5 de noviembre de 2012

Cuando se nos olvida mirar al cielo


Me cuenta una amiga mía una anécdota entrañable: "El otro día acababa de dejar a mi hija en el cole y cuando terminaba de cruzar la calle una señora bastante mayor pero con una belleza serena y unos increíbles ojos azules ya gastados por el tiempo pero llenos de energía, me paró y me preguntó: Ha visto usted el cielo? Alcé la mirada y me sorprendió comprobar que el cielo estaba rasgado por unas nubes rosadas y grisáceas verdaderamente bellas.....allí estuvimos hablando ella y yo durante un buen rato y me dijo una verdad como un templo: no apreciamos lo que no nos cuesta dinero. Pagamos por ir a contemplar las obras de los hombres en los museos, por ejemplo, y somos capaces de pasar por alto un cielo tan bello como éste, sólo porque está a nuestro alcance ..." ... y pensé, ¡cuanta razón tenía la buena señora!". No cabe duda de que esta mujer había dado en el clavo, porque muchas veces andamos con la boca torcida y la mirada ceñuda por cuatro tontadas que nos amargan y no somos conscientes de la suerte que tenemos.

Todos somos capaces de mirar al cielo, de hecho seguro que lo hacemos de vez en cuando; incluso cualquiera con mínima sensibilidad ve con agrado un cielo tremendamente azul, o cubierto de nubes suaves y embellecedoras, o con unos tonos rojizos o ambarinos cuando toca la puesta de sol, o ese cielo algo más tenebroso que amenaza lluvia, ... y no digamos cuando tras la tormenta aparece un arco iris hermoso y evocador, ... Pero tal vez sean menos quienes profundizan y la contemplación del cielo -como de un paisaje de montaña, la ribera floreciente de un río o un jardín cuidado- le lleva al agradecimiento, al disfrute y al convencimiento de ser, precisamente por la escena, una persona afortunada. Pienso que de vez en cuando nos viene bien realizar una tarea de espurgación en nuestro interior, dedicarnos a prescindir de miserias, agobios y rencores que se nos pegan como miasmas y alzar los ojos a lo que nos ofrece la naturaleza, a esos regalos gratuitos que posiblemente sean la parte más valiosa de nuestro tesoro.

Y si un cielo hermoso nos puede devolver la calma, la paz y la alegría, también nos puede ayudar a reconciliarnos con el mundo comenzar a ver a la gente de otra manera; ¿qué son los ciudadanos sino copropietarios junto a nosotros de ese cielo, esas nubes y ese aire que respiramos?, a lo mejor todo sería mejor si supiéramos mirarnos a los ojos de otra manera.




14 comentarios:

Casilda Madrigal dijo...

Gracias,el bajón de los lunes queda paliado al leer lo que escribes hoy,que además me trae a la memoria el último verso de Machado"Estos dias azules y este sol de mi infancia"

Modestino dijo...

Machado se merecería varios post exclusivos.

Un saludo, Casilda.

susana dijo...

Qué bonita foto y qué buena reflexión. Realmente sólo apreciamos lo que vale dinero. Un beso.

Modestino dijo...

Tendemos a apreciar lo que vale dinero, pero siempre hay gente como la señora de la anécdota que ven más allá y nos recuerdan donde está la belleza.

Driver dijo...

El aire y el agua tienen muchas cosas en común, ambos son fluidos.
Todos tenemos la imagen de un barco navegando, que va dejando tras de sí una estela de turbulencias.
La próxima vez que miréis al cielo y veais un avion volar, fijaros en la estela que deja. No es humo del combustible, es el efecto de la luz sobre las turbulencias de aire que deja la aeronave al pasar.
La luz es un regalo, que al chocar con las nubes, con los remolinos de aire, con capas calientes o frías, al variar su intensidad o su inclinación, nos deja una sinfonía de matices infinitos.
Justo lo que necesitamos ciertos días.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Preciosa entrada Modestino! Me ha gustado mucho disfrutarla, gracias y un abrazo ¡feliz semana!
Asun

Modestino dijo...

Es posible que incurramos demasiadas veces en el error de ver combustible en vez de estelas ...

Modestino dijo...

Feliz semana amiga Asun.

dolega dijo...

Por vivir en el campo, la verdad es que miro muy a menudo al cielo.
Además no uso reloj desde hace años y calculo la hora mirando por donde anda el sol, pero es cierto que solo apreciamos aquello que nos cuesta dinero.
Besazo

Modestino dijo...

Tal vez en el campo todo sale más natural.

asier dijo...

He visto este post en Facebook y lo primero de lo que me he acordado es de las veces que este verano me he quedado viendo el cielo para disfrutar de sus formas:

http://yololos.blogspot.com.es/2012/10/clouds.html

Muy buena entrada Modestino. Y muy buen blog, no lo conocía hasta hoy.

Modestino dijo...

Bienvenido por estos lares, Asier. Un saludo!.

veronicia dijo...

Salgo a correr; para mantener la postura voy mirando la inmensidad del cielo cuando llevo el sol a la espalda y miro al horizonte
Lo bueno que tienen los pueblos es que a los doscientos metros ya no quedan ni rastro de edificaciones, solo tierra y cielo.
Si es por la noche, lo mismo las estrellas... la osa mayor... ver salir la luna o correr totalmente a oscuras entre la niebla.
Todo eso me recuerda mi infancia.

paterfamilias dijo...

Intentaré aplicármelo. Soy de los que mira poco al cielo (y no porque mire lo que vale dinero, que eso no puedo ;-)