6 de septiembre de 2012

Radomir Antic en calzón corto



Aquellos que a finales de los años 70 no seguían el mundo del fútbol, o simplemente no habían nacido, tan sólo han conocido al serbio Radomir Antic en su faceta de entrenador, y si acaso como comentarista futbolístico de alguna cadena de emisoras. En el banquillo Antic ha tenido éxitos indudables, como lo fue ganar el doblete con el Atlético de Madrid, dirigir con acierto y regularidad al Real Madrid y al Barça y guiar unas cuantas buenas temporadas al Real Oviedo, por mucho que también cuenta en su curriculum con algún descenso: el propio Oviedo y el Celta de Vigo. El primer equipo que dirigió Antic en España fue  el Real Zaragoza, al que llevó a la UEFA y con quien, entre otros aciertos, tuvo el de dar continuidad y lanzar a la fama a jugadores de la cantera como Belsué, Villarroya, Vizcaíno, Salillas y Pablo Alfaro. Pero el pasado futbolístico de Antic se remonta, con gran brillantez, mucho antes pues fue un destacado futbolista y sentó cátedra, durante dos años, en el equipo de La Romareda. Radomir Antic fue un jugador de una clase, una elegancia y una técnica a la altura de los mejores y practicaba un fútbol que suponía un auténtico deleite para la vista de cualquier buen aficionado. Recuerdo perfectamente haber escuchado grandes alabanzas del serbio por parte de aficionados del Real Madrid y del F.C. Barcelona, de esos poco dados a exaltar a quienes no visten las camisetas de sus equipos favoritos, alabanzas que además no acostumbraban a repartir a quienes, como era el caso de Antic, jugaban en un club como el Zaragoza que en esos años  formaba parte del pelotón de los candidatos al descenso.

Corría el verano de 1978 y el Zaragoza había recobrado la categoría perdida un año antes bajo la dirección de un excelente entrenador como era Arsenio Iglesias. Como tantas veces habían terminado siendo los jugadores veteranos la clave del ascenso a 1ª, en este caso García Castany, Nino Arrúa y Cacho Blanco, tres supervivientes de la época de los zaraguayos, quienes con el goleador Pichi Alonso y el extremo asturiano Juanjo fueron la columna vertebral que consiguió remontar una temporada en el purgatorio que había comenzado muy mal para los intereses blanquillos. La responsabilidad de dirigir el equipo en el año del regreso fue atribuida a Vujadin Boskov, un -entonces- yugoslavo que había dirigido a la Vojvodina y a la selección de su país y que venía de realizar dos aceptables campañas con el Feyenoord holandés. Como tantas veces en su historia el club zaragocista estaba ayuno de dinero y los fichajes eran escasos: se habían conseguido los derechos federativos de Amorrortu, un buen mediapunta del Athletic y habían llegado al primer equipo cuatro promesas del Aragón: Pérez Aguerri, Benedé, Lafita -padre del actual jugador del Getafe- y el meta Zubeldía, pero el mister balcánico quería un defensa libre con criterio al jugar el balón que acompañara a Pedro Camus, un santanderino seguro y contundente, pero incapaz de sacar el balón controlado desde su campo. Boskov propuso la contratación del internacional Jusuf Hatunic, que jugaba en el Partizan de Belgrado, pero como ha ocurrido tantas veces el jugador estuvo cerca de venir,  pero el tema económico terminó abortando la operación. Próxima a comenzar la Liga, casi sin avisar, llegó a Zaragoza un yugoslavo desconocido, de esos cuyo fichaje hace sospechar que se debe a caprichos de compatriota. Su nombre era Radomir Antic y llegaba de la entonces desconocida liga turca, pues había jugado el último año en el Fenerbache, aunque el núcleo de su vida deportiva se había desarrolado en el Partizan. El hombre andaba próximo a cumplir los 30 años, se aseguraba que era extremo y que Boskov lo iba a adaptar a la defensa y, en general, no despertó excesivas expectativas en una afición habituada en los últimos años a las decepciones.

Radomir debutó enseguida, no necesitó periodos de adaptación, sesiones especiales de entrenamiento ni tiempo para congeniar con sus compañeros, y desde el primer día demostró ser un jugador de enorme jerarquía, convirtiéndose en el líder indiscutible de un Zaragoza que había sufrido en pretemporada el mazazo de una gravísima lesión de rodilla de García Castany que le había retirado del fútbol y en el que el paraguayo Arrúa apuraba unos últimos meses en Zaragoza renqueantes e irregulares. El primer encuentro supuso una estruendosa derrota en Huelva (3-0), pero en el segundo Antic, que debutaba, fue el mejor y contribuyó a la victoria frente al Celta (2-1) con un formidable gol de golpe franco. Antic era un futbolista muy elegante, con una zancada importante, una magnífica conducción de balón, un disparo durísimo y, por encima de todo, capaz de realizar unos desplazamientos largos de balón que hacía tiempo no se veían en un defensa en nuestro país. El público de La Romareda destaca por ser entendido en esto del balón redondo y tiene un gusto muy especial por el fútbol ofensivo, de toque y de calidad, algo que Antic ofreció sin cálculo durante las dos temporadas que jugó en Zaragoza. Ese primer año fue difícil, pues el equipo era muy blando fuera de casa: sólo logró tres puntos al empatar en Bilbao, Las Palmas y Burgos, pero en La Romareda ofreció tardes de fútbol ofensivo y brillante, con victorias frente al líder merengue, el Atlético de Madrid -inolvidable encuentro con 4-3 final-, Valencia (3-0) y la Real Sociedad de Zamora, Satrústegui, López Ufarte y Arconada (4-0). Antic marcó cinco goles, asumió el mando del equipo y aportó calidad al conjunto. La meta maña la defendía un irregular Irazusta, los laterales eran ofensivos: el ex-león Lasa y el canterano India, mientras en el centro le acompañaba el citado Camus; en el centro del campo fue el año de la eclosión de Víctor Muñoz, al que secundaban un trabajador y oscuro Oñaederra y un eficaz Amorrortu, haciendo Arrúa -cuando no estaba lesionado- de cualificado enlace y quedando el ataque para un goleador impenitente, Angel "Pichi" Alonso y el extremo Juanjo.

A la temporada siguiente Antic volvió a ser el pilar del equipo, que con Manolo Villanova en el banquillo terminó un año decente en la mitad de la tabla, con un grupo cuya calidad se había incrementado con Casuco, Valdano y Güerri. Pero Antic terminaba contrato y el club cometió el error de no renovarle. La razón radicaba en el cupo de extranjeros, que por entonces estaba limitado a dos: en el Zaragoza las plazas las ocupaban Antic y Valdano, y los técnicos del club se encapricharon con el interior argentino del Elche Marcelo Trobianni. Como Jorge Valdano era un atacante joven y con olfato goleador, la directiva decidió que Trobianni, un centrocampista técnico y ofensivo, ocupara la plaza del serbio, que abandonó La Romareda para jugar en el Lutton Town de la "Premier League". La permuta fue un error, y en la temporada 1980-81 el Zaragoza hizo un curso lamentable, no descendiendo de milagro, mientras que Trobianni no se adaptó a los sistemas de Villanova y fue vendido en diciembre al Boca Juniors. En "Zaragoza Deportiva" se decía, no sin sorna, que se había cambiado a Antic por Trobianni porque éste tenía "carita de triunfador", algo que nunca llegue a saber exactamente lo que significaba. En la 2ª vuelta Villanova fue cesado, contratándose a Leo Beenhakker, quien comenzó una nueva era para el Zaragoza, ... ¡y qué bien hubiera venido el juego de Antic para el sistema del holandés!. Eso no pudo ser, pero que nadie olvide que Antic hizo historia en Zaragoza, también con calzón corto.

Nota final: Ha resultado llamativa la dificultad de encontrar por la red una foto de Antic con la camiseta del león rampante; a última hora me topé con la que figura al comienzo del post, la he sacado de blanquillos.com, a quienes agradezco el magnífico elenco que tienen, a la vez que dejo constancia de sus derechos.



5 de septiembre de 2012

Libros bajo el imperio del sol


En agosto he optado por libros de bastantes páginas,a lo que cabe añadir que, en general, no son de los sencillos de leer: tal vez aquí haya que encontrar la razón de que no he terminado demasiados. Si a ésto añadimos que los calores tienen el peligro de que la lectura sea agredida por el sueño y que la semana de San Lorenzo no suele tener huecos para dedicarse a la literatura en exceso podemos dar una visión conjunta adecuada al panorama literario-personal del mes recién terminado.

Ya he comentado en otras ocasiones que lo que publica "Libros del Asteroide" difícilmente decepciona; en esta ocasión "Telex desde Cuba", escrita por la norteamericana Rachel Kushner, es un magnífico cuadro de la Cuba prerrevolucionaria, una descripción del ambiente y la sociedad de la isla desde el golpe de estado que encumbró a Batista en 1952 hasta la revolución que llevó a Castro al poder en 1959. Recientemente leí una crítica que comparto plenamente y resumía en tres los grandes aciertos de esta novela: una ambientación magnífica, realmente extraordinaria, una tarea de documentación por parte de la autora de aporta credibilidad y seriedad a su relato y una historia que te coge, tres elementos que convierten el libro en algo que enriquece y entretiene. Hay un buen número de personajes excelentes, agrupados en tres mundos: el de las familias norteamericanas, que viven casi colonialmente, con diversos grados de poder y riqueza, el de los cubanos, con unos personajes mucho más diluidos y dos protagonistas interesantísmos: el súbdito francés que trafica con armas y la cabaretera de origen europea que es a la vez amante de Batista y espía de los rebeldes. El centro de la trama gira en torno al dominio norteamericano de la isla, con las empresas que controlan las dos grandes productos que ofrecía entonces Cuba: el azúcar y el níquel. Un libro que hay que leer con atención, pues la autora no da puntada sin hilo, a la vez que va intercalando las historias paralelas de los personajes que a su vez forman una única historia central. Eso sí, absténgase radicales de uno y otro signo, pues me parece que ni Batista ni Fidel salen demasiado bien parados.

Hacía tiempo que tenía en mi poder "Caballeros", de Klas Östergren, un autor sueco; se trataba de una reciente edición de "Mondadori", una editorial que ofrece ciertas garantías de calidad. Lo había adquirido pensando que se trataba de un ejemplar más de la novela de intriga escandinava que tanto ha abundado en los últimos años, pero cuando me decidí a leerlo -sus cerca de 500 páginas frenaban algo el momento de empezar a hacerlo- comprobé que no es propiamente literatura policíaca, por mucho que a lo largo del libro va apareciendo su intriga, sino una especie de novela de época que, en torno a la vida de una serie de personas se nos cuenta cómo era la vida en Estocolmo entre la 2ª Guerra Mundial y los finales de los años 70. Queda dicho que la edición es de hace un par de años, pero el libro se remonta a 1980 y según cuentan constituyó en su día una auténtica novela "de culto" en la literatura sueca. Si tuviera que dar una primera impresión de la novela, afirmaría que estamos ante un libro sorprendente, de género casi incalificable y no excesivamente sencillo de leer. El autor tiene la imaginación de dar su propio nombre al protagonista y narrador de los hechos, si bien el núcleo de la novela tiene como personajes principales a los hermanos suecos Henry y Leo Morgan, bon vivant, emprendedor y extrovertido el primero, poeta, bohemio y enloquecido el segundo, prototipos ambos de la filosofía de la vida que imperó entre finales de los 60 y principios de los 70: así vemos como se nos va hablando del París de 1968, de la música moderna, la rebelión social, ... todo un panorama político social que se refleja en el libro. Eso sí, la novela es irregular, no es difícil perder el hilo y creo que al final resulta demasiado extensa.

De Hillary Mantell había leído "A la sombra de la guillotina", un buen retrato de la revolución francesa en la que la autora inglesa nos muestra un magnífico desfile de personajes: Dantón, Marat, Robespierre, Desmoulins, ...; por esta razón no desaproveché la oportunidad de hacerme, vía Biblioteca oscense, con su última obra, "En la corte del lobo", publicada recientemente y en la que, en torno a la figura de Thomas Cronwell, nos relata toda la crisis de la Corte británica a raíz del encaprichamiento de Enrique VIII sobre Ana Bolena que le llevo a repudiar a Catalina de Aragón, separarse de la Iglesia católica y ponerse a la cabeza de una nueva iglesia anglicana. Se trata de un libro donde vuelve a destacar una grandiosa galería de personajes: el propio Cronwell, Enrique VIII, la familia Bolena, el Cardenal Wolsey, los duques de Norfolk y Suffolk, ... aunque es el primero el auténtico protagonista alrededor del cual giran todos los demás. Pienso que Mantell nos muestra en toda su crudeza una Corte realmente convulsa y, en ocasiones, hasta siniestra, y en este sentido el libro, que forzosamente has de leer despacio y con plena atención, se convierte en algo que va más allá de la novela histórica, en un auténtico objeto de valor histórico. Eso sí, se trata de un libro difícil de leer, en el que en ocasiones te pierdes y eres consciente de que no te enteras de todo, como ya me ocurriera con el otro antes citado y en parejo con otra magnífica obra con fondo histórico coincidente: "La quinta reina", de Ford Madox Ford, que tiene como personaje central a la quinta esposa de Enrique Tudor: Catalina Howard, con un final tan triste y trágico como el de Ana Bolena.

Todos tenemos zonas oscuras, y puede que una de las mías se que haya ido exhibiendo mi afición a la novela negra sin haber leído más que una de las escritas por Raymond Chandler, posiblemente junto a Dashell Hammett y Ross MacDonald, el más legendario autor del género; efectivamente tan sólo había pasado por mis manos "El sueño eterno", una obra maestra que llevó al cine Howard Hawks con un cartel de lujo: Humphrey Bogart y Lauren Bacall ... nada menos. Para remediar estas carencias escogí "La dama del lago", una de las más famosas novelas de Chandler, y he de admitir que me quedé cautivado desde el inicio de la lectura: el escitor de Chicago escirbe como un auténtico maestro, a la vez que plantea tesis interesantes con un acentuado tono crítico hacia el establishment judicial, policial y social. Junto a ello, hay que destacar un protagonista espectacular, el detective Philip Marlowe, un personaje que en si mismo vale por todo el libro. Junto a él van desfilando una serie de hombres y mujeres que crean un auténtico panorama "negro" y una intriga que el detective vas desenredando a lo largo de la novela haciendo al lector testigo y cómplice a la vez.



4 de septiembre de 2012

Tristezas bobaliconas


"Cristiano Ronaldo aseguró que no celebró los goles ante el Granada porque está "triste", admitió que es por un motivo "profesional" y que "dentro del club" conocen las razones. "La gente sabe por qué no celebro los goles. No lo hago cuando estoy triste", aseguró en zona mixta del Santiago Bernabéu con rostro serio."

Cristiano Ronaldo, el endiosado líder del Madrid de Florentino y Mourinho está triste; ante tamaña situación uno no puede evitar la tentación de acudir al recurso fácil de traer a colación eso de "la princesita esá triste, ¿qué le pasará a la princesita?". Ya se que el dinero no da la felicidad, pero a lo mejor debería sonrojarse el portugués si recapacitara y pensara que en los tiempos que corren no debería tener derecho  a lamentaciones de adolescente quien tiene la vida solucionada y un contrato que le garantiza unos ingresos anuales a los que la mayoría de los mortales no nos vamos a acercar aún juntando varios años de trabajo. Las declaraciones de Ronaldo no son más que una muestra del más pueril de los infantilismos, una manifestación de un personaje que una de dos, o es un inmaduro o roza la estupidez.

En la actualidad hay muchas personas que tienen motivos para estar tristes: más de cinco millones de parados provocan situaciones extremas próximas a la desesperación, con familias enteras en las que no trabaja nadie, personas que no tienen lo más esencial para sobrevivir, gente deshauciada de sus casas, sin crédito en ninguna parte y próximos a la indigencia, por no añadir los que sufren enfermedades incurables, malos tratos habituales o padecen los duros efectos de la soledad y el aislamiento, y mientras tanto un portugués con cara de alumno indolente y trazas de chulo de playa pone la cabeza en el hombro de los madridistas y suelta lágrimas de cocodrilo, no se sabe si porque se siente incomprendido, considera que no gana lo suficiente, quiere cambiar de club o algún compañero le ha mirado mal en el vestuario o le ha copiado la marca de colonia.

El problema está en que a estos "pedorros" se les consiente todo, y como el hombre le da bien a la pelotita y marca las diferencias, la directiva blanca buscará la forma de limar asperezas y contentar al chico, aunque para ello tenga que rascarse el bolsillo o tomar alguna medida poco equitativa con el restode la plantilla. Posiblemente si el que alegara tristezas infinitas fueran Morata, Callejón o incluso Arbeloa se les mandaría a escaparrar y si no están a gusto se les invitaría a fichar por el  Rayo o el Getafe. En el fondo uno sospecha que el hombre no gana para frustraciones, y tras tres temporadas en el club de Concha Espina sólo lleva una Liga y una Copa en la faltriquera, amen de algún título menor, habiendo fracasado en la Liga de Campeones, a lo que caber añadir cómo España le ha robado la cartera cada vez que se ha enfrentado a ella con la camiseta de Portugal, mientras en la lucha por el balón de oro, las estrellas del Barça le han pasado por delante, y al parecer el hombre lleva mal las contrariedades.

3 de septiembre de 2012

El caso Bolinaga

Doctores tiene la Iglesia, leyes el Estado y reglamentos las prisiones, y no seré yo quien cuestione la legalidad de determinadas decisiones. En el caso Bolinaga, del que al escribir estas líneas ignoro si hay o habrá recurso y, de haberlo, cual será la decisión de la instancia superior, al menos me quedará la tranquilidad de que alguien ha discrepado oficialmente y no se ha abierto, en toda su extensión, una alfombra en la puerta de la prisión de Álava para que salga Jesús María Bolinaga sin que nadie le ponga el menor obstáculo. Si es así habrá unos cuantos "cabestros" que le recibirán en olor de multitud, pero al menos nos debe quedar el derecho a decir que "no con nuestra connivencia". Existen las razones de humanidad, y quien aplica la ley está obligado a contar con ellas, siempre y en todos los casos, pero a la vez teniendo en cuenta las circunstancias que concurren y procurando no convertir las previsiones legales en patrón de manga ancha, oportunismo político ni mucho menos en cesión a chantaje alguno. A mí personalmente, acreditados los requisitos, no me escandalizaría la salida del secuestrador de Ortega Lara si fuera para morir en casa y en paz, pero antes habría que acreditar unas oportunidades y unas certezas que en el caso presente plantean la duda. Porque estamos ante un reo convicto cuya situación terminal ha de acreditarse y no ante héroe alguno al que privar de sufrimiento, que ya vale de montajes y provocaciones.

Bien me consta que todos podemos ser capaces en un momento dado de cometer una barbaridad; dudo sinceramente a pesar de lo dicho, que haya muchos con higadillo para someter a una persona a lo que este individuo y sus compinches hizo pasar a un hombre inocente, pero de cualquier manera no es el delito cometido lo más grave, porque creo que aplicar el Derecho supone dar a cada uno lo que le corresponde y no ejercer venganza alguna, lo que me rebela, e imagino que a muchos, es la total ausencia de arrepentimiento, la incapacidad de pedir perdón, la conversión de la vileza en hazaña y del vil en mártir de la causa. Y es lo que vengo observando desde siempre en estos personajes del clan de Bolinaga: nadie pide perdón, las muertes, los sufrimientos y las secuelas parecen convertirlas en consecuencia necesaria de su lucha y, para colmo, uno sospecha que lo que consiguen lo hacen precisamente contando con el precio. En fin, si tiene que salir que salga, pero que se calle y que se callen, que ya basta,

1 de septiembre de 2012

Un hombre que nació y vivió entre bambalinas


Hacía tiempo que su salud era muy frágil, hace unos meses fue operado de un tumor en las vías urinarias que le tuvo entre la vida y la muerte, la última recaída fue definitiva y en la tarde-noche del jueves 30 de agosto fallecía en la localidad malagueña de Benalmádena el actor Carlos Larrañaga a la edad de 75 años. Larrañaga fue un hombre predestinado a ser actor, sus padres, Pedro Larrañaga y María Fernanda Ladrón de Guevara fueron actores de etatro, su hermana, Amparo Rivelles, una de las grandes actrices de cine y teatro de su época, mientras que de las cuatro mujeres de su vida -el actor fallecido tuvo una vida sentimental agitada-, tres también tuvieron relación con los escenarios: María Luisa Merlo, y Ana Escribano son actrices, mientras que Ana Diosdado es una de las escritoras más brillantes de nuestros tiempos. Sus hijos, Amparo Larrañaga y Luis Merlo también se han dedicado a interpretar, mientras que Maribel Verdú es su nuera. De esta manera, salta a la vista que Carlos Larrañaga no podía haber sido otra cosa que actor. A la hora de encasillar a este hombre rubio, apuesto y echado para adelante, no parece que pueda hablarse de un actor dramático, sino que cabría incluirlo en la nómina de los galanes, debiendo añadirse en este caso ese toque de cierta "coña" que solía incorporar a muchas de sus interpretaciones. Sin duda, este actor ha sido capaz de mantenerse en primera fila hasta el final y completar una carrera artística importante.

En la televisión no cabe duda de que su gran momento se produjo durante la larga permanencia en pantalla (1991-1995) de "Farmacia de guardia", donde encarnaba a Adolfo Segura, el simpático, superficial y algo caradura ex de Concha Cuetos; la serie, dirigida por la mano maestra de Antonio Mercero, tuvo un éxito tremendo, posiblemente porque el largo desfile de personajes que cada episodio desfilaba por la "botica" de Lourdes Cano conseguía que cada cual nos terminaramos viendo reflejados en alguno de ellos. Pero sería injusto limitar el haber televisivo de Larrañaga a esta comedia por capítulos, pues desde el principio de TVE fue un actor importante en la casa; amen de sus participaciones en espacios de teatro de los que hemos hablado tanto aquí como "Novela" -"La rosa encendida", "Los dos hermanos", "Caza menor", ...-y "Estudio-1" -"El sí de las niñas", "Don Juan tenorio", "Las bodas de Fígaro", ...-, intervino en series tan notables como "Diego de Acevedo" (1966), donde le correspondió el papel de Simón Bolivar, un par de episodios de las inolvidables "Historias para no dormir" (1966) de Chicho Ibáñez Serrador, "Compañera te doy" (1973) y episodios sueltos de éxitos del medio como "Curro Jiménez" y "Verano azul".

Admitiendo que su trabajo más popular fue el de "Farmacia de guardia", yo me quedo con otra serie, de un carácter bastante más dramático, como fue la reposición de la ópera prima de Gonzalo Torrente Ballester, "Los gozos y las sombras" que TVE emitió en 1982; en dicha producción, dirigida por Rafael Moreno Alba, Larrañaga encarna a Cayetano Salgado, el rico industrial que se convierte en el nuevo dominador de la imaginaria villa de Pueblanueva del Conde y donde comparte cartel con su hermana Amparo Rivelles, Eusebio Poncela y una irresistible Charo López. La calidad de la obra de Torrente, la excelente ambientación y adaptación realizada y la buena interpretación de los actores consiguieron una de las series que mejor recuerdo me han dejado de la tele pública. Cercano en el tiempo fue su trabajo, más secundario que el anterior, en "los desastres de la guerra" (1983), dirigida por Mario Camus y protagonizada por Paco Rabal y el recientemente fallecido Sancho Gracia. Entre bastantes otras, cabe destacar su presencia en series como "Señor alcalde" (1998), "London Street" (2003), "Cambio de vida" (2007) y "La que se avecina" (2009).

En cine la aparición del actor es larga, con presencia en películas intrascendentes de los años 60 y 70, como "15 bajo la lona" (1959), de Agustín Navarro, "Parque de MAdrid" (1959), de Enrique Cahen Salaberry, "Ha llegado un ángel" (1961), uno de los grandes éxitos de Marisol bajo la dirección de Luis Lucia, "De cuerpo presente" (1967), de Antonio Eceiza, "Escuela de enfermeras" (1968), de Amando de Ossorio y "Casa Flora" (1973), de Ramón Fernández. No obstante, en su primera época detacan sobremanera dos trabajos que reflejan que desde el principio fue un actor valorado, el primero cuando es incluído en el cartel de "Orgullo y pasión", la superproducción de Stanley Kramer sobre nuestra guerra de Independencia en la que alternó nada menos que con Cary Grant, Frank Sinatra y Sophia Loren y su brillante papel en "El extraño viaje" (1964), la magnífica película de Fernando Fernán Gómez, un drama rural lleno de fuerza, en el que alterna con Tota Alba, Lina Canalejas, Jesús Franco, Rafaela Aparicio, Sara Lezana y María Luisa Ponte y que terminó siendo tan fracaso de público como éxito de crítica. No cabe olvidar tampoco películas como "Melocotón en almíbar" (1960), de Antonio del Amo, basada en una obra de Mihura, "Siega Verde" (1961), de Rafael Gil y "Los pájaros de Baden-Baden" (1975), de mArio Camus, basada en una novela de Ignacio Aldecoa. De épocas más cercanas es su interpretación en "Las verdes praderas" (1979), de José Luis Garci, una crítica feroz a la clase media aburguesada de la época de la Transición española, "Pesadilla para un rico" (1996), de Fernando Fernán Gómez, "Tiovivo C. 1950" (2004), de nuevo con Garci, "Bienvenido a casa" (2006), de David Trueba, "Luz de domingo" (2007), también dirigida por Garci, una historia de amor enmarcada en un drama rural ocasionado con el caciquismo en la que alterna con Álex González, Paula Echevarría, Alfredo Landa y Fernando Guillén Cuervo, entre otros, y que le valió una nominación al Goya al mejor secundario. Garci vuelve a dirigirle en "Sangre de mayo" (2008), una película basada en el 2 de mayo de 1808 con abundantes actores de siempre: Manuel galiana, Tina Sainz, Manuel Tejada, Francico Algora, Fernando Guillén, ...; una película argentina, "Maditos sean" (2011), de Demián Rugna y Fabián Forte y "Los muertos no se tocan, nene" (2011), de José Luis García Sánchez suponen los últimos trabajos cinematográficos del actor.

Como en tantos casos, Carlos Larrañaga era menos conocido en el mundo del teatro, algo que no tiene porqué deberse a que allí tuviera menor presencia o brillantez, sino a que se trata de un mundo más selecto, donde el número de espectadores suele ser más reducido. Entre las obras que representó destaca en primer lugar "La cornada" (1960), de Alfonso Sastre, en la que se trata del desgarrador conflicto interno de un torero atrapado entre el amor a un mujer y el amor a su profesión, con dirección de Adolfo Marsillach y donde comparte protagonismo en el escenario con María Asquerino y el propio Marsillach; también interpretó "Tengo un millón" (1960), de Víctor Ruiz Iriarte, uno de los más prolíficos escritores de teatro de su época, con los mismos director y actores de la anterior, a los que cabe añadir dos grandes actores como Agustín González y Amparo Baró; "La hermosa fea" (1963), de Lope de Vega, en versión de Alfonso Paso, "La tercera palabra" (1966/67) "Siete gritos en el mar" (1968), de Alejandro Casona, la última con dirección de José Osuna y junto a su entonces mujer María Luisa Merlo; "El proceso de Mary Duggan" (1968), de Bayard Bellier; "Vidas privadas" (1970), de Noel Coward; "Pato a la naranja" (1976), de William Douglas-Home, también junto a la Merlo; "La gata sobre el tejado de zinc" (1979), de Tennessee Williams, dirigido por José Luis Alonso y con un reparto notable: María José Goyanes, Montserrat Carulla, Amelia de la Torre y José Bódalo y dos obras de quien entonces compartía su vida, Ana Diosdado: "Camino de plata" (1989), un drama familiar en el que la Diosdado también es actriz principal y Larrañaga, director de escena, "Trescientos veintiuno, trescientos veintidós" (1991), una deliciosa comedia donde trabaja con su ex María Luis Merlo, su hijo, Luis Merlo y Manuel Tejada.

Carlos Larrañaga tenía fama de seductor, y su vida personal parece confirmar la etiqueta; quienes le conocieron bien podrán decir si hay o no razón en ésto, ahora, tras una época en la que la vida le ha resultado difícil, porque perder la salud es algo difícil de llevar, Larrañága ha demostrado fortaleza y afán de superación, de hecho tenía previsto reaparecer el 5 de agosto de este año en San Sebastián junto a su ex-mujer, María Luisa Merlo, con la obra "Quizás, quizás?", producida por su hijo Pedro, algo que no llegó a suceder porque su recuperación estaba siendo más lenta de lo previsto. Genio y figura ... Descanse en paz.


31 de agosto de 2012

Menear la cola


No sabía cómo titular esta entrada, fundamentalmente para no provocar equívocos, escándalos o malos entendidos, pero al final he optado por hacerlo según el primer impulso y que salga el sol por Antequera, eso sí, utilizando el´término "cola", que siempre será más fino y delicado que el de "rabo". Cuentan, y debe de ser verdad, que cuando los perros se dirigen a ti y menean la cola, ésto no es más que una expresión de amistad, un deseo de compartir juego y diversión, una manifestación de que has entrado en la nómina de sus amigos ... y es que cuando oigo definir al perro como el mejor amigo del hombre, no dejo de preguntarme si no será al revés y es el hombre quien se constituye en el mejor amigo del perro.

Conocí hace años a una persona que solía mantener una relación muy cordial con los perros; él mantenía la tesis, que a la vista de los resultados debía de ser cierta, de que los canes en cuanto se encuentran a un ser humano adivinan inmediatamente si las intenciones de éste les son o no favorables, si tiene o no tiene cualquier tipo de reticencia hacia él, de manera que si la impresión es favorable no tardan en iniciar el mentado ejercicio de mover su apéndice postrero. Y este mismo amigo aseguraba que una forma de intimar al instante con estos animales era adelantarte a ellos y colocar tu dedo índice derecho a la altura del trasero y comenzar a moverlo en doble dirección, de manera que el bicho se identifique contigo al asumir que tal dedo era tu propia cola en posición de saludo. El planteamiento me parece a priori algo ridículo, amen que de cierto desprecio a la inteligencia del perro, pero puedo dar fe de la eficacia que tenía.

Y en estos tiempos de crisis, cuando tantos andan entre la crispación, el  desánimo y el pesimismo, me ha parecido que buen planteamiento que podemos hacer todos es el de ir por la vida meneando la cola -bien sabe Dios que hablo en sentido metafórico-, ofreciendo amistad y, si procede, apoyo y solidaridad a quienes se cruzan con nosotros, pasando por encima de estados interiores, simpatías personales o afinidades de cualquier tipo. Bien consciente soy de que el propósito es difícil, pero hay ocasiones en las que puede compensar seguir el ejemplo de los animales, que por muy irracionales que sean tienden con frecuencia a ser menos interesados, calculadores y mezquinos.

30 de agosto de 2012

Consideraciones en torno a un consomé


Quién sabe por qué extraños juegos mentales me preguntaba el otro día el significado de la palabra consomé. Desde muy pequeñito he sabido de este discreto tazón de caldo que solía encabezar cualquier menú con mínimas pretensiones, pero nunca me había planteado el origen de su denominación. Ya me figuraba que la palabreja venía del francés, y efectivamente no hay más que buscar por la red para saber que viene del término "consommé", y éste, a su vez, del verbo consommer: consumir en español. En definitiva equivale en nuestro idioma a "consumido, reducido", en referencia a la carne que se reduce en el caldo en cuestión. El consomé, según el diccionario, "es un caldo concentrado elaborado con carnes o con pescado que por regla general se sirve caliente al comienzo de la comida".

El consomé es la forma fina de denominar el caldito de toda la vida, el líquido que caliente y en un tazón te llevaban a la cama cuando andas "februlento" o con las tripas revueltas. Evidentemente, cualquier cocinero -o cocinera- que se precie nos podría hablar de mil formas de elaborarlo, incluso con perfecciones propias tales como condimentarlo con la yema de un huevo, un chorrito de vino o pequeños trozos de jamón serrano. Con los años se hicieron famosos los cubitos de "Avecrem" o "Starlux" que convertían el asunto en algo mucho menos artesanal, pero más rápido y cómodo. Nunca olvidaré la gallina del anuncio de los años 60 que como última voluntad deseaba "morir condimentada en doble caldo Starlux".

Pero, desde otro punto de vista, el término consomé me trae a la cabeza esas cenas elegantes en restaurantes de postín, con comensales estirados y solemnes que se miran unos a otros mientras van degustando el consomé en silencio, solamente interrumpido por el tintineo de las cucharas en los tazones de vajilla fina y el caminar discreto de los camareros. Por eso el concepto de consomé me suena ahora a épocas pasadas, a banquetes que tienden a desaparecer, a recurso gastronómico anticuado, por mucho que nada entre tan bien en el gaznate como un buen caldo, sencillo, sobrio y bien hecho.

El consomé no deja de ser un reducto de la comida antigua, de tiempos pretéritos que no volverán, de menús preestablecidos, automáticos, casi obligatorios, de una gastronomía clásica, lo que no supone, necesariamente, que sea peor, ... mas bien al contrsrio. Ahora todo se ha sofisticado, y en una boda, en un aniversario, en un banquete, en una fiesta, ... ya no cabe predecir que habrá consomé y te puedes encontrar el puré de setas o marisco, la vieira explosiva que te llena el cuerpo cuando aún no han llegado los platos principales o la ensalada de queso de cabra a la que le han metido unos "canónigos" que aparentan la quinta esencia de la exquisitez y los han sacado de unos paquetes de plástico del "Mercadona".

Ese simple caldo se convierte, además, en el recordatorio de la sobriedad, la discreción, el control de excesos. Ahora que estamos en recensión, que los billeteros andan flacos y los monederos huecos, es el momento de recordar cuando valorábamos lo suave, lo sencillo, lo clásico. Y ya no es tanto evocar elitismos superados ni costumbres que esclavizan, sino, como en tantos aspectos de la vida, darnos cuenta de que antes nos conformábamos con menos, y es posible que no estuviera tan mal.