7 de marzo de 2010

La fina cantera de Pucela



En un mundo como es el del fútbol, que cada vez se parece más a un gran negocio, uno tiende a volver la mirada con cierta admiración a esos equipos que han sabido cuidar su cantera, a los clubs de donde han salido grandes jugadores, de esos que se llaman "de la casa", de confianza. Uno no sabe si la razón de que en unos sitios salgan más productos que en otros hay que encontrarla en el buen trabajo desarrollado en las canteras inferiores o simplemente pasa como con la tierra y hay zonas más "fértiles" que otras: posiblemente haya algo de cada cosa.

Siempre ha sido famosa la cantera vasca, con unos clubs como el Athletic y la Real Sociedad que siempre se han surtido, los bilbaínos con exclusividad, de jugadores nacidos en la región; también han salido muchos jugadores de primer nivel de las canteras de los dos grandes, Madrid y Barça, aunque frecuentemente éstos han tenido que irse a otro sitio para triunfar, salvo el caso del Barça de Guardiola, que juega como los ángeles con muchos jugadores salidos de la Masía. Aunque haya pasado por su travesía en el desierto, ha sido siempre fecunda la Escuela de Mareo, que ha dado al Sporting jugadores del nivel de Quini, Churruca, Cundi, Joaquín, Maceda, Jiménez, Manjarín, Juanele, ... y tampoco podemos omitir la escuela andaluza de Sevilla y Betis, caracterizada con frecuencia por sacar jugadores muy bien dotados técnicamente.

Desde hace muchos años he admirado la capacidad de aportar buenos jugadores de un equipo modesto como el Valladolid; desde que en la grada "Infantil" de La Romareda ví jugar en 1972 a Julio Cardeñosa, me quedé prendado del estilo que imperaba en los jugadores que salían de Pucela; recuerdo que al Zaragoza le costó mucho imponerse a un equipo en el que destacaban el lateral zurdo Pérez García, un jugador de buena técnica formado en el Plus Ultra, nombre que entonces recibía el actual Real Madrid-Castilla, el fornido central cántabro Docal, el interior Lorenzo, que luego jugó en primera con el Granada y Alvarez, un goleador impenitente por el que se interesó varias veces el Zaragoza; Cardeñosa, entonces un "pipiolo", salió en el 2º tiempo y maravilló con su toque y la inteligencia de su juego. Ese día el Valladolid formó con Llacer; Salvi, Docal, Pérez García; Segura, Berriozábal; Astrain, Lorenzo, Alvarez, Lizarralde y Sedano (Cardeñosa), equipo similar al de la anterior foto, con la excepción de los medios, que son Nozal y Endériz -un uruguayo de buena técnica que había jugado en el Zaragoza de los magníficos- y Cardeñosa, que aquí aparece como extremo zurdo titular.

Cardeñosa fue el primer valor vallisoletano del que fui consciente, aunque mucho antes de que comenzará a seguir ésto del "balompié" ya habían lucido jugadores notables en el club de Pucela, como Coque, Lesmes I, Lesmes II o Morollón, u otros que por aquellas fechas aún estaban en activo y habían comenzado a destacar en el fútbol profesional con el Valladolid, como Pereda, que fue el asistente de Marcelino en su famoso gol a Rusia, Rodilla, que formó parte de la delantera españolista de los delfines de la que hablé no hace mucho y De la Cruz, un lateral derecho que se fue al Granada y lo hizo tan bien que acabó siendo titular del F.C. Barcelona durante varios años. Julio Cardeñosa fue un jugadorazo; su apariencia era frágil, pues como decía el anuncio era "enclenque y delgadito", pero tenía una sabiduría futbolística fuera de lo común: sus formidable toque de balón, su enorme visión de juego, un dribling excelente y unas grandes dotes de mando hicieron de Cardeñosa, en mi opinión, el mejor "10" español de la época; hacía unos cambios de juego milimétricos, unos pases al hueco de primera figura y unos centros medidos y disparaba con frecuencia y acierto desde fuera del área; era el típico jugador que salía al campo con escuadra y cartabón. El Valladolid lo vendió al Betis, donde sentó cátedra, fue campeón de Copa e internacional, y aunque hay quien le quiso hacer pasar a la historia por el fallo de un gol decisivo, su entrada en el Olimpo del fútbol tiene su fundamento en motivos mucho más positivos y méritos de muchos años.

Chus Lándáburu es seis años más joven que Cardeñosa, pero comenzó a jugar en el primer equipo del Real Valladolid muy poco después de él, pues debutó en la temporada 1971-72 con solamente 17 años. Era un jugador de constitución bastante más recia que Cardeñosa, pero estaba dotado igualmente de una buena técnica; también era centrocampista, pero a diferencia de aquél, solía jugar por la derecha, destacando por su toque de balón y un buen disparo. Landáburu fichó en 1977 por el Rayo Vallecano, que acababa de ascender a 1ª División, y en Vallecas rindió maravillosamente, saltando a la fama por marcar varios goles "olímpicos" directamente desde el corner. Al año siguiente fichó por el F.C. Barcelona, donde siempre cumplió, aunque eran los primeros años de José Luis Núñez, quien cada año fichaba 6 o 7 jugadores nuevos, algo que dificultaba el que un jugador se asentara, por lo que se fue al Atlético de Madrid, donde volvió a destacar cada domingo. Pocos tiempo después debutó con el Valladolid Díez, un extremo derecho de buena técnica que prometía mucho y destacó durante varias campañas en 2ª División; en el verano de 1979 se fue al Español, donde tuvo unos comienzos prometedores, pero se fue diluyendo y acabó regresando al Valladolid, terminando por ser uno de esos jugadores que se quedan a mitad camino.

Ni Cardeñosa ni Landáburu pudieron jugar con el Valladolid en la máxima categoría: los años 70 fueron para los castellanos una travesía en el desierto de la división de plata; en junio de 1980 los de Pucela lograron por fin el ansiado retorno a 1ª División, y lo hicieron con un equipo en el que brillaban con luz propia una serie de jugadores que habían rejuvenecido y dado nuevo impulso al equipo que ocho años antes había jugado con el Zaragoza; de entre estos destacaban Sánchez Vallés, un hombre de club que ocupó prácticamente en propiedad durante muchos años el lateral zurdo, Santos, un central seguro y expeditivo que fue siempre el típico hombre de club, Luis Miguel Gail, un joven espigado que empezó de ariete y acabó siendo el típico centrocampista "todoterreno" y luego fichó por el Betis, Jorge, un jugador pequeño, peleón y con hambre de gol y Borja, un interior zurdo de portentosa técnica al que las lesiones impidieron triunfar. En el equipo del ascenso destacaban también dos hombres formados en la cantera del Barça: el medio Moré, toda una institución en el club, y el goleador extremo Rusky. Una institución en Pucela fue Luis Minguela, capitán del equipo durante unas cuantas temporadas y que debutó siendo muy joven a finales de los 70; Minguela jugaba en el centro del campo, tenía un físico imponente y una excelente colocación, y, sin estar dotado de una técnica exquisita, jugaba con gran inteligencia destacando, por encima de todo, por su durísimo disparo: sus "pepinazos" dieron lugar a goles de auténtica categoría.

La década de los 80 fue la del asentamiento del Valladolid en la máxima categoría; a lo largo de estos años debutaron con el primer equipo una serie de jugadores que se asentaron en 1ª división, algunos de ellos tenían una enorme calidad y supusieron en su día unos buenos ingresos para las arcas pucelans. Entre todos ellos yo no tendría ninguna duda en elegir como el mejor a Eusebio Sacristán, un centrocampista de creación que organizó durante varios años todo el fútbol de ataque blanquivioleta y que en 1988 fue fichado por el Barça de Cruyff, con el que ganó varias Ligas y, por vez primera para los blaugrana, la Copa de Europa, formando parte del famoso "Dream Team" y de la selección española; Eusebio tenía una técnica depurada y también sabía sacrificarse en el campo. Durante esa época debutaron en el equipo dos laterales de primer nivel: Juan Carlos y Torrecilla; Juan Carlos fue un lateral zurdo leonés seguro y sobrio que destacó enseguida y jugó nada menos que con el Atlético de Madrid, el Barça y el Valencia, siendo titular la noche en que los blaugrana ganaron la Copa de Europa en Wembley contra la Sampdoria, mientras Miguel Torrecilla tuvo una trayectoria menos rimbombante, pero una calidad similar, jugando también en mediocampo.

Hubo un jugador que no respondía al estilo técnico de los Cardeñosa, Landáburu o Eusebio, pero fue igualmente un fruto brillantísimo de la cantera pucelana: Gabi Moya, el típico extremo rápido y eléctrico, con buen dribling y olfato de gol; destacó en el Valladolid y luego fue titular en Atlético de Madrid, Sevilla, Valencia y Mallorca: nada menos!. Goyo Fonseca fue un ariete con buena técnica y que tenía gol; debutó en Zaragoza marcando el tanto de su equipo en 1984 y tardó en coger la onda, pero cuando lo hizo se convirtió en unos de los delanteros estrella de la época, siendo vendido al Español, equipo con el que no tuvo suerte. Alberto y Manolo Peña han sido otros delanteros que tuvieron minutos en Pucela; el primero era un jugador alto y corpulento que peleaba mucho, aunque su juego resultaba algo tosco, mientras Peña era un jugador rápido que tuvo su tarde de gloria cuando le hizo un hat-trick al Barça en el mismísimo Nou Camp, fichando después por el Zaragoza, donde no tuvo ni suerte ni continuidad. Todo un personaje fue Onésimo, que en la actualidad dirige el primer equipo vallisoletano, un extremo bajito y recio que tenía uno de los driblings más endiablados que recuerdo; Onésimo hacía regates increíbles, jugadas de las que se ven pocas, pero frecuentemente acababa siendo más efectista que efectivo; el extremo jugó en el Barça de Cruyff y destacó también en el Rayo Vallecano.

El año 1992 el Valladolid se fue a 2ª División y hubo que comenzar de nuevo; afortunadamente el regresó se consiguió a la primera y la nueva década supuso el debut en la máxima categoría de nuevos valores de la cantera castellana; yo destacaría a dos por encima de todos: el portero César Sánchez, un auténtico portento en la portería y un hombre abierto y con personalidad fuera del campo; César triunfó en toda la regla en la portería vallisoletana y se fue al Real Madrid, donde dio un buen rendimiento a pesar de ls sombra de Casillas, estuvo tres años en el Zaragoza, siendo titular indiscutible y cercano a los 40 sigue dando guerra en el Valencia; el otro fue José Emilio Amavisca, un media punta zurdo que antes de triunfar en Pucela se fogueó en el Lleida; Amavisca era un jugador rápido, que entraba bien por las bandas y no se lo pensaba dos veces antes de disparar; también fichó por el Real Madrid, donde rindió a satisfacción y tras su etapa merengue jugó en el Depor, Racing y Español. Hubo tres jugadores que hicieron buenas campañas en el Valladolid, pero luego, al ser comprados a buen precio por equipos de teórico más relumbrón, no acabaron de explotar, los tres jugaban en medio campo: Fernando, un zurdo con olfato goleador que hizo una gran campaña 1996-97 y fue vendido al Depor, donde no hizo nada, Benjamín Zarandona, un mulato de muy buena técnica que se fue al Betis, donde al parecer le perdió su afición a la juerga sevillana e Iñaki, que jugaba de interior diestro y tenía buena técnica, pero tras fracasar en el Valencia deambuló sin pena ni gloria por Logroñés y Zaragoza.

La verdad es que no se si están todos los que son y si son todos los que están, pero me parece que he aportado razones para justificar mi tesis de que la cantera del Valladolid es una de los mejores de España y que si los de Pucela no fueran un club modesto necesitado de vender, hubieran podido conseguir más logros que los ya obtenidos, que son de mérito. Hubo otros jugadores importantísimos que también acabaron vendidos a precio de oro, pero no son castellanos; de entre éstos destacaría a dos: Fernando Hierro, un hombre que llegó a Valladolid casi de favor porque allí jugaba su hermano Manolo y que acabó siendo un baluarte en el Real Madrid y en la selección española y Caminero, recuperado de la cantera madridista y que fue vendido al Atlético de Madrid de Jesús Gil, donde consiguió hacerse fijo también en la selección. Podríamos hablar de otros grandes jugadores como César Gómez, Víctor y Marcos, todos ellos también de la cantera merengue, el central Moreno, un buen defensa que había jugado en el Valencia o Vicente Engonga, que tras irse al Mallorca también se convirtió en fijo de la roja; por no habalr de una buena serie de extranjeros, como el lateral izquierdo uruguato Amarillo, que fichó por el Barça, su compatriota "Polilla" Da Silva, que fue Pichichi, el hondureño Gilberto, el chileno Pato Yáñez, el goleador brasileño Vicente, el serbio Janko Jankovic, el croata Peternac o los porteros Fenoy y Mauro Ravnic.


6 de marzo de 2010

"Le temps des cerises" Yves Montand




Yves Montand no nació en Francia, sino en una pequeña localidad de la Toscana llamada Monsummano Alto, y su auténtico nombre era Ivo Livi; sus padres, unos modestísimos campesinos italianos emigraron a Francia poco después de la llegada al mundo del pequeño Ivo. La vida de Montand tiene encantos de película europea: se crió en Marsella y trabajó en una barbería y en los muelles. Sus primeros pinitos en el mundo del espectáculo los hizo como cantante del music-hall. En 1944 tuvo su golpe de suerte y fue descubierto por Édith Piaf en París, quien incorporó a su compañía artística, convirtiéndose en su mentora y amante.

Montand, que destacó en el mundo del cine, tuvo un sólido matrimonio con la también actriz Simone Signoret, aunque mantuvo amoríos intermedios con personajes tan llamativos como Marilyn Monroe. Murió en Senlis, al norte de París, víctima de un infarto, durante el rodaje de la película "L'Ile aux pachydermes" de Jean-Jacques Beineix. "El salario del miedo" (1953) es, probablemente, su fil más significativo.

Yves Montand, que se nacionalizó francés, tenía una voz preciosa, llena de fuerza y cantaba con esa elegancia que solamente saben hacer con perfección los franceses. Hay muchas interpretaciones formidables de Montand: "A bicyclette", "La vie en rose", "Les feuilles mortes", "C'est si bon", "Paris canaille", "En sortant de l'école", ... pero yo me quedo con "Le temps des cerises", una canción antiquísima: escrita en 1866, con letra de Jean-Baptiste Clément y musica de Antoine Renard y fuertemente asociada a la Comuna de París, fue a su tiempo casi un himno de la misma, ese primer intento de poder obrero y popular allá en 1871. Luego de la derrota de la Comuna, los perseguidos y desterrados la tomaron como un símbolo de la experiencia vivida y la canción hace referencia a la libertad, la solidaridad y la resistencia frente a la opresiión, términos todos ellos muy apropiados a un cantante comprometido como Montand.

Cuando estemos en el tiempo de las cerezas
el alegre ruiseñor y el mirlo burlón estarán de fiesta.
Mujeres hermosas tendrán la locura en la cabeza
y los enamorados, sol en el corazón.

Cuando cantemos en el tiempo de las cerezas
silbará aún mejor el mirlo burlón.
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas
cuando vamos los dos a cortar soñando
pendientes para las orejas…

Cerezas de amor iguales que rosas
que caen bajo el follaje como gotas de sangre…
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
pendientes de coral que se cortan soñando.

Cuando estéis en el tiempo de las cerezas,
si acaso teméis las penas de amor,
evitad a las hermosas mujeres.
Yo, que no les temo a los grandes dolores,
no viviré ya un día sin sufrir…

Cuando estéis en el tiempo de las cerezas,
vosotros también penaréis de amor.
Por siempre amaré el tiempo de las cerezas.
Es de ese tiempo del que guardo en el corazón
una herida abierta.

Y aunque se me ofreciera la dama Fortuna,
no podría jamás calmar mi dolor.
Por siempre amaré el tiempo de las cerezas,
y el recuerdo que guardo en el corazón.




5 de marzo de 2010

Romanos, 12



San Pablo fue todo un personaje, además de un santo que encarnó con su vida y su muerte el mensaje del Evangelio que nos exhortaba a imitar. Recientemente la Iglesia celebró un "año paulino", y si nos ponemos a buscar libros que nos cuenten su historia encontraremos auténticas joyas de esas que hacen aprender y disfrutar; recientemente ví una película que me gustó bastante. En las epístolas paulinas pienso que uno puede encontrar muchas guías para su vida. Y si hay un rincón del epistolario que podríamos afirmar contiene todo un resumen de la vida de un cristiano, ese está en el Capítulo 12 de la Carta a los Romanos.

"ASI que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto.

2 Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

3 Digo pues por la gracia que me es dada, á cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme á la medida de la fe que Dios repartió á cada uno.

4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación;

5 Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros.

6 De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme á la medida de la fe;

7 ó si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina;

8 El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

9 El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno;

10 Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros;

11 En el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu; sirviendo al Señor;

12 Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;

13 Comunicando á las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.

14 Bendecid á los que os persiguen: bendecid y no maldigáis.

15 Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.

16 Unánimes entre vosotros: no altivos, mas acomodándoos á los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión.

17 No paguéis á nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.

18 Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.

19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.

20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

21 No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.



Es mucho, pero es sencillo.



4 de marzo de 2010

The French Connection (1971)

SINOPSIS Jimmy Doyle y Buddy Rosso son dos policías neoyorquinos que siguen la pista de una red de traficantes de drogas. El primero, que confía en su olfato, sospecha que una confitería de Brooklyn está implicada y convence a su jefe para intervenir la línea telefónica. Poco después, Doyle y sus hombres siguen al dueño de la confitería, Bocca, que les conduce hasta Nicoly y Charnier, dos franceses que acaban de llegar a Estados Unidos.




Mi asesor en materia cinematográfica me hablaba el otro día de la importancia del cine de Hóllywood en los años 70; me comentaba que en la prehistoria del movimiento habido en Hollywood en dicha década estaban películas como "El Graduado" y "Bonnie and Clyde", que venían a anticipar lo que sería este cine, según mi amigo hoy infravalorado, es decir la lucha contra el monopolio de los grandes productores y el intento de lograr también en Norteamérica un cine "de autor"; me citaba tres nombres como los grandes gurús de esos tiempos: Francis Ford Cóppola, Peter Bogdanovich y William Friedkin. Esta conversación me llevó a decidir ver, por segunda vez, la gran obra del último de los citados: "The French Connection", la película que resultó triunfadora en la Gala de los Oscar de 1971, consiguiendo cinco estatuillas, entre ellas el de la mejor película y el del mejor director, algo que tiene su mérito si tenemos en cuenta que tuvo que luchar con films como "la naranja mecánica", "Nicolas y Alejandras" y "El violinista en el tejado" y con nombres del nivel de Peter Bogdanovih y Satnley Kubrick.

La primera vez que vi "French Connection" fue bastantes años después de su estreno, aunque recuerdo que lo hice en una tele en blanco y negro, lo que hace que esta segunda visión tuviera su novedad. Pienso que es de esas películas en las que se nota algo el paso del tiempo, lo que no significa decepción, sino que te das cuenta que hay puntos que quedan anticuados, cosa que no me ha pasado en films bastante anteriores como "Cayo Largo" o "Cara de Ángel". De cualquier manera, hay ritmo trepidante, personajes bien creados y tema de evidente interés. Cabe añadir una trama que escapa a los tópicos de pelis de buenos y malos y unas cuantas escenas inolvidables, sobre todo la persecución de Gene Hackman a Fernando Rey en el Metro.

Si alguien me preguntara qué me gustó más de esta película, no tendría ninguna duda de que mi respuesta hablaría del trabajo de Gene Hackman, que recibió por el mismo la estatuilla al mejor actor -el cuarto y el quinto Oscar lo fueron al mejor guión adaptado y al mejor montaje-, que bordó su personaje de "Popeye" Doyle, tanto que ha quedado identificado con el mismo de por vida. Doyle es el típico poli perdedor Hackman se mete en el papel hasta hacerlo propio. También está a la altura Roy Scheider, en su papel de "poli bueno", habiendo merecido la nominación al Oscar al mejor secundario; a Scheider, que falleció hace dos años, también será recordado como el valiente Jefe de Policía de "Tiburón" (1975) y el comprometido agente federal que mete en un lío tremendo a su hermano Dustin Hoffman. También brilla el español Fernando Rey como mafioso francés, aunque yo lo veo poco natural en su papel, mientras Toni Lo Bianco cumple como italiano chulo y mafioso.

No cabe duda que los años 70 componen una época bien interesante de la historia del cine, y tras "French Connection" habrá que seguir desempolvando películas que nos traerán nombres, recuerdos, nostalgias, ... "¿Qué me pasa doctor", "Taxi Driver", "El Padrino", "Perros de paja", "El golpe", "Chinatown", "Todos los hombres del presidente", ...





3 de marzo de 2010

Unas cuantas novelas de intriga



A lo largo de los últimos meses, más o menos desde septiembre, he ido intercalando en mis lecturas habituales algunas novelas policíacas, de esas a las que uno acude para momentos en que necesita más entretenerse que pensar. Aprovecho un hueco de ideas para hacer una valoración, como siempre absolutamente subjetiva, de cuatro de ellas.














"Inmoral"
Brian Freeman
Ediciones B. Barcelona (2007)
420 páginas




El teniente Jonathan Stride está sufriendo un desagradable episodio de "déjà vu". Por segunda vez en un año, una guapa adolescente ha desaparecido de las calles de Duluth, una pequeña y apacible ciudad a orillas de un lago. Las víctimas no pueden ser más diferentes; primero fue la dulce Kerry McGrath y ahora se trata de Rachel Deese, una chica problemática y seductora. Los medios presionan a Stride para que capture a lo que consideran un asesino en serie, pero él, atormentado por la pérdida de su mujer y por su incapacidad para resolver el caso de Kerry, no cree que la solución sea tan sencilla. De hecho, según va desvelando los entresijos del caso de Rachel, advierte que se trata de algo mucho más complejo y maléfico.


Había oído hablar muy bien de Brian Freeman y no me ha decepcionado, en absoluto. Está a la altura de los grandes escritores USA del thriller policíaco: Coben, Crais, Connelly, ... incluso en su tratamiento del juicio que tiene lugar en el ecuador de la novela he encontrado ciertos aires del Grisham de "Tiempo de matar" o de "El Jurado". Cuando se trata del género policíaco hay que pedir dos cosas: que esté bien escrito, que no sea un pastiche y que te mantenga la atención de principio a fin, e "Inmoral" cumple con creces ambas exigencias.

Se trata, por otra parte, de una novela con personaje fijo; en concreto es la primera entrega del inspector Jonathan Stride de Duluth, una pequeña localidad situada al norte de Minnesota. El libro tiene la virtud de no limitarse a narrar un episodio de intriga, sino que entra en la psicología de los personajes y nos cuenta su vida, sus preocupaciones y sus pequeños y grandes dramas.

Me ha llamado la atención en "Inmoral" el desarrollo de la trama, pues no se trata, como en tantas ocasiones, de un argumento lineal, con crimen, investigación y desenlace, sino que a lo largo de las más de 400 páginas del libro no solamente se complica el nudo del asunto, sino que se van acumulando nuevos sucesos e intercalando investigaciones, con aparición de otros personajes. Conseguir hilvanar una obra literaria de este modo tiene su mérito y es algo que debemos reconocer a Freeman.













"En las redes del pasado"
Thomas H. Cook
Ediciones Urano. Barcelona (2008)
248 páginas


Han pasado veinticinco años desde que Roy Slater abandonara el condado de Kingdom. Veinticinco años desde que su hermano Archie asesinara a los padres de la chica con la que salía para acabar ahorcándose en la celda en la que esperaba juicio.

Ahora, la noticia de que su padre sufre un cáncer terminal lleva a Roy a volver a casa. A reencontrarse con su amigo Lonnie, hijo del temible sheriff Wallace Porterfield, y sobre todo con Lila Cutler, su gran amor de juventud.

Pero el hallazgo de un cadáver en las colinas amenaza con reabrir viejas heridas. Y Roy no tardará en descubrir que en Kingdom las deudas de sangre no caducan y que alguien debe pagar por ellas tarde o temprano.


Ya he contado en ocasiones que hay libros que me llaman la atención con la simple visión de la carátula y lectura del argumento; evidentemente, con tan simple bagaje corro el riesgo de equivocarme, algo que en ocasiones ha ocurrido, pero tiene la contrapartida de hacer buenos descubrimientos, como ha sido el caso de Thomas H. Cook, un hombre que nos habla de aventuras de zonas de los Estados Unidos, que nos mete en un ambiente mucho más primitivo y menos sofisticado que el que observamos en las novelas que nos transportan a Manhattan, Washington o Los Angeles. Como bien dice la publicidad del libro, éste se convierte en "un thriller de carreteras polvorientas y personajes memorables".

Cook nos muestra unos personajes muy bien dibujados, con una psicología interior que describe con acierto, y que, como se puede entender con el título de la obra, están condicionados por trágicos acontecimientos del pasado. Por otra parte, el ambiente sórdido y primario de los lugares y de las gentes que allí viven ha supuesto un incentivo y una novedad para mi lectura. La poca extensión de la novela ayuda también a leerla con agrado.















"Una muerte sencilla"
Peter James
Roca Editorial. Barcelona (2006)
472 páginas


Primera novela de la serie de misterio del detective Roy Grace, un hombre atormentado por el recuerdo de su mujer muerta. Grace recibe una llamada de auxilio de Ashley Harper, una joven que, tres días antes de su boda, no sabe dónde está su prometido. Para colmo, algunos amigos de éste han aparecido muertos. Algo extraño ha sucedido durante la despedida de soltero, pero la única persona que sabe algo no tiene intención de hablar… al menos de momento. Quizá encuentre alguna razón para explicar lo que sabe, un motivo que nadie imagina; ya se sabe que la desgracia para uno es la fortuna para otro.

Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza leer un libro de Peter James; tengo en buena consideración a los escritores británicos dedicados a la novela policíaca y me atraía el hecho de que este autor hiciera lo que se llama novelas de personaje: el protagonista lo es también de unas cuantas más.

En este caso, el personaje principal es el inspector Roy Grace, y "Una muerte sencilla" la primera entrega de esta saga. Grace responde al tipo de detective inquieto, con un pasado no exento de misterio que le dota de un cierto halo especial. Junto a Gray van desfilando unos cuantos miembros de la policía inglesa.

Comencé el libro con ilusión y en sus primeros capítulos la cosa iba bien y mi atención estaba captada; el argumento era introducido habilmente, además de estar dotado de cierta originalidad. Pero conforme avanzaba la lectura topé con dos problemas que redujeron ese inicial entusiasmo: el autor complica demasiado la trama con unos rodeos que posiblemente sean innecesarios y el libro comienza a hacerse demasiado largo: casi 500 páginas pueden convertirse en muchas para una novela de intriga y se corre el riesgo de hacerla perder "chispa".

Peter James, que ya había escrito con anterioridad a éste un libro titulado "Posesión", recurre con frecuencia a temas escatológicos y en esta ocasión incluye la presencia de una "medium", algo que, en mi modesta opinión, quita credibilidad a lo que se nos cuenta. En definitiva, la primera entrega del inspector Grace ha sido fallida, ya veremos si hay otra oportunidad.















"El último cliente"
Jacinto Rey
Viceversa. Barcelona (2009)
250 páginas



Una madrugada, una mujer aparece ahorcada en una barcaza en un canal de Ámsterdam. Todo apunta a que se trata de un suicidio. La inspectora Cristina Molen, de la brigada criminal de la ciudad, se hace cargo del caso. Esa misma mañana se descubre el cadáver de una prostituta en una sórdida habitación de hotel. La inspectora intuye que ambas muertes están relacionadas, y que en este caso nada ni nadie es lo que parece.

Jacinto Rey era un nombre nuevo en el panorama de la literatura negra española y sentí curiosidad por valorar su primer libro en el género; me habían gustado mucho los dos anteriores "debutantes" nacionales que habían pasado por mis manos, Domingo Villar y Rosa Ribas, y aunque creo que no está a la altura de éstos su libro me pareció una aceptable novela de intriga. Aunque Rey es español, está afincado en Francia y desarrolla la trama novelesca en Amsterdam, donde trabaja su personaje protagonista la inspectora Cristina Molen.

"El último cliente" tiene, desde mi punto de vista, dos virtudes notorias: es una novela ágil, que lees con interés y sigues sin complicaciones, con unos diálogos directos y rotundos a la vez que nos presenta una buena galería de personajes bien descritos que, sin duda, enriquecen el libro. Por el contrario, cabe hablar de una excesiva austeridad narrativa: no hay grandes descripciones ni recursos literarios destinados a adornar la obra, a lo que cabe añadir que el hecho de haber ambientado en Amsterdam el argumento no se aprovecha para darnos una idea del ambiente y peculiaridades de la capital holandesa.


2 de marzo de 2010

Benjamin Franklin en plan "profundo"



"La cerveza es la prueba de que Dios nos ama y desea nuestra felicidad."

(Benjamin Franklin)

Benjamin Franklin, que nació en Boston y murió en Pensylvania, ha pasado a la historia tanto por su condición de partícipe en la independencia de los Estados Unidos y posterior Presidente de dicho país, como por ser un científico e inventor de solvencia: a él se deben, al parecer, inventos como el pararrayos, las lentes bifocales, un humidificador para estufas y chimeneas; uno de los primeros catéteres urinarios flexibles, y el cuentakilómetros.

Pero no traigo a tan ilustre personaje para hablar ni de política ni de ciencia, sino para hacerme eco de una frase que leí ayer en un diario de tirada nacional y que no pude evitar hacer mía. Es posible que alguno la tome como una frivolidad, yo pienso que no lo es, incluso que, puestos a pensar, se le puede encontrar al comentario más profundidad de la que aparenta. Ya en su día dediqué un post a cantar las excelencias de cerveza bien tirada, por lo que casi tengo la tentación de limitarme a dejar la frase y que cada cual la interprete, y si así lo desea, opine como quiera. Porque a mí se me ocurren muchas cosas a partir de lo que decía Franklin, tantas que es una pena que ya haya sido el desayuno de oración de su último sucesor, pues le podríamos haber dado ideas.

Este pensamiento cada cual se lo puede tomar como le plazca, y es que tras leerlo nos puede venir a la cabeza tanto la bondad de Dios como la de la cerveza, aunque posiblemente ambas cosas acaben siendo lo mismo. Estoy seguro de que hay razones más profundas para justificar el amor que Dios nos tiene y para encontrar los motivos de nuestra felicidad, pero una buena cerveza, en compañía de tus amigos, en un ambiente de paz y tranquilidad puede llegar a ser un anticipo del cielo, ¿por qué no? ... y donde pone cerveza, cada cual puede colocar lo que quiera: la brisa del mar, un besugo al Orio, una puesta de sol o la visión de un valle del Pirineo, los Alpes o la Patagonia.

Recuerdo que alguien a quien conocí hace bastantes años, ante aquellos hechos que le parecían poco edificantes, decía, con una especie de sano cinismo, "menos mal que Dios es una buena persona"; no se porqué razón he puesto esta frase en conexión con la del viejo forjador de los Estados Unidos, y me ha servido de consuelo y esperanza. Porque en el fondo, quienes somos tan humanos que nos sentimos incapaces de calibrar la naturaleza de Dios, lo acabamos midiendo con criterios humanos, y aunque ya se que éstos no le son aplicables "strictu sensu", si al fin y al cabo resulta que es "buena gente", uno acaba confiando que en su momento no será duro en exceso con él.


1 de marzo de 2010

"While My Guitar Gently Weeps", George Harrison (1968)



Esta magnífica canción compuesta por George Harrison se traduce a nuestro idioma como "Mientras mi guitarra llora suavemente" y es una balada rock incluida en el Álbum blanco de "The Beatles". La misma ocupa el puesto 135 en la "Lista de Rolling Stone" de las 500 mejores canciones de todos los tiempos y el numero 42 en la de los 100 mejores solos de guitarra. Harrison se inspiró en la filosofía oriental para componer el tema; al parecer, guiado por la idea oriental de relativismo y estando en la casa de sus padres en el norte de Inglaterra, Harrison decidió escribir una canción con las primeras palabras que viera al abrir un libro al azar, éstas fueron "Gently weeps", con las que inició su canción.

Se dice que los Beatles no quedaron en exceso entusiasmados con la canción compuesta por George, lo que llevó a éste a invitar a Eric Clapton para que tocara la guitarra en la canción de entrada Clapton Aunque dudó ("Nadie toca con The Beatles"),pero Harrison logró convencerlo. No cabe duda de que la guitarra de Clapton lloró suavemente y con una maestría reservada a los elegidos; como reservada también a los mejores es la capacidad de componer canciones tan bellas como ésta.

Traigo aquí una versión cantada en solitario por George Harrison, uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, que tras la disolución del grupo de Liverpool continuó una carrera musical individual de un enorme prestigio y que falleció el 29 de noviembre de 2001 tras una dura lucha contra el cáncer.