9 de agosto de 2012

¡Sic transit gloria mundi!

El pasado lunes se disputó la final olímpica femenina de los 3000 metros obstáculos; entre las quince corredoras que se disputaban la medalla de oro se encontraba Marta Domínguez, posiblemente la atleta española más carismática de la historia, la más laureada y, en definitiva, la mejor. Marta, que como hace 40 años su paisano Mariano Haro, no puede evitar una imagen de sobriedad castellana, fue protagonista de un affaire al verse implicada en una acusación de doping, algo que terminó con la exculpación de la atleta palentina, lo que debería ser suficiente para que nadie la observara con dudas, desconfianzas ni suspicacias, pero ya se sabe que pocas cosas funcionan mejor que eso de sembrar la duda. No se seguido el asunto, pero parece ser que en estos juegos Marta Domínguez ha estado distante con la prensa y no ha ofrecido entrevistas, retirándose tras sus participaciones deportivas al vestuario sin realizar manifestación alguna. Cuando menos en España, presentar cualquier tipo de reticencias a los periodistas es un riesgo enorme, porque éstos suelen ser -muy hispánica la cosa- de los que ni perdonan ni olvidan. Ni tengo ni datos ni conozco antecedentes, pero no me cabe duda de que algo le pasa a Marta, una mujer abierta y simpática a la que estos días la hemos visto seria y con los ojos tristes, y si nuestra atleta anda baja de tono, deberíamos ser, cuando menos, algo más humanos y comprensivos.

Cuando Marta salió al Estadio con el resto de las atletas los locutores comenzaron a hablar de esperanzas de medalla, del pundonor y el compromiso deportivo de Marta, de sus brillantes antecedentes, ... pero algo ya olía a chamusquina; cuando las cámaras fueron enfocando a las distintas participantes me llamó la atención la notable diferencia de los rostros de las rusas, etíopes, keniatas, relajadas y con ojos que reflejaban ilusiones con la mirada tensa y semiperdida de nuestra compatriota, y desde que comenzó la carrera quedó claro que no era el día de Marta y que no tenía posibilidad alguna de incrementar el ridículo palmarés de medallas del deporte español en Londres-2012. La palentina terminó en el puesto 12, desfondada y descabalgada del grupo de cabeza más de media carrera, momento en el que el locutor inició la cantinela del pundonor y el mal día, aunque ya se intuía que habían desaparecido las palabras bonitas y el entusiasmo. Y cuando al periodista se le comunicó que Marta se retiraba a vestuarios sin hacer declaraciones le faltó tiempo para lanzarla una puya y ponerla en entredicho.

Hay que admitir que ha de estarse a las duras y a las maduras, y que Marta Domínguez debería haber atendido a la prensa y ofrecido su versión sobre su floja carrera, ignoro las circunstancias actuales de la relación de la atleta con los medios de comunicación y no se si, como intuyo, la cosa viene de lejos, pero me duele comprobar con que facilidad bajamos del pedestal a nuestros ídolos en este país. Al día siguiente de sus frustradas aspiraciones de medalla la prensa fue inmisericorde con ella: no les faltó acidez para resaltar todos sus fallos y para sacar punta y osadas conclusiones acerca de su silencio. ¡Qué fácil es hacer leña del árbol caído!, ¡qué poco humanos y sensibles que somos en ciertas ocasiones!.



8 de agosto de 2012

El final de la arrogancia

Un efectos inmediato de la actual situación de crisis consiste en que nos queda poco de lo que presumir; evidentemente cada cual tendremos nuestras propias cuestiones familiares, profesionales o personales de las que sentirnos orgullosos, pero se acabaron, por distintos motivos, los tiempos de andar por la vida, justificada o injustificadamente, ufanos y altivos. Quién nos iba a decir que al presidente de gobierno que hace unos meses festejaba eufórico su rotundo triunfo electoral lo ibamos a ver ojeroso y con mirada perdida, que políticos y financieros que se comían el mundo deberían dar cuenta de sus posibles pufos ante el parlamento y algunos ante la Justicia, que un todopoderoso político de partido, y luego de gobierno que solía ser azote de sus rivales terminaría posando sus reales en los banquillos del Supremo, que Cataluña debería pedir rescate a España o que el hijo y delfín de un veterano "caudillo" nacionalista, que asomaba en el firmamento como líder indiscutible de un futuro próximo y parecía mirar, con gesto adusto y poderoso, a todos por encima del hombro terminaría siendo cuestionado como presunto tramposo. No son buenos tiempos para quienes carecen de humildad, de capacidad de autocrítica y de conciencia de la fugacidad y vanalidad de la gloria humana.

Estamos en el pozo y no resulta fácil, al menos para mí, analizar las causas de porqué hemos llegado hasta aquí; hemos vivido muy felices, pero mucho más con la felicidad del incauto y el superificial que con la del maduro, así, cada uno a su nivel y en su particular barco, hemos estado mirando el futuro con despreocupada indiferencia, pensando que todo el monte era orégano y que nunca iba a pasar nada. Cada cual paseabamos por la calle orgullosos de nuestro dinero, de nuestra posición, de nuestro poder, de nuestra prebenda, ... de nuestros viajes al extranjero, del coche que nos habíamos comprado, de la segunda residencia, de nuestra capacidad de cerrar negocios, ... Pero todo esto se acabó, quien tiene un cargo, político o no, tiene que saber que lo desempeña para servir al ciudadano, no para lucirlo en procesión, de la misma manera que debería ser consciente de que el poder y la gloria aquí en la tierra no lo son por siempre, que el éxito y las vacas gordas vienen con fecha de caducidad.

Me vienen a la cabeza los grandes "gurús" de la economía, las personas que se manejan en la Bolsa, en los Bancos, en los lugares donde se cuecen las cosas importantes, frecuentemente impecables, altivos, con cara de tenerlo todo controlado ... ¿fueron en su día incapaces de prever la que se nos venía encima?, ¿dónde está ahora su seguridad, su dominio de la materia, ... su arrogancia?. Al final lo que cuenta es la buena voluntad, el espíritu de servicio y el deseo de hacer el bien a los demás, es lo único que nos queda para no desesperarnos, para aceptar que los espejuelos del mundo ya no valen y para descubrir nuevos alicientes, tal vez menos provechosos monetariamente pero a la vez más capaces de devolvernos a terrenos que nunca debimos abandonar.

7 de agosto de 2012

Murió la dama del poncho rojo



Hacía días que se hablaba de la situación crítica de Chavela Vargas, una cantante, ... una mujer indómita y resistente que falleció el pasado domingo a la edad de 93 años. Aunque había nacido en Costa Rica, Chavela Vargas era mejicana de adopción y de nacionalidad, y bien que lo demostró con los hechos, pues nadie cantaba las rancheras como ella: la única mujer que se atrevió a entonar las más llamativas canciones mejicanas con la fuerza y la convicción que lo hicieron los mejores cantadores de rancheras. Hasta los 30 años Chavela cantó en la calle, donde sin duda aprendió tantas cosas, aunque la propia vida ya se las había enseñado cuando sus padres, tras divorciarse, se desentendieron de ella y la dejaron al cuidado de una tía y cuando sufrió poliomielitis. Pero quienes aprecian la belleza de una voz y un sentimiento pueden agradecer a José Alfredo Jiménez no solamente todo lo que este hizo como compositor e intérprete de temas bellísimos, sino haber el descubierto y convertido en cantante profesional a Chavela. La vinculación de ésta con José Alfredo la llevó a interpretar sus más bonitos temas, y cuentan que cuando éste falleció Chavela acudió a su velatorio y se desplomó llorando borracha; al intentar apartarla varias personas, la viuda de Jiménez las detuvo: «Déjenla, que está sufriendo tanto como yo». Y es que la cantante fallecida era toda una personalidad: bebía mucho, fumaba continuamente y llevaba pistola. Cuentan quienes estuvieron con ella en sus últimos momentos que Chavela murió dando ejemplo de fortaleza y serenidad; su amiga María Cortina comentó que "no se quejó ni siquiera un segundo, mantuvo una gran dignidad y una gran sonrisa para todos los que la atendieron", sus últimas palabras fueron "Me voy con México en el corazón", un final digno de una heroína, de un personaje especial, de alguien que deja huella.

De Chavela Vargas se habla y se hablará largo y tendido, en las ediciones digitales de los diarios del todo el mundo encontramos "obituarios" que nos hablan en extensión de tantas vivencias, anécdotas y hasta sucedidos que tuvieron a la "Chamana" -así la llamaron muchos- como protagonista a lo largo de una vida tan larga en años como prolífica en actividad. Chavela cayó largos periodos en el pozo del alcohol, pero se supo levantar y convivir con esos usos, admitió en el año 2000 su homosexualidad y viajó por todo el mundo, aunque Méjico y Madrid compartieron los lugares más notables de su corazón. Como en tantas ocasiones, la muerte de una persona nos lleva a conocer cosas que ignorábamos, como que la cantante intervino en la fiesta de la boda de Liz Taylor con Mike Todd, su amistad con Diego Ribera y Frida Khalo -aunque esto me sonaba de la celebre canción de Sabina y Los Secretos- o que tras superar el alcoholismo hacía ejercicio con regularidad, levantaba pesas, y cumplidos 80 años se tiró en una ocasión en paracaídas así como su aparición en "Babel", la multipremiada película de Alejandro González Iñárritu, donde cantaba "Tú me acostumbraste", bolero de Frank Domínguez. Chavela Vargas poseía la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Medalla de Oro de la Universidad Complutense de Madrid y la Medalla al mérito de la Universidad de Alcalá de Henares, era Huésped de Honor de Buenos Aires, y ciudadana distinguida de la Ciudad de México.

Un repaso por las canciones del repertorio de la cantante fallecida supone un viaje maravilloso por temas que nos ponen la carne de gallina, por historias de amores, pasiones, dramas, desengaños, traiciones y sensibilidades. Fue famosa por sus interpretaciones desgarradas de canciones como "La Llorona" o "Paloma negra", hay temas significativos y sugerentes como "En el último trago" y "Arráncame la vida", melodías bellísimas como "Un mundo raro" o "No soy de aquí", canciones de amores rotos como "Que te vaya bonito" o "No volveré", otros temas imponentes como "Piensa en mí", "Luz de luna", "La sandunga", "El andariego", "Macorina", "Las simples cosas", "Corazón, corazón", "Cuando vivas conmigo", "La Charrasca", "Golondrina viajera", ... No cabe duda de que es un buen consejo el de dedicar alguna hora a recorrer estos y otros temas y "perder" el tiempo escuchando la voz inigualable de Chavela Vargas ... porque en realidad no se pierde.

He elegido una canción entre tantas; es imposible pensar que haya una especialmente indicada, porque son muchísimas. A mí siempre me ha encantado "Un mundo raro", ese tema compuesto por José Alfredo Jiménez que habla de amores y desengaños, no exento de cierto cinismo y tono de amargura. Y junto a este tema, no puedo olvidar el que compuso Sabina y que nos habla de ella.... ¡Quien pudiera reir como llora Chavela!". Descanse en paz.






5 de agosto de 2012

Gracias Aberásturi

Andrés Aberásturi es uno de esos columnistas que suelo leer cuando me encuentro con un artículo suyo; me pasa como con Luis del Val, que me cautivan su sensatez, su humanidad y esa sensación de que no están vendidos a ninguna corriente ni organización política, ni siquiera condicionados por cuestiones ideológicas. Aberásturi está casado y tiene dos hijos, uno de ellos con parálisis cerebral, habiendo sido uno de los fundadores de la Fundación Nido, dedicada a la atención de estos niños. En un artículo publicado el pasado sábado y que leí en el "Diario del Altoaragón" -imagino que aparecería también en unos cuantos rotativos españoles- el periodista crítica con dureza, y desde mi punto de vista con total acierto y justicia, un amplio comentario escrito por Rosa Regás en su blog de "El Mundo" en el que arremetía contra el proyecto del Gobierno de excluir las malformaciones en el feto como causa de justificación del aborto; la escritora barcelonesa utilizaba argumentos tales como que "las mujeres ya tienen ese problema solucionado de no querer dar vida a quien no podrá disfrutarla.", lamentándose de que "sea el señor Ruiz Gallardón el que tenga que decidir si una mujer ha de dar a luz un monstruo". Con semejantes "exabruptos" la Sra. Regás ha querido cargarse de razones y se ha cubierto de "gloria", dicho ésto en la más metafórica y caricaturesca de sus acepciones.

Al final de mi entrada incluyo un enlace al artículo de Aberásturi, pero no quiero dejar de destacar cómo deja en evidencia a Rosa Regás remarcando que carece de autoridad para determinar quien es capaz de disfrutar la vida y que le parece triste y lamentable que a tantos discapacitados, entre ellos su hijo, tenga el atrevimiento de denominarles monstruos. Cuando desde diversos foros se ha comenzado una campaña abominable de descalificación hacia cualquiera que se posicione a favor de un proyecto de ley -que, por cierto, no haría sino avalar la actual doctrina constitucional sobre el tema- utilizando argumentos y criterios tan sectarios como poco democráticos, es de agradecer una voz independiente y poco sospechosa tanto de sostener criterios reaccionarios como de estar condicionado por convicciones religiosas -el periodista se confiesa agnóstico en el propio artículo- capaz de incidir en lo que al fin y al cabo resulta más importante, incluso por encima de argumentos filosóficos o científicos, y es que en la sociedad, porque la naturaleza así lo ha querido, conviven con nosotros personas más débiles que por nacimiento, accidente o enfermedad necesitan nuestra ayuda permanente, diferentes y llenos de limitaciones, pero no por ello son inferiores en derecho y dignidad a nadie, no carecen de la posibilidad de ser felices y, por supuesto, no son unos monstruos, porque en ésto se convierten quienes se hacen acreedores por sus actos abominables, no quienes han tenido la desgracia de nacer así. Andrés Aberásturi sabe, porque lo comprueba cada día desde que nació su hijo, que los discapacitados también sonríen, también sienten y también son capaces, generalmente más que nosotros, de hacer el bien.

En septiembre de 2006 se aprobó en Nueva York la "Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad", convenio internacional que España firmó el 21 de abril de 2008, fecha en que se publicó oficialmente en el BOE. En el artículo 10 de dicha norma, bajo el epígrafe "Derecho a la vida", se recoge literalmente que los estados partes firmantes del mismo "reafirman el derecho inherente a la vida de todos los seres humanos y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho por las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás". De esta forma, reconociendo ese derecho a las personas con discapacidad, un primer requisito para disfrutarlo será evitar que se pueda impedir su nacimiento por el mero hecho de que el feto tenga algún tipo de minusvalía o discapacidad. La derogación de dicho supuesto puede tener repercusiones muy positivas en lo que podríamos denominar el "pensamiento colectivo de la nación", al equiparar toda clase de vida y dejar de diferenciar entre vidas que son perfectas, y por lo tanto vale la pena vivir, y vidas que no son perfectas y en consecuencia, no vale la pena vivir, un concepto que, por cierto, no me saco de la chistera, sino que estuvo en la base de todo el sistema eugenésico y eutanásico ideado y llevado a la práctica en la Alemania nazi: el “Lebensunwertes Leben”, literalmente “vida indigna de la vida”.


4 de agosto de 2012

El coche del muchacho




"El Ferrari de Banega se incendia a las pocas horas de estrenarlo"


Ewer Banega es un joven jugador argentino que fichó hace unos años por el Valencia C.F.; llegó al club che en 2008 procedente de uno de los grandes de Buenos Aires, el Boca Juniors y, con una breve cesión al Atlético de Madrid por medio, ha jugado desde entonces en el centro del campo valenciano. Banega es un volante creativo, con buena técnica y disparo y hasta alguna dosis de genialidad, aunque su trayectoria en Mestalla esté siendo más bien irregular. No obstante, el jugador de Rosario ha ocupado más veces las portadas de los periódicos por sus incidentes al volante que por sus dotes con el balón. Así, el pasado lunes día 30 de julio Banega vio arder a escasos metros de la entrada de la Ciudad Deportiva de su club el Ferrari 360 Módena que acababa de comprar. La Guardia Civil investiga ahora el posible fallo mecánico o el componente que pudo provocar el siniestro, que se produjo minutos antes del entrenamiento vespertino del equipo.

Pero no es ésta la primera vez en la que Banega protagoniza un suceso con su coche, pues en sus primeros días en la capital valenciana dio positivo en un control de alcoholemia, no sin antes haberse saltado un semáforo en rojo, mientras que el pasado 29 de febrero el argentino fue atropellado por su propio coche, un Audi R8, cuando se disponía a repostar en una gasolinera del centro recreativo "Heron City" en Paterna; desconozco si fue descuido o imprudencia, pero le costó romperse la tibia y el peroné y deis meses de baja. No deja de ser sorprendente que para este habilidoso centrocampista acabe siendo más peligroso su propio vehículo que la agresividad de los defensores rivales.

Y la situación me lleva a pensar, también, en si no estaremos malcriando a unos futbolistas que siendo unos críos, casi imberbes y sin demasiada formación previa, se lanzan a conducir coches hiper-rápidos sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, de la misma manera que termina siendo chocante, y hasta susceptible de cierto escándalo, ver a un "tirilla" de éstos al volante de coches ultra-caros y de super-lujo, cuando en los tiempos que corren todos deberíamos ser más sobrios y menos "exhibicionistas". La imagen de un futbolista de esos que casi no saben ni expresarse mirando al resto de humanos por encima del hombro con ropa de diseño, corte de pelo a la última y coche rojo no es un buen ejemplo para las nuevas generaciones.

3 de agosto de 2012

¡Gracias Mireia!

La verdad es que tras cinco días de Olimpiadas, los españolitos andábamos un rato "depres" ante los continuos fracasos de nuestros deportistas; a los jóvenes futbolístas se les quedó cara de tontos cuando dos selecciones que nunca han sido nada en esto del "balompié" como Japón y Honduras nos mandaban a casa, tal vez pagando ciertas ínfulas derivadas de los éxitos de los mayores, los ciclistas pinchaban, quienes aspiraban a la plata o el bronce finalizaban cuartos o quintos y hasta algún árbitro nos jugaba una mala pasada. Vamos que entre los recortes, que este año el Tour no era para nosotros y la ausencia de medallas al menos algunos comenzábamos a sentir cierta mezcla de desazón, agobio y hasta vergüenza ajena. Por eso a última hora de antes de ayer, miércoles, sentí entre alegría y alivio cuando Mireia Belmonte, esa nadadora nacida en Badalona y con apellido de torero clásico, lograba la medalla de plata en los 200 metros mariposa e incluso estaba a un paso de llevarse el oro. Tras varios intentos frustrados, la nadadora española se merecía este éxito, a la vez que lograba romper esa sequía que comenzaba a parecer una maldición. Además, una medalla de plata en natación no es una nadería: por mucho que toda medalla es importante y con todo el respeto del mundo a cualquier disciplina, creo que las medallas en atletismo y natación tienen una relevancia especial y no es lo mismo triunfar en pruebas de estos deportes que hacerlo en piraguismo, tiro olímpico o judo, aunque insisto en que no dejan de ser éxitos notables.

Mireia se emocionó cuando explicó su hazaña ante los periodistas, y no era para menos; antes de echarse a llorar dijo: "me eché a nadar y ya" ... y efectivamente eso es lo que hizo, lo que sabe y lo hizo muy bien, tanto que puso en aprietos a la record del mundo, una de esas chinas que asustan sólo de verlas y aparentan ser un poco "máquinas" ... porque hay que ver la potencia deportiva que está demostrando el país de Fu Manchú. En los momentos del éxito, cuando todo son "flors y violas", es muy fácil sonreír y todos parecemos seres encantadores y "enrrolladísimos", pero yo pondría la mano en el fuego por que la naturalidad y simpatía de esta chica de 21 años no es ni pose ni euforia, sino algo intrínseco a su persona. Como bien dijo tras obtener la medalla, aún le quedan los 800 metros libres, con lo que su éxito puede acabar siendo doble. de momento, España respira, ya no nos vamos a ir de vacío, y se lo debemos a Mireia Belmonte: gracias, amiga.

2 de agosto de 2012

La propina literaria de julio


Tras los libros devorados en época vacacional, los restantes 12 días de julio me han servido para leer dos excelentes novelas, dos libros absolutamente recomendables de dos autores bien distintos: Fernando Aramburu, un narrador español contemporáneo a la altura de los grandes del realismo social en España y Fred Vargas, la autora de novela negra francesa que la Editorial "Siruela" lanzó hace ya unos años en España y de la que ha publicado ya más de una decena de libros: una autora complicada que vale la pena aprender a leer.

Buscando valores literarios españoles de nuestra época, hacía tiempo que tenía puesto en el punto de mira a Fernando Aramburu, un donostiarra que ya ha escrito unos cuantos libros y del que mucha gente hablaba maravillas. Por esta razón me hice con "Años lentos", su última novela, premiada con el último "Tusquets" de novela; el libro me ha encantado y no tardaré en seguir la estela de este autor. A la hora de motivar las virtudes que he encontrado en la obra de Aramburu hablaré de tres cosas; en primer lugar, sencillamente, se trata de un libro brillantemente escrito, con un castellano sencillo y bien construido, sin grandes exhibiciones pero con riqueza. Por otra parte, Aramburu opta por una forma tremendamente original de narrar, así alterna los capítulos entre una fingida carta del protagonista al autor en la que le narra los acontecimientos de su vida que quiere que compongan el relato del libro y unos peretendidos apuntes del autor en el que enumera de modo esquemático los giros, formas y cuestiones que tiene intención de incluir en su novela; el autor consigue convertir tan complejo planteamiento en un relato perfecto. Pienso, finalmente, que Fernando Aramburu nos presenta una narración creíble, ambientada en un San Sebastián de los años 60 y 70 que convierten lo que cuenta en interesante y atractivo; el ambiente de la clase obrera del lugar y de la época, la aparición de terrorismo de ETA y los prejuicios morales y sociales de la época son contados con maestría por el escritor vasco.

Fred Vargas no es una autora sencilla de leer, de hecho fracasé en dos intentos de leer "El hombre de los círculos azules", creo que, no siendo la primera en ser escrita, sí fue la que inicialmente se publicó en España; hace cuatro años leí "La tercera virgen", y aunque en esta ocasión concluí la lectura, me quedé con la sensación de no haber "pillado" la mitad. Al tratarse de una autora que recibía notables loas, decidí intentarlo de nuevo y así tomé prestado de un amigo "El hombre del revés", novela en la que el inspector protagonista de las intrigas de la autora francesa, Jean-Baptiste Adamsberg, se enfrenta a unas brutales y misteriosas muertes que se atribuyen a un hombre lobo. El citado Adamsberg comparte protagonismo con tres personajes formidablemente creados: un negro africano llamado Solimán, un viejo pastor francés a quien apodan "El Veloso" -realmente entrañable- y Camille, un viejo amor del propio Adamsberg que se dedica profesionalmente a dos actividades tan distintas como la creación de música y la fontanería. En esta ocasión puedo afirmar que me ha encantado el libro y que lo he entendido de principio a fin, y es que a Vargas hay que leerla despacio y sin ningún tipo de dispersión; así he descubierto a una autora que crea unos personajes profundos y originales, que te mete perfectamente en un ambiente tan interesante como el del mundo rural francés y que junto a una intriga magistralmente llevada sabe tratar temas humanos y tocar el corazón del lector. Ahora ya estoy convencido de que efectivamente Fred Vargas es una de las mejores autoras europeas del género en la actualidad y el Comisario Adamsberg uno de los personajes más ricos y entrañables del panorama.