22 de marzo de 2010

"El golpe" (1973)

SINOPSIS Chicago, años treinta. Redford y Newman son dos timadores que deciden vengar la muerte de un viejo y querido colega del gremio a manos del más poderoso gángster de la ciudad. Para ello urdirán un ingenioso y complicado plan con la ayuda de todos sus amigos y conocidos.

Si me preguntaran cuál es la película con la que más he disfrutado, es seguro que tendría alguna duda -¡buena señal!-, pero pienso que al final me acabaría decidiendo por "El golpe", dirigida por George Roy Hill en 1973 y que obtuvo siete de os diez Oscars para los que estaba nominada, entre ellos tres de los grandes: a la mejor película, a la mejor dirección y al mejor guión original. Evidentemente, la primera razón del éxito de "El golpe" hay que encontrarla en su calidad, es un film bien hecho y eso suele ser premisa de éxito; pero me parece que hay más razones: la trama está bien relatada, el reparto es de primer nivel, la ambientación resulta admirable y se explica una historia interesante que sucede durante una época apasionante. La película contiene, además, un poco de todo: acción, intriga, un toque sensacional de humor ... y al final ganan los buenos, o cuando menos, los simpáticos.

El director del film fue George Roy Hill, un hombre con un palmarés más bien corto, que destacó especialmente en esos años 70 a los que nos hemos venido refiriendo ultimamente y que si tenemos en cuenta que tres años antes dirigió "Dos hombres y un destino" (1969), con la misma pareja protagonista de "El golpe", podremos llegar a la conclusión que cuando falleció en Nueva York el 27 de diciembre de 2002 a la edad de 81 años, que se fue al otro mundo habiendo cumplido sobradamente con su profesión cinematográfica. Roy Hill ya había destacado en 1966 con "Hawai", una superproducción de excelente calidad, protagonizada por Richard Harris, Julie Andrews y Max Von Sydow; tras "El golpe" destacan "El carnaval de las águilas" (1975), otra vez con Robert Redford, al que se une estab vez Susan Sarandon, "El castañazo" (1977), donde quien repite es Newman y El mundo según Garp" (1982), sobre la novela de John Irving, dirigiendo con estilo a Robin Williams y Glenn Close, entre otros.

Ya queda dicho que buena parte del éxito de la película hay que encontrarla en la pareja protagonista; Paul Newman y Robert Redford son dos auténticos monstruos de la pantalla y en sus papeles de Henry "Shaw" Gondorff y Johnny "Kelly" Hooker están inmensos; Newman borda el papel de veterano buscavidas venido a menos, mientras Redford se mete del todo en el personaje de novato y pardillo estafador. Ambos demostraron la excelente química que emana de ellos cuando actúan juntos, no obstante Paul Newman, que tiene nueve nominaciones en su currículum, no fue esta vez candidato al Oscar, mientras que a Redford, que sí lo fue, le ganó la partida Jack Lemmon por su trabajo en "Salvad al tigre".

Pero no estuvo por debajo de los dos divos el inigualable Robert Shaw, un actor peculiar, que también escribía novelas de intriga y que estuvo sensacional como Doyle Lonnegan, un boyante gangster con tanta maldad como aires de nuevo rico. A Shaw, que moriría prematuramente a los 51 años de un ataque al corazón el 28 de agosto de 1978 en Tourmakeady (Irlanda) mientras rodaba su última película, "Avalanche Express", le recuerdo en otros dos papeles excelentes: el Mister Brown de "Pelham uno, dos, tres" (1974) y el del veterano pescador Quint del "Tiburon" (1975) de Steven Spielberg, aunque también fue capaz de adaptarse a papeles muy distintos, como el de Lord Randolph Churchill de "El joven Winston" (1972), dirigida por Richard Attenborough. Buen trabajo también de Charles Durning, quien al año siguiente intervendría en otra comedia excepcional, "Primera plana", de Billy Wilder, Ray Walston, Eileen Brennan, a quien también recuerdo de secretaria y amante de Peter Falk en "Un cadáver a los postres" (1976) y Harold Gould, que también aparecería en "Primera plana" en el papel de alcalde corrupto.

Hay otras dos cuestiones que que me gustaría resaltar, una la excelente música ragtime de Scott Joplin, adaptada en esta ocasión por Marvin Hamlisch, que obtuvo el Oscar a la mejor banda sonora adaptada, amen de haber ganado ese mismo año los Oscar a la mejor banda sonora original y a la mejor canción por "Tal como éramos", la excelente película de Sidney Pollack que protagonizaron el propio Robert Redford y Barbra Stresiand (con perdón); la música es completamente adecuada a la ambientación conjunta de la película y es un aliciente más de la película. La otra cuestión es el vestuario, unn trabajo magnífico de Edith Head que consigue dar aún mayor credibilidad a la atmósfera de la película.

La película tiene escenas memorables, entre las que destacaría la partida de cartas en el tren, con un Newman excepcional, las ficticias apuestas de carreras de caballos con las que manejan a Lónnegan y la escena final, convertida por méritos propios en uno de los momentos míticos de la historia del cine, sin olvidar la escena en la que Robert Redford se enfrenta al peligroso asesino Solino, que al final resulta ser alguien bien diferente a quien te habís imaginado.






21 de marzo de 2010

"Eu Daria Minha Vida", Martinha (1968)



En los inicios de los 70 se oía esta canción triste, sentimentalona, dulce, melancólica, ... en ella se hablaba de amor, como tantas veces, de un amor aparentemente desgraciado, pero conforme avanzaba la interpretación quien cantaba parecía recobrar la esperanza, y si al principio daba su vida por no volver a encontrarse con la persona amada, al final ese mismo ofrecimiento se hacía por el reencuentro. El tema lo interpretaba el gran Roberto Carlos, que ya apareció por estos lares con su gato triste y azul, pero quien la había compuesto era Martha Vieira Figueiredo Cunha, una brasileña de Bello Horizonte a quien se conocía como Martinha.

Martinha fue apodada por el propio Roberto Carlos con el sobrenombre de "Queijinho de Minas" y cantaba con buen gusto y con dulzura; con la misma dulzura que trasluce "Eu daría minha vida":

Hoy daría yo la vida por no verte más,
te lo juro por mi vida, quiero ya olvidar.
Hoy daría yo la vida por no verte más
te lo juro por mi vida quiero ya olvidar.

Yo no sé más nada, sólo amar y estar contigo,
y por más que intento olvidar, no lo consigo.
Hoy daría yo la vida por no verte más,
te lo juro por mi vida, quiero ya olvidar.

Digo al mundo entero, nunca más veré
aquellos ojos tristes que yo tanto amé.
Pero late en mí un corazón enamorado
que habla siempre así.

Hoy daría yo la vida por tu amor de ayer,
hoy daría yo la vida por volverte a ver.


20 de marzo de 2010

Precisión jurisprudencial



Dos magistrados del Tribunal Supremo se encuentran frente a frente en la puerta del Hotel Palace. Curiosamente, cada uno marcha del brazo de la mujer del otro.

El que está saliendo le dice al otro:

- A la vista de esta situación tan peculiar en la que nos encontramos, pienso que lo CORRECTO, es que cada uno se vaya con su mujer, en su coche, a su casa ¿no cree?

El otro le contesta:

- Estoy de acuerdo con usted en que eso seria lo CORRECTO, pero no creo que fuera lo JUSTO, porque usted está saliendo del hotel y yo estoy entrando.




19 de marzo de 2010

Adios a Jim Phelps



El pasado domingo el actor Peter Graves falleció en Los Ángeles a consecuencia de un ataque al corazón; el actor, que había nacido en Minneapolis (Minnesota), habría cumplido ayer la edad de 84 años. Posiblemente muchos no conozcan quien es este hombre de ojos azules y aires de zorro plateado, pero en nuestra histórica tele de los 60 encarnó a Jim Phelps, el lider del grupo protagonista de la mítica serie "Misión Imposible", un título que a los más jóvenes les recordará la serie de tres películas dirigidas por Brian de Palma y protagonizadas en los últimos años por Tom Cruise, pero que a los de mi generación -y alguna más- nos retroatrae a aquella serie que siempre comenzaba con la audiencia de las instrucciones en una cinta que "se autodestruía" a los pocos segundos mientras provocaba una nube de humo. Eran unos años en las que las series inglesas y americanas causaban impacto: "El santo", "El fugitivo", "Los intocables"; "El agente de CIPOL", ... y "Misión imposible" estuvo a la altura. Su interpretación de Phelps valió a Graves el Globo de Oro en 1971 como mejor actor dramático de televisión; así como dos nominaciones más en la misma categoría, en 1969 y 1970, y una a los premios Emmy de 1969.

El elenco de actores fijos de la serie fue cambiando con los años, si bien en mi recuerdo, junto a Graves, quedan dos actores por encima de todo: Barbara Bain, que interpretaba a la guapa de turno, y que ganó tres Premios Emmy a la Mejor Actriz Protagonista en una serie dramática por su papel de Cinamon Carter en la serie y cuya carrera profesional se centró casi exclusivamente en la televisión; el otro actor destacado era por entonces el marido de la Bain, Martin Lándau, uno de los mejores secundarios del cine mundial durante décadas, quien interpretaba a Rollin Hand, especialista en suplantar personalidades; a Landau le recuerdo de modo especial como el siniestro sicario de James Mason en "Con la muerte en los talones" (1959), de Alfred Hitchcock, aunque llegó a la cima profesional en 1994, cuando ganó el Oscar al mejor actor de reparto por su trabajo en "Ed Wood", de Tim Burton, premio al que ya había estado nominado en 1988 por "Tucker, el hombre y su sueño", de Francis Ford Coppola y en 1989 por "Delitos y faltas", de Woody Allen: el nombre de los tres últimos directores citados nos ofrece luces sobre la enorme versatilidad de Landau. El actor de color Greg Morris hacía el papel de Barney Collier, un experto en cualquier tecnología, mientras que Peter Lupus interpretaba a Willy Armitage, un auténtico "musculitos" que desempeñaba los trabajos que exigían fuerza.

Peter Graves no tuvo una carrera cinematográfica brillante, pero tuvo papeles importantes en películas de cierta importancia como "Infierno 17" (1953), dirigida por Billy Wilder, en la que William Holden encabeza el reparto y Otto Preminger interviene como actor, "La noche del cazador" (1955), de Charles Laughton, protagonizada por dos auténticos monstruos del celuloide como Robert Mitchum y Shelley Winters, "A Rage to Live" (1965), de Walter Grauman, "Desafío en el rancho" (1967), de Andrew V. McLaglen, donde desempeña el papel estelar junto a Doris Day y "House on Haunted Hill" (1999), de William Malone. No obstante, sus papeles más conocidos son los de piloto de "Aterriza como puedas" (1980), la hilarante película dirigida por Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, que tuvo una segunda parte en 1982 dirigida por Ken Finkleman y con Graves de nuevo en el reparto; dicho film son una sátira de la serie "Aeropuerto"; curiosamente el propio Peter Graves había intervenido en una película de televisión titulada "Aeropuerto 78", en la que aparecían otros héroes televisivos como Lorne Greene (Ben Cartwright, de "Bonanza"), Doug McClure (Trampas en "El virginiano") y Barbara Anderson (Eve Withfield en "Ironside").

Buscando en google uno encuentra las fotos recientes de Graves, una imágenes en las que el actor aparece mayor y "arrugado", pero conservando ese abundante pelo blanco que tanto resaltaba cuando nuestros héroes de "Misión Imposible" salían adelante contra viento y marea semana tras semana.




18 de marzo de 2010

Esas vidrieras!!!!!



Estos días he descubierto cual era una de mis desgracias personales: haber tardado más de 50 años en conocer el interior de la Catedral de León; ya de pequeño aprendí que en materia de catedrales las dos grandes joyas que tenemos en España son las de Burgos y León, pero así como había comprobado "in situ" hace ya tiempo la verdad de esa afirmación respecto a la sede burgalesa, solamente había tenido ocasión de ver la de León por fuera y deprisa. He estado de domingo por la tarde a martes por la mañana en dicha capital y he podido enmendar a tiempo semejante déficit.

La verdad es que no soy capaz de describir una marco que solamente se puede valorar en su totalidad viéndolo en vivo y en directo; pienso que entrar en la Catedral de León y poder contemplar y disfrutar de esa maravilla de luz y color tiene que tener mucho que ver con lo que puede ser entrar en el mismo cielo. Y es que a la belleza, a la grandiosidad y al equilibrio se añaden la serenidad ambiental, la paz interior que invade tu alma según te enfrentas con lo que tus ojos contemplan y la sensación, casi la seguridad, de que allí mismo se palpa algo que trasciende, que uno entra en contacto directo con la divinidad.

El arte no tiene ni tiempo ni fronteras; cualquier persona medianamente "viajada" te puede describir manifestaciones espléndidas de la capacidad creadora de los hombres: el Museo del Louvre, la Muralla china, las pirámides de Egipto, la Torre Effiel, el Coliseo o el Partenon son lugares donde se extasian los cinco sentidos, pero tal vez sean las catedrales donde se pone de manifiesto como en ningún otro sitio la grandeza de las obras de los hombres, fundamentalmente en tanto en cuanto la grandiosidad de una catedral no es más que el fruto del deseo humano de dar gloria a Dios, la búsqueda de dar forma sensible el culto al Creador y con ello hacer más cercano lo divino a nuestros sentidos. Entrando en el recinto de la "pilchra leonina" uno se transporta a tiempos pasados, se identifica con el afán de quienes la construyeron de elevar un edificio que nos acerque a Dios y fortalece su necesidad de rezar.

En León hay otras cosas que justifican una visita: San Isidoro, con su Panteón de los Reyes, la llamada "Capilla Sixtina del románico", la casa Botines, el Barrio Húmedo, .... pero todo queda en segundo lugar ante el éxtasis de esas vidrieras y ya habrá tiempo otro día de hablar del resto.




17 de marzo de 2010

"Fiebre en las gradas", Nick Hornby












"Fiebre en las gradas"
Nick Hornby
Anagrama. Barcelona (2008)
352 páginas



Sinopsis: Éste es el relato autobiográfico de la tumultuosa relación del autor con el fútbol y con su equipo, el Arsenal londinense. Con un entusiasmo contagioso y su característica ironía, Hornby nos cuenta lo que ocurre cuando uno deja que el fútbol dé contenido a unos cuantos huecos que deberían haber estado ocupados por otras cuestiones. Este adicto al fútbol rechaza invitaciones a bodas porque ese día el Arsenal juega en casa, o asocia su primera gran ruptura amorosa a la pérdida de un jugador emblemático. Hornby se interroga aquí sobre la esencia de esta obsesión y describe con humor en qué consiste verdaderamente ser hincha de un equipo.

Este libro fue el regalo de cumpleaños de un buen amigo, conocido de esta casa, y tengo muy claro que cuando eligió "Fiebre en las gradas" para homenajear mi aniversario sabía muy bien que estaba dando en el clavo, que no iba a fallar. Efectivamente, durante unos cuantos meses he ido saboreando poco a poco las hojas escritas por este homónimo mío de Highbury y solamente puedo decir que página tras página me he ido sintiendo plenamente identificado con el autor, nunca pensé hasta que punto mis vivencias y sensaciones de "hincha impenitente y desbocado" podían ser descritas con tanto acierto.

"Fiebre en las gradas" no es un libro sobre acontecimientos futbolísticos, no es ni de lejos, una historia del Arsenal, aunque vayan apareciendo hechos históricos como las tragedias de Heysel, en Bruselas y Hillsborough, en Sheffield, o los distintos títulos ganados por el Arsenal y aparezcan los nombres míticos del Arsenal de la época, como Charlie George, Iam Brady, Charlie Nicholas o Paul Merson; el libro es casi un estudio filosófico de lo que es un hincha de fútbol, de toda la irracionalidad y la pasión que entraña el seguir a un club de fútbol; esa fidelidad que lleva al tormento y al éxtasis y de la que en los momentos de lucidez uno se avergüenza.

El autor va repasando diversos partidos del Arsenal, posiblemente el más popular equipo de Londres, desde que por los años 70 comenzara de niño a seguirlo hasta 1992, fecha de la primera edición del libro y va relatando sus recuerdos a raíz de dichos encuentros; de esta manera pone en relación la Guerra del Golfo con el partido que se disputaba cuando se anunció, o valora determinado encuentro con la semana en que dejó de fumar; especialmente sugerentes son los episodios en que narra como el fútbol condiciona su vida: tiene que tener un trabajo que le permita acudir a todos los encuentros de casa -asegura que solamente se ha perdido 2 o 3 en veinte años-, de la misma manera que sus amigos fijaban las fechas de bodas y bautizos condicionados por el calendario del Arsenal; pero también sus relaciones personales se ven afectadas por su pasión, siendo hilarante cuando narra como el día que acudió por vez primera con su novia a un partido, ésta se desmayó y el dejó que una amiga le acompañara a la enfermería y siguió el encuentro, que estaba en empate, pues le agobiaba más el resultado final que la salud de su chica: sensación de la que luego el hombre se acababa avergonzando.

Hay quien dice que "Fiebre en las gradas" es el mejor libro sobre fútbol que se ha escrito jamás; es magnífico cómo el autor profundiza en el cerebro del aficionado al balompié, haciéndolo con tanto rigor como sentido del humor. Francamente acertado está Hornby cuando define al fútbol como "el gran retardante", pues el forofo prolonga su niñez: “Mientras se disputa un partido de fútbol, soy un crío de once años”. Magnífico el relato de la victoria del Arsenal en la Liga con un gol de Thomas en el último minuto del último partido, jugado frente al Liverpool en el mismísimo Anfield Road, resaltando la especial sensación de ese momento irrepetible e inesperado que supone una victoria en los extertores de un match. Muy acertado también Hornby cuando relata con espíritu crítico y ecuanimidad el fanatismo de los hooligans y los incidentes más o menos graves que ha ido presenciando en los campos de fútbol a lo largo de los años.

Un libro que recomiendo a todos el que sea aficionado al fútbol y a unos cuantos más que no lo sean; decía un conocido mío que "el fútbol no es lo más importante de mi vida, pero forma parte de mi vida" ... lo suscribo, no lo puedo evitar. Le pongo una única objección al libro de Hornby: sus vivencias las cierra en 1992, por lo que no pudo hablar de sus sensaciones esa noche de mayo en el parque de los Príncipes, tres años después, cuando David Seaman vio, horrorizado, cómo volaba sobre el cielo de París el obús de Nayim que marcó el momento más glorioso de la historia de mi equipo.


16 de marzo de 2010

"Los cipreses creen en Dios", José María Gironella















Leí hace muchos años este libro; recuerdo que fue al poco de llegar a Cataluña (curso 1977-78) y lo hice de un tirón, me pareció una maravilla y tengo intención de volver a leerlo. Como todo el mundo sabe, es el primero de una trilogía, aunque debo de reconocer que en el segundo "Un millón de muertos" tiré la toalla hacia la mitad y el tercero, "Ha estallado la paz" ni lo comenzé, aunque creo que debería rectificar y cerrar la serie, aunque todo el mundo parezca coincidir en que el rpimero está muy por encima del resto.

El libro, de claro signo autobiográfico, narra la vida en Girona durante los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil, con lo que tiene un importante y sólido carácter histórico; Gironella a través de unos personajes formidablemente trazados, va definiendo perfectamente cada sector de la sociedad de la época, una sociedad dividida, enfrentada irremediablemente. Así van apareciendo el militar que conspira, los miembros de la Lliga catalana, un partido que aglomeraba a la burguesía catalana, perfectamente descrita por Gironella con sus pros y sus contras, la familia protagonista, los Alvear, formada por un matrimonio y tres hijos, claros representantes de la gente de orden de la época, con hijos en el eminario y apuros a final de mes, el miembro del partido comunista, Cosme Vila, un oficinista oscuro y retorcido, el líder anarquista, ... todo ello relatado bajo el prisma de Ignacio, el protagonista del libro y que todo hace indicar que es el propio José María Gironella.

En tiempos en que se habla mucho de la memoria histórica, me parece que no está de más desempolvar libros como éste, en los que al autor, desde mi punto de vista, nos muestra una visión imparcial; Gironella no toma partido, sino que se limita a contar hechos, a describir ambientes a dar vida a sus personajes, cada uno con sus claroscuros, sin que todo sea blanco o negro, con todos los matices necesarios, buscando en cada uno las razones que le mueven a actuar de una manera u otra.

http://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/08/01/anticuario/996603038.html