19 de diciembre de 2008

Abiertos a todos

No tengo excesivo tiempo para contar grandes cosas; por otra parte, no acababa de tener claro de qué voy a hablar hoy; ante esta situación me ha venido bien dar una vuelta por el blog de mi amigo Guillermo y se me ha ocurrido robarle una idea: estoy seguro de que me perdonará. La idea, además, no es suya -aunque, como hago yo ahora la asuma como propia-; se trata de algo que dijo la escritora norteamericana Flannery O’Connor: "una de las mayores equivocaciones de los católicos está en pensar que los escritores cuya religión es la católica escriben exclusivamente para ellos, para los católicos". La opinión de la gran escritora consigue agolpar en mi cabeza un montón de sugerencias, a la vez que remueve inquietudes que han ido creciendo en los últimos tiempos.

Las personas de mi generación nacimos en un estado confesional; ser católico era lo normal, ir a Misa una obligación que para bastantes estaba mucho más cerca de la exigencia social que del cumplimiento de un precepto, el Jefe de Estado entraba en los templos bajo palio y las verdades elementales de la fe se tenían por supuestas. Las cosas han cambiado, y ahora nos encontramos en una sociedad que podemos llamar post-cristiana; evidentemente, para quienes estamos convencidos de que existe una verdad, que no todo es relativo, que hay una ley natural ordenada por Dios e inscrita en el interior de cada persona, existe mucho por mejorar; pero a la vez, estas aspiraciones de mejora para muchos no pasan por un regreso al pasado: el catolicismo oficial, el clericalismo y el ejercicio aparente y convencional de la práctica religiosa no los veo como un retorno deseable.

Creo que los cristianos debemos ser firmes en nuestras convicciones en tiempos en que a veces son atropelladas, dar testimonio del Evangelio, que debemos conocer y asumir en nuestra vida profesional, familiar y social y ser coherentes con las cosas que pensamos. Pero a la vez, los cristianos tenemos que convivir con quienes no lo son, o siéndolo tienen sus dudas, rebeldías o discrepancias; de lo contrario, corremos el peligro de caer en el aislamiento y la tribu. Los tiempos han corrido muy deprisa y las cosas han cambiado de la noche a la mañana sin que hayamos tenido tiempo de asimilarlo, de aprender a convivir en un mundo más diverso y, ¿por qué no decirlo?, más plural. Por eso la frase de O'Connor, una ferviente católica, tiene su miga. Los católicos tenemos que asumir la convivencia con quienes piensan o viven de maneras distintas y opuestas a nosotros, y hacer esa convivencia lo normal. Y es que dicha frase le salió bordada, y no podía ser menos, al fin y al cabo tiene mucho que ver con el mandamiento único del Evangelio: "Amaros los unos a los otros", una frase que no excluye a nadie.

En los últimos tiempos he notado cierta agresividad: en determinados medios de comunicación, en ciertos representantes del mundo de la cultura, incluso desde algunas instancias oficiales, hacia las manifestaciones de religiosidad, las posturas de los obispos o las posiciones de los católicos; pero también la he observado en algunas actitudes del otro lado, porque hay quienes parecen haberse enrocado en una especie de "monotema", cuando de siempre es desde la sugestión y no desde la imposición donde se pueden encontrar vías de coincidencia. Sinceramente, siento más admiración por aquellos cristianos tratan de influir positivamente con su ejemplo y su aportación personal en un partido político o un medio de comunicación, o sencillamente ejercitándola en su propio ambiente, entre tirios y troyanos, que de aquellos que redactan titulares tremendos en algunos semanarios o se obsesionan con la pancarta.

El compromiso de un cristiano en la sociedad en la que vive tiene que ser profundo, y eso incluye vivir la fe con coherencia y defenderla cuando procede, algo que en los tiempos que corren exige fortaleza, firmeza y convicción, y con ello hay que ofrecer tolerancia y respeto, evidentemente con exigencia de reciprocidad.

Fotos: famousquoteshomepage.com; manuelhernandeziglesias.wordpress.com; www.pjs.es

14 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Totalmente de acuerdo. No podías haberlo expresado mejor: me ha encantado. Y la Connor es que vivía en un país donde se está acostumbrado al debate. Odio las moralinas, y hay mucha moralina, de unos y otros.

Difícil lo tenemos, Modestino.

Creo en la familia, trabajo por la mía, entiendo la convocatoria del 28 pero me espanta a la vez: ¿los obispos todos sentadicos todos detrás del atril?

El año pasado compartí cosas, pero me espantaron muchas y creo que no voy a volver.

La vuelta al nacionalcatolicismo es como una aspiración latente.

Hace falta inteligencia. Y sentido común. Y no lo hay muchas veces.

Matiz, matiz.

Caen chuzos de punta, sí, pero no es para parapetarse en el bunker, cualquiera que sea éste.

Sunsi dijo...

Los extremos se tocan. Y la obsesión tiene muchos colores. Una ya te la esperas ... ya sabes que es como tropezar con un muro. Con ello cuentas y con ellos has de convivir buscando lo que tenemos en común. Todos somos personas.

El otro extremo del que hablas es, a veces, incluso hiriente. Una postura se puede defender de muchas maneras. Reconozco que a mí me sube la adrenalina con facilidad, con demasiada facilidad. Por eso agradezco tanto agunas entradas, que me ayudan mucho.

Gracias , como siempre

Modestino dijo...

Sí hay mucha moralina, pero yo voy más allá.

Por un lado, hay que adaptarse a la situación; no digo aceptar lo que uno no debe aceptar, ni transigir en lo intransigible -pero en eso, no en lo que hemos convertido en intransigible-, sino asumir que los tiempos han cambiado, nos gustarán más o menos, pero han cambiado.

Y para arreglar lo que hay que arreglar, para que la gente vuelva a Dios solo cabe un camino: el del respeto al contrario y el de aprender a contar las cosas en el idioma del siglo XX.

Y por supuesto, huir del peligro de escandalizarse por casi nada. Digo casi, porque hay cosas que serán siempre escandalosas, pero otras son... la vida misma.

Aguijón dijo...

Me ha gustado tu post. La canción me ha traido recuerdos.
Efectivamente, con el ejemplo se puede hacer mucho, pero, respetando al de enfrente, los cristianos, y los católicos concretamente, debemos denunciar esos mínimos que no estamos dispuestos a aceptar: Vida, libertad...
Saludos y buen fin de semana,

Sunsi dijo...

Lo que hemos convertido en intransigible... Igual te pido mucho. ¿Podrías poner ejemplos?

Creo que es necesario mojarse y que te vean empapado por atrocidades que van en contra de la ley natural, en contra del mínimo respeto exigible para que exista convivencia. No me importa en absoluto salir a la calle chorreando. Y que me identifiquen.

Pero hace una temporada que el chorreo se ha convertido en dogma. Son tiempos difíciles y "todos a una como Fuenteovejuna en demasiados frentes". Y parece que se contemplan como obligatorios. Siempre los mismos en todas partes. Igual no me sé explicar. A veces ese chorreo, en lugar de poner las cartas boca arriba, es como una inundación. Y no sirve para nada porque la gente huye de semejantes chaparrones.

Releo el comentario. No creo que me haya sabido explicar. Para hacerlo debería descender a demasiados detalles. Un "cum laude" si me has entendido.

Saludos.

Modestino dijo...

Sí te he entendido, creo al menos. Hay cosas que para mi son innegociables, el aborto por ejemplo. Julián Marías afirmaba que la mayor tragedia del Siglo XX en Europa había sido la aceptación social del aborto, y lo comparto íntegramente. Las cifras de abortos son estremecedoras. Aquí comprendo toda actividad contraria.
Pero hay maniqueismos que no me gustan, eso de hay buenos y malos, por ejemplo.

Asier dijo...

Modestino, tu post de hoy me hace pensar y volver sobre cuestiones que me rondan la cabeza desde tiempo atras... los -ismos que se pierden, las eras "post" y las vueltas a las intransigencias y tomas de posiciones como... reaccion? No lo sé.

Todo esto me lo trae a la mente un punto que comentas: no crees que todo sea relativizable, tienes tus puntos de anclaje, fruto del -ismo a partir del cual ordenaste tus parametros. me ha llamado la atencion darme cuenta de que yo comparto opinion, si bien mis parametros estan marcados por otros -ismos, debidos a socializaciones familiares y de contextos.
hablas del cristianismo -(del post-cristianismo). Yo creo que ese post-cristianismo es una de las vertientes del post-modernismo.
Intentaré ser conciso: creo que el problema, o la cuestion nueva que se plantea es que todos esos -ismos de la época moderna se han difuminado. Y eso significa que también se ha difuminado el principio de base a partir del cual diferentes personas han ordenado sus diferentes visiones del mundo (cada cual el suyo y desgraciadamente demasiado a menudo eso ha significado "cada cual versus los otros). Y eso significa que la impresion reinante es que todo depende mucho (demasiado?) de las circunstancias.
La preocupacion principal de las mentes que nacen y se desarrollan después de esas épocas es la del como ir adaptandose y fluyendo dentro de esa aventura vital que es el devenir de nuestro tiempo de vida, que se nos escapa y del que hay que apropiarse. Y los -ismos ya no son referentes.
Afortunadamente? Si, si eso nos lleva a darnos cuenta de que quizas podamos compartir muchos valores que los que nos precedieron, sin darse cuenta, tambien compartieron, en el fondo, pero que les llevaron a anclar la piedra angular de su -ismo particular en oposicion a las otras tribus.
Desafortunadamente? Si, si caemos en la absoluta anomia moral que nos lleve a justificar pasar por encima del projimo cuando ello nos convenga, oiga!, o cuando pensemos que cualquier tiempo pasado fué mejor, porque pertenecer a una tribu proporciona sentimiento de pertenencia y otorga normas para conducirse en esta vida, y nos veamos tentados de volver a pensar que esto es un desmadre y que los de nuestra tribu son los mas guapos o casi los unicos guapos.
En fin, todo esto que digo es muy farragoso, pero yo me entiendo...

De verdad que este post me ha resultado sugerente. Pase usted un fin de semana estupendo y unas sentidisimas fiestas. De verdad.

Asier dijo...

Y, por cierto, déjame echarte un piropo: creo, sinceramente, que eres una buena persona. Y eso es la pera. E insisto pedorramente en verte como un hombre que, si no es sereno, al menos transmite sensacion de serenidad, tal y como lo explicaba muy bien Master.

Modestino dijo...

Tú hilo Asier es para leerlo despacho, y ahora voy escribiendo baño el móvil por la calle y luego tengo cena.
Te adelanto que coincido en toa pese de cosas, pero yo creo que no todo es relativo, yo creo que existe la verdad. Lo que pasa es que hay muchos matices, no todo es negro o blanco, hay mil tonos de grises. Y por supuesto, todo fanatismo es malo.

Anónimo dijo...

sigo en silencio...tu blog; llego a casa después de esta estresante semana...acabo de leer esta última entrada, y comparto totalmente lo que dices, aunque yo muchas veces tengo dudas de mi fe, estoy llegando a pensar que esta persecución a mi religión y a mi cultura...me hace ser más firme en mis convicciones.

Modestino dijo...

Sí, Anónimo, esa persecución nos tiene que afirmar y , sobre todo, comprometer. Pero tenemos que intentar compartir nuestro viaje con otros que no tienen esas convicciones, y compartirlo en concordia.
A mí me pareció un acontecimiento formidable y revelador el encuentro de hace unos meses en París entre Benedicto XVI y Sarkozy; por un lado me cautiva la figura del Papa actual, quién hablo con claridad y magisterio, y por otro el presidente francés hizo un discurso sobre laicidad que me pareció magistral
Pero además fue un encuentro entre la máxima autoridad de la Iglesia y un hombre divorciado dos veces, ahí estuvieron los dos, sonrientes y coincidentes. Seguro que Benedicto no cambio sus criterios, pero los compatibilizo con el respeto al otro y con la búsqueda de puntos de unión.
No se sí se ha entendido lo que quiero decir.
El problema, todo hay que decirlo, es que en otros lugares -o con otros políticos-- no hay ese saber estar.

Tintin dijo...

Tremendo, Modestino, has puesto en la bandeja un tema atractivo que a todos nos inquieta. Tus reflexiones no son mas que variantes del ya clásico quién soy, a donde voy, para qué estoy aquí...Además quieres transmitir unas sensaciones que yo, personalmente, también creo entender y compartir:

a) Como huír de la ortodoxia católica impertinente, corporativa y egoísta (somos los elegidos, sólo nosotros sabemos la verdad y nos encontramos endogámicamente muy a gusto)sin caer en el relativismo y en el todo vale..

b) Como decir que no nos gusta ese catastrofismo manipulado e hiriente ,esa dureza de corazón para con los diferentes, esa falta de adaptación razonable a una sociedad vertiginosamente cambiante, sin que nos tilden de blandos, chaqueteros u otras lindezas.

Pues creo que respetando, escuchando,acogiendo, no juzgando, y poniendo delante nuestra actitud cristiana. Por encima de ortodoxias que nos separan, vamos a poner ALEGRIA con mayúsculas, sonrisas por la mañana, rondas de café pagadas, comidas con sobremesa, halagos cotidianos, favores sin respuesta.... Y no exijamos que crean esto o lo otro, ámalos como son y confórmate con ayudar a que poco a poco, recuperen o mejoren el sentido trascendente de nuestra vida.Este es el mínimo común que debemos tratar de contagiar a los demás.Esto es lo más revolucionario: hay algo más que esta vida, hay alguien que nos ha creado y que aunque no te lo creas te quiere intensamente cada segundo que pasa.No estás nunca solo.Él no te falla nunca jamás y te da una receta infalible, repito infalible, para ser féliz: Darte a los demás.

Perdón,al final me ha quedado de sermón de los carmelitas, pero no lo voy a tocar.La culpa ha sido vuestra , visto el nivel de las opiniones.

Asier dijo...

Yo tampoco soy un relativista, Modestino. Solo que no soy creyente.
Me encanta que tu lo seas y creo que tu sabes darle significado al término tolerancia

Modestino dijo...

Suscribo tu "sermón", Tintín; no obstante me parece que tanto el mismo como mi propio post tienen parte de su inspiración en lo hablado en un cercano e inolvidable paseo nocturno.
Asier, ahí está la clave, en que un creyente y otro que no lo es podamos dialogar y hasta encontrar puntos de encuentro. Posiblemente todos hemos de aprender a convivir, porque la vida real nos pone juntos y buena parte de ese amor mutuo, que cada uno le llame como quiera, tiene mucho que ver con la palabra comprender, con ponerse uno en lugar del otro.