10 de enero de 2012

Manolo Cardo, el "cateto" de Coria

El Real Zaragoza ha fichado nuevo entrenador, tras la decepcionante marcha del equipo en los dos últimos meses y el chasco que hemos sufrido quienes confiábamos en el "Vasco" Aguirre, el elegido para intentar lograr el auténtico milagro que supondría salvar al equipo ha sido el que fuera míster del Sevilla C.F. Manolo Jiménez, y como el hombre nació en la localidad sevillana de Arahal su acento es de un andaluz más bien cerrado, razón por la que no ha faltado algún "centollo" que ha criticado esa forma de hablar de Jiménez. Esta falta de tacto me ha recordado a un antecesor suyo en el banquillo sevillista, Manolo Cardo, un hombre nacido en Coria del Río a quien en su día bautizaron como "el cateto de Coria" por sus maneras más bien rudas y sus argumentos esencialmente simples. Cuando Cardo llegó al banquillo de Nervión yo le recordaba de los cromos de mi infancia, en los que el hombre aparecía como uno de los "secundarios" del Sevilla de los años 60 en el que destacaban Oliveros, Dieguez, Suárez "Pipi", Felo, Achúcarro y Campanal II, entre otros; yo pensaba que Cardo era un defensa lateral, aunque la wikipedia asegura que jugaba de centrocampista. El de Coria acabó dando un resultado como entrenador excelente, ostentando en la actualidad el récord de partidos dirigidos al Sevilla en 1ª División.

Al iniciar la temporada 1981-82, Cardo era entrenador de los equipos inferiores del Sevilla, con los que estaba realizando una labor excelente, habiendo ganado la Copa del rey de 1979 con los juveniles y habiendo aportado al primer equipo jugadores del nivel del lateral Nimo, el central Antonio Alvarez, el volante Choya y los delanteros Moisés, Ruda, Santi y Montero. El míster del equipo de 1ª era nada más y nada menos que Miguel Muñoz, que lo había sido todo con el Real Madrid y lo volvería a ser años después con la selección española; mediado el mes de diciembre la situación del Sevilla era desesperada, estando penúltimo en la clasificación y practicando un fútbol decepcionante, a pesar de contar con jugadores del nivel de los citados más Buyo, Juan Carlos, Pablo Blanco, Magdaleno y los brasileños César y Pintinho. La directiva decidió cesar al madrileño y confiar en Manolo Cardo, un nombre completamente desconocido en el panorama futbolístico nacional. El debut de Cardo fue precisamente en La Romareda una fría tarde de vísperas de Navidad y la primera decisión del de Coria fue hacer debutar a Francisco, un jugador que acababa de cumplir 19 años, y era el cerebro del filial, concediéndole la batuta del juego del equipo. El Zaragoza estaba haciendo una magnífica 1ª vuelta a las órdenes de Leo Beenhaker y tenía una tripleta atacante temible: "Pichi" Alonso, Raúl Amarilla y Jorge Valdano, además de jugadores tan notables como Casuco, Morgado, Señor, Güerri, ... El debut de Manolo Cardo no pudo ser más espectacular, ya que se impuso a los blanquillos por un contundente 1-4, superando en todo momento al Zaragoza y jugando el mentado Francisco un partido sensacional que sería el inicio de una trayectoria excelente que incluyó la titularidad en la selección, con cuyo equipo disputó 20 partidos. No obstante, la gran figura del encuentro fue el brasileño Carlos Alberto Pintinho, autor de los cuatro goles del Sevilla y que amargó la tarde a los zaragocistas; Pintinho había llegado al Sevilla el año anterior procedente del Vasco de Gama y era todo un artista del balón, aunque su rendimiento siempre estuvo condicionado por su amor a la noche sevillana.

La marcha del Sevilla a partir de su victoria en Zaragoza fue sensacional e imparable, acabando el equipo en quinto lugar de la tabla y pisando la clasificación para jugar en Europa precisamente al Real Zaragoza, algo que volvería a ocurrir la siguiente temporada. Cardo fue el mister del Sevilla hasta junio de 1986, manteniendo una trayectoria caracterizada por la regularidad, la honradez en el trabajo, la simpatía y sencillez en el trato con todo el mundo y la permanente confianza en los jugadores de la cantera local; con él en el banquillo debutaron en primera división jugadores como Serna, Ramón, José Luis, Rafa Paz, Tirado, Manolo Alfaro, Grande y, precisamente, el hoy mister zaragocista Manolo Jiménez. Como todo en esta vida, la historia de Cardo como dueño del banquillo del equipo de Nervión tuvo su final, pero siempre quedó el recuerdo de un hombre de la casa que fue profeta en su tierra sin estridencias ni filosofías baratas, alguien a quien, imagino que cariñosamente llamaban "cateto", pero que demostró que se puede sacar adelante un equipo de fútbol si se es serio y trabajador, por mucho acento que se tenga.


9 de enero de 2012

El establecimiento discreto



Es el tiempo de las grandes superficies, de los establecimientos puestos a todo plan; parece que esas pequeñas tiendas especializadas, familiares, recoletas y de clientes fijos están casi llamadas a la extinción. Por eso uno se siente reconfortado cuando descubre que hay algunas que resisten el paso del tiempo y sobreviven a la riada de modernidad y globalización que nos ha invadido por todas partes desde hace ya unos cuantos años.

Estaba ayuno de ideas para ilustrar el post del lunes, algo peligroso si no olvidamos que es bueno empezar con tino la semana, máxime si se trata del lunes "de vuelta al cole", y encontré casi por casualidad una referencia a la Librería "Bayer", una pequeña tienda especializada en libros jurídicos ubicada en la Rambla Nova de Tarragona, muy cerca de la Plaza Imperial Tarraco. Estoy seguro de que mis amigos juristas de dicha ciudad han entrado -y por lo tanto salido- de tal establecimiento en multitud de ocasiones y que sienten hacia quienes atendían al público en mi época -en estos momentos ignoro si ha habido cambios al respecto- la misma secreta y callada admiración.

Mis recuerdos de esta tienda se remontan a los inicios de los años 80, cuando empezaba a preparar la oposición y aquélla era prácticamente el único lugar de Tarragona donde podía encontrar una publicación relacionada con el Derecho. Atendían -me encantaría confirmar que lo siguen haciendo- quienes entonces eran dos jóvenes mujeres a las que podría definir perfectamente con tres palabras: educación, eficacia y discreción. Yo soy por naturaleza tímido y por entonces aún lo era más, razón por la cual nunca intercambiaba más palabras que las estrictamente necesarias para una compra, un encargo o una consulta, algo que ahora lamento porque cuando uno es bien atendido debería aprender a ser más expresivo y agradecido.

La librería, que también era papelería, se llama "Bayer", un nombre que me llamaba la atención, pues me sonaba a aspirina y a equipo de fútbol alemán, pero no a nada relacionado con el mundo de las leyes. Dentro de ella, la recuerdo pequeña y escasa de grandes lujos, todo era pulcritud y limpieza, y las dos citadas señoritas -siento la palabra políticamente incorrecta, pero al menos por entonces era la que mejor las definía- te atendían con una gran amabilidad y hacían fácil salir satisfecho de la gestión. Nunca supe sus nombres, pero fueron testigos de mi prehistoria profesional, y en cierto modo con ellas -y con otros- fui creciendo en mis ilusiones que gracias a Dios acabaron convirtiéndose en realidad. Por eso puede ser esta la ocasión para, desde la distancia, agradecerles su colaboración y su paciencia.

Por entonces la Librería "Bayer", que con el tiempo he descubierto que también existe en Barcelona y en Girona, podía ser la pequeña especialista en derecho de una ciudad de provincias, pero esto no significa ni limitación ni defecto, la prueba es que allí sigue viva y con la discreción y la eficacia de siempre.

8 de enero de 2012

Nostalgias a ritmo de música



En su columna del primer "Semanal" de 2012 Juan Manuel de Prada realiza una glosa laudatoria de un libro publicado por Antonio Sanjosé con el título "La felicidad de las pequeñas cosas"; los propios editores del suplemento citado destacan una frase que me ha inspirado el post de hoy: " ... calzarse unos zapatos viejos, saborear unos churros, visitar una tienda de ultramarinos, volver a escuchar una canción que remueve los cementerios de nuestra memoria ...", unos cuantos ejemplos que pone de Prada sobre lo que él mismo denomina "primores de lo vulgar", donde el tal Sanjosé nos descubre, al parecer, "nuestra más intima verdad, sepultada entre una hojarasca de vanos afanes, ambiciones desnortadas y confusas desazones". Me ha gustado la idea, y me ha servido como santo y seña para el sano ejercicio de aprender a desdramatizar las tragedias que con frecuencia me inventó y no hacer excesivo caso a quien me acusa de caer en la nostalgia como pretendida manifestación de estar haciéndome viejo.

Sin despreciar al calzado cómodo, los churros o lo que en Cataluña llaman "colmados", me he quedado con esas canciones que nos recuerdan a momentos concretos del pasado, pienso que porque en mi vida siempre ha estado viva la paradoja de compartir la realidad de una memoria amplia con la que recordar un número importante de canciones y un oído más bien negado para la música. Un viejo amigo me definía en tiempos como un personaje "lleno de letras de canciones", y es bien cierto que no limito mi tendencia al "tarareo" al momento de la ducha y que con demasiada frecuencia me descubro -y me temo que otros también me descubren- cantando por la calle -en voz baja, eso sí-.

Y el que determinadas canciones vayan unidas a épocas y sucesos concretos de mi vida no supone necesariamente que se trate de acontecimientos muy principales, y así, por ejemplo, no podría explicar porqué -o a lo mejor sí, ¿quién sabe?- el día del primer ascenso a primera división del Real Zaragoza que he vivido en vivo y en directo, allá por mayo de 1972, en mi interior repetía casi constantemente el gran éxito del malogrado Nino Bravo "Un beso y una flor", una canción que me identifica también con la excursión que con el colegio hice al día siguiente del ascenso al Castillo de Javier y el Monasterio de Leire: que en pleno 6º de bachiller, en medio de esas preocupaciones propias de la reválida que existía por aquélla época -junio de 1974- el menda no paraba de tararear "El Vendedor", una de esas joyas que elaboró Juan Carlos Calderón para Mocedades o que la única vez que he llegado a esquiar en mi vida -lejanísimo el mes de enero de 1972- mientras bajaba por las pistas más sencillas de Formigal, donde por cierto descubrí que ese deporte tampoco era lo mío, interpretaba en mi interior el célebre "Soldadito" de La Compañía. Y, como bien explican Sanjosé y de Prada, cada vez que escucho estas canciones revivo inevitablemente similares sentimientos, vivencias y paisajes que entonces.

Ya he hablado varias veces de mi servicio militar en tierras levantinas, y también ahí los recuerdos se agolpan al son de temas diversos, como "Un adiós a media voz", una canción bien poco conocida de Julio Iglesias que vete a saber porqué causa repetía en el CIR alicantino de Rabasa, o el "Oh qué será" de Ana Belén, "Menta y limón" de Rocky Narvaja o un movido "No me hables no me hables", de Juan Pardo que no paraban de sonar en el parque de Artillería de Valencia. De tiempos posteriores son "La playa" y "París" dos de los éxitos del "Viaje a Copperpot" de La Oreja de Van Gogh, que identifico con los tiempos de mi marcha a Huesca, sin olvidar "Déjame", todo un himno de Los Secretos que va intimamente unido a una inolvidable cena en un brasileño de Salou con un gran amigo cuya amistad acabaron cortando las circunstancias, y también de Salou queda grabada en mi retina la imagen de un buen número de ingleses borrachos, desnudos de cintura para arriba, bailando encima de las mesas de un pub mientras sonaba "Hey Jude".

Y podría seguir hablando de muchos otros temas que con solamente oírlos me hacen revivir momentos distintos, emotivos, vibrantes, importantes, divertidos, ... incluso alguno triste. Así "Amores", de Mari Trini, "Parábola", del disco que Serrat dedicó a Machado, "¿Y cómo es él?", una de esas exitosas canciones de "cuernecillos" de Perales que sonaba en el Talgo qué me llevaba al último examen de mi oposición, "Le llamaban piel", de Sergio y Estíbaliz, la versión que de "La barca de oro" cantaba Mocedades, "Hablame del mar marinero", de Marisol, "Lucía", de Sergio Dalma, "Señora", un tema de Pancho Céspedes que va unido a mi último año en la imperial Tarraco, "Salomé" un ritmo más bien hortera de Chayenne ... y, por supuesto, "My way", del gran Frankie, una canción mítica que me trae recuerdos muy especiales. Y rememorar tiempos pasados, sucesos inolvidables, sensaciones antiguas o la compañía de personas que tal vez ya no están entre nosotros nos hacen más humanos y nos ayudan a conservar lo bueno que hemos vivido.

6 de enero de 2012

Cuatro pelis españolas que en su día me tocaron la fibra



El cine español contemporáneo suele ser objeto de grandes discusiones; salta a la vista que aporta muchos aspectos positivos, que ha habido en los últimos años grandes éxitos a nivel internacional y que hay nombres absolutamente consagrados en el actual panorama del séptimo arte en nuestro país: Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar, Penélope Cruz, ... Pero también han salido a la luz frecuentes polémicas y desde diversos ámbitos se han producido críticas, a veces hasta despiadadas. He de reconocerme como un ignorante en la materia, pues he visto muy pocas películas de producción propia y no he seguido en absoluto ni la trayectoria de los principales cineastas nacionales ni las polémicas desatadas en torno al tema.

Eso sí, puestos en marcha los mecanismos de la memoria puedo hablar de cuatro películas propias que en su día no sólo me encantaron, sino que consiguieron encender en mi interior esas potencias emotivas, y lograron que mojara la pestaña y sintiera empatía e identificación notable con los personajes que las protagonizaban. Evidentemente estoy hablando de films recientes, pues tiempo habrá -de hecho ya lo ha habido en alguna ocasión- en su día para ensalzar a ese cine español pretérito que fue capaz de dar películas inolvidables, algunas de las cuales tal vez no hayan tenido el reconocimiento que merecían. A nombres como Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Manolo Gómez Bur, Conchita Velasco y muchos otros algún día se les hará justicia, pues a veces parece que solamente comenzaron a ser buenos actores a partir de un momento determinado, cuando en realidad lo fueron desde su primer rodaje.

Siguiendo un riguroso orden cronológico tengo que empezar por "Canción de cuna" (1994), la deliciosa obra de José Luis Garci que describe con maestría y ternura entrañables las vivencias de unas monjas de clausura de pueblo en la España de finales del XIX. La aparición de una niña recién nacida abandonada a las puertas del convento, un recurso bien sencillo, supone a la vez un punto de emociones y una fuente de problemas en la vida de las monjas. Garci consiguió una película redonda con un material bien poco sofisticado, y destacan las magistrales interpretaciones de Fiorella Faltoyano, Alfredo Landa y una entrañable hermana tornera María Luisa Ponte, que mereció por su trabajo un Premio "Goya", sin olvidar la eficacia de artistas de hoy y ayer como Amparo Larrañaga, María Massip, Virginia Mataix, Carmelo Gómez y Maribel Verdú. El trabajo de Garci se convierte en sublime en la escena final, cuando la cámara recorre la mirada dulce y emocionada de amor de las monjas, conmovedora e inolvidable; una película que deja un recuerdo imborrable y al pensar en ella regresan la dulzura y la paz interior que sentimos en su día al verla.

Si hay una película que en su momento me emocionó a fondo y cuyo recuerdo me vuelve a poner la carne de gallina es "El color de las nubes" (1997), un trabajo de Mario Camus que a mí me pareció una obra de arte, aunque posiblemente no lo sea. Es posible que las razones por las que "El color de las nubes" me dejó impactado tengan también algo que ver con el momento concreto en que la pude ver, pues se trata de una peli que vi en el verano de 1999, un tiempo en el que mi corazón y mi cabeza andaban sensibles como pocas veces, pero creo que el film en sí posee condiciones suficientes para remover y hacer pensar. Por encima de todo me pareció un lujo el trabajo de alguien por quien siento especial debilidad, Julia Gutiérrez Caba, quien está insuperable en un personaje ya de por sí magnífico. Me encantó también Ana Duato, protagonista de una historia de amor que me llegó muy adentro, así com Simón Andreu, un clásico del cine español de siempre, en otro personaje con el que uno se identifica y el trabajo de los niños protagonistas. No he vuelto a ver esta película, pero estoy deseando volver a hacerlo. Dejo una crítica que me ha parecido certera:
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2165.html

Otra película que excitó mi sensibilidad, aun siendo bastante más dura que las anteriores, fue "Solas" (1999), un film de Benito Zambrano del que se habló mucho en su momento. Para mí ver "Solas" supuso una experiencia deliciosa; la película de Zambrano tiene, desde mi punto de vista, dos valores esenciales: por un lado te pone en contacto con un mundo absolutamente real, el de la mujer sencilla y abnegada que cuida de su marido, sufre por su hija, se preocupa del vecino, ... todo ello sin sentirse ni víctima ni heroína, la joven desarraigada que parece estar malgastando su vida tanto por ignorancia como por dejarse llevar, el hombre maduro especial, que solamente se entiende con su perro, ... son situaciones que se repiten cada día en cualquier lugar, y por otro da a unas situaciones duras y dramáticas un toque de dulzura, siempre con una puerta abierta a la esperanza, a la confianza en la bondad interior de las personas ... al menos de algunas. Y, por encima de todo, creo que lo mejor de "Solas" tiene nombre y apellido, María Galiana, todo un descubrimiento, una actriz sin historia anterior capaz de reflejar algo a lo que deberíamos aspirar todos, la capacidad de amar, con mayúsculas y sin condiciones: la maternidad, el amor conyugal, el aprecio a las personas, ... los vive "Rosa" como su pan nuestro de cada día, seguro que todos hemos conocidos a unas cuantas como ella.

Posiblemente la película menos dada a las emociones y las sensibilidades de las mencionadas sea "Los lunes al sol" (2002), dirigida por Fernando León de Aranoa y portagonizada por el actor español más rutilante de estos principios del siglo XXI, Javier Bardem. El film barrió en los "Goya" de 2003, llevándose los cuatro premios "estrella" y tuvo un importante éxito en taquilla: todo ello creo que con todo merecimiento. La película acierta al reflejar algo tan dramáticamente actual como es el paro y los dos personajes principales, que bordan el citado Bardem y Luis Tosssar, están tan primorosamente conseguidos que solamente por verlos desenvolverse vale la pena ver la película. Pienso que la ambientación del film en la ciudad de Vigo favorece el éxito del mismo, en cuanto su carácter industrial da credibilidad al tema y, no se si ésto es una "boutade", porque me parece que la idiosincrasia gallega facilita bastante las cosas si pensamos en personajes y argumento. Como anécdota, referir que a un "futbolero" como quien suscribe le llamaron la atención las escenas que se desarrollan cuando los protagonistas ven de "tapadillo" un partido de fútbol, que entendía debía de jugarse en "Balaídos", algo que no me cuadraba con las imágenes que veía hasta que alguien me hizo notar que se trataba del vetusto estadio pontevedrés de "Pasarón". Cuestiones accidentales aparte, "Los lunes al sol" es otra película que te llega dentro y te emociona.

Salta a la vista que mi selección no pretender recoger las mejores películas del cine español de los últimos 20 años, ni siquiera de un tipo de cine concreto, pero puedo asegurar que a la hora de escoger un "poker" de títulos que me hicieron sentirme a gusto y hasta notar humedad en los ojillos, no he tenido ninguna duda.


5 de enero de 2012

Vender humo

Dicen que es síntoma de juventud mantener vivas las ilusiones, de la misma manera que uno puede empezar a considerar que se está haciendo viejo cuando asoman el escepticismo y la indiferencia, esa cruda actitud de estar de vuelta de todo. Por esta razón es bueno estar atento a determinados síntomas que pueden dar a entender que tu vida bordea uno de esos peligrosos traspasos de fronteras; pero no es menos cierto que conforme vas cumpliendo años la vida te enseña a tomarte las cosas con un punto de frialdad y a enfrentarte a las personas tratando de mantener bajo control los mecanismos que accionan el entusiasmo, a la vez vas adquiriendo cierta habilidad para ver más allá de las palabras bonitas y las buenas intenciones de algunos. Y es que no me cabe ninguna duda de que en la sociedad en la que ahora nos movemos hay mucho vendedor de humo, cada vez proliferan más quienes desde su atalaya te miran como si fueras un botarate y lanzan a quien les quiera escuchar mil teorías sobre cómo salir de la crisis económica, como hacer dinero y como arreglar en dos patadas los problemas más llamativos del actual sistema. En los últimos tiempos he escuchado pronunciar sin medida ni recato esa especie de términos mágicos como emprendedor, iniciativa, trasversalidad, racionalidad, ... y unos cuantos más que estoy seguro pueden tener en el momento y lugar oportuno una aplicación correcta, pero no lo estoy menos de que muchas veces no son más que simples lugares comunes al que recurre algún iluminado y más de un comerciante de ocurrencias.

Escuchando a según quien tiendo a pensar que existen imaginaciones tan vivas que sus propietarios llegan incluso a creerse lo que aquéllas les aportan; así se consideran íntimos de simples conocidos, adornan las ofertas y compromisos de los demás de una seguridad y firmeza que no existen y andan por la vida con pasos fuertes en suelos etéreos. Malo es ocultarse en el caparazón de la cobardía, quedarse sujeto al miedo y a los complejos, pero también puede ser un error no añadir la prudencia y el sentido común como compañeros de viaje. Y es que el mayor peligro de los inconscientes no es tanto su propia facilidad de estrellarse, sino su frecuente capacidad de arrastrar a otros incautos a la misma sima.

El humo se puede vender también a base de apariencias; todavía somos demasiado sensibles al boato y a los lujos babilonicos, de manera que si cuando entramos en el despacho de un abogado, economista o asesor de cualquier tipo nos hundimos en la moqueta y nos deslumbran el brillo de las lámparas, las telas de las cortinas y los tapizados de los sillones, nos puede acabar pareciendo lo más lógico y normal el sablazo que nos clavan a la salida. Muchos vendedores de humo refuerzan sus habilidades en los concesionarios de vehículos de lujo, en los sastres más caros de la "milla de oro" de rigor y en los reservados de los restaurantes con carta más onerosa de la plaza. Me temo que sólo los años cumplidos y algún que otro "costalazo" nos ayudan a distinguir el trigo de la paja, a descubrir estafas detrás de las ofertas irrechazables, a saber quitarle la careta a los embaucadores disfrazados de estrellas.




4 de enero de 2012

Todo un carácter

El Atlético de Madrid sigue acumulando fracasos en sus distintos proyectos; parece como si los colchoneros no pudieran bajarse nunca del vagón de la polémica y van acumulando records año tras año a la hora de destrozar las carreras de entrenadores y jugadores. Gregorio Manzano, un míster equilibrado y generalmente efectivo, ha sido la última víctima de este club devorador de hombres; tras tres largos meses de decepciones y fracasos la directiva que preside Enrique Cerezo ha vuelto a recurrir a un golpe de efecto para tratar de encauzar la errática trayectoria del equipo y procurar devolver la ilusión a una afición sufrida como pocas. Para conseguir su objetivo ha vuelto a recurrir a un histórico del club del Manzanares, propiciando el regreso de Diego Pablo Simeone, un argentino dotado de un fuerte carácter y un notorio espíritu indomable que fue en su día santo y seña del equipo que a las órdenes de Ratomir Antic consiguiera en 1986 el doblete para las vitrinas del equipo de la calle Barquillo. El "Cholo" es uno de esos jugadores que enloquece a una afición y en sus manos está conseguir relanzar a un equipo gravemente enfermo ... o convertirse en otro ídolo caído como en su día lo fueron personajes tan egregios en el mundo del fútbol como Paolo Futre, Javier Clemente o Carlos Bianchi.

Diego Simeone forma parte de una brillante generación de centrocampistas argentinos que comenzó a destacar en los Trofeos Apertura y Clausura entre finales de los 80 y principios de los 90; en aquella época seguía bastante el fútbol argentino y recuerdo nombres llamativos, como el de Fernando Redondo, posiblemente el mejor de ellos, un volante de una fuerza y calidad impresionantes que tras destacar en Argentinos Juniors acabó jugando en Tenerife, Real Madrid y Milán A.C.; por Zaragoza pasó también un "5" argentino de envergadura, Darío Franco, un jugador altísimo, de una gran colocación y una combatividad fuera de lo común, tanta que llegó a jugar un partido con el escroto fracturado, Franco, que vino del Newells Old Boys, vio cortada su progresión por una fractura de tibia y peroné sufrida jugando con la selección y acabó su carrera en el Atlas mejicano. De la misma época son Leonardo Astrada, un volante que siempre jugó en River Plate, Diego Latorre, un mago del balón que fichó por el Tenerife procedente de Boca Juniors y Gustavo Zapata, un creador que también jugó en River. "Cholo" Simeone se formó en uno de los grandes, Velez Sarfield, de donde marchó al Pisa, equipo que lo vendió al Sevilla, aunque fue en el Atlético de Madrid donde alcanzó más fama. Los colchoneros le traspasaron al Inter de Milán en 1977, ganando, la Copa de la UEFA y de allí pasó al Lazio, con quien ganó la Liga, Copa y Supercopa de Italia regresando al Atlético y acabando sus días en el Racing de Avellaneda.

Diego Pablo Simeone era un fenómeno de la naturaleza, capaz de correr y correr por todo el campo los noventa minutos del partido, poseedor de un amor propio llamativo y una gran capacidad de echarse el equipo a la espalda en los momentos más duros. El jugador, nacido en Buenos Aires tenía buena media goleadora y una técnica aceptable. Eso sí, no cabe olvidar que el hombre tenía una mala leche notable y no se andaba con chiquitas a la hora de intentar arrebatar el balón al contrario. Fue uno de esos jugadores llamados temperamentales, con habilidad para "liarla" si es necesario y una buena lista de incidentes llamativos en su "currículum". Eso sí, se trataba de un jugador extrovertido, de esos que por su entrega y su carácter se ganan enseguida el cariño de la afición; Simeone era garantía de esfuerzo y compromiso, algo que los buenos aficionados agradecen siempre.

Como entrenador Simeone ha dirigido a clubes argentinos del nivel y la historia de Racing de Avellaneda, Estudiantes de la Plata, River Plate y San Lorenzo de Almagro, además de una breve experiencia italiana con el Catania. Con Estudiantes de la Plata ganó el Torneo Apertura de 2006 y con River el Clausura de 2008. Ahora llega al Atlético de Madrid para tratar de transmitir su carácter ganador y contagiar a unos jugadores que parecen aburguesados su mentalidad ganadora y su condición de persona ambiciosa e inasequible al desaliento. Ya veremos si lo consigue o muere en el intento.


3 de enero de 2012

Jóvenes y apuestos italianos de los 70



Mediados los años 70 se pusieron de moda en toda España una serie de cantantes italianos con aspecto de adolescentes, larga melena y un físico que resultaba tremendamente atractivo para las quinceañeras de la época, y posiblemente alguna más. Italia siempre había aportado grandes intérpretes a la música ligera, y nombres como Adriano Celentano, Sergio Endrigo, Ornella Vanoni, Mina, Doménico Modugno, Pino Donaggio o Iva Zanicchi se habían convertido en primeras figuras indiscutibles. Pero estos nuevos "trovadores" transalpinos suponían una novedad, su música era más propia de los nuevos tiempos e incorporaban un toque de dulzura y "glamour" y un aspecto capaz de romper algún que otro corazón.

Posiblemente uno de los cantantes de mayor calidad de esta generación es Claudio Baglioni, un romano nacido en 1951 cuya primera aparición importante fue la interpretación de algunas canciones para la banda sonora de la película "Hermano Sol, Hermana Luna" de Franco Zeffirelli y cuyas primeras canciones tuvieron la colaboración en los arreglos de un entonces desconocido Vángelis. Claudio Baglioni ha evolucionado musicalmente y se ha convertido en uno de los compositores más innovadores de Italia, incluyendo en su repertorio como cantante y compositor no solamente sus viejas baladas lentas y tristes, sino también rock, jazz y blues. En esos tiernos años 70 es inolvidable su tema "Sábado por la tarde", una canción que seguro no han olvidado muchos y muchas que ahora andan por los 50.





Gianni Bella nació en Catania en 1946; comenzó cantando en grupos musicales de su tierra y componiendo para su hermana Marcella, que se presentó en el Festival de San Remo de 1972 con el tema "Montagne verdi", compuesto por Gianni. A partir de entonces Gianni Bella inicia una brillante trayectoria como solista, de la que cabe destacar "Non si può morire dentro", una canción llena de ternura y sentimientos que se escuchó por toda España en el año 1976 como "De amor ya no se muere" y con la que ganó el Festivalbar. Se trata de una de esas canciones que no se dejó de escuchar nunca y que al cabo de más de treinta años uno se sigue sorprendiendo al oírla en cualquier programa de radio. Gianni Bella ha seguido trabajando como solista y compositor hasta hoy, habiéndose presentado en varias ocasiones al citado Festival de San Remo, que sigue siendo el certamen más importante del país de la bota.





Si Baglioni era el de más calidad, es posible que el intérprete que causó más impacto en su día entre las jovencitas de los 70 fuera Sandro Giacobbe, un cantante natural de Génova, donde nació en 1951. Su canción "El jardín prohibido" era casi como un mensaje en una botella para adolescentes y alcanzó el número uno de ventas por toda Europa. Allá por el año 1975 el tema, que habla de amores juveniles, se escuchaba por todas partes y en una España que agotaba los últimos momentos del franquismo la letra del tema, que hoy sabe a ingenuidad y dulzura, tenía ciertos toques de escándalo para algunas mentes antiguas. Giacobbe, que ha participado en tres ocasiones en San Remo, ha mantenido siempre la línea de la melodía romántica tradicional en Italia, siguiendo la estela de los grandes solistas italianos de siempre. "El jardín prohibido", por más que en esos años tuvo otros éxitos sonados como "Signora mia", "Io Prigioniero" y "Il Mio Cielo La Mia Anima", será siempre su canción emblemática.