5 de diciembre de 2012

Dando ejemplo ...

El pasado lunes los portales digitales de todos los medios de comunicación se hacían llamativo eco de la detención de Gerardo Díaz Ferrán, quien fuera fundador de "Viajes Marsans" y hasta hace bien poco presidente de la CEOE; lógicamente la presunción de inocencia anda por delante, pero además de la fiabilidad de una actuación policial de este calibre, los datos que aparecen en prensa son llamativos y elocuentes: más de un kilo de oro y 150.000 € en metálico ocupados, dinero en el extranjero, pisos de lujo en Nueva York, casas vendidas a inversores rusos, ... toda una lista de imputaciones que empieza a poner los pelos de punta. A Díaz Ferrán se le acusa de alzamiento de bienes, es decir de poner su capital y patrimonio a buen recaudo y "protegerlo" de sus acreedores, de defraudar las expectativas de éstos y esconder lo que tiene para que no cobren: todo un comportamiento que, de confirmarse, solamente cabe ser calificado como de canalla. Lo más triste de todo es que esta forma de actuar la realiza quien ha ocupado cargos de gran responsabilidad y, en consecuencia, debería ser el primero en dar ejemplo de transparencia y ejemplaridad. Dificilmente se podrá contentar -y contener- a unos ciudadanos si se les exigen esfuerzos notables mientras los que más tienen actúan como depredadores implacables.

Díaz Ferrán ya llevaba a cuestas una larga ristra de fracasos, como la intervención judicial de "Seguros Mercurio" y la quiebra de "Marsans", todo bajo un aura de sospechas y oscuridades que han terminado en los calabozos y, no sería de extrañar, en la situación de prisión provisional. El hombre encendió la polémica hace unos años cuando afirmó, sin encomendarse a Dios ni al diablo, que los españoles tenían que ganar menos y trabajar más, toda una declaración de principios que indignó, con toda la razón del mundo a muchos. Y no es que no debamos tener conciencia de la situación que atravesamos y de la necesidad de atarnos los "machos", sino que para lanzar semejante aseveración hay que tener una autoridad moral y un prestigio del que carece el tal Díaz Ferrán. Y, desgraciadamente, no nos debería extrañar ésto, pues son valores que se echan en falta entre nuestros políticos, pues todos andamos buscando -me parece- un líder sólido, algo que hacía Diógenes de Sinope, quien de noche vivía en una tinaja y de día caminaba por las calles con una linterna encendida diciendo que “buscaba hombres honestos”: no se si al final logró su objetivo, en España, desde luego y a ciertos niveles, o no existen o se esconden.

4 de diciembre de 2012

La caída de las hojas


El pasado sábado salí de casa a media mañana: hacía un frío notable, aunque mucho más que la gélida temperatura queda en mi memoria el recuerdo de las hojas de los árboles que caían en aluvión sobre el Paseo de las Autonomías de Huesca. Conforme me acercaba al lugar donde se encuentran dichos árboles, montones de hojas secas caían sobre mí cuerpo y terminaban en el suelo. En una primera impresión la escena no dejaba de aportar cierta tristeza, y movía a uno a pensar que esas hojas muertas que se desprenden para siempre de la rama que las sustenta no eran más que una alegoría de la propia vida, pues de la misma manera que el árbol con el frío y el otoño pierde lozanía, las personas conforme vamos cumpliendo años sentimos cada vez con más crudeza los achaques corporales, y paralelamente a que aquél nota las consecuencias de las estaciones postreras, vemos cómo las piernas se nos hacen más pesadas, la respiración mas costosa, los sentidos menos ágiles, las digestiones menos llevaderas y el sueño menos constante. Es ley de vida y cada año que pasa termina pesando como una losa a la vez que vas poco a poco aprendiendo a convivir con menos facultades.

Pero una vez que te pones a pensar, a darle vueltas a esa comparación que a primera vista parece dolorosa, te vas dando cuenta de que esa escena de ambiente frío, árboles pelados y hojas amarillas no deja de ser una imagen bella, todavía más posiblemente que la de otras estaciones con más "fama". Pocos espectáculos han dado a los artistas más ocasión de lucir sus habilidades que las estampas otoñales, y así han quedado para la posteridad los poemas de Machado acerca de los campos de Soria, los cuadros impresionistas de Manet o Renoir o las fotos de paisajes otoñales de Canadá o los Estados Unidos. De la misma manera, la edad madura, cuando las facultades menguan y la vida ha dejado de ser un pozo de salud y dinamismo, empieza a poseer una belleza especial, distinta, la que da la serenidad, el equilibrio, la experiencia y la capacidad de contemplar personas y cosas desde una perspectiva menos apasionada y, por ello, más comprensiva. En nuestra vida será inevitable que llegue el otoño, que aumente el frío y se caigan las hojas, pero seremos muy torpes si no sabemos apreciar todo lo bueno que ésto trae consigo.

3 de diciembre de 2012

Nos dejó J.R.

"Dallas" fue en su día un acontecimiento televisivo en España; fue uno de los primeros "culebrones" procedentes del país de los yankees -posiblemente el primero- y sujetó a la butaca a un considerable número de "españolitos" y "españolitas"; después vinieron "Dinastía" y "Falcon Crest", con un formato similar y una mezcolanza de pasiones, maldades, glamour, vicios, frivolidad y deslealtades casi permanentes que constituían casi un código de barras. No obstante, "Dallas" siempre tendría la especial consideración de haber sido precursora, de tener la condición de primogénita; y el éxito esta serie, creada por David Jacobs, no se entendería sin la presencia de quien fue santo y seña de la misma: J.R. Ewing, su personaje principal e indiscutible "number one" de una familia multimillonaria, poderosa e influyente del estado de Texas, cuyo negocio principal era el petróleo que producían en la empresa "Ewing Oil", sin que tampoco fuera pequeño el negocio ganadero que desarrollaban en su rancho "Southfork", donde vivía la familia y que estaba situado cerca de la ciudad de Dallas. La figura de "J.R." se convirtió, como por arte de "birli-birloque- en un auténtico mito y su nombre en alguien temido incluso con la evidente conciencia de su carácter de personaje de ficción. Incluso para quienes no vimos ni un episodio del serial J.R. había adquirido la condición de "persona principal" como en la misma época podían ser Ronald Reagan, Márgaret Tatcher o Hemut Schmidt, por mucho que de él sólo supiéramos que tenía aspecto de tejano simpático y fama de ser más malo que el faraón.

Hace una semana larga, el 23 de noviembre, nos enterábamos de la noticia del fallecimiento, en Dallas a los 81 años y a consecuencia de un cáncer, de Larry Hagman, el actor que encarnó al tal J.R., algo que le identificaría de por vida con el pérfido personaje en cuestión. La carrera profesional de Hagman hasta su explosión en "Dallas" no había sido excesivamente relevante; comenzó con pequeños papeles en televisión y alguna intervención en Broadway, pero en cine sólo he sido capaz de encontrar antes del inicio de Dallas en 1978 tres títulos relevantes: "Valiente marino" (1964), de Joshua Logan y junto a Walter Matthau y Jack Nicholson, "Punto límite" (1964), de Sidney Lumet, con Henry Fonda y de nuevo Walter Matthau y, por encima de todas, "Ha llegado el águila" (1976), de John Sturgess y con unos compañeros de cartel de lujo: Michael Caine, Donald Sutherland, Robert Duvall, Donald Pleasence y Anthony Quayle. No obstante, el papel que hasta la llegada de J.R. le dio más fama es el de "Mi bella genio", una serie televisiva de los 60 en la que encarnaba a un simpático -esta vez sin "trastienda"- mayor de la Armada norteamericana que se encuentra una lámpara con una genio tan guapa como Bárbara Eden; la serie fue emitida en España y la recuerdo perfectamente, con esos doblajes "hispánicos" tan característicos y esa superficialidad tan "americana".

De cualquier manera, la carrera de Larry Hagman hubiera quedado en una trayectoria intrascendente sin su presencia en "Dallas"; del fallecimiento del actor se hubieran enterado en su familia y en su barrio de residencia y su cara no nos sonaría a nadie a casi nada. Es curioso como puede cambiar la vida de una persona por el simple hecho de la popularidad de una serie y, sobre todo, la repercusión pública de un personaje. Tampoco cabe olvidar que quien se hizo famoso fue, sin duda alguna, J.R. y no Larry Hagman, pues casi todos hemos tenido que acudir a las fuentes para saber como se llamaba el cacique de "Southfork", de la misma forma que no deja de ser relevante el pasar a la historia por la maldad del personaje que a uno le ha tocado representar. Tras el éxito de "Dallas" Hagman intervino en películas de cierto renombre como películas "Nixon" (1995) de Oliver Stone, "El Tercer Gemelo" (1997), de Tom McLoughlin y "Primary Colors" (1998), de Mike Nichols. En el año 2009 Hagman tuvo una sonada aparición en España al participar en la serie de Antena 3, "Somos cómplices"; sus últimos trabajos fueron en la serie de televisión "Nip/Tuck" transmitida por la FOX y su regreso a Dallas en una continuación modernizada de la serie. Descanse en paz.

1 de diciembre de 2012

Libros en noviembre


En el mes de noviembre he comenzado a cumplir el propósito de leer más autores nacionales; así he apostado por uno de lo que he leído casi todo, Arturo Pérez-Reverté, otro, Juan Marsé, al que tan sólo había accedido en una ocasión y tengo claro que debería hacerlo más y he leído por vez primera a una de las "estrellas" contemporáneas, Javier Marías, aunque se trate de su primer libro y al parecer no sea representativo de su estilo. Mi debut con Stephen King y un clásico de la novela negra norteamericana han cerrado la nómina lectora del mes de los difuntos.

"Enigma para diablos" es una de esas viejas novelas negras que encontré en mi segunda visita a la librería "Negra y Criminal" de la Barceloneta, el nombre del autor, Patrick Quentin es de esos que mueven a engaño, pues en realidad no es más que el seudónimo utilizado por dos autores de la época: Richard W. Webb y Hugh C. Wheeler. La novela nos cuenta la sorprendente situación en la que se encuentra el protagonista que de la noche a la mañana aparece en una cama con un brazo y una pierna escayolados, sin recordar quien era y con tres mujeres que le aseguran ser su esposa, su madre y su hermana. La trama se desarrolla en tres únicos espacios: la habitación en la que despierta, el resto de la casa y una especie de casa de campo en la que se produce el desenlace final. Se trata de una novela relatada en primera persona, en la que destacan los diálogos y las elucubraciones del citado personaje principal, que mantiene la incertidumbre de la clave del enredo hasta el final y que tiene unos toques de cierto humor negro que contribuyen sin duda a enriquecerla. Una novela entretenida, antigua -se remonta a 1945- y que me ha gustado bastante.

Tengo conciencia de que Juan Marsé es uno de los autores a cuya lectura he de dedicar más tiempo, de hecho hasta ahora solamente había pasado por mis manos el magnífico "Un día volveré" del que ya di cuenta por estos lares, por eso al pasar a finales de octubre por la Biblioteca Pública de Zaragoza me hice con "Ronda del Guinardó", una novela bien breve que ofrece una formidable descripción de la Barcelona más mísera de posguerra. En torno a la zona donde se encuentra la avenida que da título al libro Marsé nos cuenta la relación entre dos personas: Rosita, una huérfana de 13 años y un inspector de policía que la acompaña al Hospital para que reconozca el cadáver de quien puede ser su presunto violador de dos años atrás. Me ha parecido magistral tanto la ambientación del lugar y de la época que hace el autor, un enfrentamiento directo y estremecedor con la miseria y la desolación como la riqueza de los dos protagonistas principales, un policía desarraigado y sin perspectivas y Rosita, un personaje de tintes dickensianos, una auténtica sobreviviente en la que Marsé sabe conjuntar sin que suene a artificial la vida miserable a la que se ve sometida con un innato gracejo y una notable capacidad de tomarse deportivamente la depravación en la que sobrevive. Una novela que disfrutas leyendo y que te anima a seguir insistiendo con Juan Marsé.

"La sombra del águila", como bien explica su autor en el prólogo, no es una novela más de Arturo Pérez Reverté, sino un relato escrito para ser publicado por entregas en un periódico, y solamente el éxito de tal publicación llevó a la editora a convertirlo en libro. Se trata de una novela breve, poco más de 150 páginas, con la agilidad, la riqueza de vocabulario y la contundencia propias del escritor cartagenero. Pérez-Reverté nos cuenta la increíble hazaña de un grupo de prisioneros españoles alistados en el ejército con el que Napoleón invadió Rusia, a quienes su decisión intentar desertar para pasarse al enemigo es confundida por el emperador como un ataque suicida contra los rusos que termina convirtiéndoles en héroes. El equívoco es utilizado por el autor para conformar una especie de tragicomedia en la que no faltan los giros castizos, la ironía más implacable y la configuración de unos personajes geniales. Una novela verdaderamente entretenida en la que Reverté aprovecha para dar una breve lección de historia y, como suele ser habitual en él, desmitificar héroes y tópicos.

No había leído ninguna novela de Stephen King, no me atraen en exceso los libros del tono escatológico y semi-sobrenatural del autor americano y hasta ahora ni me había planteado leer alguno de ellos. Pero cuando vi en las librerías "22/11/63", una novela centrada en el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, me llamó la atención, al ser un tema que me interesa y decidí leerlo, a pesar de que suponía tragarse 852 páginas y de que King no se bajaba de su tendencia al plantear el tema de un ciudadano que regresa desde el año 2011 al pasado para tratar de evitar el magnicidio de Dallas. En el aspecto positivo de la novela creo que debe incluirse la excelente ambientación que crea al destripar la sociedad norteamericana de la época, la interesantísima descripción psicológica y de carácter de Lee Harvey Oswald y la agilidad con la que narra los hechos. No obstante, me ha parecido que no hacían falta tantas páginas para relatar la historia que el autor nos cuenta y mientras me ha durado la lectura -casi dos meses- no he podido quitarme de la cabeza la sensación de que King jugaba conmigo, como si me encerrara en una ratonera ... no obstante, deja bien claro que pretender cambiar el pasado no es idea aceptable.

De Javier Marías solamente había leído unos cuantos de los artículos que en otros tiempos escribía en "El Semanal"; una redacción excelente, casi perfecta y cierta vanidad indisimulada eran las impresiones que me producía este escritor, hijo del filósofo Julián marías, uno de los pensadores a los que más he admirado. Tenía desde hace años "Los dominios del lobo", su primera novela, escrita a los 19 años y que fue en su día regalo de cumpleaños del gran Tommy, que no es individuo que improvise y frivolice al obsequiar: cuando el ilustre jurista, gastrónomo y cineasta te regala un libro es por algo, no escoge al azar ni a la moda. El primer capítulo de la novela me encantó y lo leí con agrado y fruición; el resto no es que no me gustara, pues está escrito con una agilidad y ritmo que ya hacían intuir la maestría actual, pero me he quedado con la impresión de que Marías iba redactando según le venían a la cabeza historias tremebundas sin excesiva hilazón. No obstante es un libro que entretiene, captura la atención y, por supuesto, no deja indiferente. Todos dicen que se trata de una novela distinta de las que luego ha escrito Javier Marías, ahora toca enfrentarse a uno de sus clásicos -vgr. "Corazón tan blanco"-, a ver si como dice Brunetti, mi otro consejero, me mueve a engancharme a su autor o a huir para siempre.

30 de noviembre de 2012

Sólo un beso


Me dirigía el otro día al trabajo y cuando encaraba la oscense Avenida de Menéndez Pidal procedente de la Plaza de Europa me llamó la atención un vehículo que aparcaba en la esquina de aquélla con Capitán Lasheras, donde se encuentra una sucursal del BBVA. Se trataba de un coche muy pequeño, no sabría decir la marca, cuya carrocería iba toda pintada con propaganda, sin que tampoco me llegara a fijar en lo que anunciaba. Del vehículo se bajó un individuo de aspecto más bien rudo, mediana edad, ropa que parecía de faena y la cabeza totalmente pelada, alguien quien desde lejos intuí con cara de pocos amigos y del que pensé que debía ir a prestar algún servicio profesional: reparto, reparación, recogida de objetos, ... Al acercarme vi que de la otra puerta del coche salía una niña de unos 10-11 años con una de esas mochilas de ruedas que tanto ruido hacen al pisar el empedrado de la acera y que tanto abundan a esas horas del día; justo en el momento en que me cruzaba con ellos el citado individuo le daba un beso de despedida a quien imagino era su hija y al mirar la escena vi que nuestro hombre, insisto en su apariencia poco suave, al besar a la niña ponía un notorio y emotivo gesto de cariño, una sonrisa que solamente podía ser sincera y que mostraba, sin dudas ni matices, que allí había amor.

No se quien era este hombre, ni donde vive ni a qué se dedica; seguramente será un español más que las está pasando canutas, a lo mejor lleva tiempo sin trabajo o el que tiene es precario e insuficiente, no tenía pinta de gastar en viajes a Eurodisney, televisiones de plasma ni caros cumpleaños en "MacDonalds" o "Telepizza", pero sin ninguna duda es poseedor de tesoros mucho más valiosos: la capacidad de querer a una hija y la sabiduría de saber mostrarle ese cariño. Y seguí mi camino con cierta sensación de alivio, sabiendo que hay valores que siguen existiendo, que mientras la gente siga siendo capaz de dar un beso de esa forma, de sonreír ante algo tan sencillo y natural, pero grande a la vez, como una niña que va a la escuela, nuestra sociedad será capaz de remontar estos tiempos de zozobra que fácilmente derivan en desesperanza. Hay quien asegura que no hay que mirar al pasado, ... yo me resisto a ello y quizá estas escenas de padres y madres con niños rumbo al "cole", de despedidas por unas horas, de carteras, bocadillos y chocolatinas, destaquen entre las que más nostálgico me ponen. Sólo era un beso, pero me ayudó, al menos por unas horas, a ver la vida de otra manera.

29 de noviembre de 2012

Otro cineasta aragonés para la posteridad


Al enterarme del fallecimiento de José Luis Borau lo primero que me vino a la cabeza fue que no eran pocos los cineastas aragoneses de cierto renombre, pues además de este zaragozano fallecido en Madrid a los 83 años, me venían a la cabeza los nombres de Florian Rey, Carlos Saura y, por supuesto, Luis Buñuel. Pero como soy bastante ignorante en la materia no era consciente que la nómina de aragoneses que han dirigido cine en el siglo XX es bastante más amplia, pues hay que incluir también a Santos Alcocer, Antonio Sau, Fernando Palacios, José María Forqué y Adolfo Aznar. Queda claro, por lo tanto, que Zaragoza ha aportado bastante, y por lo visto bueno, a la historia del cine nacional español.

Los grandes expertos del cine, como mi amigo Tommy y algún otro colega suyo, tendrán más conocimientos acerca de la trayectoria profesional de Borau, de quien me parece no he visto ningún film, pero mis primeros recuerdos de este aragonés sin duda ilustre se retrotraen a 1975, cuando la película "Furtivos" obtuvo la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián. Hasta entonces las películas españolas sonaban más bien a comedia, humor, superficialidad y, en los últimos tiempos, destape, "Furtivos" quedaba claro que era otro tipo de cine y, sin duda un auténtico drama: duro y sangriento y con indudable contenido político y de crítica social. También me llamaba la atención la presencia en los dos papeles protagonistas de dos actores que hasta entonces nunca me hubiera imaginado encontrar como cabezas de cartel: Ovidi Montllor, a quien consideraba, sin más, un integrante de la llamada "nova cançó", como Lluis Llach, Raimon o Ramón Muntaner y Lola Gaos, a quien identificaba como actriz secundaria de televisión, encorsetada en los papeles de chacha, vieja usurera o madre de familia pobre y abnegada. "Furtivos" había sido vetada por las autoridades españolas de la época, que impidieron su presencia en los festivales de Cannes y Berlín; su triunfo en San Sebastián supuso el lanzamiento de un auténtico éxito de taquilla. Según la "Wikipedia" los papeles principales estaban destinados en principio a Angela Molina y el campeón mundial de motociclismo Angel Nieto; estoy seguro de que la hija de Antonio Molina hubiera sido una buena "Milagros", pero no me imagino al zamorano saliendo airoso del papel que inmortalizó Ovidi Montllor.

El resto de películas de Borau me suenan bastante menos; su filmografía no es muy amplia, aunque no le faltan premios y en el año 2000 ganó el "Goya" a la mejor dirección por "Leo", una intrigante cinta que protagonizan Iciar Bollain, Javier Batanero y Luis Tosar. Antes de Furtivos aparecen "Brandy" (1964), una especie de spaguetti-western hispano-italiano, "Crimen de doble filo" (1965), una de intriga con Carlos Estrada y Susana Campos y "Hay que matar a B.", un thriller con miras políticas en el que contó con un reparto de lujo: Darren McGavin, Stephane Audran, Patricia Neal y Burgess Meredith. Tras la "Concha de oro" se habló mucho de "La Sabina" (1979), realizada en coproducción con Suecia, de la que hizo el guión y que protagonizó Ángela Molina, sin duda entonces en su mejor momento, con nueva aparición de Ovidi Montllor y dos veteranos de la escena española como Luis Escobar y Mary Carrillo, todos en papeles secundarios. "Río abajo" (1984) es un drama fronterizo que protagoniza el televisivo David Carradine, aunque tuvo más éxito "Tata mía" (1986), un drama con los recuerdos y los traumas de la guerra civil española como fondo y un destacadísimo elenco de figuras netamente españolas en el reparto: Carmen Maura, Alfredo Landa, Imperio Argentina, Xabier Elorriaga, Miguel Rellán, Marisa Paredes y Julieta Serrano. Además de "Leo", su otra película relevante fue "Niño nadie" (1996), d emarcada crítica social y con Rafael Álvarez, Icíar Bollaín, Adriana Ozores, Paca Gabaldón, Lina Canalejas y José María Caffarel entre otros.

José Luis Borau fue también Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España de 1994 a 1998 y Académico de la Real Academia Española, d ela que ocupó el sillón B. Como colofón de este breve y modesto homenaje a un aragonés relevante y universal quiero referirme a dos recuerdos de Borau, el primero su homenaje durante los Premios Goya de 1998 al matrimonio sevillano Jiménez Becerril, vilmente asesinados por la banda criminal ETA, mostrando las palmas de sus manos blancas, un detalle que dignifica a quien lo hizo y contrasta con la vil condescendencia de algunos otros. Y, por otra parte, su condición de zaragocista apasionado e incondicional, algo que refuerza mi simpatía con este hombre que ya es historia.
Sillón B.

28 de noviembre de 2012

Adios a un genio de la música

El pasado domingo fallecía en Madrid a la edad de 74 años y víctima d euna insuficiencia cardíaca Juan Carlos Calderón, uno de los grandes de la música moderna española del siglo pasado. Hace un tiempo publiqué un post sobre este excepcional compositor, en su homenaje reproduzco íntegramente la referida entrada: En la música pop española de los años setenta y ochenta uno de los nombres más significativos es el de Juan Carlos Calderón; el compositor nació en Santander en 1938 y comenzó destacando en su tierra cuando formaba parte de un cuarteto de jazz. No obstante, el triunfo le vino al cántabro cuando comenzó a dedicarse a componer y arreglar canciones, para lo cual trasladó su residencia a Madrid: el que Juan Carlos Calderón metiera mano en un disco suponía un éxito prácticamente garantizado. La música que creaba Calderón era sinónimo de frescura, elegancia y calidad. Nombres míticos de nuestra música como el Dúo Dinámico, Los Brincos, Julio Iglesias, Mari Trini, Miguel Ríos, Massiel, Cecilia, Rocío Dúrcal, Ana Belén o Alberto Cortez han recibido la colaboración de este auténtico number one de la música, aunque por encima de todos, como ya comentaremos, hay que poner un grupo cuyo nombre va inseparablemente unido al del compositor santanderino: Mocedades. Estoy seguro que los cuarentones y cincuentones que sigan este rinconcito de internet funcionaron en su día, mientras acudían al colegio o iniciaban sus años universitarios, al ritmo de temas como "El vendedor", "Cartas amarillas" o "Volver".

Calderón ostenta el record español de participaciones como autor de canciones en el Festival de Eurovisión: en cuatro ocasiones temas suyos representaron a nuestro país en dicho Festival cuando éste aún mantenía un status de prestigio elevado. En cualquier caso, por encima de todas estas intervenciones hay que destacar la inolvidable interpretación de Mocedades en el Festival celebrado en Luxemburgo en 1972 del tema "Eres tú", una canción que con toda seguridad sería la que más votos obtendría en una hipotética encuesta sobre las mejores creaciones de Calderón, incluso me atrevería a decir que similar resultado se obtendría si se votara la mejor canción del festival en toda su historia. Con "Eres tú" el grupo vasco obtuvo un injusto segundo puesto, pues fueron de largo los mejores del certamen. Dos años después Juan Carlos Calderón volvió a ser protagonista en Eurovisión, pues al festival celebrado en Estocolmo acudieron Sergio y Estíbaliz con el tema "Tú volverás",una canción en la línea melosa y romanticona de la pareja que no tuvo, ni de lejos, el éxito de la anterior. En 1985 la cantante elegida para acudir al histórico certamen fue Paloma San Basilio, una de las divas españolas del momento que pocos años antes había triunfado en toda la regla con la ópera rock "Evita", Juan Carlos Calderón volvió a ser el elegido para componer la canción y la cantante madrileña se presentó en Gotemburgo con "La fiesta terminó", una canción que a mí personalmente me gustaba mucho, aunque finalmente no pasara del puesto 14. Mucha más suerte tuvo la cantante catalana Nina, quien en 1989 nos representó con el último tema de este compositor en acudir al festival celebrado en Lausanne: "Nacida para amar", una preciosa canción que concluyó en sexto lugar.

Cuentan los anales investigados que los primeros trabajos madrileños del compositor tuvieron con ver con distintos arreglos a canciones de Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute, aunque no he logrado averiguar en cuales metió la mano. Sí que constan sus colaboraciones con el malogrado Nino Bravo, siendo autor de una canción de lo más romántica: "Cartas amarillas", a la que cabe añadir "Arena de otoño", "Vuelve" y "¿Por qué?", habiendo realizado arreglos en dos de los mayores éxitos del cantante valenciano: "Libre" y "América América". También tuvo que ver con la carrera de otra cantante que también murió en un trágico accidente de coche, Cecilia, para quien compuso un tema precioso, "Amor de medianoche", con el que Cecilia obtuvo el segundo puesto en el Festival de la OTI de 1975; también compuso "Rompeme, matame" , la canción con la que el grupo "Trigo limpio" consiguió para España el tercer puesto en el Festival de la OTI de 1980. Con otro de los ídolos de la época, Camilo Sexto, trabajó en el álbum "Entre amigos", siendo autor de las canciones "Vístete de blanco" -no sabemos si referida al vestido de novia o al Real Madrid-y "Perdona, perdona".

Pero ya hemos dicho que, por encima de todo, Juan Carlos Calderón es el principal artífice del éxito de Mocedades, un grupo que anduvo entre la cima durante dos décadas, más de la mitad con Calderón como productor. Me gustaría sacar todas las canciones del grupo vasco creadas por el cántabro, pero es tarea imposible. Ya se ha hablado de "Eres tú", pero hay otras de calidad equiparable: "El vendedor", "Tomame o dejame", "La otra España", "Charango", "El color de tu mirada", "Secretaria", "Solo era un niño", "¿Quién te cantará?", "Bienvenida campesina", "Amor", "Cuando te miro", "Me siento seguro", ... Todos ellos son títulos que no se olvidan, canciones que se siguen escuchando con agrado al cabo de 30 o 40 años y que provocan que quienes teníamos uso de razón cuando estuvieron de moda nos pongamos tiernos y nostálgicos al escucharlas de nuevo. El disco "Amor de hombre" supuso una nueva época en la vida de Mocedades, pues en sus canciones ya no estaba la mano de Juan Carlos Calderón. Pero junto a las canciones propias del compositor, Mocedades también triunfaron en otros temas adaptados por aquél, como su célebre versión del "Pange lingua", el "Otoño", basado en un histórico tema de Vivaldi, una preciosa versión del tema inglés "Come in over", "Como un nombre", "Más allá", una escuchadísima versión de la "Sinfonía del nuevo mundo" de Dvorak, "La guerra cruel" y "Adios amor", una canción hermosísima con la que actuaron en 1974 en el Festival de San Remo.

La historia musical de Sergio y Estíbaliz es mucho menos brillante que la de sus hermanos de Mocedades, aunque además de su intervención eurovisiva, en los recuerdos de los quinceañeros de los años 70 quedan temas tan dulzones como "Volver", "Buscamé", "Piel" o "¿Quién compra una canción?". Juan Carlos Calderón hizo sus pinitos en el cine, destacando la banda sonora de la película "Las adolescentes" (1975), de Pedro Masó, que dio lugar a otra popular canción de Mocedades, "La gaviota". También hizo las américas, donde colaboró con el cantante mejicano José José y el célebre trompetista, músico y productor californiano Herb Alpert para quién compone una serie de melodías que se editaron en el LP "Fandango" en el año 1982, entre ellas la canción que le da nombre al disco y "Route 101" que alcanza el número 1 en las lista de jazz de Estados Unidos, aunque con quien logró sus mayores éxitos fue con el romantiquísimo mejicano Luis Miguel.

Otro campo donde Calderón demostró su enorme capacidad creativa fue haciendo duetos con cantantes fallecidos, así creó dos discos con canciones de Nino Bravo junto a otros: "50 aniversario" y "Duetos 2", en otra con Cecilia -"Desde que tu te has ido" y un cuarto contando con la espectacular voz de José Alfredo Jiménez; así podemos agradecer a este músico genial que permanezcan vivos temas como "Un beso y una flor", "Noelia", "Libre", "Te quiero te quiero", "Esa será mi casa", "Mi tierra", "Un millón de muertos", "Nada de nada", "Mi querida España", "Un ramito de violetas", "Dama, dama", "Fui", "Deja que salga la luna", "El jinete", "Paloma querida", "Amanecí en tus brazos", "Cuando vivas conmigo" o "No me amenaces". En definitiva, aquí queda mi homenaje a un músico capaz de crear unas canciones con las que se es capaz de recordar, descansar y hasta emocionarse.