4 de noviembre de 2009

Mi tiempo, tu tiempo, su tiempo










En ocasiones tendemos a ser algo puñeteros y ésto corre el peligro de acentuarse conforme vamos cumpliendo años; y digo esto porque a lo mejor el problema que planteo es más una manía mía, una simple susceptibilidad que algo mal enfocado, pero como realmente me quema lo voy a contar aquí.

Se trata de esa costumbre, arraigada en bastante gente, fundamentalmente altos y medianos cargos de las administraciones, ejecutivos varios y hombres de empresa, de llamar por teléfono a través de su secretaria, de tal manera que uno recibe la llamada diciendo que "Don Fulano quiere hablar con usted" y tiene que esperar, en ocasiones incluso más de la cuenta, hasta que el tal Don Fulano -que puede ser Doña Fulana, paridad manda- decide ponerse a contarte lo que quiere o necesita.

A mí cada día me enciende más esta costumbre, fundamentalmente porque la impresión que uno saca es que el otro considera -cuando menos "de facto" que su tiempo es más valioso que el tuyo, que eres tú quien tiene que esperar ...cuando quien ha llamado es precisamente el que lo hace vía intermediario. Suelo sentir ganas de cortar la comunicación, pero me parece grosero, también de soltarle una "fresca", pero me faltan "bemoles", a lo mejor una ironía, pero no suelo tener la rapidez necesaria. Y al final acabas la conversación y o te quedas con el mal sabor de boca de haberte sentido ninguneado o ese día estás más suave y lo has perdonado.

Tengo bien claro que esto no es un drama, además de que en determinados casos puede estar justificado por la condición de quien llama o por las circunstancias del momento, pero como regla general me postulo en contra de este planteamiento. La razón de esta forma de actuar puede ser simplemente la costumbre, el uso habitual,pero en ocasiones pienso que detrás de todo se esconde una doble perversidad: la de funcionar sin pensar en el otro y la de creerse demasiado importante; y quien incurre en esto se equivoca: porque el tiempo ajeno es tan válido como el propio y porque, eso lo tengo cada día más claro, pueden existir personas más trabajadoras, más responsables, más leales o más solidarias, pero no más importantes.

Es ésta una opinión planteada desde cierta icineración, pero puedo asegurar que no desde la visceralidad; estoy seguro de que pueden aparecer opiniones contrarias muy enriquecedoras, y posiblemente otras aún más radicales. La verdad es que espero con interés la opinión de todos los que quieran aportar algo.


3 de noviembre de 2009

Nos deja otro clásico

José Luis López Vazquez ha fallecido en Madrid a la edad de 87 años; con él se va uno de los clásicos de nuestro cine ... y ya son muchos: Fernando Fernán Gómez, Alberto Closas, Manolo Gómez Bur, Gracita Morales, Rafaela Aparicio, ... los años no perdonan y quienes aparecieron un día en la pantalla llenos de vitalidad también se marchan definitivamente, aunque la magia propia de las pantallas consiguen que su recuerdo sea algo mucho más vivo que la simple permanencia en la memoria.

Cuenta "El País" que López Vázquez falleció "en su domicilio a las 13.25 acompañado de su familia y de su amor tardío, la actriz Carmen de la Maza", y he de reconocer que desconocía su actual vinculación sentimental con esta actriz a quien recuerdo de televisión, habitualmente haciendo papeles de solterona y que es nieta de la escritora Concha Espina, que hay que aclarar que antes de ser la calle donde tiene su sede el Real Madrid era una autora de novelas más bien "folletinescas". Recuerdo que la primera vez que ví en televisión a Carmen de la Maza fue representando el papel de Carolina Spencer, en una versión de la novela de Henry James "Cuatro encuentros", junto a Fernando Guillén, Lola Lemos y Roberto Llamas, entre otros.

El presidente de la Academia de Cine, Alex de la Iglesia, ha asegurado a Efe "Se va uno de los actores más grandes, una de las patas de la mesa del gran cine español junto con Fernando Fernán Gómez y Pepe Isbert", frase que parece acertada, aunque seguro que alguna pata más queda todavía por ahí.

Mi primer recuerdo de López Vazquez es el de las típicas españoladas de los años 60, como es el caso de "Sor Citroen" (1967), la primera película del "ramo" que recuerdo haber visto, dirigida por el inefable Pedro Lazaga y en la que el actor hoy fallecido compartía cartel con un buen número de habituales del género: Gracita Morales, Juanjo Menéndez, Rafaela Aparicio, José Sacristan, Mari Carmen Prendes y Rafael Alonso, entre muchos otros. Por esta razón, en mi cabeza juvenil López Vázquez quedaba encasillado con la etiqueta de actor cómico de andar por casa, algo que el tiempo demostraría que era un error. Cuando el Televisión Española se proyectó "La cabina", la genial producción de Antonio Mercero, yo pensaba que se trataba de una "humorada" más, de ahí mi sorpresa al comprobar todo el dramatismo de la película; desde que ví "La cabina" hubo para mí un nuevo López Vázquez.

López Vázquez ya había destacado en una serie de películas con papeles mucho más allá de la mera comicidad, como tres de las mejores de Berlanga: "Los jueves, milagro" (1957), "Plácido" (1961) y "El verdugo" (1963), tres películas que hablaban de la España profunda, de los aires de la posguerra, todas en auténtica clave de esperpento. También trabajó en "El cochecito" (1960) del italiano Marco Ferreri junto al genial Pepe Isbert. De su primera época hay que destacar películas inolvidables como "El pisito" (1959), también de Ferreri y que protagonizó junto a la recientemente desaparecida Mary Carrillo, "Atraco a las tres" (1962), de José María Forqué, junto a Cassen, Alfredo Landa y Gracita Morales y por supuesto su formidable papel de padrino en "La gran familia" (1962) y "La familia y uno más" (1964).

De su trabajo en los años 70 hay que destacar dos films por encima de todos; uno de ellos fue "Mi querida señorita" (1971), un papel realmente difícil del que salió triunfante; la película de Jaime de Armiñán, con guión de José Luis Borau, constituyó un éxito en su día y con López Vázquez compartían cartel Julieta Serrano, Antonio Ferrandis, Lola Gaos y Mónica Randall, entre otros. La otra película que quiero destacar es "La prima Angélica" (1973), una realización de Carlos Saura que escandalizó en su momento y ganó el Premio Especial del Jurado de Cannes, siendo seleccionada para el Oscar a la mejor película extranjera; el actor vuelve a trabajar con Julieta Serrano, junto a Lina Canalejas y Fernando Delgado. Tampoco podemos olvidar sus intervenciones televisivas como la ya referida de "La cabina" o su papel en la gran serie de Mingote "Este señor de negro": siempre le recordaré llamando a María Luisa Ponte "monumento del barroco".

También destacan sus importantes aportaciones a tres películas del Berlanga más reciente: "La escopeta nacional" (1977), "Patrimonio nacional" (1981) y "Nacional III" (1982); en dichos films se narra la historia de la familia Leguineche, unos nobles venidos a menos que regresan de su exilio francés tras la muerte de Franco. No podemos olvidar su papel en "La colmena" (1982), en la que Mario Camus llevó al cine la "ópera prima" de Camilo José Cela y su última actuación: "¿Y tú quien eres?" (2007) en la que junto a Manuel Aleixandre recrean con ternura entrañable el papel de dos ancianos internados en una residencia.

José Luis López Vázquez, como tantos actores de su generación, tuvo que hacer de todo; frecuentemente tuvo que cargar con películas de "medio pelo", pero a pesar de todo sabía salir airoso y demostrar su enorme valía como actor; de la misma manera supo aprovechar sus oportunidades y acabar ganándose un lugar entre los mejores. Conchita Velasco, hablando de como en España nos gustán los dilemas y en el cine se había creado entre los partidarios de Fernando Fernán Gómez y los de José Luis López Vázquez, ha afirmado que "Fernán Gómez era un todo, pero el gran gran actor, el gran eminente actor fue López Vázquez, que no trabajó en Hollywood porque no sabía inglés, aunque Dustin Hoffman reconoció que su papel en la película Tootsie estaba inspirada la interpretación de López Vázquez en Mi querida señorita".


2 de noviembre de 2009

El drama del "Negro" Cáceres



Los teletipos nos ponían a los futboleros la carne de gallina con la noticia de que Fernando Cáceres, ex-jugador, entre otros equipos, de Real Zaragoza, Valencia y Celta de Vigo, se debatía en un Hospital de Buenos Aires entre la vida y la muerte al haber recibido un tiro en el ojo cuando conducía su BMW por la zona oeste de la ciudad. En estos momentos la situación es crítica y en el mejor de los casos los médicos anuncian graves secuelas neurológicas.

El elenco de equipos en los que ha jugado el "Negro", como se le conoce en el mundo futbolístico argentino, tan aficionado a poner motes a todo jugador brillante, es de auténtico lujo: en Argentina jugó en Argentinos Juniors, River Plate, Boca Juniors e Independiente de Avellaneda: casi nada, mientras que en España lo hizo en Zaragoza, Valencia, Celta y Córdoba.

Fernando Cáceres llegó al Real Zaragoza en el verano de 1993; el equipo blanquillo ya llevaba tres temporadas al mando de Víctor Fernández y desplegaba un buen fútbol, aunque no acababa de cuajar del todo: le faltaba firmeza en la zaga y un goleador arriba. Ese verano el viejo presidente Alfonso Solans, todo un personaje, trajo al entrenador maño las dos piezas que faltaban, ambas con aires gauchos: el central de River Fernando Cáceres y Juan Eduardo Esnaider, el polémico ariete que años antes había fichado el Madrid de Ferrocarril Oeste. Con estos dos fichajes Víctor cerró un equipo que ofreció a la afición zaragocista dos años llenos de buen juego, brillantez y títulos que culminaron con la mayor proeza de la historia blanquilla: la consecución de la Recopa de Europa el 10 de mayo de 1995 en el Parque de los Príncipes de París. Efectivamente, Cáceres cumplió todas las expectativas de su fichaje y aportó a la defensa blanquilla una serenidad y una consistencia que fueron claves para los éxitos posteriores.

En el programa "La Jornada" de ayer Pedro Luis Ferrer, desde mi punto de vista uno de esos periodistas que sí que saben, afirmaba que Cáceres ha sido el mejor central que ha visto pasar por el equipo blanquillo; estoy completamente de acuerdo con él, y eso que desde que tengo uso de razón el centro de la defensa maña ha sido ocupado por jugadores del nivel de Santamaría, Manolo González, Violeta, Camus, Salva, Morgado, Fraile, Juliá, Pablo Alfaro, Xavi Aguado, Paco Jémez, Gabi Milito y Ayala. Cáceres destacaba en primer lugar por su colocación: siempre estaba donde tenía que estar, era listo y se anticipaba al rival, pensaba mucho más deprisa que él. A su lado Aguado, ese catalán que vino a hacer la mili en Zaragoza cuando jugaba en el Sabadell y fichó casi de casualidad, creció enormemente y acabó convirtiéndose en una leyenda. El "negro" tenía además buen toque de balón, sabía sacar la pelota controlada y aportaba capacidad ofensiva; sin olvidar ese punto de "mala leche" que necesita cualquier central para ser completo. Fernando Cáceres mandaba en su parcela, daba seguridad, controlaba la zona y dominaba el juego aéreo, nadie como él ha conseguido que la afición zaragocista descansara tranquila cuando le tocaba atacar al rival.

En la retina de los zaragocistas quedan un sinfín de recuerdos de esos tres años en los que disfrutamos de su presencia en el equipo, empezando por la imagen inolvidable del jugador encaramado en una de las porterías del Parque de los Príncipe cortando un trozo de red para quedárselo como recuerdo; y bien que se lo había ganado, pues junto al citado Aguado habían formado una barrera inexpugnable en el área de otro mito, Andoni Cedrún. Tampoco podremos olvidar su decisivo papel en la consecución de la Final de Copa del año anterior frente al Celta, cuando el partido se complicó tanto al ser expulsado Santi Aragón y Cáceres creció hasta completar un partido memorable, o el gol que inició el 6-3 frente al Barça del "Dream team", la tarde de domingo que mejor recordamos los zaragocistas de finales del siglo pasado.

En el Zaragoza las épocas de vino y rosas suelen ser breves, y en esta ocasión no hubo, por desgracia, excepción, el equipo se fue desmembrando y Fernando Cáceres fue de los primeros en abandonar la nave: en junio de 1996 fue vendido al Boca Juniors por 500 millones de los de entonces, la economía manda, aunque tras trece años solamente Gabi Milito estuvo a la altura de entre quienes ocuparon su puesto en el equipo.

Ahora Fernando Cáceres se enfrenta al partido más duro de su vida, la situación parece desesperada y cuando uno escucha a los que están cerca suyo intuye que nos están preparando para lo peor. De momento, solamente quedan nuestras oraciones y la seguridad de que, pase lo que pase, el "negro" Cáceres está en lo más alto de la pequeña historia del Real Zaragoza y de la grande del fútbol mundial.





31 de octubre de 2009

Más intriga escandinava



Primero Mankell y luego Larsson han disparado el boom de la novela negra nórdica; en esta materia pasa como en los conjuntos de rock, la pintura moderna o los concursos televisivos: cuando se ponen de moda se abre la puerta y entran de todo tipo: buenos, malos y regulares. Por esta razón es bueno aprender a distinguir el grano de la paja, y hoy puedo hablar de dos novelas, ambas de autor sueco, que me han parecido francamente buenas.














"Nadie lo ha visto"
Mari Jungstedt

Maeva. Madrid (2009)
262 páginas

La idílica isla sueca de Gotland se prepara para la temporada turística. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla y celebra con sus amigos el inicio del verano. Pero el buen ambiente que se respira durante la fiesta se acaba de pronto cuando Per, el novio de Helena, tiene un ataque de celos y reacciona de forma violenta. A la mañana siguiente, la joven sale a pasear con su perro por la playa para reflexionar sobre lo ocurrido y desaparece en la densa niebla. Cuando un vecino descubre su cadáver desnudo y gravemente mutilado, las sospechas recaen inmediatamente sobre Per. Pero algunos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en circunstancias similares. El seguimiento del caso por parte de los medios de comunicación es enorme y el pánico se apodera del pueblo. El comisario de la policía judicial, Anders Knutas, está convencido de que el autor del crimen es un peligroso asesino en serie, que no dudará en atacar de nuevo. En su acelerada investigación contará con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan Berg.

La editorial Maeva ya había dado su particular "pelotazo" en el tema con los libros de Camilla Lackberg y entiendo que ha reforzado su prestigio con la primera entrega de esta serie protagonizada por el comisario Anders Knutas de la que ya está en las librerías el segundo volumen, "Nadie lo ha oído", título que tras leer en la contraportada que hay cinco publicados hace sospechar que la cosa va en torno a los cinco sentidos.

La novela se lee muy bien y ésto ya es una virtud si hablamos en materia de intriga; es un libro ágil, entretenido y con una trama creíble y bien elaborada. Como en casi todas las obras de autores nórdicos, hay crímenes horribles, policías muy definidos y una investigación que busca más profundizar en las conductas humanas que mantener la intriga hasta el final. En estas novelas no suele haber sorpresas finales ni giros inesperados.

En "Nadie lo ha visto" Mari Jungstedt se detiene en temas colaterales de interés humanos, como las secuelas que dejan los traumas infantiles, las dificultades en las relaciones entre padres e hijos, con particular incidencia en el egoísmo de los mayores y las crisis matrimoniales y los amores imposibles de algunos protagonistas.

El único pero que le puedo poner a esta novela es que, desde mi punto de vista, el personaje protagonista, Anders Knutas, carece de la personalidad de otros como el Wallander de Mankell, el Sejer de Fossum o el Martin Berg de Sjöwall y Wahlöo. Pienso que está más conseguida la figura de Johan Berg, periodista de sucesos y auténtico coprotagonista con vocación de permanencia.

Los hechos se desarrollan en la isla sueca de Gotland, lo que suma interés a la lectura, pues se trata de un lugar paradisiaco donde acuden muchos suecos a pasar sus vacaciones y supone un plus cultural para el lector. Cabe añadir que estamos ante una forma de redactar elegante, carente de detalles morbosos y tremendamente delicada al tratar todos los temas.
















"La tosca red"
Hakan Nesser

RBA. Barcelona (2006)
301 páginas


En la húmeda y gris ciudad de Maardam, situada en algún lugar de Europa, el comisario Van Veeteren y sus hombres se enfrentan al caso Janek Mattias Mitter, un catedrático de instituto que no recuerda si ha matado a su esposa o no. Están muy lejos de sospechar el terrible drama que va a descubrirse durante la investigación. La tosca red es el comienzo de una serie de novelas sobre el comisario Van Veeteren y sus colegas en la Policía de Maardam.

Este libro es el primero de una serie de diez que protagoniza el inspector Van Veeteren, el cual ejerce su trabajo policial en la localidad imaginaria de Maardam, ubicada en cualquier caso en un país escandinavo. El libro se vendió en España en 2007, aunque su autoría se remonta a bastantes años antes. Recientemente RBA ha publicado la segunda entrega, "La mujer del lunar", algo que rompe la incertidumbre de saber si la serie tendría continuidad en España tras más de dos años de silencio editorial.

Empezaré diciendo que "La tosca red" se encuentra entre el elenco de novelas protagonizadas por inspectores nórdicos que, desde mi punto de vista, vale la pena leer. El personaje citado tiene fuerza y credibilidad y los problemas que nos plantea son los reales de la sociedad en la que actualmente vivimos.

El libro es duro y su protagonista un hombre de carne y hueso, pero no excesivamente humano, más bien duro y despiadado. Por eso, la lectura se hace en algún momento relativamente cruda, poco agradable.

Pero, por encima de todo, la intriga desarrollada está muy bien construida y a quienes nos gusta la novela policíaca escandinava no podemos prescindir de leer un libro con mucha menos extensión y pretensiones que los de "Millenium", pero mucho más real y creíble.


30 de octubre de 2009

El síndrome de Peter Pan



Recuerdo que cuando vivía en Tarragona había quien decía que yo tenía el síndrome de Peter Pan; no se si eso es bueno o malo, aunque las personas que me lo decían -abogados y abogadas de la zona- bien me consta que me tenían cariño. Bien claro tengo que también había algún personaje a quien le ponían nervioso estas cosas y me parece que la inmadurez no es en principio una condición ni deseable ni positiva. Pero no pretendo hablar de mí y, como ya he dicho tantas veces, tampoco busco ni sentar cátedra ni entrar en profundidades excesivas.

El psicólogo norteamericano Dan Kiley, gran estudioso del tema, definió a este síndrome como "el conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe o no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre". Salta a la vista que "strictu sensu" el síndrome de Peter Pan no es algo bueno y quien lo padece tal vez convenga que acude al psicólogo o al psiquiatra. Ahora bien, a uno le preocupa tanto el que en ocasiones parezca que haya que nacer maduro como que perdamos radicalmente esas reminiscencias infantiles que nos hacen más humanos, más asequibles a los demás e incluso, posiblemente, mejores personas.

Entre otras cosas estamos ante un mandato evangélico: "Yo os aseguro: sino cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos." (Mateo 18, 1-5.). De esta frase de Jesús de la que nos habla San Mateo se pueden sacar muchas consecuencias, cada cual puede aplicarse las que considere oportunas, aunque no es mi intención entrar hoy en este tipo de profundidades.

Emular a Peter Pan nos puede convenir, entre otras razones, para no perder ese punto de ingenuidad que tanto nos puede ayudar a sobrevivir. Uno agradece encontrarse con personas que miran de frente, que tienen una mirada de esas que te hacen pensar: "éste/ésta no me va a engañar", una sonrisa que no es "Profidén" sino sincera ... vamos, que es cierto que se alegra de verte. Bendita ingenuidad que nos vuelve humanos y nos quita el óxido del alma.

Y la ingenuidad lleva a la confianza, la del niño con sus padres, con sus amigos del alma, con ese profesor especial. En el devenir de cada día nos encontramos con demasiado resabiado y con algún que otro listillo, de manera que a veces parece que no hay relación profesional sin trampa ni posibilidad de entendimiento sin recovecos ni letra pequeña. Por eso añoro en ocasiones esa candidez propia de los infantes, para quienes lo negro es negro y lo blanco, blanco, y si alguien les da la mano están seguros de que la pueden coger sin miedo a trucos ni zancadillas. El personaje del cuento de hoy no entendía de maldades, dobles juegos ni trastiendas.

Otro aspecto por el que cabe ver luces en ese mundo de Peter Pan es la capacidad de tener ilusión; como cuando uno iba a jugar en el equipo de su colegio por vez primera o a ver una película de la que no ha parado de oír hablar bien (aún recuerdo el fenómeno "Mary Popins" de mi infancia) o le han dado una propina para ir las ferias con los amigos. Puede que de ésto andemos carentes en exceso, no se si por haberlo tenido todo desde el principio todo (en mi época era un acontecimiento la primera tele que entraba en casa), o porque nos falta empuje o nos sobra desolación.

Y esa capacidad de ilusionarse no se puede limitar a los grandes acontecimientos, a las empresas grandiosas; Peter Pan, como niño recalcitrante que era, se mostraba capaz de ilusionarse con la peladura de una mandarina. Ahí es donde cabe descubrir una ilusión sana, en las cosas de cada día, en los eventos más simples. Uno desearía andar por la vida con la sonrisa de oreja a oreja, sin aristas, sin doblez ni dolo, sin planteamientos cenizos.

Aunque, evidentemente, no estamos en el país de nunca jamás.




29 de octubre de 2009

"Una, dos y tres", Patxi Andión (1973)


En la España de finales del franquismo surgieron como setas los cantautores; cada uno tenía su estilo, pero entre ellos había muchas cosas en común: componían sus canciones, éstas tenían su buena parte de protesta social y ellos mismos aparecían como personas comprometidas, algo que frecuentemente les causaban no pocos problemas. Lluis Llach, Serrat, Manolo Díaz, Pablo Guerrero, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Raimon, María del Mar Bonet, el mismo Labordeta, ... nombres que tienen protagonismo notable en un capítulo importante dé la historia de la música moderna española.

Uno de ellos era Patxi Andión, un personaje polifacético y que también trabajó en el cine, escribió libros, es profesor universitario y no hace mucho fue nombrado Director de la Escuela Española de Caza. Patxi nació en Madrid, aunque sus raíces son notoriamente vascas; fue un hombre comprometido con la izquierda: militó en el FRAP y se exilió en Francia, donde vivió con pasión el famoso mayo francés. Con el tiempo, como tantos otros, Patxi se adaptó perfectamente a las costumbres "burguesas", aunque ideológicamente siga instalado en sus convicciones de siempre. Andión se hizo famoso interpretando al "Che" en la opera-rock "Evita", un papel que le iba que ni pintado a un hombre a quien un crítico portugués definió una vez como "o homem que canta como um guerreiro".

"Una, dos y tres" es posiblemente su mayor éxito a nivel popular, una canción alegre, llena de ironía, matices y con un ritmo inconfundible. Me encanta también esa tiernísima colaboración con Mocedades en "Amor primero", pero he elegido ésta porque al menos a mí el nombre de este cantante va identificado al tema; ahora puede parecer una canción ingenua, sin fuerza o reiterativa, pero en su momento tuvo su éxito, su público y hasta su significado. El vídeo, por cierto, es todo un muestrario de peinados y modelos de la época francamente ilustrativo.


28 de octubre de 2009

Real como la vida misma




Generalmente un recibe una gran cantidad de material vía forward; primero fueron archivos en formato word, pero pronto pasó a ponerse de moda el power-point para imponerse finalmente los vídeos. Hay cosas divertidas, alguna que otra ordinariez y cierta tendencia a historietas cursis y pastelonas, aderezadas con un lenguaje empalagoso cuando tienen su origen en países de allende el Atlántico. Pero de vez en cuando te llega algo que te hace pensar; es lo que me ocurrió el otro día con el vídeo que hoy comparto con todos. No deja de ser una historieta sencilla, pero al verlo no me cupo la menor duda de que me encontraba ante algo tremendamente real, ante un relato con moraleja, pero no superficial, sensiblona ni retorcida, sino algo que hace pensar. Y es que refleja una actitud egoísta y suficiente en la que se suele caer con mucha frecuencia. Yo, personalmente, me he visto reflejado en el vídeo. Y es que frecuentemente olvidamos de donde venimos y adonde vamos.