17 de diciembre de 2008

"Un árbol crece en Brooklyn", Betty Smith













"Un árbol crece en Brooklyn"
Betty Smith
Lumen, Barcelona (2008)
512 páginas

Hay libros que merecen ser colocados en el cuadro de honor de nuestra lecturas; algunos están escritos magistralmente, otros te ofrecen una historia apasionante, otros se ganan tu atención desde la primera hasta la última línea. "Un árbol crece en Brooklyn", posiblemente, participa de todas estas características, pero por encima de ellas, se convierte en una inyección de aire fresco, en una historia que cautiva por su sencillez, por su optimismo, por su hermosura. Ha sido un gozo haber podido leer, poco a poco, aprovechando cada línea, un libro distinto.

El libro es un clásico de la literatura norteamericana en el que se narra la infancia y juventud de Francie Nolan, hija de inmigrantes en el Brooklyn de la década de 1920. Esta es la entrañable historia de su vida y la de los Nolan, una familia pobre, de raíces irlandesas y austriacas, que llegó a América buscando prosperidad. Francie crece con un padre bueno pero débil y demasiado pegado a la botella, de manera que el verdadero soporte de la familia es su madre, Katie, que trabaja limpiando las escaleras de la vecindad. Un coro de familiares y amigos rodea a la familia: su hermano Neely, su abuela Mary Rommely, una irlandesa fuerte e inquebrantable, sus tías Sissy, tan bondadosa como insensata, y Evy.

No obstante queda claro desde el principio que son las mujeres Nolan las que de verdad pisan fuerte en la vida. Como aquel árbol que le da sombra mientras lee, y que crece en el cemento, Francie lucha contra toda clase de obstáculos para sobrevivir y salir adelante.

Es una auténtica gozada la lectura de este libro; es el relato de una vida normal, sin grandes acontecimientos; está escrito con una naturalidad y agilidad tremendas. La vida de los Nolan es una vida caracterizada por la pobreza, en ocasiones auténtica miseria: la madre tiene que hacer malabarismos para darles de comer; pero queda claro que nada de eso constituye obstáculo alguno para la felicidad, para vivir disfrutando de la vida. Pero esta satisfacción no es resignación: Katie Nolan aspira a que sus hijos estudien en el instituto y la Universidad, Francie tiene muy claras sus aspiraciones y su madre les lee cada noche fragmentos de la Biblia y de las mejores obras de Shakespeare.

Katie Nolan transmite su constancia a sus hijos, que aprenden con las aristas de la vida, con el hambre y las numerosas dificultades, mientras descubren en la escuela y en la lectura la existencia de otros mundos y sentimientos. La novela corría el peligro de convertirse en la típica historia de niña de familia pobre contada con el tono empalagoso de algunos de estos relatos, pero la autora lo evita radicalmente. La historia es ésa, pero la narración desprende verosimilitud por todos sus poros: los personajes son de carne y hueso; no se ahorran temas espinosos, tratados con un eficaz realismo; la autora critica, a su vez, la situación de las escuelas a principios de siglo y la indiferencia de muchas de las maestras; la pobreza provoca a veces situaciones deprimentes, etc.

Resultan verdaderamente magistrales determinadas escenas, como la relación de Francie con la bibliotecaria que la atiende cada viernes cuando va a la Biblioteca pública a coger un libro prestado, o la conversación de la niña con su maestra a propósito de las redacciones que hacía: la profesora le dice que no se debe de escribir de cosas reales y mucho menos sórdidas; que la belleza está en otros temas mucho más delicados. Francie, que había contado en esas narraciones algunos episodios de su vida en Brooklyn, decide no volver a escribir, pues ella piensa que la auténtica literatura es la que parte de las experiencias más humanas, por muy duras que sean.

Hay un momento en el que Francie Nolan se dirige a Dios que no me resisto a reproducir:

"Dios amado, permíteme ser alo cada minuto de cada hora de mi vida. Permíteme ser alegre. Permíteme ser triste. Que tenga frío. Que esté abrigada. Que tenga hambre, que tenga demasiado para comer. Permíteme andar andrajosa o bien vestida. Que sea sincera o falsa. Que sea franca o mentirosa. Honorable o pecadora. Pero permíteme ser algo en cada bendito minuto. Y cuando duerma, permíteme soñar todo el tiempo para que no se malgaste la más mínima porción de vida".

Pienso que es una oración deliciosa, una expresión sencilla y sincera que lleva a la paz interior y a la serenidad de espíritu. Para tomar nota ... y ejemplo.

Un árbol crece Brooklyn se publicó en 1943 y tuvo una excelente acogida. En 1944, Elia Kazan se estrenó en el mundo del cine con la adaptación de esta novela. Ahora Mondadori nos da la ocasión de disfrutar de nuevo con una novela realmente oxigenante.

6 comentarios:

tommy dijo...

Para los que quieran ver la peli de Kazan, cosa que no será extraña después del brillante comentario de Modestino, su título original era el mismo que el de la novela ("A tree grows in Brooklyn"), pero se estrenó en el Reino de España como "Lazos humanos". Uno de sus secundarios, James Dunn, ganó el Oscar de aquel año. Elia Kazan menospreciaba esta peli, no por nada en particular sino porque casi ninguno de los films que dirigió en sus comienzos le gustaba realmente.

Sunsi dijo...

Bonita oración. Quizá bonita no es el adjetivo adecuado. Oración redonda,completa. Pide todo... lo bueno y lo bueno que hay detrás de lo no tan bueno que es real y que hay qe contar con ello. Que si no hay un poco de hambre no se sabe qué es comer ni dar gracias por haber comido. Que si nunca crees haber pecado no sabes que no eres infalible y que puedes caer bajo, muy bajo y no pasa nada si existe un nuevo día para enmendarlo. Que si nunca has llorado, si nunca te han dado, no celebras las alegrías con la intensidad que merecen.

Gracias, como siempre.

Modestino dijo...

En mi opinión, lo mejor del libro es el optimismo que destila; es un canto a la superación y al entusiasmo frente a la adversidad. Me ha parecido algo completamente distinto a lo habitual.
Es como un traslado a la novela de películas como "¡Que bello es vivir!" o tantas otras de Frank Capra.

Aguijón dijo...

Modestino,
Lo está leyendo mi mujer. Le está gustando mucho y yo seré el siguiente en leerlo.
un abrazo y feliz Navidad,

Aguijón dijo...

Por cierto, comentarte que la película que más me gusta es "Qué bello es vivir"...

Modestino dijo...

Feliz Navidad, Aguijón, para todos. ¿Que bello es vivir también está en la lista de mis favoritas, junto a otra de Frank Capra: "Juan Nadie".