14 de abril de 2015

Las cosas no son, necesariamente, como nos gustaría


Todos sabemos que esta vida no es un camino de rosas; los años, no obstante, nos enseñan a ir trampeando obstáculos, a enfrentarnos con las complicaciones y asumir con entereza los aguijonazos que proceden del paso del tiempo, de las circunstancias vitales y de la cierta perversidad  de algunas personas. Las convicciones nos ayudan a encontrar motivos para seguir adelante  razones a aquellos sucesos que nos cuesta entender, así como a ejercitar el amor al prójimo, porque si alguna ventaja tiene la adversidad es que bien asumida nos hace mejores, más comprensivos, más solidarios y, en consecuencia, menos egoístas.

Pero, de cualquier manera, la realidad no es siempre como nos gustaría verla; he conocido a demasiadas personas que caen en el error de pintarse una realidad distinta, que al revés de lo que debería ser el curso racional y lógico de los acontecimientos, primero llegan a las conclusiones y posteriormente acuden a la experiencia. Es posible que anden tan seguros de sí mismos que se hacen incapaces de cambiar el chip, de añadir botones a su particular mando a distancia, que a lo mejor no tiene demasiados.

En ocasiones nos falta perspectiva: tomamos la parte por el todo, nos aferramos a criterios trasnochados y dogmatizamos lo opinable, de manera que terminamos siendo incapaces de contrastar la visión de otros, de asumir las cambios que traen los tiempos y de renunciar a algún que otro principio sobrevalorado. 


13 de abril de 2015

Siempre "My way"


Ayer asistí al concierto con el que la Coral Diego de Pontac nos deleitó en el incomparable marco de la Colegiata de Bolea. La actuación fue magnífica y venía avalada por un extenso trabajo de ensayos hasta altas horas de la noche ante el que solamente cabe contestar con admiración y agradecimiento. Lo hicieron muy bien y espero que quienes asistimos supiéramos estar a la altura a la hora de corresponder a su esfuerzo.

El concierto tuvo dos partes, una primera compuesta por una maravillosa colección de Ave Marías y la segunda mitad en la que interpretaron una serie de canciones contemporáneas que nos llenaron de emociones y nostalgias. Y entre ellas estaba "My way", "A mí manera", posiblemente la canción del siglo XX que más me gusta y que desde hace ya unos cuantos años me pone la piel de gallina cuando la escucho. Trae a mi cabeza y a mi corazón recuerdos especiales; no es momento de descubrir recovecos interiores, pero "My way" me devuelve a un tiempo especial.

No me parece mala idea, y que cada cual incorpore los matices que quiera, eso de vivir la vida "A mí manera".

9 de abril de 2015

Te recuerdo, Amancio


La afición  por el fútbol me viene de lejos: ya en mis años más mozos tenía por ídolos a los míticos "Cinco magníficos", a quienes  vi jugar en aquellos partidos de los domingos por la tarde en blanco y negro y en un par de encuentros en La Romareda cuando ya andaban más bien de capa caída. Pero además de esa irredimible pasión por el Zaragoza, también tenía querencias por jugadores que vestían otra camiseta. En concreto, mi futbolista favorito más allá de Lapetra, Violeta o Villa, era Amancio Amaro, el extremo gallego que tras triunfar en el Deportivo de La Coruña, llegó al Real Madrid el verano de 1962. En el Bernabeu fue siempre titular indiscutible y allí disputó a lo largo de 14 temporadas un total de 344 partidos en los que marcó 119 goles, llegando a obtener  el Trofeo "Pichichi" las temporadas 1968-69 y 1969-70, la primera ex-aequo con el atlético Gárate y la segunda con éste y Luis Aragonés. Amancio fue 42 veces internacional, vistiendo la zamarra roja en el Mundial de Inglaterra-1966 y formando parte de la alineación titular del equipo nacional que venció a Rusia en la Final de la Eurocopa de Naciones de 1964.

Con el Real Madrid Amancio consiguió cuatro ligas, tres Copas y una Copa de Europa. Fue precisamente en los partidos de competición europea donde seguí con asiduidad el juego del extremo gallego. Recuerdo en Copa de Europa partidos frente a Inter de Milán, Anderletch, Manchester United, Ajax, ... y por encima de todos la inolvidable final en el Estadio Heyssel de Bruselas frente al Partizan, donde Amancio logró el gol del empate cuando parecía que los yugoslavos iban de culminar la sorpresa; el tanto de Serena a falta de un cuarto de hora le dio la sexta Copa de Europa a los merengues, la primera que conseguían sin la presencia de los Puskas, Di Estéfano, Rial, ..., Ese equipo fue denominado, al gusto de la época, "Madrid ye-ye", y en él tan solo quedaba Francisco Gento de la vieja guardia. Junto a Amancio brillaban la técnica de Manolo Velázquez, el recorrido de Sanchís padre, el trabajo de Grosso, la seguridad de Zoco y la potencia y valentía de un jovencísimo Pirri.

Amancio era un jugador rápido y destacaba por su habilidad y sus admirables driblings. Era de esos privilegiados futbolistas que sabian hacer auténticas filigranas, regateaba de maravilla, se escapaba del lateral que le marcaba por los lugares más inverosímiles y hasta poseía olfato de gol. Comenzó jugando de interior derecho, con jugadores rápidos en el extremo como Serena o su paisano Veloso, para terminar haciéndose prácticamente en propiedad con el número 7 del equipo. También tenía sus enemigos, pues era un hombre peleón, que daba guerra, protestaba mucho y al que algunos acusaban de buscar continuamente las faltas, ... recuerdo que había quien le calificaba de jugador "bayeta", pues acababa frecuentemente en el suelo. No obstante, era un pedazo de delantero, un artista que se encontraba sin duda en la élite del fútbol europeo en una época donde brillaban auténticos fenómenos como Bobby Charlton, Johan Cruyff, Frank Beckenbauer, Gianni Rivera o Paul Van Himst.

Tras su retirada, Amancio Amaro Varela se hizo entrenador, y en los equipos inferiores de la "Casa Blanca" encadenó éxito tras éxito, hasta llegar a ganar la liga de Segunda División con el Castilla de Butragueño, Michel, Martín Vázquez, Sanchís y Pardeza. Esta brillante trayectoria le llevó al banquillo del primer equipo en la temporada 1984-85, donde aún teniendo en la plantilla a la quinta del Buitre y veteranos del nivel de Juanito, Santillana, Valdano, Gallego y Uli Stielike, no tuvo la suerte que merecía y terminó siendo sustituido por Luis Molowny. 


7 de abril de 2015

Occidente se esconde


El pasado Jueves Santo 148 estudiantes cristianos eran asesinados en la universidad keniata de Garissa en una escalofriante matanza llevada a cabo por miembros del grupo yihadista somalí Al Shabab. Algunos supervivientes han contado escenas estremecedoras, y tanto por sus palabras como por el desarrollo de los hechos, queda claro que la única razón de su muerte fueron sus creencias cristianas. Desde el primer momento, me llamó la atención la insuficiente relevancia que se concedió por los medios de comunicación occidentales a este terrible suceso, sin llegar a ser cabecera de portada, al menos en la mayoría de medios digitales y escritos de nuestro país. Está circunstancia choca con el enorme despliegue informativo a que dio lugar el atentado contra la revista satírica francesa "Charlie Hebdo", tan reprobable como aquél, pero con bastantes menos víctimas.

No me suele gustar intuir conspiraciones,aunque no puedo evitar pensar que da la impresión de que no agrada admitir que en pleno siglo XXI sigue habiendo mártires entre los cristianos, algo que salta a la vista si pensamos en lo que viene ocurriendo desde hace meses en Irak y Siria o lo sucedido en el país africano. El Papa Francisco ha puesto el dedo en la llaga, y en los oficios de Viernes Santo afirmó que “Aún hoy vemos a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe”, recriminando con esa firmeza que utiliza en ocasiones la distancia que se ha mantenido en occidente ante estos crímenes atroces asegurando que todo ello pasa “bajo nuestros ojos o con frecuencia con nuestro silencio cómplice”. El lunes santo, tras salir al balcón vativano para rezar el Regina Coeli, el pontífice volvió sobre el tema, e instó a la comunidad internacional a "que no asista muda e inerte frente a tal inaceptable crimen que constituye una preocupante deriva de los derechos humanos más elementales".

Mientras tanto, en nuestro país, algún parlamentario con tendencia a la ambigúedad y capacidad de echar balones fuera se atrevió a considerar el hecho como una guerra de religiones y no una persecución de cristianos. Ya se ve que hay quien prefiere mirar a otro lado y ser políticamente correcto. Me parece que sería bueno que aprendiéramos a llamar a las cosas por u nombre, y de paso ser más solidarios, más caritativos y hasta escarmentar en cabeza ajena.

6 de abril de 2015

Mis receticas


Me dirigí hace unos días a un establecimiento hospitalario de Huesca para recoger unas recetas; cuando, hace ya años en mi caso, has entrado en la dinámica de unas cuantas pastillas diarias, se convierte en rutina periódica el conseguir las recetas y acudir luego a la Farmacia a reponer el arsenal médico correspondiente. Me habían dicho que tales recetas estarían firmadas a última hora de la tarde y pasadas las 8 las solicité a una de las amables chicas que atienden en el mostrador; la moza me sonrío con  timidez y con cara de cierta compunción me dijo que si venía a por "las receticas", éstas no estaban y debería regresar al día siguiente por la mañana.

Aunque me suponía cierto incordio, consideré que la situación no era de vida o muerte e intenté poner buena cara, algo que no me costó demasiado, pues todas y cada una de las jóvenes que atienden al paciente a la entrada del centro destacan por su simpatía y amabilidad, pero sobre todo porque cuando me habló de las "receticas" la mujer me desarmó, y es que cuando escuchas a alguien que utiliza el sufijo "ico" pasas inmediatamente a sentir una indiscutible complicidad, te das cuenta de que estás ante "uno de los nuestros".

En el fondo, pienso que quien habla de "receticas" está añadiendo a su comentario un plus de cariño, un toque de proximidad, un ejercicio de simpatía ... Es posible que quien desconoce la idiosincrasia aragonesa no vea en estos modos nada más que una peculiaridad en la forma de hablar, hasta cierto matiz pueblerino o provinciano, pero se equivoca, porque cuando la chica, cuyo nombre ignoro a pesar de llevar años disfrutando de su amabilidad, me comentó, con cierto sentimiento de una culpa que no le atribuyo, que mis "receticas" no estaban, en el fondo entendí que me quería decir que lo sentía, pero que no por no tener aún lo que necesitaba, sus buenos deseos de atenderme bien de desvanecían.

Ya se que es una tontería, pero tal vez muchos no puedan imaginarse lo que une esta seña de identidad tan nuestra.



3 de abril de 2015

Entre la frivolidad y la intolerancia


Veo que corre por internet algún logotipo en el que que parece pretender cuestionarse la Semana Santa a través de fomentar los deseos de una "Feliz semana laica". Al igual que ocurre con la Navidad, da la impresión de que a algunos se les han desatado los instintos "comecuras" y sienten la necesidad de dejar claro su rechazo a todo lo que suene a sentimientos religiosos. Habiendo pasado ya afortunadamente, hace décadas por cierto, los tiempos del "nacional-catolicismo" en los que se cerraban los cines, la televisión solo ofrecía programas religiosos o películas del mismo signo, intuyo que hay quien pretende llegar al extremo contrario y promover la interdicción de cualquier celebración religiosa.

La Semana Santa tiene para los católicos un significado muy especial, nada menos que la culminación de la historia de la salvación, y para bastantes más personas, los actos propios de estos días -procesiones, monumentos, ...- llevan implícitos unos aires de tradición indiscutibles. Por esta razón, suena a pretensión totalitaria cualquier propuesta o iniciativa que pretenda suprimir o someter a práctica privada y minoritaria unas celebraciones cuyo mantenimiento no es más que un respeto a las convicciones de muchas personas y a la tradición de muchos lugares; a la vez, duelen comentarios y difusiones con aires de campaña en las que directamente se intuye burla y falta de respeto frente a convicciones y prácticas de muchos ciudadanos de a pie.

Tengo muchísimo respeto por la opinión de cada cual, y por supuesto por las convicciones y las ausencias de convicciones de todos y cada uno, pero mal asunto si pretendemos defender las nuestras utilizando el desprecio o el recochineo con las del prójimo. No puedo evitar en estas ocasiones recordar el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que protagoniza un doctor de la ley, fariseo para más señas, cuando el Sanedrían, al que pertenecía, pretende condenar a muerte a San Pedro y algún apóstol más por negarse a dejar de predicar a la gente a pesar de la prohibición de las autoridades judías:

"Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, VENERADO de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,
 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.
 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A ÉSTE se unió un NÚMERO como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados.
Y AHORA os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá
 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. "

                                                                     Hechos de los Apóstoles, 5, 25-39


1 de abril de 2015

Libros leídos entre lluvias, fríos y riadas


Hasta nueve libros he terminado en marzo, cifra alta y que viene justificada por haber empezado el mes con varios libros avanzados en su lectura y por haber disfrutado de unos días de descanso el último fin de semana. La máxima nota se la pongo a una novela negra, "Galveston" y una de carácter histórico y redacción notable, "Sigmaringen". Hay hasta cuatro libros que no son de ficción bastante distintos entre sí, un par de "policíacas" recomendables para aficionados y un viejo relato canadiense -"Matemos al tío"- que entretiene bastante.

A lo largo de las primeras semanas del año fueron apareciendo en el mercado una serie de novelas policíacas que me llamaron la atención,  casi todas de autores nuevos y con una portada y contraportada bastante sugerentes. Una de ellas fue "Expediente de desaparición", del escritor israelita Dror Mishani: la trama resultaba atractiva -la desaparición de un menor en un pueblo cercano a Tel Aviv-, había leído muy poco del género ambientado en esa zona -tan sólo "Asesinato en el Kibutz", de Batya Gur- y venía avalado por una editorial que no suele dar gato por liebre como es Destino. Encontré buenas referencias en la red, además de se alabada por el mismísimo Mankell y haber recibido el Premio "Martin Beck" de la Academia sueca. El libro me ha gustado, entre otras razones porque me parece original, nos presenta un personaje creíble que en algunas cosas me recuerda al inolvidable Kurt Wallander -en otras, no- y cuenta una historia bastante equilibrada. No hay una intriga intensa que haga difícil dejar la lectura, pero mantiene el interés de modo constante, sin lagunas. No es la novela policíaca del año, ni mucho menos, pero es un libro de cierta calidad y recomendable para cualquier aficionado al género.

Desde mediados de enero he estado leyendo "La Alemania de Weimar", del historiador alemán Erik Weitz; me parecía un momento interesante de la historia, aquella época de la Alemania del siglo XX cque terminó caracterizándose por el desencanto germano tras el desenlace de la gran guerra y los acuerdos de Versalles y que dio paso al III Reich. Ya había leído algo sobre el tema en la mítica trilogía sobre la Alemania nazi de Richard J. Evans, pero el libro de Weitz tiene un enfoque completamente distinto. Comencé el libro pensando que estaba ante una historia esencialmente política, pero me encontré con una visión que va mucho más allá del relato de los aconteceres políticos de la Alemania republicana, pues el autor divide los capítulos en distintos temas y nos va hablando de la sociedad, la cultura, las artes, los edificios y hasta las costumbres sexuales de los germanos, con abundantes referencias a personajes importantes de la vida alemana que mostraron sus mejores valores en aquellos años, desde Bertold Brecht hasta Martin Heidegger, pasando por Bauhaus, Thomas Mann y muchos otros.. Un libro interesante, desde mi punto de vista escrito bajo una perspectiva claramente ideologizada pero que te da una idea bastante completa, precisa e interesante de la experiencia tan frustrante como terminó siendo la República de Weimar.

"Sigmaringen", del escritor francés Pierre Assouline, cabría enmarcarla en el género  novela histórica; pero de cualquier manera no se trata de una novela histórica al uso, con una estructura en la que el autor elabora un argumento con personajes reales y ambientado en una época concreta de la historia, sino un relato con fondo histórico aprovechado por Assouline para ofrecer al lector una especie de ensayo sobre la condición humana. El libro trata del exilio de los más importantes protagonistas del régimen colaboracionista de Vichy en Sigmaringen, un castillo en Waden-Burtenwerg, cerca de la frontera suiza. Allí Assouline junta al Mariscal Petain, el presidente Laval, el escritor Celine y unos cuantos personajes históricos más, hospedados todos ellos en un castillo de los Hohenzollern al que llegan derrotados y humillados, a pesar de lo cual el autor consigue reflejar con maestría como siguen siendo esclavos del protocolo, las vanidades, las jerarquías y los delirios propios de un poder que han perdido. Me ha parecido una obra de nivel, muy bien escrita y cuya virtud no se halla en el interés del argumento, sino en la formidable escenificación de las miserias de unos personajes realmente fracasados y desolados. Assouline tiene el acierto de establecer una narración en primera persona a cargo de Julius Stein, supuesto mayordomo de la fortaleza, que tras abandonar sus dueños la misma queda encargado de atender a los nuevos invitados; la figura de Stein describe con una mezcla de respeto e ironía que acaban siendo demoledores, los aconteceres diarios que protagonizan los nuevos moradores franceses, a la vez que va aflorando una bonita historia de amor con Jeanne, la intendente del anciano Mariscal francés Philippe Petain.

Fernando Onega me parece un buen periodista, entre otras cosas porque posee esa mesura y esa capacidad de respetar que brilla por su ausencia en algunos de sus colegas. Hace pocos meses leí sus recuerdos de Adolfo Suárez, de quien fue jefe de prensa, y que me gustaron bastante. Por eso pedí a los Reyes -los magos, no los de aquí- "Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar", su semblanza de quien fue el Jefe del Estado español durante 39 años, un libro que fue en su día anunciado a bombo y platillo. Tengo que empezar diciendo que me ha gustado menos que el del presidente fallecido, fundamentalmente porque no he encontrado novedades, el autor no desvela -o si lo hace no he sabido descubrirlo- nada que no se conozca, y en un relato de esta naturaleza me parece esencial que ofrezca algo nuevo. No obstante, lo he leído con agrado, porque Onega domina el lenguaje, porque refleja la trayectoria de alguien cuyo reinado he vivido de principio a fin -cumplí 17 años la semana en que subió al trono- y porque, sin dejar de reflejar los errores del monarca, el periodista gallego trata con respeto y delicadeza al antiguo Jefe del estado, sin la visceralidad que se observa en algunos foros.

Hacía tiempo que quería leer algo sobre la revolución de Asturias de 1934, y aprovechando que me he ido haciendo con diversos volúmenes de una colección de Ricardo de la Cierva sobre la reciente historia de España, leí el que trataba el tema y que llevaba por título "La revolución de octubre. El PSOE contra la República". El libro no solamente habla del citado episodio, sino que también relata el golpe dado por Lluis Companys en Barcelona al declarar el Estat catalá. así que se puede decir que terminé recibiendo dos historias por el precio de una. De la Cierva es, sin duda, un autor polémico, excesivamente apasionado y, hoy en día, políticamente incorrecto. No obstante me apetecía leer un texto que tratara a los acontecimientos citados más como una rebelión contra el orden establecido, es decir la II República, que como una especie de actos heróicos. El autor intenta ser objetivo, aunque puede que en ocasiones le pierda la vehemencia y una forma de contar los hechos como a trompicones. Desde mi punto de vista falta un análisis político-social de la situación, aunque aporta datos suficientes para dar cierta credibilidad a lo que nos dice.

"Galveston",del escritor norteamericano Nic Pizzolatto es la primera entrega de "Salamandra black", la nueva colección de novela negra que ha sacado la Editorial "Salamandra" ; se trata de un elenco de novelas de nueva publicación en España con muy buena pinta y hace ya tiempo que la tenía en cartera. Del libro he leído y escuchado opiniones diversas, desde una valoración  más bien fría y escéptica de "El País" hasta opiniones variadas de lectores que me merecen toda confianza y que no han coincidido sobre las mayores o menores virtudes del relato.  A mí, "Galveston" me ha gustado y mucho; se trata de la típica novela ambientada en el sur de los Estados Unidos, en lugares que no son precisamente "glamurosos", con muchas carreteras polvorientas, bares y restaurantes de medio pelo, caravanas en las que malviven las personas y demasiados perdedores, ... un viaje literario que uno descubre haber vivido ya varias veces. Se trata de un relato duro, casi diría que triste, con un protagonista principal, Roy Cady, que es un auténtico perdedor; junto a él van apareciendo el resto de personajes que o son llamativamente malvados o presentan historias personales dramáticas, algunas espeluznantes. Pizzolatto sabe jugar perfectamente con el tiempo y los sucesos, y nos va contando una historia que tiene las virtudes de no perder ritmo ni aburrir en ningún momento al lector. Al final el autor nos deja una puerta abierta a la esperanza, el "puntito redentor" que refiere Ricard Ruiz Garzón en "El País", algo que parece le molesta, pero que otros agradecemos. En definitiva, me apunto al sector favorable al libro.

Este mes he mantenido la costumbre de leer uno de esos breves relatos futbolísticos de la colección "Hooligans ilustrados" de  la editorial "Libros del KO"; en esta ocasión ha tocado el Atlético de Madrid: "Yo me voy al Manzanares", del periodista madrileño Julio Ruiz. Como en los anteriores libritos, escritos nada menos que por Enric González e Ignacio Martínez de Pisón, he pasado un rato excelente identificándome con las penas y alegrías de los hinchas futbolísticos y rememorando nombres míticos que mueven a la nostalgia como Isacio Calleja, Adelardo, Ufarte, Mendonça, Luis Aragonés, Kiko Narváez o Milinko Pantic. El autor tuvo la imaginativa idea de hablar sobre distintas épocas de la historia colchonera a través de las vivencias de tres generaciones: un abuelo -Gregorio-, un padre -Valentín- y un hijo -Gabi-, entre los tres nos ofrecen una deliciosa muestra de como viven el fútbol las personas normales, los hinchas de a pié. Si tuviera que hacer un ranking dejaría este tomo en tercera posición, pero no por ello significa que no esté a la altura.

En los últimos años han aparecido unas cuantas editoriales que tienen el acierto de reeditar libros de calidad; una de ellas es "Impedimenta", una editorial madrileña que ha desempolvado novelas de autores como Edmund Crispin, Thimas Hardy, Stella Gibbons, Wilma Cather, Eudora Welty, ... entre otros. En esta línea cabe incluir "Matemos al tío", un original relato de Rohan O'Grady, que no es otro que el seudónimo de la novelista canadiense June Skinner. Se trata de una novela escrita hace más de 30 años y que nunca fue publicada en España hasta ahora y que no se si calificar como "gótica", "sarcástica" o "de terror".. El libro nos cuenta la historia en apariencia inocente de dos niños que pasan sus vacaciones en una isla cercana a Vancouver, pero que se convierte en inquietante cuando compruebas que las criaturas planean matar al tío de uno de ellos. En la contraportada encuentras dos frases que la definen muy bien: "alegremente siniestra", que se atribuye al "Washington Post" y "una lectura deliciosamente perversa". Lo cierto es que termina siendo un relato muy entretenido, que se lee con la ingenuidad con que se hojea un cuento infantil a la vez de con la intriga de una novela policíaca, casi de terror. Me ha parecido algo desordenada en su estructura y con alguna parte innecesaria, como las cartas de amor de uno de los personajes "buenos" que trabaja en la Policía Montada del Canadá.

He terminado "Legado en los huesos", segunda parte de la "Trilogía del Baztán" que cerró hace unos meses Dolores Redondo, dos años después de leer la primera ... y he de confesar que tardar tanto ha sido un error, pues esta segunda entrega es una continua referencia a la primera y es aconsejable -casi exigible- leerlas de golpe. Se trata sin duda, de literatura ambiciosa dentro del género policíaco, "Legado en los huesos", como lo era "El guardián invisible", es una novela trabajada y en la que se cuidan los detalles. Yo destacaría tres virtudes en el libro: nos ofrece un personaje sólido, una protagonista, la inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, con fuerza y personalidad, se trata de un relato que "coge", que arrebata tu atención y terminas leyendo en poco tiempo, y eso que consta de 513 páginas, y nos ofrece un panorama espectacular de lo que es el Valle del Baztán, no solamente por la descripción de valles, paisajes, ríos y pueblos, sino por la ambientación del lugar y ese especial universo medio mágico medio salvaje que crea en torno al citado valle. No obstante, como en el caso del primer tomo, sigo viendo excesivo el recurso a elementos mitológicos, a la historia parece faltarle realismo en algunas ocasiones y el argumento se centra tanto en la familia de la protagonista que uno puede tener la tentación de pensar que la novela termina desarrollándose en un ambiente excesivamente cerrado. En cualquier caso, tengo claro que el tercero tiene que caer ya.