22 de enero de 2013

El éxito del camaleón

Las candidaturas a los Oscar son oficiales desde hace días; una primera lectura de los nominados, desde la perspectiva de alguien con tan poco conocimiento de la actualidad cinematográfica como yo, hace que me llamen la atención varias cuestiones: en primer lugar la aparente fuerza que tiene la figura de Steven Spielberg, quien con su film "Lincoln" parece aspirar de nuevo a unas cuantas estatuillas; desde luego ha elegido un personaje muy atractivo. También destacan la relevancia, cuando menos popular, de unas cuantas de las películas incluidas en la lista de las mejores: "Argo", que parece haber ganado el primer set con su éxito en los "Globos de "oro", "La vida de Pi", uno de esos films de los que la gente habla y no para, la referida "Lincoln", "Los miserables",´basada en una obra maestra que siempre da tanto juego como la de Víctor Hugo, "La noche más oscura", centrada en un hecho tan relevante como la "caza y captura" de Bin Laden o el original talento innato de Tarantino, en esta ocasión con "Django desencadenado". Notable también el nivel de los candidatos a los Oscar que premian a los mejores actores de reparto, en cuya lista aparecen nombres tan llamativos como Sally Field, Helen Hunt, Robert de Niro y Tommy Lee Jones. No obstante, si hay un candidato claramente "ganador" es sin duda Daniel Day-Lewis, un actor que ya tiene dos estatuillas en propiedad, dos nominaciones frustradas y que todo hace indicar se va a llevar de nuevo el gato al agua con su magistral recreación del Presidente de los Estados Unidos que consiguió abolir la esclavitud..

Daniel Day-Lewis es un actor sólido, con una capacidad tremenda de adaptarse a cualquier papel: basta contemplar su filmografía para darse cuenta que es capaz de transformarse camaleónicamente en muchos papeles. Además da la sensación que se trata de una persona seria, que selecciona sus trabajos y que ha mantenido una carrera regular, por encima de otros grandes de su generación que posiblemente han caído más veces en la tentación de lo comercial o en la inconstancia. Las dos primeras intervenciones de Daniel Day-Lewis en películas importantes lo fueron con papeles secundarios, así tuvo una modesta aparición en la oscarizada "Gandhi" (1982) y otra algo más relevante en la versión del Motín de la Bounty que realizó Roger Donaldson, "Motín a bordo" (1984) con un reparto excepcional: Mel Gibson, Anthony Hopkins, Lawrence Olivier, Edward Fox y Liam Neeson. Su primera película como protagonista fue ya una muestra clara de su "camaleonismo", interpretando a un punkie en "Mi hermosa lavandería" (1985), cinta que nos ofrece una visión sobre la vida de la comunidad asiática en el Londres de la época Thatcher. De esta primera época cabe destacar dos excelentes películas más: "Una habitación con vistas" (1986), uno de esos films tan elegantes de James Ivory en el que de su antiguo papel de punkie pasa al de dandy y "La insoportable levedad del ser" (1988), de Philip Kaufman, en la que, trabajando junto a Juliette Binoche, encarna a un mujeriego cirujano checo.

El primer Oscar lo consiguió el actor en 1989 con su trabajo en "Mi pie izquierdo", un galardón merecidísimo que premiaba una interpretación dura y esforzada en la que Lewis asume la piel de Christy Brown, un pintor, poeta y escritor irlandés aquejado de parálisis cerebral cuyo único miembro con vida propia era su pie izquierdo, con el que aprendió a escribir y pintar. El esfuerzo en el rodaje de la película por parte del actor tuvo que ser verdaderamente titánico; el film lo dirigió el irlandés Jim Sheridan y la compañera de reparto de Daniel, Brenda Fricker, se llevó la estatuilla a la mejor actriz secundaria. La siguiente interpretación brillante la realizó en 1992 con un libreto clásico y repetido: "El último mohicano", una película que dirigió Michael Mann, con una banda sonora espléndida y rodada en unos escenarios sobrecogedoramente bellos. En ella le corresponde el papel del mestizo Nathaniel, que junto al indio Uncas protegen a Cora y Alice, hijas del Coronel Munro, en la durísima lucha del ejército inglés en la frontera del Canadá contra los indios. La estadounidense Madeleine Stowe es su compañera de reparto.

Una película que me gustó especialmente fue "La edad de la inocencia" (1993), un film en el que Martin Scorsese mostró su vena más romántica al adaptar la magnífica novela de Edith Warthon. Day-Lewis muestra de nuevo su versatilidad y pasa de ser un noble y honesto mohicano a brillar como Newland Archer, un joven abogado de buena familia que está prometido con una rica heredera y a quien seduce nada menos que a una condesa y se mueve como pez en el agua en el ambiente aristocrático del Nueva York de finales del XIX. Winonna Ryder, nominada al Oscar por esta película, y Michelle Pfeiffer son la compañía de lujo del actor. El mismo año vuelve a cambiar radicalmente de estilo con otra película excelente, "En el nombre del padre", una cinta en la que vuelve a trabajar con Jim Sheridan para versionar brillantemente los casos de los Cuatro de Guildford y los Siete de Maguire; aquí encarna a Gerry Conlon, un ladrón de poca monta de Belfast a quien destroza la vida un tremendo error policial y judicial, una interpretación que le valió su segunda candidatura, esta vez frustrada, al Oscar; Emma Thompson vuelve a ser una partenaire perfecta. Menos relevancia tuvo "El Crisol" (1996), una versión del drama de Arthur Miller "Las brujas de Salem" dirigida por Nicholas Hytner y en el que comparte de nuevo reparto con Winona Ryder, además de con un grandísimo actor muy caro de ver: Paul Scofield, el gran Tomás Moro de "Un hombre para la eternidad"; aquí da vida a John Proctor, un joven agricultor implicado en el proceso por brujería; la crítica fue muy dura con el film, aunque alabó unánimemente el papel de Daniel Day-Lewis. En 1997 vuelve a trabajar con Sheridan en "The Boxer", otra película ambientada en Belfast y donde el actor interpreta el papel de Danny Flynn, un miembro del IRA que tras 16 años de cárcel se quiere rehabilitar con el boxeo, una película que no tuvo ni de lejos el éxito de "En el nombre del padre".

Uno de los papeles donde Day-Lewis mostró su capacidad de adaptación de manera más llamativa y brillante fue el de Bill Cutting, un carnicero psicópata y asesino que lidera a los nativos de Nueva York frente a "Los Conejos Muertos", un grupo de pandilleros de origen irlandés que viven en un ghetto y le presentan batalla; la película, "Gangs of New York" (2002) produjo en su día una gran expectación y su director, Martin Scorsese, exhibió todas sus capacidades, consiguiendo diez nominaciones al Oscar, entre ellas la de Daniel Day Lewis, si bien no cuajó ninguna, debiendo conformarse el actor nacionalizado irlandés con un premio "Bafta". En la cinta compartió cartel con leonardo di Caprio, Liam Neeson y Cámeron Díaz. En "La balada de Jack y Rose" (2005), de Rebecca Miller da vida a Jack Slavin, un viejo hippie que malvive con su hija en los restos de una comuna y que padece una enfermedad terminal, todo un drama. Una película dura, con filosofía propia y que no tuvo el éxito de otras.

Con "Pozos de ambición" (2007) llegó la cuarta nominación al Oscar, y esta vez Daniel Day-Lewis obtuvo una segunda y merecida estatuilla; el film lo dirigió Paul Thomas Anderson y esta ambientado en el estrellato del petróleo en la frontera de California a principios del siglo XX; el actor consiguió su Oscar interpretando a Daniel Plainview, un luchador que que pasa de ser un minero extremadamente pobre a convertirse en un magnate del petróleo hecho a sí mismo; como suele ocurrir tras el éxito vienen la corrupción, la mentira, el olvido del pasado y la renuncia a los viejos valores. Una ocasión más en la que el actor de origen judío se muestra plenamente identificado con un papel nuevo y distinto. En 2009 estrena "Nine", dirigida por Rob Marshall y con un cartel espectacular: Marion Cotillard, Sophia Loren, Nicole Kidman, Judi Dench, Penélope Cruz, Stacy Ferguson y Kate Hudson acompañan a Day-Lewis, que se transforma en Guido Contini, un director de cine, está tratando de planear su próxima película después de un fracaso rotundo. La película acabó siendo un desastre en taquilla y no se libró de duras críticas.

Daniel Day-Lewis es un actor con personalidad propia, muy alejado de la prensa del corazón y reservado de su vida privada; elige bien sus papeles y no acepta cualquier proposición de trabajo, de hecho se asegura que ha rechazado papeles en películas como "El Señor de los anillos", "Shakespeare in Love", "Philadelphia" y "Solaris". "Lincoln", dirigido nada más y nada menos que por Steven Spielberg, es su gran oportunidad de entrar en la historia con un tercer Oscar, algo que solamente han conseguido Jack Nicholson, Walter Brennan, Ingrid Bergmann y Meryl Streep, aunque ninguno de ellos tiene el pleno como actor principal, de manera que Day-Lewis les superaría y solamente tendría por encima a la gran Katherine Hepburn, que logró cuatro, todos como mejor actriz. No cabe duda de que Lincoln es el papel que le faltaba a este actor para convertirse en una leyenda y, posiblemente, en el actor con más capacidad de adaptarse a los papeles de la historia.

21 de enero de 2013

Un matraco en busca de material


El pasado viernes me acerqué a un establecimiento situado en la Plaza del Carmen de Zaragoza, más o menos donde hace varios decenios se ubicaba un pasaje que conducía al recordado Teatro Fleta; dicho local está destinado a la venta de móviles, reproductores de DVD y aparatos equivalentes y donde en la planta sótano tienen a la venta un buen número de DVD de segunda mano con películas de todas las épocas a precios mínimos. Aún no habían dado las cuatro de la tarde y en esos bajos no había nadie. Fui dando un repaso a las distintas carátulas, adecuadamente alineadas por orden alfabético, con la idea de encontrar un par o tres de títulos de antiguos films que en su momento me pudieran hacer pasar un buen rato, aunque como suele ocurrir en estos casos había tantas que al final uno no termina de decidirse por ninguna. La serie de los "Harrys" de Clint Eastwood, algun western de John Wayne, "Los amigos de Peter", una película inglesa de los años 90 dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh en la que también interviene su entonces cónyuge Emma Thompson y alguna cinta poco conocida de Bette Davis estuvieron a punto de hacerme caer en la tentación, pero al final terminé saliendo de la tienda de vacío.

Cuando ya me hallaba en ese estado que combina la indecisión con cierto desfondamiento consumista, escuché el ruido de varias personas que bajaban con poca discreción y suavidad por las escaleras: lo hacían hablando a voces y sus pisadas sonaban recias. En el lugar aparecieron dos tipos próximos a los 40 años que, aunque tantas veces las apariencias engañen y no se trata de hacer juicios de valor, desde el primer momento me parecieron un par de "morlacos" más bien bastos y poco refinados. De hecho uno de ellos ya empezó su búsqueda de títulos manifestando en voz alta que a él le encantaba "Instinto básico", un gusto respetable, pero que si lo pregonas a los cuatro vientos parece dar a entender que algo obseso ya andas.

En un momento determinado, el admirador declarado de Sharon Stone se dirigió a mí y me preguntó como con misterio: "¿dónde están las pelis porno?; de entrada me quedé sorprendido, pues por mucho que el tipo ya hubiera declarado públicamente su estado -no se si ocasional o permanente- de excitación pasional, me resultaba chocante una actuación tan primaria. Me limite a decirle que ni era de la casa ni era esa mercancía que me interesara, pero me resultó francamente molesta esa pretendida complicidad. Semejante planteamiento fue el revulsivo final para marcharme de la tienda, algo que hice con la duda de si el paisano en cuestión era un primario y un salido, si me había confundido con un empleado o simplemente me había visto cara de "pardillo" y decidió reírse a mi costa.

No me escandaliza el tema, ni soy ajeno a que existe otro tipo de personas de apariencias más formales que también se dedican a buscar este tipo de películas que no son, precisamente de culto, pero uno piensa que el personal debería de tener algo más de pudor, y que el "pueblo soberano" anda últimamente un poco desnortado.

19 de enero de 2013

Drama en Argelia


"El asalto a la planta de Argelia deja 30 rehenes muertos, 7 de ellos occidentales."

Desde el primer momento se vio que se trataba de un suceso importante y que podía acabar mal; por desgracia se confirmaron las peores impresiones y alrededor de 30 personas han muerto en una operación de rescate organizada por el ejército de Argelia, aunque las noticias que van viniendo son confusas y los datos no acaban de ser definitivos. Es posible que los argelinos se precipitaran, seguro que se discute la oportunidad y el acierto de tal operación, pero ahora lo que produce un inmenso dolor es la muerte absurda de tantas personas. Son días de duelo para Occidente, es tiempo de luto para el mundo. Nos queda rezar e intentar perdonar.

Corren malos tiempos y no sólo en el aspecto económico; como bien ha dicho el presidente francés Holland, en Europa no estamos seguros ante la amenaza islámica, y no se si todos somos conscientes del problema y si estamos preparados para enfrentarnos a él. Y no me preocupa tan sólo la cuestión estratégica, el tema de la seguridad, que impuestos pagamos para quienes tienen responsabilidades lo solucionen: lo que me estremece, lo que me causa desazón interior, es que intuyo que nos hemos vuelto débiles, frágiles, ... que los europeos nos hemos convertido en gentes en decadencia, incapaces de unirnos para hacer frente al enemigo. Tengo que reforzar mi esperanza para superar esta sensación de derrumbe, de ir camino de la catarata. afortunadamente quedan quienes te ayudan a reconsiderar que vale la pena.


18 de enero de 2013

Adiós a Fernando Guillén

Ayer falleció en Madrid Fernando Guillén; había nacido hace 80 años en Barcelona y su figura representa perfectamente a esos actores que mi generación conoció en los distintos espacios teatrales de la televisión. No obstante, la historia de este magnífico actor ni empieza ni se limita a sus intervenciones televisivas, sino que profundizando en su vida uno se entera de que empezó a estudiar Derecho en Madrid y sus inicios teatrales se producen en el Teatro Español Universitario, actuando en obras tan significativas como "Tres sombreros de copa" (1952) de Miguel Mihura y "Escuadra hacia la muerte" (1953), de Alfonso Sastre, y coincidiendo con otros jóvenes talentos de la época como Adolfo Marsillach, Agustín González y Juanjo Menéndez. Estos inicios teatrales le dejaron tanta huella que abandonó la carrera en 1952 y comenzó a trabajar como actor en las compañías de dos monstruos de entonces: Fernando Fernán Gómez y Conchita Montes. Con el tiempo Fernando Guillén tendría Compañía propia junto a quien durante años fue su mujer, Gemma Cuervo. No obstante, fernando Guillén consagró su fama en la televisión, donde trabajó desde sus inicios, interviniendo en numerosos programas tanto de "Estudio-1" como de "novela", casi siempre con su mujer; del primero cabe recordar "Más allá del horizonte" (1966), de Eugene O'Neill, "Prohibido suicidarse en primavera" (1967), de Alejandro Casona, "En Flandes se ha puesto el sol" (1967), de Eduardo Marquina, "Otelo" (1972), de Shakespeare, "La loca de Chaillot" (1972), de Jean Giraudoux y "La venganza de Don Mendo" (1972) de Muñoz Seca, además de varias versiones del Tenorio. En "Novela" fueron importantes sus papeles en "Marianela", de Pérez Galdós, "Los Hermanos Karamazov", de Dostoyevsky y "El Cristo de la vega", de Zorrilla. Tampoco deben olvidarse intervenciones en series tan destacadas como "Historias para no dormir", "La huella del crimen", "Brigada Central" y "Hospital Central".

Sin abandonar la televisión, me queda un recuerdo especial de su trabajo protagonista en una serie que marcó época: "La Saga de los Rius", una serie dirigida en 1976 por Pedro Amalio López con base a la célebre trilogía de Ignacio Agustí. Guillén daba plena credibilidad al personaje de Joaquín Ríus en un reparto de gala donde destacaban Maribel Martín como Mariona Rebull, Ramiro Oliveros en el papel de Ernesto Villar, el latin lover que conquista a aquélla, Emilio Gutiérrez Caba como Desiderio, Mari Carmen Prendes, Victoria Vera, Teresa Gimpera, ... y un excelente grupo de clásicos de la sucursal de TVE en Miramar: José María Cafarell, Javier Anglada, Enrique Arredondo, Montserrat Carulla, ... Fue una serie magnífica donde el realizador supo reflejar la vida de la burguesía catalana de finales del XIX y principios del XX, con el contraste entre las familias acomodadas de siempre y la pujante burguesía que pretendía escalar socialmente. Recuerdo muy especialmente la formidable escenificación de la bomba del Liceo, el episodio donde mueren abrazados Mariona y su amante en el palco de soltero de éste último, con la tremenda imagen del ya viudo Rius bajando las escaleras del Liceo con el cadáver de su mujer en brazos mientras ruedan por el suelo las perlas de su collar.

La trayectoria cinematográfica del actor fallecido es también notable; a excepción de algún papel en películas españolas propias de los 60 y 70, su trabajo en este medio adquiere notoriedad a partir de 1980, empezando con películas con un marcado tono social, como "Los últimos golpes del Torete" (1980), "El caso Almería" (1983), "El pico II" (1984) y "La estanquera de Vallecas" (1986), cuatro trabajos muy en la lúinea de la época con directores del estilo de José Antonio de la Loma, Pedro Costa y Eloy de la Iglesia. Es de destacar la confianza que tuvo siempre Pedro Almodóvar con el actor, dándole papeles, no de excesivo relieve, en "La ley del deseo" (1987), "Mujeres al borde del ataque de nervios" (1988), "Tacones lejanos" (1992) y "Todo sobre mi madre" (1998). Trabajó con fernando Fernán Gómez en "El mar y el tiempo" (1989), una película importante en su momento, con varios premios Goya y con carlos Saura en "La noche oscura" (1989), sobre el encarcelamiento de San Juan de la Cruz. En 1991 ganó el Premio Goya al mejor actor por su papel del Don Juan de Moliere en "Don Juan en los infiernos", de Gonzalo Suárez; en 1993 participó en cuatro películas notables: la versión de "Tirano Banderas" dfe José Luis García Sánchez, "Acción mutante" de Alex de la Iglesia, "La fiebre del oro", de Gonzalo Herralde, donde se vuelve a poner en la piel de un ambicioso pequeño burgués catalán y "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?", el osado trabajo de Manuel Gómez Pereira. También fue llamativo su papel en la magnífica "Más allá del jardín" (1996), de Pedro Olea, junto a dos "diosas" de la escena como Mari Carrillo y Concha Velasco, aunque a mí me gustó aún más "La herida luminosa" (1997), versión de la novela de Josep Mª de Segarra realizada por José Luis Garci, donde está sencillamente formidable como el Doctor Molinos, sin olvidar un papel menos relevante en otra ópera prima de Garci, "El abuelo" (1998). En el nuevo siglo destacan sus papeles en "El florido pensil", de Juan José Porto, "Otros días vendrán" (2005) de Eduard Cortés. La lista sería interminable, pero pienso que quedan reflejados sus trabajos más destacados.

En el teatro la lista de actuaciones de Fernando Guillén es impresionante, representando obras de los mejores autores españoles del siglo pasado: Casona, Alfonso Sastre, Ruiz Iriarte, Miguel Mihura, López Rubio, Edgar Neville, Valle-Inclán, Carlos Llopis, Antonio Buero Vallejo, ... de los clásicos más importantes como Cervantes, Shakespeare, Eurípides, Esquilo, Lope de Vega, Moliere, Calderon de la Barca, ... y de autores de la relevancia de bernard Shaw, Pirandello, Jean Paul Sartre, William Saroyan, William Faulkner, Arthur Miller, Bertold Brecht, Albert camus y Vargas Llosa. Su sangre seguirá en los escenarios, pues también son actores sus hijos Fernando y Cayetana, además de su recuerdo que quedará vivo siempre. Fernando Guilén era un actor elegante, de una dicción casi perfecta, con un dominio espectacular de las tablas: sabía estar, mantenía el ritmo adecuado, ... en definitiva, un profesional excepcional. Descanse en paz.

17 de enero de 2013

Un par de visitas a un restaurante sugerente

Fotos de Ca l'isidre, Barcelona
Esta foto de Ca l'isidre es cortesía de TripAdvisor

En la calle de las Flors de Barcelona, en pleno Paralelo, se encuentra "Ca L'Isidre", uno de esos restaurantes de primer nivel, comida selecta y facilidad para el sablazo que abundan en ciudades como Madrid y Barcelona. "Ca L'Isidre" está ubicado enfrente del Teatro Apolo, lo que le da de entrada un significado y aire especiales y en su día me contaron que se trataba de uno de los fogones de referencia de un gastrónomo tan experto y exigente como Manuel Vázquez Montalbán, aunque al repasar lo que de dicho establecimiento se cuenta por la red me he enterado que presume de ser el restaurante barcelonés preferido por el Rey Juan Carlos y que en sus mesas se sentaron personajes tan significativos e importantes como el pintor Joan Miró, el genial cineasta Woody Allen y la bellísima actriz francesa Catherine Deneuve. Con estos datos casi me sobrecoge recordar que yo pisé en dos ocasiones semejante palacio del sibaritismo.

Acudí por vez primera a "Ca L'Isidre" en las vísperas de la fiesta de la Epifanía del año 2001; había llegado por la mañana a Barcelona desde Tarragona para efectuar unas compras de Reyes y fui llevado allí por dos amigos, ambos letrados de Tarraco, que nunca me fallaron, entre otros temas, a la hora de guiarme hacia lugares donde se comía de miedo. Recuerdo el momento con un cariño muy especial: la compañía era grata, el paisaje en el que se encuentra el establecimiento era típico, original y mítico, el interior del local elegante y cargado de detalles y la comida magnífica: aunque he de confesar que no recuerdo qué platos escogí, tengo la certeza de haber quedado plenamente satisfecho. A cargo del restaurante se hallaba una señora de cierta edad, de esas que lleva toda la vida trabajando en el tema y con clara tendencia a recorrer las distintas mesas para comprobar si los clientes están satisfechos, algo que supone elegancia y profesionalidad, aunque en algún momento pueda llegar a cansar a algún comensal individualista e impaciente. Mi segunda y, hasta ahora, última visita se produjo pocas semanas después; en esta ocasión acudí con un tercer letrado, un personaje riguroso y detallista a la hora de elegir y valorar los sitios donde come; a mi amigo no acabó de convencerle el lugar, no se si por su natural exigente, por la antes referida tendencia a la intromisión de la "mestressa" o porque en esa ocasión le tocó ser el pagano.

No he frecuentado en exceso los grandes templos de la gastronomía hispánica, con los dedos de la mano se pueden contar mis visitas a esos restaurantes exqusitos y próximos al lujo, pero no cabe duda que estos dos encuentros en "Ca L'Isidre" fueron dos ocasiones para el recuerdo, dos momentos que quedan reservados en los rincones de las vivencias "superficiales" y "gratas", experiencias que tampoco debemos desdeñar. Hoy corren tiempos de austeridad, y tal vez han pasado, al menos por el momento, las oportunidades de hacer algún "despilfarro" de este tipo, pero siempre quedará la posibilidad de contar al resto del mundo que yo estuve en "Ca L'Isidre".


16 de enero de 2013

Teorizando con el caballito de mar


Los caballitos de mar son unos "bichos" peculiares; salta a la vista que su denominación tiene un sentido, en cuanto su cabeza nos recuerda en algo la de los caballos de la tierra, pero a diferencia de éstos su apariencia no nos muestra precisamente un animal elegante, poderoso y ágil, sino más bien alguien ridículo, insignificante y con apariencia torpe. A mi, además, este caballito me recuerda a "Sofico", una entidad financiera que sonó mucho en los años 60/70, a la que se dio mucho bombo y platillo en los medios de comunicación de la época y que terminó constituyendo una estafa monumental. Pero uno no se acuesta sin saber algo nuevo, y el otro día, comiendo con unos amigos, alguien comentó que el caballito de mar era el único animal de los que habitan en el planeta en el que las crías son paridas por el macho. No he confirmado tan llamativa afirmación, pero puedo asegurar que viene de alguien solvente y sin ninguna duda se trata de una situación que incluso da pie a extraer conclusiones. De entrada me recordó el comentario de un antiguo profesor mío de bachillerato, quien se hacía eco de un viejo dicho que sostenía que si el primer hijo lo tuviera la mujer y el segundo el hombre, no habría matrimonios con más de tres; imagino que como todo tal pronóstico será matizable, aunque no parece alejarse de la realidad afirmar que las mujeres tienden a ser más fuertes y generosas.

Corren tiempos en los que hay quien defiende que eso del género es una especie de cuento chino y se pretende quitar relevancia a las diferencias esenciales entre hombre y mujer, algo que además de un error me parece una torpeza, pues nos hace perder el encanto de la diversidad y la belleza de la combinación de las ventajas de uno y otro género. A mí, la peculiariedad del caballito de mar me trae a la cabeza todos los valores de la maternidad, cómo la naturaleza es sabia y limita a una única especie esa posibilidad de traer al mundo la descendencia. Una madre es una madre, y esa ternura intrínseca a la función no depende de formas de ser, caracteres o educaciones concretas, sino que es algo que lo da la naturaleza, un elemento contra el que nunca podremos luchar por más que a veces lo intentemos tenaz y desatinadamente. Hace unos pocos días una amiga tuvo mellizos; su gestación y venida al mundo la he vivido en la distancia, pues ella y su marido residen lejos de mi ciudad, pero el Washap y las redes sociales han bastado para convertirme en testigo de la ilusión, la esperanza y el gozo que la expectativa de los nueve meses y el alborozo del día "D" con los que esa mujer ha vivido el acontecimiento. No se como lo hará el "hipocampo", pero la maternidad es algo tan especial que me parece que los hombres, que también sabemos en su caso vivir con plenitud la parte que nos toca, andamos lejos de sentir lo que sienten ellas ... no es que sea más, es que es distinto.

15 de enero de 2013

Un anuncio de "entonces"



Mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, ni de un huerto claro donde madura el limonero ... ¡ojalá!, posiblemente hubiera resultado un hombre más completo y maduro e incluso puede que menos de piso, pero como tantos otros de mi generación, los "tugurios" de máquinas y billares, el fútbol y, por encima de todo, la televisión fueron protagonistas de esos años de crecimiento, ingenuidad y diversiones. Y la televisión la veíamos con tanta fruición que no nos limitábamos a hacer pleno con programas infantiles como los de Valentina, Locomotoro, el Capitán Tan y el Tío Aquiles, los "Dibujos Animados" de Hanna & Barbera , Buggs Bunny, Félix el Gato, o el Pájaro Loco, el "Cine Cómico", los concursos televisivos, las pelis de "Sesión de Tarde" y series toleradas como "Embrujada" y "Viaje al fondo del mar", sino que también nos tragábamos los anuncios, cuyos slogans y cancioncillas terminábamos aprendiéndonos de memoria. Resultaban ser especialmente creativos los anuncios animados como el del cerdo que también prefería "Sanders" o la vaca cuyo último deseo antes de pasar por el matadero era morir condimentada en doble caldo "Starlux", sin olvidar las célebres muñecas de "Famosa" que se dirigían al portal. También nos fijábamos como si de película oscarizada se tratara en el resto de la publicidad, como la del detergente "Persil" al ritmo de la marcha nupcial de Mendelssohn, el de la olla "Magefesa", el del caballo de "Terry" o ese inolvidable "sketch" del madurete al que una bella actriz cuyo nombre no recuerdo le preguntaba eso de "eres joven, guapo y con dinero, ¿qué más quieres, Baldomero?", y Baldomero, suspirando, aseguraba necesitar también una maquinilla de afeitar "Philishave".

Pero no se porqué razón, y ante cierta sequedad de ideas a la hora de elaborar un post rápido, me ha venido a la cabeza el anuncio de aceitunas "La Española", ese que aseguraba que se trataba de "una aceituna como ninguna", excitando el buen paladar al afirmar que estaba "rellena de rica anchoa". Sin duda era un buen "spot", a la altura de una empresa ubicada en la localidad alicantina de Alcoy que en la actualidad sigue en pie, incluso con una magnífica página web en la que, entre otras cosas, uno puede escuchar el famoso "sonsonete" e introducirse en un auténtico museo. Y es que de siempre las aceitunas han sido un excelente producto para un buen aperitivo; hoy en día se pueden encontrar todo tipo de "virguerías" en la barra de un bar, con montaditos, fritos de lo más sofisticados, carpaccios, brandadas y otras "pijadas", pero en otros tiempos las olivas y las patatas, frecuentemente envueltas en unos bastos celofanes amarillentos, eran acompañantes casi exclusivas de la cañita dominical. Y para que quienes ya peinamos canas demos un tiento a la nostalgia, aquí dejo un breve recuerdo de ese anuncio sencillo y sugerente ... y así el hilo de hoy no sólo ha salido rápido, sino también "sustancioso".