12 de febrero de 2011

A tiempo de aprender



No soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, por mucho que de vez en cuando eche de menos cosas y situaciones de antaño; y es que cada cual somos hijos de nuestro tiempo y no sólo hemos de sobrevivir adaptándonos al viento que corre, sino que uno debe espabilar para sacar lo bueno de cada momento. Del pasado nos quedamos los ratos gratos y la bondad de las personas que conocimos que, con frecuencia e inevitablemente, acaban quedando lejos por razones de la distancia o de la cruda realidad de que no vivimos eternamente.

Pero en la civilización actual, en el donde y cuando que me ha tocado vivir hay una realidad que me parece bastante generalizada: pienso que vivimos en una sociedad que no sabe perdonar y, ni mucho menos, pedir perdón; es más, yo añadiría que con frecuencia hemos prescindido de cualquier palabra o signo de agradecimiento. No tengo ninguna duda de que perdonar es un ejercicio de virtud, que como bien dijo Juan Pablo II, "no hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón", que el acto de perdonar no solamente hace bien a aquél a quien se dirige, sino que supone un soplo de aire fresco para quien lo ejercita. Y, de cualquier manera, no tenemos más que echar un vistazo a nuestro propio corazón para comprobar que Dios nos ha perdonado mucho más a cada uno de nosotros.

Pero uno sale a la calle, abre el periódico o se introduce en cualquier conversación de bar, entreacto o despacho y comprueba que demasiadas veces nos corroe la inquina, que las reclamaciones de justicia no es infrecuente que se conviertan en exigencias de venganza, que somos capaces de incluir muchos matices, pero nunca nos acabamos de bajar del burro. Es indudable que en ocasiones es muy difícil perdonar, que uno se pone en la piel de determinadas personas y comprende a la fuerza sus actitudes, pero no creo que sea sano vivir a golpe de impulsos reivindicativos.

Y perdonar tiene mucho que ver con pedir perdón; para mí tiene mucho valor saber decir "lo siento", dar a entender que ese comentario, ese desprecio, esa puñalada trapera nos hubiera gustado que no ocurriera; pedir perdón es admitir que nos hemos equivocado, que no es poco, y a la vez dar a entender que el dolor causado a otro no no es indiferente. A veces la ausencia de perdón se debe a la propia inconsciencia de nuestros errores, pero otras viene causada porque en el fondo no nos gusta humillarnos.

Desde mi punto de vista la explicación a todo ésto viene de la pérdida de los valores imbuidos por el cristianismo; Europa, occidente ha crecido al impulso de tres corrientes que la han llenado de vigor y de valores: la filosofía greco-romana, el derecho romano y el cristianismo. Y si ahora anda decadente es porque reniega de ellos, y esto creo que tiene bastante que ver con ese renegar del perdón.



14 comentarios:

sunsi dijo...

¿Cómo era aquello? Somos naturaleza caída. Y tan caída... Pienso que muchas veces hay combate en nuestro corazón. El púgil que dice"Yo no me apeo. Llevo razón y te vas a tragar todo lo que te he soltado. Venga ya...Y si sufres, te está buien empleado" El contrincante se saca el guante y lo tira al suelo. "No señor. Esto no ha estado bien. He dejado herid@ a X. Me acerco o l@ llamo y le digo que lo siento...porque lo siento"

Haces referencia al cristianismo , Modestino. Y es cierto que durante siglos se ha transmitido de padres a hijos la máxima "Amar al prójimo como a uno mismo". Pero ese Amor tiene una raiz. Sin ella es muy difícil bajarse del burro. No sé... Si somos "dioses" , a santo de qué pedir perdón.

Gracias por el post. Reflexionando ya desde la mañana de sábado.

Buen fin de semana, Modestino.

Modestino dijo...

Por naturaleza tendemos a ser vengativos y necesitamos otra fuerza en la balanza.

Modestino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
veronicia dijo...

Tendrá que ver con mi sensibilidad, que me doy cuenta de inmediato cuando meto la pata y ofendo aun sin querer y no puedo evitar intentar reparar la sonrisa que he roto por falta de tacto pidiendo perdón.

Si haces daños y no te disculpas sabiendo que con eso aliviarías el dolor de la otra persona eres doblemente responsable a mi modo de ver de ese sufrimiento.

En mi trabajo pedir perdón incluso se puede malinterpretar o parecer un signo de debilidad, pese a eso soy firme defensora de que las personas puedan perdonarse los agravios pasados para poder continuar con sus vidas y curar las heridas emocionales.

Puedo mostrar el daño que han causado con sus actos y las consecuencias, lo cruel y lo injusto de su actitud y les enseño a tender una mano a la otra parte. A veces la otra parte está tan dolida y mediatizada que es cierto que en ese momento no puede perdonar, pero tampoco importa, porque para perdonar hace falta tiempo.
Me ha encantado la entrada Modestino!!!:)

tomae dijo...

...a mi también me ha encantado, esta entrada Modestino.

Reconozco que me cuesta pedir perdón porque si lo hago, lo he de hacer con la absoluta seguridad, de que ni señor rencor aparecerá ni sé si seré capaz olvidar el asunto, supongo que doña soberbia también embarulla en la acción de perdonar, ... al parecer un "lo siento" no es tan exigente.

Pienso que Perdonar ... perdonar de verdad es una acción que demuestra valentía, pues implica el luchar contra esas cosas de uno mismo que nos alejan de los demás.

Buen Sábado!

Elena Nito dijo...

¡Qué bonita esta entrada Modestino!
Y preciosa la canción que le acompaña. No me cansaba de oirla allá por los 80, fue banda sonora de "Se acabó el pastel" con Meryl Streep y Jack Nicholson.

Actores y música de lujo para un argumento previsible, quizá por real, ya que el guión, de Nora Ephron, está basado en las experiencias de su matrimonio con Carl Bernstein (uno de los periodistas del WaterGate).

eperezra dijo...

Yo creo que es mucho más complejo el perdón de lo que planteas. Pedir perdón si que es fácil y eso si que hay que animar a que las personas lo hagan pero lo difícil es perdonar interiormente si además a quien tienes que perdonar es a quién has querido es todavía mucho más complicado.
Yo creo que el PERDÓN va mucho más allá de la religión . Es un sentimiento y como tal , como el amor, no se puede dominar y supera nuestra voluntad. Solamente el tiempo y comprendiendo que cada uno hace con su vida "lo que puede" y que todos erramos podemos llegar a perdonar, que es lo que en el fondo deseamos todos.

pequeños gestos dijo...

Yo he necesitado terapia para poder encontrar paz y perdonar

La rabia cronica dejo paso al rencor y como victima pensaba que si perdoba perderia esa parte de identidad por la que podia culpar idefinidamente de mi infelicidad al otro.

La del clavel español dijo...

Yo creo que hay dos tipos de perdones.
El primero el que da el hombre -(o no lo da)- y este, creo que es algo muy personal, no se puede obligar. En este perdón entra la libertad de la persona, los hay de varias intensidades, dependiendo del dolor producido supongo .A mayor dolor, más difícil de perdonar. (Me viene a la cabeza el perdón de una victima de un delito hacia el que lo ocasiono, homicidio, agresión de cualquier tipo, accidente, injurias, descredito, etc.)
Y el otro es el perdón de Dios, que ese lo da Dios. Es decir cuando decimos me perdonas, o te perdono. ¿Hasta que punto tu puedes dar o pedir a alguien ese perdón? Ese perdón se lo tienes que pedir a Dios.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Estimado Modestino:
Además de elementos para la reflexión personal, hay algo que tras la lectura de esta entrada me ha quedado clarísimo:eres una muy buena persona, la grandeza moral que demuestras y preconizas por desgracia hoy en día es "rara avis" así que es reconfortante cuando se topa una con alguien como tu.
Gracias por darme esta alegría que me reconcilia un poco con esta sociedad retorcida y hostil a mi parecer.

Modestino dijo...

Te agradezco los piropos Mª Asunción, pero no me considero mejor que nadie ... vamos que no lo soy, sólo he reflexionado a raíz de un tema profesional que no viene al caso ... y no podría asegurar que si me hubiera pasado lo que a esas personas que no han perdonado no se si lo hubiera hecho.

Anónimo dijo...

De cara a la galería queda muy correcto pedir perdón aunque la mayoría de veces no es sincero.
Por otra parte cuando algo duele de verdad jamás se olvida,por lo tanto, es mejor no fingir y decir abiertamente que no se perdona.

annemarie dijo...

Ay, Anonimo, qué comentario, por Dios, para encerrar la noche! :))

ana dijo...

Yo creo que la capacidad de perdonar es el eje fundamental de esa actitud tan vital que es la resilencia. Sin ella, no seremos capaces de sobrponernos a periodos de dolor emocional y contratiempos. Hace tiempo leí libros de autoayuda que al final lo único que me parecían era una pérdida de tiempo; al final era darle vueltas siempre a nuestro propio ombligo. Me dí cuenta de ello en un largo paseo; la solución a todo esto es si soy capaz de perdonar o no. Y fui capaz.

Pasó entonces la mala racha emocional, y los desencuentros fueron desaparaenciendo. El futuro se iba abriendo camino. Así es la vida de sorprendente.

Es esa al menos mi experiencia.