31 de octubre de 2013

Menda no consigue ser dinámico


¿Qué le voy a hacer?, a veces pienso que es algo de nacimiento, otras que no he sido capaz en más de 50 años de ponerme a la altura de las exigencias de los tiempos, que me falta modernidad y espíritu emprendedor. Si me agobio mucho alcanzo esa especie de acuerdos interiores a los que recurrimos las personas para no deprimirnos ni perder la autoestima y termino pensando que son formas de ser y de actuar y que la ausencia de dinamismo no tiene porqué ser un defecto, sino que con mi estilo no hago más que aportar argumentos a ese pluralismo que oxigena y da aire fresco a una sociedad que incluso podría acabar siendo irrespirable si todos andáramos por la vida con el motor permanentemente en marcha.

Hay dinamismos que tensionan, aquellos exhibidos por los que van todo el día deprisa y corriendo, esos que piensan que un parón equivale a perder el tiempo, que llenan su agenda de asuntos pendientes, que necesitan estar haciendo cosas y si no tienen tareas se las inventan porque el descanso les produce sarpullidos. Y también hay dinamismos más teóricos, que tienen algo de pose, de exhibición, hay quienes no pueden evitar andar todo el tiempo con el pin de "ejecutivo" en la solapa, que han convertido la actividad, el espíritu de iniciativa -por supuesto privada- en dogma, que miran con desdén la calma, la burocracia y el café de media mañana.

Puestos a pensar, vete a saber si la raíz de todo es que jamas en mi vida he hecho un master, de esos que llevan siglas por apellidos, allí hubiera aprendido a mirar por encima, atribuirme capacidades para solucionar problemas ajenos y globales y recorrer la vista por los asuntos pendientes seguro de ser el único con ideas y perspectivas. Mientras tanto espero que quienes me tienen que soportar sean capaces de comprender que entre el sueño de las mañanas, el cansancio del mediodía, el sopor del tiempo de la digestión y las secuelas de todo el día no doy para tanto ... en mi próxima reencarnación ya me daré la vuelta por algún "business".

30 de octubre de 2013

Le llamaban la musa de Berlanga

El pasado viernes, 25 de octubre, falleció en Barcelona la actriz Amparo Soler Leal; contaba 80 años, andaba delicada de salud y sufrió una insuficiencia cardiaca. Fue un actriz como la copa de un pino, y sus éxitos se reiteraron tanto en el teatro como en el cine y en televisión. El arte escénico lo llevaba en la sangre, pues tanto su padre, Salvador Soler Marí como su madre, Milagros Leal, fueron actores de peso en su época. Amparo Soler Leal tuvo unos inicios exclusivamente teatrales, debutando en 1948 contando sólo con 15 años con la obra "No me mientas tanto", de Alfonso Paso. Posteriormente se incorporó a la compañía del Teatro María Guerrero y bajo dirección de Luis Escobar cosechó éxitos tales como "Historias de una casa", de Joaquín Calvo Sotelo. A lo largo de la década de los 50 ejerció una intensa actividad teatral, con éxitos como "Prisión de soledad", "Una noche de primavera sin sueño", de Enrique Jardiel Poncela, "Doña Clarines", de Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, "Verano y humo", de Tennessee Williams, "Don Juan Tenorio", de Jose Zorrilla, "El marido de la Téllez", de Jacinto Benavente, "Las mocedades del Cid", de Guillen de Castro, ... Tras pasar por las compañías de Catalina Bárcena y Ernesto Vilches, entrada ya la década de los sesenta, formó su propia compañía con la que interpretó interpretó obras de Pirandello y de Sartre.

En cine Amparo Soler Leal intervino a lo largo de casi cuarenta años en muchas de las películas más representativas del cine español, algo que acredita su calidad y versatilidad filmográfica. Se dice que fue la musa de Luis García Berlanga, y de hecho ya participó, aunque fuera en un papel secundario, en "Plácido" (1961), una de los primeros éxitos del director valenciano y en "Tamaño natural" (1973), "La vaquilla" (1985), "Todos a la cárcel" (1993) y "París Tombuctú" (1999), pero su vinculación con Berlanga tuvo su indiscutible zenit en la célebre "trilogía nacional" -"La escopeta nacional" (1977), "patrimonio Nacional" (1980) y "Nacional III" (1982), interpretando el papel de "Chus", maltratada esposa de José Luis López Vázquez, el hilarante heredero del Marques de Leguineche, apareciendo con su inolvidable parche en el ojo ocasionado por un supuestamente errado disparo de su marido en una de esas cacerías pseudo-políticas y pseudo-negociantes. Antes de "Plácido" había sido protagonista con José María Forqué de director en "Usted puede ser un asesino" (1961), junto a Alberto Closas, López Vázquez y Julia Gutiérrez Caba, mientras que al año siguiente fue la madre generosa de "La gran familia" (1962), de Fernando Palacios, junto a Alberto Closas y Pepe Isbert, inolvidable buscando a Chencho. Tras un fugaz paso por el cine comercial, de nuevo con Forqué, en "Las que tienen que servir" (1967), tiene papeles protagonistas en películas de la trascendencia de "El bosque del lobo" (1971), de Pedro Olea, "La adúltera" (1975) de Roberto Bodegas, "Retrato de familia" (1976), de Antonio Giménez Rico, "El crimen de Cuenca" (1980), de Pilar Miró, "Bearn o la sala de muñecas" (1982), con la que obtuvo varios premios y "Las bicicletas son para el verano" (1983), de Jaime Chávarri, sin olvidar papeles secundarios en "El discreto encanto de la burguesía" (1972), de Luis Buñuel, "El amor del Capitán Brando" (1973), de Jaime de Armiñán, "Gary Cooper, que estás en los cielos" (1980), de Pilar Miró y "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" (1984), de Pedro Almodóvar. Creo que es un elenco que demuestra la valía de la actriz fallecida para el trabajo cinematográfico.

Mis recuerdos televisivos de Amparo Soler Leal se centran en una serie de Armiñán de mediados los años 70 llamada "Tres eran tres", con un estribillo inolvidable: "Tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres y ninguna era buena: Julia, Paloma y Elena, rubia castaña y morena ..."; Amparo Soler Leal encarnaba a Elena y sus dos hermanas era interpretadas por Julieta Serrano -Paloma- y Emma Cohen -Julia-, tenían una criada cuyo papel corría a cargo, ¡cómo no! de Lola Gaos en un reparto que completaban Charo López, José Vivó, Yolanda Ríos y Joaquín Roa, el entrañable cerillero de "El último café", habiendo hecho algunas colaboraciones, como las series "El Olivar de Atocha" (1988) para TVE, "Querido Maestro" (1996-1998) para Telecinco, y "Condenadas a entenderse" (1999) para Antena 3.

Amparo Soler Leal estuvo casada con Adolfo Marsillach, un matrimonio fallido que duró poco y terminó en nulidad; posteriormente contrajo matrimonio con iotro hombre del cine, Alfredo Matas. Descanse en paz.

29 de octubre de 2013

El dilema de Diego Costa


Diego Costa es un futbolista brasileño que triunfa desde hace un par de años en el Atlético de Madrid, sin duda uno de los equipos más en alza de nuestro fútbol, posiblemente junto con el Barça y el Real Madrid -a pesar de sus "cuitas"- el único capaz de lucir con mínima brillantez por Europa. Pero la carrera de este ariete goleador en España no ha sido nada fácil, incluso hubo algún momento en que daba la impresión que iba a terminar siendo uno de tantos fichajes esperanzadores que se quedaban en agua de borrajas. Costa, que nació hace 25 años en una localidad brasileña con la curiosa denominación de Lagarto, llegó a orillas del Manzanares siendo un chaval de 18 años y procedente del Sporting de Braga portugués, viviendo en sus tres primeras temporadas un carrusel de cesiones: Celta de Vigo -30 partidos/5 goles-, Albacete -35/10- y Valladolid -34/8-, debutando con los rojiblancos la temporada 2010-11 -28/6- y siendo cedido al Rayo Vallecano mediada la siguiente -16/10-. Cuando parecía que el equipo que dirige el peculiar Enrique Cerezo -aseguran que sabe mucho de cine y poco de fútbol- le iba a traspasar definitivamente, el "Cholo" Simeone apostó por él y realizó una excelente campaña con los colchoneros, marcando 10 goles en Liga, 8 en la Copa -entre ellos el primero de la final ganada a los merengues- y 2 de la Liga Europea.

Costa, un ariete fornido, rápido y valiente, no es un hombre fácil, pues se trata del típico jugador con tendencia a la "bronca", que no se resigna a las tarascadas y provocaciones de los defensas rivales y con notable facilidad para discutir con el árbitro de turno. A eso cabe añadir que en el verano de 2011 se rompió el ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla derecha, debiendo permanecer de baja durante seis meses. El camino de Diego Costa para triunfar ha estado, por lo tanto, trillado de obstáculos: una lesión gravísima, un carácter complicado y una condición de extracomunitario que cierra con frecuencia el paso a jugadores de valor en los equipos grandes, pues éstos tienden a encapricharse de demasiados jugadores caros con pasaporte extranjero.

Ahora Diego Costa, una vez acreditada su valía y con un explosivo comienzo de campeonato -lleva 12 goles entre liga y liga de campeones-, ha saltado a las portadas de la prensa deportiva nacional -ansiosa como siempre de novedades llamativas- al plantearse la posibilidad de que, una vez obtenida la doble nacionalidad, pudiera renunciar a la selección brasileña y vestirse la zamarra roja de la española. Desde un planteamiento puramente deportivo, no cabe duda de que el brasileño sumaría bastante a las prestaciones del ataque del grupo que dirige Vicente del Bosque, pues aunque Negredo siempre cumple, Villa, actual compañero suyo en el Atlético, sigue siendo un valor y Soldado, jugador antipático donde los haya, es buena alternativa, Diego Costa aportaría agresividad y olfato goleador. Pero tal vez sea momento de plantearse que el fútbol sea algo más que meros intereses resultadistas, y considerar si nos interesa tener en la punta de ataque de la selección a un personaje con tendencia al conflicto y los malos modos, además uno no puede evitar reflexionar sobre si Diego Costa se apuntaría a jugar con España por su afecto a nuestra nación, o en el fondo estaríamos "comprando" con dinero a un jugador al que no le importa ni poco ni mucho la bandera que defiende.

Por lo visto la pelota está en el alero, y día tras otro se suceden noticias que reflejan avances o retrocesos según el momento o el medio que los expone. Da la impresión de que se está aprovechando la coyuntura para vender periódicos, a la vez que surge la sospecha de si el jugador y su entorno también andan considerando eso de sacar provecho "a río revuelto".

28 de octubre de 2013

En la muerte de Manolo Escobar



El jueves falleció en Benidorm Manolo Escobar, tenía 82 años, padecía cáncer de colon y había sufrido recientemente un ictus cerebral; no deja de ser significativo que falleciera en Benidorm, pues el nombre de la popular villa alicantina no deja de tener que ver con esos felices años 60 del desarrollo, los coches utilitarios, las playas de veraneos de aluvión y el apogeo del toreo en los que encajaba también el llorado cantante almeriense. Me llamó la atención que en uno de esos foros de internet, al hablar del fallecimiento de quien fue llamado "Mister Porrompompero", una persona aseguraba que era el abuelo que todos querríamos tener ... y no es que me parezca una mala definición, entre otras cosas por ser notoriamente realizada desde el cariño y la admiración, pero me hizo pensar que los de mi generación -y "adyacentes"- nos hemos hecho mayores, pues para mí Manolo Escobar sería en todo caso equiparable a la generación de mi padre ... y es que no me cabe ninguna duda que he vivido la época de mayor gloria del cantante, muy distinta a la actual, en la que sin perder ni un ápice de fama y afecto popular, me parece que andaba ya en la nómina de los artistas de otro momento, lo que en tiempos se llamaba "mundo camp".

Manolo Escobar nació en la localidad almeriense de El Egido en 1931 y desde niño tuvo una afición y un don especiales para la música. Su padre era campesino, aunque por lo que se ve era hombre audaz y emprendedor y pronto se dedicó a montar diversos negocios, entre otros un cine en el que sus hijos intervenían en los descansos de las películas. Escobar formó parte de esa Andalucía que emigró a Cataluña y hasta llegar a la cumbre tuvo que sudar tinta, viviendo en habitaciones del barrio chino y trabajando en oficios tan variados como los de metalúrgico, ebanista, albañil y obrero de la empresa química. Con él iban algunos de sus hermanos, como el famoso Baldomero, el líder de la familia que se dedicaba al estraperlo. Resulta inolvidable la presencia de los tres hermanos, Baldomero, Salvador y Juan Gabriel, de Escobar en sus actuaciones guitarra en mano y con sonrisas "profidén". El cantante fallecido hizo el servicio militar en la localidad marroquí de Larache, un nuevo hito de lo más típico de entonces.

El éxito de Manolo Escobar comienza con los inicios de la década de los 60, convirtiéndose en un auténtico fenómeno de masas. Mis primeros conocimientos de la existencia del cantante se remontan a los programas musicales del sábado por la noche, en los que el cantante almeriense aparecía siempre como estrella invitada, al mismo nivel que ídolos del momento como Raphael, Paquita Rico, Juanita Reina o Massiel. Escobar cantaba bien, su repertorio estaba lleno de canciones típicamente españolas, de esas que en la época gustaban a una mayoría de gente, y su carácter sencillo, amable y cercano facilitaba aún más, si cabe, su éxito. Posiblemente sea el "Porrompompero" su primer éxito arrollador, una canción que quedó inseperablemente unida a su persona, aunque es recuerdo que desde la primera evz que le vi en la tele siempre cantaba "Madrecita María del Carmen", canción dedicada a su madre y que siendo cursi y relamida no dejaba de ser todo un detalle. "Mi carro" fue otro de sus discos de oro -consiguió muchísimos- y en el verano de 1973 recuerdo perfectamente recorrer Salou al ritmo del "Viva España", un auténtico bombazo que se extendió por todo el mapa europeo. No nos podemos olvidar de "La minifalda", con una letra realmente significativa y que hoy día vete a saber si alguien la habría censurado por machista ... cualquiera sabe!!. Otros temas inmortales fueron "Soy un hombre del campo", "Que viva el vino y las mujeres" -toda una filosofía de la vida-, "Chiquilla", "¡Ay Caridad!", "La morena de mi copla", "¡Qué guapa estás!", "Almería", ...

En el cine Manolo Escobar también tuvo unas cuantas intervenciones, siendo "Los guerrilleros" (1963), de Pedro Luis Ramírez, su primera película, un film en el que también debutaron Gracita Morales y Rocío Jurado. Con Ramón Torrado protagonizó "Mi canción es para tí" (1964), "Un beso en el puerto" (1965) y "El padre Manolo" (1966), con José Luis Sáenz de Heredia, "Pero ¿en qué país vivimos" (1967), "Relaciones casi públicas" (1968) y "Juicio de faldas" (1969), las tres compartiendo estrellato con Conchita Velasco, con Mariano Ozores "En un lugar de la Manga" (1970), con reparto "espectacular": Concha Velasco, Gracita Morales, Jose Luis Lopez Vazquez y Manolo Gomez Bur, con Luis Lucía, "Entre dos amores" (1972), con Juan de Orduña "Me has hecho perder el juicio" (1973), etc, etc ... como se ve todas con títulos llenos del "ingenio" de la época y con compañeros de reparto de lo más granado del momento: a los ya citados cabe añadir Sara Lezama, Antonio Ferrandis, Rafael Aparicio, Manuel Aleixandre, Florinda Chico, Alfredo Landa, ...

Manolo Escobar se casó con una alemana, Anita Marx, la había conocido en Playa de Aro y contrajo matrimonio con ella en Colonia, cuando todavía él no hablaba alemán ni ella español; el matrimonio duró 53 años, hasta la muerte del cantante, lo que demuestra que la monogamia es buena hasta en la farándula. Ambos adoptaron a una niña a la que llamaron Vanessa y a la que el cantante dedicó su tema "Mi bella flor"; a partir de esta adopción el número de Vanessas españolas se incrementó notablemente.

Ahora a Manolo Escobar le ha llegado la hora de descansar de una vida larga y exitosa, de una carrera profesional bien llevada, desempeñada con la sonrisa en la boca y el arte en la garganta. Descanse en paz.

26 de octubre de 2013

Pensamientos en voz alta tras una huelga


El jueves hubo huelga de enseñanza en toda España; parece que si hay una persona que concentra la desaprobación de muchos, al menos en el ámbito de la educación, es el ministro Wert y si hay una ley que tiene contestación abundante es la LOMCE. No discutiré el hecho de la huelga, es un derecho reconocido, como lo es el de manifestarse; ni siquiera me considero en condiciones de poner en entredicho los motivos que se alegan, tampoco lo pretendo: incluso he descubierto entre quienes andan detrás de la organización a gente conocida de cuya sensatez y buen criterio me fío. Lo que pasa es que eso de una enseñanza 100% pública y laica no casa con mis convicciones, y si de verdad estamos en una sociedad pluralista -frecuentemente contemplo situaciones que me llevan a cuestionarmelo- cuando menos se deberían respetar estas opciones y no postular la frase como un dogma.

Ayer, desde la ventana de mi despacho, contemplé el paso de la manifestación organizada en Huesca; dicen que fueron 3000 personas, si es así no cabe duda de que quienes la montaron consiguieron una excelente asistencia. Pero, contando con que mi observatorio no era cercano y sólo abarcaba el trozo de Coso que se puede contemplar desde la unión entre la calle Moya y la plaza del Mercado, vi cosas que no solamente no me gustaron, sino que también me preocuparon bastante. Para empezar no tengo nada claro que sea lo más adecuado el empleo de niños pequeños vestidos con sus camisetas verdes, a mí me suena a manipulación y a poner a menores en donde aún no deberían estar, aunque tenga que admitir que a lo mejor mi problema es que me he quedado "anticuado". Donde estoy convencido que mi mentalidad no es precisamente caduca es en la sorpresa de haber visto a diversos manifestantes pasear banderas republicanas, "esteladas", estrellas de Mao Tze Tung y vetustas banderas rojas con la hoz y el martillo de la extinta Unión Soviética. El debate de la República puede ser muy actual, pero no pinta nada si de protestar en torno a la educación se trata, ... no digamos la espinosa cuestión del independentismo, pero si siguen apareciendo signos nostálgicos de Mao, Stalin, Breznev y compañía, uno tiende a pensar que hemos perdido el norte y que si la alternativa que se plantea tiene que ver con ideologías de esa naturaleza, y con esa historia ... estamos convirtiendo al ministro Wert en mal menor. Vamos, como si alguna "eminencia gris" hubiera ondeado una bandera del III Raich ... yo no veo excesiva diferencia.

Cuando los manifestantes alcanzaron la iglesia de San Vicente Martir, magnificamente gestionada por los padres Jesuitas, se comenzaron a escuchar gritos de "¡más educación, menos religión!", lo que no deja de sorprender, porque no creo que sean cosas incompatibles y el debate sobre la obligatoriedad de la clase de religión está bastante lejos de los problemas actuales, además de que el slogan suena a fácil recurso a meterse con el más débil. Insisto: mis respetos a quienes luchan por una enseñanza de más calidad, por la igualdad de oportunidades y porque los recortes no se ensañen con temas tan importantes y delicados, pero qué triste es optar por el odio, sacar cosas de contexto y desempolvar viejos totalitarismos.

24 de octubre de 2013

El drama de Domingo Batet

Domingo Batet Mestres era el 18 de julio de 1936 general en jefe de la VI División Orgánica de Burgos. Cuando desde África el general Franco dirigió la sublevación del ejército, Batet, que se había entrevistado un par de días antes con el general Emilio Mola, uno de los líderes del llamado alzamiento nacional y recibido la palabra de éste de que no se iba a sublevar, quiso mantener el orden constitucional y no accedió a la petición del coronel Moreno Calderón, su jefe de Estado Mayor, de ponerse al frente de la guarnición sedicente. Batet fue detenido por sus propios compañeros de armas, sometido a consejo de guerra y condenado a muerte, siendo fusilado el 18 de febrero de 1937, a pesar de las gestiones que, en su favor, llevaron a cabo algunos generales como Queipo de Llano y Cabanellas.

Con anterioridad a su último destino en Burgos, el general Batet fue capitán general de Cataluña y general en jefe de la IV División Orgánica. Durante su permanencia en esta zona se distinguió por su respeto a la autoridad civil y al régimen autonómico catalán y una llamativa prudencia al mediar en las tensiones surgidas entre algunos sectores militares y la nueva administración autonómica. El 6 de octubre de 1934, el presidente de la Generalitat Lluís Companys encabezó la insurrección de su gobierno y la decisión de proclamar la República catalana; Batet, catalán nacido en Tarragona desoyó los cantos de sirena de Companys, quien le conminó a ponerse al frente de un pretendido ejército de la Generalitat, y poniéndose a las órdenes de quien detentaba el legítimo poder, el presidente Lerroux, declaró el estado de guerra, tomó la Plaza de San Jaime y ante la violenta respuesta de los Mossos de Esquadra ordenó que se disparara contra el Palacio de la Generalitat y tras cinco horas consiguió la rendición de quienes allí se habían atrincherado.

En una y otra ocasión, Domingo Batet hizo lo que la legítima autoridad y su conciencia le dictaron, asumir su misión de hacer respetar el orden legal establecido, y en ambas ocasiones su rectitud le costó cara. En 1934 se convirtió en maldito para sus paisanos catalanes, pues cumpliendo su obligación cortó las alas del nacionalismo, que había violentado la legalidad constitucional; Batet pasó a ser como el hombre del saco para los catalanes. Casi dos años después, su fidelidad al juramento realizado en su día ya no sólo le supuso ser etiquetado por un sector, sino que le costó la vida.

Recuerdo que la primera vez que conocí la existencia y la historia del general Batet fue leyendo "Tres días de julio", un magnífico libro de Luis Romero, publicado hace más de 40 años y que relata en forma novelada lo sucedido el 18 de julio y los dos días posteriores. Imagino que la biografía y la personalidad de Batet tendrá sus claroscuros, como las de todo hombre y, en concreto, las de aquéllos que protagonizaron esa fase trágica y decisiva de nuestra reciente historia: Franco, Mola, Miaja, Prieto, Besteiro, Calvo Sotelo, Largo Caballero, Casares Quiroga, ... Pero en el caso de Batet, queda reflejada la honestidad de quien siempre intentó cumplir su obligación, aunque en este caso le fuera con ello primero la honra y luego la vida.

23 de octubre de 2013

Los que se apuntan al carro



En los últimos tiempos ha arraigado en muchos el tic del "yalodecíayo"; desde que se acentuó la crisis dejamos de vivir en los mundos de yuppie y muchas mañanas nos despertamos con noticias tremendas que hablan de paro, déficits crecientes, corrupción a "tutiplén", trampas, abusos y demás. Parece que se nos han derrumbado los mitos, despertado la conciencia crítica -buena cosa sería si encaminaramos bien el tema y nos autoincluyéramos- y nos hemos apuntado a la fila de la indignación. Tengo bien claro que hay motivos para tanto enfado y desilusión, aunque en ocasiones no pueda evitar sorprenderme escuchando y leyendo según que cosas a según quienes.

Soy aficionado a escaparme en cuanto tengo un rato a las librerías locales y cercanas para dedicar un tiempo al cotilleo literario en torno a los últimos libros y publicaciones salidos al mercado, garbeo que también caigo en la tentación de efectuar vía internet: uno se sorprende comprobando la cantidad de blogs y páginas web dedicadas a hablar de libros y es buena tarea seleccionar los mejores. Me ha llamado la atención la gran cantidad de libros, generalmente bastante breves de extensión, escritos por literatos, sociólogos, politólogos, periodistas y demás dedicados al análisis de la actual crisis social, política y ecónomica; en ellos se realizan diagnósticos en plan "yo tenía la clave y no me hicieron caso", se critica sin piedad todo lo hecho hasta ahora -por supuesto sin distinciones ni matices- y se invita a la revolución, aunque no todos interpretan el término y la forma de realizarla de la misma manera. Por supuesto, habrá que aprender a separar el grano de la paja, no habremos de ser tan cazurros como para cerrar los ojos a lo que se ha hecho mal y podremos encontrar entre tanta publicación "indignada" autores que verdaderamente tienen cosas que decirnos y soluciones honestas e inteligentes que aportar. Pero no tengo ninguna duda de que estos tiempos, muy adecuados para innovar, proponer y promover cambios -a ser posible a mejor- y abrir los ojos a quienes han estado obnubilados por burbujas de todo tipo, también son propicios para que proliferen vendedores de humo, inventores de la historia y aprendices de jacobinos.

En todas las situaciones surgen los oportunistas, y de la misma manera que ante unos juegos olímpicos o un mundial de fútbol, baloncesto o hockey hierba unos cuantos caen en la tentación de endosarnos tratados sobre el olimpismo o los deportes colectivos escritos con tanta improvisación como falta de rigor y conocimientos, también en los tiempos convulsos aparecen aprendices de redentores que, en términos evangélicos, casi podemos definir como falsos profetas.