliente con el justo ejercicio de su función de cobrar. Al final, el citado anciano permaneció un buen rato más sentado en la barra, para terminar abandonando el local a paso lento y algo trastabillado. Evidentemente, cualquier valoración que haga no deja de ser mera elucubración, pero ante la imagen del buen señor bebiendo en solitario, dejando a deber e intentando aparentar una solvencia y un "donjuanismo" que estaba lejos de poseer, no pude evitar pensar en la decrepitud del cuerpo, en la vida más bien mísera a la que posiblemente le había llevado la soledad, el abandono y, a lo mejor, la vanidad humana. En ocasiones uno se compadece de esas personas mayores que piden por la calle, o que sin hacerlo uno observa cómo carecen de lo más esencial para vivir, tal vez el caballero del VIPS no era más que otra manifestación, menos llamativa pero igual de dramática, de la miseria humana.



1 de mayo de 2012

Libros en abril

El mes de abril abarca este año la Semana Santa, época que al menos en principio te permite dedicar más tiempo a la lectura; así tuve la ocasión de terminar una serie de novelas que se habían atascado algo, e incluso concluir algún libro comenzado a leer ya iniciado el mes. Como se verá, he seguido cayendo en el vicio del género policíaco, con inevitable toque nórdico incluido, además de reiniciar la lectura de Galdós, tal como me comprometí en su día, así como algún que otro libro-reportaje de cierto interés. Como siempre, son muchos más los deseados y pendientes que los terminados, pero uno ha de conformarse con lo que las limitaciones de tiempo y de persona traen consigo. De cualquier manera, creo que puedo decir que todos los libros concluidos en este mes que abre paso a la primavera los considero recomendables, a lo que cabe añadir que están perfectamente encaminados unos cuantos más de los que espero dar cuenta de aquí a unos treinta días. El mes de abril es, además, un mes propicio para los libros, no en vano se celebra por todo el país el día del libro, además de andar en preparación de esas interesantes Ferias del Libro que suelen aparecer en tiempo paralelo a las flores de mayo.

Ya comenté en su día que reinicié la lectura de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, y así terminé la séptima entrega de los mismos, "Gerona". En este episodio la presencia del protagonista habitual, Gabriel de Araceli, es meramente circunstancial, pues tan sólo aparece al principio y al final del relato, que en esta ocasión protagoniza Andrés Marijuán, un personaje secundario de anteriores entregas. Al leer "Gerona" me vino a la cabeza una de esas célebres "Novela" de TVE con el mismo título que protagonizaban, entre otros, Luis Prendes, Roberto Martín y Angeles Moll. Se trata de una narración muy en la línea de Galdós, con presencia de múltiples personajes de ficción que acompañan a los históricos, en este caso el gobernador Álvarez de Castro, líder de una heroica y tozuda resistencia. La novela de Galdós relata unos hechos realmente dramáticos, aunque sabe darles un tono costumbrista y en algunos momentos hasta cómico. No está exento el relato de ciertos tonos críticos y hasta amargos en relación a una resistencia al invasor francés que en un momento dado parece llegó a ser ciega y excesiva.

Encontré por casa una novela cuya portada y cuyo tema me llamaron enseguida la atención: "Paradero desconocido", de Kressmann Taylor, un brevísimo libro -no llega a 70 páginas- que habla sobre el drama social que supuso la llegada al poder en Alemania de Adolf Hitler en 1932. La novela, escrita con seudónimo -el nombre real de su autora es Katherine Kressmann-, fue publicada en 1938, lo que añade singularidad y credibilidad al testimonio y en ella se relata la correspondencia entre dos amigos que comparten un negocio de venta de arte en Nueva York, Martin Schulse alemán y Max Eisenstein judío norteamericano, cuando el primero vuelve a Alemania junto con su mujer y sus hijos. Con la simple lectura de las cartas te vas haciendo a la idea de forma estremecedora, cómo el nazismo transformó a las personas y terminó siendo un drama mundial de proporciones enormes. El libro es muy breve y cualquier otro comentario corre el peligro de dar demasiadas pistas y estropear una posible lectura, solo queda añadir que es una novela brillante y que tiene un final sorprendente y muy duro.

Hace ya unos años que leí los tres primeros libros de la serie del Inspector Simon Serrailler que escribió Susan Hill, el primero de ellos, "Las distintas guaridas de los hombres", me pareció excelente, de lo mejor que había leído en novela de intriga, los dos siguientes -"Los puros de corazón" y "El peligro de la oscuridad"- también me gustaron, aunque en algún momento me resultaron algo farragosos. "Voto de silencio" es la cuarta entrega de la serie y me ha vuelto a maravillar; como decía alguien en la contraportada del libro, no es sólo una gran novela de intriga, sino una excelente novela en toda su extensión. Como en las anteriores ocasiones, el libro de la autora británica destaca por la riqueza de sus personajes, la escritora es audaz al plantear varias historias paralelas en las que profundiza sobre los dramas personales de los distintos protagonistas, consiguiendo que la novela además de la trama principal de intriga -un francotirador que va sembrando de mujeres muertas la imaginaria localidad de Lafferton- contenga unas cuantos argumentos colaterales igual o más interesantes que aquélla. Para leer este libro es imprescindible haber leído los anteriores, pues las historias vienen de lejos; y también hay que resaltar que Susan Hill no es precisamente una escritora de relatos idílicos, azucarados ... nos cuenta las historias con crudeza, y, con una indudable visión trascendente que aporta un rayo de esperanza, siempre están presentes el dolor, la enfermedad y la muerte.

Jo Nesbo es un autor noruego que tiene una serie protagonizada por el inspector Harry Hole; hace un tiempo leí "Petirrojo", la novela que la iniciaba y "Némesis" es la segunda. Tras leerla puedo confirmar que Nesbo está a la altura de los suecos Mankell y Larsson y el islandés Indridasson, desde mi punto de vista los mejores autores nórdicos del género, siempre salvando el gusto de cada cual y los bastantes diferentes estilos de cada uno. Harry Hole es "todo un personaje", un hombre conflictivo y con una historia personal difícil tras de sí, pero a la vez un policía con un claro sentido de la justicia. Las novelas de Nesbo son complicadas, con una trama que siempre es enrevesada, continuos giros en la acción y facilidad para las historias paralelas, pero son dificultades que se superan porque la literatura es de calidad y el interés nunca decae. En "Némesis" siguen apareciendo los personajes del libro anterior, algunos de ellos notoriamente pérfidos y malvados, pues la existencia de corrupción policial es una constante en los argumentos de este autor noruego. RBA ha publicado la tercera y cuarta entrega de la serie, y sin ninguna duda hay que leerlas cuanto antes.

Hacía tiempo que venía oyendo hablar de Ernesto Mallo, un autor argentino de novela negra cuyas obras habían comenzado a publicarse en la Editorial Siruela, lo que no deja de ser ya una garantía; me habían prestado las dos primeras entregas de la serie protagonizada por el inspector Lascano y en una semana devoré la primera de ellas, "Crimen en el barrio del Once". me costó coger el ritmo de la lectura, pues el modo de escribir de los argentinos suele estar lleno de giros particulares, además de la peculiariedad que ofrece este autor de colocar los diálogos en cursiva y seguidos, sin puntos y aparte; eso sí, una vez hecho al modo de escribir de Mallo la novela me ha resultado interesante y he comprobado que la acción está magníficamente conseguida y el autor no deja cabo suelto. Se trata de una novela dura, ambientada en plena dictadura militar de Argentina que toma partido y tiene una notable crítica social; Lascano, el personaje principal a quien apodan "el perro" tiene mucha fuerza y el ambiente está bastante conseguido, por mucho de que alguna vez a uno no le cuadren los hechos y las épocas.

Ya he dicho por estos pagos que Rosa Ribas es una de las autoras de novela policíaca de la nueva ola española que más me gustan, la serie sobre la inspectora alemana de origen español Cornelia Weber Tejedor me parece excelente; el año pasado publicó una novelita ajena a dicha serie, "La detective miope", que alguien me prestó hace ya varios meses y que he aprovechado un fin de semana con tiempo para leerla: no llega a doscientas páginas. Se trata de un libro entretenido, aunque sin más pretensiones y claramente por debajo de los que le había leído a esta autora con la protagonista mencionada; a favor de la novela está el que se lee bien, te hace mantener el interés de principio a final y se trata de la típica lectura adecuada para esos momentos en los que uno necesita evasión, por el contrario pienso que Ribas elabora un argumento poco creíble y nos va presentando una serie de personajes inconcretos y más bien deslavazados. Eso sí, es de agradecer el cierto toque de humor negro que contiene el relato y cierto toque de originalidad a la hora de contarnos la historia.

29 de abril de 2012

Luto en el viejo "Un, dos, tres"

El pasado jueves falleció en Madrid a la edad de 61 años Yolanda Ríos, una actriz cuyo nombre no revela demasiados datos como para conocerla, pero con una cara que en los primeros años 70 fue famosa en toda España por ser una de las azafatas del "Un, dos, tres", ese concurso que Chicho Ibáñez Serrador se sacó de la manga y que con la genial presentación de Kiko Ledgard y la chispeante intervención de los célebres "Cicutas" Valentín Tornos, Paco Cecilio y Juan Tamáriz, batió records de audiencia en la televisión de entonces. Yolanda Ríos era uno de esos rostros jóvenes, sonrientes y con gafas artificiales que aparecían cada lunes en la pantalla; junto a ella recuerdo a Blanca Estrada, Aurora Claramunt, Pilar Pérez Sanabria, Cira Rodriguez, Ana Ángeles García, que era quien multiplicaba las respuestas acertadas por el dinero y hasta una escandinava llamada María Gustafson que respondía por Britt. Fue el "Un, dos, tres" un concurso que basó su éxito en la absoluta simplicidad de su método, la agilidad de Kiko Ledgard, un perúano que hasta entonces tan sólo había tenido oportunidades en programas infantiles y el excelente humor que aportaban los referidos cicutas y los numeritos que se montaban en la parte final, cuando los concursantes se desesperaban para conseguir el coche, elevado a la quinta esencia del éxito hasta parecer el único premio apetecible.

Yolanda Ríos había nacido en Caracas, aunque antes de cumplir los 20 años ya estaba afincada en España; su verdadero nombre era Yolanda Ciscar y me ha llamado la atención que en ninguno de los obituarios que he leído se hiciera mención de que la actriz fallecida era hermana del torero Guillermo Ciscar "Chavalo", un diestro afincado en Valencia que tuvo en su día cierto predicamento por la zona de Levante y que ahora se dedica a la pintura, no de brocha gorda precisamente. Antes de hacerse famosa con el "Un, dos, tres" Yolanda Ríos interpretó un pequeño papel en la película de Javier Aguirre "Pierna creciente, falda menguante" (1970), típico producto del destape imperante en la época, aunque demostró que sus capacidades iban más allá de tales cometidos, pues en 1971 participó en el estreno de una obra del mismísimo Buero Vallejo: "Llegada de los dioses", junto a Juan Diego y Concha Velasco. En TVE tuvo intervención en episodios de dos series célebres de la época: "Remite Maribel", con guión de Alfonso Paso y protagonizada por Tina Sainz, quien encarnaba a una chica de pueblo que se va a servir a la capital y "Tres eran tres" (1972), un trabajo de Jaime de Armiñán en el que Amparo Soler Leal, Julieta Serrano y Emma Cohen daban vida a tres complicadas hermanas.

A través de google he encontrado la foto de una de las revistas legendaria del pasado siglo: "Tele-Radio", en ella aparece Yolanda Ríos como presentadora del programa "Tarde para todos", un magazine que se emitía los domingos por la tarde y en el que Yolanda aterrizó nada más terminar su trabajo en "Un, dos, tres" para hacer de preentadora cuando cambio la dirección del programa, que pasó de ser ejercida por Juan Antonio Fernández Abajo a la capitanía de Oscar Banegas, el mítico realizador de "Los chiripitiflaúticos". Como compañero de presentación tuvo a Nicolas Romero, que se había hecho famoso precisamente en el programa de Banegas como el payaso "Poquito". Sus intervenciones en la tele fueron cada vez más espaciadas, y caben mencionar su participación en episodios de "La Señora García se confiesa" (1977), "Los Libros" (1977), "Éste es mi barrio" (1997), "Petra Delicado" (1999) o "El Comisario" (2000), sin olvidar su papel en "El enfermo imaginario" (1979) de Molière, dentro del inolvidable espacio "Estudio 1".

También cabe citar que rodó una veintena de películas, como "La curiosa" (1972), "La espada negra" (1976), "La otra alcoba" (1976), "Una familia decente" (1977), "Jaque a la dama" (1978), "Dos mejor que uno" (1984), "Sesión continua" (1984) y "Luna negra" (1986). En el teatro intervino en obras como "Los peces rojos" (1973), de Jean Anouilh, con dirección de Gustavo Pérez Puig, "El afán de cada noche" (1975), de Pedro Gil Paradela, "Lo que vio el mayordomo" (1979), de Joe Orton, con dirección de Ventura Pons y junto a Ismael Merlo y José María Caffarel, "Vivamos hoy" (1979), de Santiago Moncada, con Julia Gutiérrez Caba o "La vieja señorita del paraíso" (1980), de Antonio Gala, junto a Mary Carrillo; en 1986 entró en la Compañía Nacional Española de Teatro Clásico, dirigida por Adolfo Marsillach. Cabe destacar que en los últimos años también se dedicó a la escenografía de montajes teatrales, como fue el caso de "Yo Leonor" (2006), protagonizada por María Luisa Merlo. Vemos que a pesar de no ser un nombre excesivamente conocido, fue capaz de desarrollar actividades bien diversas; descanse en paz.

28 de abril de 2012

Una "tasca" en Madrid



Estuve lunes y martes en Madrid y tuve la ocasión de quedar con un amigo para comer; es hombre de buen gusto culinario y domina la perfección esos lugares tan especiales que es preciso conocer para que no caer en establecimientos que no te ofrecen unos platos en proporción a la nota que te clavan al finalizar la comida. Así, el lunes me llevó a comer a la "Tasca Suprema", un establecimiento castizo y tradicional donde los halla que se encuentra en la Calle Argensola, una vía perpendicular a la calle Génova. El lugar es sencillo y típico, con una barra decorada con azulejos y un comedo tremendamente acogedor, por mucho que no se exhibe lujo ni exceso alguno. Desde nuestra llegada me di cuenta que la elección había sido adecuada y que quien me invitaba sabía perfectamente lo que hacía.

Nos atendió de entrada el propietario del establecimiento, un hombre que rondaría los 60 años, más bien grueso -¡qué mejor carta de presentación para un restaurante que encontrarte un dueño con buen aspecto- y con esa simpatía castiza tan propia de los madrileños. Sin ninguna duda, un auténtico profesional que sabe venderte bien el producto, entre otras cosas porque tiene un excelente producto que exhibir. La carta era cantada, algo que ya se sabe que tiene el peligro de que todo concluya con sorpresa económica final, pero la ventaja de que cada plato venía acompañado de su correspondiente explicación, lo que viene muy bien a la hora de tomar una decisión al respecto. Desde el primer momento quedó claro que estábamos ante la gastronomía tradicional, ante comida sólida y de siempre: nada de diseños, experimentos ni mezclas raras, sino platos de una pieza: almejas con salsa, fabada asturiana, ensalada de pimientos y patatas, callos a la madrileña, entrecot, merluza, bacalao, atún, ... Eso sí, el hombre nos dejó claro que no nos íbamos a equivocar si optábamos por la gallina en pepitoria, un plato que al parecer casi nadie hace en Madrid y que había sido incluido en la carta a petición de los clientes. Todas las explicaciones iban acompañadas de un estilo "madrileño" inconfundible, pero exhibido de modo amable, natural, sin forzar nada ni hacerse el gracioso: toda una lección de saber estar.

Elegimos un primer plato a compartir a base de almejas y cogollos con pimientos y ventresca de bonito, no teniendo ninguna duda a la hora de optar por la gallina en pepitoria, que efectivamente estaba de sobresaliente. Como en opinión de mi amigo allí se servían los mejores callos de Madrid, pedimos para complementar el segundo una cazuelita, y puedo asegurar que aunque no soy especialmente amigo de este tipo de viandas, los callos estaban buenísimos. Regamos la comida con un Ribera de Duero de cuyo nombre no me acuerdo, pues no soy para nada experto en el tema y a la hora del postre, aunque lo conveniente a unos cincuentones con un par de "stens" instalados hubiera sido la fruta del tiempo, consideramos que estando en Madrid lo procedente era tomarse una torrija, elección que no se como sentó al organismo, pero que si nos limitamos a hablar del sabor, constituyó un acierto total; el café y el Pacharán cerraron la sesión y cada cual se fue a su trabajo: mi generoso amigo a su despacho y yo a una sesión que comenzaba a las 15.30, acabó empezando a las 16.20 e intenté sobrellevarla como pude con tanta pitanza entre pecho y espalda.

La comida fue excelente, pero a lo dicho tengo que añadir el ambiente popular y grato que me encontré; hacía tiempo que no hablaba de gastronomía en el blog, en parte porque estamos en tiempos de crisis y he reducido notablemente mis visitas a establecimientos de cierto relieve, también porque uno ha notado cierto incremento del pudor de hablar de estas cosas y también porque conforme cumples años tratas de poner freno a los abusos. Eso sí, tengo el propósito de que mi visita a la "Tasca Suprema" tenga, cuando menos, su segunda parte.