6 de enero de 2009

El espíritu de Roosevelt













En los años 30, tras el crack de 1929, el presidente electo de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt junto a la búsqueda de la revitalización económica con el célebre "new deal", el conjunto de medidas económicas puestas en marcha para actuar de forma enérgica sobre lo que se consideraban las causas de la grave crisis económica, propulsó un mensaje que animaba a enfrentarse a la vida con planteamientos positivos.

Posiblemente, quien mejor supo reflejar ese espíritu de recuperación de una nación con el ánimo maltrecho fue Frank Capra; las películas del director de origen italiano suponen un soplo de aire fresco y, a pesar del blanco y negro, de los doblajes estereotipados, han pervivido hasta nuestros días con una visión de la vida y de las personas que no deberíamos dejar que quedara en el olvido.


La película que consagró a Capra y le llevó a la gloria con el Oscar de Hollywood fue "Sucedió una noche"; cuentan que Capra tuvo mil trabas para rodar el film, que Claudette Colbert convirtió el rodaje en un cúmulo de complicaciones; afortunadamente acertó a superar los problemas y fue capaz de llevar a buen puerto un rodaje que terminó en una película maravillosa. La manida historia de la rica y caprichosa heredera que conoce a un guapo truhán es magníficamente llevada a buen puerto a través de unos espléndidos Clark Gable y Claudette Colbert. El viaje en autobús hacia Nueva York, las estancias de la pareja en diversos moteles, con el recurso a las "murallas de Jericó", su aventura a través del bosque y la confusión final que lleva al desenlace componen una película sencillamente deliciosa.










La otra película mítica de Capra fue "Qué bello es vivir", todo un canto a la esperanza y el sentido positivo de la vida. El pueblo de Bedford Falls, la historia de George Bailey y la presencia de un ángel de segunda clase buscando reivindicarse configuran una película inolvidable. James Stewart, Donna Reed y Lyonel Barrymoore encabezan un reparto que lo hace formidablemente.sin olvidar el espléndido papel de Henry Travers encarnando al angel venido a menos. El crack estaba lejano, había habido una Guerra Mundial y Roosevelt había fallecido, pero ese espíritu seguía reflejado en el mensaje navideño de "Qué bello es vivir".













Hay otras películas destacadas de Capra: "Vive como quieras", "Juan Nadie", "Horizontes perdidos", "Caballero sin espada", "El secreto de vivir" y "Arsénico por compasión", todas ellas reflejan, de una manera u otra, ese espíritu constructivo.
















El cine de hoy en día nos ofrece múltiples ofertas, desde los dramas tremendos hasta las deliciosas películas de Disey o Pixar, pasando por comedias, películas futuristas, grandes catástrofes, películas históricas o "rollos de amor", pero tal vez echemos en falta alguien que nos devuelva ese espíritu que ofreció optimismo y buenas intenciones en época de nuestros padres o abuelos.

Fotos:www.thegreatdepression.co.uk; profile.myspace.com; quebienteveo.es; www.cineralia.com; www.blogdecine.com; espacio1999.blogia.com; www.culturalianet.com; jamesstewartweb.iespana.es; www.castro-urdiales.net; www.flickr.com.

5 de enero de 2009

Santos de carne y hueso

Hace un tiempo, a raíz de la publicación del libro "Ven y se mi luz", de Brian Kolodiejchuk, se habló mucho de las dudas de fe que al parecer tuvo durante muchos años de su vida la Madre Teresa de Calcuta. La noticia dio lugar a muchos comentarios, algunos me temo que malintencionados, pues siempre habrá quien aprovecha cualquier cosa para sacar el tema de contexto y arrimar el ascua a su sardina.

A mí, que reconozco que aun habiendo hecho el propósito de leer el libro y profundizar en la cuestión no tengo datos suficientes para opinar en profundidad sobre el tema, la noticia me produjo, de entrada, consuelo. Y es que muchas veces uno da mayor crédito y admira más a los santos cuando se da cuenta que fueron de carne y hueso, cuando asoman sus debilidades, cuando compruebas que no son una figura de escayola, un ser perfecto prefabricado y de cartón piedra.

A veces parece que buscamos la seguridad absoluta, la certeza total y me temo que no es posible; la fe tiene rendijas, claroscuros, momentos de quiebra y el mérito está en saber navegar en medio de estas tormentas, buscar la ayuda necesaria, divina y humana, y asumir que ni todo tiene que verse y tocarse con las manos, ni la fe equivale a convertir en Dios a persona alguna ni vivirla significa el sometimiento inflexible a reglamento alguno, lo que no significa que no haya dogmas, que los hay, que no existan preceptos, que también los hay ni que haya que prescindir de los criterios de la autoridad competente, que por supuesto que la hay.

A lo mejor el problema de muchos es que no acaban de entender que las convicciones se mantienen muchas veces a contracorriente, que no podemos vivir la vida permanentemente "a reglamento", que hay matices, que hay vaivenes, que existen mil tonos de grises; en definitiva, que vamos marcando el paso de la vida al ritmo de un esfuerzo al que acompañan nuestros errores y nuestras limitaciones. Todos hemos escuchado alguna vez el dicho popular que afirma que "el mejor predicador es fray ejemplo", y no me cabe duda que es así, pero tampoco podemos olvidar que la virtud tiene que ser amable, que uno acaba rechazándola cuando se presenta rígida, retorcida o empalagosa; por eso, ese ejemplo no tiene que esconder ni errores ni limitaciones, porque es posible que en ocasiones aprendamos más de los fallos de los santos que de sus milagros.

En una sociedad tan complicada como la que vivimos, con tantas contradicciones y dificultades, con tan pocas certezas, los cristianos nos podemos encontrar algo desorientados, perdidos en la vorágine de circunstancias, exigencias, complicaciones y avatares que el día a día nos aporta. Por esta razón, cuando contemplo a las autoridades eclesiales ejerciendo su "imperium", que acepto y su magisterio, que asumo, pienso que cabría incluir en el contenido de ambos algo más de comprensión hacia el católico de a pié, una mayor capacidad de adaptarse a su lenguaje y cierta elasticidad a la hora de interpretar las prescripciones de la ley divina; estoy seguro de que las exigencias del Evangelio, aunque en ocasiones sean costosas, siempre son sencillas.


Fotos: www.iterativa.net; blog.laopiniondemalaga.es; ciberconta.unizar.es


4 de enero de 2009

"La estepa infinita", Esther Hautzig














"La estepa infinita"
Esther Hautzig
Salamandra, Barcelona (2008)
256 páginas



Este libro fue publicado hace casi cuarenta años y ahora se ha traducido por vez primera al castellano; se trata del relato autobiográfico de Esther Hautzig, quien narra su propia odisea y la de su familia, quienes a principios de la Segunda Guerra Mundial fueron deportados a Siberia, donde permanecieron cinco años.

"La estepa infinita" me ha supuesto una lectura deliciosa; la historia de la familia de Esther, gente acomodada que es sacada brutalmente de Vilna y llevados en vagones de ganado a Siberia con la única culpa de "ser capitalistas", es dramática, pero la propia Esther la relata con una sencillez y una visión optimista que te cautivan y te hacen pensar. La contraportada habla de la fuerza y el ingenio como las claves para explicar que todos sobrevivieran al destierro, pero leyendo el libro encuentras, además, unas virtudes sólidas, propias de una excelente educación, y un diálogo interior rico, en el que se encuentra Dios –quizás su propio Dios–, con el que comparte los momentos agradables y los momentos terribles.

La autora va relatando, con los ojos de una sorprendida niña de diez años que hasta entonces solamente había tenido comodidades, los distintos aconteceres que le van sucediendo desde su partida de Vilna hasta su llegada a Rubstovsk, la pequeña población de Siberia donde se enfrenta con una realidad radicalmente distinta. Poco a poco, el miedo, la desolación y la angustia dan paso a la superación y a la búsqueda de la manera de sobrevivir en medio de las privaciones y la hostilidad. A partir de ahí, la novela se convierte en un relato amable, no exento de momentos duros, pero completamente oxigenante.

Al final del relato, cuando ya se termina el largo exilio de Esther, ésta recoge unas palabras que resumen muy bien el mensaje del libro: “Bueno, me encantaba mi colegio. Y mis profesores. Y mis amigos. Y creo que en el fondo de mí había algo más: el grato orgullo de que aquella niña rica de Vilna hubiera sido capaz de soportar la pobreza como cualquier persona”.

Hay libros que son imprescindibles de leer -tal vez quepan en los dedos de una mano-, otros son entretenidos, algunos interesantes y otros completamente prescindibles. Sería un exceso incluir "La estepa infinita" en los primeros, pero cabría incluir una nueva categoría de libros: los convenientes, en la que no dudo en incluir éste.

Fotos: www.diariodirecto.com/libros; www.harpercollins.com

Empate frustrante










Albacete Balompié 1 Real Zaragoza 1





He decidido que mi pequeña crónica de hoy venga presidida por esta foto de Marcelino, el mister zaragocista, quien con la capucha puesta ante la lluvia que cayó fuerte durante buena parte del partido pone la misma cara que se nos quedó anoche a todos los zaragocistas al comprobar como el equipo acababa embolsándose un mísero punto cuando por dominio, superioridad y ocasiones debía haber regresado a Zaragoza con una victoria contundente y el liderato en el bolsillo.



Pero que nadie se llame a engaño, el haber perdido a última hora dos puntos no cabe imputarlo ni a la desgracia ni a la mala suerte, sino a unos errores imperdonables en quien aspira a regresar a primera y aparenta ser el mejor conjunto de la categoría. Nos alegra que Marcelino reconozca ser consciente de esa flojedad atacante que el equipo viene acreditando cada quince días en sus partidos a domicilio: con jugadores como Ewerthon y Oliveira parece increíble -e imperdonable- que un equipo que se adelanta en el marcador y se muestra infinitamente superior a su rival no acabe reventando el partido: ayer, en la segunda parte, se fallaron ocasiones increíbles. Por otra parte, el penalti de Chus Herrero fue tan claro como innecesario e infantil; habrá que ir pensando en las razones por las que al Zaragoza se le han pitado ya seis penaltis: todos ellos han sido tan claros como absurdos y ya nos han costado puntos importantísimos (Girona, Huesca, Albacete).



Ahora bien, la tremenda desilusión de anoche no puede hacernos olvidar una serie de conclusiones positivas, pues hubo bastantes. En primer lugar, el primer tiempo del partido de Albacete mostró la mejor imagen que recuerdo al Zaragoza fuera de casa en mucho tiempo: se dominó, se presionó y se mostró una superioridad insultante. En el segundo tiempo no creo que haya que achacar nada al Zaragoza, pues es lógico que el Albacete se estirara, simplemente acabó pagando el desacierto de sus puntas.

En mi opinión, la mejoría del equipo tiene algo que ver con la actuación de David Generelo; se trata de un jugador perseguido por las lesiones y por la leyenda, más o menos justificada, de que no ha acabado de explotar. Desde su regreso a la titularidad frente al Alicante, intuyo que el extremeño puede encontrar en este año en segunda la ocasión de reivindicarse, al igual que o han hecho, por ejemplo, Gabi, López Vallejo y Ewerthon. Otros dos nombres propios fueron los de Braulio y Raúl Goni, el canario porque puso fin a una sequía goleadora que nos preocupaba a todos y el canterano porque demostró que el central con futuro que tanto buscaban los técnicos lo teníamos en casa. Mención también para Songó, que salió por vez primera como titular y acreditó buenas maneras: si se serena un poco puede ser de mucha utilidad para la segunda vuelta.















Las conclusiones que se pueden sacar tras este resultado son varias; si vemos la botella medio vacía habrá que decir que el Zaragoza no aprende, que sigue teniendo fallos infantiles que cuestan puntos importantes y que no acaba de despegarse en una liga donde sigue habiendo demasiados equipos muy cerca; si dicha botella la miramos medio llena, podremos afirmar que también es cierto que ayer jugó casi siempre muy bien, que se ve a un equipo que crece, que hay nuevos jugadores aprovechables y que, pase lo que pase esta tarde, seguiremos en ascenso.

El próximo sábado hay partido importantísimo; viene un Salamanca que, con permiso del Hércules, sigue de líder y tiene en sus filas excelentes jugadores, con el veterano Quique Martín como estrella indiscutible y con otros jugadores destacados como los centrales Sergio Pelegrín y Catalán, Jorge Alonso, Dañobeitia y Ze Tó. Hay que ganar como sea, porque puede ser un partido cuyo resultado marque el devenir del equipo.






3 de enero de 2009

En el bar de la Estación de Autobuses de Zaragoza



Ayer, tras una agotadora tarde de compras en Zaragoza, me dirigí a la Estación de Delicias para coger el bus de las 21.00 horas que me devolvería a Huesca. Los que somos peatones tenemos ya muy estudiado esto de viajar en medios públicos, y la nueva Estación de Delicias, pasado el "shock" que supuso el abandono de las antiguas y tercermundistas sedes de Agreda, Juan Pablo Bonet, General Sueiro, etc, ya no tiene secretos para nosotros.

Como llevaba todo el día aguantando con un pincho de tortilla al que nos habían invitado tres compañeras que cesaban ese día por traslado a Zaragoza -excelente el "Bar Candanchú" del Coso oscense- acudí hambriento al bar de la Estación para satisfacer esas elementales necesidades y me zampé un bocadillo de bacon con queso. El establecimiento en cuestión no es precisamente un bar sofisticado: es funcional y bastante feo, y si me pidieran una definición global, lo etiquetaría de "cutrecillo". Por eso, cuando nos encontramos un local de estas características dotado de nulo encanto externo, se convierte en elemento esencial la calidad de la atención al cliente, algo que está en manos de los camareros y camareras, cosa que hasta hace pocas fechas no era, ni mucho menos, grato al público.

Pero desde hace pocos meses, al menos en el horario de tarde, la barra es atendida por dos chicas jóvenes que han aportado el "glamour" de la simpatía y la buena disposición, de tal manera que acudir a tomar un café, una caña o un bocata mientras esperas la salida de tu autocar se ha convertido, ipso facto, en algo apetecible, más allá de la bondad del producto que acabas consumiendo.

Ayer, en concreto, fui atendido por una alta y guapísima chica rubia -responde al nombre de María José- que me recitó la lista de bocadillos que estaban a disposición de los clientes sin que pareciera que la estaban sacando una muela, la había obligado con una pistola o le había preguntado la lista de los reyes godos. Aunque lo que me conmovió y me acabó decidiendo a ponerlo por escrito en la red, fue la conversación que la tal María José mantenía con un cliente, de color chocolate y acento caribeño, sobre un viaje que ella había realizado, no conseguí averiguar cuando ni con que ocasión, a algunas islas del Caribe.

La chica estaba emocionada con lo que había visto -como es lógico, por otra parte- y se le notaba encantada de poder compartir alabanzas al clima, los escenarios y las gentes de esos lugares con un, al parecer, originario de los mismos: y aquí la primera razón para contemplar encantado la escena, el comprobar la ilusión de una persona es compartir con otra sus alegrías, a la vez que le pone por las nubes lo suyo.

La camarera, mientras limpiaba unos vasos con el arte propio del oficio, enumeraba las visitas a distintas islas, a la vez que manifestaba, con esa cierta exageración que todos ponemos en estas ocasiones, las tentaciones que tuvo de buscar cualquier ocupación allí y quedarse para siempre en esos paradisiacos lugares. Y aquí una segunda moraleja, el que la felicidad se encuentra muchas veces sin que tenga que ir acompañada del progreso técnico o económico.

En un momento determinado la chica habló de su visita a una pequeña iglesia donde se veneraba la imagen de una Virgen a la que se tiene gran devoción en la zona; ambos, camarera y cliente, comentaron con contundente naturalidad la fe de los lugareños y los milagros que la tradición atribuye a la citada imagen; y aquí viene la tercera lección, la de escuchar hablar de lo trascendente a la gente sencilla, algo que al final puede resultar más grato y enriquecedor que, pongamos por ejemplo, los visones de Santa Engracia.

Muchas veces, uno encuentra los momentos más gratos donde menos los espera; los diez o doce minutos que tardé en devorar un bocadillo con demasiado colesterol y una Coca-Cola light -para compensar- se convirtieron en un rato delicioso gracias a la sencillez -yo aseguraría que la bondad- de una joven camarera de estación y un negrito zumbón.

La chica era francamente guapa, pero que conste que si no hubiera sido así también hubiera abierto esta entrada. Y, ya lo dije, se llamaba María José, como una persona que hoy me ha dado una gran noticia: que todo prospere bien, amiga.



1 de enero de 2009

Mary Hopkin "Qué tiempo tan féliz"



Mary Hopkin nació en Gales en 1950 y fue promocionada en el mundo de la canción por Paul MaCartney. "Those were the days" tuvo un éxito arrollador allá por el año 1968, desbancando del número 1 de los Hit parade ingleses al mítico "Hey Jude " de los Beatles. Se trataba un disco producido por el sello "Apple" y era una canción de raíces ucranianas escrita por Gene Raskin. En España también se vendió como rosquillas, y aún ahora, aunque de la cantante casi nadie se acuerde, es la típica canción cuya tonada le suena a todo el mundo con más de 40 años.

Hopkin representó al Reino Unido en Eurovisión en 1970, año en el que España estuvo representada por Julio Iglesias y su "Gwendolyne" y que ganó la irlandesa Dana´con "All kinds af everything"; la intérprete galesa cantó "Knock Knock, Who's There?" y quedó segunda. El año anterior había compartido con el italiano Sergio Endrigo la interpretación de un magnífico "Lontano dagli occhi" en el Festival de San Remo.

Tras estos años en el candelero, Mary Hopkin no volvió a ocupar puestos de lujo en el ranking de la música pop.



Fotos:www.palimpalem.com

"Los jardines de los muertos", William Brodrick












"Los jardines de los muertos"
William Brodrick
Alfaguara, Madrid (2008)
401 páginas

http://www.negraycriminal.com/index.php?view=ficha&idl=6576

Se trata de la segunda entrega de la serie protagonizada por el Padre Anselm, un monje que había trabajado como abogado en la Corte británica y vive ahora en un monasterio de Londres, lugar donde suele tener la ocasión de investigar determinados sucesos. No deja de resultar curioso el que dicho personaje parezca ser el "alter ego" de su creador, pues Brodrick antes de dedicarse a la literatura fue fraile agustino.

Ya había leído su primera novela, "La sexta lamentación" que me pareció excelente; ésta pienso que aún es mejor, aunque, como la otra, tenga que advertir que no es sencilla de leer. Estamos ante una literatura de calidad y no se puede encarar la lectura del libro como si fuera una novela de evasión: conviene leerla despacio, no en el AVE ni en la playa. Pienso que estamos ante una dignísima alternativa a los grandes de la intriga británica.

Una opinión tan positiva de un autor prácticamente recién aparecido puede tener sus riesgos, por lo que trataré de argumentar las razones por las que le doy a "Los jardines de los muertos" una buena nota; entiendo que son fundamentalmente tres. En primer lugar se trata de una lectura cuyo interés crece conforme avanzas en la misma; ya he dicho que no se trata de un libro fácil de leer, pero poco a poco te vas haciendo con la novela y acabas metido plenamente en ella. El autor maneja los tiempos y no solamente alterna hechos contemporáneos con otros del pasado, sino que en un mismo capítulo, incluso en una misma conversación, se mezclan unos y otros lo que exige una muy especial atención. La trama es complicada, pero está muy bien elaborada y al final todo casa perfectamente.

En segundo lugar,nos encontramos con unos personajes de carne y hueso y, especialmente, muy elaborados. No son, como en otros casos, de usar y tirar, el autor les dota por el contrario de un perfil psicológico notable. Junto al Padre Anselm destacaría a otros dos: el villano, Graham Riley, un ser marcado por una infancia desgraciada y David George Bradshaw, un hombre atormentado por los acontecimientos que ha vivido, que lo ha perdido todo y es capaz de resurgir de sus cenizas; junto a ellos se reflejan también con maestría los dramas personales de la víctima, la abogada de la Corona Elizabeth Glendinning, el hijo de ésta Nicholas, la Señora Dixon y Nancy, la sufrida mujer de Riley, sin dejar de lado la especial caracterización del procurador Wycliffe y la sombra permanente de un personaje perturbador a quien llaman "el pastelero" y que hasta el final no se llega a saber si existió realmente o no.

La tercera razón por la que aconsejo vivamente la lectura del libro es que no estamos ante una simple novela de intriga, pues el autor profundiza y mucho sobre los temas que trata. Así, el padre Anselm no deja de cuestionarse sobre las motivaciones últimas del hombre para cometer un crimen o las débiles fronteras por las que se mueve la libertad humana. La trama lleva a plantear cuestiones tan complejas como la justicia, la inocencia o la línea que separa el bien del mal. Fundamentalmente, Brodrick insiste en sus libros en una cuestión esencial: el conflicto personal de los hombres ante el bien y el mal y la posibilidad de redención. Sirva de ejemplo un pasaje de la novela en la que se habla de un sueño en el que un periodista se encuentra con una multitud de gente que “no pueden ir al cielo porque no hicieron nada bueno ni tampoco al infierno porque no hicieron nada malo.”

A título de curiosidad, no me resisto a comentar el fenómeno que sufrí durante la lectura de "Los jardines de los muertos": aún tratándose de una trama que se desarrolla en la época actual, con frecuencia me imaginaba los hechos que se narraban como representados en el Londres victoriano; no se si es deformación derivada por mi gusto por la literatura ambientada en esa época (Dickens, Wilkie Collins, Anne Perry, Bruce Alexander, ...) o el modo de escribir de Brodrick conduce a esa situación.

Fotos: http://www.negraycriminal.com/; homepage.ntlworld.com