10 de noviembre de 2012

Un pontificado breve, un hombre grande

En el verano de 1978 se produjo el fallecimiento de Pablo VI; ya se sabía que el hombre andaba con poca salud, aunque su última enfermedad y su muerte sucedieron con gran rapidez y produjeron cierta sorpresa. No se si la precipitación de noticias se debió a una agravación inesperada o a la tradicional discreción con que se llevan estas cosas en el Vaticano. Había sido Pablo VI un Papa de largo pontificado, con una apariencia bastante seria y solemne y al parecer muy bien relacionado y con bastante influencia en algunos grupos políticos. Tras la muerte del pontífice la prensa se fue haciendo eco diario de los candidatos a sucederle, apareciendo, no se si con mucho o poco fundamento, un buen número de nombres de cardenales: Poletti, Baggio, Pignedoli, Pappalardo, Benelli, Felice, Siri ... casi todos italianos, aunque por eso de la pluralidad también recuerdo haber oído mentar los del belga Willebrands, el austriaco Koening, el argentino Pironio o el alemán Hoeffner. A la hora de la verdad el sábado 26 de agosto, cuando se comprobó que la primera fumata que salía por la chimenea vaticana ya era blanca, el cardenal protodiácono Pericle Felice anunció con la habitual pompa que la elección había recaído en alguien al que casi nadie había mencionado antes: el Patriarca de Venecia Albino Luciani, quien había elegido para su pontificado el nombre de Juan Pablo I. Desde que vi al cardenal Luciani revestido del uniforme papal en la ventana del Vaticano me quedé cautivado por una sonrisa que era indudablemente sincera, una mirada limpia y afectiva y una actitud humilde, la de quien se ve abrumado por lo que le ha caído encima e indigno de merecer tal honor. Un hombre que miraba a la gente con tanto cariño y les saludaba con las manos con un afecto que se palpaba tenía que ser, necesariamente, un santo y el mejor papa posible.

Como todos sabemos el pontificado de Juan Pablo I fue brevísimo y el 29 de septiembre siguiente nos despertábamos con la sorprendente e increíble noticia de su repentino fallecimiento. El recuerdo que guardo de tal día es igual de vivo que el de su elección, me quedé impresionado y me inundó una tristeza que me duró todo el día. Tuve esa sensación de desamparo que se produce cuando pierdes alguien con quien contabas, una especie de idea de que algo había fallado, de que no era posible que Dios nos quitara ese regalo que nos había hecho y que me gustaba tanto. Juan Pablo I tenía algo especial, yo creo que fundamentalmente era humilde y bueno, posiblemente ambas cualidades iban íntimamente unidas, no cabe lo uno sin lo otro. En un mes dotó al papado de una humanidad que solamente había asomado algo con Juan XXIII; fue el primer Papa moderno en hablar en singular utilizando el "yo" en lugar del plural mayestático, eligió como lema de su papado la expresión latina "Humilitas", lo que se reflejó en su polémico rechazo de la coronación y de la tiara papal en la ceremonia de entronización, sustituyéndola por una simple investidura. Su muerte trajo frustración y desencanto a quienes confiábamos en un nuevo brío para el cristianismo, aunque el tiempo demostró que la providencia es sabia y el pontificado de Juan Pablo I fue corto, pero no por ello poco fructífero, pues fue la más adecuada antesala para el papa polaco que vendría un mes después y que acabaría convirtiéndose en el hombre más importante del siglo.

8 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Buenos dias! Había un dicho acerca de la diplomacia vaticana que era "El Papa goza de excelente salud hasta que se anuncia su fallecimiento"
Gran post en recuerdo de un gran Pontífice "El Papa de la sonrisa"
Un abrazo
Asun

Modestino dijo...

La diplomacia vaticaba debe de ser la caraba, dicho con todo el respeto.

veronicia dijo...

Ningún Papa como éste ha tenido tanta influencia en mi, su libro Ilustrisimos Señores que leí al principio de la peor época de mi vida me reconcilió.

susana dijo...

La verdad es que es difícil saber qué hubiera dado de sí en tan poco tiempo. Un beso.

Modestino dijo...

"Ilustrisimos señores" es una auténtica joya, una delicia escrita por alguien bueno, sabio y listo.

Modestino dijo...

Yo creo que dio de sí todo lo que Dios le pidió: Juan Pablo I no necesitó más tiempo.

Brunetti dijo...

Hay, o hubo, una teoría que circulaba por ahí, según la cual, alguien había urdido la muerte de este Papa, posiblemente, mediante envenenamiento. Vete a saber.

Hablando del clero, no puedo dejar de explicarte una anécdota que ha sucedido esta misma mañana en la catedral (o concatedral, no sé muy bien) de Barbastro.

Uno de mis hermanos asistía allí a la Confirmación del hijo de un amigo suyo, y el obispo (de Barbastro o de Huesca o de ambos/dos, tampoco lo sé), según me cuenta, se ha pasado media homilía recordando el 5-3 del Zaragoza ante el Depor de anoche: que si no hay que desfallecer nunca, aunque vayas perdiendo 0-2; que la fe y la fuerza mueven montañas; que si un grupo se construye a partir de un líder, en alusión a Manolo Jiménez....

Dice mi hermano que la gente se ha quedado anodada por la sapiencia futbolística del Obispo. Y también algo agotada, puesto que la ceremonia ha durado 1 hora y 45 minutos: lo mismo que un partido de fútbol, curiosamente....

Feliz semana,

Modestino dijo...

Jodo el Obispo ... pues como hubiera invitados del Depor ... o del Huesca ...

Lo del envenenamiento me parece que es una de esas elucubraciones que cuando se trata de la Iglesia dan morbo.