11 de febrero de 2010

Cómicos españoles: la ventaja de una cara de chiste



España ha sido siempre país de grandes cómicos, tal vez porque siempre nos ha gustado buscar la risa del prójimo, o a lo mejor ha sido la necesidad de ahogar las penas con las sonrisas o, vete a saber, si la razón radica en que en determinados momentos la vía del humor ha sido el único atajo disponible para decir según que cosas. La cuestión es que entre los actores españoles siempre ha habido unos cuantos que nos han hecho pasar momentos de auténtico regocijo. No es que en otros lugares del planeta no los halla: en Estados Unidos nacieron Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel, Oliver Hardy y Bob Hope, en Inglaterra el gran Charlie Chaplin, en Francia Fernandel y en Italia, Alberto Sordi, pero en nuestro país la lista es, desde luego larguísima.

Y puestos a pensar, que no es tarea desechable si se hace en dosis razonables, he caído en la cuenta de que nuestros cómicos más detacados, o al menos los que más me han llamado la atención, poseen como uno de sus caracteres comunes el tener cara de chiste: no se si porque es la suya de nacimiento o porque parte de su saber estar en escena tiene que ver con la habiilidad de poner en cada momento el gesto conveniente. Por ejemplo, el gran Pepe Isbert, a quien dediqué una entrada en exclusiva el pasado mes de mayo, era de una expresividad sobresaliente y ejercitaba unos gestos, unas miradas que te llevaban a la risa inmediatamente, aunque el cine que protagonizó Isbert tuviera mucho más de costumbrista que de cómico.

Si tuviera que elegir a un actor como el más repreentativo de la teoría que mantengo, pienso que optaría por Manolo Gómez Bur, un actor de los pies a la cabeza cuya aparición en escena, casi siempre cinematográfica, aportaba simpatía y, no se decirlo de otra manera, una "coña" espectacular. De un magnífico blog sobre actores y actrices titulado "Lady Filstrup " he sacado la siguiente definición de Gómez Bur que creo encaja maravillosamente en el personaje: "Su particular aportación al género cómico tal vez estribe en su capacidad para transmitir humanidad incluso a los personajes más deshumanizados. La más unidimensional caricatura (y, ciertamente, le tocó en suerte representar más de un rol de estas características) conseguía Gómez Bur dotarla de una calidad humana perceptible para el público. Cierta fragilidad, cierta delicadeza casi femenina mostrada en los ademanes de sus enclenques brazos o en el temblor de su insegura voz conseguía insuflar sentimientos y debilidades humanas al texto más romo y vulgar." . De Manolo Gómez Bur recuerdo muy especialmente "Tres de la cruz roja" (1961), de Fernando Palacios, que ví en el colegio de mi hermana y es un clásico del género, y también, entre muchas otras, "El grano de mostaza" (1962), de José Luis Sáenz de Heredia, "Las que tienen que servir" (1967), de José María Forque, compartiendo cartel con Conchita Velasco, Amparo Soler Leal, Laura Valenzuela, Alfredo Landa, José Sazatornil, Lina Morgan y Florinda Chico: todo un elenco¡ y "Las ibéricas F.C." (1971), de Pedro Massó. Manolo Gómez Bur, que era madrileño de pura cepa e interpretó en teatro a un inolvidable "Don Mendo", falleció en 1991 en Bailén a los 74 años víctima de un cáncer.

Y si hubo otro actor con posibilidades de rivalizar con el anterior, era aragonés y se llamaba Paco Martínez Soria; Martínez Soria era una de las habituales citas teatrales de las Fiestas del Pilar de Zaragoza y siempre se le ha encasillado en el papel de cazurro que representaba, por ejemplo, en "La ciudad no es para mí", (1965), de Pedro Lazaga, pero él era mucho más que eso: un actor con una soltura y un gracejo especial en el que esos gestos de los que hablaba antes llenaban la pantalla y se comían al resto de intérpretes. Las películas de Martínez Soria suelen ser de esas que uno disfruta viendo, por mucho que tenga un absurdo pudor en reconocer que se las ha tragado en "Cine de barrio": "Se armó el Belén" (1969) de José Luis Sáenz de Heredia, "Don erre que erre", del mismo año y director, en el que encarna a un tozudo espectacular, "Hay que educar a papá" (1971), de nuevo con Lazaga, en el que con Julia Caba Alba borda el papel de patán enriquecido con la venta de un melonar y "La tía de Carlos" (1981), de Luis María Delgado, donde se disfraza de mujer sin desmerecer un pelo a Dustin Hoffman y a López Vázquez. Había nacido en Tarazona y falleció de un ataque al corazón en Madrid a los 79 años.

También cabe encuadrar en este capítulo al Alfredo Landa que salía en las pantallas hasta el final de la época del "Landismo", ese momento en el que el actor navarro simbolizó un determinado tipo de español, machista y fanfarrón en el terreno sexual; esta etapa profesional se inicia en 1970 con "No desearás al vecino del quinto", de Ramón "Tito" Fernández, y que tuvo continuidad con "Vente a Alemania, Pepe" (1960) y "París bien vale una moza" (1972), de Pedro Lazaga y "Los pecados de una chica casi decente" (1975), de Mariano Ozores. Anteriormente había protagonizado otras películas en las que también destacó su expresión cómica como "Amor a la española" (1966), de Fernando Merino, "Novios 68" (1967), de Pedro Lazaga, "Los que tocan el piano" (1967), de Javier Aguirre y "Cateto a babor" (1970), de Ramón Fernández. A partir de "El puente" (1976) Landa muestra sus posibilidades más dramáticas y borda papeles como el de "Los santos inocentes" (1984), de Mario Camus, "El bosque animado" (1988), de José Luis Cuerda y "Canción de cuna" (1994), de José Luis Garci. Landa debuta profesionalmente en el cine en 1962 de la mano de José María Forqué, con el célebre "Atraco a las 3"; el propio actor ha explicado en alguna ocasión que Forqué le citó en la Casa de Campo de Madrid y le dijo: "siéntate y pon cara de susto y después vete a casa".

Antonio Ozores y Toni Leblanc son otros dos habituales de las películas españolas de los 60 y 70; Ozores pertenece a una familia vinculada al cine: uno de sus hermanos, Mariano, fue uno de los directores más prolíficos del cine español de la época, mientras su otro hermano José Luis fue un actorazo cuya carrera quedó truncada por su prematura muerte; su hija Emma es una de las actrices importantes del momento. Ozores tiene auténtica cara de chiste y le van los papeles de tío que no se entera, de ingenuo torpón, de individuo despistado. Es característica su forma de hablar precipitada, con un lenguaje atropellado, casi ininteligible. Su tarea en cine es amplísima, destacando, entre otras, "Historias de la televisión" (1965), de José Luis Sáez de Heredia, "¡Cómo está el servicio!" (1968) y "Dos chicas de revista" (1972), ambas de Mariano Ozores. Toni Leblanc gozó en su momento una fama notable, entre otras razones por sus caracterizaciones en TVE: "Kid Tarao", "Cristobalito Gazmoño", ... Leblanc, que en realidad se llama Ignacio Fernández Sánchez, destaca tanto por su capacidad de gesticular como por el especial tono de voz que utiliza; intervino en títulos entrañables del cine español de los 60: "El Tigre de Chamberí" (1957), de Pedro Luis Ramírez, "Muchachas de azul" (1957), "Los tramposos" (1959) (ambas dirigidas por Pedro Lazaga), "Las chicas de la cruz roja" (1960), de Rafael J. Salvia y "El astronauta" (1970), de Javier Aguirre. José Luis López Vazquez podría incluirse entre estos clásicos, hace tiempo hablé de él tras su fallecimiento y, como Landa, evolucionó hacia papeles de más dramatismo.

En el capítulo de actores con "cara de chiste", no puede faltar José Sazatornil, "Saza", un actor que con su calva y su bigotillo se ha hartado de realizar personajes peculiares, todos ellos con enorme acierto. De Saza tengo dos anécdotas, la primera, el hecho sorprendente de que en los 70 corrió por la prensa la noticia de su fallecimiento, algo que, por fortuna, resultó ser un macabro error; la otra se refiere a una ocasión en la que coincidí con él y su mujer en un viaje de Barcelona a Madrid en uno de esos viejos Talgos, ambos iban en el asiento contiguo al mío y pude comprobar su lado humano, pues daban la oscarizada "La vida es bella" y observé como en alguna ocasión el actor mojaba la pestaña. Sazatornil, que también bordó en su día el papel de Don Mendo, destacó en películas como "Carola de día, Carola de noche" (1969) de Jaime de Armiñán, "La escopeta nacional" (1978), de Luis García Berlanga, "Espérame en el cielo" (1988), de Antonio Mercero y "Todos a la cárcel" (1993), también de Berlanga. José Sazatornil nació en Barcelona, y cuando uno le ve se imagina a esos señores de derechas que dibuja Forges.

En los 70 había una serie de TVE titulada "El último café", estaba escrita por Alfonso Paso y sus guiones solían ser bastante intrascendentes; el escenario fijo era una antigua cafetería, estilo "Café Gijón", y el papel de camareros lo desempeñaban dos actores ya fallecidos a los que les venía como anillo al dedo eso de la "cara de chiste"; uno de ellos era Antonio Garisa, un zaragozano que llevaba la "coña" pintada en el rostro. Yo le recuerdo en una película de "Sesión de Tarde" titulada "La cesta" (1965), de Rafael J. Salvia, en la que interpretaba al rico del pueblo que pretende hacerse con todos los boletos de la rifa de una cesta de Navidad y se encuentra con la oposición del tonto del pueblo que se niega a venderle el suyo; otras películas en las que aparece son "Esa pareja feliz" (1951), de Berlanga, "El gafe" (1959), de Pedro Luis Ramírez, "Torrejón city" (1962), de León Klimovsky y "El marino de los puños de oro" (1968), de Rafael Gil. El otro camarero era Valeriano Andrés, un madrileño que solía hacer personajes de hombre ingenuo y tontorrón; lo más peculiar de este actor era su voz, de tono alto y maneras francamente cómicas. Andrés, al igual que Antonio Garisa, hizo abundantes papeles en teatro y televisión, destacando entre sus intervenciones en cine "Historias de la televisión" (1965), de José Luis Sáenz de Heredia y "Crimen imperfecto" (1970), de Fernando Fernán Gómez. Valeriano Andrés también trabajó como actor de doblaje, destacando por encima de todos la voz que puso a Fred Gwynne en Los Munsters.

Juanjo Menéndez tiene que ocupar también un lugar preferente entre los cómicos de lujo; era, como los anteriores, un hombre expresivo y genial. Le recuerdo en la tele de mi infancia haciendo los papeles protagonistas de dos series de éxito: "Angelino Pastor", de Cayetano Luca de Tena e "Historias de Juan Español", sin olvidar sus excelentes interpretaciones cómicas en "625 líneas" junto a Jesús Puente, con el que protagonizó la serie "El español y los siete pecados capitales" (1980), con guión de Fernando Díaz Plaja. De su trabajo en cine cabe destacar películas como "Historias de la radio" (1955), de José Luis Sáenz de Heredia y "Sor Citroën" (1967), de Pedro Lazaga, sin olvidar que también intervino en la mítica "Tristana" (1970), de Buñuel. Menendez, que murió víctima del Alzheimer en 2003, es otro de los que hizo el papel protagonista de la obra maestra de Muñoz Seca "La venganza de Don Mendo".

Podría hablar d emuchos otros, como Venancio Muro, que también fue camarero del "Último Café" y murió prematuramente de cáncer, o Alfonso del Real, un tipo bajito y regordete que siempre andaba de broma, Erasmo Pascual, afortunado marido de Rafaela Aparicio, Paquito Cano, el entrañable y recordado "Locomotoro", Cassen -Casto Sendra-, otro catalán con salsa también desaparecido demasiado joven, Jesús Guzmán, el cartero de "Crónicas de un pueblo", una cara de chiste en toda la regla, e incluso, si entramos en el mundo de la revista, Juanito Navarro o Zori, Santos y Codeso. Estoy seguro de haberme dejado unos cuantos en el tintero, por eso espero que alguien aporte algún nombre que haya quedado injustamente omitido.


10 de febrero de 2010

"El poder y la gloria", Graham Greene



El otro día en el blog vecino del barullo se mencionó este libro que para muchos es la obra cumbre del gran novelista inglés; la verdad es que me dí cuenta que era un título que tenía en el olvido y su referencia sirvió para que reapareciera en mi memoria el recuerdo de una lectura excelente. Me lo había recomendado un experto profesor de literatura en el verano de 1979, si bien hasta la época de mi servicio militar, tiempo en el que intensifiqué mi costumbre lectora, allá por 1981 no me decidí a leerlo. Han pasado casi 30 años de esta lectura, pero conservo claro el recuerdo de que resultó ser un libro magnífico y, aún entre brumas, de que la lectura se fue haciendo cada vez más apasionante, algo que dice mucho de la calidad de una novela.

Las historias que como la que narra aquí Greene están ambientadas en Méjico tienen un algo especial; desde las novelas negras llamadas fronterizas de gente como Elroy hasta "El poder del perro", de Don Wislow, uno de los libros más vendidos en los últimos meses nos hablan de un ambiente, unos paisajes y unas gentes muy especiales. Si hablamos del Méjico revolucionario, la cosa aún es más significativa. "El poder y la gloria" cuenta la historia de un sacerdote católico que se esconde en el estado mexicano de Tabasco durante la década de 1930, un tiempo en que el gobierno mexicano se esforzaba en suprimir la Iglesia Católica en varias áreas del país, época que allí llamaban la de la "guerra cristera".

Greene describe el ambiente de calor, desierto y polvo, de chozas y miseria, y en medio un sacerdote que lucha por pasar la frontera a otro estado donde pueda sentirse más seguro. La figura del cura está muy conseguida, no es un ser perfecto, un sacerdote ejemplar: tiene una hija, le gusta el whisqui más de la cuenta y está aferrado a la vida, pero lejos de mostrarle como un paria, un degenerado, Greene se ocupa de mostrarnos que por encima de todo él sigue siendo un hombre de Dios. El autor nos enseña el interior de José, así se llama el cura, y allí a parece un hombre atormentado, una conciencia herida por remordimientos y ansiedad; Greene disecciona a este hombre arrepentido y errante, que se resiste a vivir con su pasado y que busca su absolución.

Este libro, escrito en 1940, fue polémico en su momento; la excesiva ortodoxia de los planteamientos de entonces, y posiblemente una lectura en exceso rígida de la novela llevó incluso, si no estoy mal informado, a algún intento de veto desde el Vaticano. Pero creo que Greene, uno de esos escritores conversos, nos plantea con acierto una historia real, nos muestra un personaje claramente pecador, pero lleno a la vez de valores y nos permite llegar a conclusiones positivas alejadas de maniqueísmos y edulcoraciones.

"El poder y la gloria" tuvo también su versión cinematográfica, titulada en este caso "El fugitivo" (1947) y dirigida nada más y nada menos que por John Ford, con Henry Fonda en el papel protagonista; en 1959, fue adaptada para la televisión británica con James Donald en el papel principal, mientras en 1961 destacó una versión para la televisión estadounidense con Laurence Olivier haciendo de cura José.













Un libro magnífico, de esos que permanecen al cabo del tiempo, que se pueden leer unas cuantas veces, que quedan para la historia. Dejo un par de enlaces que me parecen de interés.

http://www.criticadelibros.com/drama-y-elemento-humano/el-poder-y-la-gloria-graham-greene-2/

http://www.artegnos.com/abr2002/APUNTES.htm


9 de febrero de 2010

¿Nos tocará algún día?



Cuando dedicas algún tiempo la más reciente historia de nuestra civilización comienzas a comprender que esa vida cómoda y ajena a cualquier drama en la que hemos vivido los de mi generación desde el mismo día en que Dios nos ayudó a abrir los ojos al mundo puede tener fecha de caducidad. Si entras en detalles de los antecedentes, el desarrollo y las consecuencias de la 1ª Guerra Mundial -la "Gran Guerra" como la llamaron entonces-, o si profundizas en toda la acción devastadora de la 2ª Guerra, en la irracional locura del nazismo, el holocausto judío, los campos de concentración, los millones de muertos o las bombas de Hiroshima y Nagasaki, empieza a comprender que no sabe de la Misa la media, que nos hemos acostumbrados al "nunca pasa nada", que vivimos aferrados a una seguridad que no es real, en una prosperidad que tiene su parte de ficticia.

Tras concluir la última guerra los conflictos armados se han ido sucediendo a lo largo de los cinco continentes: Corea, Vietnam, Camboya, Irán, Irak, Afganistán, Sudán, Biafra, Nigeria, Somalia, ... sin olvidarnos del permanente enfrentamiento árabe-israelí, de la absurda guerra de las Malvinas, de los enfrentamientos secesionistas en varias de las antiguas repúblicas soviéticas o el drama también bélico que asoló los Balcanes en la última década del siglo: Bosnia, Croacia, Kosovo, ... Y mientras tanto, los occidentales que nacimos a partir de los años 50, con nuestro país incluido, hemos desconocido todo el sufrimiento derivado del enfrentamiento civil y el uso de las armas, tanto que hasta podemos pensar que son cosas que nos parecen desgracias de película o, en cualquier caso, problemas que les ocurren a otros. De vez en cuando sentimos el drama en forma de terrorismo (11 de septiembre de 2001, 11 de marzo de 2004, ...), pero no dejan de ser sucesos ocasionales.

Y en estos rincones del planeta tampoco hemos sido víctimas de las grandes catástrofes naturales, como el Tsunami del este de Asia, los terremotos de América Central o las grandes hambrunas africanas; también son noticias que nos impresionan y nos mueven a compasión, pero mientras tanto aquí ni notamos lo que es quedarse sin nada y sin nadie, perder de un plumazo tus expectativas y estar condenado a vivir entre ruinas y lamentaciones. Es cierto que no somos indiferentes al drama ajeno, que con frecuencia nos mostramos solidarios y generosos con los que sufren el azote de la tragedia, pero no nos planteamos que un día eso nos puede pasar a nosotros.

No están tan lejos el bombardeo de Dresde, los de Londres, el drama de la resistencia francesa, Mattahusen, Auschwitz, la noche de los cristales rotos, ... y al menos yo caigo en pensar en ocasiones si alguna vez seré testigo de horrores semejantes, si nuestro occidente en progreso -crisis económica aparte- vera interrumpido su camino con episodios que traigan la desolación y, sobre todo, si estamos preparados para ello. Cada uno, por supuesto, habremos tenido nuestros obstáculos en el camino de nuestra vida, la pobreza, la violencia, la muerte, ... siempre están presentes de alguna manera en nuestra historia, pero me temo que vivimos demasiado ajenos al hilo frágil y poco equilibrado que nos sostiene.


8 de febrero de 2010

La candidatura de la Bullock




Me ha alegrado la candidatura de Sandra Bullock para el Oscar a la mejor actriz; y la verdad es que no sabría decir si el porqué de esta satisfacción mía hay que encontrarlo en la convicción de que es una buena actriz o, sencillamente, en que la chica me cae bien. Y es que muchas veces la razón última de nuestras adhesiones, amen de causas más elevadas -que siempre hay- como la calidad, el interés o la profesionalidad, está en cuestiones tan sencillas como haber caído en gracia, tener un buen aspecto o el simple capricho. Y, ¡qué caramba!, tampoco hay que menospreciar este tipo de argumentos. Por todo ésto no niego que me alegraré si veo a la protagonista "The Blind Side" dirigirse por la alfombra roja a recoger la estatuilla y hacer y decir las "chorradillas" habituales en la situación.

Esta chica no había aparecido nunca en las listas de nominados al más preciado trofeo al que una actriz puede aspirar, y tras preguntar a mi amigo el experto, éste me ha asegurado que la causa de su ausencia hay que encontrarla en el hecho de que siempre había realizado comedias, género por lo visto poco propicio para obtener con él un Oscar. Puede ser que el arte de interpretar adquiera más mérito e importancia ejercitando el drama, aunque si uno se pone a recordar encuentra innumerables comedias en las que han destacado los mejores actores d e la historia: Spencer Tracy y Katherine Hepburn en "La costilla de Adán", Cary Grant en "Arsénico por compasión", Clark Gable en "Sucedió una noche", James Stewart en "Me enamoré de una bruja", ... y unas cuantas más. Claro, que es probable que lo que quisiera decir mi amigo es que ahora no se hacen comedias de la calidad de antaño.

Aunque la Bullock ya había intervenido en películas de cierta trascendencia como Secuestrada (1992), de Diane Shaver, en la que Jeff Bridges, otro candidato solvente al Oscar 2010, hacía un magnífico papel de psicópata y "Demolition man" (1993), el taquillero film de ciencia ficción de Lenina Huxley junto a dos habituales del género de aventuras como Sylvester Stallone y Wesley Snipes, mi primer recuerdo firme de ella es su papel de Annie Porter, la aguerrida pasajera que se tiene que hacer cargo de la conducción del autobus donde se desarrolla buena parte de la enorme acción de "Speed" (1994), la película de Jan de Bont que protagonizó junto al imperturbable Keanu Reeves y un Dennis Hopper que, como siempre, está enorme en su papel de malo-malísimo. Recuerdo que al estrenarse la película en alguna crítica se calificaba a Sandra Bullock como una de las más brillantes representantes de la nueva generación de actrices de Hóllywood. Salta a la vista que "Speed" no era más que un entretenido film de aventuras, pero, maestría de Hopper aparte, a mí me parece que Sandra tiene bastante que ver con el gran éxito de la cinta; me acuerdo que al personaje que representa alguien por radio la llamaba algo así como "gata salvaje", apelativo lleno de significado.

Además de las citadas recuerdo con especial agrado tres películas de Sandra Bullock, dos de la década de los 90 y una mucho más reciente. La primera de ellas, "Mientras dormías" (1995), de la que ya hablé en su día en un post que hablaba de "pelis pastelonas" y que es lo más aproximado que se puede encontrar hoy en día de esas viejas comedias que en su época se hacían acreedoras al Oscar; en esta película, que dirigía Jon Turteltaub y en la que le acompañaba como protagonista Bill Pullman, Bullock borda su papel de modesta y enamoradiza cajera del Metro. Del años posterior es "Tiempo de matar" (1996), la adaptación de una de las primeras novelas de Grisham, un libro que recuerdo devoré en poquísimos días y cuiya adaptación cinematográfica no tuvo excesivo éxito, aunque a mí me entretuvo mucho; la película, que es larguísima, fue dirigida por Joel Schumacher y el elenco de actores que compartían con ella el cartel era de lujo: Samuel J. Jackson, Matthew McConaughey y Kevin Spacey; en "Tiempo de matar" Bullock encarna a Ellen Roark , una joven y dinámica abogada que ayuda al protagonista en el juicio que centra la trama.

El tercer trabajo al que hacía referencia fue "Crash" (2005), que recibió el Oscar a la mejor película, además del relativo al mejor guión y al mejor montaje original. Me encantó esta película dirigida por Paul Haggis u protagonizada por Don Cheadle, Matt Dillon, Ryan Phillippe, Thandie Newton y Brendan Fraser, entre otros, y en la que Sandra desempeña un papel más bien secundario, encarnando con acierto a Jean, la neurótica esposa de Rick Cabot, un ambicioso fiscal del distrito ávido por ser reelegido y así seguir con su política altamente corrupta; Rick no puede ofrecer a su esposa el tipo de seguridad que ella desearía. "Crash" es un formidable muestrario de las complicaciones de la vida en Los Angeles, con las vidas entrecruzadas de diversas personas y con un mensaje que se lee entre líneas: nadie es del todo bueno ni del todo malo.

Sandra Bullock ha intervenido en muchos otros films, algunos de aventuras, como "La red" (1995), junto a Jéremy Northam o "Las fuerzas de la naturaleza" (1999), al lado de Ben Affleck, unas cuantas comedias: "Miss agente especial" (2001), compartiendo cartel con Michael Caine, "Amor con preaviso" (2002), junto a Hugh Grant y "La proposición" (2009)junto a Ryan Reynolds, e incluso dos con matices históricos, como "En el amor y en la guerra" (1996), dirigida por Sir Richard Attenborough, un drama ambientado en la I Guerra Mundial y basado en la vida del famoso escritor Ernest Hemingway, con Chris O'Donnell de "partenaire" y "Historia de un crimen" (2006), donde interpretó a Nelle Harper Lee la íntima amiga del escritor Truman Capote y en la que serelata el proceso de creación de "A sangre fría" por parte del escritor con un reparto estelar: Toby Jones, Daniel Craig, Sigourney Weaver, Gwyneth Paltrow, Isabella Rossellini, Jeff Daniels y Peter Bogdanovich.

Si uno bucea por la res se entera que Sandra Bullock en 2005 donó un millón de dólares a la Cruz Roja cuando un tsunami asoló la India, durante el 2009, participó en la campaña Candles for Rwanda y también fue homenajeada en Luisiana por donar un millón de dólares a las víctimas del Katrina, mientras recientementedonó un millón de dólares a Médicos sin fronteras para los afectados del terremoto en Haití. Siempre se podrá hablar de gestos de cara a la galería, y uno preferiría que su mano derecha no supiera lo que hace la izquierda, pero no por ello hay que dejar de reconocer que tiene mérito la cosa.



6 de febrero de 2010

Cantando a dúo (II)

Continuando con la idea iniciada hace unos días, sigo eligiendo duetos musicales que me han gustado. Hoy traigo temas más recientes, aunque ninguno de ellos es precisamente de antes de ayer. En general hoy tocan canciones más bien románticas y de alguna manera "melosas", y es que ya se sabe que tengo cierta tendencia al pastel y a la música "romanticona", no lo puedo evitar: "genio y figura ...". La verdad es que buscando en internet he encontrado centenares de canciones interpretadas a dúo, algo que me permite tener reservas para poner post de esta naturaleza casi sin solución de continuidad.







Un auténtico clásico de los duetos es, sin ningún género de duda, "Endless love", una de las melodías más dulces que se han hecho, compuesta por Lionel Richie y que éste mismo interpreta junto a Diana Ross; un tema precioso en el que ambos se juran amor eterno. Diana y Lionel grabaron la canción para la discográfica Motown y se utilizó como tema principal de la película Amor sin fin, con Brooke Shields; la película fue un fracaso, pero el tema ha dado la vuelta al mundo. Existe una versión posterior del tema cantada por Luther Vandross y Mariah Carey y otra, en este caso a solas, del cantante de country Kenny Rogers. Podemos resaltar que tanto Diana Ross, que llegó a estar nominada para el Oscar de 1972 a la mejor actriz tras interpretar el papel principal de la película "Lady Sings the Blues", sobre la vida de la cantante Billie Holiday, como Lionel Richie, que también tuvo que ver con la Academia de Hollywood al interpretar "Say You, Say Me", que obtuvo el Oscar a la mejor canción en 1985, están inmensos con este tema. Por cierto, "Endess love" también estuvo nominada para la misma estatuilla en 1981, si bien en esta ocasión el jurado apostó por "Best that you can do", de la película "Arthur"




Un segundo tema cantado en pareja es "Up where we belong", la canción del tema principal de la película "Oficial y caballero" (1982), el film de Taylor Hackford que protagonizaron Richard Gere y Debra Winger; la canción la interpretan un dúo tan heterogéneo como el que forman Joe Cocker y Jennifer Warnes. Cocker es un cantante inglés de rock y blues, mientras que Warnes es norteamericana de carácter más melódico. De cualquier manera, la canción es preciosa y fue en su día disco de platino; la canción la escuché por vez primera en Kiss FM, muchos años después de que apareciera la película y triunfará la melodía. Al igual que la anterior en 1981, "Up where we belong" estuvo en la gran alfombra roja de 1982, con más suerte además, pues se llevó el Oscar a la mejor canción original; la música es de Jack Nitzsche y Buffy Sainte-Marie y la letra, de Will Jennings.




El tercer vídeo no es el peor, pues se trata nada menos que de una interpretación donde se juntan la elegancia y el estilo de Celine Dion con la voz espectacular de Andrea Bocelli: "The prayer", una canción con música de Carole Bayer Sager y
David Foster, quienes son también autores de la música junto a Tony Renis y
Alberto Testa. "La oración", que es lo que significa el título de la canción, es una melodía realmente preciosa, aparece en el disco de Celine Dion "These are especial times" y tiene para mí una serie de recuerdos muy especiales. Curiosamente, este tercer tema, principal de la película de dibujos animados "La espadda mágica" también obtuvo nominación para el Oscar a la mejor canción, fue el año 1998 y en esta ocasión la estatuilla fue para el tema "When you believe", d ela película "El príncipe de Egipto".




Youtube: Ambition2000. http://www.youtube.com/watch?v=X35Mundp3j4
Youtube: ZollerZantrex. http://www.youtube.com/watch?v=z8dtheq2xbE
Youtube: DJFPhantomPhan. http://www.youtube.com/watch?v=NmscFwj22vg

5 de febrero de 2010

Otto Preminger escoge belleza














Hace unos días ponía en relación a John Huston con Humprhey Bogart; hoy traigo a colación otra de estas parejas artificiales, surgidas de la frecuente ralación profesional entre un director de cine y, en este caso, una actriz. Preminger, nacido en los que en 1906 era el Imperio Austro-húngaro y emigró a Estados Unidos porque quería triunfar en el cine. Hablan de él como un director duro y exigente que trataba de sacar el máximo jugo a los valores de los actores que se ponían a sus órdenes. Gene Tierney nació en 1920 en el mismísimo barrio neoyorquino de Brooklyn y fue posiblemente con el citado director de origen judío con quien consumó sus mejores papeles como actriz. La Tierney era, fundamentalmente, una mujer guapa, un "status" que puede llevarnos a plantear el eterno dilema de si sólo con su belleza fue suficiente para conseguir ser primera dama en las películas; es posible que en alguna ocasión unos ojos bonitos, unos labios sensuales o un cutis inmaculado hayan servido para poner a alguna por encima de sus posibilidades, pero tras ver recientemente dos de las más significativas actuaciones de Gene Tierney, "Vorágine" y "Laura", tengo bien claro que sabía trabajar, además de que era guapísima, por supuesto.

SINOPSIS: El detective Mark McPherson investiga el asesinato de Laura, a quien encuentran muerta en su apartamento en extrañas circunstancias. McPherson elabora un retrato mental de la joven muerta a partir de las declaraciones de sus allegados. El penetrante retrato de Laura que cuelga de la pared de su apartamento le ayuda en esta tarea. ¿Pero quién hubiera querido matar a una mujer de la que, aparentemente, se enamoraron todos los hombres que conoció? Para empeorar las cosas, McPherson también cae rendido ante su hechizo.

"Laura" es, ante todo, una excelente película; Gene Tirney hace bastante más que exhibir su palmito y se nos presenta primero simpática y atractiva y, conforme se desarrolla el argumento, misteriosa e inquietante. Hay quien considera que estamos ante la mejor película de Preminger, que no es decir poco, y en ella se notan la minuciosidad y la exigencia a los actores que se aseguran definían el quehacer cinematográfico del director de origen judío. Muy buenos los diálogos, excelente la puesta en escena y muy conseguido el suspense que acompaña a todo el film y que, como es lógico, se va acentuando conforme llega el desenlace. Pero, además de la intriga y del climax que se crea, "Laura" es también una película con un matiz claramente romántico.

Junto a Gene Tierney, insisto: espléndida en todos los aspectos, destaca Dana Andrews, en el papel de policía, un actor que volvió a coincidir con Preminger y Tierney en "Al borde del peligro", Vicent Price, que con los años se especializaría en el cine de terror , pero por entonces solía hacer papeles de galán y un magnífico Clifton Webb, un excelente secundario que también destacó como cantante y actor de de vodevil. También aparece Judith Anderson, la mítica Sra. Danvers de "Rebeca", en otro papel en el que tampoco hace de "buena".

Cuentan los que saben de ésto que para sacar adelante su proyecto de "Laura" Preminger tuvo que luchar contra los caprichos de Darryl Zanuck, el Gran Jefe de la 20th Century Fox, que pretendía que los papeles principales los interpretasen Jennifer Jones y John Hodiak, o en su defecto, Heddy Lammar y Laird Cregar, ante lo que el director vienés consiguió imponer el reparto que desde el principio llevaba en la cabeza; el principal escollo acabó siendo Clifton Webb, al que Zanuck no quería ni ver porque era homosexual; Otto insistió, alabando el talento interpretativo de Webb e incluso pidió a Zanuck que le acompañará a ver la representación de la obra de Noel Coward "Blithe spirit" en el Teatro Biltmore de Los Ángeles, de la que Webb era el protagonista; como Zanuck se negó, Preminger filmó algunas secuencias de la obra y se las mostró, ante lo que el Gran Jefe no tuvo más remedio que reconocer que Webb era el actor idóneo para dar vida a Waldo Lydecker.

Al parecer la elección del final de la película también dio lugar a una batalla entre Preminger y el dueño de la 20th Century Fox, pues a éste no le convenció el final previsto por Preminger y le obligó a cambiarlo, aunque el segundo proyecto quedó tan mal que este último acabó por imponer su criterio y el desenlace del film fue finalmente el querido por su guionista. No sólo el final, toda la película constituye uno de las joyas del cine negro.



Sinopsis: Ann Sutton, una mujer atormentada por su secreta cleptomanía, busca ayuda en un hipnotizador sin escrúpulos. Aprovechándose de su vulnerabilidad, Korvo hipnotiza a la cleptómana y la envía a la casa de una mujer a la que él ha asesinado después de robarle el dinero y antes de que la mujer pudiera llamar a la policía. Ann es acusada entonces del asesinato...
En "Vorágine" Gene Tierney vuelve a estar guapísima, pero su papel es bien distinto, el de una mujer atormentada por su enfermedad -es cleptómana- y por su situación, ya que se le pretende imputar un asesinato. Es una película con un interés añadido, pues en ella se habla de las técnicas del psicoanálisis y el hipnotismo. Hay quien asegura que de las cuatro colaboraciones de la Tierney con Preminger "Vorágine" es la más floja, aunque muy buenas tiene que ser las dos que no he visto para que sea cierta esta afirmación.

Se trata de una película de suspense, y es cierto que le falta ese ambiente de tensión que con tanta maestría consigue Alfred Hitchcock, pero la puesta en escena es excelente, el guión complejo e interesante y se consigue una atmósfera inquietante, aunque sin la capàcidad turbadora del genio del suspense. Acompañan a Tierney en el reparto Richard Conte, un actor que destacó en esos años 40 y 50 y, por encima de todos, un formidable villano encarnado por José Ferrer, un puertoriqueño que estuvo tres veces nominado al Oscar, ganando el del mejor actor en 1950 con "Cyrano de Bergerac".



Las dos otras ocasiones en las que Otto Preminger y Gene Tierney cruzaron profesionalmente sus vidas fueron en "Al borde del peligro" (1950), otra película policiaca en la que también comparte cartel con Dana Andrews y a la que se acusa de un flojo final y "Tempestad sobre Washington" (1962), un drama de naturaleza política con una Gene Tierney bastante más madura y con un reparto de excepción que encabezan dos auténticos monstruos del celuloide, Henry Fonda y Charles Laughton y en el que también aparecen nombres tan importantes como Walter Pidgeon, Burgess Meredith y Peter Lawford.