13 de noviembre de 2012

La Plaza de España que conocí


Ya de pequeñito me enseñaron que en Zaragoza La Plaza de España era el centro de la ciudad; por eso cuando pasaba por ahí uno se sentía importante, a la vez de ser consciente de que no era un lugar cualquiera. No se trata de andar por esa tópica senda de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero cuando recuerdo locales como el Restaurante "La Maravilla" o el mítico "Gambrinus" no puedo sino añorarlos ante las actuales realidades en forma de franquicias y establecimientos de mucho diseño y poco sabor. Ahí siguen el edificio de la Diputación Provincial, el del Banco de España y el monumento a los mártires del arquitecto Ricardo Magdalena, auténticos símbolos, casi reliquias que mantienen el lugar con un mínimo de aroma de tradición.

Pasada la Diputación y justo antes de enfilar la acera del Coso, donde te encontrabas con dos pastelerías históricas, la Bombonería "Oro" -aun viva- y "Zorraquino", se ubicaba una pequeña confitería llamado "Murga", donde se anunciaba la venta en exclusiva del llamado "caramelo inglés", una especie de tofees que debían de ser bastante caros. Imagino que en el establecimiento se venderían otras cosas, pero es algo que nunca me planteé ... es más, creo que solamente llegué a entrar dos veces, pues intuyo que lo que allí despachaban era mercancía exclusiva para bolsillos cualificados. Hoy en día se imponen esos caramelos que uno mismo introduce en vulgares bolsas de plástico, pero sin duda les falta el glamour de aquéllos.

El otro lado de la Plaza era mucho menos conocido para mí; sí que recuerdo, como una especie de elemento discordante de la seriedad del lugar, que había un Salón de juegos recreativos, esa especie de "casino infantil y juvenil" al que había que acudir medio a escondidas y que solía ser regentado por un señor mayor, generalmente arisco y distante. También estaba el Hotel "Maza", que aún sigue vivo, un establecimiento del que no se oía hablar como del "Gran Hotel", el "Goya" o el "Corona", por mucho que estaba mejor situado que cualquiera de ellos.

Pero sobre todo la Plaza de España era, y sigue siendo, una especie de centro neurálgico, nudo gordiano que enlazaba la elegancia y el empaque del Paseo Independencia con lo castizo y, en ocasiones, turbio del mítico "Tubo", con sus bocadillos de calamares, el "Zurracapote", el "Plata", el tabaco de contrabando, el olor a fritanga, los personajes oscuros y todo ese aire infractor que le caracterizaba. Y de la misma manera servía de acceso a las dos partes del Coso, el "Alto" en el que uno se encontraba con el Casino Mercantil, el Palacio de Sástago, el "Savoy" y el viejo Banco de Aragón, que acabó engullido por el Central y el "Coso Bajo", que comenzaba con el Teatro Principal y encaminaba a lugares más inhóspitos que el otro. Y ambos tenían -y siguen teniendo- sus arterias, la calle Alfonso I y la de Don Jaime I, que engarzaban ese centro neurálgico con el centro vital y espiritual de todo, la Basílica del Pilar.

Tampoco nos podemos olvidar de los anuncios luminosos, que brillaban en la noche como refleja la foto en blanco y negro obtenida del magnífico blog de Rafael Castillejo, donde aparecían nombres tan dispares y míticos como las televisiones "Philips" e "Iberia", los relojes "Longines", los colchones "Flex" y el caldo "Avecrem" de Gallina Blanca. A veces uno piensa que se va a reencontrar con los lugares de antaño, que se va a producir como un milagroso retorno al pasado, pero lo cierto es que son sólo vivencias que permanecen en el recuerdo y allí siguen vivas.




13 comentarios:

veronicia dijo...

El otro día escuché que en nuestros sueños nunca nadie se ve a si mismo con más de cuarenta años; con los rincones de nuestra infancia pasa algo parecido nunca en nuestros sueños aparecen como son sino como fueron...

Modestino dijo...

Sí, los sueños te devuelven al pasado y te engañas pensando que todavía está aquí.

Tommy dijo...

(Previa petición de perdón a mis conciudadanos de Zaragoza)

Bueno, algunas cosas de la Plaza de España no se han perdido del todo. Por ejemplo, el tranvía ha vuelto.

susana dijo...

Los lugares se cargan de recuerdos y
ésos no nos los puede quitar nadie. Un beso.

Modestino dijo...

Pero ha vuelto un tranvía bien distinto ... sin anuncios de "Netol", "Michelin" o "Cafés Orús".

Mariapi dijo...

Modestino, debe ser lo vieja que estoy unido a esto del otoño...casi lloro con la descripción ... cuánto añoro Zaragoza. Y cuando voy, sin estar ya quienes tanto quiero, no se me va la maldita nostalgia.

Mil gracias.

Modestino dijo...

"La belleza permanece en el recuerdo" ... Zaragoza ha crecido mucho, la han mejorado mucho ... pero posiblemente está más deshumanizada.

Un saludo¡¡¡¡

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Que bonita descripción, comprendo la emoción de Mariapi!
¡Muy entrañable Modestino, me apetecería haberla vivido así y todo, sin ser maña!
Muchas gracias y un beso
Asun

Modestino dijo...

Barcelona aún puede dar más de sí: la Avenida de la Luz, los chiringuitos de la Barceloneta, el demolido Estadio de Sarria, Jorba Preciados, el antiguo Liceo, "la oca", ...

Alberto dijo...

Zaragoza no será la más bonita, ni su gente la mas agradable, ni su clima el más soportable, pero es la mejor ciudad de España. Quizás influye que es mi ciudad en un juicio así, pero es lo que siento.

Modestino dijo...

Yo pienso lo mismo.

dolega dijo...

Curioso como las ciudades forman parte muy importante de nuestra historia personal.
Saludos

dolega dijo...

Curioso como las ciudades forman parte muy importante de nuestra historia personal.
Saludos