16 de febrero de 2011

La alegría del negro zumbón



He encontrado grandes enemigos de tomarte una caña o vinito; creo que ya he hablado en otras ocasiones de mis amigos "estoicos" cuya nómina de superficialidades está engordada en demasía; un viernes después de trabajar, un ratillo antes de la cena tras darte un buen paseo, de esos que recomiendan todos los médicos o el encuentro con un viejo amigo constituyen ocasiones óptimas para darle vidilla a la vida con alguna libación. Y en esos momentos, cuando te encuentras en un "bareto" bullicioso y bien preparado, se ha hecho habitual la figura del "subsahariano" que entra cargado de baratijas: gafas de sol generalmente llamativas, sombreros, relojes más falsos que Judas, bisutería, ... los muchachos te ofrecen su mercancía entre trago y trago, en medio de una conversación más o menos interesante, entre ruidos de platos, líquidos y cocinas. Incluso el día que no se reproduce esta escena parece que uno incluso la echa en falta.

Siempre existe el peligro que te de la vena individualista, o un ramalazo racista que no deberías tener nunca y te llegue a resultar molesta la interrupción de quien te ofrece una compra barata; pero no cabe duda de que ésto es un error, y no sólo porque hay sitio y cancha para todos, sino también y ante todo porque el muchacho se está ganando la vida y lo hace con toda la dignidad. De unos tiempos a esta parte vengo observando que estos vendedores se han "soltado", que han perdido cierta timidez y funcionan por cada establecimiento como Pedro por su casa, con una sonrisa -tan llamativa en su caso- blanca y radiante y una actitud que oscila entre el atrevimiento y la complicidad. Pero no estoy hablando de impertinencia, de actitud molesta, sino de una sana participación en el ambiente.

Pienso que la razón puede estar en que estos oriundos de Senegal, Gambia, Ghana, Malí, ... están cada vez más integrados en el ambiente´, ya no son personajes tercermundistas en una sociedad civilizado, sino individuos tan civilizados como el que más, ciudadanos del sitio donde viven, personas capacitadas para mirar cara a cara, de igual a igual. Y esto es un éxito notorio, algo de lo que debemos congratularnos enormemente. No sabría entrar a teorizar sobre mundos globalizados o cambios de cultura, simplemente me alegra contemplar que nos vamos adaptando a la realidad exterior, que somos capaces de adaptarnos a las circunstancias, de asumir como propios a quienes aparentemente son tan distintos.

El pasado viernes, tras una saludable parada -con "negrito" incluido- en el "Tomate y jamón" de Huesca, y paseaba en compañía de mis compañeros de vermut por el Coso Alto de Huesca, observé como un chaval de color, dudo que tuviera más de 20 años, abordaba con una sonrisa de oreja a un matrimonio mayor de la ciudad, gente conocida y bien posicionada y los tres iniciaban una conversación caracterizada por las risas y la simpatía mutua; evidentemente no tengo ni idea de qué hablaban, ni de qué se conocían, pero estaba claro que entre ellos hacía tiempo que se había roto cualquier barrera.

La inmigración es motivo de preocupaciones, problemas y opiniones encontradas, pero también nos muestra con frecuencia su lado bonito, su cara amable y animadora.


7 comentarios:

sunsi dijo...

Son...encantadores. Siempre educados, respetuosos. Creo que sí. Que ellos ya forman parte de nuestra vida y de nuesto mundo.

ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ana dijo...

El problema nunca es la inmigración; sino la incapacidad de las personas a integrarse, tanto por parte de los que llegan como de los que reciben. Debemos olvidarnos del miedo a lo desconocido, nos puede sorprender, y a menudo lo hace gratamente.

Yo siento especial predilección por la gente de color, los negros. Todos los que he encontrado en mi vida, han sido educados, amables, sonrientes y con una timidez graciosa. Muy buena gente.

Recuerdo especialmente cuando fuimos a vender cestos de paja, los habíamos hecho con los alumnos de un centro especial, alumnos con parálisis cerebral. Fuimos al mercado Julia, la monitora, y yo, alumna en prácticas, junto con 4 de esos alumnos; Isabel, Carlos, Jose Manuel y Elisa. A ambos lados de nuestro puesto, estaban los vendedores de pulseras, carteras y bolsos. Eran negritos azulados ;)

Jamás olvidaré su gran corazón para con los niños, cómo les regalaban cosas cuando ellos precisamente no tenían abundancia. Les dieron unas pulseritas, al siguiente martes unas carteritas para monedas... y me encantaba cómo me decían, así, como pidiendo perdón, que a mi no me lo daban porque yo lo podía comprar. Les compré un monedero, y cuando les quise regalar el cesto que yo había aprendido a hacer con mis chicos, no lo querían. Al final lo cogieron. El último día me dieron una pulserita de cuero que aún conservo. Era su regalo.

Luego he conocido personas de color en el hospital, también conocí un amigo del Congo en la universidad... y los vendedores del mercado de mi pueblo (mi prima se enfada porque siempre me hacen descuento sin regatear, ya le digo... es que ellos notan que tú eres un poco abusona del regateo... ) Pues bien, en todas esas personas podías encontrar un mismo sonido; la risa africana.

Es especial esa risa africana, tiene sonido como bronquial... como si fuera muy profunda. Y pienso que es por sale de muy adentro, porque es una risa veraz, natural y sin artificios.

Es importante saber acercarse al diferente, aunque a veces nos llevemos soberanos desengaños.

Saludos.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

!Modestino, Modestino
haciendo la vida amable
razonando con buen tino,
¡que chico más agradable!

Me gustan más los "negritos"
tras leer estos escritos,
ver la vida positiva
me alegra, casi reaviva,
y exclamo con grandes gritos
¡Modestino,!arriba, arriba!

Modestino dijo...

Preciosa historia, Ana. Yo me quedaría con que tengo la sensación de que van perdiendo la timidez, y creo que eso es bueno.

Y es cierto, el problema son los ghettos, por un lado, y la intransigencia por otro.

Y Asun ... no me hagas reir. Te agradeczo la copla¡¡¡

veronicia dijo...

Ana, es una historia muy bonita!

Safía es de Mali, parece la reina de Africa, vive delante de mi casa y se encuentra perfecamente adaptada (al frío no, en invierno se va a Mali).
En verano se sienta por la noche a tomar el fresco en la puerta. Al final de la calle hay un locutorio, tooooda africa pasa a telefónear, toooooda África pasa por delante de Safía y ella con todos habla; a la ida y a la vuelta... Sentada con las vecinas, tan feliz tomando el fresco, a ratos la escucho muchísimo mejor a ella que a la TV... aunque al no comprender el "maliano" no me entere de nada...

Modestino dijo...

Está bien eso de pasar el invierno en Mali; y es que al frío uno se adapta peor que al ternasco.