26 de junio de 2012

Libros de junio

Para quienes solemos tomar las vacaciones en julio, el mes que le precede viene a ser la antesala de un tiempo que permite leer más que de ordinario. Por eso, mis lecturas de junio no han sido excesivas, y la mitad de las que aquí aparecen no son más que libros ya comenzados y avanzados en la segunda quincena de mayo. No obstante, cabe hablar de dos excelentes novelas policíacas, absolutamente recomendables, un nuevo encuentro con Ignacio Martínez de Pisón, un escritor aragonés que se ha convertido, desde mi punto de vista, en uno de los más seguros valores del panorama literario español contemporáneo y el descubrimiento de John Fante, uno de esos escritores norteamericanos de mediados del siglo XX que nos enfrentan con la vida ordinaria de la América profunda. Junto a ellos, ha habido también alguna lectura más de relleno que completa el muestrario mensual al que me he apuntado en los últimos tiempos. A mi regreso del descanso anual -no me atrevo a añadir ese calificativo de merecido- espero poder ofrecer una lista más amplia de libros leídos, ... y espero haber acertado en la elección de mis encuadernados compañeros de viaje; el verano siempre es ocasión de incrementar el hábito de leer, descubrir libros interesantes y desempolvar alguna que otra joya.

Ignacio Martínez de Pisón se ha convertido en uno de mis autores españoles actuales favoritos, habrá quien piense que ando influenciado por el paisanaje y su condición de acérrimo zaragocista, pero con independencia de tales circunstancias pienso que es uno de los mejores hoy en día. Me habían recomendado vivamente "Dientes de leche", un relato ambientado en la Zaragoza del franquismo y que se centra en torno a la familia creada por Raffaelle Cameroni, un italiano que había llegado a España durante la guerra civil reclutado por las brigadas que Mussolini envío a Franco para echarle una mano. Tal vez lo mejor de Martínez de Pisón es la agilidad con la que narra, ese aire fresco que uno nota cuando lee sus novelas. El autor zaragozano nos cuenta con naturalidad, excelente redacción y cierto tono de humor los dramas, aventuras y sucedidos, algunos bien chuscos, de Cameroni, su mujer y sus hijos, sin prescindir de las necesarias referencias históricas, pues al ritmo de la vida de los protagonistas en España se van viviendo intensamente los sucesos de posguerra, desarrollo y postfranquismo. "Dientes de leche" tiene un toque entre entrañable y familiar, y refleja formidablemente cómo fue la vida de tanta clase media en unos años que comenzaron dramáticos y poco a poco se fueron convirtiendo en más alegres y festivos, sin olvidar los dramas y contradicciones de la época.

Hacía tiempo que me habían recomendado "Llenos de vida", una novela de John Fante, escritor y guionista de cine fallecido en 1983 y que alcanzó el éxito después de su muerte. Fante pertenece al movimiento literario llamado "realismo sucio", que al parecer muchos piensan tiene su origen en Charles Bukowski, aunque éste ha asegurado que él se inspiró precisamente en Fante, Raymond Carver es otro de los representantes de este estilo. Una de las peculiariedades de esta novela es que el protagonista es el propio escritor, que es tratado por él mismo con notoria autocrítica. En la novela se tratan los temas que según cuentan los expertos son constantes en las novelas de John Fante: la pobreza, el catolicismo en relación a la comunidad italoamericana y la incomunicación, en la familia o en la pareja. El autor ambienta su relato en Los Ángeles, pero se adentra en la América profunda a través de la figura de su padre, que vive en un pueblo recóndito y a quien va a buscar en un viaje narrado de manera, en mi opinión, tan prodigiosa como hilarante. Me ha parecido una novela formidable, de esas que se leen gratamente en uno de esos fines de semana tranquilos no sólo por su brevedad -156 páginas a doble espacio-, sino porque muchas veces para disfrutar con la lectura no necesitas ni grandes argumentos ni especiales intrigas, basta algo bien escrito y un enfrentamiento con lo ordinario, lo de cada día.

Hace bastantes años que descubrí a Petros Márkaris, el autor griego creador de un personaje tan delicioso y bien diseñado como el comisario Costas Jaritos; de un tirón me leí las tres primeras entregas protagonizadas por este policía entrañable: "Noticias de la noche", "Defensa cerrada" y "Suicidio perfecto", pero a pesar de haber quedado encantado con ellas he tardado casi cinco años en leer el cuarto de la serie, "El accionista mayoritario", una novela en la que vuelve aparecer una intriga tan bien elaborada como las anteriores, con los mismos toques de espectacularidad que caracterizaban a las citadas, con un Jaritos imprescindible, una acertadísima versión griega del Brunetti de Donna León, el Laurenti de Veit Heinichen o el Adamsberg de Fred Vargas. No obstante, además del misterio concreto de cada caso, lo que convierte a las novelas de Márkaris en una lectura irresistible es la magnífica descripción de los personajes permanentes, desde el tal Jaritos hasta su mujer, Adrianí, con la que mantiene una relación divertida y genial, sin olvidar a su hija Katerina, su futuro yerno Fanis y su superior, cuyas relaciones no son siempre serenas, el Guikas. Márkaris añade una agilísima crítica socio-política de las instituciones y la sociedad griega que contribuye a incrementar el interés de la novela. "El accionista mayoritario" es de esos libros que se leen de un tirón y dejan abiertas las puertas a seguir con la serie.

No cabe duda de que Dennis Lehane es uno de los autores del género policiaco más brillantes de USA; ser el autor de "Mystic River" y "Shutter island" otorga, sin duda, un prestigio indudable, pero lehane tiene también sus detectives fijos, en este caso Patrick Kenzie y Angela Gennaro, cuya primera novela, "Un trago antes de la guerra", la sensacional aparición del autor en el panorama literario que le valió el Shamus Award, uno de los premios más prestigios que puede conseguir un escritor novel del género negro. Se trata de una de las mejores novelas del género que he leído, con unos personajes extraordinarios, unos diálogos ágiles y sugerentes, un argumento interesante y, eso sí, una brutalidad notable. La novela está ambientada en Boston y tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de esos libros que cuesta dejar, con problemas raciales, políticos corruptos, bandas de jóvenes criminales y dos detectives con los que te identificas a la primera y que, trabajo profesional aparte, tienen ambos su pasado oscuro y sus dramas personales. Lehane sabe dotar a sus novelas, además, de un toque de humor negro que las mejora más, si cabe.

En una de mis frecuentes "exploraciones" por el mundo de la intriga escandinava he terminado junio leyendo "Hablaré cuando esté muerto", una novela de la sueca Anna Jansson que aseguran ha vendido más de un millón de ejemplares en su país y que está encuadrado en una serie de diez novelas protagonizadas por la policía Maria Wern y enmarcadas en el pequeño barrio de Roma de la isla sueca de Gotland. No dudo de que el libro se haya vendido tanto, pero pienso que puestos a comprar novelas suecas hay un buen número de autores de bastante más altura. Existe ciertamente una intriga que te mantiene la atención, pero la novela hay que incluirla en la lista de libros prescindibles; pienso sinceramente que la autora no consigue redactar adecuadamente la historia, que se lee farragosamente y en la que se echa de menos originalidad y un mínimo de calidad. En definitiva, una novela flojita y completamente prescindible que dudo haya obtenido en España el éxito de ventas que aseguran logró en su país de origen. Me ha costado mucho leerlo, lo que no se si se debe a la traducción o a lo enrevesado de la forma de scribir de la autora.


24 de junio de 2012

Muere Galiardo

Juan Luis Galiardo, uno de los actores españoles con más dilatada trayectoria y un hombre de una personalidad arrolladora, falleció el viernes en Madrid a la edad de 72 años víctima de un cáncer de pulmón que ha sido devastador y fulminante. Acabo de leer el obituario de "El País", un periódico que borda esta sección, y allí he descubierto en Galiardo a un personaje especial, con un baúl de vivencias, explosiones de carácter y alguna que otra locura realmente apasionante. Había nacido en la localidad gaditana de San Roque, aunque si es verdad que uno es de donde estudia el bachillerato, hay que incardinarlo en Badajoz, y la verdad es que viendo su personalidad y sus interpretaciones al actor fallecido le cuadran bastante los aires extremeños, pues entre otras cosas ofrece una apariencia de conquistador y aventurero. Hace cuatro años tuve, curiosamente, un encuentro ocasional con Juan Luis Galiardo en el ascensor de un hotel valenciano, algo de lo que dejé constancia aquí, por lo que dejo un enlace que puede servir como homenaje particular a este hombre que en un par de minutos se me mostró amable, dicharachero y sencillo: http://modestino.blogspot.com.es/2009/09/en-la-linea-de-galiardo.html.

En la trayectoria profesional de Galiardo ocupa, indudablemente, un papel principal el cine; en los años 70 era, junto a Máximo Valverde, Ramiro Oliveros y alguno más, el galán por excelencia del cine español, si bien conforme pasaron los años comenzó a interpretar papeles de mayor calado y que iban mucho más allá de trabajos de "guaperas" en "españoladas" de medio pelo. Me ha llamado la atención que la primera película en cuyo cartel de actores aparece es una versión cinematográfica de "El camino" (1961), la gran novela de Delibes llevada al cine por Ana Mariscal y en la que el actor fallecido ocupa un lugar bastante secundario. En la década de los sesenta apenas hizo papeles principales, entrando en el reparto de films como "Crimen de doble filo" (1965), de José Luis Borao y "El juego de la oca" (1966), de Manuel Summers, siendo sus primeras intervenciónes protagonistas "Mañana será otro día" (1967), un drama social dirigido por Jaime Camino, junto a Sonia Bruno, que todavía no se había casado con Pirri y "Stress-es tres-tres" (1968), de Carlos Saura y con Geraldine Chaplin de compañera de reparto. A partir de este momento Galiardo entra de lleno en el cine comercial de la época, protagonizando películas de Mariano Ozores, Pedro Lazaga, Vicente Aranda, Javier Aguirre, Rafael Romero Marchent, ... en esta línea se pueden incluir títulos como "La chica de los anuncios" (1968), "Después de los nueve meses" (1970), "El apartamento de la tentación" (1971), "Clara es el precio" (1975), "Mayordomo para todo" (1976), "Imposible para una solterona" (1976) y "Esposa de día, amante de noche" (1977), sin olvidar dos trabajos de mayor enjundia con Rafael Gil en 1975 como fueron "Los buenos días perdidos", con guión de un joven Antonio Gala, y "Novios de la muerte", así como "El clan de los inmorales" (1974), de José Gutiérrez Maeso, junto a Helmut Berger y Sidney Rome, a la que con los años atribuirían un largo romance con Julio Iglesias y "Comando Txikia (Muerte de un presidente)" (1976), un film sobre el asesinato de Carrero Blanco dirigido por Juan Luis Madrid.

En la década de los 80 Juan Luis Galiardo hace ya un cine de más contenido; inolvidable fue su intervención en "El disputado voto del señor Cayo" (1986), de Antonio Giménez Rico, basada también en novela de Delibes, una fábula política en la que protagoniza un formidable duelo interpretativo con Paco Rabal. "El señor de los Llanos" (1987), de Santiago Sanmiguel, "Soldadito español" (1988) del propio Giménez Rico y "Papeles secundarios" (1989), de Orlando Rojas, son otras películas destacadas de la década. En los noventa trabaja con el gran Berlanga en "Todos a la cárcel" (1993), encabezando un reparto estelar junto a José Luis López Vázquez, Agustín González, Santiago Segura, José Sazatornil, José Sacristán, Manuel Alexandre y Luis Ciges, con Regueiro en "Madregilda" (1993), junto a José Sacristán, Juan Echanove y Fernando Rey, con Juan Luis Cuerda en "Así en el cielo como en la tierra" (1995), junto a Fernando Fernán Gómez y Paco Rabal, con José Luis Garcia Sánchez en "Tranvía a la Malvarrosa" (1997) y "Adiós con el corazón" (1999), con Fernando León de Aranoa en "Familia" (1996), con Carlos Saura en "Pajarico" (1997) y "Tango" (1998) y con Fernando Trueba en "La niña de tus ojos" (1998). Evidentemente, una década cargada de trabajo realizado con grandes actores y directores.

De los últimos años destacan llamativamente dos interpretaciones de un significado especial: "Lázaro de Tormes" (2001), de Fernando Fernán-Gómez y José Luis García Sánchez, protagonizada por Rafael Álvarez "el Brujo" y con compañeros de reparto del nivel de Manuel Alexandre, Álvaro de Luna, Agustín González, Francisco Rabal y Francisco Algora y "El caballero Don Quijote" (2002), de Manuel Rodríguez Aragón, convirtiéndose junto a Peter O´Toole en el único actor en haber interpretado tanto al Quijote como a Cervantes, su autor. Otras películas de este nuevo siglo en las que intervino el actor fallecido fueron "El Coronel Macià" (2006), de José María Forn, "Miguel y William" (2007), de Inés París y "La chispa de la vida" (2011), de Alex de la Iglesia, sin olvidar el magnífico documental de José Luis García Sánchez, "Por la gracia de Luis" (2009), en el que se homenajea a Luis García Berlanga y en el que Juan Luis Galiardo interviene junto a Violeta Cela, Jaime Chávarri, Antonio Gamero, Javier Gurruchaga, José Lifante, Guillermo Montesinos, Antonio Ozores, Andrés Pajares, Juanjo Puigcorbé, Elvira Quintillá, Mónica Randall, José Sacristán, José Sancho, Rosa María Sardá, Concha Velasco, ...

En Televisión actuó bastante menos, a pesar de lo cual nos dejó intervenciones inolvidables y de éxito, muy especialmente en el papel de "El Chepa", ese siniestro y entrañable abogado de "Turno de oficio", un éxito televisivo entre 1986 y 1987, junto a Juan Echanove y Carmen Elías con la magistral dirección de Antonio Mercero y con reposición en 1996. Fue también muy buena su interpretación del cacique y "donjuanesco" Alvaro Mesía en "La Regenta" que dirigida por Fernando Méndez-Leite emitió TVE en 1995, compartiendo una espléndida cabeza de cartel con Aitana Sánchez-Gijón, Carmelo Gómez, Héctor Alterio y Amparo Rivelles. Y por supuesto, también estuvo a la altura poniéndose la piel del General Armada en "23 F, el día más difícil del Rey", bajo la dirección de Silvia Quer. Otras series recientes de televisión en las que intervino Galiardo fueron "Puerta con puerta" (1999), con guión de Alfonso Ussía, "Moncloa ¿dígame?" (2001), de Oriol Grau y "La hija del capitán" (2008), dirigida por José Luis García Sánchez, de la trilogía "Martes de Carnaval", de Ramón María del Valle-Inclán.

Juan Luis Galiardo fue una figura, humana y profesional, llena de matices, de luces y sombras, de sorpresas. Arriba he dejado el enlace de mi encuentro con él, y puedo asegurar que en pocos minutos se quedó conmigo y se mostró como alguien muy humano, lo que diríamos "un tipo enrrollado". Dejo el enlace de un gran artículo de Juan Cruz en "El País":


23 de junio de 2012

Trevor Francis: un nombre, un recuerdo



Hace un par de meses leía en la prensa que el ex-futbolista inglés Trevor Francis había sufrido un ataque al corazón y se encontraba recuperándose en un hospital; el hombre cumplió el pasado 19 de abril 58 años y no cabe duda que se trata de una edad peligrosa para la cosa cardiaca. Inmediatamente volvió a mi cabeza uno de esos nombres de los que te olvidas no se sabe porqué, pero que en su día formaron parte de los jugadores que uno admiraba. Siempre me ha gustado el fútbol de las islas, y Francis ocupa un lugar importante de esa larga lista de atacantes británicos que tanto me hicieron disfrutar: Kevin Keegan, Kenny Dalglish, Glen Hoddle, Gary Lineker, Mark Hateley, Terry McDermott, ... El jugador, nacido en Plymouth y formado futbolísticamente en el Birmingham City, era el clásico delantero que se escoraba hacia la derecha, rápido, ratonil e incisivo y formaba parte del Nottingham Forest, un club inglés sin excesiva historia y que en la actualidad lucha por regresar a la Premier League, pero que a finales de los años 70 ganó dos Copas de Europa seguidas y entró en la elite del fútbol inglés, imponiéndose a los clásicos de siempre: Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal, ...

Trevor Francis fue quien marcó el gol decisivo de la final de la Copa de Europa de 1979 -así se llamaba entonces la actual "Champions League"- disputada por su equipo frente al Malmoe sueco, una final inédita que terminó con victoria inglesa por 1-0 y que acabó resultando bastante aburrida. Para llegar a la final los de Nottingham había realizado la machada de eliminar en dieciseisavos al Liverpool, campeón de las dos ediciones anteriores y uno de los grandes favoritos; a partir de entonces el camino fue mucho más asequible: AEK de Atenas, Grasshopper suizo y Colonia alemán. El partido decisivo se jugó en el Estadio Olímpico de Munich. El gol de Francis se produjo acabando el primer tiempo, al rematar el extremo a bocajarro con la cabeza un centro que venía de la izquierda; un gol que valió un título. Al año siguiente los ingleses repitieron la hazaña, y tras eliminar a los suecos del Östers IF, los rumanos del FC Argeş Piteşti, al Dinamo Berlín de Alenania Oriental y al incombustible Ajax de Amsterdam, vencieron en la final al Hamburgo de Kaltz, Magath y Keegan por otro exiguo 1-0, si bien Trevor Francis no jugó el partido, que se celebró en el Santiago Bernabeu. La carrera de Francis a partir de estos éxitos no alcanzó la brillantez que se esperaba; el jugador fue traspasado al Manchester City en 1981, jugando después en dos equipos italianos, Sampdoria y Atalanta, para regresar en 1987 a las islas y jugar en Glasgow Rangers, Queens Park Rangers y Sheffield Wednesday, habiendo vestido en 52 ocasiones la camiseta de la selección inglesa.

En aquél Nottingham además de Trevor Francis también destacaban otros jugadores; en primer lugar el meta Peter Shilton, una autentica leyenda del fútbol inglés: llegó a jugar 1390 partidos y se retiró el Leyton Orient de la 4ta división inglesa a los 48 años; Shilton debutó en el Leicester City y antes de llegar a Nottingham jugó en el Stoke City, donde sucedió al mítico Gordon Banks, después militó en el Southampton, Derby County, Plymouth Argyle, Wimbledon, Bolton Wanderers, Coventry City, West Ham United y el citado Leyton Orient. Otro jugador destacado era el extremo zurdo John Robertson, autor del gol que sirvió para vencer al Hamburgo en la final de 1980; un jugador con apariencia de orondo, pero rapidísimo y muy peligroso; Robertson, 28 veces internacional por Escocia, jugó toda su vida en Nottingham, con excepción de dos años que militó en el Derby County. Otro excelente jugador era Tony Woodcock, un atacante muy hábil y eléctrico que tras la final ganada al Malmoe fichó por el Colonia alemán, regresando tres años después a las islas para jugar con el Arsenal, volviendo en 1986 a militar en el Colonia; Woodcock fue 42 veces internacional con Inglaterra. También destacaban el veterano centrocampista escocés John McGovern, capitán del equipo y que había llegado al Forest procedente del mítico Leeds United, el ofensivo lateral derecho Viv Anderson, que jugó también, entre otros, en Arsenal y Manchester United y fue 30 veces internacional, el lateral escocés Kenny Burns y el delantero Garry Birtles, el típico ariete inglés flacucho y goleador.

El hombre clave de este equipo fue Brian Clough, un entrenador que estuvo 18 años con los de City Ground y cogió al equipo como semicolista de la Championship -2ª división- en enero de 1975, ascendiéndole en dos años y consiguiendo dos Copas de Europa; Clough, que ya había llevado al Derby County a ganar la Liga inglesa, había sido un ariete goleador en el Middlesbrough -el popular "Boro"- y el Sunderland y era un hombre de carácter: sus declaraciones directas, arrogantes y en ocasiones polémicas, le llevaron a tener problemas con varios presidentes de los clubes en que estuvo, llegándose a asegurar que ésta fue la causa por la que no llegó a ser elegido seleccionador inglés. El Nottingham Forrest fue perdiendo fuerza hasta que en 1993 bajó a la 2ª división inglesa; aunque regresó en un par de ocasiones, en 1999 bajó definitivamente, llegando a estar un par de años en la League One -3ª división-, siendo en la actualidad uno de los equipos punteros de la Championship -2ª división-, confiando sus aficionados que más pronto que tarde reverdezca viejos éxitos. Mientras Trevor Francis se recupera de su accidente cardiaco y siempre quedará en el recuerdo como uno de los hombres clave de un Nottingham que fue dos años seguidos el rey de Europa.

22 de junio de 2012

¡Pero qué horribles!



Hace tiempo que los veo expuestos por ahí; en algunas zapaterías, en el "Schlecker", en los oscuros y abigarrados bazares de los chinos ... y siempre me han parecido tremendamente feos; al principio pensé que se trataba de calzado de trabajo, pero poco a poco he ido comprobando que el personal se lo pone en cualquier sitio, que nuestras calles, paseos y plazas son continuamente pisados por esos zuecos negros, morados, rojos, amarillos, ... y hasta en el propio trabajo ves a chicas de lo más monas y estiladas portando semejantes armatostes en sus pies. Imagino que deben de ser supercómodos, incluso es posible que sean utilizados con fines terapéuticos, a lo mejor hasta existe un estilo que los justifique y recomiende, ... pero, al menos por ahora, me parecen un insulto al buen gusto y la elegancia.

Es posible que el problema sea mío, que todavía ande anclado en una estética anticuada y condenada a desaparecer, pero me resisto a admitir que calzar unos zuecos de plástico con agujeros y de colores vivos añada nada positivo al buen vestir del personal. He asimilado, y hasta les encuentro el punto, las sandalias hawaianas, también las de "plásticurri" que llevan algunas mujeres tal vez con un modelete caro, o la alpargata de yute que no se que diseñador puso de moda, hasta las "Victoria" sin cordones que lleva el 50% de las chicas jóvenes con apariencia de estar a punto de enseñar el dedo gordo: son contrastes que tienen su gracia, su elegancia propia. Pero andar por la calle con unos zuecos bastos y enormes , con apariencia de ir a quitar el polvo del recibidor, aventar la alfombra en el patio de luces o elaborar un potaje en la cocina del "Bar Juanito" añade bien poco a la buena convivencia.


21 de junio de 2012

¡Dios salve al solsticio de verano!



La palabra la escuché muchas veces, pero hasta ahora no me había parado a profundizar sobre el hecho; y es que al parecer esta noche es la del solsticio de verano, algo que no tiene porque ser "moco de pavo". Dice la "wikipedia" que en este solsticio la longitud del día y la altitud del sol al mediodía son máximas respecto a cualquier otro día del año. Efectivamente, en el Hemisferio Norte es llamado “Solsticio de Verano” y es el día más largo del año, marcando paso de la primavera al verano.

Estos días finales de junio me devuelven a la infancia, cuando volvias a comprobar que el curso había pasado con la velocidad del rayo y te enfrentabas a los últimos días de colegio con la ilusión de un verano que sonaba a época mágica, todo ello con independencia de la mayor o menor incertidumbre de las notas finales y si las vacaciones se presentaban con algún aliciente en forma de viaje a la playa. Por aquellos años nos conformábamos con bastante poco, y la perspectiva de no tener obligaciones escolares bastaba para desplegar la imaginación y alimentar las ilusiones. ¡Que lejos quedaba septiembre ese día que te despedías de tus compañeros de clase como si partieras lejos y por mucho tiempo!, y es que cuando eramos unos "locos bajitos" dos meses y pico eran toda una vida.

La palabra solsticio puede sonar a cursi, en exceso culta y hasta rimbombante, y lo cierto es que a mí me basta con hablar de verano, un tiempo que puedes convertir en más relajado y muy especialmente aquél en el que disfrutas las vacaciones; porque este año las añoro y necesito de manera especial. No se si es el tiempo, los calores, las noticias preocupantes de la prensa o la edad que vas alcanzando, pero ando estresado y suspiro por unos días de descanso en los que pensar poco y complacer los pequeños y lícitos caprichos que te pide el cuerpo. A la hora de la verdad las cosas vendrán como Dios quiera, pero este año no me sirven filosofías complicadas, ideas de aventura ni excusas retorcidas, y si hay solsticio que la palabreja anuncie relax, paz interior y renovación completa. ¡Que el solsticio nos sea favorable!.


20 de junio de 2012

Entre el diluvio y las tinieblas


"…Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos ..." San Mateo 24:36-39

De unos tiempos a esta parte el ambiente es cada vez más catastrofista, comenzamos las semanas con el cierto relajo que ofrece el fin de semana, pero entre mercados, primas, ibex, rescates y demás dramas, a los ciudadanos, aunque la mayoría no entendemos en exceso de estos asuntos, se nos presenta un futuro negro y desalentador. Últimamente pienso mucho en Abraracurcis, que solamente tenía miedo de que el cielo le cayera encima y se consolaba con la célebre frase de que "eso no tiene porqué ocurrir mañana", y si pienso en el gran jefe galo es porque uno empieza a tener miedo de que, en esta ocasión, exista el peligro de que el bombazo sí que ocurra mañana, ... o pasado.

Ahora todos cargamos las tintas sobre nuestros políticos, quienes consideramos se han portado con venalidad, nos han engañado y son los principales culpables de que la cosa esté tan mal, sin olvidar a los banqueros, grandes empresarios y demás personal sobre quienes suelen caer las iras populares. Y me temo que no nos falta razón y los padres de la patria deberían recapacitar, reconocer sus errores y, por supuesto rectificar; pero me resisto a excluir al resto del mundo de las culpabilidades, entre otras cosas porque siempre he pensado que los políticos no son más que reflejo de la sociedad en que vivimos. Además, la desconfianza y la zozobra han dado alas a algunos que reaccionan con la irracionalidad, desproporcionalidad e injusticia que suponen, desde mi punto de vista, el alboroto, el insulto y la violencia. Y ante todo ésto el panorama se convierte en desalentador, porque ni confiamos en quienes ostentan responsabilidades ni parece que haya alternativas sanas y decentes, al menos a la vuelta de la esquina.

Sinceramente, creo que la frase del Evangelio de San Mateo relativa a los tiempos del diluvio es trasladable a nuestros días; en occidente hemos vivido como si nunca fuera a pasar nada, ajenos a prudencias y precauciones, olvidados de la sobriedad y la ponderación, abrazados al "vale todo" y al "yo soy más que tú", sin controlar ambiciones, deseos y pruritos, arrastrados por los impulsos más ciegos a los que a unos llevaba el afán de dinero, a otros el de poder y algunos más la radicalización de sus nacionalismos. Y así hemos creado un monstruo con el que hemos convivido entre divertidos y satisfechos; el monstruo tenía muchos brazos y ahora se revuelve contra sus engañados compañeros de juegos.

Yo lo tengo claro, llegan unos tiempos nuevos y en ellos nos tendremos que acostumbrar a la austeridad, a carecer de cosas que ahora nos parecen imprescindibles, a ser menos viajeros, menos caprichosos y menos propietarios, a andar por la vida más con visión de servicio y de sentido de las obligaciones que con afán de pisar y exigencias desmedidas. Y es que me temo que estamos ante una crisis que algún día terminará, pero las situación no revertirá al pasado, y el futuro será de otra manera, de una forma bastante menos "glamourosa": pero no hay mal que por bien no venga, y a lo mejor descubrimos que podemos ser más felices viviendo con menos ... todos aprendimos que tras el diluvio, hubo un momento en que Noé abrió la ventana y entro de nuevo la luz y la paloma enviada regresó con un ramo de olivo en la boca, porque en la tierra hay tinieblas, pero aquí Dios sí es capaz de devolver la iluminación.