13 de febrero de 2011

El encanto de los libros breves

Hay veces en que al escoger tus lecturas te enfrentas con auténticos mamotretos próximos a las mil páginas; grandes obras como "El Quijote", "Los novios", "Guerra y paz" o "Los Buddenbrook" se caracterizan, además de por su gran calidad literaria, por tratarse de novelas muy extensas, a pesar de lo cual uno se dispone a leerlas con agrado porque sabe que vale la pena hacerlo. Pero frecuentemente agradeces encontrar libros de escaso volumen, de esos delgaditos que casi pasan desapercibidos en librerías y catálogos, pero que si están bien escritos y son mínimamente entretenidos te ofrecen una posibilidad magnífica de cubrir un fin de semana lluvioso, un viaje un poco largo o una época poco propicia para enfrentarse a profundidades. Evidentemenete, no se trata de comprar las lecturas en función del tamaño, pero no está de más tener siempre en la nómina de libros recomendados unos cuantos de estas características, pues entre otras cosas, no dejan de tener un encanto especial. Conozco personas que tienen muy en cuenta el número de páginas al escoger sus lecturas, y no seré yo quien diga que se trata de un criterio equivocado, siempre claro está que no entren en la cerrazón, en ese rigorismo que nos entra cuando vamos demasiado lejos en nuestras opiniones, pues bien claro tengo que cerrar la posibilidad de leer un libro largo supondría privarse de auténticos placeres. Recientemente he leído unos cuantos de éstos que resumo aquí.













"Correr"
Jean Echenoz
Anagrama. Barcelona (2010)
140 páginas




En los Juegos Interaliados de Berlín, en 1946, al ver de­trás del cartel de Checoslovaquia a un solo atleta desma­ñado, todo el mundo se ríe. Pero después, cuando en los cinco mil metros acelera sin parar y cruza la meta en so­litario, los espectadores estallan en un clamor. El nom­bre de ese chico que siempre sonríe: Emil Zátopek. Un hecho real como punto de partida para un relato magnífico. Una novela hipnótica sobre un héroe trágico del siglo XX. En pocos años y dos Olimpiadas, Emil se convierte en inven­cible. Nadie puede pararlo: ni siquiera el régimen che­coslovaco, que le espía, limita sus traslados y distorsiona sus declaraciones. Emil corre contra su decadencia, y sonríe. Incluso en las minas de uranio adonde lo destie­rran porque ha apoyado a Dubcek. Ni siquiera Moscú puede pararlo.

De pequeño coleccioné una historia de los Juegos Olímpicos, razón por la que la figura de Emil Zatopek, el corredor checo que por los años 50 dominó las carreras de fondo, me era muy conocida; me acuerdo perfectamente como la descripción de su forma de competir, caracterizada por los continuos gestos y expresiones de sufrimiento que le hicieron un personaje peculiar, además de la implacable superioridad que ejercía sobre todos sus rivales: recuerdo también una foto en la que en una prueba de los juegos de Helsinki Zatopek marchaba por delante del francés Alain Mimoun y el alemán Herbert Schade, mientras se veía como el británico Chris Chataway caía al fondo de la pista. Todo ésto lo refleja magníficamente Echenoz en su libro.

Pero "Correr" no es un simple libro sobre atletismo, ni una biografía de un atleta, es una especie de relato filosófico acerca de la especial originalidad de un hombre bueno, una crítica a la falta de libertad sufrida por los países del telón de acero durante tantos años y un ágil y ameno viaje por las pistas de atletismo de muchos lugares.

La personalidad de Zatopek destaca por encima de todo lo que se nos cuenta en la novela; un hombre más bien simple, sufridor, entregado y constante en la preparación de las carreras, con una voluntad de hierro, una enorme capacidad de sufrimiento y cierta ingenuidad infantil. Y junto a Zatopek, se nos habla de una Checoslovaquia dominada por la bota soviética, en la que el atleta no tiene libertad para declarar lo que piensa, es controlado siempre por comisarios políticos, no se le deja ir a competir a cualquier lugar y se le deforman y tergiversan las declaraciones.













"Historias de Roma"
Enric González
RBA. Barcelona (2010)
123 páginas



Resumen:
Dicen que Roma es la Ciudad Eterna, tal vez porque el tiempo la atraviesa con lentitud. Es caótica y, sin embargo, pausadamente melancólica. Acumula un escepticismo de siglos pero mantiene la luminosa viveza del Mediterráneo. Es una ciudad en la que abundan los lugares y los instantes mágicos. En sus páginas encontrará el lector un montón de estupendas historias, personajes, momentos y escenarios romanos: los gatos, las pinturas de Caravaggio, la casa y la tumba del poeta Keats, la cocina de casquería, la mejor pizzería, el lugar en el que se bebe el café más sublime del mundo, la burocracia, Alberto Sordi, el cadáver de Aldo Moro, la historia de un marqués perverso, mirón, asesino y suicida, el periplo de un paquete que recorre medio mundo y vuelve a Roma gracias al disparatado servicio de correos, los papas, Berlusconi y sus emisarios, una iglesia en la que nadie quiere casarse, las fórmulas de cortesía, el fútbol, la mamma, las conspiraciones, el sastre de los papas, las barberías, los palacios, las vírgenes, los santos y los milagros, la cúpula de San Pedro entre la niebla... Roma, la ciudad que se añora a sí misma, la ciudad en la que todavía se vislumbran escenas que deberían ser en blanco y negro.


Me habían hablado maravillas de estas breves guías escritas por el periodista Enric González, corresponsal de "El país" en diferentes lugares del mundo; también tiene ediciones similares sobre Londres, Nueva York y el calcio que ya están en la agenda donde escribo mis pretendidas lecturas futuras; la verdad es que las alabanzas estaban justificadas: una auténtica delicia de lectura.

"Historias de Roma" es una guía formidable, un librito que uno soñaría tener si viaja a la capital italiana. Pero no es una simple guía turística, aunque nos hable de monumentos, restaurantes, cafeterías, ... sino un recorrido humano y encantador por los lugares, las gentes y la idiosincrasia de ese lugar tan especial. González aprovecha para contarnos sucesos históricos, chascarrillos, anécdotas, ... para hablarnos de personajes curiosos, sorprendentes o siniestros, para darnos unas pinceladas formidables sobre Italia y los italianos, muy especialmente los que viven y/o nacen en Roma.

No es una apología de la romanidad, porque el autor no regatea ni la crítica ni la ironía, pero a la vez es un canto a un pueblo tan especial como el romano; Enric González nos habla de todo: de la burocracia, de los funcionarios, del Calcio, de los establecimientos hosteleros más llamativos y recomendables, del café italiano, del Vaticano, la familia italiana, ... con interesantísimas referencias a personajes como Alberto Sordi, Aldo Moro, "Il cavallieri" Silvio Berlusconi o el Papa Ratzinger. González nos muestra una visión demasiado ácida del Vaticano, de su historia y de su burocracia, pero no me parece tendencioso, veo respeto en su forma de plantear las cosas.

Uno de los grandes encantos del libro es el estilo del autor, con una mezcla de fina ironía y cierto recochineo que hace la lectura agradabilísima. Tiene que ser una gozada superlativa pasarse una semanita en Roma y recorrerla al ritmo que te marca esta obra magnífica.


12 comentarios:

tomae dijo...

...Gracias Modestino, una buena recomendación para los que somos de lectura ligera y nos encanta el Atletismo, prefiero las pruebas de fondo a las de velocidad...
Te dejo este Video

Buen Domingo!

Tommy dijo...

Otro libro breve con encanto podría ser "Seda" de Alessandro Baricco. Es la típica novela que puedes regalarle a un(a) amigo/a sabiendo que vas a acertar. Feliz domingo y aupa quien tú ya sabes.

molinos dijo...

¿has descubierto a Enric González? Qué suerte...a mi me encanta. Si te ha gustado el de Roma..prueba con el de NY..yo lo he releido 3 veces.

¿Has leído todas las crónicas de Enric desde El Cairo estos días? Es un periodista de los que ya no quedan

Modestino dijo...

De Baricco no he leído nada, habrá que probar.
Por supuesto que voy a por las historias de Nueva York y Londres, buscare por internet las crónicas de El Cairo.

Modestino dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
annemarie dijo...

O comprar toda la colección y "hacer" un libro al año... o de seis en seis meses. :)) El modo como utilizas "ácido" es un hallazgo, Modestino. :))

meloenvuelvepararegalo dijo...

Este es un post para mí, je,je...
Veo que hay más como yo que somos de lectura ligera, pero ya sabes que ahora estoy liada con la manta a la cabeza o con el turbante -según el día- y de lectura a veces tengo en el escritorio toda una lista de blogs interesantes!
Por cierto, la frase que dio inicio a la entrada "fugacidad" muy acertada.
Un saludo,

PD: en honor a tomae y su trabajo de recerca sobre las palabras de verificación, comentaros que la que sale es "fiesto". Qué buena!!! Blogger detecta que hoy es domingo y día de celebración? :)

Brunetti dijo...

Excelentes recomendaciones literarias, Modestino.

Ya sabes que yo soy de los que, en principio, prefiere leer dos libros de 300 páginas que uno de 600. Pero hay excepciones, claro.

"Historias de Roma" lo tengo subrayado y coloreado, dispuesto a ser embarcado como "guía alternativa" para Roma a la menor oportunidad.

Y en cuanto a "Correr", reconozco que para mí fue un descubrimiento, puesto que me atraía leer a Echenoz y, por el mismo precio, me encontré con una biografía deliciosa de Emil Zatopec, a quien tenía completamente olvidado.

El gran Murakami tiene otro libro "corto" llamado "De qué hablo cuando hablo de correr", cuyo título plagia de manera consciente un cuento de Raymon Carver ("De qué hablamos cuando hablamos de amor") que merece ser leído, incluso, por aquellos que, como tú y yo, jamás sufriremos un esguince corriendo.

Salud!

P.D. Tenías que haber visto anoche a "tu amigo" Marcelino García Toral en el banquillo del Racing, con esa trenca suya incalificable, haciendo carreritas por la banda al celebrar uno de los goles y cayéndose, literal y físicamente, de culo sobre el área técnica. Patético. Pero ganó, el tío.

Modestino dijo...

Marcelino es chulín y peculiar, pero no dudes que salvará al Racing, también confío mucho en nuestro Aguirre, otro mister que tienes atravesado.
Murakami está en lista de espera.

veronicia dijo...

En mi necesidad compulsiva de leer y no abandonar una lectura he tenido que adaptar el "formato" a las necesidades de la vida, así disfruto de tres opciones que por su propia naturaleza son breves, el relato, la obra de teatro y la poesía.

Mi único requisito para comprar un libro en las ediciones de bolsillo es que la letra no sea ridiculamente pequeña porque de nada me sirve que solo tenga cientoypico páginas si las palabras parecen hormiguitas corriendo

Un saludo dominguero!

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Hola modestino!, gracias por tus recomendaciones.
Convendrás conmigo sin embargo, que "lectura breve" no se corresponde necesariamente con "lectura ligera, fácil o frívola".
Traigo a colación el gran libro del admirable Victor Frankl, "El hombre en busca de sentido" que siendo una obra auténticamente filosófica de gran profundidad es de una extensión muy corta, un libro de bolsillo.
Haciendo cierto el refrán de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno" y que un libro por muy tocho y sesudo que sea puede ser infumable. ¿Estáis de acuerdo?
Feliz domingo a todos.

Modestino dijo...

Para nada equiparo libros breves con libros intrascendentes, "La perla" de Steinbeck, ñEl guardián entre el centeno", cualquiera de Leonardo Sciacia demuestran que no es lo mismo.