8 de febrero de 2012

Dejó de publicarse un clásico



La noticia no es de hoy sino de septiembre, pero hasta ahora no me había enterado de que la Revista "Don Balón" había dejado de publicarse. Imagino que internet y la existencia de uno prensa más modernizada han obligado a esta publicación mítica a poner fin a una historia que, si no recuerdo mal, comenzó el año 1975. Hacía ya mucho tiempo que no compraba un ejemplar de una revista que inició el legendario José María García, fundamentalmente porque, acertadamente o no, el fútbol es para mí una pasión y la situación del Zaragoza me quita las ganas de estar al día; pero durante muchos años fui fiel lector de una revista que me permitía descubrir secretos de la liga española, conocer jugadores de otros países, seguir las mejores ligas del mundo, actualizar fichajes y rumores y un montón de cosas más.

"Don Balón" solía estar en los quioscos los martes o, como muy tarde, los miércoles; a media tarde solía hacer una escapada a alguno de los establecimientos de prensa cercanos para adquirir el número correspondiente: la perspectiva de tenerla en mis manos me mantenía en una mezcla de ilusión e impaciencia por ponerme al día del contenido de esa semana. Recuerdo que no era excesivamente barato, pero consideraba que valía la pena el gasto por la calidad del contenido. La revista comenzó teniendo un tono polémico y novedoso, aunque con los años se volvió más aséptica; nunca olvidaré, por ejemplo, la polémica suscitada cuando los reporteros de la misma descubrieron el contrato que el entonces ídolo zaragocista "Nino" Arrúa había firmado con el Atlético de Madrid teniendo todavía contrato en vigor con su equipo, la revelación hizo correr ríos de tinta y forzó el que tal contrato quedara en agua de borrajas y el paraguayo renovara por los blanquillos. La expulsión de Cruyff frente al Málaga, la gravísima lesión de José Antonio Camacho, las andanzas de Maradona en Barcelona, la polémica en torno al árbitro Jacinto de Sosa Martín, los turbios manejos del presidente madridista Ramón Mendoza, el Mundial de España, ... 35 años de la historia del fútbol fueron vividos semana a semana. Nombres como Pablo Porta, Alfredo Di Estéfano, Javier Clemente, Udo Lattek, Joao Havelange, César Luis Menotti, Pierluigi Collina, Michel Platini, Zinedine Zidane y tantos otros protagonizaban páginas y páginas de papel couché.

A principios de temporada se vendía el "Extra-Liga", con datos y fotos de todas las plantillas de 1ª y 2ª división, que se actualizaban en el mercado de invierno; eran también esperadas las ediciones extraordinarias con motivo de las distintas competiciones nacionales e internacionales; durante muchos años guardé el número especial publicado con motivo del triunfo del Real Zaragoza en la Recopa el 10 de mayo de 1995. Nombres míticos como Cruyff, Pelé, Santillana, Rivelino, Maradona, Zico, Beckenbauer, Rumennigge, ... fueron portada de la revista, que tenía secciones especiales de fútbol internacional, entrevistas, jornada de liga, rumores, artículos de fondo, ... toda una gozada que uno solía reservarse para disfrutar cómodamente y sin prisas en las últimas horas de la jornada. Recuerdo que almacenaba números y cuando en verano surgían los rumores de fichajes los desemplovava para conocer a quien quería fichar el equipo de mis amores: así descubrí a jugadores como Sergio Berti, Matías Almeyda, Juninho Pernambucano, Jesper Blomqvist, Juan Alberto Barbas, Rubén Sosa, Matts Magnusson, Fernando Cáceres, Savo Milósevic, Oscar Alfredo Ruggeri, ... En Navidades siempre aparecía una portada con un futbolista célebre disfrazado de Papa Noel y al finalizar el campeonato, unos magníficos números especiales llenos de valoraciones, datos y detalles que leía al dedillo.

Hoy en día no hace falta buscar las fuentes para conocer más sobre equipos, futbolistas, entrenadores, ... recurres al google o a cualquiera de las miles de páginas webs que tratan el tema y enseguida se encuentra abundancia de información abundante y actualizada, pero también es cierto que ha desaparecido la magia del papel, la curiosidad de la búsqueda afanosa de datos y la expectación de un día y una hora de la semana.


















7 de febrero de 2012

La decadencia y los temores

Estoy terminando de leer "La marcha Radetzky", la ópera prima de Joseph Roth y un magnífico y demoledor dibujo de la decadencia del Imperio Austro-húngaro; en dicha novela, de la que no tardaré en hablar extensamente, se nos muestra a unos personajes que sobreviven en medio de ese declive, inconscientes del mismo y aferrados a una vida y unos usos caducos e insalvables, erradamente convencidos de que nunca pasa nada y ajenos al drama que se les viene encima. A mí esa situación me ha recordado a la Europa actual y, más en concreto, en cuanto es algo que contemplo en vivo y en directo, a nuestro país. Cada vez estoy más seguro de que estamos viviendo el final de una época, de que muchas de las cosas que hasta ahora nos parecían intocables no sólo han comenzado a desestabilizarse, sino que están muy cerca de derrumbarse definitivamente. Hasta hace bien poco instituciones como la Monarquía, la democracia parlamentaria o el sistema financiero las considerábamos indiscutibles, andábamos por la vida seguros de vivir en el lugar ideal y de estar firmes y arraigados en la zona próspera del planeta. Ha bastado una crisis económica de dimensiones llamativas para que todo haya entrado en zozobra, la duda se haya instalado en el ambiente y seamos cada vez más conscientes de que la tierra que pisamos no es firme sino inclinada y pantanosa. Y pienso que el gran problema no es precisamente tal crisis, sino la ausencia de soportes morales que nos hace incapaces de reaccionar y nos somete frecuentemente a un miedo al futuro derivado de la contemplación de la fragilidad de lo que entendíamos sólido.

Mi generación, como las posteriores, ha vivido siempre envuelta en la comodidad y la ausencia de problemas importantes; las guerras las hemos vivido de lejos y, con mayor o menor holgura, la inmensa mayoría hemos tenido siempre las judías en el plato, la enseñanza accesible, la playa cercana y la televisión puesta. Quienes como yo nacimos avanzada la década de los 50 vivimos casi todos una infancia feliz, ajenos primero a las veleidades políticas y expectantes e interesados después en los sucesivos eventos que trajeron consigo la transición democrática y tantos acontecimientos de todo tipo ocurridos en nuestra historia reciente. Por eso nos puede suceder que empiecen a flaquearnos las piernas cuando llegan los tiempos de la inquietud y los sudores fríos, y es que en el fondo nos entra el miedo a perder privilegios, a que la vida ya no sea tan cómoda y a que lo que hasta ahora parecían argumentos demoledores e irrefutables ya no lo sean tanto. Pero me temo que estamos ya en el punto de no retorno y ya no cabe recurrir a nuestra posición, a nuestros logros y a nuestros derechos adquiridos, porque cada vez se cuestiona más casi todo y nos acercamos a una época nueva, radicalmente distinta a la vivida hasta ahora, esa forma de vida que nos parecía la única válida. El problema está, desde mi punto de vista, en el peligro de que el cambio llegue con la fuerza de una riada que asola por donde pasa mientras se han evaporado los principios morales sólidos y no aparecen líderes válidos y creíbles para enarbolar su bandera.

Yo soy más bien cobarde y poco amigo de que cambien las cosas, pero no puedo negar que detrás de eso se esconde ese egoísmo tan propio de la naturaleza humana; por eso me voy haciendo a la idea de que muy posiblemente nos toque comenzar a vivir de maneras muy distintas a las que hemos conocido hasta ahora y que más vale agarrarse a la fe, que en el fondo es lo que nos tiene que sostener pues no se si Dios andará contento de nosotros, pero más vale que contemos con El, que vienen curvas.

5 de febrero de 2012

Ha fallecido Ben Gazzara



El viernes día 3 de febrero falleció en Manhattan a la edad de 81 años el actor Ben Gazzara; el actor, natural del mismo Nueva York, padecía un cáncer de páncreas. Mi primer recuerdo de este actor se remonta a una película de la serie B, "Odisea bajo el mar", film que protagoniza y en el que comparte cartel con dos excelentes veteranos como Ernest Borgnine y Walter Pidegeon; en dicha cinta Gazzara encarna al comandante de una expedición de rescate submarino al que recuerdo serio y antipático, casi una "esfinge". Buscando las necrológicas de los diarios de mayor tirada nacional descubro que el actor fallecido era considerado uno de los primeros actores "indie", que así se llama a aquéllos que intervienen en películas independientes, las cuales deben de ser autofinanciadas por quienes las sacan adelante. ABC insiste en la circunstancia de que Gazzara se formó en la célebre escuela neoyorquina de "Actors studio", donde también se iniciaron Marlon Brando y Al Pacino, algo que concuerda con su prolongada trayectoria inicial en el teatro, donde intervino en obras de la enjundia de "La gata sobre el tejado de zinc", de Tennessee Williams; al parecer el actor comentaba a sus íntimos que al no haber cortado con la escena con la rapidez que lo hizo el mencionado Brando perdió muchas oportunidades de triunfar en la pantalla.

Como ejemplo claro de película "indie" muchos citan "Maridos" (1970), un drama dirigido por John Cassavetes, amigo de Gazzara y co-protagonista del film junto a éste y a Peter Falk, aunque para mí no hay duda de que la película más importante en la que intervino el actor fue "Anatomía de un asesinato", de Otto Préminger, en la que interpreta al teniente Frederick Manion, acusado de haber asesinado al propietario de un bar; James Stewart, Lee Remick, Arthur O'Conell y George C. Scott componían junto a Gazzara un plantel de auténtico lujo. De su primera época pueden destacarse también "Vivir es lo que importa" (1961), "Cuatro convictos" (1962), donde trabajó con Sammy Davis Jr., Stuart Whitman, Vincent Price y Rod Steiger, "Vida sin freno" (1965) y "El puente de Remagen" (1969), con dos habituales del cine de acción como George Segal y Robert Vaughn, el inolvidable Napoleón Solo del "Agente de C.I.P.O.L."

En la década de los 70 cabe destacar, en primer lugar, dos films interesantes: "Capone" (1975), dirigido por Steve Carver, con John Cassavetes y Silvester Stalone en el reparto y donde interpreta al legendario mafioso y "El viaje de los malditos" (1976), una ambiciosa producción dirigida por Stuart Rosemberg y con un reparto de lujo -Max Von Sydow, Faye Dunaway, James Mason, Orson Welles, José Ferrer, Oscar Werner, ...- en la que se relata un histórico viaje de judíos que vivían en la Alemania nazi de un llamativo contenido dramático. De la misma época son dos películas en las que el actor compartió escena con la gran Audrey Hepburn, con quien al parecer mantuvo un idilio, "Lazos de sangre" (1979), de Terence Young, un drama amoroso en el que también actúan James Mason, Irene Papas, Romy Schneider y Omar Shariff y "Todos rieron" (1981), una calificada por algunos fallida comedia de Peter Bogdánovich en la que interpreta a un mujeriego detective que recibe el encargo de vigilar la conducta de la esposa de un rico millonario.

Otras actuaciones recordadas de Ben Gazzara fueron su papel de Don Bosco en la película que sobre la vida del santo dirigió Leandro Castellani en 1988, el thriller "Conspiración en la sombra" (1997), junto a Donald Sutherland y Charlie Sheen, "Happiness" (1998), una comedia irónica, crítica e inmisericorde comedia sobre los miembros de una familia de un suburbio de New Jersey, "La trama" (1998), de David Mamet, otro thiller de acción continua y, por encima de todas, "El gran Lebowski" (1998), en la que a las órdenes de los hermanos Coen tuvo unos compañeros de reparto del nivel de Jeff Bridges, John Goodman, John Turturro y Julianne Moore. Gazzara fue también el actor fetiche de su amigo John Cassavetes, con personajes para el recuerdo en cintas como la referida "Maridos" (1970), "El asesinato de un corredor de apuestas chino" (1976), y "Noche de estreno" (1977), donde trabajó con la mujer del director, Gena Rowlands. En televisión fue un habitual de las grandes series, donde puede destacarse su intervención en la segunda parte de la película sobre la vida de Juan Pablo II, protagonizada por John Voight y en la que también aparecen actores tan ilustres como Cristopher Lee y Giulianno Gemma, sin olvidar "¿Quién mató a J.F. Kennedy?" (1977), "El ángel negro" (1998), "Ciegas de amor" (2002) Y "La familia: honor y respeto" (2006).

Como se ve, Ben Gazzara fue un actor polifacético: comenzó en el teatro y luego fue capaz de intervenir en películas de géneros bien distintos. Fue también un personaje sincero, que admitió su tendencia a la depresión, algo que demuestra honestidad y valentía. Descanse en paz.


4 de febrero de 2012

"El crepúsculo de los dioses" (1950)

Billy Wilder es, sin ningún género de dudas, uno de los genios del cine; comedias como "El apartamento", "Con faldas y a lo loco" o "En bandeja de plata" son películas que estaría dispuesto a ver las veces que hiciera falta, pero tras presenciar también "Testigo de cargo" y "Perdición" comprendí que las capacidades de Wilder no se agotaban con ese tipo de cine y que en el drama tenía la misma altura. En este género se encasilla "El crepúsculo de los dioses", una película dura que narra sin miramiento alguno el drama de una actriz del cine mudo que se niega a asumir su decadencia. Además de dirigir el film, Billy Wilder es autor del guión junto con Charles Brackett y D. M. Marshman, obteniendo por ello uno de los 5 Oscars que ganaría a lo largo de su carrera. He de confesar que no tenía en mente ver esta película y solamente la ocurrencia y generosidad de una persona que me facilitó una copia me ha permitido disfrutar con una obra de arte. La historia que narra Wilder es de un dramatismo llamativo, algo que sabe hacer sin estridencias ni exageraciones, a la vez que nos conduce por el mágico y especial mundo de las grandes productoras de cine, con sus glorias y miserias. La película tiene el atractivo añadido de las breves apariciones de grandes del cine como Buster Keaton, Hedda Hopper, H.B. Warner o Cecil B. de Mille interpretándose a sí mismos.

Estamos ante una película en que son fundamentales los personajes; y entre todos destaca sin ningún género de dudas el de Norma Desmond, la antigua diva del cine mudo que vive encerrada en su vieja mansión agarrada a una gloria que ya no puede volver, se trata de un personaje de un dramatismo estremecedor, un papel que bordó Gloria Swanson, quien también era actriz de la época del cine mudo y llevaba una vida extravagante, aunque al parecer ella había sabido iniciar una nueva carrera en la radio y la televisión al margen del cine; Swanson reaparecía movida por el interés que le suscitaba trabajar a las órdenes de Wilder. El otro personaje que me pareció llamativo fue el de Max von Mayerling, el fiel criado y protector de Norma, un individuo extraño y dotado de una bondad innata que va ofreciendo sorpresas conforme avanza el film y es encarnado por Erich von Stroheim, un austriaco cuya carrera fue más brillante como director. Indudablemente los otros dos protagonistas, Joe Gillis y Betty Schaeffer, representados por William Holden y Nancy Olson, también están a la altura, cerrando un cuarteto principal de actores que fue nominado íntegramente a los cuatro Oscars de actores del año, unos Oscars en los que esta película estuvo oscurecida por el éxito arrollador de "Eva al desnudo". Holden y Olson representan los papeles de quienes buscan el triunfo, de aquellos que han de luchar desde abajo para salir adelante.

El título original de la película es "Sunset Bulevard", nombre con el que es conocida universalmente. El film plantea la revolución que supuso para Hóllywood la llegada del cine sonoro, los reyes del cine mudo quedan capitidisminuidos y surge el drama; Norma Desmond afirma en un momento de la película: “¡No necesitábamos diálogos. Teníamos rostros!”, una frase llena de significado que no deja de tener su buena parte de razonabilidad. Pero el tiempo siempre transcurre implacablemente y los avances técnicos dejan, impepinablemente, cadáveres en el camino. No se puede vivir de glorias pasadas y hay que saber asumir las nuevas situaciones que plantea la vida, es la gran lección de la película, una de esas a las que debe reservarse una ocasión para verlas.


3 de febrero de 2012

Valiente Munilla

"La Iglesia tiene que optar por la parte más débil, las víctimas del terrorismo"

Ya he hablado en otras ocasiones de mi visión sobre los problemas del terrorismo en el País Vasco, los diferentes y habitualmente ambiguos comunicados de ETA y la situación de las víctimas de esta asociación criminal. Han pasado varios meses desde el anuncio del cese de la lucha armada por los etarras y, por mucho que haya quienes nos quieran vender normalidad y progresos, seguimos en situación de tensa espera, con unas perspectivas que solamente provocan incertidumbre y con noticias puntuales que a muchos españoles -yo intuyo que la gran mayoría- nos llevan de la estupefacción al cabreo. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián y hombre al que no aprecian en exceso en los ambientes nacionalistas del norte, es un personaje que desde que tomo posesión de la sede episcopal donostiarra se ha caracterizado por su indudable valentía para decir las cosas tal como las ve, sin refugiarse en posiciones políticamente correctas ni acobardarse ante la agresividad del ambiente turbio y sectario en el que se mueven algunos de los protagonistas del mundo político y eclesial de esa zona de España. Esta semana Monseñor Munilla ha vuelto a dar muestras de coherencia e independencia de criterio al hablar del tema del fin del terrorismo en su tierra.

Munilla deja clara cual es la misión de la Iglesia en un problema como éste: "la Iglesia está llamada a ser instrumento de paz en medio de la sociedad y, para ello, propugna el encuentro y el diálogo", algo que supone no tomar partido político, como a uno le da la sensación hizo algún que otro antecesor del prelado. Pero esta función no es incompatible con la defensa del más débil, pues ya iba siendo hora que alguien se desmarcara de esa tendencia a equiparar verdugos y víctimas, pues no es lo mismo ser sujeto pasivo de un crimen perpetrado con alevosía que cumplir condena tras sentencia dictada en un juicio con todas las garantías. "Abordar el fin de ETA marginando a las víctimas, sería tanto como afrontar la violencia doméstica sin escuchar el grito de las mujeres maltratadas", ... hay que reconocer que ha estado claro e inspirado Munilla con esta frase.

"Tenemos que tener cuidado de no difuminar el concepto de víctima porque ofenderíamos a las víctimas si intentásemos convocarlas a encuentros en los que se mezclasen situaciones muy dramáticas, pero diferentes todas". Hasta ahora muchos se han mantenido en una insultante y vergonzosa posición de equidistancia; es de agradecer que desde instituciones que deberían ir a la cabeza en la defensa de quienes sufren, de las partes más débiles de un problema reaccionen de una vez, den la cara y digan las cosas claras. Munilla ha sido valiente, ¡que siga en la línea!.


2 de febrero de 2012

Muerte en Pasarón

El 7 de enero de 1973 fallecía en el estadio pontevedrés de "Pasarón" Pedro Berruezo, un melillense de 27 años que jugaba en el Sevilla C.F. El equipo hispalense se enfrentaba al Pontevedra en partido de liga de 2ª división y su jugador número 10 cayó fulminado en el césped en el minuto 6 del segundo tiempo. Aunque nunca hubo un diagnóstico claro de la causa de su muerte, parece que se trató de un ataque al corazón. No era la primera vez que Berruezo sufría un desmayo durante un partido de fútbol, pues ese mismo año se había desvanecido también en el estadio de "La Viña", de Alicante, en la "Nova Creu Alta" de Sabadell y en el mítico estadio baracaldés de "Lasesarre". El jugador estaba casado, y su viuda, cuya imagen desolada recuerdo perfectamente haber visto en las imágenes que del entierro sacó la televisión, se encontraba embarazada del que sería su segundo hijo. Como es lógico la noticia causó consternación en todo el mundo futbolístico español y por vez primera en España se habló en profundidad de la problemática de la salud de los futbolistas. La muerte de un futbolista me produjo una impresión notable, aunque a esas alturas ya había vivido las de otros jugadores, como la del defensa uruguayo del Barçá Julio Cesar Benítez, fallecido de una intoxicación de marisco, la del central del Atlético de Madrid Miguel Martínez, quien murió tras ocho años en coma por una extraña enfermedad o las de los volantes Ricardo Costa, Antonio y Seín, que jugaban en el Córdoba, Pontevedra y Real Sociedad y fallecieron en accidentes de automóvil.

Berruezo era uno de los mejores jugadores del Sevilla, ocupaba la posición de interior zurdo, tenía buen toque de balón y cada año marcaba un número aceptable de goles. El Sevilla había bajado la temporada anterior a la división de plata, en la que pasaba por un purgatorio que no terminaría hasta 1975. El año del descenso la directiva había cometido el error de encomendar la dirección del equipo a un griego excentrico, Dan Georgiadis, quien en Europa no había pasado de entrenar en ligas menores como la griega y la suiza y que no supo formar un equipo competitivo con mimbres tan buenos como los internacionales Hita y Lora, el goleador paraguayo Acosta, el medio defensivo, también paraguayo, Pazos, el extremo zurdo Manolín Bueno, eterno suplente de Gento en el Madrid o jugadores que prometían tanto como De Diego, Garzón y Juan Antonio. Berruezo disputaba su quinta temporada en el equipo de Nervión y siempre fue titular indiscutible; se trataba de un gran profesional, lo que siempre se ha denominado como un auténtico jugador de club.

El jugador fallecido había debutado en la máxima categoría con el Málaga, un clásico de entre esos clubes andaluces -Betis, Granada, ...- que por entonces ejercían de equipos ascensores. Berruezo coincidió en La Rosaleda con viejas glorias de la máxima categoría como el medio volante Chuzo y el ariete brasileño Wanderley, así como con jugadores que con el tiempo cuajarían en primera como Migueli, Conejo, Martínez, Monreal, ... y otros históricos del equipo blanquiazul: Benítez, Arias, Pons, Otiñano o Aragón, padre de quien fuera cerebro del Zaragoza de la Recopa. Berruezo se convirtió en la gran revelación de un Málaga que en la temporada 1967-68 acababa de ascender a primera tras ganarle al Granada en la promoción, cuajando, a partir de su debut, una temporada sensacional en la que marcó 5 goles en 17 partidos y llegó a ser internacional sub-23. Al finalizar el campeonato el Sevilla se hizo con sus servicios, jugando cuatro años más en primera.

Buscando en internet noticias relativas al triste suceso, he encontrado una historia tan bonita como estremecedora, pues al parecer el jugador había escrito, antes de acudir al campo donde encontraría la muerte, una postal a su esposa, quien la leyó cuando su marido ya no estaba entre los vivos, dicha postal decía así: “Hola chatillas: Dentro de poco salimos para el campo pues son las 2 de la tarde del domingo y mientras estoy en la habitación me pongo contigo con estas líneas. ¿Qué tal estáis? ¿Y la pequeña? Me figuro lo guapa y graciosa que estará con el trajecito de marmota y su cochecito. Y tú, ¿qué tal? Cuídate en comer y todo lo necesario. Esta noche te llamaré. Bueno, esto te lo digo y me escucharás antes de leerlo. Supongo que tu madre y hermana seguirán bien. Dale besos a la niña y familia, y para ti, de quien mucho te quiere, tu Pedro”. Un documento lleno de dramática ternura.


1 de febrero de 2012

Paracaidista en sábado

Como es sabido razones bien tristes dieron con mi persona en Tarragona el pasado fin de semana; el propio sábado, tras asistir al funeral por mi amigo fui invitado por otro que aún me queda -¡y que dure mucho tiempo!- a una cena familiar: uno de sus hermanos cumplía años y la familia se reunía en un restaurante del centro de Tarraco para celebrarlo. He de agradecer que unos y otros aceptaran que en su intimidad aterrizara, cual paracaidista fugaz e inesperado un tercero ajeno al clan, pues, salvo mi amigo y su mujer, solamente conocía de vista al resto de asistentes. Uno, tal como confesaba aquí hace pocos días, arrastra ciertos restos de su originaria timidez, razón por la que a mi agradecimiento he de sumar el haber sido recibido como uno más, que no notara ni un signo de recelo, que no me sintiera en ningún momento extraño y que esa sensación llamada confianza la pudiera vivir desde el primer momento. Además, lo mejor de todo, fue que todo ello sucedió con la naturalidad más absoluta, que la cosa no se redujo a una exhibición de hospitalidad formal, de educación ordinaria, sino que desde el principio me sentí como si todos nos conociéramos de toda la vida.

He de confesar que la cena del sábado fue de esas que me reconcilió con el mundo, y no principalmente por las viandas consumidas -que fueron excelentes, por cierto-, sino porque descubrí de nuevo que por mucho que a veces uno caiga en la tentación de pensar que vive rodeado de gente rara y complicada, siguen abundando las personas normales, quienes entran de lleno en ese concepto tan genérico de "buena gente" ... como decía el viejo anuncio de "coca-cola": " ... la gente que vive la vida sinceramente". Imagino que todos y cada uno de quienes estábamos cenando en un reservado de la Rambla Nova tarraconí el pasado sábado -la mayoría ya no cumpliremos los 50- tendrían sus problemas, contradicciones y malos momentos, como evidentemente me pasa a mí y a todo bicho viviente, pero uno se congratula de que supieran abandonarlos para facilitar una velada inolvidable, algo que el menda necesitaba para oxigenar un corazón que, como el de alguno más que allí estaba, andaba herido y lloroso.

Para añadir encanto a la cena, descubrí que los asistentes de mi generación eran gente aficionada al fútbol y amantes de la nostalgia musical y de todo tipo, con lo que hicimos unas risas aventando los recuerdos de los cromos de futbolistas de los años 60, los grupos y solistas de ese tiempo y esa España en la que nos educamos que me parece no nos dejó excesivos traumas. Que Dios conserve la salud a todas esas personas, a quienes debo unas horas estupendas y a las que ofrezco correspondencia en el Alto-Aragón cuando quieran y como quieran.