"La salvación de nuestro mundo se encuentra en el corazón de las personas, en su humildad, responsabilidad y capacidad de reflexión". Vaclav Havel
8 de mayo de 2012
El infierno del Real Zaragoza en Moenchengladbach
El encuentro se celebró un miércoles 27 de noviembre en el "Stadion Bökelberg" de Moenchengladbach; hacía un tiempo infernal, con una lluvia torrencial, un campo encharcado y un frío casi polar. Luis Cid Carriega, mister del Zaragoza sacó a su once de gala, pero Arrúa, Diarte, García Castany y compañía parecieron congelarse en el césped y en los primeros 45 minutos los alemanes barrieron literalmente a los blanquillos, llegándose al descanso con un humillante 4-0: Simonssen en dos ocasiones, Heyckens y Bonhof lograron los goles que echaron brutalmente por los suelos las esperanzas que teníamos los seguidores zaragocistas, unas esperanzas que se demostró no estaban justificadas. En la segunda parte el Borussia bajó el ritmo y el Zaragoza bastante hizo con sostenerse de pie y aguantar 45 minutos con las piernas paralizadas y el ánimo deprimido, aún así Heyckens hizo su segundo gol y cerró una "manita" que terminó con las ilusiones europeas del Zaragoza para esa temporada. Juan Luis Irazusta, que ocupaba en esa ocasión la portería maña, cuenta que se dirigió varias veces al banquillo aragonés con las dos palmas de las manos abiertas, queriendo indicar que había que marcar al número 10 del Borussia, que estaba haciendo lo que quería, entendiendo el mister gallego que solicitaba unos guantes ... una anécdota que demuestra hasta que punto había cundido la sorpresa y el desánimo en las huestes zaragozanas, que en esa ocasión no emularon, ni de lejos, a Agustina de Aragón.4 de mayo de 2012
Billy Wilder y la puntualidad de Marilyn
3 de mayo de 2012
Una torera maquinación
A la posteridad solamente pasan unos cuantos toreros; en la tauromaquia, como en el Evangelio, son muchos los llamados y pocos los escogidos. Así, si uno habla de Juan Belmonte, Marcial Lalanda, Manolete, Domingo Ortega, Antonio Ordóñez, Manzanares -padre o hijo-, Enrique Ponce o José Tomás, la inmensa mayoría de gente, incluidos los no aficionados, saben perfectamente quienes son. Pero a lo largo de la historia del toreo son muchos los que han vivido una gloria efímera y, probablemente, muchos más los que nunca la han tenido. Uno de esos diestros que apuntó maneras, llegó a tomar la alternativa y tuvo algún momento en que pareció poder llegar a ser algo para terminar en el olvido fue el madrileño Luis Segura. Este torero había nacido en el barrio madrileño de Usera en 1938 y tuvo una prometedora carrera como novillero, tomando la alternativa en la Plaza de Las Ventas de Madrid durante la Feria de San Isidro de 1958 de manos de Rafael Ortega y con "Antoñete" como testigo. Quienes le vieron torear hablan de un diestro con buen gusto que lucía de manera especial con el capote, sobre todo en las chicuelinas, llegando a tener un pase propio que ejercitaba colocando el estoque, con la muleta encima, frente a las tablas y haciendo pasar el toro por debajo. Hubo quien le acusó de ser un torero excesivamente "amanerado", con falta de naturalidad al torear, si bien buenos entendidos de la "fiesta" le defienden y niegan esa tacha. La tarde más triunfal en la carrera de Luis Segura también se produjo en Madrid, donde un el 24 de mayo de 1959, alternando con Rafael Ortega y Joaquín Bernadó, desorejó al sexto toro de la tarde y salió a hombros.
Pero Luis Segura era, como tantos colegas de profesión, un hombre inclinado a la bohemia y la vida poco ordenada, y no tuvo la regularidad suficiente para reiterar triunfos y consolidarse en los lugares altos del escalafón, aunque siempre solía torear en las ferias importantes: Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona, ... Al haber perdido el sitio en España, Segura decidió trasladarse a Méjico, en algún sitio he leído que siguiendo los pasos de alguna romántica conquista, estando entre 1968 y 1971 por tierras americanas. Cuando regresó a España el torero madrileño no consiguió cerrar apenas contratos, por lo que en 1973, junto a su hermano Everildo -¡pedazo de nombre!- urdió una trama con la finalidad de hacerse notar y provocar interés en los empresarios del ramo; así, emulando al torero vasco Diego Mazquiarán Fortuna, quien el 23 de enero de 1928, cuando paseaba por Madrid, se tropezó con un toro que se había escapado del rastro y se enfrentó a él con un improvisado estoque y su abrigo, consiguiendo matarlo, los hermanos Segura montaron un novillo en un camión y lo soltaron en plena Gran Vía madrileña, apareciendo Luis para estoquearlo y matarlo con aparente arrojo y desprecio de su vida, fingiendo un acto heroico. Recuerdo perfectamente la noticia del telediario, y como al día siguiente se descubrió el pastel y Luis Segura fue detenido, juzgado y encarcelado en la prisión madrileña de Carabanchel, de donde salió al cabo de no mucho tiempo, como literalmente explica la web /www.mcnbiografias.com.
El sucedido demuestra una vez más la peculiar idiosincrasia de bastantes toreros, capaces tanto de enfrentarse a un toro con valor enorme como de dedicarse a actos que rozan, sino superan, los hechos delictivos. Luis Segura falleció en Valdemorillo el 16 de febrero de 1975 cuando toreaba un Festival benéfico víctima de un infarto de miocardio; el diestro tenía 36 años y está claro que vivió su vida profesional con gran intensidad, por mucho que el éxito solamente le sonriera al principio y no pudiera remontar su decadencia ni siquiera con trucos tan originales.
2 de mayo de 2012
Una escena en un VIPS
En ocasiones la condición de solitario facilita contemplar escenas que tienen su miga, a veces también su pena; hace un par de domingos llegué a Madrid á última hora de la tarde y, una vez instalado en el Hotel, busqué un lugar para tomar una cena ligera. En la calle Zurbano, junto al cruce que une ésta con las de Zurbarán y Almagro -¡cuanta historia nos evocan estos nombres!-, se encuentra uno de los cerca de cien establecimientos que la cadena "VIPS" tiene en Madrid; siempre he sentido una especial debilidad por la franquicia, pues es un lugar donde con rapidez y poca complicación puedes matar el gusanillo del hambre con ensaladas bastante apañadas, algún sandwich no excesivamente grasiento o uno de esos platos bastante originales y poco perjudiciales para la salud que incluyen en la carta. Así que entré en el mismo y enseguida fui atendido por una de esas empleadas, habitualmente de allende los mares, que por lo general son bastante amables y serviciales ... o a mi me lo parecen.
Observé que en la barra se encontraba un señor mayor, vestido con una gabardina que no parecía de baja calidad, con una calva notable y un pelo blanco de esos que ofrecen, de entrada, un aspecto de cierta elegancia. Observé que mantenía una especie de discusión con la camarera y pronto comprobé que el quid de la cuestión había que encontrarlo en el pago de la cuenta. El hombre exhibía un billete de 5 €, mientras la pobre empleada intentaba hacerle comprender que se había tomado cuatro copas de vino y el importe era algo superior a los 7 €, algo que al parecer el hombre era incapaz de asimilar. No se si la razón de la aparente falta de discernimiento estaba en que las cuatro copas le habían dejado algo perjudicado o que el individuo había perdido facultades a causa de la edad, pero el intercambio de consideraciones fue rápido, hubo de salir el encargado y tengo la impresión de que el abono total de la cuenta quedó pendiente para el día siguiente ... o para el del juicio final.
El hombre no perdió en ningún momento la compostura, mantuvo una sonrisa permanente, pronunció una serie de comentarios que no entendí pero sonaban a pura verborrea e incluso se permitió el lujo de realizar un intento de agarrar por la cintura a la pobre camarera, a quien veías apurada para combinar el respeto al cliente con el justo ejercicio de su función de cobrar. Al final, el citado anciano permaneció un buen rato más sentado en la barra, para terminar abandonando el local a paso lento y algo trastabillado. Evidentemente, cualquier valoración que haga no deja de ser mera elucubración, pero ante la imagen del buen señor bebiendo en solitario, dejando a deber e intentando aparentar una solvencia y un "donjuanismo" que estaba lejos de poseer, no pude evitar pensar en la decrepitud del cuerpo, en la vida más bien mísera a la que posiblemente le había llevado la soledad, el abandono y, a lo mejor, la vanidad humana. En ocasiones uno se compadece de esas personas mayores que piden por la calle, o que sin hacerlo uno observa cómo carecen de lo más esencial para vivir, tal vez el caballero del VIPS no era más que otra manifestación, menos llamativa pero igual de dramática, de la miseria humana.
1 de mayo de 2012
Libros en abril

29 de abril de 2012
Luto en el viejo "Un, dos, tres"

28 de abril de 2012
Una "tasca" en Madrid
Estuve lunes y martes en Madrid y tuve la ocasión de quedar con un amigo para comer; es hombre de buen gusto culinario y domina la perfección esos lugares tan especiales que es preciso conocer para que no caer en establecimientos que no te ofrecen unos platos en proporción a la nota que te clavan al finalizar la comida. Así, el lunes me llevó a comer a la "Tasca Suprema", un establecimiento castizo y tradicional donde los halla que se encuentra en la Calle Argensola, una vía perpendicular a la calle Génova. El lugar es sencillo y típico, con una barra decorada con azulejos y un comedo tremendamente acogedor, por mucho que no se exhibe lujo ni exceso alguno. Desde nuestra llegada me di cuenta que la elección había sido adecuada y que quien me invitaba sabía perfectamente lo que hacía.
Nos atendió de entrada el propietario del establecimiento, un hombre que rondaría los 60 años, más bien grueso -¡qué mejor carta de presentación para un restaurante que encontrarte un dueño con buen aspecto- y con esa simpatía castiza tan propia de los madrileños. Sin ninguna duda, un auténtico profesional que sabe venderte bien el producto, entre otras cosas porque tiene un excelente producto que exhibir. La carta era cantada, algo que ya se sabe que tiene el peligro de que todo concluya con sorpresa económica final, pero la ventaja de que cada plato venía acompañado de su correspondiente explicación, lo que viene muy bien a la hora de tomar una decisión al respecto. Desde el primer momento quedó claro que estábamos ante la gastronomía tradicional, ante comida sólida y de siempre: nada de diseños, experimentos ni mezclas raras, sino platos de una pieza: almejas con salsa, fabada asturiana, ensalada de pimientos y patatas, callos a la madrileña, entrecot, merluza, bacalao, atún, ... Eso sí, el hombre nos dejó claro que no nos íbamos a equivocar si optábamos por la gallina en pepitoria, un plato que al parecer casi nadie hace en Madrid y que había sido incluido en la carta a petición de los clientes. Todas las explicaciones iban acompañadas de un estilo "madrileño" inconfundible, pero exhibido de modo amable, natural, sin forzar nada ni hacerse el gracioso: toda una lección de saber estar.
Elegimos un primer plato a compartir a base de almejas y cogollos con pimientos y ventresca de bonito, no teniendo ninguna duda a la hora de optar por la gallina en pepitoria, que efectivamente estaba de sobresaliente. Como en opinión de mi amigo allí se servían los mejores callos de Madrid, pedimos para complementar el segundo una cazuelita, y puedo asegurar que aunque no soy especialmente amigo de este tipo de viandas, los callos estaban buenísimos. Regamos la comida con un Ribera de Duero de cuyo nombre no me acuerdo, pues no soy para nada experto en el tema y a la hora del postre, aunque lo conveniente a unos cincuentones con un par de "stens" instalados hubiera sido la fruta del tiempo, consideramos que estando en Madrid lo procedente era tomarse una torrija, elección que no se como sentó al organismo, pero que si nos limitamos a hablar del sabor, constituyó un acierto total; el café y el Pacharán cerraron la sesión y cada cual se fue a su trabajo: mi generoso amigo a su despacho y yo a una sesión que comenzaba a las 15.30, acabó empezando a las 16.20 e intenté sobrellevarla como pude con tanta pitanza entre pecho y espalda.
La comida fue excelente, pero a lo dicho tengo que añadir el ambiente popular y grato que me encontré; hacía tiempo que no hablaba de gastronomía en el blog, en parte porque estamos en tiempos de crisis y he reducido notablemente mis visitas a establecimientos de cierto relieve, también porque uno ha notado cierto incremento del pudor de hablar de estas cosas y también porque conforme cumples años tratas de poner freno a los abusos. Eso sí, tengo el propósito de que mi visita a la "Tasca Suprema" tenga, cuando menos, su segunda parte.

















